10 esenciales: In Memoriam Robin Williams
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10 esenciales: In Memoriam Robin Williams

El actor empezó en el negocio de las risas haciendo stand-up, de ahí saltó a la televisión hasta llegar al mundo del cine.
Por ButacaAncha.com
12 de agosto, 2014
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El actor como T.S. Garp, de la cinta 'The World According to Garp'. //Foto: AP

El actor como T.S. Garp, de la cinta ‘The World According to Garp’. //Foto: AP

Ha sido un año lleno de partidas, no parece pasar una semana del calendario sin que alguna figura del séptimo arte nos deje. El turno le llegó a Robin Williams, quien tenía 63 años al momento de partir. Conocido por sus lances cómicos y por una ruidosa presencia, Williams empezó como muchos en el negocio de las risas haciendo stand-up, de ahí saltó a la televisión hasta llegar al mundo del cine. Su primer gran protagónico fue Popeye (1980) deRobert Altman. Williams ganó en 1998 el Oscar a Mejor Actor de Reparto por su trabajo en Mente Indomable y seis Globos de Oro, incluyendo el Cecil. B DeMille Award en honor a su trayectoria cinematográfica.

Figura indiscutible de las últimas tres décadas del cine norteamericano, la carrera de Williams estuvo llena de altibajos y enfocada principalmente a la comedia, sin embargo, los pocos papeles dramáticos en su curriculum son indelebles. En Butaca Ancha nos dimos a la tarea de elegir diez obras que abarquen el espectro más amplio posible, una decena que les ofrezca una mirada a las muchas facetas del actor y los anime a adentrarse un poco más en sus proyectos.

Aquí nuestra selección:

Pescador de ilusiones (The Fisher King, 1991)

Jack Lucas (Jeff Bridges) es el arrogante y exitoso conductor del programa radiofónico mas escuchado enNueva York, cuyos mordaces comentarios y su falta de corrección política le han permitido escalar los más altos peldaños del medio. Sin embargo, las cosas se salen de control cuando, incitado por los corrosivos comentarios de Jack, un radioescucha lleva a cabo una sangrienta masacre en un bar de la ciudad ante la estupefacción del locutor, quien cae en desgracia; años después y tras un frustrado intento de suicidio, conoce a Parry (Robin Williams) un perturbado indigente, quién resulta ser un ex-profesor de historia y víctima colateral de la matanza, lo que motiva a Jack a emprender una singular odisea al lado de Parry en busca de la redención personal… y del Santo Grial. Después de Brazil y Las aventuras del Barón Munchausen, Terry Gilliam consiguió una interesante reflexión sobre la culpa, el absurdo y la paranoia de la gran urbe, la cuál se apoya en un guión inteligente, la estupenda química entre los protagonistas y una presentación visual plena de atmósferas góticas sumamente atractivas, en un film tan emotivo como entretenido.

Aladino (Aladdin, 1992)

Vertiginosa labia como un arma de empatía y un ingenio más rápido que agudo, el humorismo del auto finado Robin Williams se convirtió en el vehículo ideal para un genio maníaco-depresivo, dueño de un inmenso y noble poder pero esclavo de la avaricia y el egoísmo humano en el memorable filme animado Aladdin de la dupla creativa Musker y Clements. La imparable y característica verborrea de Williams hicieron del Genio, una de las creaciones más emblemáticas en el campo de la animación, que se encontraba en perfecta sincronía con su dinamismo, inyectando a Disney con una fuerte dosis de asociaciones y anacronismos pop, que lo mismo invocaban a Ed Sullivan, Jack Nicholson o Arsenio Hall. La improvisación de Williams, libre y peligrosa, doto a los animadores de largas horas de material, que habrían de verse contenidas en 90 minutos. Parafraseando al Genio: “poderes cósmicos, fenomenales y todo… aquí dentro de esta lamparita”.

