Así trafiqué 31 tortugas bebés para un video de Amaral
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Así trafiqué 31 tortugas bebés para un video de Amaral

Crónica de un ecocidio: aquí la historia del rodaje de un videoclip que llevó a sus realizadores desde España hasta Guatemala y al Caribe hondureño. Todo con tal de grabar, en playas de arena blanca, a unas tortugas marinas bebés que nacen en las arenas negras del Pacífico, y reforzar así la popularidad de una banda de músicos, el dúo de pop-rock Amaral, presuntamente identificados con la naturaleza.
Por Andrés Zepeda / Nómada.gt
29 de agosto, 2014
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Foto: Cuartoscuro.

Foto: Cuartoscuro.

Ring. Todo empezó, digamos, con una llamada. El dúo de pop-rock Amaralcontrató a Cristian Pozo, alias el Titán, un joven director de videos musicales célebre por sus trabajos para Pereza y Enrique Bunbury. Ocurrió hace tres años, y si hasta ahora lo cuento es porque consideré preferible dejar el asunto en compás de espera mientras el revuelo de los estrenos, las primicias y los grandes titulares iban cediendo.

El Titán llegó con una idea bajo el brazo: representar una oda a la supervivencia en el contexto del implacable mundo animal, grabando para ello a una tortuguita en el momento de emprender su camino al mar.

Se definió el presupuesto, se pactaron las condiciones, se acordaron los tiempos de entrega y empezaron los preparativos. Había que conseguir un acuario lo suficientemente grande para simular un océano. Nadie, hasta entonces, se había detenido a pensar que las tortugas marinas son especies protegidas y que no se consiguen así de fácil, mucho menos recién nacidas y en cautiverio. Luego se les ocurrió buscar en tiendas de mascotas, pero resulta que las que se venden ahí son de agua dulce, con patas en vez de aletas, incapaces de nadar como no sean tramos muy cortos para guarecerse debajo de las piedras.

Les quedó claro que el camino los llevaría inexorablemente al trópico centroamericano. La primera opción, por supuesto, fue la apacible Costa Rica, pero no tardaron en cambiar de opinión al enterarse de los estrictos controles ejercidos en ese país para proteger su biodiversidad.

El camarógrafo para el rodaje, quien hizo mancuerna con el Titán en varios videoclips y trabajó también para Steven Sodergbergh, había conocido a Chema Rodríguez en el plató de una serie que nunca vio la luz. Sabía que Rodríguez, experimentado documentalista y trotamundos, conocía muy bien América Central, así que decidió llamarlo en busca de consejos y contactos útiles.

Paraíso para transgredir

Chema se ofreció como bisagra de coordinación entre el grupo que vendría desde España y los que habríamos de echarles una mano aquí. De inmediato alertó a sus colegas en Guatemala, incluyendo al autor de esta crónica: no había tiempo que perder. En principio la cosa no parecía tan complicada. Conseguir, de manera clandestina, tres o cuatro tortugas recién nacidas era lo de menos en esta tierra nuestra, paraíso de la impunidad y de las contradicciones legales.

Así, según la Ley de Áreas Protegidas, quien recolecte, corte o utilice especies de flora y fauna silvestre tendrá entre cinco a diez años de prisión o multa de Q10 mil a Q20 mil. Nuestro país es el único de la región donde no es prohibido el consumo de huevos de parlama. Se venden por quintales en los mercados y ningún ecologista dice nada. Desde que la superstición popular les atribuye propiedades afrodisíacas se sirven de dos en dos en las cevicherías, acompañados de jugo V8 con salsa inglesa, sal y jugo de limón. No hay macho que se precie de serlo que no haya sentido ese par de bodoques viscosos escurriéndole por el gaznate.

Según la resolución 1-21-2012 del Consejo Nacional de Áreas Protegidas, mientras se entregue el 20% para conservación, el resto de huevos sí se puede comercializar. Mientras tanto, el tráfico y comercio de tortugas baules yparlamas está severamente sancionado por contarse entre las especies contempladas en la protección internacional del tratado CITES, del que Guatemala es signatario.

