¿Por qué están prohibidos los gases lacrimógenos en las guerras?
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¿Por qué están prohibidos los gases lacrimógenos en las guerras?

Hay discrepancias entre los historiadores consultados por BBC Mundo sobre cuándo exactamente fue el primer uso del gas lacrimógeno en la Primera Guerra Mundial, pero la mayoría tiende a apuntar a agosto de 1914, poco después del comienzo de la misma.
30 de agosto, 2014
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Foto: AP

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Una nube densa y blanca se asienta poco a poco en las calles obligando a decenas de personas a buscar refugio.

Es una escena común en manifestaciones alrededor del mundo y el culpable de esa nube es casi siempre el gas lacrimógeno, que está cumpliendo cien años.

En la Primera Guerra Mundial se utilizó por primera vez de manera formal una versión incipiente del gas moderno, con el objetivo de forzar a los soldados enemigos a escapar de sus trincheras para luego sí atacarlos con artillería u otras armas.

Con el paso del tiempo, el gas dejó de utilizarse en los conflictos armados -en los que está prohibido bajo la Convención de Armas Químicas, que entró en vigor en 1997- pero se convirtió en una de las herramientas preferidas por la policía para dispersar multitudes.

“La razón por la que está prohibido en la guerra es porque se supone que no se debe usar como un arma ofensiva”, le explica a BBC Mundo Anna Feigenbaum, una profesora de la universidad británica de Bournemouth, que recientemente publicó un ensayo sobre la historia del gas en la revista estadounidense The Atlantic.

“La excepción en los cuerpos policiales es que no se está usando como un arma, sino como un agente de control”, agrega.

El uso de este gas en protestas ha sido criticado porque puede conllevar a un uso indiscriminado o porque en ocasiones generar problemas de salud entre los manifestantes.

Lea también: el gas lacrimógeno, un negocio en alza

“La guerra de los químicos”

Hay discrepancias entre los historiadores consultados por BBC Mundo sobre cuándo exactamente fue el primer uso del gas lacrimógeno en la Primera Guerra Mundial, pero la mayoría tiende a apuntar a agosto de 1914, poco después del comienzo de la misma.

Doran Cart, curador senior del Museo Nacional de la Primera Guerra Mundial, en Kansas City, Missouri, dice que si bien no conoce documentos oficiales que lo confirmen, los franceses pudieron haber utilizado granadas lacrimógenas contra los alemanes en ese mes. Francia llevaba algunos años experimentando con esos gases.

El “punto de quiebre”, según este historiador, fue en 1915, cuando los gases comenzaron a ser probados con más frecuencia aunque no siempre de manera efectiva.

Su desarrollo formó parte de un esfuerzo mucho mayor de las potencias por crear armas químicas, lo que llevó a la Primera Guerra Mundial a ser considerada “la guerra de los químicos”.

Además de los lacrimógenos, también se utilizaron agentes como el gas mostaza, el gas cloro o el fosgeno, algunos de los cuales causaron un “sufrimiento agonizante” y casi 100.000 muertes, según datos publicados por Naciones Unidas.

“La sensibilidad de estos gases llega como resultado de la novedad y el terror”, le explica a BBC Mundo el historiador Michael Neiberg, profesor de la Universidad de la Guerra del Ejército de Estados Unidos, en Pensilvania.

“Se convirtieron en la personificación de todo lo malo con la Primera Guerra Mundial: la naturaleza industrial de la guerra, la naturaleza total de la guerra”.

“Agente para el control de los disturbios”

Pocos años después, en 1925, se firmó el Protocolo de Ginebra que, con considerables limitaciones, prohibió el uso de armas químicas en las guerras.

Al mismo tiempo, sin embargo, ya se estaban empezando a probar nuevos compuestos químicos de gases lacrimógenos y se estaba discutiendo cómo convertirlos en una herramienta para usos cotidianos. Por su condición no letal, no generaban tanta reticencia como otros gases.

Según escribe Feigenbaum, poco después del armisticio varias ciudades estadounidenses y territorios alrededor del mundo empezaron a comprar este gas, que fue utilizado en prisiones, huelgas y hasta en las cajas fuertes de los bancos para evitar robos.

La guerra de Vietnam también ayudó de manera particular a cambiar la percepción sobre este gas, que generó rechazo cuando fue usado por Estados Unidos tanto en ese país como para dispersar protestas en casa.

Para contrarrestar las críticas de que estaba envuelto en una guerra química, Washington comenzó a referirse cada vez más al gas como un “agente para el control de los disturbios” y con el paso del tiempo lo volvió un término de uso frecuente, según un estudio publicado en 2013 en el Yale Historical Review.

En el resto del mundo, el gas también se volvió más usual y en años recientes ha sido utilizado en la Primavera Árabe, en las recientes protestas en Brasil, en el parque Gezi de Estambul o en los disturbios en Ferguson, Misuri, sólo por nombrar unos cuantos casos.

