El Estado se desentiende ante una mujer en estado vegetativo por negligencia en el parto
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El Estado se desentiende ante una mujer en estado vegetativo por negligencia en el parto

El IMSS niega una indemnización a la familia de Irene Cruz, indígena mixteca que sufrió lesiones irreversibles por mala praxis sanitaria al dar a luz. Trece años después, aún hay mujeres oaxaqueñas que paren en la calle, en los lavabos o en otros lugares impropios.
Por Majo Siscar
23 de junio, 2014
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Daniel Karam, titular del IMSS y Gabino Cué, gobernador de Oaxaca inauguran la ampliación de los servicios de urgencias del hospital rural de Tlacolula. Foto: Cuartoscuro.

Daniel Karam, titular del IMSS y Gabino Cué, gobernador de Oaxaca inauguran la ampliación de los servicios de urgencias del hospital rural de Tlacolula. Foto: Cuartoscuro.

Trece años postrada en una cama sin conocimiento, los mismos trece años que acaba de cumplir su único hijo, Epafrodito. Irene Cruz Zúñiga lleva un tercio de su vida en estado vegetativo, por una atención inadecuada durante su parto. Su caso vuelve a cobrar relevancia a la luz de los 27 casos de mujeres, registrados en los últimos doce meses, que han parido en condiciones inseguras tras ser rechazadas por los servicios de salud. Doce de ellas en el estado de Oaxaca.

El Observatorio de Mortalidad Materna reportó 960 muertes relacionadas con el parto en México en 2012. 84 de cada cien se hubiesen podido evitar. Es lo que ya se llama violencia obstétrica. Para la abogada Jaqueline Sáenz, Coordinadora del Área de Derechos Humanos de Fundar, “el silenciamiento en casos como el de Irene Cruz, provoca que se repita la falta de acceso a la salud de las mujeres mexicanas”.

En 2001, Irene Cruz, indígena mixteca oaxaqueña, era una madre primeriza de 26 años ilusionada por traer al mundo un bebé, el primer nieto de sus padres. El 14 de junio salió de cuentas pero hasta el 20 no empezaron las primeras contracciones. Irene y su esposo Alberto vivían en Barranca Fiera, una ranchería en la comunidad de Morelos, a media hora en transporte de la cabecera municipal de Itundujia, Oaxaca, que a su vez está a más de dos horas de Tlaxiaco, dónde se encuentra el hospital más cercano.

Su parto se complicó y empezó un peregrinaje en busca de servicios de salud especializados. La partera mandó llamar a la Brigada de Salud, que operaba intermitentemente en Morelos y otras comunidades de Oaxaca. La brigada los direccionó al centro de atención primaria, en Itundujia. Allí los doctores no la atendieron y le ordenaron caminar para acelerar su trabajo de parto. Finalmente se dieron cuenta de su gravedad, y la mandaron trasladar al hospital del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Tlaxiaco. Llegaron el 21 de junio a las 10 de la noche e ingresaron a Irene sin dejar pasar a su esposo.

A la medianoche, previa autorización de Alberto, le realizaron una cesárea de emergencia. En medio de la operación le faltó el oxígeno y sufrió un paro cardíaco. Epafrodito nació con asfixia natal severa pero se recuperó en la incubadora. Irene sufrió otros dos paros cardíaco después del alumbramiento y le tuvieron que hacer una traquetomía. A mediodía la mandaron al Hospital Civil de la capital oaxaqueña. Llegó en coma. Aunque salió del coma, estaría en cuidados intensivos dos meses, gracias a la pelea de su esposo, pero ya fue demasiado tarde. Sufrió daños irreversibles en el cerebro que bloquearon su movilidad y su razonamiento.

El esposo tuvo que endeudarse para pagar los dos meses de hospitalización, ya que como campesinos no son derechohabientes del IMSS y en 2001 no había Seguro Popular. También para pagar el abogado con quién interpuso una denuncia por negligencia médica a la semana después del parto. La Procuraduría General de Justicia de Oaxaca tomó el caso, pero no expidió las diligencias oportunas. A la familia de Irene se le acabó el dinero y dejaron de pelear por su propia cuenta la denuncia. El expediente cayó en el olvido durante años. Así que no fue hasta el cambio de gobierno en Oaxaca que se reactivan las pesquisas e interviene la Comisión Estatal de Arbitraje Médico para investigar dónde estuvo la negligencia. El peritaje responsabiliza a la médico anestesiólogo por no haber hecho las pruebas necesarias antes de la cesárea y reconoce que las lesiones producidas a Irene Cruz Zúñiga son producto de la mala atención durante la operación.

