¿Quién ganará el Mundial? Lo que dicen los datos (y lo que no)
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¿Quién ganará el Mundial? Lo que dicen los datos (y lo que no)

Ningún equipo llega al Mundial con la certeza de ganar o perder; pero llegan con probabilidades relativas acumuladas. La historia no desaparece con el primer silbido del árbitro... a menos que los datos demuestren lo contrario.
Por José Merino
9 de junio, 2014
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Foto: AP

Foto: AP

“La pelota es redonda, el partido dura noventa minutos, y todo lo demás es sólo teoría” dijo Sepp Herberger, entrenador de la selección alemana de fútbol entre 1936 y 1964. Tenía razón. En el espacio contenido de una cancha hay 22 jugadores y un balón que rueda igual en ambas direcciones; un universo infinito de combinatorias estratégicas y azarosas que terminan, a veces, en un gol. Siempre caben proezas y sorpresas; cobardías y desencantos; timideces y aburrimiento. Sí, pero todo lo demás no es sólo teoría, son probabilidades. Ningún equipo llega con la certeza de ganar o perder; pero llegan con probabilidades relativas acumuladas. La historia no desaparece con el primer silbido del árbitro. ¿O sí?

La emoción del fútbol, los gritos, las risas, las furias, los llantos, la sudoración de las manos, las taquicardias intermitentes, los cuerpos erguidos a la orilla de la butaca, los abrazos espontáneos y sentidísimos, son todos criaturas de una misma madre: la incertidumbre. El placer y el dolor brutales de lo inesperado. Hazañas sobre dos piernas que le sacan la lengua a la historia. Pero hay historia; es decir, hay resultados esperados estadísticamente.

Este análisis comenzó a la espera de encontrar un conjunto de variables que expliquen con precisión quiénes califican a la copa mundial FIFA y, una vez en ella, qué equipos avanzan cada ronda. En cambio, nos encontramos con un mundo más incierto: podemos saber con cierta confianza qué selecciones acuden al torneo; pero una vez ahí, la confianza para predecir quiénes avanzan se deteriora. Sabemos quiénes van a la fiesta, pero no necesariamente quiénes serán los reyes de la pista.

Los datos

Por disponibilidad de información (y tiempo), analizamos las copas mundiales de 1994 a 2010, un total de cinco. Queremos explicar dos cosas: la probabilidad de calificar a la copa; y, una vez calificados, el número de etapas en los que juega un equipo, desde la fase de grupos (1) hasta la final del torneo (5). En el caso de la calificación al mundial incluimos si la selección calificó en el mundial anterior. Optamos por no incluir la misma variable para el caso de etapas jugadas en el mundial previo dado que implicaba una pérdida importante de observaciones y no aportaba explicativamente (ver anexo metodológico al final).

Una variable clave es el ranking de la FIFA, justo al inicio del proceso clasificatorio (“rankQuali”) o bien, justo antes del inicio de la copa mundial (“rankpre”).

Gráfica1
En realidad, la medida del Ranking antes del Mundial es un tanto lógica, dado que se define justo con los resultados para clasificar a él. Sin embargo, hay equipos que muestran que se puede clasificar al mundial incluso estando lejos en la tabla: Corea del Norte, quien clasificó a Sudáfrica 2010 rankeado en el lugar 106, Nueva Zelanda en el mismo mundial en el lugar 78, y Sudáfrica jugando de local en el mismo año, quien clasificó con un ranking de 90 por ser local.

Una variable importante es el número de etapas jugadas en el mundial anterior. Sin tener una relación perfecta, descubrimos por ejemplo que 92% de quienes no clasifican a un mundial, tampoco lo hacen al siguiente. Asimismo, de quienes llegan a la final en un mundial, 38% se quedan en fase de grupos al mundial siguiente; aunque 25% vuelven a regresar a la final. Finalmente, 22% de quienes llegan a octavos en una copa, se quedan exactamente ahí mismo al mundial siguiente, un resultado empujado principalmente por… México.

Gráfica2

De las 60 naciones que han clasificado a por lo menos una de las últimas cinco copas mundiales de fútbol, 17% han alcanzado exactamente la misma etapa en dos mundiales consecutivos; mientras que 43% logran alcanzar una etapa superior y 40% por el contrario, se quedaron en fases más bajas respecto al mundial previo.

