Matrimonio gay, inseminación y adopción: ¿cómo se pueden tener cuatro mamás?
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Matrimonio gay, inseminación y adopción: ¿cómo se pueden tener cuatro mamás?

Su nombre es Carl Housten, cumplió 15 años en este 2014 y se puede decir que tiene cuatro madres. ¿Cómo lo consiguió? Su historia tiene que ver con los derechos a la inseminación de parejas de lesbianas, el matrimonio gay y el derecho a la adopción para parejas del mismo sexo.
Por Omar Granados
17 de agosto, 2014
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La periodista Annika Hamrud Housten (izquierda) con su pareja Heidi Housten soteniendo  a su hijo de nueve meses Carl Housten en el año 2000. Foto: WorldFoto / Agencia Alamy.

La periodista Annika Hamrud Housten (izquierda) con su pareja Heidi Housten soteniendo a su hijo de nueve meses Carl Housten en el año 2000. Foto: WorldFoto / Agencia Alamy.

Su nombre es Carl Housten, cumplió 15 años en este 2014 y se puede decir que tiene cuatro madres. ¿Cómo lo consiguió? Su historia tiene que ver con los derechos a la inseminación de parejas de lesbianas, el matrimonio gay y el derecho a la adopción.

Carl Housten es hijo de Annika Hamrud y Heidi Housten, una pareja sueca que se adelantó a las leyes, consiguiendo una inseminación antes de que fuera legal en Suecia y siendo un modelo a seguir para las parejas de lesbianas de su generación.

Para el momento de su embarazo, Annika era ya una importante periodista del diario Dagens Nyheter (Daily News), el mayor diario matutino en Suecia, para el cual trabajó 21 años. Fue una de las primeras periodistas de temas políticos dar a conocer su sexualidad de forma pública y, luego del nacimiento de su hijo, fue de las primeras en escribir al respecto de los hijos de parejas del mismo sexo, en su diario y en el libro de 2005, Queer Kids, por lo que ha conseguido una importante posición en Suecia al respecto de estos temas.

Además de haber sido una pionera en conquistar estos derechos de facto, Annika relató a Animal Político, que cuando estaba en sus veintes “no tenía ningún modelo a seguir en este camino, estaba tratando de encontrar una manera de tener hijos, así que desde el principio pensé en conseguir un hombre gay y busqué la forma por mucho tiempo.”

Pride Parade de Estocolmo, el 2 de agosto de 2014. En Suecia cada vez son más comunes los hijos de parejas del mismo sexo y la marcha con carriolas se ha vuelto una parte importante del desfile anual. Foto: Omar Granados.

Pride Parade de Estocolmo, el 2 de agosto de 2014. En Suecia cada vez son más comunes los hijos de parejas del mismo sexo y la marcha con carriolas se ha vuelto una parte importante del desfile anual. Foto: Omar Granados.

En dos pláticas con Annika en la ciudad de Estocolmo, Suecia, la periodista relató detalles de su historia de vida. Explicó que posteriormente -a los 32 años- conoció a la que sería su novia, Heidi Housten. “Decidimos que queríamos un hijo, así que empezamos a buscar a quien pudiera ayudarnos y fuimos a un programa de televisión estilo Ophra. Posteriormente, hubo un hombre que nos contactó, así que nos reunimos con él y su novio, quienes accedieron a ayudarnos a tener un hijo”, relató Annika Hamrud.

Después de esta reunión, Annika consiguió la inseminación en su propia casa cuando tenía 35 años, entre 1998 y 1999, pues este procedimiento era aún ilegal para parejas del mismo sexo en las clínicas de Suecia. Era el mismo momento en que su entonces pareja tenía un trabajo en Microsoft, en Estados Unidos, por lo que buscando recibir las prestaciones médicas se mudaron a Seattle.

