El arzobispo que no necesitó al Vaticano para ser santo
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El arzobispo que no necesitó al Vaticano para ser santo

El papa Francisco suspendió la prohibición para beatificar al arzobispo salvadoreño Óscar A. Romero, asesinado en 1980. Para muchos "San Romero de América" ya es una figura de culto.
25 de agosto, 2014
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Foto tomada de www.bbc.co.uk/

Foto tomada de www.bbc.co.uk/

El papa Francisco habla desde el cielo sobre el mártir al que cientos de miles en El Salvador –y fuera de– veneran como “San Romero de América”. Y lo de hablar desde el cielo no es licencia literaria: la conferencia de prensa se celebra a bordo del Airbus A330 de Alitalia que lo lleva de regreso a Roma, tras cinco días en Corea del Sur.

Es la tarde del lunes 18 de agosto de 2014. Un periodista felicita al Papa por su inglés, aprovecha para solicitarle veladamente una entrevista, y lo interpela: “¿Cómo va el proceso de Monseñor Romero? ¿Cómo le gustaría que concluyese?”.

Se refiere a Óscar Arnulfo Romero y Galdámez (1917-1980), el arzobispo de San Salvador asesinado de un disparo en el pecho mientras oficiaba misa en la capilla de un hospital para enfermos terminales de cáncer, y cuyo proceso de beatificación está detenido en Roma desde 1996.

La entusiasta respuesta del papa Francisco se desparrama en un minuto, pero no dice nada nuevo; recuerda que la causa está desbloqueada, reitera su creencia en que fue “un hombre de Dios”, y explica que el caso sigue anclado en la Congregación para la Causa de los Santos.

Lo único novedoso de su alocución quizá sea el emplazamiento a los postuladores: “Depende de cómo se muevan. Es muy importante que lo hagan con rapidez”.

Lea también: Papa retira prohibición a la beatificación del arzobispo Óscar Romero

El salvadoreño más universal

Desde que el 22 de febrero de 1977 tomó posesión de la arquidiócesis de San Salvador, la relación del salvadoreño más universal con su pueblo ha sido intensa y sinuosa, como la carretera que sube a un volcán.

 

El 24 de marzo de 2015 se cumplirán 35 años del asesinato de Monseñor Romero.

De tendencia conservadora, su nombramiento se ganó al inicio el repudio de los sectores progresistas, que lo tenían como un obispo afín a la oligarquía, papel que había interpretado desde que en 1944 inició su labor pastoral en El Salvador.

El giro fue radical, y para mediados de 1977 censuraba con firmeza el gobierno militar y denunciaba la sistemática violación de los derechos humanos ejercida por el Estado y los grupos paramilitares, aunque también señalaba a los grupos armados que integrarían la guerrilla del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN).

Lea también: ¿Quién era Óscar Romero?

Para cuando la ultraderecha lo asesinó en marzo de 1980, ya era una de las voces más respetadas de la Iglesia católica latinoamericana, todo un referente de la Teología de la Liberación, si bien Monseñor Romero nunca se sintió parte de ese movimiento.

En tres años se había ganado el cariño de un amplio porcentaje de los salvadoreños, admiración acentuada en los estratos más humildes de la sociedad. El funeral fue un evento de masas que colapsó la capital.

La devoción hacia ‘San Romero de América’ comenzó en los ochenta, en plena guerra civil, como demuestran estas placas en las que salvadoreños anónimos le agradecían por algún milagro recibido.

La devoción hacia “San Romero de América” comenzó en los ochenta, en plena guerra civil, como demuestran estas placas en las que salvadoreños anónimos le agradecían por algún milagro recibido.

Del silencio oficial al “guía espiritual”

Durante la guerra civil (1980-1992), el culto hacia su figura fue clandestino, pero de una honestidad formidable. Testimonio de la incipiente fe en el “santo en ciernes”, salvadoreños anónimos esculpieron docenas de placas “por milagros concedidos”, que hoy se exhiben en la modestísima casucha en la que pasó sus últimos años de vida, convertida en un pequeño pero entrañable museo.

