Facundo Rosas Rosas, responsable de operativo en Chalchihuapan: CNDH
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Foto: Cuartoscuro.

Facundo Rosas Rosas, responsable de operativo en Chalchihuapan: CNDH

El caso Chalchihuapan es el segundo en que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, teniendo como presidente a Raúl Plascencia Villanueva, ejerce su facultad de investigar “violaciones graves a los derechos humanos”. Plascencia se presentó ayer en la junta auxiliar de San Bernardino Chalchihuapan para realizar una inspección, previamente al dictamen que presentará en septiembre.
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Por Ernesto Aroche Aguilar
15 de agosto, 2014
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Foto:  Cuartoscuro.

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El caso Chalchihuapan es el segundo en que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), teniendo como presidente a Raúl Plascencia Villanueva, ejerce su facultad de investigar “violaciones graves a los derechos humanos”. El primero fue en la investigación de los sucesos de la normal rural de Ayotzinapan, en donde dos estudiantes murieron. Los dos casos son resultados de un violento desalojo. En los dos casos, el responsable de los operativos fue Facundo Rosas Rosas, secretario de seguridad pública de Puebla.

Lo anterior fue planteado por el titular de la CNDH al ser entrevistado ayer 14 de agosto en las inmediaciones de Chalchihuapan, en la zona en donde el 9 de julio pasado un grupo de granaderos dispersó una manifestación que dejó como saldo la muerte del menor José Luis Alberto Tehuatlie Tamayo, nueve heridos graves entre los pobladores de la comunidad y más de 40 policías golpeados.

Plascencia Villanueva se presentó en la junta auxiliar de San Bernardino Chalchihuapan pasadas las 13 horas para realizar una inspección ocular de la zona acompañado por un grupo de ocho peritos de la CNDH, pues afirmó que como el dictamen que presentará en los primeros días de septiembre estará firmando por él necesita tener certeza y conocer de primera mano lo sucedido durante el desalojo.

Por ello, mantuvo también una serie de entrevistas con la familia de José Luis Alberto, con los heridos de gravedad que dejó el operativo policial, y con habitantes de la población. Entrevistas de las que, a decir del diario Reforma, sacó como conclusión que los heridos no presentan huellas de haber sido heridos con un cohetón ni tener signos de quemaduras.

–¿Alguno de ellos presentó quemaduras?, se le preguntó.

–No, ninguno de ellos, respondió a la reportera del diario capitalino.

Lo anterior cobra relevancia pues el gobierno del estado y la procuraduría mantiene como tesis que el menor fue herido de muerte por la onda expansiva de un cohetón.

Plascencia Villanueva descartó también mantener una relación de cercanía con el gobernador del estado, esto pues un exfuncionario de la comisión, Juan Pablo Piña Kurczyn –se ocupó de la sexta visitaduría luego de dejar la Secretaría de Servicios Legales y Defensoría Pública en el gobierno de Moreno Valle para luego pasar al PRI como secretario de la Fundación Colosio— fue nombrado hace unos días jefe de la Oficina de la Gubernatura, un puesto que hasta antes de su designación no existía.

“Él dejó de trabajar en la comisión hace dos años. En la comisión trabajan mil 560 personas, él estuvo en la comisión, tuvo su papel y su momento, pero hoy por hoy ya no está ahí, fue un colaborador, pero mi amigo no es”.

Por último, Plascencia Villanueva recordó que ya se había realizado un análisis a la llamada “Ley bala” por parte del personal de la comisión sin que se hubiese encontrado en el documento visos de ilegalidad o posibles espacios para la violación de los Derechos Humanos, pero que se revisará si en el operativo se cumplió con la misma y que las recomendaciones respectivas estarán contenidas en el informe que presenten en septiembre próximo.

No hubo diálogo

Horas antes, durante la realización del foro “Pensar, decir y manifestarse: los derechos humanos y la vigilancia de las comunicaciones” que se realizó en la Universidad Iberoamericana, el presidente auxiliar de Chalchihuapan, Javier Montes Barranco, narró cómo se iniciaron los hechos la tarde del 9 de julio.

Ahí el alcalde contó que “aproximadamente a las 2 de la tarde, ya con los granaderos ahí, podría decir alrededor de 500 granadores, se acerca uno, no se quiso identificar, nada más dijo que él iba al mando, y que le pedía a la gente, les exigía que se quitaran de la carretera que dejaran de estorbar, entonces la gente le decía ‘mira, pues ya mero nos vamos, ya llevamos dos horas en un ratito nos quitamos’. Él vio su celular y dijo ‘no puedo, tengo órdenes específicas. Les doy cinco minutos para que se retiren o si no vamos a desalojar’. El elemento se da la vuelta, llega con su gente, con los demás elementos y da la orden, no pasaron ni dos minutos y comienzan a marchar hacia las personas (en plantón). Ese fue el diálogo que tuvimos”.

