Por qué las baterías de los móviles duran tan poco
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Por qué las baterías de los móviles duran tan poco

Los dispositivos móviles han transformado nuestras vidas, dándonos la libertad de conversar, trabajar, escuchar audio y mirar videos, pero desconectados de las redes eléctricas, su uso está limitado por la capacidad de la batería.
Por Richard Anderson / BBC Mundo
9 de junio, 2014
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Celular-BBCLos dispositivos móviles han transformado nuestras vidas, dándonos la libertad de conversar, trabajar, escuchar audio y mirar videos mientras nos desplazamos. Pero desconectados de las redes eléctricas, su uso está bien limitado por la capacidad de la batería. Y es ahí donde está el problema. 

Mientras los científicos están constantemente soñando con nuevas formas de generar y almacenar energía, la tecnología para la fabricación de baterías ha cambiado muy poco en los últimos 50 años, particularmente si se compara con el progreso de los aparatos que motorizan.

Como dice Tim Probert, editor de la publicación Energy Storage, “la industria de baterías es muy conservadora. Todavía estamos utilizando tecnología muy obsoleta en las baterías, como el ácido de plomo”.

“Los avances tecnológicos son magnificos pero hay que ser realistas, esta industria funciona con pequeñas mejorías e incrementos lentos”.

Lea también: baterías de metal líquido para usar mejor la energía

A paso lento

La humilde pila AA ha estado dando vueltas desde 1940 y está basada en tecnología del siglo XIX. Pero aún así, abarca un 15% del mercado global de pilas, junto a otras baterías alcalinas.

Los avances tecnológicos son magnificos pero hay que ser realistas, esta industria funciona con pequeñas mejorías e incrementos lentos“: Tim Probert, editor de la empresa Energy Storage.

Y la batería en base a ácido de plomo, que es la que usan la mayoría de los vehículos, fue inventada hace más de 150 años y tiene todavía un 20% del mercado.

Claramente la industria, que moviliza casi US$90 mil millones globalmente, no va al ritmo de los avances de los aparatos electrónicos.

Incluso, la omnipresente batería recargable de litio, que motoriza la mayoría de los artefactos modernos, fue inventada en los años 1970 y representa un 40% del mercado.

Tesla, empresa pionera en la fabricación de vehículos eléctricos, usa las llamadas células de litio 18650 -que son esencialmente antiguas baterías de laptops- para motorizar los vehículos, según explica Probert.

La mayoría de los fabricantes de computadoras portátiles dejaron de utilizar esas baterías hace mucho tiempo, pero Tesla cree que esta vieja tecnología todavía tiene futuro e incluso planea crear su propia “gigafactoría” para producirlas.

“Por medio de la utilización de células cilíndricas más pequeñas, hemos podido ahorrar en costos de fabricación”, afirma Laura Hardy, funcionaria de Tesla.

Juntando 7.000 de estas células, el modelo de Tesla S Sedan puede alcanzar hasta 300 millas, mucho más que sus competidores que utilizan baterías con tecnología más avanzada.

Lea también: un cargador para resucitar la batería del celular en un minuto

Mejorías sólidas

La mayoría de los fabricantes de baterías utilizan otra tecnología que involucra colocar células de litio unas junto a otras como si fueran rebanadas de pan.

El peligro en este caso es que se produzca una fuga térmica, cuando una célula hace cortocircuito y produce demasiado calor y esto lleva a que la batería explote.

Se cree que esto es lo que sucedió con unl avión de pasajeros Boeing 787 Dreamliner en Japón, a inicios del año pasado. La aerolínea Japan Airlines detectó humo proveniente de la batería del avión dos horas antes de que tuviera previsto despegar del aeropuerto de Tokio.

La próxima generación de baterías de litio puede ayudar a resolver este problema, mediante el reemplazo de líquido inflamable con componentes sólidos que son más seguros.

Algunas compañías están tratando de desarrollar baterías a base de sulfuro de litio, que promete cinco veces más potencia que una pila estándar de iones de litio.

Probert dice que la empresa británica Oxis Energy está realizando progresos reales en este terreno, pero advierte que no debemos esperar gran avance en el futuro próximo.

Nuevos descubrimientos

Los avances más interesantes están sucediendo más allá del campo de la tecnología de baterías.

El primer ejemplo es la energía inalámbrica, que implica cargar los aparatos sin tener que conectarlos a la red eléctrica.

Este Mercado podría valer unos US$5.000 millones para el año 2016, según la empresa estadounidense IMS Research.

Una compañía pionera de esta tecnología es Ossia, que tiene su llamado sistema de energía remota Cota.

El fundador y jefe ejecutivo de la firma, Hatem Zeine, tuvo la idea de crear Cota mientras investigaba el manejo de señales inalámbricas.

