Por qué Brasil es el mejor Mundial desde 1970
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Por qué Brasil es el mejor Mundial desde 1970

Analistas y seguidores del fútbol coinciden en que Brasil 2014 es uno de los más fascinantes mundiales de la historia. Destacan el nivel técnico de los equipos, las sorpresas, la emoción popular y los buenos goles.
28 de junio, 2014
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El Chicharito Hernández celebra uno de los goles frente a Croacia, en el Mundial de Brasil. //Foto: AP

El Chicharito Hernández celebra uno de los goles frente a Croacia, en el Mundial de Brasil. //Foto: AP

Este Mundial Brasil 2014, a juzgar por lo observado hasta ahora, puede ser de escaparate, de lo mejorcito que hayamos visto personalmente en una serie que se remonta a la infancia de la TV vía satélite. (Sí, es mucho tiempo.)

Más allá de las anécdotas, las inevitables polémicas y el hecho de que a nuestro equipo le vaya bien o mal (que también tiene su importancia), la marcha de Brasil 2014 es más alentadora de lo que habíamos esperado.

Caramba, si hasta se dice que para encontrar uno mejor habría que remontarse a 1970, cuando Pelé, Rivelinho y sus alegres camaradas hicieron historia en México.

Esto es prematuro, pero la mayoría de los comentaristas coincide en destacar el nivel técnico, las sorpresas, la emoción popular, la tregua otorgada por los manifestantes, el brillo de algunas individualidades y la abundancia de goles.

Hasta la FIFA, tan criticada por cosas que hace y que deja de hacer, puede anotarse el mérito de haber prohibido las vuvuzelas, que hace cuatro años sofocaron el aliento y el festejo en la tribuna, la sal y pimienta del juego.

¡Y el nuevo balón, contra la tradición, no dobla en ángulo recto ni se eleva como en ascensor al menor roce de una bota! Además, el experimento con el aerosol para ubicar pelota y barrera en los tiros libres ha resultado un éxito completo: ya no se ven los forcejeos entre los árbitros y los jugadores.

Sobre la calidad de los arbitrajes… pues siempre serán decepcionantes o mediocres, esto es algo tan seguro e inevitable como las mareas y las lunas.

El contraste con Sudáfrica 2010 no puede ser más evidente: entonces, además del estruendo de las cornetas, la eliminación del equipo local en la fase de grupos restó fervor popular a los partidos, mientras que en Brasil se ha escuchado el atronador aliento de la afición de los países latinoamericanos.

No hay ningún elemento como la emoción popular para realzar la fiesta del fútbol: los aficionados latinoamericanos se sorprenden ante el relativo silencio de muchos estadios europeos. En este sentido Brasil es de lo más acogedor, por tratarse de un país futbolero, accesible por su proximidad para argentinos, chilenos, uruguayos, colombianos y hasta costarricenses y mexicanos.

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Leo Messi es, junto al brasileño Neymar, el máximo goleador del torneo en la fase de grupos. //Foto: AP

Leo Messi encabeza, junto con el brasileño Neymar y el alemán Thomas Müller, la lista de goleadores en la fase de grupos. //Foto: AP

Los goleadores

Y sobre el césped, esta vez, están Lionel Messi y Neymar Jr: el argentino pasó casi inadvertido en 2010, y el brasileño todavía no era una figura luminosa.

Ambos, junto con Thomas Müller, encabezan la lista de goleadores con cuatro tantos, un número inusitado a esta altura del torneo (Maradona sólo marcó 5 en toda su campaña de 1986, uno con la mano); muchos se relamen pensando en el choque entre el brasileño y el argentino, que sólo podría darse en la final.

Los mundiales son memorables por las acciones de un gran equipo o de un jugador excepcional, como los de México en 1970 (Brasil/Pelé) y 1986 (Maradona), y Alemania en 1974 (Holanda/Cruyff).

La grandeza de México/70 se debió a que combinó poderío colectivo con resplandor individual: marcó una época, el apogeo del genio brasileño.

Para saber si estamos ante un gran equipo deberemos esperar hasta semis por lo menos, pero ya al cerrarse la etapa inicial asoman varios individuos prometedores: además de Messi y Neymar hemos visto a los holandeses Robin van Persie y Arjen Robben, el alemán Thomas Müller, los colombianos Jackson Martínez y James Rodríguez, el francés Karim Benzema, el chileno Alexis Sánchez, el suizo Xherdan Shaqiri, los costarricenses Keylor Navas y Bryan Ruiz, el mexicano Guillermo Ochoa y el griego Georgios Samaras…

Y también, si nos permiten, el uruguayo Luis Suárez, que tuvo una brillante actuación ante Inglaterra pero que no podrá acompañarnos hasta el final.