Nuestra primera misión consistía en conseguir una parlamita recién salida del cascarón, y mejor si más, por aquello de los imprevistos. Y nuestro primer obstáculo fue que a esas alturas, a principios de agosto, la temporada de nacimientos no arrancaba oficialmente todavía. Apenas se esperaban los primeros casos en los días venideros. No había manera de asegurar nada. Regamos entonces la voz, desde Sipacate, Escuintla, hasta Hawaii, Santa Rosa. La necesidad de los pobladores se encargó del resto.

Conseguimos doce. Las fuimos a traer a la covacha de un pescador que vivía cerca de El Paredón. Habían nacido diez horas antes y estaban expuestas al sol, resecándose en una cubeta de arena sin agua, a punto de la inanición. La noche antes de empezar a rodar nos ofrecieron otras cinco. Cogimos diecinueve y nadie se dio cuenta. Pensaron que era para liberarlas. Qué equivocados estaban.

El Titán pedía una piscina para grabar algún plano cerrado de la tortuguita nadando. Le dijimos que sería muy difícil asegurar algo así en agua dulce tratada con cloro. No conseguimos disuadirlo. Tuvimos que vaciar una y llenarla de agua filtrada de mar.

Quería, además, hilo de pesca «para atar a las tortugas y evitar que huyan». Le explicamos que los animales no son un 4×4 que vienen con gancho detrás. Pidió también cerrar una zona de la orilla de la playa para rodar sin ser vistos. Lo mandamos al carajo. Era más importante conseguir equipo de buceo, un protector subacuático para la cámara, internet portátil y un listado de animales disponibles para debutar en la historia como antagonistas: iguanas, cangrejos, sapos, lagartijas, erizos, jutes, tepocates, cuyos.

La necesidad de ir a una isla se impuso al caer en cuenta de tres factores que anulaban cualquier posibilidad de nitidez a la hora de registrar, en su hábitat natural, a estos animales: su color, el color de la arena y la turbiedad de las aguas en plena época lluviosa, cuando los ríos achocolatados bajan del Altiplano y de las fincas de caña de azúcar.

Condenadas a perecer

Las tortugas estaban condenadas a morirse desde el mismo momento en que fueron capturadas en vez de devolverse inmediatamente al mar, ya que al salir de sus huevos cuentan apenas con la reserva de energía suficiente para nadar durante dos días y dos noches seguidas hasta llegar a la Corriente del Golfo, una especie de gran carretera interoceánica donde luego pueden descansar en una isla de algas.

Es importante que las tortuguitas se abran paso por sí solas hasta alcanzar la marea (y no «ayudarlas»

dejándolas más cerca del oleaje o directamente en el agua) porque esos metros en la arena fortalecen sus extremidades y, además, les sirven para registrar en su memoria el lugar en el mapa en el que un día regresarán a poner sus huevos.

Algunas son devoradas por perros, cangrejos, gaviotas y humanos antes de alcanzar la orilla. La mitad muere durante las primeras horas del viaje. Sólo una de cada mil tortugas sobrevive para volver, diez años más tarde, a desovar ahí mismo. La naturaleza se encarga de compensar tanta amenaza permitiendo que cada parlama, una vez preñada, ponga alrededor de 140 huevos.

Hacia lo salvaje

Finalmente llegaron a Guatemala los viajeros realizadores del video. Estaban listas las tortugas, debidamente instaladas en dos toneles de baja altura, con agua de mar y un motorcito de aire para procurarles oxígeno. En esos recipientes (cubiertos con las pataletas, los tubos respiradores y los anteojos de buceo para disimular y no atraer las miradas curiosas) llegarían escondidas hasta la isla de Roatán, en el Caribe hondureño. Teníamos todo preparado.

Lo más delicado fue el traslado por tierra desde el Pacífico hasta el Caribe. Estábamos arriesgándolo todo: el peligro de ser descubiertos, la presumible detención, el castigo respectivo, el aborto de la misión encomendada. Queríamos hacer el viaje lo más rápido posible, pero intentando no pasar por la capital para evitar controles de la policía. Salimos a las cuatro y media de la mañana, tomamos la ruta que va de Puerto Quetzal a Escuintla, luego a la derecha hasta Chiquimulilla, por donde subimos hasta Barberena y de ahí, carretera a El Salvador, cruzamos hacia Ipala para bajar por Esquipulas e ingresar a Honduras vía Jocotán, por la frontera de El Florido.

