La Ley de Protección de los Derechos de los Niños, sin mecanismos para aplicarla
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La Ley de Protección de los Derechos de los Niños, sin mecanismos para aplicarla

La ambigüedad jurídica de los niños internados en albergues, qué hacer con las víctimas y agresores de bullying o la falta de claridad en los procesos de adopción, son algunos de los problemas ante la falta de una legislación proactiva y una institución particular que proteja la infancia.
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Por Majo Siscar
28 de agosto, 2014
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Estados Unidos anunció que detuvo a 47 mil niños migrantes. //Foto: AP

Estados Unidos anunció que detuvo a 47 mil niños migrantes. //Foto: AP

Cuatro de cada 10 mexicanos son menores de edad y para ellos existe una Ley Federal de Protección de los Derechos, que sin embargo se queda sólo en palabras porque no contiene mecanismos para salvaguardar esos mismos derechos.

El problema se agrava, según por los derechos de la infancia, porque en las leyes estatales ocurre algo similar.

Por ejemplo, el apartado C del artículo 14 de la citada ley dicta: “Se considere el diseñar y ejecutar las políticas públicas necesarias para la protección de sus derechos”. Catorce años después todavía no existen. No hay tampoco ninguna institución enfocada en la niñez. La más cercana es el sistema de Desarrollo Integral de las Familias (DIF) que se autodefine como el vehículo de “políticas públicas en materia de asistencia social que promueven la integración de la familia”. Es decir, respecto a la niñez, el DIF sólo actúa ante la ausencia o fallo de las familias.

Aún así, ocho de cada 10 niños sin cuidado parental viven en instituciones privadas que no están censadas ni necesariamente sometidas a supervisión periódica.

Así se evidenció en el operativo de la Procuraduría General de la República en el albergue de La Gran Familia en Zamora, Michoacán, donde vivían más de 400 niños en condiciones insalubres y sometidos a malos tratos y abusos sexuales. También está el caso de la red de trata encubierta en el albergue capitalino Casitas del Sur, descubierta en 2008.

“Las leyes vigentes son declarativas, el Estado no se ha transformado. La noción general es que todo lo que corresponde a la infancia es derivado al sistema DIF que mantiene un sistema tutelar asistencial que no contempla la prevención”, critica Juan Martín Pérez de la Red por los Derechos de la Infancia.

La falta de protocolos preventivos y de actuación ante la vulneración de los derechos de la infancia se muestra también en los recientes casos de acoso escolar. Los padres de la escuela donde estudiaba el niño acusado de violentar a una veintena de alumnos aseguran que habían interpuesto incluso una denuncia ante el Ministerio Público sin respuestas. El propio DIF reporta 39 mil casos de maltrato infantil en todo el país, en el último registro que recopiló denuncias de todos los estados, pero no siempre se actúa ante ellas.

“El estado mexicano no ha asumido su responsabilidad con la niñez. Tenemos más de 23 años de rezago en la aplicación de la Convención de los Derechos de la niñez de las Naciones Unidas”, sentencia Mayela Godínez, secretaria técnica de la Comisión de Derechos de la Niñez y la Adolescencia del Senado, que se creó apenas en abril y que preside la senadora panista Martha Elena García. Ante la ausencia de la senadora, Godínez añade que “la ley vigente es meramente enunciativa, no tiene los mecanismos reales para la aplicación de estos derechos. Lo que necesitamos es un Sistema integral que vigile todo el actuar de políticas públicas de infancia, por el interés superior de la niñez”.

México es el único país del continente que no tiene este sistema integral o una institución dedicada a los niños, como sí la tiene, en cambio, para las mujeres o los pueblos indígenas. El 6% del Producto Interno Bruto del país va a parar a los menores de edad , según un estudio de la Secretaría de Hacienda y Unicef, pero la mayor parte de ese presupuesto se reparte entre las secretarías de Salud y de Educación y menos de un 2% de ese 5% se destina a protección. “Y por protección se entiende el trato a niños migrantes, en situación de calle, a prevenir embarazos adolescentes, explotación sexual infantil o acoso escolar”, matiza Juan Martín Pérez, director de la Red por los Derechos de la Infancia.