La represión gubernamental no doblegó su aura, a pesar de que tener colgado en la pared un retrato suyo bastaba para correr riesgos. La salvadoreña Eleonor Chacón, una mujer no activa políticamente pero que tenía una fotografía con él por ser el sacerdote que la había casado, quemó la imagen a sugerencia de su esposo.

“Santo en ciernes”

Durante la guerra civil (1980-1992), el culto hacia su figura fue clandestino, pero de una honestidad formidable. Testimonio de la incipiente fe en el “santo en ciernes”, salvadoreños anónimos esculpieron docenas de placas “por milagros concedidos”

El conflicto civil, que dejó más de 70.000 víctimas, desembocó en los gobiernos del derechista partido Alianza Republicana Nacionalista Arena (Arena), fundado por Roberto d’Auibuisson, el autor intelectual del magnicidio, según el Informe de la Comisión de la Verdad, elaborado por Naciones Unidas.

Fueron dos décadas de absoluto silencio oficial, pero, como consecuencia de los espacios ganados tras los Acuerdos de Paz de 1992, la sociedad civil y la Iglesia comenzaron a organizarse para mantener vivo el recuerdo, con procesiones cada vez más multitudinarias y vistosas, sobre todo en torno a la fecha del asesinato.

Transformado en partido político, el FMLN tomó el poder en junio de 2009. En su discurso de investidura, el ahora expresidente Mauricio Funes no solo invocó a Monseñor Romero –algo inaudito en los 20 años desde Arena–, sino que lo llamó “mi maestro”, lo llamó “guía espiritual”. El fervor popular de buena parte de la feligresía católica ya estaba asentado, y de la noche a la mañana se superpuso la admiración institucional.

Durante el quinquenio Funes, se rebautizaron el aeropuerto internacional y una estratégica autopista, la Casa Presidencial se llenó de referencias –un cuadro gigantesco, una importante sala de reuniones renombrada…–, el gobierno organizó una ruta turística, y su tumba la visitaron los presidentes de Ecuador, Irlanda, Brasil… incluso Barack Obama paseó por el sótano de Catedral metropolitana, donde están los restos.

Monseñor Romero se ha instalado en el discurso oficial –el FMLN sigue en el poder, ahora con el exguerrillero Salvador Sánchez Cerén como presidente–, si bien su compromiso con los más necesitados y su austeridad parecen ser más difíciles de asumir para la inmensa mayoría de los líderes políticos que lo invocan.

Este es el cuarto en el que vivió Monseñor Romero sus últimos dos años y medio de vida.

Este es el cuarto en el que vivió Monseñor Romero sus últimos dos años y medio de vida.

 

Figura de culto

Incluso amenazado de muerte, Monseñor Romero vivía en una casucha de dos habitaciones, renunció a la protección estatal (“Un bienestar personal no me interesa mientras mire en mi pueblo un sistema económico, social y político que tiende cada vez más a abrir esas diferencias sociales”, plasmó en su diario), y donó íntegros los US$10.000 que recibió de una universidad para la construcción de un hogar para niños.

Para mí Romero es un hombre de Dios, pero hay que hacer el proceso, y el Señor tiene también que dar su señal… Si quiere, lo hará. Pero ahora los postuladores tienen que ponerse en marcha porque ya no hay impedimentos

Papa Francisco

Ya en 1978 tres parlamentarios británicos lo visitaron en representación de los 118 que habían firmado la postulación oficial del salvadoreño para el Premio Nobel de la Paz.

Y el culto se ha expandido en el último lustro a la vez que se ha sofisticado.

Naciones Unidas se ha subido a la ola, y desde noviembre de 2010 reconoce el 24 de marzo, fecha en la que lo asesinaron, como el Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con Violaciones Graves de los Derechos Humanos y de la Dignidad de las Víctimas.

