Cómo viven los palestinos en Gaza bajo el gobierno de Hamas
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Cómo viven los palestinos en Gaza bajo el gobierno de Hamas

Hoy en día, en medio del conflicto con Israel, Hamas tiene un respaldo casi total en Gaza, pero su gobierno ha recibido críticas diversas por parte de los palestinos que viven bajo su administración.
2 de agosto, 2014
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Una familia palestina observa como los servicios de emergencia buscan cadáveres entre los escombros en Gaza, el 21 de julio de 2014. (Foto AP/Khalil Hamra, Archivo)

Una familia palestina observa como los servicios de emergencia buscan cadáveres entre los escombros en Gaza, el 21 de julio de 2014. (Foto AP/Khalil Hamra, Archivo)

Hoy en día es difícil que en la Franja de Gaza se exhiba abiertamente la oposición o disconformidad con Hamas. Hay una guerra y las prioridades tienen que ver con el combate y la defensa.

Sin embargo, eso no implica que el respaldo al grupo sea -o fuera algunas semanas atrás- total y absoluto en el territorio que gobierna tras ganar las elecciones en 2006, luego de que en 2005 Israel retirara de forma unilateral sus tropas de ese territorio palestino y desalojara a sus 7.000 colonos.

De acuerdo con la más reciente encuesta del Centro Palestino de Políticas e Investigación (Palestinian Center for Policy and Survey Research, PCPSR), con base en Cisjordania, que se llevó a cabo en diciembre de 2013, la intención de voto favorable a Hamas en Gaza habría sido del 33%, un descenso respecto al 39% que el grupo obtuvo en una consulta realizada en septiembre por el PCPSR.

La encuesta también mostraba una caída en la valoración positiva de las condiciones de vida en la Franja, que pasó de 21% en septiembre a 16%. El 65% de los encuestados decía a fin de 2013 que las condiciones en el territorio eran malas o muy malas.

Este es un punto importante, porque desde su nacimiento Hamas ha tenido, además del de la lucha armada contra Israel, el propósito de establecer programas de bienestar social en Gaza.

Servicios

No obstante, más allá de las opiniones acerca de Hamas y su administración del territorio que gobierna, no puede dejar de mencionarse el profundo impacto que tiene sobre la vida cotidiana en la Franja de Gaza el bloqueo que Israel impuso sobre el territorio desde que Hamas llegó al poder y que ha dificultado el cumplimento de las promesas sociales del grupo.

Eso ha restringido el movimiento de bienes, servicios y de gente. Cierto es también que según la encuesta de PCPSR, la percepción de corrupción en las instituciones públicas del gobierno de Hamas era del 68%.

Hisham Hellyer, especialista en Medio Oriente del centro de análisis británico RUSI (Royal United Services Institute), cree que Hamas demostró ser muy mal gobernante.

Le dijo a BBC Mundo: “No le dieron buenos servicios a los habitantes de Gaza”.

Dando respaldo a esta visión, Rushdi Abualouf, de la BBC en Gaza, dice que “toda la infraestructura, los caminos, las cloacas fueron obra y son mantenidas por asistencia internacional, no Hamas”.

Y de los 1,8 millones de habitantes de la Franja, 900.000 reciben alimentos y servicios de salud de Naciones Unidas.

Esto hace ver menos apetecibles aún los impuestos que el gobierno de Hamas cobra a sus ciudadanos, que son de por sí un motivo de descontento.

Las importaciones a Gaza pasan por Israel, cuenta Abualouf. Pero como Israel y Hamas no hablan, primero pasan por las manos de Fatah, que controla el otro territorio palestino, Cisjordania.

Ahí se le aplica a las mercancías un impuesto. Al entrar a Gaza, Hamas le aplica uno nuevo. Los palestinos de Gaza pagan doble, explica Abualouf.

Paso atrás

Mientras los Hermanos Musulmanes, grupo al que Hamas está vinculado, estuvieron en el poder en Egipto, la frontera de Gaza con ese país se abrió, ofreciendo una alternativa para la entrada de bienes y el movimiento de personas.