Zeine descubrió que las ondas de radio transmiten una pequeña cantidad de energía y decidió investigar cómo sintonizar las señales provenientes de varias antenas trabajando al unísono para lograr recargar aparatos eléctricos de forma remota.

Una década después, en 2013, lanzó Cota.

“Cota viene en dos partes –un cargador y un receptor”, explica Zeine. “Piensa en el cargador como si fuera un router o enrutador inalámbrico y el receptor como si fuera un botón de la batería”.

“El receptor envía una señal al cargador, que asimismo envía una señal procedente de sus miles de antenas, que van directamente al receptor. Así, el receptor rastrea el aparato constantemente”.

Los beneficios son obvios. Nunca más tienes que preocuparte de recargar tu teléfono o laptop, porque se carga automáticamente siempre que esté al alcance del cargador.

Esto significa que la batería no tiene que almacenar mucha energía y por lo tanto puede ser más pequeña, el santo grial de los fabricantes de aparatos electrónicos.

Zeine visualiza un futuro en el que se necesite menos enchufes eléctricos, porque los cargadores remotos van a estar instalados en todas partes, en casas, oficinas, edificios públicos, vehículos y trenes.

Agua adentro y agua afuera

Por su parte, la compañia sueca MyFC ha desarrollado Powertrekk una especie de células de combustible portátil que puede generar energía para alimentar todo tipo de aparatos eléctricos.

“Nuestra célula portátil es un dispositivo electroquímico que convierte hidrógeno en protones y electrones. Los protones van a través de una membrana y reaccionan con oxígeno, lo cual genera agua, explica Bjorn Westerholm, director ejecutivo de MyFC.

Powertrekk se recarga inicialmente con una batería de litio, pero una vez que está totalmente cargada, la célula de combustible comienza a funcionar.

A partir de aquí, es esta especie de célula de combustibles la que recarga la batería.

Esto significa que se puede cargar un aparato sólo con agua y un pequeño cartucho para canalizar el agua, a cualquier hora y dónde uno quiera.

Powertrekk está a la venta en 24 países y ha vendido unas 10.000 unidades en un año.

Dado que unos 2.000 millones de teléfonos móviles y tabletas se venden cada año, hay un gran potencial, dice Westerholm.

Mientras la tecnología de baterías continúe desarrollándose con tanta lentitud, siempre habrá espacio suficiente para los emprendedores que quieran incursionar en este mercado.

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Metaverso: por qué hay compañías que están gastando millones comprando terrenos virtuales

El furor por el metaverso está impulsando las compras inmobiliarias virtuales por parte de muchas compañías en una carrera por hacerse con las mejores parcelas. ¿Qué puede ofrecer ser propietario de un terreno virtual?
12 de enero, 2022
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La idea de gastar miles o incluso millones de dólares para comprar una “tierra” ficticia en un mundo virtual puede sonar absurda.

Pero en los últimos meses hemos visto significativas inversiones en terrenos virtuales dentro del metaverso.

La consultora Price Waterhouse Coopers se encuentra entre las últimas firmas en entrar en el mercado inmobiliario de The Sandbox, una de las plataformas de mundos virtuales en las que la gente puede socializar, jugar o acudir a conciertos.

PwC pagó una suma que podría ser considerable, aunque la cantidad final no fue desvelada.

Otra persona compró recientemente por US$450.000 una parcela de tierra en Snoopverse, un mundo virtual que el rapero Snoop Dogg está desarrollando dentro de The Sandbox.

Edificio virtual

Getty Images
Edificio virtual.

Mientras tanto, Metaverse Group, una empresa de bienes raíces enfocada en la economía del metaverso, compró supuestamente un terreno en Decentraland, otra plataforma virtual, por US$2,43 millones.

Repasemos qué es el “metaverso”, porque probablemente hayas escuchado mucho el término cuando Facebook cambió su marca a Meta en octubre de 2021.

Otras compañías, como Nike y Microsoft, también han anunciado que se lanzarán a este espacio.

El metaverso describe una visión de un mundo virtual 3D conectado, donde los mundos real y digital se integran utilizando tecnologías como la realidad virtual (VR) y la realidad aumentada (AR).

A este universo virtual se podrá acceder a través de dispositivos como gafas de realidad virtual o realidad aumentada y aplicaciones para teléfonos inteligentes.

Gafas de realidad virtual

Getty Images

Los usuarios se encontrarán y se comunicarán a través de avatares digitales, explorarán nuevas áreas y crearán contenido.

La idea es que el metaverso se desarrollará para convertirse en un espacio virtual colaborativo donde podamos socializar, jugar, trabajar y aprender.

Ya existen varios metaversos, por ejemplo, en plataformas de juegos virtuales como The Sandbox y mundos virtuales como Decentraland.