No hay tampoco un sistema de información único de la infancia. Las bases de datos de la Secretaría de Educación no se cruzan con las de Sanidad ni con cualquier otra. Ya en 2006, el Comité de los Derechos del Niño de la ONU pidió al Estado mexicano que lo creara.

Ayer miércoles 27 de agosto, el Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI) instruyó al DIF Nacional a sistematizar el número de adopciones nacionales e internacionales tramitadas y concedidas al apelar que la generación de información sobre la gestión y los resultados de las políticas y programas en la materia es fundamental para dar cumplimiento a los compromisos establecidos por México en las Convenciones sobre los Derechos del Niño en 1990 y Protección de Menores y la Cooperación en Materia de Adopción Internacional en 1993. El dictamen fue motivado por un recurso de revisión de un particular que había solicitado esa información el año pasado.

“No hay un solo registro de cuántos niños hay en instituciones o cuántos de ellos están en proceso de adopción, porque se supone que el internamiento en una institución debería ser la última opción para los niños, y tampoco hay supervisión de esos lugares. Por ejemplo en el caso de Mamá Rosa, no hay ningún funcionario ni municipal ni estatal, ni federal que vaya a ser iniciado en investigación por omisión. En cuanto se refiere a la infancia el estado suele ser omiso en su responsabilidad”, denuncia Pérez.

Ante todo ello, los legisladores, con la asesoría de la sociedad civil, están impulsando iniciativas legislativas en ambas cámaras que pongan en la agenda pública a la niñez.

“Estamos impulsando la Ley General de Garantías de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, que tiene que contar con un sistema integral de garantías. Tiene que haber una coordinación entre los distintos órdenes de gobierno, entre las distintas dependencias para que esté dando respuesta a las circunstancias que está viviendo la niñez mexicana”, señalaba la perredista Verónica Juárez, Presidenta de la Comisión de los Derechos de la Niñez de la Cámara de Diputados en un evento en la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal.

En marzo, en el Senado, se estableció un Acuerdo Legislativo para trabajar en la creación de una legislación integral para la protección de la infancia. El primer paso, señalan desde la Comisión de la niñez, es la creación de un diagnóstico nacional sobre la situación de la infancia y la adolescencia, con indicadores y medidores de violencia, exclusión, distinción o restricción de derechos. “Lo que buscamos es que todos los órganos de gobierno estén vinculados y que las políticas públicas sean transversales, que haya mesas interinstitucionales con el fin de vigilar el cumplimiento de metas establecidas”, explica Godínez. Además de un Sistema Nacional de Protección Integral, como órgano rector, desde la comisión de la Niñez del Senado impulsan la adopción de un Programa Nacional en donde se involucre la participación de las entidades federativas y municipios y al sector privado.

Desde la Red por los Derechos de la Infancia, Pérez alerta que esta legislación pendiente “no puede ser una ley más, tiene que tener un amplio debate, participación de la sociedad civil y por supuesto la voz de los niños como ciudadanos de pleno derecho”.

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Cómo 52 personas de distintas partes del mundo fueron engañadas para trabajar en una empresa ficticia

En medio de la pandemia, decenas de personas en distintas ciudades recibieron ofertas de trabajo de una compañía inexistente. Aquí te contamos cómo iniciaron los hechos.
22 de febrero, 2022
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La llamada de Zoom tenía casi 40 participantes, o por lo menos eso era lo que pensaban los que se habían conectado. La reunión de todos los empleados de la glamorosa agencia de diseño había sido convocada para darle la bienvenida a los nuevos reclutas de la compañía en crecimiento.

