¿Por qué se desinflan las protestas en Brasil?
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¿Por qué se desinflan las protestas en Brasil?

Muchos esperaban que durante el Mundial volvieran las manifestaciones masivas que sacudieron a Brasil hace un año. Pero eso parece lejos de ocurrir, por ahora.
17 de junio, 2014
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140617030010_sp_protestas_brasil_624x351_apEl Mundial de fútbol en Brasil ha dado en estos primeros cinco días algunas sorpresas, pero una de las mayores está fuera de los estadios: la ausencia de manifestaciones masivas en las calles.

La posibilidad de que durante este torneo volviera la ola gigante de protestas que sacudió al país en la Copa de Confederaciones hace un año era considerada alta por parte de expertos.

El asunto era una inquietud del gobierno brasileño y la FIFA, con encuestas mostrando un creciente descontento popular por los US$11.000 millones invertidos en el Mundial y activistas que agitaban el eslogan de “No va a haber Copa”.

Sin embargo, desde que el torneo comenzó el jueves pasado, las protestas en diferentes ciudades sedes han reunido cientos o a lo sumo algunos miles de brasileños, lejos del millón que llegó a tomar las calles en junio pasado.

“Brasil es un país difícil de explicar”, dijo Rudá Ricci, un sociólogo y politólogo brasileño especializado en movimientos sociales. “Cuando parece que estamos entendiendo, ocurre todo lo contrario”.

Entonces, ¿por qué se desinflan las protestas brasileñas? ¿Y qué puede suceder para que recobren fuerza?

Del carnaval al miedo

El movimiento espontáneo de manifestaciones del año pasado en Brasil tuvo como motor principal a jóvenes de clase media, sin banderas partidarias ni una verdadera organización detrás.

Uno de sus primeros reclamos fue contra el aumento de las tarifas de autobús, pero a medida que la ola creció incorporó una amplia gama de demandas contra los gastos en estadios, la corrupción o la mala calidad de la educación y la salud.

Con excepciones como la rebaja de las tarifas de transporte, muchas de las promesas que entonces hicieron los gobernantes y políticos sobre mayor transparencia y mejoras de gestión siguen incumplidas.

Pero Ricci notó que a la vez las calles dejaron de ser un “carnaval político” para convertirse desde agosto en escenarios de violencia entre grupos radicales como los “black blocs” y la policía.

“Esa población medio despolitizada que fue a las calles en junio se asustó”, indicó Ricci, basado en Belo Horizonte y autor de un libro sobre las manifestaciones de 2013 titulado “En las calles”.

Los “black blocs” también se han hecho presentes en varias protestas antiMundial de los últimos días, que pese a ser relativamente pequeñas acabaron en hechos de violencia.

El domingo, unos 500 manifestantes intentaron acercarse al estadio Maracaná de Río durante el partido entre Argentina y Bonsia y fueron reprimidos por la policía con bombas de gas y balas de goma. Algunos enmascarados lanzaron cócteles molotov y las autoridades investigan a un policía que fue filmado usando su arma de fuego.

Nueva atmósfera

Las encuestas mostraron que así como el apoyo de los brasileños al Mundial caía, también lo hizo el respaldo a las protestas, que pasó de 81% en junio a 52% en febrero, según la firma Datafolha.

En mayo las protestas fueron protagonizadas por sindicatos u organizaciones como el Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST), que reunió 15.000 manifestantes por vivienda popular y contra los gastos del Mundial en Sao Paulo.

Pero el gobierno de Dilma Rousseff rápidamente pactó una tregua con el MTST, comprometiéndose a cambiar los límites para participar de un programa federal de viviendas y crear una comisión para analizar los desalojos forzados.

A su vez, la justicia declaró ilegales y desactivó huelgas como la de funcionarios policiales en Bahía o de trabajadores del metro de Sao Paulo, que causó caos en el tránsito de la ciudad en vísperas del Mundial.

Y luego echó a rodar el balón y los colores de Brasil comenzaron a tomar las calles.

“En un país al que le gusta el fútbol, después de la (inauguración) de la Copa cambió totalmente el clima”, dijo Aldo Fornazieri, director de la Fundación Escuela de Sociología y Política de Sao Paulo. “Se generó un clima de alegría, de confraternidad”.

“Todo eso reduce el ánimo de protesta”, agregó.

Abucheos y respuesta

Según Fornazieri, el propio eslogan de “No va a haber Copa” ha resultado poco atractivo para muchos brasileños que lo ven como una propuesta irrealizable.