Papá por siempre (Mrs. Doubtfire, 1993)

Quizás el de la señora Doubtfire es el rol más completo entre los papeles cómicos de Williams, pues abarca todos sus rangos: desde el chiste natural y aparentemente improvisado, hasta la imitación, uno de sus dones más aplaudidos en sus actuaciones en vivo. Lo fascinante de la interpretación de Williams como la señora Doubtfire, una fachada que inventa su personaje para poder acercarse a sus hijos a pesar del divorcio, es que no nos muestra una mera imitación de una señora británica, sino a una señora británica interpretándose a sí misma. Cuando está solo, claro, se desborda la locura típica de Williams, como cuando, disfrazado de la señora Doubtfire, baila una canción de Aerosmith, pero en presencia de su ex esposa llega a reflejar una melancolía que nos deja ver al padre de familia emocionalmente desahuciado, destrozado por ver cómo ella reconstruye su vida con otro hombre. Las capas de personalidad que logra trascender Williams son extraordinarias y, a pesar de tratarse de una cinta menor en la historia del cine, para él fue una plataforma con la cual abarcar todos sus talentos cómicos en una sola actuación.

Los enredos de Harry (Deconstructing Harry, 1997)

Dentro de la inmensa filmografía de Woody Allen, Deconstructing Harry es una de sus cintas imprescindibles; quizá su obra más innovadora de los noventa. Una de las razones es, sin duda, Robin Williams. En un papel más bien de reparto aunque significativo, Williams interpretó a Mel, una de las creaciones literarias del personaje titular (Allen). En una escena inolvidable, las cámaras intentan enfocar a Mel sin éxito; el problema, sin embargo, no es el lente de la cámara, sino el propio Mel que se encuentra “fuera de foco.” Literal. Mel no lo entiende, su esposa se preocupa por él, aunque su hijo se burla (“papá está fuera de foco, papá está fuera de foco”). La imagen borrosa de Williams es un gran momento de originalidad, de esos que rompen las reglas del cine. En consecuencia,Martin Scorsese y Francis Ford Coppola recordaron esta escena, cuando a finales de los noventa los cuestionaron sobre cuales eran sus filmes actuales favoritos. Williams no volvió a trabajar con Allen, pero un par de escenas bastaron para que esta combinación de leyendas dejara huella.

Mente indomable (Good Will Hunting, 1997)

En contraste con las exploraciones de su homosexualidad y las contemplaciones cuya inusual edición lo llevarían a Cannes, Gus Van Sant se hizo de un éxito con Mente indomable, escrita por Matt Damon y Ben Affleck. El gran ganador de esta cinta, sin embargo, fue Robin Williams, quien consiguió un Oscar como mejor Actor de Reparto por su interpretación del psicólogo que intenta sacar a un brillante conserje de sí mismo no para entregarle su talento al mundo, sino para darle su alma a la vida que eligiera. Los radiantes ojos de Williams, uno de sus grandes artificios faciales que usaba para la conmoción, son aprovechados por Van Sant para expresar la inmensa vida interna de hombre que ha experimentado la pérdida, pero está satisfecho de haber tenido ese algo que perder. No hay rastro del maniático que nos hizo reír en sus comedias y sesiones de stand up. Sólo hay un hombre. Afortunadamente, los guionistas y Van Sant logran una naturalidad, particularmente en el lenguaje, que le permite a Williams expresarse libremente, diciendo vulgaridades y manifestándose como una presencia henchida de pasado. Lo que podría haber sido una interpretación más en una cinta inspiracional se convierte en un evento magnífico, donde Williams mostró sus poderes bajando su voz, desacelerando su ritmo frenético.