El nombre de la empresa era Madbird y su dinámico e inspirador jefe, Ali Ayad, quería que todos fueran rebuscadores ambiciosos como él.

Pero lo que no sabían aquellos quienes habían encendido sus cámaras era que algunos de los que también estaban en la reunión no eran personas reales.

Sí, aparecían como participantes. Algunos incluso tenían cuentas de correo electrónico activas y perfiles de LinkedIn. Pero sus nombres habían sido fabricados y sus retratos eran los de otras personas.

Todo era falso. Los empleados reales habían sido ‘jobfished’ (término en inglés para referirse a la práctica de ofrecer puestos de trabajo falsos a través de internet). La BBC ha dedicado un año a investigar qué fue lo que ocurrió.

Una opción de trabajo en pandemia

Chris Doocey, un gerente de ventas de 27 años de la ciudad de Manchester, comenzó en Madbird en octubre de 2020, unos meses antes de la llamada de Zoom. Se le dijo que iba a trabajar desde la casa. La pandemia aún estaba en pleno furor, así que era algo normal.

La COVID había dado un vuelco a la vida de Chris. Le había costado su último trabajo y esta era la razón por la cual había aplicado a este trabajo en Madbird. El anuncio describía a la compañía como “una agencia de diseño digital centrada en humanos, nacida en Londres pero operando a nivel mundial”. Sonaba bien.

Chris Doocey

BBC
Para Chris Doocey, Madbird era una buena opción de trabajo

Madbird contrató a más de 50 personas más. La mayoría trabajaba en ventas, algunos en diseño y algunos habían sido traídos para supervisar. Cada nuevo recluta recibía la instrucción de trabajar desde casa, enviándose mensajes a través de correo electrónico y hablando los unos a los otros a través de Zoom.

Otra parte del personal vivía por fuera del Reino Unido. Ansiosos por alcanzar el mercado global, el departamento de recursos humanos de Madbird publicó anuncios en línea para un equipo de ventas internacionales basado en Dubai. Contrataron al menos una decena de personas de Uganda, India, Sudáfrica, Filipinas y otros.

Para ellos, el trabajo representaba más que un cheque de salario, también era una visa al Reino Unido. Sus contratos decían que Madbird patrocinaría su traslado al Reino Unido si superaban su periodo de prueba de seis meses y alcanzaban sus objetivos de ventas.

El enigma de Ali Ayad

Ali Ayad sabía lo que significaba hacer una vida nueva en el Reino Unido. En varias ocasiones habló con empleados de Madbird sobre su pasado, antes de asentarse en Londres.

Pero hubo muchas versiones de su historia. A una persona se le presentó como un mormón de Utah, en EU. Para otros, él era del Líbano, donde una difícil niñez le había enseñado a rebuscarse la vida.

Hasta su nombre cambiaba. A veces agregaba una segunda “y” a su apellido, y lo escribía “Ayyad”. En otras ocasiones, firmaba como “Alex Ayd”.

Ali Ayad en una estación de metro en Londres

BBC
Ali Ayad en una estación de metro en Londres

Pero algunos capítulos de la historia que le contaba a la gente eran consistentes. Clave, ante todo, era la época que vivió como diseñador creativo en Nike. Le dijo a todo el mundo que había trabajado en la sede de la marca de moda en Oregon, en EU. Fue allí donde conoció a Dave Stanfield, el cofundador de Madbird.

Las historias sobre la prominente carrera de Ali no parecían descabelladas. Operaba calmadamente en las videollamadas: era intenso, carismático e incluso, demostraba interés. Hablaba con confianza, a veces con optimismo desmesurado. Fue así como convenció a al menos tres personas para que renunciaran a sus trabajos y se fueran a trabajar con él.

Los empleados de Madbird no tenían ninguna razón para dudar las historias de Ali sobre Nike. Y si lo hacían, lo único que tenían que hacer era revisar su perfil de LinkedIn. Brillaba con largos comentarios de ex colegas.