Quizá una de las protestas de mayor impacto político desde el jueves fueron los abucheos e insultos que recibió Rousseff dentro del estadio de Sao Paulo, antes del partido inaugural entre Brasil y Croacia.

Al día siguiente del triunfo de la Seleção, la presidenta respondió a esos gritos. Afirmó que no se dejará “atemorizar” por agresiones verbales y recordó que en su vida toleró agresiones físicas “casi insoportables”, en alusión a las torturas que recibió cuando estuvo presa durante la dictadura militar en los años ’70.

“Nada me sacó de mis compromisos”, sostuvo Rousseff, que en octubre buscará su reelección en unos comicios a los que va como favorita, aunque con un creciente reto opositor.

Los abucheos permitieron al Partido de los Trabajadores (PT) de Rousseff salir de la posición defensiva en que estaba y alzar la bandera de la “esperanza contra el odio”, explicó Fornazieri.

Según el analista, ahora es improbable que vuelvan las grandes protestas a las calles aunque continúe el debate sobre los gastos del Mundial, o incluso aunque Brasil sea eliminado.

En cambio, Ricci sostuvo que el escenario puede cambiar con un episodio de violencia policial que genere conmoción o en caso de que Brasil sea eliminado precozmente del Mundial.

“Posiblemente la primera gran tensión va a ser el 28 de junio, cuando Brasil juegue los octavos de final aquí en Belo Horizonte”, dijo, dando por hecho que el anfitrión será primero en su grupo.

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Elecciones en Venezuela: qué hace diferentes a las ‘megaelecciones’ de este domingo

Hoy vuelve la oposición mayoritaria a unas elecciones en Venezuela. Esta vez, más que la permanencia de Maduro en el poder, los resultados revelarán cómo será que Venezuela se dirija -y quién va a liderar el camino- hacia una transición política.
21 de noviembre, 2021
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La competencia, tras años de boicot opositor, vuelve al campo electoral en Venezuela.

En las “megaelecciones” de este domingo se eligen 3.082 cargos: 23 gobernaciones, 335 alcaldías y cientos de escaños en consejos locales.

3.082 elecciones en las que el chavismo se enfrentará a un amplio sector de la oposición que, en su mayoría, no reconoció el sistema electoral en las presidenciales de 2018 ni en las legislativas de 2020.

Esta vez habrá, además, observación imparcial de los comicios. Y un interés internacional por si el gobierno de Nicolás Maduro puede garantizar la competencia democrática.

“Este domingo le vamos a dar buenas noticias al mundo”, dijo el presidente venezolano.

Los venezolanos irán a las urnas en un momento raro para el país: tras décadas de profunda polarización, la política ha dejado de ser una de las principales preocupaciones de la gente y la dolarización de facto y la apertura económica han permitido mitigar la crisis, activar la producción y aliviar, parcialmente, las necesidades urgentes.

A la apatía se añade que un quinto de los 21 millones de venezolanos registrados para votar no podrán hacerlo por estar en el extranjero, a donde han viajado huyendo de la crisis. Por eso una de las claves de estas regionales y municipales es si se superará, y por cuánto, el magro 30% de participación de las legislativas del año pasado, en las que el chavismo ganó sin competencia real.

Y este domingo, aunque participa la oposición, lo más probable es que el chavismo vuelva a imponerse.

“Está claro que, por la abstención y por los desniveles en la contienda, la primera fuerza política del país será el chavismo”, dice la consultora política Colette Capriles. “Pero por eso estas elecciones servirán más como una suerte de primarias, una medición de fuerzas, dentro de cada bando”.

Tanto el chavismo como la oposición llegan divididos, afectados por una serie de inhabilitaciones, intervenciones y proscripciones que para muchos no garantizan un proceso auténticamente democrático. En ambos lados hay decenas de candidaturas frustradas por fallos judiciales.

Sin embargo, la renovación en mayo de los rectores en el Consejo Nacional Electoral (CNE), algunos compromisos establecidos en el proceso de negociación en México y la observación electoral internacional dan, para algunos, la noción de que una transición democrática está naciendo tímidamente.

“Tenemos que reconstruir nuestras instituciones”, dice Enrique Márquez, político opositor y ahora rector del CNE, ente que regula los comicios y llevaba años formado por miembros nombrados por el chavismo.

