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Obama pide 2 mil 280 mdd por la crisis de niños migrantes; 9 veces más de lo que invierte en Centroamérica
La Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus siglas en inglés) llamó a la clase política estadounidense “a hacer un examen de conciencia” sobre las motivaciones que impulsan a los niños a huir de sus países, mientras Estados Unidos gasta en Centroamérica apenas el 11% del dinero que busca invertir en albergar a estos menores y expulsarlos.
Por Manu Ureste
27 de junio, 2014
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Estados Unidos anunció que detuvo a 47 mil niños migrantes. //Foto: AP

El pasado 17 de junio, el gobierno de Estados Unidos anunció que detuvo a 47 mil niños migrantes desde octubre a lo que va de año, un 92% más que en 2013. //Foto: AP

El Gobierno de Estados Unidos busca invertir nueve veces más en atender la situación generada por la oleada de niños migrantes que saturan los centros de detención en el sur de la frontera, que en el desarrollo de los países de Centroamérica.

Esto, luego que la Administración Obama solicitara al Congreso de Estados Unidos la aprobación de mil 412 millones de dólares adicionales para el Departamento de Salud y Servicios Humanos, instancia que para este 2014 ya tenía presupuestado 868 millones de dólares, y que es la encargada de gestionar los albergues y centros de detención en los que, tal y como publicó la agencia de noticias AP, miles de menores esperan hacinados en celdas de concreto a ser deportados. 

Por lo que, de acuerdo con el pronóstico de la Oficina de Gestión y Presupuesto de la Casa Blanca, el costo total para atender a los niños migrantes se elevaría a 2 mil 280 millones de dólares. Monto que supera hasta nueve veces la ayuda de 253 millones de dólares que, el pasado 20 de junio, anunció el vicepresidente Joe Biden para el desarrollo y el combate al crimen en Centroamérica.

Ante esta situación, y luego que se diera a conocer la detención de 47 mil menores no acompañados por la Patrulla Fronteriza de octubre a lo que va de 2014 –un 92% más en comparación con 2013-, la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus siglas en inglés), llamó a la clase política estadounidense “a hacer un examen de conciencia” sobre las motivaciones que impulsan a estos niños a huir de sus países, mientras Estados Unidos gasta en Centroamérica apenas el 11% del dinero que busca invertir en albergarlos y expulsarlos.

“La impresión de ver a todos estos niños, literalmente a los pies de nuestra puerta, debe impulsar a los políticos a hacer un examen de conciencia del por qué los menores huyen, por qué los padres les permiten huir, y si tiene sentido gastar millones de dólares deteniendo y deportando a niños centroamericanos”, plantea Geoff Thale, director de programas WOLA, en un comunicado que recientemente emitió la organización civil defensora de los derechos humanos.

En este mismo sentido, Adam Isacson, coordinador principal del Programa de Seguridad Regional de WOLA, y coautor junto con Maureen Meyer del informe ‘La otra frontera de México(que puedes leer aquí íntegro) critica en una entrevista con Animal Político este marcado contraste de la inversión que busca realizar el gobierno de Obama para solucionar un conflicto que el propio mandatario calificó como “un asunto humanitario urgente”.

“Lo que el Gobierno Obama está buscando es que el Congreso apruebe otros mil 400 millones adicionales, sólo para abordar el tema de los niños migrantes. Es decir, para albergarlos y deportarlos posteriormente. No obstante, además de este dinero, hay que tener en cuenta que el presupuesto de la Patrulla Fronteriza por sí solo es de 3 mil 800 millones de dólares. Y además se estima que, en conjunto, Estados Unidos gasta en ‘inmigration enforcement’ 18 mil millones para resguardar su frontera sur”, expone Isacson.

“En cambio –añade-, el dinero invertido por Estados Unidos desde el 2008 en Centroamérica –cuando a la par del Plan Mérida en México se puso en marcha la Iniciativa de Seguridad Regional de América Central (Central America Security Initiativa, CARSI por sus siglas en inglés)-, solo suma 800 millones de dólares en seis años”.

A continuación, Isacson explica que ese dinero, tanto los 800 millones del CARSI, como el paquete de 253 millones recientemente anunciado por Biden, se ha centrado mayoritariamente en fortalecer la seguridad de la zona –a pesar de estos programas, según la ONU Honduras es el país con la tasa de homicidios más alta del mundo en la actualidad, con 90.4 asesinatos por cada 100 mil habitantes-, y no tanto a la creación de oportunidades para la ciudadanía.

“Gran parte de esa ayuda ha estado enfocada a la guerra antidrogas y no en crear oportunidades para los jóvenes centroamericanos. Es decir, se ha destinado para la creación y mantenimiento de unidades especializadas de policía y fuerzas armadas, principalmente, así como para erradicar el tráfico de drogas y buscar capos en la zona”, señala el integrante de WOLA, que aunque admite a colación que algo de ese recurso sí se ha destinado a la realización de reformas judiciales y para crear puestos de trabajo, vuelve a incidir en que “esta ayuda ha sido muy dispersa entre los siete países de Centroamérica, que además han participado muy poco en la iniciativa”.

Gráfica: Mariana Hernández

Gráfica: Mariana Hernández

“No se debe medir el éxito en toneladas de droga incautadas”

Cuestionado sobre las iniciativas que plantea la Oficina de Washington en Latinoamérica para dar una solución con perspectiva de futuro a la crisis de los niños migrantes, el coautor del informe ‘La otra frontera de México’ expone que el gobierno de Estados Unidos debe invertir en programas de desarrollo y también de seguridad, aunque en éstos deben estar involucrados grupos comunitarios locales, las iglesias, la policía, así como las agencias de servicio social y de los gobiernos centroamericanos.

“Principalmente, la recomendación que hacemos es enfocar las ayudas a proteger a la población y a dar oportunidades a los jóvenes en las comunidades que son más expulsoras de migrantes –indica el experto-. Porque lo que hemos visto es que las ayudas se han gastado en otras zonas de tránsito principalmente, en las fronteras. Sin embargo, en las zonas más expulsoras como Tegucigalpa o San Pedro Sula, en Honduras, no se invierte tanto en las policías comunitarias, en fortalecer el sistema de justicia, o en programas de capacitación para jóvenes”.

Y para completar el argumento, Adam Isacson recuerda que “hay muchas experiencias en Centroamérica que sí han funcionado y que deben replicarse”.

Por ejemplo, dice, está el caso del suburbio salvadoreño de Santa Tecla, en el cual, tras un esfuerzo de varios años que comenzó en 2003, se consiguió reducir un 40% el número de homicidios en comparación con las tasas de las comunidades cercanas, a través de los consejos comunitarios y los programas de prevención de la violencia local.

“Es cierto que es importante el desmantelamiento de las redes criminales y de los grupos del crimen organizado –señala Isacson para concluir-. Pero hay que repetir más estas experiencias positivas en Centroamérica y no medir tanto el éxito en las toneladas de droga incautadas, ni tampoco en la captura de grandes capos”. 

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