¿Llegó el fin de la Primavera Árabe?
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¿Llegó el fin de la Primavera Árabe?

Hace tres años y medio, decenas de miles de personas ocupaban la simbólica plaza de Tahrir, en El Cairo, demandando el fin del régimen de 40 años de Hosni Mubarak, pidiendo democracia y justicia. Ahora, tras las elecciones que le dieron el poder el exjefe del ejército Abdel Fattah al Sisi, los egipcios parecen haber apostado por una incierta estabilidad.
Por Mariano Aguirre* / BBC Mundo
2 de junio, 2014
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Primavera árabe. Foto: AP.

Primavera árabe. Foto: AP.

Hace tres años y medio, decenas de miles de personas ocupaban la simbólica plaza de Tahrir, en El Cairo, demandando el fin del régimen de 40 años de Hosni Mubarak, pidiendo democracia y justicia. Ahora, tras las elecciones que le dieron el poder el exjefe del ejército Abdel Fattah al Sisi, los egipcios parecen haber apostado por una incierta estabilidad.

Lea: Al Sisi, el general que devolvió el poder a los militares

Dada la importancia geopolítica de Egipto en la región, ¿se puede hablar del final de la Primavera Árabe?

Altas expectativas en política suelen dar lugar a grandes decepciones.

Los levantamientos que han sucedido en diversos países árabes desde diciembre de 2010, generaron inmensas esperanzas sobre una región que parecía condenada a vivir bajo gobiernos autoritarios.

La expectativa de ayer y la decepción de hoy ocultan la complejidad de procesos políticos que van más allá de ascensos y caídas en un corto período de tiempo.

El levantamiento árabe tiene dinámicas, actores y componentes nacionales e internacionales que impiden hacer juicio definitivo, pese a los actuales indicadores negativos.

Lea también: Diez consecuencias inesperadas de la Primavera Árabe

Militares árbitros del cambio

Las revueltas que comenzaron en Túnez y Egipto en diciembre de 2010, y que se extendieron a Bahréin, Yemen, Siria y con menor intensidad en otros países, tuvieron su origen en la pobreza y desigualdad creadas por políticas neoliberales, la exclusión de las mayorías en las decisiones de gobierno, la represión, y una extendida corrupción.

La manipulación de las identidades étnicas, tribales o religiosas acrecentó la percepción de marginación e injusticia.

A la vez, el acceso a la información sobre bienes y costumbres en otros países impactó especialmente entre los sectores jóvenes que en las primeras etapas lideraron las movilizaciones utilizando las redes sociales.

Todo el mundo fue tomado por sorpresa por los levantamientos.

Las respuestas de los gobiernos fueron variadas pero marcadas por un constante aprendizaje y adaptación.

Los gobernantes de Túnez y Egipto no calcularon que sus fuerzas armadas les dejarían caer.

El poderoso ejército egipcio prefirió el fin de Hosni Mubarak y ser aplaudido como reformista.

Esto le aseguró continuar siendo árbitro de la pugna entre liberales y los Hermanos Musulmanes, permitir a estos últimos llegar al poder -pero no ejercerlo- y terminar retomándolo con la aclamación de una parte de la sociedad.

En Túnez, en cambio, la relación de fuerzas entre un ejército menos poderoso y unos hermanos musulmanes más negociadores dio lugar al caso más estable y exitoso entre todos los levantamientos.

En Yemen se hicieron las necesarias negociaciones y componendas para marginar los sectores sociales críticos, llegar a un pacto entre tribus, y no cambiar nada de fondo.

La caída de Gadafi

En el caso libio entró en juego fuertemente el componente internacional. Los levantamientos árabes generaron respuestas muy tímidas y militadas por parte de Europa y Estados Unidos. Libia les ofreció el respiro de usar la fuerza y aparentar un compromiso con el clamor en favor del cambio.

El régimen familiar de Muamar el Gadafi creyó que podría controlar la revuelta con sus diversas milicias.

Esa brutalidad y falta de visión política tuvo una respuesta equivalente en una oposición dispersa y militarizada.

Su falta de unidad, estrategia y formación política nunca podrían haber acabado con Gadafi si la OTAN, especialmente impulsada por Francia y Gran Bretaña para ganar espacio en la Alianza Atlántica aprovechando un objetivo fácil, no hubiesen intervenido.

