México retrasado 10 años en legislación sobre contaminación vehicular
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México retrasado 10 años en legislación sobre contaminación vehicular

En medio de la polémica por la segunda fase del programa Hoy No Circula en el DF, organizaciones sociales exigen a la Semarnat que actualice la normativa federal sobre las emisiones de los automóviles, atrasada con relación a otros países donde se usan catalizadores con combustibles con niveles de azufre muy bajos que reducen la polución.
Por Majo Siscar @majosiscar
9 de julio, 2014
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Foto: Cuartoscuro.

Foto: Cuartoscuro.

Un vehículo nuevo comprado en México contamina de 8 a 10 veces más que uno nuevo comprado en Estados Unidos, así lo denunciaron organizaciones ambientalistas para exigir medidas al gobierno. El país vecino actualizó en marzo su legislación en materia de combustibles y tecnologías vehiculares al Tier 3, un nuevo estándar basado en una gasolina más limpia mediante la reducción de azufre y de las emisiones de gases a casi cero. México todavía está en la Tier 1 ya que no actualiza su legislación en materia de emisión de contaminantes para vehículos ligeros nuevos, la NOM-042, desde 2005

Aunque esta normativa debió actualizarse en 2010, todavía no existe ni siquiera un grupo de trabajo para hacerlo. Fruto de ello, México está más de 10 años atrasado con respecto de Estados Unidos en cuanto a normatividad de control de emisiones. La nueva legislación estadounidense supone una reducción del 80% del Monóxido de Carbono (COv) y de Óxidos de Nitrógeno (NOx) de un estándar mucho más alto del que ya tiene México.

Según los resultados del Cuarto Almanaque de Datos y Tendencias de la Calidad del Aire en 20 Ciudades Mexicanas, la Zona Metropolitana del Valle de México es la más contaminada, seguida de Gualajara, León y Monterrey. El autotransporte es el principal responsable de la polución que respiramos, con el 90% de las emisiones de Monóxido de Carbono (COv) y del 45% de Óxidos de nitrógeno (NOx). Y son los vehículos ligeros los que emiten el 74% de CO.

Esto podría reducirse drásticamente si se endurecieran los estándares de calidad de los combustibles y los parámetros establecidos para la tecnología de los nuevos coches que salen de fábrica. Aunque algunos autos nuevos ya cuentan con mejoramientos de la oxigenación del combustible, controles electrónicos para motores, catalizadores de oxidación para motores a Diesel o catalizadores de tres vía, las organizaciones sociales critican que se requieren muchas más tecnologías y que algunas de ellas no son compatibles con el alto contenido de azufre en los combustibles. Tan solo el 20% de la gasolina que se consume en México es de bajo contenido en azufre, la tipo Premium, y aún así es tres veces más alta que la baja en azufre del país vecino, al tener 30 partes de azufre por millón. Los altos niveles de azufre reducen el rendimiento de los convertidores catalíticos, y aumentan las emisiones de partículas y contaminantes del aire.

Organizaciones ambientalistas como el Centro Mexicano de Derecho Ambiental, CTS Embarq México y el Consejo Internacional por un transporte limpio (ICCT por sus siglas en inglés) instan al Gobierno Federal, a través de la Semarnat, para que actualice su legislación y exiga nuevos estándares a las empresas automotrices así como que Pemex distribuya combustibles de bajo contenido en azufre en todo el país. “Estos nuevos estándares suponen cambiar componentes del vehículo que podrían armarse a un bajo costo como ya se arman para Europa o Estados Unidos, no supone aumentar los precios de los coches y los beneficios son muy altos”, señala Kate Blumberg, del ICCT. “Las emisiones suben con la vida del vehículo, pero si cambiamos la legislación no solo tendremos vehículos limpios cuando estén nuevos, también cuando estén un poco más viejos”, agregó .

El número de vehículos a gasolina está creciendo en promedio un 4.8% anual, por lo que las emisiones crecen a la par. De acuerdo a datos de CTS Embarq sí la Semarnat revisara los estándares de la NOM-042 tan solo a la tecnología TIER-2 se reducirían 2,4 millones de toneladas de contaminantes locales al 2035. Esto equivale a detener toda la circulación vehicular de la Zona Metropolitana del Valle de México por más de un año.

En cambio, la segunda fase del Hoy No Circula que se aplica desde el 1º de julio, solo reduce, según los datos del gobierno del Distrito Federal, 141 mil toneladas anuales de estos contaminantes con el parque vehicular actual.