En consulta con colegas de BBC Mundo, surgió una lista de factores que deberían ser mencionados en un “elogio” del Mundial que se juega en Brasil.

Muchos goles, muy buenos

De ellos destacamos cantidad y calidad de goles, emociones, remontadas, goles postreros, menos obsesión por esquemas defensivos, el foco en futbolistas y no tanto en las modelos profesionales, mayor riesgo en los planteos tácticos, la estrepitosa caída prematura de equipos poderosos o tenidos por tales (España, Italia, Inglaterra, Portugal), la irrupción de otros menos festejados (Chile, Costa Rica), el ocaso de grandes jugadores, como Eto’o, Drogba, Lampard, Gerrard, Pirlo, Buffon, Xavi, Casillas…

Y también el “fracaso” (término relativo si los hay) de jugadores en plenitud, como Cristiano Ronaldo, Mario Balotelli, Sergio Ramos, Diego Costa y Wayne Rooney.

Han abundado las sorpresas, de las buenas y de las malas: ambas contribuyen a la emoción y, cuando forman una buena mezcla, aseguran el éxito del torneo.

La principal sorpresa negativa, claro, fue la salida de España, mientras que la sorpresa positiva más llamativa, sin duda alguna, fue la de Costa Rica, ganadora de un grupo con tres campeones, Uruguay, Italia e Inglaterra.

También podría darse como sorpresa el caso de Colombia, pero no por ganar su grupo, sino por mantener un buen nivel de juego sin Radamel Falcao.

Antes del Mundial decíamos “cuidado con Colombia, porque Falcao es mortífero”: pues Falcao no está y Colombia ganó sus tres partidos. También decíamos: “Costa Rica no tiene posibilidades en un grupo tóxico”. Y ya ven.

La fase de grupos, finalmente, ha demostrado una notable superioridad de los equipos latinoamericanos: 7 clasificados (Brasil, México, Chile, Colombia, Costa Rica, Uruguay y Argentina) y sólo 2 eliminados (Ecuador y Honduras).

De los equipos europeos, 6 se clasificaron (Holanda, Grecia, Francia, Suiza, Alemania y Bélgica) y 7 quedaron afuera (Croacia, España, Italia, Inglaterra, Bosnia Herzegovina, Portugal y Rusia).

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Coincidencias

Argelia clasificó en segundo lugar en el grupo H y, en magnífica ironía, se enfrentará en octavos con Alemania, que en 1982 “conspiró” con Austria, en una ocasión memorable, para dejar al país árabe fuera del mundial.

Esta coincidencia agrega un nuevo atractivo a este mundial tan prometedor.

De repente, el equilibrio del fútbol internacional parece estar inclinándose hacia América, pero los veteranos suelen decir que en esta próxima fase de choques eliminatorios es “cuando comienza el verdadero mundial”.

No nos engañemos: muchos millones de personas han sido decepcionadas. Si sólo contáramos los habitantes de los cuatro grandes eliminados, llegaríamos a 316m (Italia 60m, Inglaterra 53m, España 47m, Portugal 11m, Rusia 145m).

Pero el éxito de un mundial no se basa en este tipo de estadísticas, sino en el tamaño del placer que experimenta la “afición universal”, algo que sólo podremos medir después del hecho.

Estamos a mitad de camino y la senda parece promisoria, pero queda mucho por recorrer.

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Qué he aprendido como voluntario en los ensayos de la vacuna de Oxford contra la COVID

Uno de los voluntarios del ensayo a gran escala de la vacuna de la Universidad de Oxford, una de las candidatas más prometedoras para combatir al nuevo coronavirus, contó a la BBC su experiencia.
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31 de julio, 2020
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La vacuna desarrollada por la Universidad de Oxford (Reino Unido) contra la COVID-19 hasta ahora ha arrojado resultados descritos como “prometedores. Richard Fisher es uno de los voluntarios que fue inoculado con esta vacuna experimental. Este es su relato.

Estoy en la sala de espera de un hospital y mi respiración empaña mis lentes. Minutos antes corría por la calle en un día de mucha humedad para no llegar tarde a la cita. Médicos y enfermeras me dejaron atrás con su paso apresurado y eso me hizo pensar que no tengo un gran estado físico.

La última vez que estuve en el Hospital St George, en el sur de Londres, fue para el nacimiento de mi hija. Ahora se siente muy diferente. Puedo oler a través de mi mascarilla la lejía usada para limpiar los pisos y el asiento junto a mí está cubierto con cinta para mantener el distanciamiento físico.

