¿Cuáles son los países más endeudados del planeta?
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Foto: Cuartoscuro

¿Cuáles son los países más endeudados del planeta?

El mundo vive bajo una montaña de deuda pública y privada. Los países más ricos son los más endeudados del planeta y este peso creciente está perjudicando a los más pobres.
Foto: Cuartoscuro
12 de agosto, 2014
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Los países ricos suelen pontificar sobre el manejo “irresponsable” y “corrupto” de muchas naciones, pero son los que lideran de lejos la tabla de los países más endeudados.

Japón encabeza el ránking por amplio margen y entre los 14 países más endeudados del planeta, sólo Zimbabue, Jamaica, Eritrea y Granada pertenecen a los más pobres.

Estados Unidos, Grecia, Italia, Portugal e Islandia están entre los países desarrollados con deudas por encima del 100% de su Producto Interno Bruto (PIB), es decir, de todo lo que produce la economía nacional en un año.

Según una autoridad mundial en temas de deuda, Robert Pollin, co-director del Political Economy Research Institute(Peri) de Massachussets, EE.UU., este endeudamiento es un privilegio de los países ricos que, sin embargo, tiene un precio.

“Muchos países desarrollados pueden endeudarse en sus propias monedas y acceder a los mercados financieros a muy bajas tasas de interés. Endeudarse de esta manera para financiar el crecimiento o salir de una crisis es una gran ventaja, pero no es un viaje gratis. Todo depende de las circunstancias de cada país”, indicó a BBC Mundo.

LOS 12 PAÍSES MÁS ENDEUDADOS por PIB en 2012
1) Japón: 237%

2) Zimbabue: 202%
3) Grecia: 158%
4) Jamaica: 146%
5) Eritrea: 125%
6) Italia: 126%
7) Portugal: 122%
8) República de Irlanda: 117%
9) Granada: 112%
10) Estados Unidos: 106%
11) Islandia: 99,3%
12) Bélgica: 99%
13) Reino Unido: 90,3%
14) Francia: 90,29%
Fuente: Global Economic Outlook, Fondo Monetario Internacional (FMI)

Impacto de la deuda

El impacto económico de la deuda es materia de mucho debate.

En la década de 1990 el consenso avalado por el Fondo Monetario Internacional era que un 60% de deuda pública en relación al PIB constituía un umbral prudente para un país desarrollado, mientras que en una nación en desarrollo debía ser un 40%.

Esta diferencia marcaba la distinta capacidad de pago (recaudación fiscal, exportaciones, acceso a los mercados para refinanciar la deuda, etc.) de los distintos países.

Pero en un estudio publicado en 2010 que levantó una fuerte polémica, dos expertos en temas de deuda de la Universidad de Harvard, Carmen Reinhart y Ken Rogoff, señalaron que una deuda pública por encima del 90% impedía el crecimiento.

El estudio coincidió con la crisis de la deuda soberana en la Eurozona y fue usado para justificar los planes de ajuste promovidos por la Troika (Fondo Monetario Internacional, Comisión Europea y Banco Central Europeo).

El problema surgió cuando un estudiante de la Universidad de Massachusetts, bajo la supervisión de dos profesores, halló gruesos errores en los datos que condujeron a un artículo en que los tres rebatieron la tesis de Reinhart-Rogoff.

Lea también: El estudiante que desmintió a los gurús de la austeridad

Robert Pollin fue uno de los profesores que supervisó el trabajo y escribió la respuesta a Reinhart-Rogoff.

“Plantear que hay un umbral determinado que produce problemas muy graves por sí mismo sin que importe el país o la situación económica es obviamente errado. La razón por la que se elevó tanto el nivel de deuda en el mundo desarrollado fue la crisis financiera de 2007-2008”, señala Pollin.

“El sector público tuvo que intervenir para impedir una recesión peor, pero el impacto de este endeudamiento no fue tan grave porque no produjo la tan temida disparada de las tasas de interés. Todo lo contrario: las tasas siguieron a un nivel bajísimo. Por otro lado, Estados Unidos, que puede emitir deuda en su propia moneda, no es lo mismo que Grecia, que no puede hacerlo, así que tiene que crecer o exportar más para pagar los servicios de deuda. Aplicar el mismo umbral a casos tan disímiles es absurdo”, agregó.