 

El tráfico del Pacífico al Caribe, frente a la isla de Roatán.

Todos nuestros temores (las medidas preventivas que tomamos, la decisión de qué ruta tomar, la idea de ocultar las tortuguitas debajo del equipo de buceo) acabaron siendo innecesarios. Ningún puesto de registro nos sorprendió en el camino. En el paso fronterizo la cosa fluyó sin dificultad, lo cual no es extraño si se tiene en cuenta la extrema porosidad migratoria fomentada por la corrupción y el narcotráfico. A la hora de mostrar los documentos nos hicimos pasar como turistas de visita a las islas de la Bahía, enclaves de tranquilidad en el país más violento del mundo. Los agentes ni siquiera entraron a revisar el vehículo.

Ya en suelo hondureño seguimos viento en popa hasta La Ceiba, donde nos esperaba la movida más delicada de la operación: ingresar el equipaje, contrabando incluido, en el buque transbordador. Con tanto flujo de visitantes, y disimuladas entre todos los chunches que llevábamos, nadie se fijó en las tortuguitas. Exhaustos, pero gloriosos, llegamos a Roatán antes del atardecer.

Territorio pirata

Vencido por el desgaste, Chema Rodríguez, el hombre bisagra, cortó relaciones con sus dos compatriotas y para colmo tuvo que volver a España en atención a una emergencia de índole familiar. Su puesto pasé a ocuparlo yo, responsable a partir de entonces de lidiar con 31 reptiles, un director divo, su camarógrafo y un facilitador operativo.

Mediar para que el equipo no se agarrara a golpes resultó ser más difícil que cuidar a las tortugas, quienes para entonces se habían ganado la simpatía de todos y el corazón del facilitador, que incluso podía distinguirlas y le había puesto nombre a varias de ellas: Dory, Fany, Petunia, Daisy, Beatriz y, por supuesto, Matilde, la máxima estrella, la crack infatigable.

En su epopeya, la protagonista del video debía toparse con un sapo. El Titánquería registrarlo estando quieto, pero el animal, por instinto, saltaba tratando de huir. En el minuto 3:38 del videoclip puede vérsele la irritación alrededor del ojo, efecto de los varios chancletazos que recibió hasta quedar debidamente azurumbado. Parecía como Stallone al final de Rocky IV. «Esto no se lo vamos a contar a Amaral», bromeábamos.

Contaré pocos detalles del rodaje por tratarse de un proceso bastante monótono, con jornadas extenuantes atendiendo minucias técnicas sin mayor importancia aparente. Conforme pasaban los días iba haciéndoseme cada vez más fuerte la impresión de estar formando parte de un proyecto absurdo, inspirado en el apego a las apariencias y realizado al servicio de un mercado voraz, insensible, ciego, sin alma.

‘Es increíble lo idiota que puede llegar a ser esta industria que hoy me remunera’, pensaba. ‘Se pasa horas enteras e invierte decenas de miles de euros dirigiendo el lente hacia el lado equivocado’. Mientras tanto, detrás de las cámaras la realidad circundante (autoridades cooptadas, abandono del Estado, turismo sexual, violencia contra la mujer, miseria, inequidad, impunidad, trasiego intensivo de drogas) pedía a gritos ser registrada.

Desenlace con video y fondo musical

A pesar de todo, y tras haber sabido disipar varias rencillas dignas de una telenovela, logramos concluir con éxito el rodaje y regresar a Guatemala sin contratiempos. Antes de abandonar Roatán, el sentimentalismo provocó que los demás miembros del equipo se inclinaran por soltar en la orilla a las 30 tortuguitas que nos quedaban (a la otra la perdimos durante el registro de un plano bajo el agua). Pragmático, yo había votado por hervirlas en una olla y hacerlas caldo, pero mis compañeros eligieron una finta más solemne para el acto de despedida.

De cualquier manera, ninguna de las parlamas tenía posibilidades de sobrevivir en un hábitat ajeno, con temperatura, grado de pH y porcentaje de salinidad distintos. Expuestas durante tanto tiempo a la luz directa del sol, lo más probable era que a esas alturas estuvieran ya completamente ciegas. Además, su asombroso pero frágil sistema de geolocalización había sido alterado desde un principio. Por último, pero no por ello menos importante, una vez liberadas les tocó abrirse paso en un arrecife de coral abundante en fauna depredadora. Seguramente las barracudas tardaron muy poco en merendárselas, aprovechando que mis colegas no quisieron hacerlo.