Parte de la motivación para hacer este análisis, siendo mexicanos y optimistas, fue identificar si el desempeño de selecciones menores afecta el desempeño futuro de la selección mayor, por ello, en ambos modelos incluimos como variables explicativas el número de etapas jugadas por las selecciones nacionales sub17; sub20 y sub23, en el mundial correspondiente al mundial mayor – 5 años antes para la sub17, un año antes para la sub20 y 2 años antes para la sub23 -.

Gráfica3

Entre juegos olímpicos (sub23) y el mundial mayor las distribuciones cambian (se excluye a quienes no clasificaron a ambas copas): 5% llegan a la misma etapa en ambos torneos; mientras que 47% mejora el desempeño en el mundial mayor y 48% lo empeora. Una distribución muy parecida a lo que ocurre con la sub17, con 6%; 46% y 48% respectivamente. En malas noticias para México: ningún país que ha llegado a la final en sub-23, ha superado la etapa de cuartos de final en la copa mayor.

Gráfica4
Haciendo el mismo ejercicio para las selecciones sub20 del año anterior, a 55% de los equipos les va mejor, mientras que a 40% le va peor y el resto llega a la misma fase eliminatoria.

Gráfica5

Pensamos que la proporción de mundiales previos a los que ha asistido cada selección es una buena medida de la tradición futbolística de los países, por ello está considerada dentro de ambos modelos; del mismo modo que una medición del tamaño deportivo de las naciones, medido en este caso por el número de medallas totales ganadas en los juegos olímpicos previos.

Gráfica6
La distribución de los mundiales previos a los que ha asistido cada país como porcentaje de todos los mundiales ocurridos antes de cada copa mundial analizada sí muestra patrones claros. Lo más probable para quienes no han ido a copas previas, es que no asistan a la siguiente. Cualquiera puede llegar a cuartos de final, pero sólo un selecto de grupo de selecciones que han sido constantes en el tiempo logra llegar a la final. Además, este grupo, o los que han asistido a más de 70% de las copas del mundo, no se queda afuera de ningún mundial.

Finalmente, incorporamos el logaritmo del tamaño poblacional (en potencia, una medida del universo de jugadores potenciales); y el logaritmo del PIB nacional en dólares 2005 (como proxy del espacio para invertir y gastar). Respecto a la primera de estas medidas, no son ni los países más grandes poblacionalmente ni los más chicos a los que les ha ido mejor en los últimos años. Algo muy similar ocurre con nuestra medida del tamaño de la economía. Países con economías pequeñas no van al mundial, pero a los más grandes no necesariamente les va mucho mejor.

En el caso del modelo especificado para explicar qué selecciones clasifican a la copa, agregamos como control adicional el porcentaje de equipos que clasifican a la copa por confederación (lo que permite controlar por un alto número de ceros).

Por su parte, en el caso del modelo para identificar el número de etapas jugadas dentro de la copa incorporamos varios controles adicionales: una variable para identificar al equipo anfitrión de la copa (debido al llamado “efecto local”); el promedio del ranking FIFA de los equipo rivales en la primera etapa (bajo el supuesto de que si están peor colocados será más fácil pasar a octavos de final); y una medida que permite entender el cruce productivo de población y economía, por medio del tamaño de la fuerza laboral de los países (porcentaje de la población mayor de 15 años que es económicamente activa).

Por último, también agregamos una serie de variables para identificar la confederación de donde proviene cada país (CONCACAF; CONMEBOL; y UEFA).

Gráfica7
Los reyes del fútbol son los Europeos y Sudamericanos. Desde 1994, el único asiático que se ha colado a alguna fase posterior a cuartos de final es Corea del Sur, jugando como local en 2002. Entre los africanos, Senegal y Ghana han llegado a cuartos de final en los mundiales de 2002 y 2010 respectivamente, y de CONCACAF sólo EE.UU. en 2002. Esto es, 90% de los equipos que en las últimas cinco copas que han superado la etapa de octavos de final son europeos o sudamericanos.

Los invitados a la fiesta

Únicamente ocho equipos han clasificado a las cinco copas analizadas (13% del total): Argentina; Brasil; Alemania; Italia; España; Corea del Sur; Estados Unidos; y México. Habiendo 32 lugares disponibles, esto ya nos habla de volatilidad en quienes logran llegar. Así es, 58% del total de equipos que han llegado a una copa mundial, lo han hecho menos de dos veces en los últimos cinco torneos; por tanto, 29% de quienes han clasificado, lo han hecho tres o cuatro veces.