Flubber, el invento del siglo (Flubber, 1997)

Bajo ninguna circunstancia Flubber es una obra maestra, siquiera una buena película, no importa que al Profesor Frink le gusten las películas de Mel Gibson aun cuando no salga Flubber. Sin embargo es un buen parámetro para comparar y analizar las mejores actuaciones de Williams, aquí haciéndola de científico brillante aunque olvidadizo. A pesar de la falta de profundidad en su personaje o de lo torpe de su comportamiento, Williams parece estar pasando un buen rato y dota a sus escenas de cierta chabacanería que no logra rescatar el proyecto pero lo hace más llevadero para los papás. Los niños corrieron a comprar su cajita feliz.

Death to Smoochy (2002)

Sublimando la personalidad de Krusty el Payaso con dos onzas extra de ira y resentimiento, Williams encarna al animador infantil Rainbow Randolph, un ídolo que cae en desgracia y pierde todo cuando su lugar es ocupado por la cursi y bonachona botarga Smoochy (Edward Norton), la envidia y los celos profesionales hacen que el choque entre conductores sea inminente. Enviada directo a los formatos caseros en nuestro país, Death to Smoochy debe ser la comedia más negra en la carrera de Williams, con tanta bilis que no resulta extraño su fracaso en taquilla. En Estados Unidos apenas recaudó 8 millones de dólares y alrededor del mundo registró unos paupérrimos 18 mil dólares sobre sus 50 mdd de presupuesto. A pesar del fracaso el actor ofrece uno de sus mejores desempeños, canalizando toda su furia en la mirada y explotando como una olla de presión de manera memorable sin temor a ensuciar su aura cómica.

Insomnio (Insomnia, 2002)

Will Dormer (Al Pacino) es un veterano detective de Los Angeles, quien es comisionado para viajar a un pequeño poblado de Alaska con el fin de resolver el brutal asesinato de una adolescente. Dormer (quién padece severos problemas de insomnio) llega al lugar en compañia de su entusiasta compañero Hap (Martin Donovan) y la joven e inexperta (pero muy sagaz) aprendiz Ellie Burr (Hilary Swank). Las pesquizas de Will y su equipo señalan como principal sospechoso a Walter Finch (Robin Williams) un aparentemente taciturno y ermitaño novelista. No obstante, el asunto toma un giro trágico cuando, a punto de atrapar a Finch, Dormer mata accidentalmente a Hap, y la rutinaria investigación se transforma en un tortuoso juego del gato y el ratón, donde el abrumado detective ademas de buscar sobreponerse a su aflicción física (la cual se ve potenciada por las interminables “noches blancas” del lugar) debe emprender una carrera contra el tiempo para detener al meticulosamente astuto homicida, mientras lucha con sus demonios internos. Previo a su consagración como un inteligente fenómeno comercial con la Trilogía del Caballero Oscuro, Christopher Nolan elaboró un atinado remake de la cinta realizada en Noruega por Erik Skjoldbjaerg apenas cinco años atrás, confirmando las virtudes ya demostradas en sus trabajos anteriores, con un guión consistente y preciso ajeno a los convencionalismos propios del genero, ademas de una estupenda dirección actoral, revelando la delgada antítesis entre el experimentado detective encarnado por Al Pacino (en un papel que le vino como anillo al dedo al veterano actor) y la personalidad fría y calculadora de Finch, una sorprendente interpretación que mostró a un Robin Williams capaz de sacar adelante a un funesto personaje muy distinto a lo acostumbrado.

Retrato de una obsesión (One Hour Photo, 2002)

La pretensión de la seriedad muchas veces lleva al pecado de la vanidad, sobre todo en el caso del actor cómico desea despojarse de la mueca y entregarse a un intenso histrionismo, pero Williams abrazaba su naturaleza melancólica con tal simpleza, que el resultado era escalofriante. Ya habiendo obtenido su pelón de oro por Good Will Hunting y habiendo explorado facetas más oscuras en Insomnia de Christopher Nolan y Death to Smoochy, Williams desaparece en la tenue tez de Sy Parrish, un empleado de un kiosco de fotografía que genera una obsesión patológica con una familia, coleccionando sus fotos y llegando al más extremo acoso. Un brutal reconocimiento de la oscuridad presente en su registro actoral y afectivo, Williams sortea con clase las trampas de la representación típica y entrega un trabajo que de devela de manera gradual, lleno de matices y formas amorfas que se van alineando para formar una imagen clara, igual que una fotografía en su proceso de revelado.