Dos trabajadores del hospital con tapabocas y protección personal se aproximan con un cartel que dice:Ensayo de la vacuna”, como si fueran taxistas aguardando pasajeros en la zona de arribos de un aeropuerto.

El cartel es para mí. Los sigo lentamente como en una procesión, dos metros detrás, mientras ellos conversan.

Estoy aquí para evaluar si puedo ser voluntario en uno de los ensayos de la vacuna ChAdOx1 nCoV-19. En las semanas siguientes sabré qué se siente participar en uno de los mayores esfuerzos para combatir la pandemia.

De todos los ensayos de vacunas candidatas, el de Oxford es uno de las más avanzados.

El 20 de julio los investigadores de Oxford anunciaron resultados iniciales prometedores, basados en un ensayo con 1.077 personas. La vacuna, según esos datos, es segura y genera una respuesta del sistema inmunológico.

“Aún queda mucho trabajo por hacer… pero estos resultados iniciales son prometedores“, afirmó Sarah Gilbert, la científica que lidera el ensayo.

Los resultados definitivos solo se conocerán con la fase 3 del ensayo clínico, en la que participan miles de voluntarios en Reino Unido, Brasil y Sudáfrica.

Es para esta etapa a gran escala que yo me presenté como voluntario.

Evaluación

Mi travesía hasta aquí comenzó una noche de mayo, cuando vi un tuit de un filósofo de la Universidad de Oxford sobre un ensayo para una vacuna. Él se había presentado como voluntario.

Mientras mi esposa dormía junto a mí decidí llenar el formulario para postular como voluntario y me olvidé del asunto.

Unas semanas después, aquí estoy, en una sala de neurología destinada ahora al ensayo de la vacuna, mientras veo en una pantalla a uno de los científicos de Oxford, Matthew Snape, explicando la base científica de las pruebas y los posibles efectos secundarios.

En total habrá 10,000 voluntarios y nos dividirán al azar en dos grupos, afirma Snape. Uno recibirá una vacuna que no ofrece ninguna protección contra el nuevo coronavirus y otro será inoculado con la vacuna de Oxford.

Investigadora en el laboratorio

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La vacuna de Oxford utiliza una versión atenuada de un virus de la gripe que infecta a los chimpancés.

La vacuna utiliza una versión atenuada de un virus de la gripe que infecta a los chimpancés.

Es una técnica en la que los científicos de Oxford ya venían trabajando antes de la pandemia para combatir el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS) y el ébola. Por eso pudieron avanzar tan rápidamente cuando reenfocaron su trabajo en respuesta a la COVID-19.

Snape explica cómo desarrollaron la vacuna. Primero tomaron el virus que ataca a los chimpancés y lo modificaron genéticamente para que no ataque a los humanos.

Luego le incorporaron genes que codifican proteínas del virus de la COVID-19 llamadas glicoproteínas. Los científicos esperan que esas proteínas generen la respuesta inmunológica necesaria para vencer al nuevo coronavirus.

El grupo que no recibirá esta vacuna será inoculado con otra vacuna llamada MenACWY (también Nimenrix o Menveo), que se utiliza para combatir la meningitis y la sepsis.

Esta es la vacuna “de control” que permitirá comparar los efectos de aquella contra el coronavirus.

Los científicos eligieron para el grupo de control una vacuna en lugar de cualquier placebo por un motivo claro: asegurarse de que todos los voluntarios experimenten los efectos secundarios de una inoculación y no puedan deducir en qué grupo se encuentran.

La vacuna MenACWY se ha usado en adolescentes en Reino Unido desde 2015. También se ofrece a quienes viajan a zonas de alto riesgo de infección, como África subsahariana. Y Arabia Saudita exige certificados de vacunación con MenACWY a todos los participantes de la peregrinación anual a la Meca.

Luego de ver el video me preguntaron en detalle por mi historia médica o cualquier síntoma previo de COVID-19. Me tomaron muestras de sangre y tuve que firmar un documento que estipula varias obligaciones: permitiré, por ejemplo, que publiquen fotos de mi brazo inoculado y no donaré sangre. Las mujeres también deben comprometerse a usar anticonceptivos durante el ensayo.

Logo de la Universidad de Oxford tras una jeringa

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“Aún queda mucho trabajo por hacer”, afirmó Sarah Gilbert, la científica que lidera el ensayo de Oxford.

Volví a casa sintiéndome más informado, pero también un poco más nervioso que antes.

Como en cualquier ensayo clínico, los voluntarios debemos estar al tanto de los potenciales efectos secundarios, desde los más suaves (náusea, dolores de cabeza, etc.) hasta los más severos (como el síndrome de Guillain-Barré, que puede causar parálisis y ser fatal).