Las primeras inconsistencias

Por meses, los negocios diarios de Madbird navegaron pacíficamente, se contrataron más diseñadores para cumplir con los expedientes atrasados que el equipo de ventas estaba negociando.

Pero incluso antes de que se revelara la verdad sobre Madbird, sus trabajadores ya tenían un problema. Por la manera inusual en la que se habían redactado sus contratos, aún no se les pagaba. Aceptaron trabajar únicamente con comisiones durante los primeros seis meses.

Solo hasta que superaran su periodo de prueba iban a recibir un salario: 47 mil 300 dólares al año para la mayoría. Mientras tanto, solo ganarían un porcentaje por cada acuerdo que lograran negociar.

Eran todos adultos jóvenes buscando trabajo y atravesando una pandemia. Muchos sintieron que no tenían opción sino aceptar los términos de sus contratos.

Antonia Stuart

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Antonia Stuart trabajaba para Madbird como ‘gerente creativa’ en Dubai.

Pero los acuerdos nunca se concretaron. Para febrero de 2021, no se había firmado un solo contrato con clientes. Ninguno de los empleados de Madbird había recibido un centavo.

Algunos reclutas dejaron la empresa después de algunas semanas, pero muchos se quedaron. Muchos habían estado ahí durante casi seis meses, obligados a sacar tarjetas de crédito y pedir dinero prestado de sus familias para mantenerse al día en las cuentas.

El explosivo correo

Ahora es obvio por qué nadie recibió dinero. Madbird no estaba recibiendo ingresos. Pero eso no era obvio para los empleados nuevos. De manera equivocada asumieron que sus contratos de salario eran únicos y que sus gerentes sí estaban recibiendo salarios.

Además, Madbird estaba al borde de firmar una gran cantidad de contratos. El dinero finalmente estaba llegando. O por lo menos así parecía hasta que una tarde todo se vino abajo.

Gemma Brett

BBC
Gemma Brett tuvo sospechas durante su tiempo de Madbird

Gemma Brett y Antonia Stuart eran dos empleadas con sospechas. Después de investigar en internet, usando buscadores de imágenes, se dieron cuenta que muchos de sus colegas no existían.

Decidieron enviar un correo a todos los empleados usando un alias: Jane Smith. El correo, enviado en una ocupada tarde de semana, acusaba a los fundadores de Madbird de comportamientos “no éticos e inmorales”, incluyendo robar el trabajo de otros y “fabricar” miembros de equipo.

Las revelaciones fueron devastadoras para los miembros reales del equipo. Todo lo que habían estado haciendo, al parecer, se había construido sobre mentiras. Ahora parecía que nunca iban a ver nada de dinero en compensación por meses de tiempo y trabajo.

Fue en este momento en el que empezamos nuestra propia investigación sobre Madbird. Corroboramos los argumentos incluidos en el correo de Jane Smith e incluso, fuimos más allá.

Mentiras y perfiles robads

La reportera Catrin Nye intentando descifrar quién es real y quién no.

BBC
La reportera Catrin Nye intentando descifrar quién es real y quién no.

A diferencia de lo que argumentaba, la compañía no llevaba “transportando productos y experiencias a nivel local y global por 10 años”.

De hecho, Ali Ayad solo registró Madbird como una empresa en el Reino Unido el mismo día en el que entrevistó a Chris Doocey para que se convirtiera en gerente de ventas, el 23 de septiembre del año 2000.

Al menos seis de los empleados de más alto rango en Madbird eran falsos. Sus identidades eran una amalgama de fotos robadas de diferentes esquinas de la red y nombres inventados.

Esto incluía al cofundador de Madbird, Dave Stanfield, a pesar de que tuviera un perfil en LinkedIn y que Ali se refiriera a él constantemente.

