Las estaciones migratorias mexicanas, en calidad de reclusorios
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Las estaciones migratorias mexicanas, en calidad de reclusorios

86 mil 929 extranjeros fueron detenidos en 2013 en el país, antes de su repatriación son encerrados como delincuentes, así lo relata la organización Sin Fronteras en el informe anual que presenta este martes.
Por Majo Siscar @majosiscar
3 de junio, 2014
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Foto: Cuartoscuro

Foto: Cuartoscuro

“Yo no hecho nada, no soy un delincuente, ¿qué hago aquí?”, se pregunta un joven hondureño, a quién llamaremos Marlon N., retenido en la estación migratoria de Iztalapa, en el Distrito Federal. La pregunta se repite en los testimonios recopilados por la organización Sin Fronteras, que vela por los derechos de los migrantes y que hoy presenta su informe anual La ruta del encierro. Situación de las personas en detención en estaciones migratorias y estancias provisionales.

 

86 mil 929 migrantes fueron detenidos el año pasado en México para ser regresados a sus países de origen. 72 mil 856 eran hombres y 14 mil 073 mujeres, de los cuáles, 9 mil 893 eran menores de edad. La gran mayoría son centroamericanos que no tenían intención de quedarse en el país pero tampoco permiso para cruzarlo. Y por tanto pueden ser detenidos en cualquier momento por la Policía Federal o el Instituto Nacional de Migración. Son las únicas dos instituciones que pueden detenerlos, sin embargo Sin Fronteras reporta que en muchos casos es la propia ciudadanía quién los reporta, como a una hondureña que acudió al Ministerio Público a denunciar que le habían robado el bolso y fue trasladada al INM, o el caso de un grupo de guatemaltecas que fueron denunciadas por el dueño del hotel donde se alojaron. Y muchos les extorsionan a condición de no hacerlo. Sin Fronteras reporta que en Hidalgo varios migrantes han denunciado haber pagado 300 pesos a policías municipales bajo amenaza de ser denunciados a migración. También mencionan pagos de mil pesos a policías federales para evitar detenciones y cómo hasta para subir al tren personas identificadas  como Zetas les piden 100 dólares en cada tramo que quieran subir. 

Marlon N. confiesa que el camino fue muy difícil.  “vi mucha delincuencia, las personas que se supone que te cuidan en el camino son las que te hacen más daño, como los policías”. Marlon N, llegó a una estancia provisional al ser liberado por la Procuraduría de sus secuestradores. Allí solo les dieron un colchón en el suelo y no tenían ni siquiera regaderas. Pasó cinco días sin bañarse. Luego los trasladaron a la estación migratoria de Iztapalapa, en el Distrito Federal.

Condiciones indignas y malos tratos

Las estancias provisionales no tienen los recursos necesarios para garantizar condiciones dignas de supervivencias. Diana Martínez, abogada de Sin Fronteras, relata como en Salina Cruz, al sur de Oaxaca –una de las regiones claves de la ruta migratoria– el área de hombres es una habitación sin ventanas y solo pueden tomar el aire en un pasillo de 2×5 metros parcialmente ventilado.

La mayoría de detenciones se dan en los estados fronterizos como Chiapas, donde se reportaron 35 mil 422 migrantes detenidos o Tabasco con 6 mil 922 y Tamaulipas con 3 mil 409. Pero también en Oaxaca o Veracruz hay más detenciones, relacionadas con el mayor flujo de migrantes por esas rutas. La estación migratoria del DF tuvo  mil 803 detenciones. Aunque la estación, llamada Las Agujas, cuenta con patios de esparcimiento y televisiones en los diferentes pabellones, Sin Fronteras reporta condiciones de insalubridad, no adaptación de las comidas a las dietas por enfermedad, separación familiar, malos tratos y celdas de castigo con prácticas de tortura. Los migrantes solo tienen derecho a una primera llamada cuando son detenidos pero si después quieren volver a hablar no siempre tienen acceso a teléfonos y cuando los tienen deben tener dinero para comprar las tarjetas. Duermen en colchonetas sucias, no tienen espacios para lavar o colgar la ropa, en la mayoría de casos no les dan suficiente jabón o papel del baño. “Están peor que en los reclusorios” subraya Carolina Carreño, psicóloga de Sin Fronteras.

Además el 13,6% de los entrevistados por Sin Fronteras denunciaron malos tratos. Marlon N. es uno de ellos, quién además denunció la corrupción de los oficiales de migración que los custodian. “Ese lugar es como una cárcel, los agentes migratorios son los que tienen el poder, controlan la venta de cigarros, trafican con comida, si tú quieres comer algo mejor tienes que pagar el doble, manejan la entrada y salida de las drogas, como marihuana. Si alguien necesita dinero a dentro, tú le puedes decir a tu pariente que te mande dinero a esas personas y ellos te la dan a ti, pero obviamente con un costo. Si tú quieres salir rápido, también tiene un costo. O si le caíste mal a un agente incluso te puede golpear o te hace un cateo. Si tú tienes dinero, vales, si no, no sos nadie”, narró ante la cámara de Sin Fronteras.

Muchas de las estaciones, incluida la de Iztapalapa tienen los cuartos de castigo, que se utilizan cuando las personas infringen las Normas para el Funcionamiento de Estaciones Migratorias. “Si alguien se porta mal, o se pelea a golpes, los llevan al cuarto que es “el hoyo” donde están parados y duermen así estando ahí tres días”, relata un testimonio anónimo del informe.