Deuda creciente

El problema es que la deuda ha crecido a pasos agigantados en muchos países desarrollados en los últimos 20 años.

Japón pasó el umbral del 100% del Producto Interno Bruto en 1997: hoy se sitúa alrededor del 240% del PIB.

En Grecia era un 115% en 2007 y se acercará a 200% a fin de este año. Portugal y España duplicaron su deuda en seis años. En Italia pasó del 112% hace siete años a más del 130% hoy.

El manejo de la deuda depende sobre todo de la tasa de interés. Hoy está a niveles muy bajos históricamente tanto en Estados Unidos como en Europa y Japón, pero tarde o temprano, aumentará.

“Un aumento de las tasas de interés puede complicar las cosas. Esto sucedió en Estados Unidos en los 80 con Ronald Reagan, porque se pagaba un 10 o 11% a diferencia de hoy que pedimos prestado a un 1 o 2%. De modo que en aquella época una buena parte del presupuesto se destinaba al pago de intereses”, indicó Pollin.

Es uno de los peligros de un aumento exponencial de la deuda: América Latina conoció el problema de primera mano.

La década perdida

En los años 80 la deuda fue un albatros que ahogó la economía regional y condujo a lo que hoy llamamos la década perdida.

La “salida” de esta crisis incluyó varias reestructuraciones de deuda, mucha ingeniería financiera (Plan Baker, Plan Brady), cesaciones de pago y heridas que no terminan de cerrarse como se puede ver en el caso de Argentina y los fondos buitre.

Según el Coordinador del Observatorio Económico de América Latina (Obela) y académico de la UNAM en México, Oscar Ugarteche, el precio económico regional fue muy alto.

“El servicio de la deuda se llevó una porción cada vez más grande del presupuesto que se robó a la inversión pública en infraestructura o en educación o salud. El impacto de esta desinversión fue un menor crecimiento económico que dificultó aún más el pago de la deuda y que a mediano y largo plazo creó problemas de competitividad por la falta de inversión en la infraestructura que necesita toda economía para desarrollarse”, indicó a BBC Mundo.

Esta penosa experiencia no pasó en vano, como señala un informe sobre la finanzas públicas de la región publicado este año por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

“En 2013 el promedio de deuda se mantuvo cercano al 31% del PIB para la región. La caída del pago de intereses ha sido significativa en los últimos años en América Latina. Se trata de una tendencia de gran relevancia en la perspectiva de la calidad de las finanzas públicas, al permitir espacios para una mayor inversión y para el gasto social”, señala el informe.

En términos de porcentaje del PIB la mayoría de los países tienen una deuda pública que se sitúa entre el 20 y 40 % del PIB con Brasil, El Salvador y Nicaragua entre los más endeudados en términos porcentuales y Chile y Paraguay entre los que menos deben.

Deuda de América Latina por PIB 2012
1) Brasil: 68%
2) Venezuela: 57%
3) Uruguay: 53%
4) El Salvador: 52,1%
5) Nicaragua: 52%
6) Argentina: 44%
7) México: 43%
8) Honduras: 34,6%
9) Costa Rica: 34%
10) Bolivia: 33%
11) Colombia: 32%
12) Guatemala: 25%
13) Perú: 19%
14) Ecuador: 18%
15) Paraguay: 11,3%
16) Chile: 11,2%
Fuente: FMI

Los más pobres

Medido en relación a su capacidad económica, es decir, a su PIB, Zimbabue es el segundo país más endeudado del planeta después de Japón con más del 200% de su PIB.

Medido en términos de su capacidad de pago real, Zimbabue tiene una poco envidiable corona: está a la cabeza de los Países Altamente Endeudados, naciones pobres que, según reconoce el mismo FMI, no pueden pagar su deuda.

Unos 39 países forman parte de este grupo: unos 33 han recibido un alivio parcial o total de la deuda que mantienen con organismos multilaterales, países y, en menor medida, entidades privadas.

Según Sarah-Jayne Clifton, directora de Jubilee Debt Campaign, que promueve una solución a largo plazo del tema, la creciente deuda de los países ricos está perjudicando a los más pobres.