El video se presentó y fascinó a los dos miembros de la banda y a los representantes de la casa disquera por igual. La prensa elogió el resultado y le dedicó varias reseñas, como esta en El País. La canción, que de tanto escucharla acabó por hacerme recordar un viejo tema de los Cranberries, vendió 30 mil copias a una semana de su lanzamiento y obtuvo con ello un disco de oro.

Algunas tomas de archivo con tiburones fueron adquiridas posteriormente, e insertadas en la secuencia final. El resto provino de esos diez días, del 25 de agosto al 4 de septiembre del año 2011, en los que hicimos posible un rodaje estrafalario (por decir lo menos) y, de paso, fuimos cómplices de un ecocidio.

No me siento particularmente orgulloso de haber participado en algo así, pero tampoco me arrepiento de la experiencia. La naturaleza es aún más despiadada e insensible que nosotros. La realidad guatemalteca y hondureña, también.

*Lee la nota también en Nómada.

**Nota publicada el 28 de agosto de 2014.

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Emma Coronel y el creciente papel de las mujeres en el narcotráfico de México

Emma Coronel, esposa de "El Chapo", es la última pareja de un líder del narco mexicano en ser acusada de participar activamente en los negocios de su marido. Los roles de las mujeres en estos grupos son diversos y, en muchas ocasiones, acaban siendo víctimas de la propia violencia del crimen organizado.
25 de febrero, 2021
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La acusación de Estados Unidos que llevó a la reciente detención de la esposa de Joaquín “El Chapo” Guzmán es tajante al describir su supuesto grado de implicación en las actividades delictivas del capo.

El señalamiento judicial sobre Emma Coronel, quien enfrenta cargos de narcotráfico internacional, afirma que la joven tenía absoluto conocimiento de las operaciones del cartel de Sinaloa dirigido por su marido y que, presuntamente, participó en algunas de sus operaciones.

“Coronel entendía que los ingresos de la droga que controló durante su matrimonio con Guzmán derivaban de estos envíos (de droga a EU). De 2012 a 2014, transmitió mensajes en nombre de Guzmán para promover actividades de narcotráfico mientras él intentaba evitar su captura por parte de las autoridades mexicanas”, se lee en el documento.

La joven es incluso acusada de conspirar para que “El Chapo” pudiera escapar de una cárcel en México mediante el pago de un millonario soborno a funcionarios antes de que finalmente fuera extraditado a Nueva York y condenado a cadena perpetua.

Será la justicia la que determine la veracidad de esta investigación en la que se citan testigos cooperantes anónimos y cartas, pero a juzgar por los cargos, el Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) parece tener claro que Coronel no era en absoluto ajena a los negocios de “El Chapo”.

Como supuestamente en su caso, la presencia de las mujeres en el narcotráfico y otras actividades del crimen organizado creció en los últimos años en México y, con ello, sus roles también han ido variando.

“El papel de las mujeres en general ha ido en aumento en estas organizaciones. Coronel viene además de una familia de narcotraficantes y, por la edad que tiene, no es una persona que haya podido estar de manera pasiva” ante lo que ocurría a su alrededor, le dice a BBC Mundo Alberto Islas, experto en seguridad.

Precisamente por ese entorno condicionante y por las características de un mundo absolutamente dominado por hombres, entender los motivos por el que las mujeres se implican en él resulta bastante más complejo que asociarlo a un simple y único deseo de poder y dinero.

Roles diversos

Según el informe de 2020 “Mujeres y crimen organizado en Latinoamérica: más que víctimas o victimarias”, las mujeres “no solo ejercen una multiplicidad de roles, sino que oscilan fluidamente entre la condición de víctimas y objetos y la de protagonistas y sujetos activos de las acciones criminales”.

No obstante, el informe de la Universidad del Rosario en Colombia e InSight Crime identifica que la mayoría de mujeres en estos grupos asumen roles criminales de baja responsabilidad que los líderes hombres les delegan.

Cartel de El Chapo

AFP
La mayoría de mujeres en el crimen organizado asumen roles de baja responsabilidad que los líderes hombres les otorgan.