“En EU era raro que conociéramos al padre de nuestro hijo, pues todas las otras lesbianas que conocimos tuvieron una inseminación en clínicas mediante padres anónimos”. Cuando salieron de Suecia, Annika y Heidi no estaban casadas, pero eran una ‘pareja registrada’ en su país -un modelo vigente en aquellos años, el cual no incluía derechos a adopción ni inseminación-, mientras que al llegar a EU les era imposible casarse , pero era posible inseminarse y adoptar como madrastra.

En suma, se hicieron pareja legalmente en Suecia y Heidi adoptó legalmente al llegar a EU. Sin embargo, en 1999 el matrimonio era ilegal en EU, mientras que la adopción de Heidi y la inseminación de Annika eran ilegales en Suecia. Hoy las cosas han cambiado y los derechos se han conseguido en varios puntos en los dos lados del Atlántico.

Es en este contexto en el que, en 1999, Annika tiene a su hijo, Carl Housten, en EU y recibe en Seattle las prestaciones médicas como pareja sentimental de Heidi, quien adoptó a Carl igualmente en el estado de Washington.

Unos años después del nacimiento de Carl, la pareja regresa a Suecia, sin que la adopción fuera legal aún. Fue cuando Carl tenía 4 años, en 2003, cuando la ley cambió en Suecia y las parejas del mismo sexo consiguieron los mismos derechos para adoptar establecidos en la ley para parejas heterosexuales, por lo que Heidi hizo el trámite sueco para la adopción.

Pride Parade de Estocolmo, el 2 de agosto de 2014. Foto: Omar Granados.

Pride Parade de Estocolmo, el 2 de agosto de 2014. Foto: Omar Granados.

Annika recordó que dos años después, en 2005, Suecia pasaba la ley para permitir la inseminación para parejas de lesbianas, así que la mayoría de los niños de estas parejas empezaron a nacer a partir de entonces, en un modelo en el que los hijos no pueden conocer a los padres biológicos hasta cumplir 18 años. En cuanto al padre del hijo de Annika, pese a que no se conocían antes de la inseminación, él se ha convertido en amigo de la familia y hoy actúa una especie de padrino o tío.

En una vista retrospectiva, Annika recordó que estas conquistas sociales fueron conseguidas paso a paso, tanto en Suecia como en algunos estados de EU. Hace dos décadas, cuando iniciaban los debates sobre las uniones del mismo sexo, las posiciones de políticos conservadores afirmaban que nunca se permitiría a estas parejas ninguna relación con niños, pero las cosas avanzaron en su paso natural: primero, se permiten las parejas registradas, que empiezan a tener hijos y a vivir con ellos, lo que obligó a seguir reformando la ley.

Pese a la adopción de Carl, Heidi y Annika se separan después de unos años, sin embargo, Heidi no olvida el compromiso asumido y mantiene una maternidad en conjunto tras conseguir un domicilio cercano a Annika. A continuación, ambas madres se dividieron el tiempo de cuidado de Carl casi en alrededor de 50% para cada una.

Después de unos años, Heidi y Annika volvieron a encontrar pareja y se casaron nuevamente, por lo que hoy existe un arreglo en la potestad de Carl, en el que dos parejas de lesbianas le cuidan de forma conjunta.

Un entorno sin discriminación

A decir de Annika, la vida de su hijo Carl -hoy de 15 años- ha sido feliz, pues pese a ser un caso muy inusual en su momento, “no ha tenido muchos problemas por discriminación y es muy consentido por sus cuatro mamás”. También admitió que las dos parejas -la suya y la de Heidi- han varios hecho intentos por tener más hijos, pero han sido infructuosos hasta el momento.

Por otra parte, los padres de Annika y Heidi siempre se han asumido como abuelos de Carl y también son muy felices, afirmó Annika, agregando que siempre sintieron que con su historia abrían paso a nuevas familias en su país, aunque hoy diez o quince años después ya hay muchas parejas de lesbianas con hijos y muchas más se lo plantean como un derecho adquirido.

Carl Housten y la activista Rita Creghton durante un desfile gay en Estocolmo. Foto: Annika Hamrud.