La actuación de Monseñor Romero como defensor de los derechos humanos no comenzó a edificarse sobre su memoria. Su entrega fue reconocida –en vida– por universidades de Estados Unidos y de Bélgica, con sendos doctorados Honoris Causa.

La candidatura al Nobel de la Paz no tuvo el éxito deseado por sus promotores. Con el paso de los años distintas voces denunciaron que desde el Vaticano, donde acababa de instalarse el Papa polaco Juan Pablo II, se organizó una campaña para neutralizar la posibilidad de que el incómodo Monseñor Romero recibiera un galardón con tanto brillo. Sea cierto o no, el Nobel de la Paz en 1979 se lo concedieron a una religiosa políticamente más dócil: la Madre Teresa de Calcuta.

“Para mí Romero es un hombre de Dios, pero hay que hacer el proceso, y el Señor tiene también que dar su señal… Si quiere, lo hará. Pero ahora los postuladores tienen que ponerse en marcha porque ya no hay impedimentos”, respondió el papa Francisco al periodista que lo consultó.

El 24 de marzo de 2015 se cumplirán 35 años del asesinato de Monseñor Romero. Antes o después el papa Francisco volverá a referirse a la causa de beatificación. Y su figura volverá a ser recordada y venerada en El Salvador –sobre todo, pero no solo–, como ya quisieran ser recordados y venerados tantos santos sin devotos de la Iglesia católica.

En fotos: Monseñor Romero inédito.

(*) El periodista Roberto Valencia (clic@cguanacas) es autor del libro “Hablan de Monseñor Romero” (Fundación Monseñor Romero, San Salvador, 2011) y trabaja en clicEl Faro.

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Rusia y Ucrania: las extremas medidas de seguridad que buscan proteger al presidente Putin

Cientos de guardaespaldas que lo vigilan día y noche, un chequeo exhaustivo de lo que come y toma, y la ausencia de los teléfonos inteligentes son algunas medidas que se toman para resguardar la seguridad del presidente ruso.
23 de marzo, 2022
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Nada es improvisado en la vida de Vladimir Putin.

Cada paso que da el presidente de Rusia es vigilado de cerca por cientos de guardaespaldas que lo acompañan las 24 horas del día.

Su comida es preparada sigilosamente y todo lo que bebe debe ser chequeado previamente por sus asesores más cercanos.

Y es que el antiguo oficial de la KGB —el servicio de seguridad soviético— sabe muy bien de las amenazas que hay a su alrededor, sobre todo en tiempos de guerra.

Putin está liderando la invasión de su país a Ucrania y esto supone algunos riesgos adicionales hacia su seguridad.

Pero… ¿Quiénes están realmente a cargo de protegerlo? ¿Y cuáles son las algunas de las medidas que se toman para mantenerlo a salvo? Aquí te contamos lo que se sabe al respecto.

Extenso equipo de seguridad

Dentro de los múltiples servicios de seguridad que operan actualmente en Rusia, hay uno que está especialmente dedicado a proteger al presidente y a su familia: el Servicio de Seguridad Presidencial de Rusia.

Este escuadrón depende del Servicio Federal de Protección de Rusia (FSO), que tiene su origen en la antigua KGB, y que también protege a otros funcionarios de alto rango rusos, entre ellos, al Primer Ministro, Mikhail Mishustin.

De allí vienen los hombres vestidos de negro con auriculares en las orejas que le hacen sombra al presidente día y noche.

Según Russia Beyond, un medio de propiedad del gobierno ruso, cuando estos agentes lo acompañan en actividades al exterior, se organizan en cuatro círculos.

El círculo más cercano está compuesto por sus guardaespaldas personales.

El segundo círculo está integrado por guardias que pasan desapercibidos entre el público. El tercero, rodea el perímetro de la multitud, evitando que entren personas sospechosas.

Y el cuarto y último, son francotiradores situados en los techos de los edificios circundantes.

Un francotirador del FSO ubicado en una de las paredes del Kremlin, en el centro de Moscú.