La fragmentación actual de Libia, con centenares de milicias, un estado casi inexistente y la sociedad sumergida en la inseguridad es el coherente resultado de un irresponsable cambio de régimen por la fuerza sin un plan alternativo.

Siria, campo de batalla internacional

La mayor parte de la oposición siria, dentro y fuera del país, esperó infructuosamente durante más de dos años que la OTAN hiciera por ellos el trabajo que llevó a cabo en Libia.

Pero no es lo mismo derrocar desde el aire a un gobernante fantasma aislado internacionalmente, sin un ejército leal y en una geografía desértica que a un régimen con fuerte apoyo de parte de la población, fuerzas armadas profesionales, y poderoso sostén militar, económico y diplomático de Rusia e Irán.

Mientras que la oposición siria mostró su incapacidad para tener un frente común, el país se convirtió en un campo de batalla entre Irán y Arabia Saudita en el marco del enfrentamiento religioso-político de sunitas y chiitas.

A la vez, en Siria se han enfrentado las diplomacias de Rusia y Estados Unidos, mientras las potencias emergentes, como Brasil y Sudáfrica, se han alineado con Moscú para expresar su desacuerdo con el uso de la fuerza que la OTAN utilizó en Libia.

La capacidad militar de Bashar al Asad con el apoyo de Hezbolá, la presencia creciente de grupos jihadistas que inhibió aún más el apoyo militar de Occidente, y el fin del diálogo entre Moscú y Washington debido a la crisis de Ucrania se han combinado para darle al régimen una práctica victoria aunque sobrevivan algunos focos armados.

Las monarquías del Golfo, incluyendo a Arabia Saudita, Marruecos, y en cierta medida Jordania y Argelia, frenaron las revueltas inyectando dinero en la sociedad, en los aliados internos e introduciendo algunas reformas.

De esta forma han ganado tiempo, pero en cada uno de estos casos hay factores suficientes para considerar que la demanda de cambios retornará en diferentes momentos.

Procesos de largo plazo

Pero ante esta situación, y pese al panorama negativo desde una perspectiva de avance hacia la democracia, es precipitado anunciar el fin del proceso que se inició en diciembre de 2010 por varias razones.

Primero, todos los factores que generaron las revueltas sociales siguen presentes.

Ni los gobiernos locales ni las potencias extranjeras han cambiado los modelos económicos.

Ni el gobierno militar de Abdel Fattah el-Sisi ni el de Bashar tienen proyectos que ofrezcan alternativas a millones de jóvenes sin esperanzas de trabajo y un papel en sus sociedades.

Tampoco en Arabia Saudita se vislumbra una reforma.

Segundo, las elecciones en Egipto han sido un fracaso para el proyecto militar.

La abstención del 55% muestra que la represión puede encarcelar o matar a los líderes de los Hermanos Musulmanes, pero no significa que aquellos que los apoyaban de forma convencida han cambiado sus lealtades.

Por otro lado, millones de los que ahora apoyan a el-Sisi frente al caos de los últimos tres años quieren resultados, especialmente económicos y de estabilidad en sus vidas diarias, algo que difícilmente el gobierno podrá lograr.

Dar por finalizada la revuelta árabe basándose en las elecciones egipcias es perder de vista que el cambio social en ese país será un proceso de décadas.

Tercero, la denominada Primavera Árabe incluye a por lo menos seis países, pero ha impactado en la franja que va desde Irak a Marruecos.

La región posee recursos energéticos codiciados que son factor de negociación y competencia, y alberga a una de las tres religiones más importantes del mundo.

Los procesos de cambio político y construcción de sistemas representativos, no necesariamente democráticos según el modelo europeo, en países que hasta hace pocas décadas eran colonias europeas, no pueden ocurrir en cuatro años, aunque muchas cosas han pasado en este período.

No sucedió así en Europa, donde el desarrollo del Estado y la democracia tardaron cuatro siglos y numerosas guerras. En el proceso de cambio quedan por delante levantamientos, revoluciones, pasos atrás, coaliciones, negociaciones y resultados tan diversos como imprevisibles.

Dar por muerta la Primavera Árabe es pedirle demasiado al mundo árabe y a la historia.