Carl Housten y la activista Rita Creighton durante el Pride Parade de Estocolmo, en 2005. Foto: Annika Hamrud.

En su momento, también sintió el proceso como una lucha política y una defensa de sus propios derechos, pues “cuando estás sólo puedes actuar como quieras, pero una vez con un hijo, no te puedes esconder y tienes que salir por tus derechos.”

En sus primeros años, Carl “nunca tuvo problemas en la escuela, pues la gente y otros niños aceptaron y respetaron a su familia”, afirmó Annika, reconociendo a la sueca como una sociedad muy progresista aún para ese momento.

También recordó que en uno de los desfiles de orgullo gay en Estocolmo, en 2005, Carl tuvo la oportunidad de ir en la vanguardia de la marcha en un motocicleta y fue visto por muchos de sus compañeros de escuela y, en lugar de ser discriminado, fue admirado por ellos, en un país en el que el este desfile se ha convertido casi en una fiesta nacional.

Hoy Carl es algo tímido y aún está en una etapa temprana, pero a decir de Annika ya ha mostrado mucho interés por sus compañeras de clase, en la forma en que reacciona hacia ellas y actúa en su presencia.

Los 15 años de edad de Carl coinciden de cierta forma con la edad de una nueva época de reconocimiento de derechos para la comunidad LGBT, en algunos de los países europeos y algunos estados de EU. La iglesia evangélica luterana sueca, por ejemplo, también ha aceptado no sólo las bodas entre parejas del mismo sexo, sino que ha permitido el ingreso de mujeres como sacerdotes y les ha permitido tener pareja -incluso del mismo sexo- e hijos.

“Las cosas han avanzado muy rápidamente en Estados Unidos y en Europa”, recuerda la autora de  Queer Kids, “pues hace 15 años decían que nunca permitirían las bodas gay en muchos lugares y en años recientes esto ya ha sucedido.”

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Rusia y Ucrania: las razones de Estados Unidos y la OTAN para no enviar tropas a Kiev

En el pasado, las tropas de Estados Unidos y de la OTAN intervinieron en conflictos en países que no pertenecían a la alianza como Bosnia o Afganistán.
26 de febrero, 2022
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El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha gastado un enorme capital diplomático en contrarrestar el ataque ruso a Ucrania.

Su gobierno transmitió implacablemente advertencias sobre una posible invasión inminente por parte de Moscú, que finalmente se materializó, y declaró que estaba en juego nada menos que el orden internacional.

Pero Biden también ha dejado en claro que los estadounidenses no están dispuestos a combatir, aunque los rusos claramente lo están.

Además, descartó enviar fuerzas a Ucrania para rescatar a ciudadanos estadounidenses, si llegara el caso. De hecho, sacó del país tropas que estaban sirviendo como asesores y monitores militares.

¿Por qué ha trazado el mandatario esta línea roja en la crisis de política exterior más importante de lo que lleva de presidencia?

No están en juego sus intereses de seguridad nacional

En primer lugar,hay que recordar que Ucrania no está en el vecindario de EE.UU. ni se encuentra en su frontera. Tampoco alberga una base militar estadounidense. No tiene reservas estratégicas de petróleo y no es un socio comercial importante.

Pero esa falta de interés nacional no ha impedido en el pasado que gobiernos estadounidenses hayan gastado sangre y recursos de su país para defender a otros.

En 1995, Bill Clinton intervino militarmente en la guerra que siguió al colapso de Yugoslavia. Y en 2011, Barack Obama hizo lo mismo en la guerra civil de Libia, alegando tanto motivos humanitarios como de derechos humanos.

Tropa de Estados Unidos en Bosnia en 1995.

Getty Images
Estados Unidos envío tropas que formaron parte del contingente de la OTAN en 1995.

En 1990, George HW Bush justificó su coalición internacional para expulsar a Irak de Kuwait defendiendo el Estado de derecho frente a la ley de la selva.

Los principales funcionarios de seguridad nacional de Biden han usado un lenguaje similar al describir la amenaza de Rusia a los principios internacionales de paz y seguridad.