Getty Images
Un francotirador del FSO ubicado en una de las paredes del Kremlin, en el centro de Moscú.

Estos agentes también lo acompañan cuando Putin se traslada de un lugar a otro.

“A Putin no le gustan los helicópteros; se suele trasladar con una caravana masiva, con motociclistas, muchos autos grandes negros, camiones, etc. Para este tramo, se bloquea cualquier dron que pueda haber en el espacio aéreo y se detiene el tráfico”, explica a BBC Mundo Mark Galeotti, experto en seguridad rusa y director de Mayak Intelligence, una consultora que se dedica a analizar los asuntos de seguridad de este país.

El Servicio de Seguridad Presidencial de Rusia es apoyado por la Guardia Nacional de Rusia, o Rosgvardia, que fue formada por el propio Putin hace solo seis años y que algunos la han calificado como una suerte de “ejército personal” del mandatario.

Es independiente de las Fuerzas Armadas rusas y, aunque su misión oficial es asegurar las fronteras, combatir el terrorismo y proteger el orden público, entre otras, en la práctica una de sus tareas más importante es proteger a Putin de eventuales amenazas.

“Todos saben que son en gran medida guardaespaldas personales de Putin”, dice a BBC Mundo Stephen Hall, académico experto en Rusia de la Universidad de Bath, Reino Unido.

“Y el presidente está muy protegido por ellos y por el resto de los servicios de seguridad”, añade.

Viktor Zolotov, un antiguo guardaespaldas de Putin, dirige la Guardia Nacional.

Getty Images
Viktor Zolotov, un antiguo guardaespaldas de Putin, dirige la Guardia Nacional.

Actualmente, quien dirige la Guardia Nacional es Viktor Zolotov, un antiguo guardaespaldas de Putin. Él es un aliado leal al presidente y en los últimos años ha aumentado en alrededor de 400.000 los efectivos que forman parte de esta fuerza de seguridad.

“Es un número enorme, las unidades de seguridad para presidentes como el de Estados Unidos no están ni cerca de esa cifra”, indica Hall.

¿Qué medidas se toman para proteger a Putin?

Aunque es difícil saber hasta qué punto llegan las medidas que buscan proteger a Putin, el propio Kremlin y expertos en seguridad rusa han entregados algunas luces al respecto.

Uno de los asuntos que es tratado con más precaución es la comida.

De acuerdo con Mark Galeotti, ante el temor de envenenamiento, Putin cuenta con un catador personal que chequea todo lo que el mandatario va a comer.

El presidente Putin en una cena oficial.

Getty Images

“Es parte de un estilo que más se acerca a un monarca medieval que a un presidente moderno”, le dice a BBC Mundo.

Además, cuando viaja fuera de Rusia, el equipo del presidente se encarga de todo lo que consume.

“Se llevan toda la comida y bebida que él va a consumir. Así, por ejemplo, si hay un brindis oficial con champaña, él toma de la botella que su equipo le trae, no de la del resto”, explica Galeotti.

Stephen Hall, por su parte, afirma que sus guardaespaldas personales observan de cerca cómo le cocinan para evitar cualquier riesgo.

Teléfonos inteligentes

Otra de las medidas que buscan protegerlo es el bloqueo de los teléfonos inteligentes dentro del Kremlin.

El propio presidente ruso ha confirmado que no usa estos aparatos.

En 2020, en una entrevista con la agencia estatal de noticias rusa TASS, lo admitió señalando además que, si se quería conectar con alguien, existía una línea oficial para hacerlo.

Sus asesores también lo han admitido. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, ha dicho en repetidas ocasiones que Putin no usa móbiles pues “no tiene demasiado tiempo”.

Pero lo cierto es que entre las razones que explican la reticencia de Putin a usar esta tecnología es que desconfía profundamente de Internet.

