Consejos tradicionales de trabajo que es mejor ignorar
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Consejos tradicionales de trabajo que es mejor ignorar

¿Le han recomendado llegar primero a la oficina e irse de último? ¿Le dicen que es buena idea tomar la palabra en todas las reuniones para que vean que usted trabaja duro? Tal vez no sean tan buena idea.
7 de junio, 2014
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¿De verdad hay que llegar primero e irse de último de la oficina para progresar en su carrera? ¿Es mejor ocultar que uno no ha durado más de seis meses en ningún empleo si uno quiere salir bien parado en una entrevista de trabajo? ¿Debe participar activamente en cuanta reunión haya sido convocado para dar la impresión de que está trabajando duro?

Algunas personas influyentes de la red LinkedIn estuvieron opinando esta semana al respecto. Y sus visiones rompieron el molde en más de una ocasión. Aquí les presentamos dos de ellas.

Ilya Pozin, fundador de Pluto.TV, Open Me y Ciplex

“Es muy probable que todavía escuchemos los mismos gastados consejos en lo que se refiere a nuestra profesión”, escribe Ilya Pozin en su artículo “4 consejos de orientación profesional que nunca se deben seguir”.

“Oprah (Winfrey) probablemente no siguió esta clase de consejos cuando saltó a la fama como presentadora de televisión y creadora de tendencias. Está claro que Mark Zuckerberg no siguió los esquemas trazados en las columnas de consejos de orientación profesional cuando fundó Facebook, vestido con su tradicional sudadera con capucha”.

Pozin enumeró algunos de los consejos “que usted probablemente ha oído una y otra vez”, para argumentar que podría haber llegado la hora de prestar oídos sordos a estas píldoras de sabiduría:

1. Nadie quiere contratar a gente que no dura en las empresas.

“La sabiduría popular dice que los empleadores no quieren contratar personas que cambian de compañía frecuentemente por temor a que, si han cambiado una vez, existe la probabilidad de que lo hagan otra vez. Sin embargo, a decir verdad, cambiar de trabajo es nuestro futuro”, escribe Pozin.

“Y, lo que es más importante, los cambios de trabajo anteriores parecen servir para predecir la productividad o el comportamiento en el futuro. Un estudio de Evolv encontró que la permanencia previa en organizaciones pasadas tenía poca correlación con el tiempo que un empleado permanecía en un puesto actual”.

2. Siempre haga aportes en una reunión. “Usted quiere que sus compañeros de trabajo y su jefe sepan lo duro que ha estado trabajando, y la reunión mensual de la oficina -piensa usted- podría ser la oportunidad perfecta. Es posible que no tenga nada que decir, pero cree que necesita expresarse de todos modos. Es importante que lo escuchen, ¿cierto?”, escribe Pozin.

“Pero si habla, pero no aporta nada útil, entonces lo que logra es exaperar a sus compañeros de trabajo”, añade.

3. El sueldo es lo único que importa. “Seamos sinceros: a todos nos gustaría despertar un día y descubrir que somos millonarios. Pero a menos se gane la lotería, eso es bastante improbable”, señala Pozin.

“Muchas veces pensamos que lo mejor es elegir el área laboral en la que podamos ganar más dinero”, escribe Pozin. “Pero si la única pasión que siente por su trabajo o profesión es la cantidad de ceros en su pago mensual, quizás deba reconsiderar las cosas”.

“Encontrar su pasión puede permitirle disfrutar realmente sus horas de trabajo, lo cual es una parte muy importante de su día”.

4. Sea el primero en llegar, el último en salir. “Siempre ha existido el concepto equivocado de que ser el primero en llegar todas las mañanas y el último en salir todas las noches es la mejor manera de avanzar profesionalmente”, escribe.
“Desde luego -agrega-, el trabajo arduo da sus frutos, pero existe una gran diferencia entre trabajar duro y ser un adicto al trabajo”.

“Un estudio longitudinal de la Universidad de Padua en Italia realizó un seguimiento de algunos trabajadores durante 15 años y descubrió algunas ideas impactantes sobre el empleado obsesivo: el comportamiento del adicto al trabajo estaba relacionado con un peor estado de salud, un aumento del ausentismo y, lo peor de todo, una disminución de rendimiento laboral”, argumenta.

Adam Grant, Profesor de la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania

“En todas las culturas y en todos los sectores, la investigación identifica a aquellos que dan, a aquellos que toman de los demás y a aquellos que dan en función de lo que reciben”, escribe Adam Grant en su artículo “Tres palabras que nunca debe decir sobre usted mismo”.

“Aquellos que dan son generosos: ayudan a los demás sin ningún tipo de compromiso. Aquellos que toman de los demás son egoístas: tratan de obtener tanto como sea posible de los demás. Aquellos que dan en función de lo que reciben son justos: ‘haré algo por ti, si tú haces algo por mí'”.

“Algunas veces la gente me preguntaba sobre mi estilo y yo estaba contestaba rápidamente: ‘Me gusta dar’. Era natural, porque ayudar a los demás es mi principio rector en la vida”, relata. “(Pero) era la respuesta equivocada”.

Grant llegó a esta conclusión después de que los lectores comenzaron a hacer comentarios acerca de un libro que escribió sobre el tema de las personas que dan y las que toman de los demás. En lugar de relatar historias de generosidad, los lectores simplemente se identificaban a sí mismos como personas que daban. Fue desagradable, pero ¿por qué?

“Había una cuestión más profunda de humildad”, escribió Grant. “Al autodenominarme como una persona que da, repruebo el examen de humildad. Ahora, cuando las personas me preguntan sobre mi estilo, les digo que tengo los valores de una persona que da y que aspiro a ser una de ellas”.