Pero, hasta ahora, han hablado de una guerra económica a través de sanciones paralizantes como respuesta, no de operaciones militares.

Biden no es partidario del intervencionismo militar

Esta postura tiene algo que ver con los instintos no intervencionistas del presidente Biden.

Por supuesto, estos se fueron desarrollando con el paso del tiempo. En el pasado, por ejemplo, el actual mandatario apoyó la acción militar estadounidense en la década de 1990 para hacer frente a los conflictos étnicos en los Balcanes.

También votó a favor de la invasión estadounidense de Irak en 2003. Pero, desde entonces, se ha vuelto más cauteloso a la hora de usar el poder militar estadounidense.

Así, se opuso a la intervención de Obama en Libia, al igual que a su decisión de incrementar las tropas en Afganistán. De igual modo, sigue defendiendo enérgicamente su orden de retirar las fuerzas estadounidenses de Afganistán el año pasado a pesar del caos que la acompañó y la catástrofe humanitaria que dejó a su paso.

Por su parte, el jefe diplomático de su gobierno, Antony Blinken —quien ha ayudado a concebir la política exterior de Biden— ha definido una seguridad nacional estadounidense más enfocada a combatir el cambio climático, luchar contra las enfermedades globales y competir con China que en términos de intervencionismo militar.

Los estadounidenses tampoco quieren una guerra

Una encuesta reciente de la agencia AP y el Centro NORC para la investigación de Asuntos Públicos de la Universidad de Chicago concluyó que 72% de los consultados en EE.UU. dijo que su país debería desempeñar un papel menor en el conflicto entre Rusia y Ucrania, o ninguno en absoluto.

Carteles con el precio de la gasolina en una estación de servicio en Estados Unidos.

Getty Images
Los estadounidenses están más preocupados por la economía que por la geopolítica.

Los ciudadanos centran sus intereses en cuestiones económicas, especialmente en el aumento de la inflación, algo que Biden debe tener en cuenta a medida que se avecinan las elecciones de mitad de período.

En Washington, la crisis en Ucrania está en el centro de las preocupaciones de legisladores tanto republicanos como demócratas, que exigen sanciones más duras contra Rusia.

Pero incluso voces de línea dura como el senador republicano Ted Cruz no quieren que Biden envíe tropas estadounidenses a Ucrania y “comience una guerra con Putin”.

El senador republicano Marco Rubio, otro halcón de la política exterior, ha dicho que la guerra entre las dos potencias nucleares más grandes del mundo no sería buena para nadie.

El peligro de una confrontación de superpotencias

Buena parte de esta postura se explica en el hecho de que Putin cuenta con una gran reserva de ojivas nucleares.

Biden no quiere provocar una “guerra mundial” al arriesgarse a un enfrentamiento directo entre tropas estadounidenses y rusas en Ucrania y ha sido claro al respecto.

Balance fuerzas militares entre Rusia y Ucrania.

BBC
Desfile militar en Rusia.

Getty Images
Además de armas nucleares, Rusia cuenta con un potente arsenal convencional.

“No es como si estuviéramos lidiando con una organización terrorista”, dijo el mandatario estadounidense a la cadena NBC a principios de este mes. “Estamos lidiando con uno de los ejércitos más grandes del mundo. Esta es una situación muy difícil y las cosas podrían descontrolarse rápidamente”, apuntó.

EE.UU. no está obligado a actuar

EE.UU. tampoco está obligado por ningún tratado internacional a asumir este riesgo.

Una situación distinta ocurriría si Ucrania fuera parte de la OTAN, pues en esa organización se asume que un ataque contra cualquiera de sus miembros es un ataque contra todos. Ese es el compromiso fundamental del Artículo 5, que obliga a todos los miembros a defenderse unos a otros.

Pero Ucrania no es miembro de la OTAN, un factor citado por Blinken para explicar por qué los estadounidenses no lucharán por los valores que defienden con tanta energía.

