Mundial Brasil: ¿cuánto significa el número de una camiseta de fútbol?
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Mundial Brasil: ¿cuánto significa el número de una camiseta de fútbol?

Las selecciones que jugarán el Mundial Brasil 2014 han definido sus listas de 23 convocados y ya se asignan números a las camisetas a los jugadores. BBC Mundo explora cuál es el significado de un número en el dorsal.
3 de junio, 2014
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Oribe Peralta, de México, finge lustrarle un zapato a su compañero Miguel Layún, luego de que anotó un gol durante un partido amistoso contra Israel, el miércoles 28 de mayo de 2014, en el Estadio Azteca. //Foto: AP

Oribe Peralta, de México, finge lustrarle un zapato a su compañero Miguel Layún, luego de que anotó un gol durante un partido amistoso contra Israel, el miércoles 28 de mayo de 2014, en el Estadio Azteca. //Foto: AP

Tras un número en el dorsal puede haber toda una carga de significados, intereses, gustos, responsabilidades y cábalas.

Y la historia del fútbol es rica en historias que así lo muestran. En Argentina, para citar un caso, tras el retiro de Diego Armando Maradona, la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) quiso en 2001 sacar la camiseta número 10 de su seleccionado en honor al “pibe de oro”.

Con el Mundial Brasil 2014 a a pocos días de iniciar, las 32 selecciones clasificadas han definido sus listas de 23 convocados. Y con ello ya se asignan a cada jugador los números de sus camisetas.

Pero la FIFA establece en su reglamento que en una Copa del Mundo toda selección debe presentar una plantilla de jugadores numerados del 1 al 23.

Ecuador, por ejemplo, tendrá que asignar a uno de sus jugadores el número 11 que le correspondió a Christian ‘Chucho’ Benítez, quien falleció el 29 de julio del año pasado por una insuficiencia cardíaca, y a quien la selección ecuatoriana ha dedicado su participación en el torneo.

Se espera que el 11 sea utilizado por Felipe Caicedo.

Lea también: “Chucho” Benítez y la partida de un hombre alegre

El 7 del Manchester United o el 1+8 de Zamorano

A nivel de clubes, ciertos números han cobrado especial importancia en determinados momentos. En el Manchester United la camiseta 7 es toda una leyenda. Ese número lo llevaron, entre otros, leyendas del club como George Best, Eric Cantona, David Beckham y Cristiano Ronaldo.

Después de la salida del portugués añ Real Madrid la camiseta con el número 7 fue a parar al ecuatoriano Antonio Valencia.

Pero Valencia decidió en agosto del año pasado retornar al dorsal número 25 con el que se inició en el Manchester United, luego de un año de jugar con el mítico 7.

“Era algo que había estado pensando durante mucho tiempo. Había estado considerando un cambio hacia atrás y tal vez sea algo psicológico o tal vez se trata solo de un símbolo de la buena suerte”, explicó en su momento Valencia en entrevista con MUTV, al resaltar que le había ido muy bien vistiendo la 25.

Años atrás, en 2003, David Beckham, sorprendió en el Real Madrid al decidir usar el dorsal número 23, por su admiración al jugador de baloncesto Michael Jordan.

Y en Italia, en 1997, Iván Zamorano llamó la atención con su camiseta número 1+8. Ocurre que el delantero chileno jugaba con el dorsal 9 en el Inter, pero tuvo que cerderlo a raíz de la llegada del brasileño Ronaldo. Zamorano terminó aceptando el 18, pero le colocó un signo + en el medio.

Aguinaga: “El número no juega, el que juega es el jugador”

Para Alex Aguinaga, mundialista con Ecuador en Corea y Japón 2002 y hoy técnico de fútbol, en la asignación de los números de las camisetas intervienen diversos factores.

“Hay jugadores que tienen mucha cábala, les gusta usar un solo número en la camiseta. Hay otros que no le dan la misma importancia. Y las situaciones que viven uno u otro jugador con una camiseta, a veces determinan el gusto o afición por un número”, dice Aguinaga en diálogo con BBC Mundo.

Aguinaga, un referente histórico del fútbol ecuatoriano, ha jugado en su amplia carrera en Ecuador y México con números como 42, 36, 8, 16, 7, 10 y 5. “No tengo una predilección por un número. Me gusta el 10 porque jugué con la selección de Ecuador con ese número. El 7 en el Necaxa fue un número importante”, señala.

De allí que Aguinaga enfatiza en que “el número no juega, el que juega es el jugador”.