Sé que los riesgos del ensayo son menores, pero debo confesar que leer de una vez la lista de posibles efectos secundarios es abrumador.

También nos informaron sobre “posibilidades teóricas” de que la vacuna agrave los síntomas de la COVID-19.

Algunos estudios señalan que animales que recibieron vacunas experimentales contra el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS) mostraron mayor inflamación en sus pulmones. Algo similar ocurrió en ensayos con ratones de vacunas experimentales contra MERS.

Ensayo con vacuna en un laboratorio

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El 20 de julio los investigadores de Oxford anunciaron resultados iniciales “prometedores”, pero con solo 1.077 personas.

Pero esos efectos no fueron observados en las pruebas con animales de la vacuna de Oxford.

Me tranquiliza saber que miles de personas ya fueron vacunadas en etapas previas del ensayo y no sufrieron consecuencias severas, tal como confirma el estudio publicado en la revista The Lancet el 20 de julio.

(Y quiero dejar absolutamente en claro que ninguno de los posibles efectos secundarios justifica los argumentos sin fundamento del movimiento antivacunas).

Día de la vacunación

Una semana después, el 3 de julio, volví a la misma sala del Hospital St George donde tuve mi primera evaluación. Se supone que es el día de la inoculación, pero me preocupa la posibilidad de que me dejen fuera del ensayo.

La doctora, Eva Galiza, abandonó la habitación hace 10 minutos y aún no ha regresado. Poco antes me explicó que era el último día del ensayo en St George y que se estaban quedando sin vacunas.

Galiza es investigadora en vacunas pediátricas. Para asegurar que los resultados del estudio sean confiables, tanto los médicos como los voluntarios ignoran si la vacuna inyectada es contra el coronavirus o es la de control.

Cuando Galiza abandona la habitación me quedo a solas con mis pensamientos. En Inglaterra, donde vivo, es el día antes del levantamiento de muchas reglas de confinamiento y se permitirá la reapertura de comercios, desde peluquerías hasta bares.

Frascos de medicación

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“La tarea más difícil es la del organismo regulador que deberá decidir si la vacuna es segura y se usará con el público”, afirmó John Bell, profesor de medicina de la Universidad de Oxford.

Pienso en amigos y familiares en otras partes del mundo, cada uno viviendo etapas diferentes de esta pandemia. Mientras algunos países celebran haber controlado las infecciones, otros siguen en una curva ascendente de muertes.

El año pasado viví en Massachusetts. El día de mi cita en St George las noticias desde Estados Unidos eran desalentadoras, con más de 40,000 nuevos casos de infección diarios.

También escuché las últimas cifras de Brasil, a donde un amigo y su esposa regresaron allí recientemente. El número de nuevos casos diarios en este país sudamericano se acercaba a 1,5 millones.

Los brotes de Brasil son la razón por la que los investigadores de Oxford expandieron sus ensayos para incluir a voluntarios en Rio de Janeiro, Sao Paulo y otra localidad en el norte del país. También incluirán voluntarios en Sudáfrica.

Investigadora brasileña voluntaria del ensayo de la vacuna de Oxford en Brasil

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El ensayo de la vacuna de Oxford fue expandido para incluir a miles de voluntarios en Brasil y Sudáfrica.

La triste verdad es que es menos probable que un voluntario como yo en Reino Unido pueda ayudar a los científicos a determinar la eficacia de la vacuna. Aquí, al menos por ahora, estoy menos expuesto a una posible infección que alguien en Brasil o Sudáfrica, donde la pandemia sigue extendiéndose.

Por el bien de todos, algunos de los 10,000 voluntarios del ensayo deberán entrar en contacto con el virus.

Cuando Galiza regresa a la habitación lleva un vial en su mano. No puedo ver su rostro detrás de su mascarilla, pero sus ojos sonríen. Luego de semanas de espera y tras una breve inoculación, la vacuna finalmente circula en mi sangre.

Hay 50% de probabilidades de que me hayan inyectado la vacuna de Oxford y 50% de que haya recibido la vacuna de control, y no sabré cuál de ellas me tocó hasta el final del ensayo.

Hisopos y esperas

Luego de la inoculación vino la etapa de la larga espera. Todos los voluntarios fueron divididos en pequeños grupos para monitorear posibles síntomas.