Aquí hay cierta ironía, dado que el conflicto surge de las demandas de Putin de garantías de que nunca se permitirá que Ucrania se una a la alianza militar y de la negativa de la OTAN a dárselas.

Tampoco la OTAN está obligada a hacerlo

Paradójicamente, el compromiso de defensa mutua establecido en el Tratado de la OTAN es el principal incentivo que tiene Ucrania para solicitar la admisión en esa alianza y, al mismo tiempo, uno de los motivos por los cuales algunos de sus estados miembros no quieren admitir a Kiev.

Gráfico

BBC

Desde inicios de la década de 1990, el tema de la ampliación de la OTAN para incluir a países que pertenecieron a la antigua órbita soviética fue motivo de debate entre expertos en política exterior, entre los cuales hay quienes creen que esto podría generar una reacción negativa por parte de Rusia, que podía sentirse amenazada por la inclusión en la alianza de países con los que comparte fronteras.

Pese a esas objeciones, la alianza se amplió y desde 1997 ha incluido entre sus miembros a 14 países que proceden del antiguo bloque comunista. Ha habido, sin embargo, dos notables excepciones: Georgia y Ucrania.

En 2008, la OTAN hizo una declaración en la que señaló que estos dos países podrían ser finalmente admitidos, pero esto no ha ocurrido.

De hecho, muchos analistas apuntan que no es casual que, justo meses después de esa cumbre de la OTAN, se produjo la guerra en Georgia mediante la cual separatistas prorrusos tomaron el control de los territorios de Abjasia y de Osetia del Sur.

Soldados de Ucrania en Donetsk.

Getty Images
En 2014, las fuerzas armadas de Ucrania perdieron el control de Donetsk y Luhansk ante grupos prorrusos.

Una situación similar se repitió en 2014, cuando pocos meses después de las revueltas populares que llevaron a la caída del gobierno del presidente prorruso de Ucrania Víktor Yanukóvich, se registraron las rebeliones en Donetsk y Luhansk, en las cuales grupos prorrusos asumieron el control de esos territorios de Ucrania.

Al igual que el gobierno de Biden, la OTAN ha criticado con dureza la invasión rusa a Ucrania. Su secretario general, Jens Stoltenberg, dijo que se trata de “un acto brutal de guerra”. Pero, de ahí a intervenir militarmente en defensa de Kiev, hay un abismo que la alianza no parece estar dispuesta a cruzar por el momento.

¿Puede cambiar esto?

El presidente Biden ha estado enviando tropas a Europa y redistribuyendo las que ya están allí, para reforzar a los aliados de la OTAN que limitan con Ucrania y Rusia.

Esto ha sido anunciado por su gobierno como un esfuerzo para tranquilizar a las exrepúblicas soviéticas, nerviosas por el objetivo más amplio de Putin de presionar a la OTAN para que haga retroceder las fuerzas de su flanco oriental.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg.

Getty Images
El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ha criticado duramente la invasión rusa.

Este esfuerzo ha implicado también a la alianza, que durante los meses previos de tensión entre Rusia y Ucrania ha movilizado miles de efectivos y de recursos militares hacia el este de Europa, pero no con la finalidad de proteger a Ucrania sino para reforzar la protección de sus miembros en esa región como Polonia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumania.

Pero la invasión de Ucrania esta semana avivó las preocupaciones sobre la perspectiva de un conflicto más amplio, ya fuera por un derrame accidental de las hostilidades o por un ataque deliberado de Rusia más allá de Ucrania.

Esto último implicaría una gran escalada de la tensión, pues abriría la puerta a invocar el compromiso de defensa mutua del Artículo 5 de la OTAN. No obstante, cualquiera de esos dos escenarios podría atraer a las fuerzas estadounidenses a una batalla.

“Si [Putin] entra en los países de la OTAN, nos implicaremos“, advirtió Biden.

* Con información del análisis de Barbara Plett Usher, corresponsal de la BBC en el Departamento de Estado de EE.UU.


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