“Por un lado está el impacto que tiene sobre la demanda de los productos de estos países. Pero además estamos viendo, por la baja tasa de interés del primer mundo, que hay un boom de los préstamos a países que no podrán afrontarlos y que puede conducir a una repetición de lo que fue la crisis en los 80, tanto en América Latina como en países de Africa y Asia”, indicó a BBC Mundo.

En el universo de la deuda soberana, estos países han caído en la famosa trampa de la Cándida Eréndida de Gabriel García Márquez que, por más que entregara vida y cuerpo, sólo conseguía prolongar la agonía de una deuda que jamás llegaría a pagar.

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Clare Freer

Parosmia: desde que tuve COVID-19, la comida me da ganas de vomitar

Muchas personas descubren que las cosas no huelen bien después de padecer COVID y que la mayoría de los alimentos huelen y saben repugnantes.
Clare Freer
26 de febrero, 2021
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Muchas personas con COVID-19 pierden temporalmente el sentido del olfato.

A medida que se recuperan, este por lo general regresa, pero algunos descubren que las cosas huelen diferente y algunas que deberían oler bien, como la comida, el jabón y sus seres queridos, huelen repulsivamente.

El número de personas con esta afección, conocida como parosmia, aumenta constantemente, pero los científicos no están seguros de por qué ocurre o cómo curarla.

Short presentational grey line

BBC

Clare Freer termina llorando cada vez que intenta cocinar para su familia.

“Me mareo con los olores. Un olor podrido invade la casa en cuanto se enciende el horno y es insoportable”, describe.

La mujer de 47 años de Sutton Coldfield, Reino Unido, ha estado padeciendo parosmia durante siete meses y dice que muchos olores cotidianos le resultan repugnantes.

Las cebollas, el café, la carne, las frutas, el alcohol, la pasta de dientes, los productos de limpieza y los perfumes le dan ganas de vomitar.

El agua del grifo tiene el mismo efecto (aunque no el agua filtrada), lo que dificulta el lavado.

“Ya ni siquiera puedo besar a mi pareja”, dice.

Clare contrajo COVID-19 en marzo del año pasado y, como muchas personas, perdió el olfato como resultado.

El sentido regresó brevemente en mayo, pero en junio Clare empezó a rechazar sus comidas para llevar favoritas porque tenían un aroma rancio y cada vez que algo entraba en el horno había un olor abrumador a productos químicos o algo quemado.

Desde el verano lleva una dieta de pan y queso porque es todo lo que puede tolerar.

“No tengo energía y me duele todo”, cuenta. También la ha afectado emocionalmente. Dice que llora la mayoría de los días.

“Aunque la anosmia no fue agradable, pude seguir con mi vida normal y seguir comiendo y bebiendo”, dice Clare. “Viviría con eso para siempre, si eso significara deshacerme de la parosmia”.

Clare disfruta de un día de mimos con su hija mayor: el perfume ahora huele repugnante para ella.

Clare Freer
En esta foto se la puede ver a Clare Freer disfrutando de un día de mimos con su hija mayor. Ahora el perfume de sus seres queridos huele repugnante para ella.

El médico de cabecera de Clare dijo que nunca antes se había encontrado con un caso así.

Asustada y desconcertada, buscó respuestas en Internet y encontró un grupo de Facebook con 6.000 miembros creado por la organización benéfica de pérdida de olores AbScent.

Casi todos habían comenzado con anosmia derivada de la COVID-19 y terminaron con parosmia.

“Los descripciones comunes de los diferentes olores de parosmia incluyen: muerte, descomposición, carne podrida, heces“, dice la fundadora de AbScent, Chrissi Kelly, quien creó el grupo de Facebook en junio después de lo que describe como un “maremoto” de casos de parosmia por COVID-19 .

La gente usó frases como “aguas residuales con sabor a fruta”, “basura empapada y caliente” y “perro mojado rancio”.

A menudo, luchan por describir el olor porque no se parece a nada que hayan encontrado antes y eligen palabras que transmiten su disgusto.