Algunos de los empleados engañados incluso recibieron correos de su parte. Ali le dijo a un empleado que si quería contactar al señor Stanfield, debía enviarle un correo electrónico porque estaba muy ocupado con proyectos de Nike como para asistir a la llamada.

Usando tecnología de reconocimiento facial fuimos capaces de contrastar la foto de Dave Stanfield con la de su dueño original, un constructor de panales de abejas en Praga llamado Michal Kalis. Cuando localizamos a Michal, confirmó que nunca había oído hablar de Madbird, o de Ali Ayad o de Dave Stanfield.

Nigel White era otro. Incluso, alguien usando ese nombre se conectó a esa llamada de Zoom de enero. Pero su foto no era la de un diseñador gráfico sino la de un modelo cuya imagen es uno de los primeros resultados cuando buscas “hombre pelirrojo” en el archivo de Getty Images. Su cara aparecía en todo internet.

El supuesto co fundador de Madbird "Dave Stanfield" y el supuesto gerente "Nigel White"

BBC
Dos de los supuestos altos directivos de Madbird eran, en realidad, fotos tomadas de internet

Otras eran incluso más locas. Las fotos de un diseñador gráfico, un gerente de crecimiento de marca y un gerente de mercadeo en Madbird resultaron ser las de un doctor libanés, un actor español y un influencer de modas italiano.

Todas sus fotos habían sido robadas para crear identidades falsas.

Contactamos a las 42 marcas que Madbird citó como antiguos clientes, incluyendo a Nike, Tate y Toni & Guy. Ninguna dijo haber trabajado alguna vez con Madbird.

Un pasado ficticio

Cuando empezamos a investigar, la misma historia de Ali se cayó también. Nunca había trabajado para Nike en Estados Unidos como “líder creativo”, como él argumentaba. Nike nos confirmó a través de un documento que no había contratado a nadie con ese nombre o ninguno de sus alias.

Y luego estaba la cuenta de Instagram de Ali, donde publicaba actualizaciones de su carrera como modelo e influencer a sus más de 90 mil seguidores. Su presencia en las redes sociales había sido una de las razones por las cuales muchos de los trabajadores de Madbird lo admiraban y confiaban en él.

Pero la vida que Ali presentaba en Instagram apenas tenía una relación lejana con su realidad.

Una publicación en específico llamó nuestra atención.

Era una foto mostrando una edición abierta de la revista GQ, con Ali Ayad modelando un blazer en un anuncio de página completa para la marca española de modas Massimo Dutti.

Pero cuando logramos adquirir la edición de GQ y la abrimos en la página 63, la foto de Ali no estaba allí. Era la publicidad de un reloj. Ali Ayad nunca había modelado para Massimo Dutti, y nunca había aparecido en la GQ británica.

Los extrabajadores de Madbird estaban devastados. Algunos habían pasado tanto como seis meses sin pago. Ahora estaban sin trabajo, aún en medio de la pandemia, y haciendo un esfuerzo para siquiera describir lo que les acababa de pasar.

Las víctimas

El gerente de ventas Chris Doocey había llegado a acumular más de 13 mil 500 dólares en deudas en una tarjeta de crédito pagando sus recibos mientras recibía su primer salario.

Y luego estaban los empleados extranjeros. En un punto, Elvis John, originario de Chennai en India, había estado esperando estar en un vuelo al Reino Unido. Estaba a apenas semanas de terminar su periodo de seis meses de pruebas y esperando a que Ali le patrocinara su visa. Cuando el correo de Jane Smith llegó, cayó en depresión. “Mis sueños se destruyeron”.

Elvis John

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Algunos empleados de Madbird esperaban contar con visas para el Reino Unido

“No se si Ali alguna vez entenderá lo que nos hizo pasar”, dice Elvis, quien cree que todo el asunto se manejó como si fuera un juego.

Muchos estaban avergonzados de haberse visto envueltos. Algunos esperaron días, e incluso semanas, antes de decirle la verdad a sus familiares y amigos.