Un símbolo

En cualquier caso, Pepe Granizo, experimentado periodista deportivo ecuatoriano, dice que no son pocos los casos en que un número en el dorsal ha condicionado a un jugador en su desempeño, así como un número se ha convertido en un símbolo para un equipo.

“El 11 representa hoy para la selección de Ecuador un símbolo, el número de un gran jugador, de un goleador muy carismático”, comenta Granizo a BBC Mundo en relación al ‘Chucho’ Benítez, cuya muerte fue lamentada por el mundo del fútbol, en especial en Ecuador y México, donde logró coronarse campeón.

Los números también han ido evolucionando en el tiempo, o por lo menos su relación con el fútbol. En el pasado, se solía determinar las posiciones de los futbolistas en el campo de juego con relación a determinados números.

Todavía hoy hay quienes dicen que un equipo necesita un 9 de área en el ataque, un 5 de contención o un 10 creativo, de acuerdo a los diversos esquemas de juego que use un entrenador, más allá de los números que utilicen los jugadores en sus dorsales.

“Se habla del número 5 o volante de marca, del número 8 o volante mixto y así por el estilo, pero eso puede ir cambiando”, señala Granizo.

De hecho ya está ocurriendo en el día a día del fútbol de clubes, pero no tanto en el de selecciones donde todavía se mantiene un esquema más rígido, así como lo prefiere la FIFA para los mundiales.

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'Fui antivacunas y ahora me arrepiento. La COVID casi me quita la vida'

No quería vacunarse por miedo a los efectos secundarios, pero después de experimentar la covid-19 en carne propia y pasar 18 días internada, cambió radicalmente su postura.
13 de enero, 2022
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Indira Jáuregui era antivacunas.

Pero después de pasar 18 días internada junto a su familia por covid-19 en Lima, Perú, cambió radicalmente su forma de pensar.

Conectada al oxígeno en un centro asistencial, esta mujer de 49 años, sintió que su vida estaba llegando a un punto de no retorno.

Para mí fue como enfrentarme a la muerte. Estaba boca abajo y me puse a pensar en mi vida. Pensé en lo que no hice y en lo que debí hacer. Me puse a pensar en mi familia, en el tiempo que no pasé con mi familia por estar trabajando. Pensé en los abrazos que no di, en las llamadas que no hice”.

Como los hospitales estaban colapsados, Indira fue internada en un lugar habilitado para atender pacientes en medio de la emergencia. Hasta ahí llegó con su madre de 72 años, una hermana, su cuñado y su sobrino. Todos contagiados con el virus.

Ella nunca creyó en teorías conspirativas como aquellas que señalan que las vacunas son un complot para exterminar a la humanidad, o que son hechas con inhumanos procedimientos en los que se utilizan fetos, o que al vacunarte te implantan un chip en el brazo para espiarte.

Más bien tenía miedo a los potenciales efectos secundarios de la vacunación. Y su profunda convicción en los métodos de sanación natural, la llevaron a creer que no era necesario vacunarse.

Este es su testimonio contado en primera persona.


Soy terapeuta alternativa. Cuando comencé a estudiar aprendí la técnica japonesa del reiki y ahora estoy trabajando con biomagnetismo, que es una terapia con imanes.

En mi círculo nos interesa todo lo que es natural, todo lo que tiene que ver con una visión holística de los seres humanos. Como me gusta aprender, he leído muchos libros sobre las vacunas y los efectos negativos que tienen en la salud.

Pero nunca fui de los que se dedican a satanizarlas, llevando las cosas a un extremo. En las redes sociales como Facebook o los grupos de Whatsapp, he visto muchos mensajes y videos de personas que se van al extremo y que hablan del uso de fetos en las vacunas, de que nos quieren dominar y convertirnos en zombies, o esa teoría de que cuando te vacunan te ponen un chip en el brazo.

Hombre recibiendo vacuna en Lima, Perú.

Getty Images
Jáuregui cuenta que las vacunas le daban miedo por sus potenciales efectos secundarios.

También hay otras personas en las redes que se dan cuenta que la ciencia y lo natural se complementan para que el ser humano tenga una vida saludable y equilibrada.

Yo era antivacunas porque conocía casos de personas que, antes de que llegara la covid, se habían vacunado contra otras enfermedades y habían sufrido efectos secundarios.