Montes Barranco también explicó que el pueblo reaccionó al desalojo por dos situaciones concretas: el intento de los policías por entrar al pueblo “yo creo que la orden no era desalojar, yo creo que la orden era reprimir, porque no se detuvieron en el momento en el cual quedó desalojada la autopista, sino que suben al puente e intentan bajar a la comunidad”. La segunda, dijo, cuando por los disparos de gases lacrimógenos y balas de goma por parte de los policías, es herido el menor y otros habitantes del pueblo.

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¡Salta el cráter si hay más bombardeos!: la feroz batalla dentro de la última línea de defensa de Járkiv

El periodista de la BBC Quentin Sommerville, acompañado del camarógrafo Darren Conway, llegaron al frente de batalla de la ciudad de Járkiv, en el este de Ucrania.
18 de marzo, 2022
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La segunda ciudad de Ucrania, Járkiv, ha sido el objetivo constante de los ataques rusos durante tres semanas. Quentin Sommerville, de la BBC, y el camarógrafo Darren Conway informan desde la línea del frente donde las tropas ucranianas continúan repeliendo el avance enemigo.

Entramos en la casa por donde solía estar la puerta trasera. Ahora solo hay una cortina que se mueve con el viento helado. Los propietarios, desaparecidos hace mucho tiempo, podían ver desde ahí las ricas tierras de cultivo al norte de Járkiv, pero gran parte de esas tierras también están irreconocibles.

En la cochera, junto a una patineta abandonada, hay una docena de cajas vacías de algunas de las mejores armas antitanques del mundo. Un soldado ruso muerto yace boca abajo en el jardín delantero.

La casa se ha convertido en una base de primera línea, y las cajas usadas son un indicativo de que los soldados han peleado aquí por sus vidas: una pelea por la independencia de Ucrania.

Hemos obtenido un acceso excepcional al ejército ucraniano que, después de tres semanas de duros combates, sigue firme en las afueras de Járkiv, impidiendo que las fuerzas rusas capturen la segunda ciudad más grande de Ucrania.

Bombardeos constantes

“¿Quieres ir más adelante?”, pregunta Yuri, un comandante del 22º Batallón de Infantería Motorizada del ejército ucraniano, señalando las ruinas de dos vehículos blindados de transporte de personal rusos y las piezas destrozadas de dos de sus tanques.

El batallón se reconstituyó en 2014 después de que Rusia invadió Crimea y respaldó a los separatistas de Donbas.

“Usaron drones, aviones, helicópteros de ataque, todo”, dice Yuri, mientras se oyen proyectiles rusos retumbando, golpeando las carreteras cercanas y los bloques de apartamentos.

La zona de un ataque en Járkiv

BBC
El lugar de un ataque de cohetes rusos Grad (múltiples cohetes lanzados en rápida sucesión) en un vecindario residencial.

Los rusos han seguido atacando y han sido repelidos muchas veces. En su frustración por fallar en su entrada, bombardean día y noche la ciudad, que alguna vez fue el hogar de 1,4 millones de personas.

El suelo está batido y el lodo espeso succiona las botas. Una mirada hacia atrás muestra las estructuras en ruinas de la hilera de casas por las que acabamos de pasar. Los jardines suburbanos se han convertido en campos de batalla como en el pasado de Europa.

“Los primeros tres días fueron los peores. Estaba lloviendo, estábamos cubiertos de barro, parecíamos cerdos”, dice Olexander, de 44 años, que está parado cerca.

Junto a uno de los vehículos blindados de transporte de personal destruidos -en el que su marca Z ya se ha desvanecido- hay un gran cráter de unos 6 m de ancho. El primer día de la invasión, el 24 de febrero, un ataque ruso mató a seis soldados ucranianos en este mismo lugar. Muchos más murieron aquí desde entonces, pero las cifras oficiales no se han publicado.

Un cráter de una bomba rusa en Járkiv

BBC

Una bota militar verde se alza sobre el borde del cráter, un cadáver ruso más allá. Un gran cuervo negro se sienta cerca, imperturbable por el rugido de los bombardeos y los cohetes Grad desde las posiciones rusas.

Los hombres aquí pueden decirte la fecha y la hora precisas en que llegaron al frente, lo que implica que si no estuviste aquí los primeros tres días, no conociste el combate real. “¡Salta al cráter si hay más bombardeos!”, dice Uri.