El 6 de julio de 2012, ya en manos de la Procuraduría General de la República, se acordó ejercer acción penal contra la anestesióloga como probable responsable de la comisión del delito de lesiones culposas con la agravante de responsabilidad profesional, usurpación de profesión, ejercicio indebido del servicio público. Aunque resultó inculpada, en enero de 2013 un tribunal oaxaqueño la exculpó por sobreseimiento del caso.

En ese momento, la organización Fundar tomó la representación del caso por parte de las víctimas y consiguió en un juzgado de alzada que se retomara el expediente. En diciembre pasado, el Tribunal Unitario de Oaxaca, dictaminó que aunque la acción penal prescribió, eso sólo se aplica para la responsabilidad del infractor “pero no opera para extinguir el derecho de la ofendida Irene Cruz Zúñiga, a quien se le reconoce la calidad de víctima, para exigir una medida reparatoria”.

El juez reconoció que Irene y Epafrodito eran víctimas directas y sus padres y hermanos –quiénes asumen su cuidado– víctimas indirectas. Determinó una serie de reparaciones a nivel individual, familiar y comunitario así como acciones para evitar la repetición de los hechos. El magistrado envió un gran número de oficios a dependencias federales y estatales: IMSS, INMUJERES, servicios de salud de Oaxaca, DIF y procuradurías. Las respuestas, según explica Fundar, fueron más en un tono de aplicar programas sociales que de brindar verdaderas medidas de reparación. En el caso de Inmujeres no ha convocado a una mesa de trabajo a la cual se había comprometido. El IMSS manifestó que en vista de que había prescrito la acción penal no podía hacer nada más ni podía reparar el daño.

“¿Por qué la justicia oaxaqueña dejó prescribir el caso? Tal vez no haya que judicializar a los médicos, pero hay una deficiencia generalizada en la accesibilidad universal a los servicios de salud y cuando eso además cruza la salud de las mujeres y le sumas el área rural es mucho más grave”, alega la abogada Sáenz. Porqué aún cuando ahora hay Seguro Popular no siempre es accesible para las comunidades aisladas ni está garantizado un buen seguimiento. De las 960 mujeres que fallecieron en 2012 por causas relacionadas con el embarazo nueve de cada 10 contó con asistencia médica. El 14.7% de ellas no tenía seguridad social y el 55% ciento contaba con Seguro Popular. Pero de las mujeres que si tuvieron control prenatal, 8 de cada 10 sólo recibieron tres consultas o menos durante el embarazo.

“¿Por cuánto tiempo más va a seguir el gobierno de Oaxaca y los servicios federales de salud sin atender a las mujeres? La violencia obstétrica es algo reiterado, que ni siquiera tiene cifras claras porque no les importa, pero en muchos casos han derivado en lesiones y morbilidad materna –una alta tasa de enfermedades asociadas a la maternidad–. Las comisiones estatales de arbitraje médico han tenido un papel muy marginal. No hay un compromiso para la equidad”, añade Saénz.

La reciente Ley de Víctimas contempla que la responsabilidad del estado no prescribe en tanto las víctimas lo siguen siendo, por lo cuál el IMSS está obligado a cumplir con su responsabilidad que incluso contemplaría un pago salarial a la familia de Irene por asumir su cuidado.

El esposo de Irene abandonó la familia después de unos años, y son los padres y hermanos quienes cuidan de Irene y de su hijo. A través de programas de asistencia locales, consiguieron un colchón digno y una silla de ruedas, que solo usan para bañarla. Irene no está conectada a ninguna máquina para sobrevivir pero tiene la mirada perdida, no se mueve, no habla, está en estado vegetativo. Solo a veces cuando la mueven suelta algún gemido. Sus músculos están cada vez más agarrotados y ya no pueden estirarle los brazos. Su madre, Maura Zúñiga, y su hermana, Enimia Cruz, se dedican a ella con esmero, la voltean diariamente, le hacen masajes en las manos, le cambian los pañales –de tela porque no pueden costear desechables– la alimentan con líquidos, porque no puede masticar. Para bañarla la cargan en la silla de ruedas y la sacan.

Duermen en la misma habitación que ella, porque la casa no cuenta con más espacio. También su hijo, Epafrodito, un adolescente de 13 años que nunca ha cruzado una palabra con su madre.