Y para otros, la historia era difícil de explicar y siempre estuvo recibida por preguntas que ninguno de los empleados engañados podía contestar.

¿Habrá entendido Ali la consecuencia de sus acciones?

Durante un tiempo, Ali dijo que iba a hablar con nosotros y dar su versión de los hechos. Luego de meses de mensajes finalmente aceptó sentarse y dar una entrevista en cámara para la BBC.

Pero luego, con un día de anticipación, canceló. Si íbamos a tener la versión de los hechos de Ali Ayad, no tendríamos otra opción sino buscarlo.

Confrontando a Ali

Lo seguimos hasta una calle del oeste de Londres una tarde de octubre, donde lo confrontamos. Estaba vestido con una chaqueta negra de cuero y se dirigía a una estación del metro. Si se sorprendió con nuestra presencia, no lo aparentó y, al principio, decidió ignorar nuestras preguntas. Pero luego de un rato, no pudo evitar hablar.

Insistió que estaba tratando de hacer algo bueno.

“Lo único que sé es que creamos oportunidades para la gente, en medio de la COVID”.

Cuando lo acusamos de crear identidades falsas y robarse el trabajo de otras personas, se enfureció.

“¿Lo hice? ¿Cómo saben que lo hice?”. ¿Estaba argumentando que alguien más había estado involucrado? Cuando lo presionamos, no mencionó a nadie.

Siempre existió la posibilidad de que alguna mente anónima estuviera detrás de todo, y es algo que consideramos seriamente. Pero sin nombres o la ayuda de Ali, fue un camino que no pudimos explorar.

Ali también insistió que Madbird sí tenía una oficina. Pero cuando lo cuestionamos, se arrepintió, asegurando que se refería a una oficina virtual. “No tienes realmente computadores ni nada, ¿cierto? Es una compañía digital”.

Eventualmente, dejó de contestar nuestras preguntas.

Mientras Ali Ayad se rehuse a contestar, nunca sabremos con certeza por qué creo Madbird.

Confrontación con Ali Ayad en Londres

BBC
Confrontación con Ali Ayad en Londres

¿Qué pudo pasar?

Para aquellos que pasaron la mayoría del tiempo en línea con él, intercambiando correos y en videollamadas, se destacan dos teorías.

Una es que todo el asunto es un intento por empezar un negocio real. Pudo haber empezado como una mentira, pero de pronto Madbird hubiera eventualmente conseguido contratos reales y generado ingresos.

La compañía, creen algunos empleados, estaba apenas a días de firmar con clientes cuando todo se vino abajo. Si las mentiras no se hubieran descubierto, de pronto nadie hubiera expuesto los turbios orígenes de Madbird.

Otra explicación es que tiene que ver con algo más allá que el dinero. A lo mejor Ali disfrutaba pretendiendo ser un jefe. Sinceramente parecía disfrutar su tiempo dirigiendo Madbird.

Las entrevistas de trabajo con él duraban generalmente más de una hora. Contaba historias de cómo había cambiado las vidas de personas descubriendo sus talentos y dándoles una oportunidad. Enviaba enlaces de música house a sus empleados para que escucharan mientras trabajaban.

Quería ser un jefe cool y así lo trataron durante los meses que Madbird estuvo funcionando.

La pandemia cambió la forma en la que muchos de nosotros trabajamos, comunicarse a través de una pantalla se convirtió en la regla.

Ali Ayad explotó eso. Era como si quisiera ser el próximo Elon Musk, su ídolo, y con Madbird pensó que había encontrado un atajo. Un universo donde Ayad sería juzgado solamente por su presencia virtual, en vez de su realidad por fuera de la web.

Y la parte más impactante de la apuesta de Ali Ayad es el hecho de que vivimos en una época en la que casi funciona.

Diseño gráfico de Lilly Huynh


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