(*)Mariano Aguirre dirige el Norwegian Peacebuilding Resource Centre (NOREF), en Oslo.www.peacebuilding.no

**Nota publicada el 1 de junio de 2014.

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Cuatro inventores que se arrepintieron de sus creaciones: las armas más letales de la historia

El creador de la bomba atómica, del agente naranja, del fusil AK-47 y de la dinamita tienen algo en común: todos se arrepintieron, de una u otra manera, de lo que sus hallazgos terminaron por provocar.
14 de noviembre, 2021
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Inventar algo único y que cambie el curso de la historia de la humanidad debe ser de los sentimientos más satisfactorios que pueden existir.

Es cosa de imaginarse la complacencia de quienes estuvieron detrás de creaciones tan brillantes como la rueda, el hormigón, la máquina a vapor o internet.

Sin embargo, no todas las invenciones tienen fines exclusivamente beneficiosos para el mundo; hay algunas que, a decir verdad, han dejado un saldo trágico y macabro.

Y algunos de los genios detrás de esos temibles hallazgos han terminado atormentados por su conciencia.

Aquí te contamos las historias de cuatro de ellos que, muchas veces sin medir el poder destructivo de sus creaciones, terminaron engendrando algunas de las armas más letales de la historia.

1. Robert Oppenheimer, el “padre de la bomba atómica”:

No hubo otro científico más vinculado a la creación y al uso de las bombas atómicas durante la Segunda Guerra Mundial que Robert Oppenheimer.

El físico teórico estadounidense fue el director del Proyecto Manhattan, que consiguió desarrollar la primera bomba atómica de la historia.

Robert Oppenheimer

Getty Images
Robert Oppenheimer fue el director científico del Proyecto Manhattan.

Esta fue detonada en el desierto de Nuevo México —en una operación llamada “Trinity”— el 16 de julio de 1945, menos de un mes antes de que se lanzaran las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki, en Japón, donde se estima que murieron entre 150.000 y 250.000 personas.

Oppenheimer, una figura compleja y carismática, se había dedicado a estudiar los procesos energéticos de las partículas subatómicas, incluidos los electrones, los positrones y los rayos cósmicos.

Pero el conflicto bélico que se vivía por esos años en el mundo hizo que su vida profesional tomara otro rumbo.

Así, luego de que Albert Einstein le enviara una carta al entonces presidente de Estados Unidos, Franklin Roosevelt, advirtiéndole del peligro que amenazaba a toda la humanidad si los nazis se convertían en los primeros en fabricar una bomba atómica, la idea de crear un arma nuclear a nivel gubernamental en Estados Unidos se volvió prioridad.

Y quien lideró ese proceso fue, justamente, Oppenheimer. Rápidamente comenzó a buscar un proceso para la separación del uranio-235 del uranio natural y a determinar la masa crítica necesaria para fabricar dicha bomba.

Albert Einstein y Robert Oppenheimer.

Getty Images
Albert Einstein y Robert Oppenheimer.

Entre otras cosas, se le instruyó establecer y administrar un laboratorio para llevar a cabo esta tarea. Y, en 1943, eligió la meseta de Los Alamos, en Nuevo México.

“Oppenheimer ocupó un puesto de inmensa responsabilidad y fue llevado al límite”, explica a BBC Mundo el historiador especialista en armas nucleares, Alex Wellerstein.

“Estuvo involucrado en decisiones clave sobre el diseño de las bombas atómicas, y estuvo personalmente involucrado en las decisiones sobre cómo se usarían estas bombas; instó a que se usaran en contra de ciudades y estaba en el comité que tomó decisiones sobre dónde se lanzarían las bombas exactamente”, agrega.

Pero más tarde, Oppenheimer expresaría en repetidas ocasiones su pesar por el fallecimiento de las miles de víctimas en Hiroshima y Nagasaki.

Incluso, dos meses después de la explosión de las bombas, renunció a su cargo. Desde 1947 hasta 1952 fue asesor de la Comisión de Energía Atómica de Estados Unidos desde donde abogó por el control internacional del poder nuclear para evitar la proliferación de armamento nuclear y frenar la carrera armamentísta entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

Vista aérea de Hiroshima poco después de que explotara la bomba atómica.

Getty Images
Vista aérea de Hiroshima, en Japón, poco después de que explotara la bomba atómica.

Además, se opuso fuertemente al desarrollo de la bomba de hidrógeno.

Pero sus esfuerzos no tuvieron éxito. Debido a sus polémicas declaraciones públicas —que le sumaron varios enemigos— se le retiraron sus credenciales de seguridad y se le acabó despojando de su influencia política.