Estos papeles abarcan desde trabajo en cultivos de droga, como “mulas” para transportar sustancias, en la organización logística y financiera o en labores de microtráfico o “narcomenudeo”, entre otras.

Sin embargo, y aunque son una clara minoría, el estudio destaca que también hay mujeres “que ejercen distintos papeles por voluntad propia, que pueden ser protagónicos y a veces de liderazgo”.

En el caso de México, uno de los nombres más reconocidos es el de Enedina Arellano Félix, a quien en su momento las autoridades mexicanas consideraron la única mujer al frente de una organización de narcotráfico por ser jefa del cartel de Tijuana.

Conocida como “La jefa” o “La narcomami”, llegó a esa posición después de que casi todos sus hermanos varones —fundadores del cartel— perdieran la vida o fueran capturados por las autoridades.

Otro caso muy popular es el de Sandra Ávila Beltrán o “La reina del Pacífico”, a quien se le acusó cuando fue detenida en 2007 de ser una pieza clave en las operaciones del cartel de Sinaloa.

Sin embargo, ella siempre negó tener influencia en el negocio del narcotráfico y algunos creen que, más por sus actividades, cobró más fama realmente por creerse que inspiró la novela “La reina del sur”, algo que su autor Arturo Pérez-Reverte negó.

libro de Sandra Avila

BBC
Ávila relató su historia en el libro “La reina del Pacífico: es la hora de contar”.

También está Leticia Rodríguez Lara, conocida como “La reina de la Riviera Maya”, quien controló esta zona turística y se enfrentó para defender su mercado contra el Cartel Jalisco Nueva Generación de “El Mencho”.

O Ignacia Jasso, “La Nacha”, una de las mujeres pioneras en el narcotráfico en México al dedicarse al tráfico de drogas en el estado de Chihuahua desde 1930.

Víctimas y relaciones sentimentales

“Es cierto que, y probablemente venga de la evolución de la igualdad de género en los últimos años, hay un empoderamiento ‘para mal’ de mujeres que van tomando liderazgo en estructuras criminales” en pequeñas o medianas bandas, le dice a BBC Mundo Sandra Romandía, periodista mexicana especializada en temas de narcotráfico.

Sin embargo, la experta destaca que en un gran número de casos hay un factor fundamental a la hora de entender el estatus de estas mujeres en el crimen organizado: sus relaciones familiares o sentimentales.

Así, son muchas las esposas, madres o hijas a las que se ha señalado por haberse implicado en el negocio de líderes de carteles o incluso haberlo asumido después de que estos murieran o fueran detenidos, como Enedina Arellano.

Lo vimos por ejemplo poco antes de la detención del líder del cartel de Santa Rosa de Lima, José Antonio Yépez “El Marro”, cuando su madre, hermana y prima fueron también arrestadas como presuntas operadoras financieras del grupo criminal pero fueron liberadas tras denunciar tortura.

En muchas ocasiones, novias o esposas de líderes acaban convirtiéndose en víctimas subordinadas a los hombres al ser utilizadas, por ejemplo, para ayudarlos a cometer delitos.

Según el informe de Insight Crime, el encarcelamiento de mujeres en América Latina por delitos asociados al crimen organizado, en especial el narcotráfico, aumentó en la última década.

En México, la población carcelaria femenina general creció un 56% entre 2010 y 2015, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía recopilados por el informe.

Carcel en Mexico

Getty Images
El número de mujeres en prisión en México creció un 56% entre 2010 y 2015.

“Está documentado que no todas, pero muchas de las mujeres que cumplen condena por delitos de drogas, lo hacen por lealtad a sus parejas o por amenazas de ellos“, destaca Romandía.

Según la experta, muchas de estas situaciones surgen un esquema machista en el que las mujeres tienen miedo a decir que no, lo que tiene más que ver con la estructura de valores del propio género “y no tanto como un deseo de poder de ellas” para adentrarse en ese negocio.

“Y, en muchos casos, no es más que una inercia de seguir el negocio familiar porque es lo que les dejó el esposo, y es lo que saben hacer”, agrega la coautora del libro “Narco CDMX”.