Bonus Track: Multiple Exposures (2013)

Siempre es complicado tratar de resumir la carrera de un actor cuando su muerte es tan inesperada, los sentimientos y la nostalgia se mezclan nublando la visión. El cortometraje Multiple Exposures engloba bastante bien las múltiples cualidades como interprete de Williams. Descanse en paz.

Comentarios por Alonso Díaz de la Vega (@diazdelavega1), JJ Negrete (@jjnegretec), Eric Ortiz (@ElMachoBionico), Venimos, los jodimos y nos fuimos (@venimosjodimos) & Rafael Paz (@pazespa)

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5 de mayo: claves para entender la relación de 'amor y odio' entre México y EU

Históricamente, la relación entre mexicanos y estadounidenses ha sido muy contrastante, tanto de admiración, como de rechazo. ¿A qué se debe?
5 de mayo, 2021
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Cada 5 de mayo, los estadounidenses celebran a México.

Una fecha que en el país latinoamericano no causa expectación, e incluso pasa desapercibida, en Estados Unidos es motivo para deleitarse con comida mexicana, ponerse sombrero y bigotes falsos. Y con una margarita en mano brindan por su vecino del sur.

La fecha marca el triunfo del ejército mexicano sobre los invasores franceses en la Batalla de Puebla, el 5 de mayo de 1862.

Y no es raro encontrar a estadounidenses -incluso latinos- que piensan que el Cinco de Mayo, como le llaman, es el día de la Independencia mexicana (en realidad es el 16 de septiembre).

Además de ese día, no hay otra fecha similar en las que EE.UU. celebre a su vecino.

Y es que la relación entre ambos países históricamente ha sido tan amistosa como conflictiva. Con una tendencia hacia lo negativo en los últimos años, según muestran los sondeos de opinión.

Tres personas celebrando el Cinco de Mayo

Getty Images
Los estadounidenses no dudan en tomar sombreros y bigotes falsos para “imitar” a los mexicanos en la fiesta del “Cinco de Mayo”.

La encuesta periódica del Pew Research Center (PRC) estadounidense muestra que la imagen positiva que tenían los mexicanos de EE.UU. desde 2002 -de entre 47% y 69%- cayó hasta el 30% en 2017, cuando el presidente Donald Trump impulsaba su agenda antiinmigrante.

Otro estudio de opinión de Gallup, de 2018, muestra cómo en la década de 2000 nueve de cada 10 estadounidenses consideraban a México como un “aliado” o “amigo”. Pero para 2018 cayó al nivel más bajo, de 72%.

“La gente de mi generación, de los años 50, 60 o 70, tienen esta relación amor-odio porque desde muy pequeños nos lo enseñaron en la escuela” en México, dice a BBC Mundo Rafael Fernández de Castro, director del Centro de Estudios EE.UU.-México de la Universidad de California en San Diego

“Pero las nuevas generaciones, los jóvenes tiene una relación pragmática con EE.UU.”, considera.

Por su parte, el internacionalista César Villanueva considera que hay admiración, más que amor, de mexicanos hacia estadounidenses. “Hay una relación simbiótica que hay que entender, yo creo que eso es central. Tanto como los estadounidenses se sirven de México, como los mexicanos de Estados Unidos”,

Del lado opuesto, señala que los estadounidenses solo llegan a admirar ciertos aspectos de México, pero asegura que es mayor su desconocimiento del país vecino: “Hay códigos culturales que nos llevan a una incomprensión muy muy marcada”.