“A fines de la década de 1950 y principios de 1960, Oppenheimer estaba bastante amargado y lamentaba muchas cosas. El área de su arrepentimiento siempre se centró en estos fracasos de la posguerra. Lamentó no haber tenido éxito con sus ambiciones de control de armas y haber sido incapaz de frenar el aumento de grandes arsenales de varios megatones”, dice Wellerstein.

Luego de la explosión de las bombas, Oppenheimer declararía que le vinieron a la mente las palabras del texto sagrado hinduista Bhagavad Gita: “Ahora me he convertido en la muerte, el destructor de mundos”.

Oppenheimer junto a Leslie Groves

Getty Images
Oppenheimer junto a Leslie Groves, alto mando a cargo del Proyecto Manhattan para el desarrollo de la bomba atómica.

Muchos historiadores han interpretado estas palabras como un sentimiento de culpa respecto de su letal creación. Para otros, como Wellerstein, tiene más que ver con el asombro ante algo “más allá de este mundo”, como son las armas nucleares.

Con todo, a Oppenheimer siempre se le recordará (y conocerá) como el “padre de la bomba atómica”.

2. Arthur Galston y el agente naranja:

El fisiólogo y biólogo vegetal estadounidense, Arthur Galston, nunca pensó que estaba creando algo que podría ser utilizado como arma: el agente naranja.

Arthur Galston

Cortesía de la Universidad de Yale
Arthur Galston nunca pensó que estaba creando algo que podría ser utilizado como arma: el agente naranja.

Su área de estudio se centraba en las hormonas vegetales y en los efectos de la luz en el desarrollo de las plantas.

En eso estaba cuando experimentó con un regulador del crecimiento de plantas, llamado ácido triyodobenzoico (TIBA). El científico descubrió que este componente podía estimular la floración de la soja y hacerla crecer más rápidamente.

Sin embargo, también advirtió que, si se aplica en exceso, el compuesto haría que la planta perdiera sus hojas.

Pero los hallazgos de Galston no quedaron reducidos solo al mundo vegetal.

En el contexto de la Guerra de Vietman —ocurrida entre los años 1955 y 1975— otros científicos los utilizaron para crear el agente naranja, un poderoso herbicida que tenía como objetivo eliminar selvas y cosechas que podían ser aprovechadas por la guerrilla del Vietcong.

Avión lanza agente naranja en Vietnam

Getty Images
Las tropas estadounidenses liberaron aproximadamente 20 millones de galones de agente naranja para destruir cultivos en Vietnam.

Así, desde 1962 a 1970 las tropas estadounidenses liberaron aproximadamente 20 millones de galones del herbicida para destruir cultivos y exponer las posiciones y rutas de movimiento de sus enemigos.

Ante esto, Galston se vio profundamente afectado y alertó a las autoridades y al mundo en repetidas ocasiones del enorme daño ambiental que estaba causando el agente naranja. Luego, acusó que el herbicida también presentaba un riesgo para los humanos.

El componente más peligroso del Agente Naranja es la dioxina, un contaminante que puede permanecer en el medio ambiente por décadas y que, entre otras cosas, puede causar cáncer, malformaciones en el desarrollo fetal, problemas de infertilidad y atacar los sistemas nervioso e inmune.

Las advertencias de Galston y otros científicos llevaron a que el gobierno de Estados Unidos ordenara un estudio toxicológico. A la luz de los resultados, el presidente de ese momento, Richard Nixon, ordenó la detención de la fumigación del agente naranja.

Niños con malformaciones por el agente naranja

Getty Images
El agente naranja provocó serios daños a la salud de los afectados y problemas en el desarrollo fetal, como malformaciones, de muchos niños.

Más tarde, el biólogo vegetal diría: “Solía ​​pensar que uno podría evitar involucrarse en las consecuencias antisociales de la ciencia simplemente no trabajando en ningún proyecto que pudiera tener fines malignos o destructivos. He aprendido que las cosas no son tan simples y que casi cualquier hallazgo científico puede pervertirse o deformarse bajo las presiones sociales”.

También aseguró que el agente naranja fue “un mal uso de la ciencia”.

“La ciencia está destinada a mejorar la suerte de la humanidad, no a disminuirla, y su uso como arma militar me pareció desaconsejable”, agregó.

3. Mijaíl Kalashnikov, creador del fusil AK-47:

Fue el diseñador de una de las armas más reconocidas del planeta: el fusil semiautomático AK-47.