“Está en un estado vegetal, no se puede mover,… Es muy doloroso, no lo puedo ni explicar”, cuenta cabizbaja su hermana menor Emínia. “Le quitaron el derecho de ser la madre de su hijo como ella deseaba, de su esposo, a vivir, todos sus derechos se le privaron”, continúa.

La experiencia de Irene sembró desasosiego entre las mujeres jóvenes de la comunidad. El Estado Mexicano no solo no ha reparado el daño a la familia de Irene, tampoco ha facilitado el acceso a la salud en la región. Fue hasta 2008 cuando se construyó el primer Centro de Salud en la agencia municipal de Morelos.

Sin embargo, sus servicios siguen siendo deficientes, según señala la organización Fundar. “No cuenta con todo el personal, ni los insumos necesarios para dar atención de calidad a la población en general, y a las mujeres en lo particular. Únicamente atiende un pasante médico que cambia cada año y que no ofrece consultas en todos los horarios, todos los días del año. Tampoco se cuentan con todos los medicamentos e insumos para estabilizar emergencias obstétricas y poder canalizarlas al hospital de segundo nivel de atención. El ahora más cercano hospital de 2º nivel de atención, ubicado en la localidad de Chalcatongo no cuenta con personal con especialidad en ginecología, el médico cirujano que atendía las complicaciones de parto murió y su puesto no ha sido reemplazado”, señala Fundar.

“Lo que le sucedió a mi hermana creó una desconfianza, no solo en nuestra familia sino en toda la comunidad. Realmente existe un miedo entre las mujeres de que a cualquiera de ellas le pueda pasar lo mismo”, explica Emidia.

En lo que va de año, ya ha habido dos reportes de morbilidad materna en mujeres de la agencia municipal de Morelos, uno por una cesárea mal practicada y otro al no suturar el corte que se practica para facilitar la salida del bebé.

La familia exige una reparación patrimonial del daño y la implementación de un sistema de salud de acceso universal para los hombres y mujeres de su municipio.

“A nosotros nos han tenido olvidados, no se ha hecho justicia por lo que pasó. Nosotros somos los afectados pero encarcelando a la responsable de lo que le pasó a mi hermana no se haría justicia. La justicia sería reparar los daños que a mi hermana le causaron, seguir luchando por su salud, garantizar su cuidado, que el niño estudie. Nuestra familia ya está en este problema pero le pedimos a las autoridades de salud que se preocupen más por nuestros vecinos, por nuestra comunidad y nuestro municipio. Ahora ya tenemos centro de salud, que antes no, pero le hace falta mucho, medicamentos, equipo,…”, concluye Carlos Cruz, el hermano de Irene.

Ante la negativa del IMSS de resarcir el daño, Fundar llevará el caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

 

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Qué fue el incidente Cutter y cómo ayudó a que el desarrollo de vacunas sea más seguro

Desde que se lanzó la primera vacuna contra la polio, en 1955, la incidencia de la enfermedad se desplomó hasta que finalmente desapareció en 1979. Pero la lucha contra el virus no estuvo libre de errores.
13 de septiembre, 2020
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Los estadounidenses recibieron una gran noticia en abril de 1955: las autoridades sanitarias anunciaron que tenían lista la primera vacuna contra la temible poliomielitis.

A fines de los años 40, los brotes de polio dejaban paralíticas a unas 35,000 personas cada año en Estados Unidos. Para la década del 50, la enfermedad seguía activa y causaba entre 13,000 y 20,000 casos anuales de parálisis, según los Centros de Control de Enfermedades (CDC) de EE.UU.

Cada verano, que era la temporada en la que proliferaban los contagios, los padres encerraban a sus niños en las casas para evitar que se infectaran.

“La gente hacía cuarentena, parecido a lo que pasa ahora, los cines y las piscinas cerraban, los niños no salían a jugar, no jugaban con sus amigos”, le dijo a BBC Mundo el doctor Michael Kinch, autor del libro sobre la historia de las vacunas “Entre la esperanza y el miedo”.

“Los niños paralíticos, en sillas de ruedas o con muletas, eran un recuerdo constante del miedo a la enfermedad”, agrega.

A veces también se restringía el transporte y el comercio entre las ciudades afectadas por la polio.

Así que la llegada de la vacuna significó un gran alivio.

Pero apenas un mes después del lanzamiento, lo que pasaría a la historia como el “incidente Cutter” empañó el avance médico y obligó a suspender el programa de inmunización por unos meses.