Esta intuición es respaldada por los resultados del modelo para explicar la probabilidad de calificar (Ver anexo metodológico). Si una selección clasificó en el mundial anterior, su probabilidad de volver a clasificar es 44%, pero la diferencia en la probabilidad de clasificar entre quienes no lo hicieron antes y los que sí, crece apenas 7%. Mucho menos de lo que hubiésemos esperado.

Grafica8
Algo similar ocurre con el lugar ocupado en el ranking FIFA al momento de iniciar el proceso clasificatorio: independientemente del lugar ocupado, ningún equipo tiene al inicio más de 40% de probabilidad de clasificar; no importa que tan arriba se encuentre en la tabla de la FIFA.

Gráfica9
Cada peldaño bajado en la lista reduce la probabilidad de clasificación en 1.6%; esto significa que los países por debajo del lugar 40 tienen una probabilidad menor a 20% de clasificar; y quienes estén por debajo del lugar 65, menos de 10%; de hecho, la probabilidad cae por debajo de 3% para las selecciones por debajo del lugar 100. Por supuesto, estos son valores estimados dado lo ocurrido en los cinco mundiales, lo que no anula la existencia de anomalías: Rusia estaba en el tercer lugar de la lista y no calificó a Francia 1998; mientras que Nueva Zelanda, que ocupaba el lugar 149, logró colarse a Sudáfrica 2010.
Para nuestra sorpresa, la proporción de mundiales atendidos antes; el desempeño en juegos olímpicos; el tamaño de la economía; el tamaño poblacional; y la proporción de boletos por confederación no afectan la probabilidad de que un equipo clasifique. Del mismo modo, el desempeño de las selecciones sub17 y sub20 en sus respectivos mundiales no afecta la probabilidad de que la selección mayor califique a la copa cinco o un año después. En contraste, cuando la selección sub23 pasa de quedarse en la primera fase a llegar a la final en los juegos olímpicos dos años antes, la probabilidad de que la selección mayor califique crece en 29%: la probabilidad de un equipo califique al mundial mayor cuando su selección Sub-23 no calificó a su torneo es de apenas 5%; contra el 34% cuando la selección Sub-23 llegó a la final de los olímpicos.

Gráfica10
Este resultado es empujado por el desempeño de las selecciones sub23 de: Argentina (1996, 2004, y 2008); Camerún (2000); Nigeria (1996 y 2008); Paraguay (2004); y España (1992 y 2000). Creemos que los otros mundiales menores no afectan desempeño de selección menor por dos razones: en el caso sub17, hay posiblemente mayor espacio para problemas de seguimiento, monitoreo e inclusión de jugadores jóvenes; mientras que en el caso sub20, el campeonato ocurre apenas un año antes, lo que posiblemente inhiba su inclusión justo cuando ocurre el proceso clasificatorio.

Entonces, ¿Qué explica que una selección pase o no a un mundial?, centralmente tres factores: clasificó al mundial anterior; está bien colocado en el Ranking FIFA (dado su desempeño durante los cuatro años previos); y el desempeño de la selección sub23 en los olímpicos justo anteriores. Estas tres variables por sí solas permiten clasificar correctamente 89% de todos los casos entre quienes llegan al mundial y los que no.

Los reyes de la pista

Como ya vimos, el grupo de naciones que llega avanzar a la gran fiesta de los mundiales es en realidad un grupo selecto de naciones sudamericanas o europeas, y por supuesto, bien clasificadas de acuerdo al Ranking de la FIFA. De hecho, como todos sospecharíamos, los promedios de lugar ocupado en la lista FIFA entre los equipos clasificados por confederación son muy divergentes. De Oceanía llegan al mundial los equipos más alejados de los primeros lugares (lugar 60 promedio); le siguen África (36); Asia (35); CONCACAF (19); UEFA (17), y finalmente, los que llegan en promedio mejor colocados son los equipos sudamericanos, con un ranking promedio de 16.

Lo que queremos explicar ahora es el número de etapas que un equipo logra superar en el mundial; es por tanto, una variable que toma sólo cinco valores (1 a 5). Además, la distribución de número de equipos es, por definición, constante sobre las etapas (32, 16, 8, 4, y 2). Por ello, optamos por utilizar un modelo que se ajuste a las restricciones en el número de valores que puede tomar el conteo de etapas (Ver anexo metodológico).