En el pasado, de hecho, ha indicado que Internet es un “proyecto de la CIA” —la agencia de inteligencia estadounidense— y ha llamado a los rusos a no realizar búsquedas por Google pues considera que los norteamericanos están monitoreando toda la información.

“Putin apenas usa Internet, es bien sabido que no le gustan los teléfonos. Y bueno, seamos honestos, desde el punto de vista de la seguridad, Putin tiene toda la razón. Los teléfonos inteligentes no son muy seguros”, señala Galeotti.

Ante esto, el académico afirma que Putin se informa a través de archivos de papel que le entregan sus asesores.

El presidente ruso no usa teléfonos inteligentes.

Getty Images
El presidente ruso no usa teléfonos inteligentes.

“Comienza su día con tres documentos informativos de seguridad. Uno es de lo que está pasando en el mundo, otro es de lo que está pasando en Rusia y, el tercero, es sobre lo que está sucediendo dentro de la élite”, comenta.

“Para él, esta es la información más importante y la que va a definir su día”.

“Recuerdo haber hablado con diplomáticos y personeros del ministerio de Relaciones Exteriores que me dijeron estar frustrados porque si ellos tienen una información que choca con la de sus servicios de inteligencia, Putin tenderá a asumir que sus espías tienen la razón y que los diplomáticos están equivocados”, agrega.

Aislamiento y pandemia

Actualmente, el acceso a Vladimir Putin es extremadamente limitado.

Los pocos líderes que se reúnen con él, deben hacerlo respetando varios metros de distancia. Recordada es la cita con su homólogo de Francia, Emmanuel Macron, quien debió sentarse en el otro extremo de una larga mesa.

Parte de estas medidas son herencia de la pandemia de coronavirus que terminaron por aislarlo aún más.

La reunión entre Putin y Macron

Getty Images

Según el servicio ruso de la BBC, entre las medidas que se han implementado durante este período se encuentran: una cuarentena obligatoria de dos semanas a cualquier persona que quiera verlo; riguroso régimen de control médico, que incluye periódicos test PCR, para todos quienes lo rodean; y la reducción casi total de su asistencia a eventos públicos.

El 15 de marzo recién pasado, el secretario de prensa del gobierno ruso, Dmitry Peskov, confirmó que todas las medidas anti-covid relacionadas con la seguridad de Putin continúan intactas hasta que los “expertos” lo “consideren apropiado”.

Y es que en Rusia su salud personal es vista como un asunto de seguridad nacional.

En entrevista con el programa Today de BBC Radio 4, el general James Clapper —que supervisó la CIA, el FBI, la NSA y se desempeñó como uno de los principales asesores del presidente Barack Obama— confirmó que Putin ha estado aislado.

“Putin ha estado en gran medida aislado, particularmente en los últimos dos años con la pandemia, y lo que agrava es el hecho de que tiene muy pocas personas que realmente tienen acceso a él, lo que hace que sea muy difícil recopilar inteligencia en la que tienes fe y confianza”, dijo.

Una visión similar tiene Galeotti. “Putin vive muy aislado. El círculo de personas que lo rodea ha disminuido drásticamente“, indica.

Vladimir Putin bajándose de un auto junto a su guardaespaldas.

Getty Images

“Ya no viaja por el país y su aparición en eventos públicos es bastante inusual. Los guardias de seguridad son de las pocas personas con las que Putin tiene una relación personal”, señala.

Según Galeotti, esto explica, en parte, por qué muchos de ellos han sido nombrados posteriormente en altos cargos (como es el caso de Viktor Zolotov, en la Guardia Nacional).

Algunos analistas en inteligencia afirman que las extremas medidas de seguridad que rodean a Putin se explican en parte por una “paranoia” genuinamente rusa.

Otros, dicen que el mandatario, con su experiencia en la KGB, sabe mejor que nadie lo importante que es resguardar su propia seguridad.

Sea como sea, todo indica que su protección y aislamiento solo va en aumento. Y que, tal como dice Galeotti, en el Kremlin se hacen las cosas “como Putin quiere que se hagan”.


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