Pero al tomar el poder Abdel Fattah al Sisi, el paso de Rafah, en el sur de Gaza, volvió a cerrarse.

Esto, sumado a que perdió el respaldo de Siria e Irán durante la Primavera Árabe, dejó a Hamas en una posición muy débil aun antes del inicio del conflicto con Israel.

El corresponsal de la BBC en Jerusalén, Kevin Connolly, estimó que antes de la ruptura con Irán, el grupo islámico recibía, por mes, unos US$20 millones por parte de Irán, dinero que pagaba parte del aparato administrativo de la Franja.

La falta de fondos llevó a que en estos meses quedara imposibilitado de pagar los salarios de los 40.000 empleados públicos de Gaza.

Mientras que el salario promedio en Gaza es de unos 1,832 shekels (US$534 al mes), el desempleo ascendía en la Franja al 40,85% (más del el 50% entre los jóvenes), también significativamente mayor que en Cisjordania.

Antes del inicio de la actual operación israelí sobre Gaza, un 21% de los palestinos vivían allí en una severa pobreza comparado con el 7,8% de población en extrema pobreza en el otro territorio palestino, en Cisjordania, dominado por Fatah, facción opuesta a Hamas.

Hay varios parámetros para medir la extrema pobreza. La Agencia de Socorro para los Refugiados Palestinos de Naciones Unidas, UNRWA, coloca esa pobreza en Gaza en por debajo de US$4 diarios.

Sin embarog, un informe del Banco Mundial, en 2008, colocó la línea de la pobreza en US$1,25 al día.

Otros grupos

Alison Baily, analista especializada en Medio Oriente de Oxford Analiytica, empresa consultora que ofrece información sobre política y economía global, señala que las dificultades económicas le abren el juego a otros grupos islamistas en Gaza, que amenazan la hegemonía de Hamas.

Por un lado, yihadistas salafistas, que “se están volviendo más populares por la crisis económica”.

“Quienes se unen a ellos consideran que antes de la actual escalada con Israel”, le dijo Baily a BBC Mundo. “Hamas jugaba un rol en contenerlos y en impedir que atacaran a Israel”.

Además de los salafistas está también la Yihad Islámica, segunda fuerza militar de Gaza, que -dice Baily- “tiene fuertes lazos con Irán y su propia agenda”.

En los inicios

Hasta aquí, lo que ocurre en el presente, pero para entender la relación entre los habitantes de Gaza y Hamas también es necesario mirar hacia atrás en la historia.

Hacia fines de los 80 y los 90, “Hamas (nacido en 1987) era visto como marginal y la gente los señalaba como un grupo ‘extremo'”, le cuenta a BBC Mundo desde Estados Unidos, Brian Barber, fundador del Centro para el Estudio de la Juventud y los Conflictos Políticos de la Universidad de Tennessee, quien pasó casi la mitad de sus días en Gaza entre 1995 y 2000 y nunca dejó de visitar el lugar.

Cuando el grupo ganó las elecciones en 2006 fue “una sorpresa para muchos”. “Pero es importante entender que esa victoria fue una respuesta a las fallas de la Autoridad Palestina controlada por Fatah”.

Al ocupar el poder, cuenta Barber, Hamas se ensañó con Fatah y “actuó brutalmente”.

Eso causó divisiones en la sociedad de Gaza, sobre cómo reaccionar ante Hamas. “La gente con la que yo hablaba se veía en conflicto: no aprobaban la mano dura, la agenda extrema de Hamas, pero estaban agradecidos de poder volver a salir a la calle y sentirse seguros tras años de desorden”.

Aunque al principio la recepción a Hamas fue positiva, el grupo empezó a perder cierta popularidad al comenzar a arrestar a miembros de Fatah solo por pertenecer a esa facción.