¿Qué es lo que hace que mexicanos y estadounidenses vivan una relación tan contrastante, para muchos de “amor y odio”?

1. La herida abierta en México

Hay un punto en la historia de ambos países que ha definido el sentimiento de muchos mexicanos, principalmente de las generaciones que crecieron en el siglo XX, coinciden los expertos: la pérdida de la mitad del territorio mexicano a manos de EE.UU.

Separatistas del territorio mexicano de Texas -apoyados por el gobierno de EE.UU.- autoproclamaron la independencia en 1836. La disputa por ese territorio desembocó con el paso de los años en la invasión de EE.UU. a México en 1846.

Con el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, firmado por ambos países el 2 de febrero de 1848, EE.UU. pasó a tener 2,1 millones de kilómetros cuadrados más bajo sus dominios. Y el territorio mexicano se redujo en un 55%.

Este episodio, uno de los más oscuros en la historia de México, ha definido históricamente el sentimiento de los mexicanos hacia los estadounidenses.

Fronteras durante los años de conflicto

BBC

“Teníamos un territorio enorme, el doble de lo que tenemos ahora, pero estaba muy poco poblado. En esa lógica se dio un choque histórico que siempre va a quedar como una huella. Una guerra de los dos países en la que hubo un ganador. Pero si esa expansión hubiera venido de China, Rusia o Canadá, el país era de todas maneras proclive a perder ese territorio“, dice Villanueva.

“Es una herida histórica que va a quedar ahí irremediablemente. Podría cambiarse, pero no hemos hecho un proceso de reconciliación para hacerlo”, añade.

Fernández considera que esto marcó la educación de generaciones como las de él, ya que en la educación pública se enseñó así durante décadas.

Se nos enseñó que la fuente de todos los males era EE.UU. Si hay violencia, es porque EE.UU. demanda droga, porque manda armas”, señala Fernández.

https://www.youtube.com/watch?v=BKNQNzyRydw

“Pero los jóvenes ya no tienen tanto el peso de esa historia de nuestra generación”.

2. La cultura como puente

Por otra parte, uno de los factores clave de simpatía entre mexicanos y estadounidenses es el ámbito cultural, artístico, deportivo y académico.

La gastronomía mexicana está entre las tres cocinas extranjeras favoritas de los estadounidenses, junto a la china y la italiana, según diversos sondeos, como los de Gallup.

Del lado mexicano, el consumo de cine, televisión y algunos deportes estadounidenses -como el basquetbol, el fútbol americano o el béisbol- supera al de cualquier otro país.

Incluso el español cada vez tiene más presencia en EE.UU., país en el que 60% de los latinos son de origen mexicano. “Se ha vuelto un vehículo de comunicación”, dice Villanueva.

Alejandro González Iñárritu, Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón en Cannes, Francia

Getty Images
Alejandro González Iñárritu, Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón son tres directores mexicanos que han triunfado en Hollywood, el principal cine de consumo mexicano.

“A través de la cultura es donde los acercamientos han sido más visibles y victoriosos, pero se da en dos niveles: uno natural, abierto, como los intercambios artísticos, organizaciones, generalmente anclados a lazos previos, familiares”, señala el investigador.

También en un “intercambio subterráneo, poco visible” de productos culturales como la medicina tradicional o en el ámbito de la industria de la moda.

El experto en la imagen de México en el extranjero señala que los mexicanos “admiran su ciencia, sus inventos, sus logros”, pues México no ha avanzado ese camino. “México no es un pueblo así. Es un pueblo que le ha costado llegar a la modernidad. Que prefiere las formas tradicionales que las modernas“.

Y curiosamente, las tradiciones culturales mexicanas son admiradas en Estados Unidos.

Miguel, personaje central de la película "Coco" (Foto: Disney/Pixar)

Disney/Pixar
“Coco” fue la película más taquillera en la historia de México, un intento de Hollywood de mostrar la cultura mexicana del Día de Muertos (para algunos, con muchos estereotipos).