No quise vacunarme cuando hace años atrás apareció el virus del H1N1 y aquí en Perú hicieron campañas de vacunación. Pensaba que, como las vacunas tienen metales pesados, podían causar muchos efectos secundarios. Creo que por ahí viene el miedo. Las vacunas me daban miedo.

También pienso que influyeron todas las publicaciones que salían en las redes, cada una más fantástica que la otra, especialmente esa teoría de que la pandemia era un invento.

“Los hospitales estaban colapsados”

Al principio, cuando recién comenzó la covid en China y después en Europa, pensaba que era como algunos virus de transmisión sexual.

Pero cuando llegó aquí, empecé a tomar conciencia de lo que estaba pasando. Yo era muy cuidadosa con la desinfección y todos los cuidados que hay que tener para no contagiarse y no contagiar a otras personas.

Pacientes saliendo de la Villa Panamericana, Lima Perú.

Getty Images
Estas sobrevivientes de covid-19 van de regreso a su casa desde la Villa Panamericana en Lima, donde estuvo internada Indira Jáuregui.

Hice todo lo posible para evitar el contagio, incluso he sido exageraba con el tema del cuidado y de seguir los protocolos, pero al final me contagié en mi casa, con mi familia. Era julio del año pasado.

Cuando dimos positivo, llamamos a la línea 107 que tenemos aquí en Perú para los que tienen covid. Nos internaron a todos en la Villa Panamericana, unos departamentos que construyeron para los deportistas que vinieron a las Olimpíadas (Juegos Panamericanos de 2019).

Con la pandemia esa villa se convirtió como en un hospital para la gente con covid. Es que como los hospitales estaban colapsados, abrieron otros lugares para los enfermos. La Villa Panamericana era un lugar bien equipado y los médicos nos trataban muy bien.

El problema es que cuando me internaron, al tercer día empecé con una fiebre alta y se me elevó la presión. No comía, no podía comer. Un médico me dijo que si quería vivir, tenía que comer.

Como estaba empeorando, al sexto día me tuvieron que bajar a un lugar como un hangar donde tenían a los pacientes conectados al oxígeno. Ahí fue cuando trajeron un balón y me pusieron el oxígeno.

A medida que pasaba el tiempo me iban aumentando el oxígeno porque no mejoraba, hasta que el médico me dijo que tenía que pasar 17 horas boca abajo.

Yo, la verdad, es que soy gordita. Entonces para mi estar boca abajo era un suplicio. Todo se fue complicando en ese momento.

“Fue como enfrentarme a la muerte”

Para mí fue como enfrentarme a la muerte. Estaba boca abajo y me puse a pensar en mi vida. Pensé en lo que no hice y en lo que debí hacer. Me puse a pensar en mi familia, en el tiempo que no pasé con mi familia por estar trabajando. Pensé en los abrazos que no di, en las llamadas que no hice.

Toda mi vida pasaba por mi mente, desde la niñez hasta ese momento. Decía… “Dios mío, dame otra oportunidad”.

Indira Jáuregui

Indira Jáuregui
Pensé en los abrazos que no di, en las llamadas que no hice. Decía… “Dios mío, dame otra oportunidad”.

Mi mamá, en cambio, estaba vacunada con las dos dosis. Mis hermanas la llevaron a vacunarse y yo creo que a mi mamá la salvó la vacuna. Es que si no, mi mamá no hubiese superado la covid y no estaría aquí con nosotros.

Con esa experiencia me di cuenta de lo que estaba pasando y entendí que hay cosas que la ciencia sabe por qué las hace. Fui antivacunas y ahora me arrepiento. La covid casi me quita la vida, pero nunca fui como esas personas antivacunas extremas. Nunca fui una fanática que cree todo lo que le dicen.

Cuando volví a mi casa estaba convencida de vacunarme. Esperé los tres meses que hay que esperar y lo hice. Y ahora estoy esperando el tiempo para la vacuna de refuerzo. Aquí en Perú ya estamos con la tercera dosis.

Con el tiempo, creo que Dios me ha dado la razón de que fue bueno que cambiara de opinión, porque hace tres meses falleció mi tío Félix por covid y él nunca quiso vacunarse.

Conozco a varias personas que no quieren vacunarse. Cuando conversamos les pregunto, “¿qué es lo peor que te puede pasar?. Lo peor que te puede pasar es tener efectos secundarios, les digo, pero no te vas a morir”.

También les pregunto si quieren a su familia, a sus hijos. Les digo que si no quieren vacunarse por ellos mismos, que lo hagan por sus seres queridos.


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