“Sin embargo, no me corresponde juzgar si tengo éxito en la vida mediante esos valores. Depende de la perspectiva con que se mire”, afirma. “La generosidad se gana, no se reivindica. Deje que los demás lo describan como una persona que da, ya que esa es la forma más elevada de elogio”.

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Kate McHenry

'La pérdida de olfato por coronavirus hizo que la carne me sepa a gasolina'

Un fenómeno llamado parosmia ha dejado a algunos sobrevivientes de coronavirus en un mundo de esencias distorsionadas.
Kate McHenry
31 de agosto, 2020
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Perder la facultad de oler y degustar son dos síntomas asociados a la COVID-19.

Mientras muchos han recuperado sus sentidos, otros sufren un fenómeno llamado parosmia en el que tienen los sabores y olores distorsionados.

Para Kate McHenry, el agua de la pila deja un hedor horrible. Eso, junto a otro desagradable olor que destila al ducharse, significa que incluso el aseo se ha convertido en algo que debe enfrentar.

“Mi champú favorito tiene ahora el olor más asqueroso del mundo”, dijo McHenry.

Tras caer levemente enferma en marzo, esta inglesa de 37 años fue incapaz de oler algo durante cuatro semanas. Su sentido regresó poco a poco, pero a mediados de junio las cosas “empezaron a oler muy raras” y fueron reemplazadas por un “hedor químico horrible”.

Este hecho ha cambiado la vida de McHenry. Ha perdido peso, tiene ansiedad y añora el placer de comer, beber y socializar. Su problema es tan fuerte que este hedor le desborda incluso en lugares donde simplemente se cocina comida.

Le aterra pensar que ha perdido el sentido de olfato para siempre.

Kate McHenry y su pareja Craig Gordon.
Kate McHenry

Kate se siente culpable cuando su pareja le pregunta qué le apetece comer.

“Me encanta las buenas comidas, salir a restaurantes y beber con amigos, pero todo eso se ha ido. La carne me sabe a gasolina y el prosecco a manzana podrida. Si mi novio Craig se come un curry el olor es horrible. Le sale de sus poros y es difícil estar cerca de él”.

“Me entristezco cuando cocino en las tardes. Craig me pregunta qué quiero comer y me siento mal porque no hay nada que me apetezca. Sé que todo tendrá un sabor horrendo. Me asusta quedarme así para siempre”.

Comida que McHenry puede comer.

Kate McHenry
La pasta con queso es uno de los pocos platos que McHenry puede tolerar.

Las personas con covid-19 pueden perder su sentido del olfato porque el virus daña los nervios terminales de sus narices.

La parosmia puede producirse cuando esos nervios se regeneran y el cerebro es incapaz de identificar debidamente el olor real de algo.

Esta condición está habitualmente vinculada a los resfriados comunes, la sinusitis y las lesiones en la cabeza. Los que los sufren describen oler a quemado, humo de cigarro o carne podrida. En algunos casos el olor es tan fuerte que induce al vómito.

Aunque los profesionales reconocen que la parosmia es un signo de recuperación del olfato, para algunas personas puede tardar años en pasar.

Pasquale Hester

Pasquale Hester
Pasquale Hester afirma que lidiar con la parosmia le quita fuerzas.

Lavarse los dientes con sal

Para Pasquale Hester, también de Inglaterra, la pasta de dientes es uno de sus peores enemigos.

El gusto químico que desprende le produce tantas arcadas que ha empezado a lavarse los dientes con sal, que sabe normal para ella.

Como muchos otros afectados por coronavirus, pasaron semanas hasta que mejoró su sentido del olfato. Pero entonces comió curry por su cumpleaños en junio y se dio cuenta de lo distorsionado que estaba su gusto.

“Escupí la comida porque sabía a pintura. Algunas cosas se toleran mejor. El café, el ajo y la cebolla son lo peor. Puedo comer judías verdes y queso. Lo que me está pasando me afecta. No se lo desearía ni al peor enemigo”, dice Hester.

Lo que comer Pasquale Hester

Pasquale Hester
Un plato de judías verdes y queso es de lo poco que Pasquale puede comer.

Brooke Jones empezó con síntomas en abril y dio positivo por covid-19 una semana más tarde. Describe casi todo lo que huele como “carne podrida con algo sacado de una granja”.

Esta estudiante de 20 años hizo una lista de comida que puede tolerar: gofres tostados, pepino y tomate. Lo demás le disgusta.

“Trato de imaginarme el sabor de las cosas. Si como comida china, incluso si no sabe tan bien, me convenzo de que en realidad no está tan mal”.

Brooke Jones

Brooke Jones
Brooke Jones perdió el sentido del gusto y del olfato.

Impacto psicológico

Se desconoce el número de infectados por covid que han tenido parosmia, pero se estima que cientos de miles han perdido el olfato o gusto de forma temporal.

La profesora Claire Hopkis, presidenta de la Sociedad Rinológica Británica, advierte que hay una “creencia incorrecta generalizada” de que la pérdida de olfato por el virus es a corto plazo”.

“Sí, hay una gran probabilidad de recuperación, pero también muchas personas que perderán este sentido por un período largo de tiempo y ese impacto se está infravalorando“, agrega la especialista.

El olfato juega un rol importante en la memoria, el estado de ánimo y las emociones. Aquellos que sufren alguna disfunción se sienten recluidos.

“Cuando intento explicarlo, algunos piensan que es gracioso. Sé que las secuelas del coronavirus pudieron ser mucho peores, pero me afecta y asusta que nadie es capaz de confirmar si mejorará”, confiesa Jones.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

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