El precio del Mundial: 200 mil desplazamientos en Brasil y más
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El precio del Mundial: 200 mil desplazamientos en Brasil y más

El periodista danés Mikkel Keldorf pasó entre ocho y nueve meses en Brasil (2013-2014) para poder filmar y editar El precio de la Copa del Mundo, un documental que explora más allá del futbol brasileño.
Por Mayra Zepeda
6 de junio, 2014
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Foto: AP

Foto: AP

“En Brasil, los derechos civiles no son para todos”, dice Rafael Goncalvez, profesor universitario de Historia, al periodista danés Mikkel Keldorf en una de las escenas que aparecen en el documental El precio de la Copa del Mundo.

Según Keldorf, 200 mil brasileños han sido desplazados de sus hogares por la fuerza pública. “Todos son pobres”, explica en entrevista con Animal Político.

Sólo en Río de Janeiro, donde se llevará a cabo el partido final del Mundial, 10 mil 942 familias han sido desplazadas por diferentes motivos, según un reporte del Comité Popular de la Copa y las Olimpiadas: construcción de vías para transporte público, accesos a condominios de lujo y estadios, estacionamientos para el Maracaná y otros proyectos.

Neuzimar, su hermana y sus sobrinos son una de las familias desplazadas de la favela Providencia, una de las más antiguas de Río de Janeiro, que se encuentra a 5 kilómetros del estadio Maracaná. Ella y sus vecinos serán desplazados para la construcción de un teleférico que conectará lo alto de la favela con el centro de Río de Janeiro.

El Comité Popular reporta que las viviendas que el gobierno brasileño destinó para los desplazados no se encuentran, en su mayoría, en las zonas que se beneficiarán de las inversiones para la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos, que se celebrarán en 2016. ¿Dónde están? En las periferias de las ciudades que tienen una baja cobertura de servicios públicos e infraestructura urbana.

Mikkel Keldorf pasó entre ocho y nueve meses en Brasil (2013-2014) para poder filmar y editar El precio de la Copa del Mundo, un documental que explora más allá del futbol brasileño.

“Tal vez las clases altas brasileñas son las más felices con la Copa del Mundo porque son ellos los que se benefician. Entre más dinero tienes, menos sientes las desventajas del Mundial”, dice Keldorf, quien pasó varios meses en Río de Janeiro y Fortaleza, dos de las 12 ciudades brasileñas que serán sede de los partidos.

En febrero pasado, la encuestadora Datafolha reveló que 52% de los brasileños apoyan el Mundial, el nivel más bajo que registra desde diciembre de 2008, cuando el respaldo llegaba al 79%. ¿Y los que están en contra? Pasaron de 10% al 38%.

Otro de los aspectos que explora el trabajo de Keldorf es lo que, hasta ahora, no está comprobado: los llamados “escuadrones de la muerte” en las calles brasileñas.

Mikkel Keldorf habló con distintas organizaciones en Fortaleza para mostrar la cara del otro Mundial: el Street Child World Cup, o el mundial de futbol de los niños de la calle.

Foto: AP

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En el documental, Manuel Torquato, coordinador del proyecto Crianças Nao é da Rua, explica el fenómeno de los “carros negros” que bajan las ventanas y disparan a los niños que duermen en las calles como “una manera de deshacerse de la gente, utilizada en Brasil en los años 90 y otros incidentes, para limpiarlas”.

Y hay más historias. Está la de Fatinha, madre de un joven asesinado por las fuerzas policiacas en 2012 en la favela Rocinha. Cuando en 2007 se dio a conocer que Brasil sería la sede de la Copa del Mundo y, además, los Juegos Olímpicos, el gobierno puso en marcha un plan para pacificar las favelas, expulsar a los criminales.

Foto: Mikkel Keldorf.

Foto: Mikkel Keldorf.

Foto: Mikkel Keldorf.

Foto: Mikkel Keldorf.

Foto: Mikkel Keldorf.

Foto: Mikkel Keldorf.

Hace unos días, la agencia AP reportó que más de 20 policías que vigilan esta favela, la más grande de Río de Janeiro, enfrentan acusaciones de tortura, desaparición y presunto asesinato de un hombre a quien interrogaban sobre armas y droga en la comunidad.