Gráfica11

Hay dos primeras sorpresas en los resultados del modelo. Una vez controlando por todas las variables, el lugar en el ranking FIFA con el que llegan las selecciones, así como el lugar relativo de sus rivales en la etapa de grupos no afectan el número de etapas que una selección recorre dentro del torneo (aunque tienen el signo esperado). Esto implica que el desempeño de las selecciones en los cuatro años previos no tiene necesariamente una continuidad en el campeonato; aunque como vimos en la sección anterior, claramente afecta las probabilidades de llegar al mundial. Del mismo modo, el haber calificado cuatro años antes, en nada afecta el número de etapas que se avanza en el mundial actual.

De manera similar, el desempeño de la selección sub23 también afecta positivamente la probabilidad de clasificar, pero una vez ahí, no parece importar. El hecho de que México haya ganado el mundial sub-23, según nuestro modelo, no afecta significativamente que la selección avance en las etapas de Brasil 2014.

Mención aparte merece lo que ocurre con la selección sub17 cinco años antes: no impacta en el proceso clasificatorio de la selección mayor; pero en promedio las selecciones mayores cuyas selecciones juveniles llegaron a la final en su torneo, juegan 1.7 etapas más que aquellas cuya selección sub17 fue eliminada en la primera ronda. Buenas noticias para las selecciones mayores de Suiza y Nigeria, quienes se disputaron la final del mundial sub17 en 2009.

Gráfica12
Como sospechábamos, el número de mundiales atendidos antes afecta el número de etapas jugadas en el mundial presente. En promedio, cada mundial al que se ha asistido antes, incrementa el número de etapas en 0.11. Esto es, un equipo que ha asistido a todos los mundiales previos, juega en promedio dos etapas más que un equipo que asiste por primera vez.

Gráfica13
Asimismo, la sospecha de la “ventaja de local” encuentra apoyo: los equipos anfitriones juegan en promedio dos etapas más que el resto. Un resultado probablemente empujado por Corea del Sur (semifinales 2002) y Francia (finales 1998).

Pensábamos que la fortaleza deportiva de un país, medida por el total de medallas obtenidas en los juegos olímpicos previos, afectaría la fortaleza de las selecciones dentro del mundial. No es así, el fútbol es un animal aparte. Del mismo modo, el PIB nacional, que suele ser un gran predictor del número de medallas olímpicas, no afecta las etapas jugadas en un mundial, lo mismo que el tamaño poblacional. Cierto, pero el tamaño de la fuerza laboral de los países sí importa, y mucho. En promedio, un incremento de 1% en la fuerza laboral, implica 0.08 etapas más jugadas. Puede sonar poco, pero implica que cuando un país pasa de tener una fuerza laboral de 43% a una de 81%; el número de etapas jugadas en el mundial crece en 3.1… esa es la diferencia entre quedarse en fase de grupos y llegar a semifinales (la fuerza laboral de México es 62%, si te lo estabas preguntando).

Gráfica14 (1)
La única pertenencia a una confederación que sistemáticamente importa al momento de estimar el número de etapas jugadas en la copa mundial, es la europea. Los países de Europa una vez llegados al mundial juegan en promedio 2.1 etapas más que las selecciones no europeas. Sorprende el caso de Conmebol, pero tiene sentido: algunos de sus equipos llegan a semifinales y finales; pero muchos de ellos también se quedan en fase de grupos y octavos. Los equipos europeos son más consistentes al avanzar al menos a cuartos de final.

¿Entonces que esperar en Brasil?

La identificación de naciones que clasifican o no al mundial nos arrojó resultados precisos y parsimoniosos: podemos clasificar correctamente 89% de los casos entre quienes van o no al mundial con sólo tres datos: haber clasificado al mundial anterior; el lugar ocupado en la lista FIFA al momento de iniciar la clasificación; y el desempeño de la selección en los Olímpicos.

En contraste, la explicación sobre qué selecciones avanzan en las etapas del mundial mayor es más difusa. Los mundiales, al menos los últimos cinco, son en más de un sentido, un borrón y cuenta nueva. No importa tu lugar en el ranking FIFA o el lugar de tus contrincantes en la fase de grupos; no importan las medallas olímpicas ganadas; ni si eres un país grande económica y/o poblacionalmente. Importa ser local; europeo; el desempeño de la selección sub17; el número de mundiales jugados; y el tamaño de tu fuerza laboral.