Las tres organizaciones que convocaron el evento no quisieron entrar en la polémica sobre la segunda fase del Hoy No Circula, pero sí señalaron que la calidad del aire no ha sufrido una reducción significativa por este programa. “Necesitamos tener políticas de largo plazo para control de emisiones, la calidad de nuestro aire está bastante lejos de lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud”, espetó Leticia Pineda, analista de Política Pública de CEMDA. Aún así concluyeron que ante la falta de una legislación gubernamental a nivel federal, la Ciudad de México está probando posibles soluciones.

“Hay otros sectores que también contaminan pero el autotransporte es la fuente principal de contaminación en las ciudades, y el incremento en la tasa de motorización nos afecta no solo en la salud sino en el uso del espacio público. Necesitamos priorizar el transporte público y tener soluciones de movilidad no motorizadas, pasos peatonales, ciclovías,… son alternativas que nos van a ayudar a mejorar la calidad de vida y reducir las emisiones, además de la modificación de la legislación federal”, concluyó Pineda.

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Coronavirus: qué es el cerebro pandémico y cómo nos afecta en el día a día

La exposición al estrés crónico que ha traído la pandemia está teniendo más consecuencias de las que imaginamos. Te contamos algunas y cómo contrarrestarlas.
26 de julio, 2021
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Me siento a escribir este texto. Arranco. Voy bien, llevo 100 palabras. Bueno, pienso que esta última línea quizás no se entiende. La borro. Lo borro todo. ¿Cómo retomo? Página en blanco. Mente en blanco. Pasan los minutos. Reviso el teléfono. ¡Es imposible concentrarse!

Es muy probable que en el último año y medio hayas sentido algo parecido ante cualquier actividad.

Si es así, no te preocupes. Muchos lo comparten. Tenemos cerebro pandémico.

No se trata de un término clínico, pero es así cómo algunos científicos denominan a la serie de dolencias que está sufriendo nuestro cerebro a raíz de la pandemia.

El estrés crónico y los largos ratos de confinamiento no solo han afectado nuestra capacidad de memoria y concentración.

Hay expertos que creen que también es posible que hayan reducido en tamaño algunas zonas de nuestro cerebro.

Pero, ¿nos quedaremos así para siempre?

Estrés prolongado

Los especialistas coinciden en que el principal responsable de los cambios en nuestra cabeza es la larga exposición al estrés durante tanto tiempo, el estrés crónico.

“Hay niveles de estrés ‘buenos’. Si necesitas culminar una tarea en un tiempo ajustado, una vez lo haces el estrés se va. Se acaba todo”, ejemplifica Michael Yassa, neurólogo del Centro de Neurobiología del Aprendizaje y la Memoria en California.

Mujer mirando a través de la ventana durante el confinamiento.

Getty Images
El aislamiento social provoca una exposición al estrés prolongado, impactando el volumen de varias zonas de nuestro cerebro involucradas en nuestras actividades diarias.

“Pero cuando el fin no está la vista y el estrés continúa por una sesión prolongada, entonces se vuelve problemático”, le explica Yassa a BBC Mundo.

Es lo que nos está sucediendo con la pandemia. Vivimos un estado dilatado de espera, de confinamientos y relajaciones, restricciones y medidas sin saber cuándo recuperaremos lo que ahora llamamos normalidad.

El estrés prolongado libera cortisol, y si tienes problemas continuos con esta hormona, puede llegar a afectar el volumen de algunas zonas del cerebro.

La neuropsicóloga Barbara Sahakian, de la Universidad de Cambridge en Reino Unido, ha estado analizando los efectos del distanciamiento social y la ansiedad por la pandemia en nuestra masa cerebral.

“A través de escáneres a personas socialmente aisladas hemos detectado cambios en el volumen de las regiones temporales, frontales, occipitales y subcorticales, así también como en el hipocampo y la amígdala”, le dice Sahakian a BBC Mundo.

“Ya en el pasado, altos y prolongados niveles de cortisol han sido asociados con disrupciones del humor y la reducción del hipocampo. Esto se observa sobre todo en pacientes con depresión”, añade.

En 2018, por ejemplo, un estudio publicado en la revista Neurology de la Academia Estadounidense de Neurología demostró que un alto nivel de cortisol en pacientes se asoció con una peor memoria y percepción visual, así como con volúmenes más bajos de materia gris total, occipital y lobar frontal.

Y esos cambios de volumen como los detectados por Sahakian pueden incidir directamente en las actividades que realizamos a diario.

“Ese conjunto de dolencias que afectan a la salud mental y nos generan depresión y ansiedad, es lo que coloquialmente estamos llamando cerebro pandémico”, apunta Yassa.