Entre una de las cosas que preocupa a Amnistía Internacional está justamente la ocupación policial de las favelas en Río de Janeiro, “lo que hace temer que se haga uso excesivo de la fuerza contra las comunidades y se las someta a control militar.”

A Amnistía Internacional también le mortifica la “despreocupación absoluta por los desalojos llevados a cabo en Río de Janeiro” para poder lograr las construcciones necesarias para el Mundial y los Juegos Olímpicos.

Según la organización InspirAction, estas construcciones estaban cifradas en 800 millones de euros, sin embargo, el gasto ya superó los 2 mil 700 millones de euros. Además, dice la organización, el financiamiento de estas obras aumentó 30% el endeudamiento de las ciudades sede del Mundial: San Pablo, Río de Janeiro, Salvador de Bahía, Recife, Porto Alegre, Natal, Manaos, Fortaleza, Curitiba, Cuiabá, Brasilia y Belo Horizonte.

Hace un par de días, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, aseguró que el Mundial “será un gran éxito” y que no permitirá que las protestas afecten el desarrollo de la Copa.

Mikkel Keldorf no lo puede creer: “Tienes que ser muy positivo si crees que no habrá ningún problema”.

Éste es el documental completo:

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Juan Camilo Roa @JuanCamiloBerlin

Por qué hay escasez de Santa Claus en EU y cómo ha cambiado el negocio por la pandemia

En un año en el que los estadounidenses quieren una Navidad más normal es difícil encontrar personas que interpreten al viejo San Nicolás.
Juan Camilo Roa @JuanCamiloBerlin
20 de diciembre, 2021
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Son las siete de la noche y Santa Claus está buscando en los bolsillos de su gran chaqueta roja las llaves de la casa que alquila en Miami para pasar la temporada navideña.

Luce más delgado de lo que se le ve en las películas, pero sin duda es Santa: lo delata su inconfundible barba blanca, unas inmensas botas de cuero y un gran abrigo escarlata.

Pocos segundos después, una minivan color ocre aparca frente a la casa y bajan dos más: como si fuera el inicio de una broma decembrina, ahora son tres los Santa Claus que intentan abrir la puerta de una casa.

Sus nombres verdaderos son Leon McBride, Lee Andrews y Rick Hyman. Estos tres amigos viajan cada año más de 10 horas por carretera hasta esta ciudad del estado de Florida desde sus hogares en Georgia y Virginia para interpretar al personaje más icónico de la Navidad en centros comerciales y eventos.

Un intérprete de Santa, junto a una intérprete de elfo, al frente de un árbol de Navidad
Rafael Abuchaibe

Y ahora lo hacen en un buen momento: con un aumento exponencial en el número de estadounidenses vacunados contra la COVID-19, los compradores están prefiriendo volver a las tiendas físicas en vez de buscar regalos en línea, lo cual inmediatamente se traduce en una mayor demanda de Santas alrededor del país.

Pero, a pesar de que la emergencia de salud ha mejorado a comparación a 2020, no todos los Santas se sienten tan tranquilos como Rick, Leon y Lee de trabajar durante una pandemia.

Y esto, según algunos conocedores de la industria, está generando una escasez de Santas en EE.UU.

El origen de la escasez

En 2020, la pandemia tuvo un efecto particular en la comunidad de intérpretes de Santa Claus: debido a las características típicas del personaje y cómo están relacionadas con la COVID-19 (generalmente San Nicolás es un hombre mayor de 65 años con sobrepeso, dos factores de alto riesgo) muchos han decidido no trabajar esta Navidad.

“De hecho”, explicó a BBC Mundo Mitch Allen, creador de la compañía HireSanta.com (Contrata a Santa), “hemos perdido más de 335 Santas solo en 2021 debido a COVID y otros factores, y perdimos incluso más el año pasado”.

Para Tim Connaghan, quien tiene el título honorario del “Santa Nacional” debido a su trabajo en desfiles y campañas nacionales y quien desarrolla la encuesta anual “Traje Rojo”, los riesgos de salud que representa la pandemia han hecho que la disponibilidad de Santas sea mucho más baja este año.