Las penas corporales, el encierro en celdas oscuras, así como las sanciones crueles, inhumanas o degradantes, están terminantemente prohibidas por el derecho internacional. Pero Sin Fronteras ve este maltrato como una “técnica de shock, una tortura psicológica para imponer reglas a los rebeldes. Las precarias condiciones materiales son utilizadas para colocar a las personas detenidas en un estado de desorientación y trauma, con el fin de generar miedo y evitar que vuelvan a migrar, gracias al debilitamiento de su voluntad”.

La psicóloga Carreño añade que aún cuando no hay malos tratos “si hay una afectación emocional, no saben qué va a pasar con ellos, la incertidumbre, el estar lejos de su familia, el que van a volver a comenzar, un alto porcentaje señala que va a volver a intentarlo, pero el encierro, el sentirse como delincuentes, les deja la sensación de fracaso”.

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Shingo, el pueblo de Japón en el que aseguran que está enterrado Jesús (junto a la oreja de su hermano)

De acuerdo a la leyenda, en una remota localidad en el norte de Japón, estaría enterrado el cuerpo de Cristo, quien dicen que vivió allí hasta los 106 años y tuvo descendencia.
9 de abril, 2020
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Jesús no murió a los 33 años, sino que vivió en realidad hasta los 109.

El que fue crucificado en Jerusalén fue su hermano.

Y se casó y tuvo tres hijas.

Estas tres afirmaciones forman parte de la creencia de un pequeño grupo de cristianos que residen en el lejano poblado de Shingo, en el norte de Japón.

Donde además, afirman, “está enterrado Jesús, el verdadero. Junto a la oreja de su hermano”.

Aunque parece un absurdo, este lugar enclavado entre montañas atrae a unos 20.000 peregrinos y turistas que cada año visitan el lugar que es conocido como el “Museo de la Leyenda de Cristo”.

A Cristo, en realidad, en este remoto paraje japonés lo llaman Daitenku Taro Jurai. Y el lugar de su supuesta sepultura es un montículo de tierra coronado por una enorme cruz de madera.

“Es solo una atracción turística, para hacer dinero”, le dijo a la cadena ABC Marcel Poliquin, un sacerdote católico que vive cerca del museo.

Sacerdote

Getty Images
En Japón apenas el 1% de la población se considera cristiano.

Pero, ¿cómo un grupo de personas que viven a más de 20.000 kilómetros de Jerusalén terminan creyendo que no solo Jesús vivió entre ellos, sino que además está enterrado allí?

Todo parte de una creencia que viene del siglo XVII.

¿En qué creen?

De acuerdo a la información entregada por el “Museo de la Leyenda de Cristo”, cuando Jesús tenía 21 años viajó a Japón para aprender más de las otras religiones que existían en el mundo.

Ese detalle, anota el grupo de creyentes, explicaría los años ocultos de Jesús, de los que nada dicen los relatos bíblicos.

Allí estuvo hasta que cumplió los 33 años, cuando regresó a Jerusalén -vía Marruecos- para continuar con su predicación.

Pero a partir de este punto es donde el relato realmente se complica: Jesús efectivamente es arrestado por las autoridades romanas, quienes lo condenan a la crucifixión. Pero, según la leyenda japonesa, se cambia de lugar con su hermano, conocido en Japón como Isukiri.

Así, dice este grupo, Jesús logró escapar de Jerusalén con dos reliquias, con las que llegó hasta Shingo: una oreja de su hermano crucificado y un mechón del cabello de María.

Y estableció su residencia en Japón, donde se retiró y formó una familia. Finalmente fue enterrado en el lugar donde hoy se erige la enorme cruz de madera, afirman.

Buda de Nara

Getty Images
La mayoría de los japoneses practica el budismo o el sintoismo.

Además, la misma historia señala -basándose supuestamente en unos rollos del siglo XVII que convenientemente desaparecieron durante la II Guerra Mundial- que la familia de los Sawaguchis, cultivadores de ajo de la zona, son los descendientes directos de Jesús.

De ellos, ninguno cree en Cristo, en un país donde la población es mayoritariamente budista y sintoísta.

El origen de la leyenda

Esta creencia -parte del folclore local- surge de la mezcla de varios relatos: los mitos de misioneros cristianos enterrados en las cercanías, el afán de un alcalde de atraer turistas y las elucubraciones de arqueólogos oportunistas.

De acuerdo al periodista Winifred Bird, no hay una fecha exacta en la que se haya dado la creación del lugar “sagrado”, pero hay un registro de que en la década de 1930 se comenzó a hablar sobre el supuesto sitio donde existía la tumba de Cristo.

“Hacia 1935 llegó a esta región Kiyomaro Takenouchi, un religioso que había leído unos documentos luego conocidos como los Libros Takenouchi, donde se señalaba que Cristo estaba enterrado en Japón”, escribió Bird.

Jesús

Getty Images
De acuerdo a la leyenda, la persona que fue crucificada no fue Jesús sino su hermano.

“Cuando llegó al lugar, uno de los locales le mostró dos montículos de tierra cubiertos de bambú. Él declaró inequívocamente que uno era el lugar donde estaba enterrado Jesús y el otro, donde yacía el fragmento de su hermano”, anotó.

A esto se unió el empeño del alcalde de la época, Denjiro Sasaki, quien vio en el asunto de la tumba de Cristo una oportunidad turística.

Y efectivamente viene dando su rédito.

Pero, ¿los locales creen en la leyenda?

Es la parte central de nuestra industria turística. Si no lo crees, no te salvas“, le dijo al diario “Japan Times” Mariko Hosokawa, una habitante de Shingo.

Otros son más escépticos.

“Por supuesto que lo de las tumbas es una mentira. Sin embargo, hay algo que puede sugerir que en esta región sí ocurrió un hecho inédito y espiritual”, agregó Toshiko Sato, otra habitante de la zona, en alusión a la leyenda.


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