“Pero para eso tenemos que ir poco a poco, como quien remodela una casa, parte por parte (…) Ahora al menos podemos decir con absoluta certeza que en el ámbito electoral, tras varias auditorías y procesos de tecnificación, tendremos otra vez una votación segura, protegida y secreta”, añade el funcionario.

Elecciones en Venezuela

EPA

En qué son diferentes estas elecciones

Las elecciones contarán con la observación de una misión de la Unión Europea, otra de Naciones Unidas y una del Centro Carter, una organización especializada en procesos electorales.

Desde las legislativas de 2015, en las que ganó la oposición por amplio margen, la observación de entes neutrales internacionales se fue reduciendo hasta desaparecer.

Si en 2020 estas comisiones electorales justificaron su ausencia por “falta de condiciones democráticas”, argumento esgrimido por la oposición, ahora, al menos en principio, se mostraron medianamente satisfechas.

A pesar de que decenas de políticos están inhabilitados, proscritos o incluso presos, la renovación del CNE ha sido un desarrollo inédito en décadas.

Elecciones en Venezuela

EPA

Desde 2006, la presidenta del CNE fue Tibisay Lucena, hoy ministra en el gabinete de Maduro, y la representatividad de los rectores fue siempre cuestionada por la oposición, que solo contaba con uno de cinco representantes en el ente electoral.

“Las sanciones de Estados Unidos obligaron al gobierno a ceder en varios ámbitos, y esta renovación del CNE es uno de ellos”, dice Luis Vicente León, analista y encuestador.

Hoy la oposición cuenta con dos de los cinco rectores del CNE, una diferencia que, según Márquez, se ha traducido en que, entre otras garantías, “tendremos sólidos sistemas de acreditación de testigos”.

El dilema de la oposición

La otra gran diferencia de estas elecciones con las anteriores es que la oposición, que desde 2018 no reconoce a Maduro como presidente, volvió al juego electoral.

No es la misma oposición de antes -hay nuevos partidos y nuevos candidatos- ni es toda la oposición, porque aún existen agrupaciones que llaman a la abstención, como el ala de Voluntad Popular que lidera Juan Guaidó, quien asegura que “las regionales y las municipales no son la solución a los conflictos”.

Aún así, el antichavismo este domingo tendrá por quién votar, si es que se anima.

Nicolas Maduro

EPA

“En la oposición al chavismo hasta ahora tuvo más fuerza la rama que prometía una insurrección o un cambio abrupto de gobierno, pero ahora esa disponibilidad de apoyo instantáneo al cambio repentino parece haberse desinflado”, dice Colette Capriles.

El sufrimiento personal ha sido tan grande que ha obligado a la gente a cortar sus lazos con la política y eso, aunque afecta los mecanismos de solidaridad, a su vez permite cierta renovación de la estructura partidaria de la oposición”, explica.

Esta vez, la oposición no promete el fin del gobierno de Maduro ni basa su causa en la indignación contra el chavismo. “Que nadie venga con aires triunfalistas”, decía en su cierre de campaña Gustavo Duque, candidato opositor a la alcaldía de Caracas.

Los expertos ven las elecciones como un referendo sobre el ala radical de la oposición que lidera Gauidó, considerado por decenas de países como el presidente interino de Venezuela y cuyo liderazgo está cada vez más cuestionado.

“La oposición que participa busca asentarse como la verdadera oposición, la que realmente puede generar cambios al país”, dice Luis Vicente León.

Henrique Capriles

EPA
Aunque no es candidato ni la cara de la oposición, Henrique Capriles ha sido uno de los impulsores relevantes de la vuelta a elecciones de la oposición.

Pero, al tiempo, se mantiene escéptico: “El problema es que los que participan no lograron unirse, irán divididos en dos o tres alianzas muy diversas, y eso impedirá tener un mapa claro de las fuerzas opositoras tras las elecciones”.

En el tarjetón electrónico habrá casi 40 partidos. De oposición hay cuatro fuerzas distintas que, dependiendo de sus resultados, reclamarán más o menos protagonismo.

Esto será clave para el liderazgo de Guaidó, para el proceso de negociación con Maduro en México, que debe reanudarse en enero, y para las venideras elecciones (las presidenciales serán en 2024 y existe la posibilidad, si bien remota, de que se active un referendo revocatorio en 2022).

Venezuela intenta entrar en una transición política en medio de la ya iniciada transición económica. Parece claro que la primera, si es que se da, será mucho más lenta que la segunda.


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