“Tenemos muchas familias que están muy cautelosas y muchos Santas cautelosos también […] En mi encuesta, 18% de los Santas dijeron que no iban a trabajar este año”, le explicó Connaghan a BBC Mundo.

“Pero también el 30% dijo que trabajaría a través de servicios de videoconferencia, como Zoom”, agregó.

Santa virtual

Rick Hyman, uno de los tres Santas que trabajan en Miami durante la temporada de Navidad, duda de que haya una escasez de intérpretes de Santas. Para él, el tema es más un cambio que se está dando en el negocio.

“Yo no creo que haya una escasez de Santas. Creo que la mayoría descubrió el mundo virtual y se ha volcado a esos servicios porque les gusta más así,” dice Hyman.

Allen concuerda con que la demanda de servicios de videollamada con los Santas se incrementó, especialmente durante 2020, aunque dice que este año la gente está buscando una experiencia “más tradicional”.

“El número de visitas virtuales en nuestra plataforma ha bajado dramáticamente. El año pasado se disparó […] pero este año ha bajado, porque la gente está cansada de FaceTime y Zoom”, cuenta Allen.

Y para Santas más tradicionales, como Hyman, las visitas a los hogares y tener contacto directo con los niños sigue siendo vital: “Nosotros seguimos queriendo conocer a los niños, los queremos en las rodillas […] porque cuando un niño te mira a los ojos, te mira directamente al alma.”

Un negocio de alto costo, pero lucrativo

Santa Claus mira un árbol de Navidad

Juan Camilo Roa @JuanCamiloBerlin

Lee Andrews es el menor de los tres Santas que rentan la casa en Miami este fin de año. Con apenas 30 años, Lee le contó a BBC Mundo que aunque el negocio de los Santas puede llegar a ser “muy lucrativo”, también requiere de una gran inversión.

“Es caro hacer lo que hacemos”, dice Lee mientras muestra las botas de cuero de su disfraz. “Solo las botas hechas a la medida cuestan 1 mil dólares”.

Rick Hyman, de 75 años, es otro de los Santas que viajó a Miami. Empezó su carrera en una fiesta familiar hace 20 años con un disfraz barato que compró en una tienda por departamentos por 50 dólares. Hoy dice que su inversión se ha incrementado exponencialmente.

“Si vas a invertir miles de dólares en vestido y cosas así, te puedo garantizar que estás administrando un negocio”, explica Rick.

Lee agrega: “Tenemos amigos que pueden hacer más de 100 mil en un mes y medio siendo Santa. Realmente depende de tu mentalidad y qué tanto quieres trabajar”.

“Depende de la mentalidad con la que lo veas: en términos de Santas, probablemente solo el 35% o 40% lo ve como un negocio”, cuenta Lee.

Un Santa tradicional

Tres personas que interpretan a Santa Claus contando sus historias

Juan Camilo Roa @JuanCamiloBerlin

Leon McBride, de 78 años, lleva 15 años viajando al sur de la Florida en la temporada de Navidad para interpretar a Santa Claus. Con 40 años en el entretenimiento, incluyendo una larga carrera como payaso del circo de los Hermanos Ringling, es el de más experiencia de los tres.

Y dice que, a pesar de la tecnología, hay elementos de su trabajo que no se pueden hacer sino de la manera tradicional, es decir, hablando con los niños directamente.

“Ellos se quieren acercar a ti y contarte lo que les ocurre […] Y a veces nos preguntan cosas que no podemos responderles como si tú dices ‘qué quieres de Navidad’ y te dicen ‘quiero que vuelva mi papá porque murió'”.

“Una de las cosas que me he dado cuenta que le gusta a los niños es que los escuches. Sentarse, que te miren a la cara y hablar. Y cuando se dan cuenta de que estás prestando atención de verdad, ahí es cuando se destapan”, cuenta McBride.

Por eso emprende todos los años su travesía hasta Miami. Dice que la gente en el sur de la Florida es más amable y esto le permite hacer su trabajo mejor. En este punto concuerda Lee, quien visita Miami por primera vez para interpretar a San Nicolás.

“Así lo hagas como un negocio o como caridad, hay que hacerlo al máximo de tus capacidades porque cuando hay un mal Santa, todos quedamos mal”, cuenta Lee.


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