El incidente Cutter resultó decisivo en la mejoría de los sistemas de la fabricación y en la supervisión gubernamental de las vacunas.

¿Qué pasó en este episodio decisivo para la salud pública?

Vacuna efectiva

La polio es una enfermedad viral que ataca principalmente a niños menores de 5 años y que afecta el sistema nervioso y puede causar parálisis.

Actualmente se considera erradicada de casi todo el planeta, gracias a programas masivos de vacunación, y solo se reportan casos en Pakistán y Afganistán.

Frascos y cajita de la vacuna de los laboratorios Cutter

Getty Images
El incidente Cutter ayudó a mejorar la regulación de las vacunas en EE.UU.

Desde al menos 1935, los científicos habían tratado de desarrollar una vacuna contra la enfermedad.

Hasta que en 1953, el científico estadounidense Jonas Salk logró crear una a partir de cepas inactivas del virus causante de la infección, el poliovirus.

Las cepas quedaban inactivas mediante la aplicación de formaldehido en cultivos del virus desarrollados en células renales de mono.

En 1954, se realizó un gran ensayo clínico de la vacuna de Salk, en el que participaron alrededor de 1,8 millones de niños en EE.UU., Canadá y Finlandia.

Fue “la prueba clínica más grande de un medicamento o vacuna en la historia médica”, según la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de EE.UU.

Los resultados fueron positivos y las autoridades estadounidenses anunciaron en abril de 1955 que la vacuna había mostrado una efectividad de entre 80 y 90%.

Una vez que las autoridades aprobaron la vacuna, licenciaron a seis laboratorios para fabricarla. Uno de estos era Cutter, ubicado en California.

Lotes defectuosos

La farmacéutica lanzó 380.000 dosis del producto al mercado, pero unos lotes habían salido defectuosos: accidentalmente contenían cepas activas del virus.

Como resultado, se confirmaron más de 260 casos de polio -con o sin parálisis- vinculados a la vacuna y a contagios comunitarios a partir de los niños vacunados, según la FDA.

Pero este número no incluía al resto de personas que reportaron otros síntomas de la infección.

De acuerdo al doctor Paul Offit, autor del libro “El incidente Cutter: cómo la primera vacuna contra la polio llevó a la creciente crisis de vacunas”, unos 40.000 niños vacunados presentaron dolores de cabeza, rigidez en el cuello, debilidad muscular y fiebre (síntomas de la polio), unos 164 menores quedaron paralíticos y 10 murieron.

Cajas de lotes de la vacuna contra la polio de los laboratorios Cutter.

Getty Images
A partir de 1955 la incidencia de la polio en EE.UU. cayó dramáticamente.

La mayoría quedó paralizado en los brazos (donde habían recibido la vacuna) pese a que la polio solía paralizar las piernas, detalla Offit en su libro.

Ante el brote, en mayo de 1955, el cirujano general de EE.UU. recomendó que “todas las vacunaciones de polio se suspendan hasta que se haya completado una inspección minuciosa de cada fábrica y una revisión de los procedimientos para probar la seguridad de la vacuna”, cuenta la FDA.

Aunque antes y después hubo otros incidentes con vacunas, Offit dijo a BBC Mundo que el incidente Cutter “fue probablemente el peor desastre biológico de la historia de EE.UU.”.

Sin embargo, para el otoño de 1955, se reanudó el programa de vacunación.

“La gente en esa época no cuestionaba las cosas tanto como ahora, confiaban más en las autoridades”, le dijo a BBC Mundo el doctor Kinch. Además, “le tenían más miedo a la polio”.

La vacunación dio resultado y la incidencia de la polio en EE.UU. “disminuyó dramáticamente” a partir de 1955. La enfermedad quedó erradicada en ese país en 1979.

La vacuna del virus inactivado creada por Salk sigue usándose en EE.UU., mientras que otros países usan una vacuna que se administra por vía oral.

¿Qué salió mal con las vacunas de Cutter?

El libro de Offit señala varios factores que llevaron a que las vacunas de los laboratorios Cutter contuvieran cepas activas del virus y que se produjera el brote de polio.

Una mujer sosteniendo frascos de la vacuna contra la polio de los laboratorios Cutter.

Getty Images
El incidente Cutter fue probablemente el peor desastre biológico de la historia de EE.UU.

Cutter había usado la cepa más agresiva del poliovirus para fabricar la vacuna y había usado filtros defectuosos para separar el virus del tejido de los monos en los que se cultivaba y este tejido podía contener moléculas activas del virus.