Fernández de Castro advierte que hay un “estereotipo que ha venido ganando terreno” en la imagen que tienen los estadounidenses de México, difundida a través de los medios y productos culturales.

“Un México lleno de droga, muy violento, corrupción. Y no la sociedad vibrante que es el país. Sí hay muchos problemas en México, pero también muchos elementos de desarrollo. Está muy distorsionada la imagen de México en EE.UU.”, considera.

3. La unión comercial y el recelo

Muy ligado a la cultura o el deporte comercializada, señalan los analistas, está la forma en que ambos países se han relacionado económicamente.

Estados Unidos es el principal país de destino de lo que se fabrica o produce en México, y a su vez éste es el segundo de las estadounidenses.

“México está fascinado de ser vecino del mercado más grande del mundo”, señala Fernández de Castro. “Si la economía de EE.UU. está creciendo, hace que crezca le producto interno bruto mexicano”.

Pero esto en años recientes fue un punto que crispó las opiniones de los vecinos, cuando el presidente Trump criticó el déficit estadounidense en la balanza comercial y la mudanza de fábricas de EE.UU. a México que generaban desempleo en su país.

Una simpatizante de Trump con un cartel que dice "Construyan el muro"

Getty Images
“Construyan el muro”. Muchos republicanos en EE.UU. se conectaron con el discurso nacionalista de Trump en su campaña y a lo largo de su presidencia (2017-2021).

Una encuesta de Gallup en 2018 indicó que la imagen de México entre los estadounidenses tocó un nuevo nivel más bajo, con 26% de los encuestados que pensaban que el vecino del sur era “enemigo”.

En otro estudio de 2019, el PRC preguntó las primeras palabras que le vienen a la mente a los mexicanos al pensar en EE.UU.: “dinero”, “trabajo” y “mal”. Entre mexicanos, 31% usó palabras negativas y 40% neutrales para referirse a EE.UU.

“México tiene una admiración, no tanto al estadounidense en sí, sino a su modernidad. Una que no tiene México. Es un país que rápidamente se industrializó, se modernizó, con procesos de producción fuertes y se posicionó como una potencia mundial rápidamente en el siglo XX”, sostiene Villanueva.

La historia explica en parte esto, según el experto: “México vivió más de tres siglos de colonialismo y eso generó una visión colonial, de dependencia. Eso va marcando pautas de desarrollo”, señala.

porcentaje de mexicanos en las industrias estadounidenses

Cecilia Tombesi / BBC

A eso hay que añadir que en México históricamente se ha percibido que Estados Unidos le da un trato no prioritario. La frase “México es el patio trasero de EE.UU.” suele aparecer en los debates del tema.

“Las opiniones más negativas sobre México en el mundo vienen de los estadounidenses”, adelanta Villanueva sobre un nuevo estudio que prepara. “Sí, nos perciben como una amenaza, como un país dependiente y subdesarrollado. Y en pocos sentidos como un país aliado”, afirma.

4. Disfrutar el país vecino (o no)

Visitar al vecino, por turismo o para vivir ahí, es otra condición que marca sentimientos en la relación entre México y EE.UU.

En cuestión de turismo, 10,5 millones de estadounidenses llegaron a México por vía aérea en 2019, lo que representa 55% de todos los extranjeros que visitaron el país de esa manera. Además, 1,5 millones viven en el país, según el Departamento de Estado de EE.UU., lo cual es la mayor población estadounidense fuera de su país.

Grandes comunidades de jubilados residen en poblaciones turísticas de México. “Ven que pueden llevar una vida espectacular en México con sus ahorros de retirados”, señala Villanueva.

Pero también hay jóvenes, como Noelle Brooks, quien “ama a México” y a través de TikTok comparte su experiencia de vivir en Campeche.