¿Cómo nos afecta el cerebro pandémico en el día a día?

La doctora Sahakian pone un ejemplo muy común.

“Aparcas tu auto en un estacionamiento público de múltiples niveles de un centro comercial. Regresas después de varias horas. Por un momento te pierdes y no recuerdas dónde dejaste tu auto. Pues bien, el hipocampo es la zona del cerebro responsable de aplicar esa memoria, precisamente una de las zonas más afectadas por los efectos de la pandemia”.

Aparcamiento en Santa Mónica, Los Ángeles, Estados Unidos.

Getty Images
Los efectos del llamado cerebro pandémico pueden notarse si tenemos dificultades para reencontrar nuestra plaza de aparcamiento.

El hipocampo también está involucrado en los procesos de aprendizaje. Además, es una zona que normalmente se deteriora con la edad.

“Es por ello que los ancianos pueden ser más vulnerables, aunque también hemos detectado que los niños pueden experimentar retrasos en su desarrollo social y del lenguaje”, argumenta Sahakian.

Pero los efectos del llamado cerebro pandémico van mucho más allá de una afectación leve de la memoria o un retroceso de la capacidad de aprendizaje.

Son muchos los receptores que son sensibles al cortisol, así que varias redes neuronales quedan afectadas, notándose en nuestros posibles cambios de humor frecuentes, sentimientos de miedo o la incapacidad para concentrarnos, realizar varias tareas a la vez o tomar decisiones sin titubear.

Esto se debe a su impacto en el sistema límbico y la amígdala, esta última encargada de hacernos sentir emociones.

“Muchos pacientes describen un sentimiento de “neblina mental” y se quejan de que ya no toman decisiones de la misma forma que lo hacían antes”, explica Yassa.

Por supuesto, esta carga psicológica también viene acompañada de irremediables consecuencias fisiológicas.

“La depresión y la ansiedad nos afectan el sueño, cambian el apetito y producen fatiga”, añade el neurólogo.

Escáner de cerebro.

Getty Images
Sahakian y su equipo han estado investigando las variaciones en nuestro cerebro que provoca la pandemia.

No afecta a todos por igual

Como en todo, el cerebro pandémico lastra más a unos que otros. En esto entra en juego la resiliencia individual y el nivel de estrés al que estemos sometido.

No sufren lo mismo quienes han padecido el aislamiento social que aquellos que perdieron un familiar o conocido, se quedaron desempleados o estuvieron infectados.

En estos casos, además del estrés crónico, también puede aparecer el estrés postraumático, incrementando la inestabilidad de la salud mental, la depresión, el dolor y la ansiedad.

Algunos hemos mostrado más resiliencia y creamos estrategias durante los confinamientos para mantenernos sanos, como seguir una rutina de ejercicio físico, pero para los más afectados este tipo de actividades puede ser más difícil de seguir”, diferencia Sahakian.

“La autogestión del estrés es algo personal que no todos logramos de la misma manera. Todos hemos tenido estrés en nuestra vida. Si logramos superarlo, este estrés hasta puede ser bueno en cierto punto” añade.

¿Es posible recuperarse?

El doctor Yassa quiere pensar que sí es posible superar los cambios sufridos, pero reconoce que no será de la noche a la mañana y que tomará tiempo.

“La gente se sobrepone a desastres naturales o la pérdida de seres queridos, así que de esto también deberíamos superarlo. Pero primero debe desaparecer la causa”, aclara.

“Según se vayan recuperando las libertades y la gente retome el contacto social, todos mejoraremos”, amplía Sahakian.

Persona llorando en una tumba en Indonesia en plena ola de coronavirus.

Getty Images
Las personas que han sufrido un ser querido pueden tardar más en recuperarse de los efectos psicológicos de la pandemia.

Mientras esperamos por la vuelta a la normalidad, los expertos igualmente aconsejan aplicar técnicas para traer de vuelta nuestras funciones cognitivas.

“Debemos retarnos con juegos de memoria para recuperarla, así también como ponernos a aprender cosas nuevas”, recomienda la doctora.

Yassa opina que debemos enfocarnos en crear una especie de armonía de ritmos.

“Levantarnos a la misma hora, comer regularmente y hacer ejercicio físico da mejores oportunidades al cerebro para recuperarse“.

Pero si bien estas actividades pueden ser suficientes para muchos, Sahakian reconoce que algunos podemos necesitar la ayuda de profesionales.


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https://www.youtube.com/watch?v=WhrDWNcNQEM

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