Límites a la libertad de expresión

A eso se sumaron instancias de intimidación y restricción a la libertad de expresión. Algo que, de acuerdo con la última encuesta del PCPSR, sigue siendo percibido: solo un cuarto de sus encuestados dijo que siente que se puede criticar abiertamente a las Hamas en Gaza.

De hecho, cuenta Abualouf, de la BBC en ese territorio, es poco clara la ley respecto a la reunión de personas.

“Activistas y organizaciones de derechos humanos dicen que no se debería pedir permiso para organizar reuniones, a menos que se vaya a cortar una calle”, cuenta, “pero Hamas dice que no es así, que cualquier reunión de más de ocho personas necesita su permiso”.

“Y si es algo contra Hamas, no dan permiso”.

En cualquier caso, en el actual contexto, para Hisham Hellyer de RUSI, “En el corto y mediano plazo Hamas está en una buena posición para conseguir respaldo de parte de la opinión pública, porque le dijo que ‘no’ a Israel”.

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Desaparecidos en México: 'Encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé'

La crisis de desaparecidos en México suma ya más de 83.500 personas. Muchas madres se han organizado para buscar a sus familiares, incluso en fosas clandestinas. Cecilia Delgado encontró a su hijo en una de ellas.
4 de marzo, 2021
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La noche del 2 de diciembre de 2018 fue la última vez que vieron con vida a Jesús Ramón Martínez Delgado.

Estaba en su negocio en Hermosillo, Sonora, cuando dos policías que llegaron en una patrulla lo subieron en una camioneta que los seguía.

Su madre, Cecilia Delgado, comenzó entonces una búsqueda sin descanso. Primero por hospitales, cárceles, municipios cercanos. Después, en fosas clandestinas, donde lo encontró tras dos años de buscarlo sin descanso.

Su historia es un relato del horror que viven miles y miles de familias en México, donde suman ya más de 83.550 desaparecidos.

BBC Mundo contactó a la fiscalía del estado de Sonora. La vocera dijo que no puede dar mucha información porque es un caso en investigación. Pero la fiscal del estado, Claudia Indira Contreras, ha prometido justicia a Delgado y castigar “a quien sea que resulte culpable”.

Esta es la historia de Cecilia Delgado contada en primera persona


Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cortesía Cecilia Delgado
Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cuando mi hijo desapareció le prometí que lo iba a encontrar.

“Hijo, te prometo que te voy a regresar a casa. Te lo prometo, hijo de mi alma. Así me tarde toda una vida, así te tenga que buscar en el infierno“, le dije.

Después de dos años cumplí mi promesa. No como yo quería, pero lo encontré.

Todavía cierro mis ojos y lo veo en esas condiciones en las que estaba. No se lo merecía.

La noche de su desaparición, Jesús Ramón estaba con un amigo en su negocio, un expendio de cervezas, cuando llegaron una patrulla estatal y otra camioneta, una Chevrolet Silverado blanca con doble cabina.

Además del video de la cámara CCTV hay testigos de que dos policías lo subieron a la camioneta blanca y se lo llevaron. Nadie volvió a verlo vivo.

En la policía estatal me dijeron que me iban ayudar, que me iban a regresar a mi hijo. Me pidieron que me fuera y aseguraron que me iban a llamar. Jamás lo hicieron.

Tuve que encontrar a mi hijo yo sola porque ellos no hicieron su trabajo.

Cecilia Delgado

Lorenza Sigala
A la fecha Cecilia Delgado ha ayudado a exhumar 194 cadáveres.

Mi hijo tenía 34 años cuando se lo llevaron. Era muy alegre, le encantaba la música, bailar, cantar. Me llamaba “mi reina”, siempre me decía que me amaba y me lo demostraba.

Dejó tres hijos. La más pequeña tiene apenas 5 años. Es la que más sufre por la ausencia de su padre. “Abuela, ¿por qué te tardaste tanto en encontrar a mi papá?”, me pregunta llorando sin consuelo. Es algo que me duele en el alma.

Muerta en vida

Que un hijo desaparezca es lo más terrible que le puede pasar a una madre.

Me robaron todo. Me dejaron muerta en vida.