Además, las pruebas de seguridad que exigía el gobierno -y con las que Cutter había cumplido- eran inadecuadas.

Cutter tampoco tenía claro el tiempo necesario para desactivar el virus con formaldehido.

“Nadie mostró más desdén por las teorías de desactivación de Salk que los laboratorios Cutter. Salk tenía un procedimiento para desactivar el virus. Pero Cutter no sabía si estaban siguiendo sus teorías o no. Creo que no tenían la experiencia interna para hacerlo, mientras que otros laboratorios sí la tenían”, dijo Offit a BBC Mundo.

Otro problema fue que cuando los laboratorios Cutter empezaron a fabricar la vacuna, no había un requisito de “consistencia”. Es decir, ya no existía la obligación -vigente en el ensayo clínico- de producir al menos 11 lotes consecutivos de la vacuna que pasaran las pruebas de seguridad.

En su libro, Offit señala que nueve de 27 lotes de Cutter habían fallado las pruebas de seguridad. Pero Cutter tampoco avisó a las autoridades que había tenido problemas para desactivar el virus.

El laboratorio Wyeth también fabricó vacunas defectuosas, pero menos que Cutter, y dejaron paralizados a 11 niños.

“Cutter hizo muchas cosas mal y tampoco tenía la experiencia interna con la que sí contaban otros laboratorios”, dice Offit en su publicación. “Como consecuencia, fabricó una vacuna que era mucho más peligrosa que cualquier otra vacuna en EE.UU. o en el mundo”.

Sin embargo, “Cutter culpó a Salk por desarrollar un proceso que era inconsistente y culpó al gobierno federal por establecer estándares de fabricación y de prueba que eran inadecuados”, cuenta Offit en “El incidente Cutter”.

¿Cómoayudó a que las vacunas sean seguras?

Cuando ocurrió el incidente Cutter, la regulación de las vacunas en EE.UU. recaía sobre el Laboratorio de Control Biológico, parte del Instituto Nacional de Microbiología, que a su vez era parte de los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés).

Niños haciendo cola para recibir la vacuna contra la poliomielitis en EE.UU.

Getty Images
Varios miles de niños presentaron síntomas de polio tras recibir la vacuna Cutter.

A partir del incidente, en junio de 1955 se creó la División de Estándares Biológicos (DBS), que ya no era un área subordinada, sino una entidad independiente dentro de los NIH, según información enviada a BBC Mundo por la FDA.

Ahora el DBS es el Centro de Evaluación Biológica e Investigación y es parte de la FDA.

El doctor Offit señala en su libro otros “legados” del incidente, como el propiciar la creación de una “regulación federal efectiva de las vacunas”.

“El gobierno federal lanzó una investigación inmediata de la manufactura y procesos de prueba de todas las compañías y encontró que las regulaciones y los lineamientos eran inadecuados”, cuenta Offit en su libro.

“Se desarrollaron mejores procedimientos para la filtración, almacenamiento y pruebas de seguridad y en meses se fabricó una vacuna segura contra la polio”, añade el autor.

También aumentó el número de profesionales que regulaban vacunas en EE.UU. y la “consistencia” (obligación de producir un número mínimo de los lotes efectivos consecutivos), requisito implantado a partir del incidente Cutter, se exige hasta hoy para todos los fabricantes de vacunas.

¿Qué se puede aprender del incidente?

El doctor Kinch está de acuerdo con que el incidente Cutter tiene “una moraleja”.

Creo que la prisa es una de las preocupaciones con la actual vacuna, o que terminemos con una situación como la de Cutter, así que es una lección muy importante para aprender”, añadió Kinch.

“Debemos aprender de esto para no apurar la vacuna contra el COVID-19, hasta que realmente entendamos cómo fabricarla de manera segura”, comentó Kinch.

Además, el doctor Offit señala que “ahora sabemos mucho más sobre cómo producir vacunas masivamente” y que hay más regulaciones, y cree que “la FDA supervisará adecuadamente las vacunas” contra el COVID-19.

“La vacuna contra el COVID-19 no podría acercarse a lo que pasó con esa vacuna. La cepa que se usó para la vacuna contra la polio era la más virulenta”, dijo Offit a BBC Mundo.

“Las estrategias que estamos usando no son peligrosas. Seguramente habrá una curva de aprendizaje y un costo humano, pero no me imagino que se acerque al costo humano que pagamos en los 50”, agregó.

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