“Si pasan por aquí, entrarán en Járkiv”

Constantine, de 58 años, fue piloto de la fuerza aérea ucraniana hasta que se jubiló y se convirtió en periodista. Ahora está de vuelta al frente, camina cojeando y usa un palo de escoba roto como apoyo. La metralla rusa hirió su pierna, pero se niega a abandonar el frente.

“Esta es la última línea de defensa de la ciudad, si pasan por aquí, entrarán en Járkiv. Esta carretera te lleva desde Rusia hasta el corazón de la ciudad”, dice.

Olexander

BBC
Olexander, de 44 años, estaba luchando en Donbás.

Resuena un bum y un zumbido cuando un misil guiado por cable vuela justo sobre nuestras cabezas. Entramos en el cráter. El proyectil golpea cerca de la carretera, un gasoducto estalla en llamas.

Mientras nos refugiamos, un soldado de reconocimiento con una cinta azul en el casco nos dice que nos quedemos abajo. Roman tiene 34 años, aunque bromea diciendo que tenía 24 cuando comenzó la guerra hace tres semanas.

Dice que los rusos no se mostrarán ahora: “Son gallinas. Responderemos bien y de forma apropiada”. Se detiene y quiere un selfie. Más tarde nos enteramos de que transportó los cadáveres de sus compañeros caídos en su propio vehículo desde el frente hasta la morgue de la ciudad.

Cuando nos vamos, Constantine atrapa algo en el aire: un alambre de cobre delgado, que se extiende por millas. Sirvió para guiar el misil ruso que acaba de pasar sobre nuestras cabezas.

Nos espera Olexander, de 44 años, de la cercana región de Poltava. Ha estado con la unidad desde su fundación y ha luchado en Donbás.

“Esto es mucho peor”, dice. “Durante los primeros tres días, no podíamos entender lo que estaba pasando. Estábamos perdidos y no podíamos creer lo que sucedía. Pero después de eso nos recuperamos y nos mantenemos firmes y mantendremos nuestras posiciones”, agrega.

Un edificio habitacional dañado por un bombardeo en Járkiv

BBC

Le pregunto por qué está peleando. Se ríe y responde: “Por una Ucrania libre, por mi familia y por ustedes también. Por nuestra independencia y por la paz”.

“Resistan”

Yuri, el comandante, nos lleva de regreso al bloque de apartamentos de la era soviética aún habitados. Rusia dice que vino a Ucrania para desmilitarizar el país, pero aquí vemos lo que eso significa para los civiles. Un bloque de 20 pisos sigue humeando por un ataque ruso, fue hace dos días, según Yuri.

El número oficial de muertes de civiles en Járkiv se situó en 234, incluidos 14 niños, hasta el 16 de marzo. Los últimos días han sido duros, como se nos recordó en un instante.

Una ráfaga de cohetes rusos Grad cayó sobre el vecindario, golpeando a solo unos metros de distancia. Los soldados que nos rodeaban se habían puesto a cubierto y estaban ilesos.

En el mismo complejo de viviendas viven los esposos Svitlana y Sasha. Svitlana tiene 72 años y nos da la bienvenida a su casa, diciendo que no han hablado con nadie en semanas. “Nos alegra que hayas venido”, dice.

Svitlana

BBC
Svitlana. de 72 años, y su marido duermen dos horas por noche en su piso dañado por una bomba.

Su edificio ya ha sido atacado, las ventanas traseras ya no están y duermen en sofás. Descansan unas dos horas por noche, pues el bombardeo es implacable. “Cuando se detiene, es como la primavera”, dice.

Le pregunto si tiene un mensaje para Vladimir Putin. “No”, responde con firmeza. “Me parece que este hombre ya ha perdido la cordura y no piensa con claridad. Porque un humano cuerdo no puede hacer algo así: bombardear a ancianos, niños, jardines de infantes, escuelas, hospitales. Él no entendería lo que digo”.

Pero luego, cuando le pregunto por los hombres que no están lejos de su casa y que defienden la ciudad, llora. “Sí, les estoy muy agradecida por proteger su patria. Resistan muchachos. Siempre los apoyaremos. Son tan valientes, tanto los chicos como las chicas”.

Un soldado ucraniano

BBC

Todavía hay cientos de miles de personas viviendo en Járkiv, a pesar de los bombardeos. Si Rusia y Ucrania son hermanos, como profesa el Kremlin, entonces esto es un fratricidio.

Cuando salimos del vecindario, gran parte está encendido. La furia de Rusia con esta ciudad se ve y se escucha. Por la noche, todo Járkiv está cubierto por una nube de humo, el incesante golpeteo de las armas continúa, pero los defensores aún mantienen al enemigo alejado de las puertas de la ciudad.


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https://www.youtube.com/watch?v=zCY05LVIK6Y

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