Poster de Buscadoras por la paz

Cortesía Cecilia Delgado
La desaparición de Jesús Ramón llevó a que Cecilia fundara “Buscadoras por la paz”.

Esos dos años fueron el infierno. Siempre pensando: “¿Dónde estará, estará comiendo, lo matarían, qué le harían?”. Es un dolor inimaginable que me carcome por dentro. Nunca jamás en la vida pensé que existiera tanto dolor.

En las noches, en la soledad y la oscuridad, la incertidumbre pega todavía más.

Todavía voy caminando y siento que es solo el cuero, porque yo ya estoy muerta por dentro. Yo estoy muerta.

Perdí las ilusiones de todo, las ganas de vivir. Solo me movía el saber que si yo no buscaba a mi hijo, nadie lo iba a hacer. Que si yo moría, nadie lo iba a encontrar.

Empecé a buscarlo por hospitales, cárceles, en muchos de los municipios de Sonora.

Luego empecé a excavar fosas clandestinas. Aunque en mi corazón siempre desee que estuviera vivo. Y se lo pedía a dios.

Me uní a un par de colectivos que excavan fosas clandestinas. Y luego, fundé el mío, Buscadoras por la Paz Sonora.

“Buscamos tesoros”

La mayoría de veces nos enteramos de la ubicación de esas fosas, donde han enterrado cuerpos, por llamadas anónimas.

Vamos allí armadas. Nuestras armas son el pico, la pala y una varilla. Vamos a donde sea, al campo, al monte, incluso a casas. Aquí el clima es extremo, el calor a veces supera los 50 grados centígrados, vemos cómo el vapor sale de la tierra. Otras veces, un frío que congela.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Lorenza Sigala
Las mujeres del colectivo buscan incansablemente a sus hijos.

Pero nada nos detiene. Es más grande el amor que tenemos por nuestros hijos, que la dureza del clima, el hambre o el miedo.

Vamos a buscar a nuestros tesoros.

Para nosotros son tesoros porque los encontramos en fosas clandestinas que tenemos que excavar. Y son, por desgracia, cadáveres.

Aún así, con todo el horror que esto significa, el encontrarlos y darles una sepultura digna nos da una relativa paz.

Sacamos a esos tesoros de la oscuridad, de esos hoyos donde después de matarlos los entierran de una manera tan vil, tan cruel que no me explico como pueda existir gente así, sin corazón, que pueda hacer tanto daño.

¿Qué pudieron haber hecho para que les hagan todo lo que he visto? Son cosas tremendas. Se ensañan de una forma bestial, igual con hombres que con mujeres.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Cortesía
El colectivo “Buscadoras por la paz” es uno de varios similares que operan en México.

Recuerdo cómo encontramos a un muchacho, creo que era un jovencito porque sus pies eran muy chiquitos. Estaba encadenado. Encadenadas sus piernas y con candado. Sus manos, amarradas con un alambre. Enterrado a más de metro y medio de profundidad.

A otros los encontramos calcinados a tal punto que será imposible identificarlos. Me duele en el alma. Pienso en sus madres, que nunca podrán encontrarlos.

“La realidad de México”

Muchos nos critican porque hacemos transmisiones en vivo en redes sociales de nuestras búsquedas. Las imágenes que se ven son muy fuertes y nos dicen que somos amarillistas.

Pero es la realidad que estamos viviendo. No es de dios que nosotros tengamos que sacar a nuestros hijos de esos lugares tan feos. De esos hoyos que incluso a veces ponen a cavar a la persona que van a matar.

Si hacemos los videos es porque queremos que la gente vea nuestra labor, lo que estamos pasando. A nadie le gusta. A mí no me gusta andar excavando fosas clandestinas. Pero es la realidad de México.

Las desapariciones forzadas están a la orden del día. Los que se indignan por ver un video, mejor que se indignen con las personas que matan a otras y con las autoridades que no hacen su trabajo.