En mi caso, siete días después de recibir la vacuna, debo frotar mis amígdalas con un hisopo por 10 segundos. Luego debo colocar el mismo hisopo en un orificio nasal y llevarlo lo más arriba posible. He leído que si haces esto correctamente, debes sentir que prácticamente estás “rozando tu cerebro”. Creo que esa imagen es un poco exagerada, pero debo confesar que esta prueba no es algo agradable.

Luego de tomar la muestra, debo colocarla en una bolsa sellada que va en una caja también sellada que dice: “Sustancia biológica categoría B”, y despacharla en buzones especiales de correo para “envíos prioritarios”.

El servicio fue introducido recientemente para facilitar los tests de COVID-19. Pocos días después recibí un mensaje de texto diciéndome que mi test de coronavirus había dado negativo.

Además de hacer el hisopado, debo llenar un formulario con preguntas sobre mi comportamiento en la semana previa. ¿He usado el transporte público? ¿Con cuántas personas que no viven en mi hogar he pasado más de 5 horas?

Repetiré esta rutina semanal durante al menos cuatro meses. Y me tomarán muestras de sangre en el hospital hasta fines del año que viene.

Buzón en una calle de Londres

Richard Fisher
El correo brtiánico instaló buzones prioritarios para el envío de muestras de voluntarios y tests de COVID-19.

Esta etapa prolongada y necesaria es la que muchas personas, incluyendo varios políticos, no entienden. No puedes invertir grandes sumas de dinero para acelerar este proceso.

La vacuna de Oxford ha mostrado ya resultados prometedores, pero solo en unas mil personas. Aprobar el uso de una vacuna para millones de personas requiere un nivel de confianza que solo puede obtenerse con paciencia y muchos más datos.

Algunos trabajadores de la salud recordarán varios casos trágicos de ensayos. En 1976, por ejemplo, debido a temores de un nuevo brote de gripe A (H1N1) o gripe porcina, el gobierno estadounidense aceleró los ensayos de nuevas vacunas y millones de personas fueron inoculadas.

La temida pandemia nunca llegó, pero se estima que cerca de 30 personas murieron por efectos secundarios adversos. Esos errores pueden haber contribuido al crecimiento del movimiento antivacunas.

Las autoridades de la salud con competencia para aprobar o rechazar las vacunas candidatas tienen en sus manos una enorme responsabilidad.

Tal como dijo en un programa de la BBC el científico John Bell, profesor de medicina de la Universidad de Oxford, no podemos darnos el lujo de esperar a la evidencia definitiva que se requeriría normalmente en ensayos clínicos de este tipo.

La tarea más difícil es la del organismo regulador que debe decidir si la vacuna es segura y se usará con el público. Si dice que sí, habrá una fila de tres mil millones de personas que quieren esa vacuna. Yo no querría ese trabajo”, afirmó Bell.

Otro factor importante es que la vacuna aprobada puede no ser la panacea que la gente espera. En otras palabras, es posible que la vacuna no elimine completamente el virus, sino que solamente mitigue sus efectos.

Esta protección es valiosa, pero suceda lo que suceda con los ensayos, debemos aceptar que se trata de un problema de largo plazo y que el virus podría estar con nosotros para siempre.

En mi caso en particular, pensar que hay una probabilidad del 50% de que haya recibido una vacuna prometedora me da una cierta tranquilidad, pero no me hará cambiar mi comportamiento. Los investigadores explicaron esto claramente.

Hasta que sepamos con certeza que hay una vacuna efectiva, continuaré respetando las reglas de distanciamiento físico para proteger a mi esposa, mi hija, el resto de mi familia, mis amigos y todas las personas con las que me cruce en la calle.

Voluntario siendo vacunado en Sudáfrica

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Un voluntario recibe la vacuna de Oxford en Sudáfrica. Confirmar la efectividad de la vacuna para prevenir infecciones requiere probarla en países con un alto número de casos.

Me da satisfacción tener la oportunidad de jugar un rol muy pequeño, junto a otros 10.000 voluntarios, en un ensayo que tiene en vilo al mundo.

La rapidez con que los científicos de Oxford respondieron a la crisis y su gran compromiso me impresionan.

Antes de la pandemia, muchos de estos médicos e investigadores trabajaban en distintos campos relacionados con el desarrollo de vacunas, alentados por su curiosidad o una misión individual. Nunca pensaron que de ellos dependerían las expectativas de miles de millones de personas.

Tal vez los ensayos de la vacuna de Oxford no den los resultados que muchos esperan. Podría ser que no cumpla en definitiva los requisitos de seguridad y eficacia necesarios para combatir la pandemia.

Pero así es como funciona la ciencia, en un desarrollo a largo plazo, colectivo y que puede tener resultados negativos. Nunca había valorado tanto como ahora la importancia de ese proceso.

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