Feminicidios y crimen organizado

Según datos del servicio de emergencias 911 en México del pasado mes de agosto, en torno al 60% de los asesinatos de mujeres hasta entonces en 2020 estarían relacionado con el crimen organizado.

Pero eso no quiere decir que todas las mujeres estén involucradas en ello. En ocasiones, de nuevo, se convierten en una especie de víctimas colaterales de las actividades ilícitas de sus parejas.

Cartel en manifestacion contra violencia de genero en CDMX

AFP
Hasta el 60% de los asesinatos de mujeres durante los primeros meses de 2020 en México estaban relacionados con el crimen organizado.

“Algunas son asesinadas simplemente porque tienen un parentesco o son pareja sentimental de alguien del grupo contrario. También algunos usan los cuerpos de las mujeres para mandar mensajes amenazantes a sus rivales”, le dice a BBC Mundo la investigadora María Salguero.

Salguero, creadora del Mapa de Feminicidios en México en el que recopila desde hace años todos los que se registran en el país, dice que estas muertes vinculadas al crimen organizado se mantuvieron también en pandemia, lo que demostró que “no todas las mujeres estaban siendo asesinadas por sus parejas en el confinamiento”.

La experta no niega que haya mujeres involucradas directamente en narcotráfico, pero incluso en estos casos, alerta que muchas veces hay causas relacionadas directamente con su género que explican su decisión.

“Casi siempre hay historias de desigualdad detrás de ellas. Siendo narcomenudistas, pueden ganar como un dólar por paquete que venden. Son mujeres vulnerables que a veces tienen que sacar adelante a la familia, no encuentran trabajo… y se involucran en estos grupos, muchas veces motivadas también por el entorno”, explica.

“Buchonas”

La realidad de muchas de estas mujeres descrita por los expertos, por tanto, dista mucho de la imagen de lujo o glamour que muestran algunas películas o series de televisión sobre “reinas del narco”.

El concepto de la narcocultura es el que exalta la violencia del narcotraficante y todo el dinero ganado con su negocio criminal, mientras que sus mujeres pueden ser vinculadas al mundo del crimen organizado casi como objetos que los hombres utilizan para exhibir su poder y éxito.

Tequila de El Chapo

AFP
El nombre de “El Chapo” fue incluso registrado como marca por una de sus hijas para producir tequilas, joyas y otros artículos y como modo de atraer la atención de cierto público.

Estas mujeres, conocidas popularmente como “buchonas”, presumen con orgullo de ser la pareja de un líder criminal y de la vida de lujo que eso les permite llevar en forma de joyas, autos de lujo u operaciones quirúrgicas para lucir cuerpos esculturales.

Esa cultura del derroche y de ostentación del dinero suele ser más habitual entre parejas sentimentales de mandos medios o medios-bajos de grupos criminales.

Pero llama mucho la atención que Coronel, siendo esposa de uno de los capos más buscados del mundo como lo fue “El Chapo”, tuviera una presencia tan mediática y pública.

En los últimos meses, promocionaba empresas entre su casi medio millón de seguidores en Instagram. Intentó crear una marca de ropa y accesorios de lujo con el nombre de su marido e incluso apareció en un programa de televisión enfocado en la vida de personas o familiares vinculados en algún momento con carteles.

“Su actitud y falta de discreción fue desafiante e, indudablemente, con ese protagonismo en medios estaba cruzando líneas rojas en términos de tolerancia de las autoridades”, le dice a BBC Mundo Javier Oliva, analista y experto en seguridad de la Facultad de Ciencias Sociales y Políticas de la UNAM.

Coronel

Getty Images
Coronel tenía una presencia mediática muy poco habitual entre parejas de grandes capos del narcotráfico.

El hecho de que las mujeres en el crimen organizado no sean aún tan conocidas responde, indudablemente, a que su presencia es todavía anecdótica en comparación con los hombres. Pero Romandía pronostica cambios.

“Aún no hay un liderazgo de mujer que esté poniendo en jaque a las autoridades. Pero sí probablemente lo empezaremos a ver en los próximos años, por el papel importante que algunas están tomando en bandas de menor tamaño”, dice.

“Aún no han tenido una exposición mediática muy evidente como para que se cree un personaje o una leyenda alrededor de ellas… pero acabará ocurriendo”, concluye la periodista.


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