De la misma manera que un sitio web es parte de la red mundial 2D más amplia, los metaversos individuales formarán un metaverso conectado más grande.

Es importante destacar que, como en el mundo real, es y será cada vez más posible comprar cosas en el metaverso, incluidas las propiedades inmobiliarias.

Monedas del metaverso

Getty Images

El dinero del metaverso

Las transacciones en el mundo virtual generalmente se realizan utilizando criptomonedas.

Aparte de las criptomonedas, los tokens no fungibles (NFT) son el método principal para monetizar e intercambiar valor dentro del metaverso.

Un NFT es un activo digital único.

Aunque son principalmente elementos de arte digital (como videos, imágenes, música u objetos 3D), hay muchas cosas que pueden considerarse NFT, incluidas las propiedades virtuales.

En plataformas como OpenSea, donde la gente compra e intercambiar NFT, ahora hay terrenos o incluso casas virtuales.

Para garantizar que los bienes raíces digitales tengan valor, la oferta es limitada, un concepto en economía llamado “valor de escasez”.

Auditorio virtual

Getty Images

Por ejemplo, Decentraland se compone de 90.000 piezas o “parcelas” de tierra, cada una de aproximadamente 15,5 metros por 15,5 metros.

Ya estamos viendo ejemplos en los que el valor de los inmuebles virtuales está aumentando.

En junio de 2021, un fondo de inversión en bienes raíces digitales llamado Republic Realm supuestamente gastó el equivalente a más de US$900.000 para comprar una parcela en Decentraland.

Según DappRadar, un sitio web que rastrea los datos de ventas de NFT, fue la compra más cara de terrenos NFT en la historia de Decentraland.

Sin embargo, como sabemos, en noviembre de 2021, el Grupo Metaverse compró su terreno en Decentraland por US$2,4 millones.

El tamaño de esta compra fue en realidad más pequeño que el anterior: 116 parcelas de tierra en comparación con 259 compradas por Republic Realm.

Pero no solo la plataforma Decentraland está registrando furor por las compras.

En febrero de 2021, Axie Infinity (otro mundo de juegos virtuales) vendió nueve de sus parcelas de tierra por el equivalente a US$1,5 millones, un récord, dijo la compañía.

Pero tan solo unos meses después, en noviembre de eses mismo año, vendió otra parcela por US$2,3 millones en noviembre de 2021.

Gafas de realidad virtual

Getty Images

Aunque parece que los precios están subiendo es importante reconocer que la inversión inmobiliaria en el metaverso sigue siendo extremadamente especulativa.

Nadie puede estar seguro de si este auge es la próxima gran inversión o la próxima gran burbuja.

¿Para qué compran?

Dejando a un lado los incentivos financieros, es posible que se pregunte qué harán realmente las empresas y las personas con sus propiedades virtuales.

Por ejemplo, la compra realizada por el Grupo Metaverse se llevó a cabo en el recinto de moda de Decentraland.

Según el comprador, el espacio se utilizará para albergar eventos de moda digital y vender ropa virtual para avatares, otra área potencial de crecimiento en el metaverso.

Aunque los inversores y las empresas dominan este espacio por ahora, no todos los bienes raíces del metaverso costarán millones.

Pero, ¿qué podría ofrecerle ser propietario de un terreno virtual?

Metaverso

Getty Images

Si compra una propiedad física en el mundo real, el resultado es tangible: un lugar para vivir, para tener seguridad, para recibir a familiares y amigos.

Aunque las propiedades virtuales no proporcionan refugio físico, existen algunos paralelismos.

Al comprar bienes raíces virtuales podría construir en ellos.

O puede elegir una casa ya construida que le guste.

Puede personalizarla con varios objetos (digitales).

Puede invitar a amigos y visitar los hogares virtuales de otras personas también.

Esta visión aún es lejana.

Pero aunque parece completamente absurdo, debemos recordar que hubo un tiempo en el que la gente tenía dudas sobre el potencial de internet y más tarde de las redes sociales.

Los tecnólogos predicen que el metaverso madurará hasta convertirse en una economía en pleno funcionamiento en los próximos años, además de una experiencia digital sincrónica tan ligada a nuestras vidas como lo están ahora el correo electrónico y las redes sociales.

Esta es una extraña fantasía hecha realidad para alguien que fue jugador en una vida anterior.

Hace algunos años, una versión más joven de mi conciencia me decía que dejara de perder el tiempo jugando videojuegos.

Que volviera a estudiar y a concentrarme en mi vida “real”.

En el fondo, siempre tuve el deseo de ver los juegos superpuestos con la vida real, al estilo Real Player One.

Ahora siento que esta visión se acerca cada vez más.

*Theo Tzanidis es profesor titular de marketing digital de la Universidad del Oeste, Escocia. Esta nota apareció originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.

Puedes leer el artículo original aquí.


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