A nosotros no nos correspondería, con todo y el dolor que cargamos, estar sacando a nuestros hijos de ahí.

Sabemos que a la mayoría de los desaparecidos los vamos a encontrar muertos, es muy raro el que regresa vivo. Y a estas alturas encontrar sus cadáveres es un privilegio.

Además, las víctimas y sus familias son revictimizadas. Es muy común que digan que si los mataron es que “andarían en algo malo”, que estaban de una manera u otra ligados al narcotráfico.

Eso es una vil mentira. Yo conozco a muchos, muchos que se han llevado que eran totalmente inocentes. Hay de todo: hombres, mujeres, jóvenes e incluso niños.

Y de los que hicieron algo malo, pues que lo procesen judicialmente, no que pongan a la familia en este infierno.

Quienes se los llevan muchas veces pertenecen al crimen organizado, pero a veces también algunas autoridades están coludidas con ellos, como fue el caso de mi hijo.

En México han matado a madres y padres por buscar a sus hijos. Por eso, muchos nos preguntan si no tenemos miedo. La verdad es que no. Y no lo digo solo por mí, sino porque lo veo en mis compañeras.

No tenemos miedo. El miedo más grande fue perder a nuestros hijos y ya lo vivimos.

Si hubiera sido posible, yo hubiera dado mi vida. La hubiera dado una y mil veces a cambio de la de mi hijo.

“Yo desenterré a mi hijo”

Después de dos años de búsqueda sin descanso, encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé.

Yo misma desenterré a mi hijo. Fue algo terrible.

Fue el 25 de noviembre de 2020, exactamente dos años después que lo viera por última vez.

Buscábamos cuerpos en un lugar donde había una docena de fosas.

Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar.

Supe que era él por los brackets en sus dientes, por su muela del juicio y porque en su cráneo todavía tenía su cabello. Su pelo castaño, con sus rulitos que no le gustaban y que siempre se peinaba con mucho gel para que no se le vieran. (Llora sin consuelo).

Después vi su ropa. Y comprobé que sí, que era mi niño.

Grité y grité. “No, no, no. No puede ser”, repetía llorando.

Pero sabía que era cierto.

Las pruebas de ADN que llegaron días después solo volvieron a confirmarlo.

Me derrumbé. El mundo se me vino abajo. A pesar de todo, esperaba un milagro.

"Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar". ", Source: Cecilia Delgado, Source description: , Image:

Yo quería tener las cenizas de mi hijo en mi casa, pero mis otros dos hijos me insistieron que no. Que tenía que dejarlo en el panteón, para que yo pudiera seguir viviendo de alguna forma.

El 8 de diciembre lo enterramos.

Durante seis horas le cantamos sus canciones, le tocamos música y bailamos. Así como él en alguna ocasión me había dicho, medio en broma, medio en serio, que quería que hiciéramos cuando muriera.

Yo le dije que se callara, que estaba loco. Que primero iba a morir yo.

Ni en mis peores pesadillas hubiera podido imaginar que me lo iban a arrebatar así.

Por eso quiero decirles a todos en México que no esperen a pasar por lo mismo que yo, que nosotras, las miles de madres que estamos así, no queremos que le pase a nadie más.

La búsqueda sigue

A la semana de encontrar a mi hijo, volví a agarrar mi pala e irme al monte con mis compañeras.

Desde que desapareció Jesús Ramón he encontrado con los distintos colectivos un total de 194 tesoros. Pero la situación es tan terrible que esta búsqueda no puede parar.

Moisés Reynoso

Cortesía Cecilia Delgado
Ahora Cecilia también busca a su sobrino, Moisés Alfonso Reynoso.

Hace siete meses también desapareció mi sobrino Moisés Alfonso Reynoso Delgado, de 28 años, hijo de mi hermana. Igual que a mi hijo yo le prometí que lo iba a encontrar.

También les he prometido a otras madres que no me detendré hasta que encontremos a sus hijos. Y las promesas se cumplen.

Por desgracia hay todavía miles y miles de tesoros por desenterrar.


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