Míjail Kalashnikov

Getty Images
Poco antes de su muerte, Míjail Kalashnikov confesó que tenía un “dolor espiritual insoportable”.

En 1947, el ruso Míjail Kalashnikov creó este fusil sencillo, resistente y confiable que se convirtió en el arma de rigor de los ejércitos soviético y ruso, así como de decenas de otros países.

El AK-47 también fue un símbolo de revolución alrededor del mundo; estuvo en acción en los campos de batalla de Angola, Vietnam, Argelia y Afganistán. También fue compañero de ejércitos rebeldes en América Latina, como de las FARC y ELN en Colombia.

Grupos palestinos lo utilizaron con frecuencia y hay una célebre foto de Osama bin Laden ostentando el rifle con su característico cargador curvo.

La relativa simplicidad del diseño hizo que su manufactura fuera barata y su mantenimiento en el campo de batalla sencillo. Se convirtió en el fusil de asalto de mayor uso en el mundo y, según los cálculos, acumula más muertes que las bombas atómicas.

Bin Laden sosteniendo el rifle

Getty Images
Esta foto de Osama bin Laden ostentando el rifle con su característico cargador curvo dio vueltas al mundo.

Aunque a lo largo de su vida Míjail Kalashnikov expresó pocos remordimientos por su mortífero invento — “duermo profundamente”, dijo una vez— , poco antes de su muerte confesó que tenía un “dolor espiritual insoportable”.

En una carta al jefe de la iglesia ortodoxa rusa a la cual asistía (que fue filtrada por medios rusos un mes después de su muerte), dijo que se sentía responsable de los millones de muertes causadas por su revolucionario fusil.

“Mi dolor espiritual es insoportable. Sigo haciéndome la misma pregunta insoluble. Si mi rifle privó a la gente de la vida, ¿puede ser que yo… un cristiano y un creyente ortodoxo, tuve la culpa de sus muertes?”, se preguntó.

“Cuanto más vivo —escribió—, más se me clava esta pregunta en la cabeza y más me pregunto por qué el Señor permitió al hombre los deseos diabólicos de la envidia, la codicia y la agresión”.

4. Alfred Nobel y la dinamita:

En diciembre de 1896, dos jóvenes ingenieros suecos se llevaron la sorpresa de su vida al abrir el testamento de su admirado Alfred Nobel, quien los dejó a cargo de emplear la mayor parte de su fortuna con el fin de crear una entidad para celebrar el avance de la humanidad.

Alfred Nobel

Getty Images
Alfred Nobel creó la dinamita.

Siguiendo las instrucciones del maestro, Ragnar Sohlman y Rudolf Lilljequist dieron vida a la Fundación Nobel, que estableció premios anuales por los méritos alcanzados en física, química, medicina y fisiología, literatura y paz mundial; a los que en 1969 se les sumó la economía.

Este último deseo de Nobel no es al azar y tiene una contundente razón detrás. Se dice que, en el ocaso de sus días, le atormentaba la idea de la muerte y destrucción que la aplicación de sus inventos había generado.

Y es por eso que decidió legar gran parte de su fortuna a la creación de la fundación.

Décadas antes, el químico, ingeniero, escritor e inventor sueco había creado la dinamita.

dinamita nobel

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Nacido en el lecho de una familia de ingenieros, Nobel trabajó con su padre en la fabricación de explosivos. Pero en 1864 vivió una trágica experiencia que marcó su vida, cuando su hermano menor y otras cuatro personas murieron en una explosión de nitroglicerina.

Dos años después, en 1866, Nobel desarrolló un método que permitía manipular con seguridad el inestable explosivo líquido. Para reducir su volatilidad, mezcló nitroglicerina con un material poroso absorbente, creando así la dinamita.

Esta invención le dio una fama y una riqueza inmensa a su inventor, y dio inicio a una nueva era en la construcción… pero también en la destrucción. Pues no pasó mucho tiempo para que comenzara a utilizarse con fines bélicos.

El testamento de Alfred Nobel.

Getty Images
El testamento de Alfred Nobel.

Así, se aplicó como relleno explosivo en los proyectiles de artillería y cargas de demolición militares, causando cientos de miles de muertes.

Nobel falleció el 10 de diciembre de 1896 en su casa de San Remo, Italia, habiendo firmado su testamento final que sentó las bases para lo que se convertiría en el premio internacional más prestigioso en pro del avance del hombre.


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