Alrededor del 65% de las personas con COVID pierden el sentido del olfato y el gusto y se estima que alrededor del 10% de ellos desarrollan una “disfunción olfativa cualitativa”, es decir, parosmia u otra afección, fantosmia, cuando huele algo que no se encuentra en el lugar.

Si esto es correcto, 6.5 millones de personas de los 100 millones que han tenido COVID-19 en todo el mundo pueden estar experimentando parosmia prolongada por COVID.

Short presentational grey line

BBC

La doctora Jane Parker, científica especialista en sabor de la Universidad de Reading, Reino Unido, estaba estudiando la parosmia antes de la pandemia, cuando era una condición aún más rara.

Una teoría sobre el origen de los olores horribles que experimentan las personas que viven con parosmia es que solo perciben algunos de los compuestos volátiles que contiene una sustancia y que huelen peor de forma aislada. Incluso podría aumentar su intensidad.

Por ejemplo, el café contiene compuestos de azufre que huelen bien en combinación con todas las demás moléculas que le dan al café su aroma agradable, pero no cuando se huele solo.

Consultando con varias personas del grupo de Facebook AbScent parosmia, Parker y su equipo han descubierto que la carne, las cebollas, el ajo y el chocolate provocan habitualmente una mala reacción, junto con el café, las verduras, la fruta, el agua del grifo y el vino.

Jarra de café.

Getty Images
Para la mayoría de las personas que padecen de parosmia, el café sabe muy mal.

Muchas otras cosas huelen mal para algunos de los voluntarios y nada huele bien para todos ellos “excepto quizás almendras y cerezas”.

Ellos, y otros con parosmia, describen repetidamente algunos malos olores, incluido uno que es químico y ahumado, uno que es dulce y enfermizo, y otro descrito como “vómito”.

La investigación de Parker también ha encontrado que los malos olores pueden permanecer con los parósmicos, como se les llama, durante un tiempo inusualmente largo.

Para la mayoría de las personas, el olor a café permanecerá en sus fosas nasales durante unos segundos. Para los parósmicos, podría quedarse durante horas, incluso días.


Consejos para afrontar la parosmia

  • Consume alimentos a temperatura ambiente o fríos
  • Evita los alimentos fritos, carnes asadas, cebollas, ajo, huevos, café y chocolate, que son algunos de los peores alimentos para los parósmicos.
  • Prueba alimentos suaves como arroz, fideos, pan sin tostar, verduras al vapor y yogur natural.
  • Si no puedes tolerar la comida, considera batidos de proteínas sin sabor

Fuente: AbScent


Barry Smith, líder británico del Consorcio Global para la Investigación Quimiosensorial, dice que otro descubrimiento sorprendente: “lo bueno es malo y lo malo es bueno”.

“Para algunas personas, los olores de los pañales y del baño se han vuelto tolerables, e incluso agradables”, describe.

“Es como si los desechos humanos ahora huelen a comida y la comida ahora huele a desechos humanos”.

Baño.

Getty Images
“Para algunas personas, los olores de los pañales y del baño se han vuelto tolerables, e incluso agradables”.

Entonces, ¿qué causa la parosmia?

La hipótesis predominante es que resulta del daño a las fibras nerviosas que transportan señales desde los receptores en la nariz hasta las terminales (glomérulos) del bulbo olfatorio en el cerebro.

Cuando estos vuelven a crecer, ya sea que el daño haya sido causado por un accidente automovilístico o por una infección viral o bacteriana, se cree que las fibras pueden volver a adherirse a la terminal incorrecta, dice Parker.

“¡Están en la sala de reuniones equivocada! Esto se conoce como cableado cruzado y significa que el cerebro no reconoce el olor y quizás está programado para pensar en él como un peligro”, detalla.

La teoría es que, en la mayoría de los casos, el cerebro, con el tiempo, corregirá el problema, pero Parker se muestra reacio a decir cuánto tiempo llevará.

“Debido a que muy pocas personas tenían parosmia antes de la COVID-19, no se estudió mucho y la mayoría de la gente no sabía qué era, por lo que no tenemos datos históricos. Y tampoco tenemos datos para COVID-19 porque eso podría llevar años”, asegura.

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BBC

Aparte de esperar a que el cerebro se adapte, no hay cura, aunque AbScent cree que el “entrenamiento del olfato” puede ayudar.