“No sabes cuántos mensajes recibo de que me van a secuestrar, de que es peligroso”, cuenta en un video reciente en el que enfatiza que la gente en su país no entiende lo grande y diverso que es México.

“Para poner las cosas en perspectiva, la ciudad en la que vivo es significativamente, muy significativamente, más segura de las que he vivido en EE.UU.“, como Sain tLouis y Kansas City, explica.

Por otra parte, México es el principal país de origen de los visitantes a EE.UU., con casi 21,4 millones en 2019. Y se estima que allí viven unas 36 millones de personas mexicanas o de origen mexicano.

Ambas naciones comparten 3.100 km de una frontera catalogada como una de las más transitadas del mundo.

La frontera de Tijuana

Getty Images
La frontera de Tijuana con el área de San Diego es una de las más transitadas de México y el mundo.

Sin embargo, mientras los estadounidenses pueden entrar a México fácilmente, incluso mudarse si lo desean, para la mayoría de los mexicanos conseguir una visa de turista de EE.UU. es complicado, más aún un permiso de trabajo.

“Claramente es un asunto que es visto como rechazo de EE.UU. No es amistoso hacer eso. Cualquiera puede ir y solicitar la visa, pero por todo lo que se requiere la mayoría no logra conseguirla”, señala Villanueva.

“Lo que el mexicano ve es que a EE.UU. realmente no le interesa hacer una integración real de Norteamérica. Le interesa lo comercial, mejorar su competitividad, pero no integrar a una nación a la cual le teme”, considera.

Por otra parte, migrar sin documentos ha dejado de ser atractivo para los mexicanos, que desde la década de 2000 ha visto una gran disminución entre los que intentan cruzar la frontera, según muestran las estadísticas del Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU.

1 de cada 6 estadounidenses es de origen hispano

Cecilia Tombesi / BBC

El experto en migración Giovanni Peri dice a BBC Mundo que esto se debe a tres principales razones: el mejoramiento del ingreso en México que ofrece más oportunidades económicas; el hecho de que demográficamente hay cada vez menos jóvenes menores de 30 años en México, el principal grupo que migra; y el incremento de la seguridad fronteriza.

En ello coincide Villanueva: “Dejó de ser atractivo para muchos irse a Estados Unidos“.

5. El factor racial

Según la encuesta del PRC de 2019, palabras como “discriminación”, “racismo”, “racistas” e “injusticia” se encontraron entre las más frecuentes dichas por los mexicanos al pensar en Estados Unidos.

Villanueva y Fernández coinciden en que existe un componente racial en el sentimiento que hay entre naciones.

“El racismo en EE.UU. no solo se da hacia los afroestadounidenses, sino a quienes son diferentes a los blancos, que se hizo más evidente durante el trumpismo”, dice Fernández de Castro.

Un grupo de supremacistas blancos en EE.UU.

Getty Images
Los grupos radicales identificados con el supremacismo blanco han recobrado fuerza en EE.UU. en los últimos años.

Estados Unidos cada vez se hace más diverso. El último censo muestra que 60% de la población se identifica como blanca, seguida por los latinos (18,5%) y los afroestadounidenses (13,4%) en los primeros tres lugares.

En México, la mayoría de la población es mestiza, y los que se identifican como indígenas son casi el 6%. Pero también hay un componente de racismo en su población, que históricamente ha simpatizado hacia la gente blanca.

Los analistas señalan que hay un temor manifiesto entre la comunidad blanca de EE.UU. a que pueda ser “desplazada” por los grupos de otro origen racial, incluidos los latinos.

“A la migración más nueva se le tiende a ver con desconfianza. Y es algo que le pasó a los italianos en la década de 1930 y 1940. O a los irlandeses. Y hoy nadie diría que los italianos no son parte del mosaico de EE.UU.”.

Villanueva coincide: “A los mexicano-estadounidenses entienden que no van a ser aceptados en EE.UU. porque el racismo es muy fuerte”.


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