No tenemos una base de datos histórica inmensa; es cierto, pero una lección de este ejercicio es que no se vale poner la predicción de las etapas que se jugarán en Brasil 2014 o la probabilidad de ganar el torneo, si no se publica también la incertidumbre en la estimación. En nuestro caso, únicamente tres selecciones tienen un intervalo de confianza que no incluye todas las etapas (1 a 5): España; Suiza; y Brasil. En el caso de España se espera que juegue 4.7 etapas (de 1.68 a 5); Suiza, 4.8 (de 2.5 a 5); y Brasil, 4.9 (de 4 a 5). ¿Esto qué significa? Que esas son las tres selecciones con menor incertidumbre; que podemos esperar que España llegue por lo menos a octavos; Suiza por lo menos a cuartos; y Brasil, por lo menos a semifinales. Probablemente esperabas que te dijéramos a qué etapa llegará México, el nivel de incertidumbre no nos lo permite, dado que el intervalo va de la etapa de grupos a la final, aunque México ocupa el lugar 11 (de 32) en el valor estimado de etapas esperadas.

Si de apostar se trata, el modelo nos guía hacia un nombre: Brasil. Porque importa ser local; porque ha jugado todos los mundiales; porque tiene una fuerza laboral del 70%; y bueno, porque importa ser Brasil.

Anexo metodológico

Para acceder a nuestros datos y especificación de modelos, puedes hacer clic aquí

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El "rotundo éxito" del experimento en Islandia con la semana laboral de 4 días

Tras cuatro años de prueba, la mayoría de los trabajadores en Islandia se mostraron felices de trabajar menos horas por la misma paga.
6 de julio, 2021
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El experimento funciona. Al menos en Islandia.

Las pruebas con la semana laboral de cuatro días en el pequeño país europeo fueron “un rotundo éxito”, según afirmaron investigadores este lunes, y ya está produciendo un cambio en los patrones de trabajo.

En el experimento, realizado de 2015 a 2019, a los trabajadores se les pagó lo mismo por trabajar menos horas. Y la productividad se mantuvo o mejoró en la mayor parte de los lugares de trabajo, indicaron los investigadores.

Otros experimentos similares se están haciendo en otras partes del mundo, como España y Nueva Zelanda.

En Islandia el piloto se realizó en el Ayuntamiento de la capital, Reykjavik, y en puestos del gobierno nacional, y contó con la participación de unos 2.500 trabajadores, cerca del 1% de la población activa del país.

Muchos de ellos pasaron de una semana de 40 horas a una de 35 o 36, explicaron los investigadores del laboratorio de ideas británico Autonomy y de la Asociación Islandesa por una Democracia Sostenible (Alda).

Los experimentos llevaron a los sindicatos a negociar nuevos patrones de trabajo, y ahora el 86% de la fuerza laboral islandesa o ya ha decidido trabajar menos horas por el mismo sueldo o pronto tendrá el derecho a hacerlo.

Ayuntamiento de Reykjavik.

Getty Images
El ayuntamiento de Reykjavik fue uno de los lugares del experimento.

Los trabajadores afirmaron sentirse menos estresados y con menos riesgo de tener el síndrome de agotamiento o burnout, e indicaron que el balance entre su vida privada y laboral había mejorado.

Will Stronge, director de investigación de Autonomy, señaló que “este estudio muestra que el mayor experimento del mundo de reducción de la jornada laboral en el sector público fue, de acuerdo a todos los parámetros, un rotundo éxito”.

“Demuestra que el sector público está listo para ser pionero en reducción de semanas laborales y que otros gobiernos pueden aprender algunas lecciones”.

Gudmundur D. Haraldsson, investigador en Alda, destacó que “la reducción de semana islandesa nos dice que no sólo es posible trabajar menos en estos tiempos, sino que también lo es el cambio progresivo”.

España está probando una semana laboral de cuatro días en algunas compañías en parte debido a los retos de la pandemia.

Y la empresa Unilever en Nueva Zelanda está haciendo un experimento dando la oportunidad a sus trabajadores de reducir sus horas un 20% sin rebajar su salario.


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