Consiste en oler regularmente una selección de aceites esenciales uno sobre otro, pensando en la planta de la que se obtuvieron.

Clare Freer ha estado haciendo esto y dice que el limón, el eucalipto y el clavo de olor han comenzado a oler levemente como deberían, pero que no registra nada en el caso de la rosa.

Algunos parósmicos han adaptado su dieta para hacer más llevadero vivir con la enfermedad.

Dos hermanas, Kirstie, de 20 años, y Laura, de 18, de Keighley, Reino Unido, están haciendo lo mismo, aunque tomó un tiempo descubrir cómo llevarlo a cabo y al mismo tiempo vivir en armonía con sus padres.

Una vez, las hermanas tuvieron que correr por la casa y abrir las ventanas, cuando sus padres llegaron con pescado y papas fritas, “porque el olor es horrible”, describe Laura.

Sus padres, en cambio, se han cansado de las especias picantes con las que cocinan las hermanas, para enmascarar los sabores desagradables y darles lo que para ellas es un toque de sabor.

Kirstie (derecha) y Laura en el cumpleaños número 18 de la última que no pudo comer su pastel.

BBC
Kirstie (derecha) y Laura en el cumpleaños número 18 de la última que no pudo comer su pastel.

“Algunas personas nos dicen que simplemente debemos alimentarnos y comer de todos modos. Lo intentamos, pero es muy difícil comer alimentos que saben podridos“, dice Kirstie.

“Y luego, durante los próximos tres días, tendré que vivir con ese olor que se filtra en mi sudor. Es uno de los olores más angustiantes y me siento sucia constantemente”, detalla.

Ahora se han dado cuenta de que los alimentos de origen vegetal saben mejor y disfrutan de platos como la boloñesa de lentejas y el risotto de calabaza.

“La carne es un alimento que ahora evitamos. Encontrar buenas recetas que nos gusten ha hecho que sea mucho más fácil de afrontar”, afirma Kirstie.

“Hemos tenido que adaptarnos y cambiar nuestra forma de pensar porque sabemos que podríamos estar viviendo con esto durante años y años”, se resigna.

La pérdida del olfato a menudo afecta la salud mental

Jane Parker señala que la pérdida del olfato ocupa un lugar muy bajo en la lista de prioridades para quienes enfrentan la pandemia, pero ella y Barry Smith dicen que a menudo afecta la salud mental y la calidad de vida.

“Es sólo cuando pierdes el sentido del olfato que te das cuenta de cuánto fue parte de la esencia de tu experiencia”, explica Smith.

La conexión humana, el placer y los recuerdos están ligados al olfato, señala.

“Te dicen que se sienten aislados de su propio entorno, ajenos. Ya no encuentran ningún placer en comer y pierden esa cercanía tranquilizadora de poder oler a las personas que aman”, describe.

Mientras que Clare Freer extraña los días en que le gustaba el olor de su esposo cuando salía de la ducha, Justin Hyde, de 41 años, de Cheltenham, en el suroeste de Reino Unido, nunca ha olido el aroma de su hija nacida en marzo de 2020.

Justin no asistió al festival de carreras de caballo de su ciudad en el mismo mes, pero conoce a personas que sí lo hicieron, y no mucho después contrajo el virus, perdiendo el sentido del gusto y el olfato.

Justin Hyde

Justin Hyde
Justin Hyde ya no disfruta de una visita a una cervecería al aire libre porque no puede tolerar el sabor de la cerveza.

Tuvo una recuperación de los sentidos en julio, pero luego el café comenzó a oler extraño, y rápidamente las cosas empeoraron.

“Casi todos los olores se volvieron extraños”, puntualiza. “Los huevos me repelen físicamente y no puedo disfrutar de la cerveza o el vino, ya que tienen un sabor que simplemente llamo COVID”.

Al igual que Kirstie y Laura, él descubrió que algunos platos sin carne son comestibles, incluido el curry de verduras, pero no habrá más visitas a las cervecerías mientras dure su parosmia y ni desayunos con alimentos fritos.

“Todos esos placeres que damos por sentado han desaparecido desde que tuve COVID. Siento que estoy roto y ya no soy yo“.


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