“Se convirtió en algo de uso común porque es una manera de dispersar una multitud de manera relativamente barata y fácil”, concluye Feigenbaum en su diálogo con BBC Mundo.

Ella explica que si se usa de manera adecuada tampoco causa heridas con sangre y sus efectos son normalmente superficiales, lo cual es beneficioso desde el punto de vista de la policía.

Pero inmediatamente añade que hay otro lado de la moneda: “La calle es el único lugar al que tenemos para ir cuando nos quitan el poder”, dice.

“Si se envenena el aire, se les está quitando a las personas la habilidad para protestar”.

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La impresionante (y costosa) operación del Kremlin para proteger a Putin del coronavirus

Desde el inicio de la pandemia, las autoridades rusas han hecho enormes esfuerzos para proteger al presidente Vladimir Putin de la COVID-19.
7 de abril, 2021
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Desde el mismo comienzo de la pandemia de coronavirus, las autoridades rusas han hecho todo lo posible para proteger al presidente Vladimir Putin de la infección. Pero ¿cómo se organiza una cuarentena al estilo del Kremlin y cuánto ha costado?

Durante el último año, cientos de personas han tenido que ponerse en cuarentena en Rusia, antes de estar cerca de Vladimir Putin. Algunos tuvieron que aislarse incluso si no estaban en contacto directo con el presidente, sino como precaución porque estaban en contacto con otras personas que tenían previsto reunirse con él.

El 25 de marzo de 2020, el presidente Putin se dirigió a la nación y anunció que el 1 de abril marcaría el comienzo de una “semana no laboral”, mientras el coronavirus se propagaba rápidamente en Rusia.

Más tarde, en abril, se introdujo un confinamiento completo con el cierre de tiendas no esenciales y la prohibición de reuniones masivas, mientras una gran proporción de la población comenzó a trabajar desde casa.

Al mismo tiempo, 60 miembros de la tripulación de vuelo especial de la aerolínea Rossiya, al servicio del presidente Putin y de otros altos funcionarios del gobierno ruso, fueron puestos en cuarentena por primera vez el 26 de marzo de 2020 en un hotel no lejos de Moscú.

Desde entonces, cientos de pilotos, médicos, conductores y otro personal de apoyo, así como visitantes del mandatario, han pasado tiempo en cuarentena en una docena de hoteles en toda Rusia para proteger al presidente Putin de la infección.

Recientemente, se informó que el mandatario recibió una vacuna desarrollada en Rusia, aunque no se ha especificado cuál, pero los contratos con varios hoteles de “cuarentena” parecen estar vigentes hasta bien entrado el próximo año.

El servicio ruso de la BBC ha calculado que la Dirección del Presidente de la Federación Rusa, un órgano ejecutivo responsable del buen funcionamiento del equipo presidencial, recibió del presupuesto estatal unos US$84 millones para medidas de lucha contra la pandemia.

Los hoteles del Kremlin

Vladimir Putin en una pantalla.

Getty Images
El Kremlin ha hecho grandes esfuerzos económicos y logísticos para mantener a Putin a salvo de la enfermedad.

El servicio ruso de la BBC ha hallado que, al menos, 12 hotelesse han utilizado para las cuarentenas del Kremlin. Estos lugares de hospedaje se encuentran en Moscú y en su región circundante, la Crimea anexada, así como en una ubicación no muy lejos de la ciudad sureña de Sochi, el escenario de los Juegos Olímpicos de invierno de 2014 y uno de los lugares favoritos del presidente Putin.

En la lista de cuarentena no había hoteles privados: todos los lugares donde los visitantes y el personal de servicio pasaron tiempo pertenecen a la Dirección Presidencial. Algunas de las reservas están hechas hasta marzo de 2022.

Los miembros de la tripulación de vuelo de Rossiya parecen ser los principales ocupantes de estos hoteles. La tripulación sirve a funcionarios, incluido el propio presidente Vladimir Putin, así como al primer ministro Mikhail Mishustin y otros ocho ministros del gabinete.

El servicio ruso de la BBC pudo saber que el presidente Putin pasó gran parte del año pasado trabajando desde su residencia de Sochi.

Una fuente familiarizada con las condiciones de la cuarentena dijo que decenas de pilotos y otro personal aéreo tuvieron que ponerse en confinamiento cerca de Sochi para proporcionar transporte al mandatario, así como para el primer ministro, el ministro de Relaciones Exteriores y muchos otros. Entre los que se pusieron en cuarentena se encontraban pilotos de aviones y helicópteros.

Confinarse para ver a Putin

Vladimir Putin en un escenario.

Getty Images
Antes de que Putin asista a actos públicos se toman numerosas medidas para minimizar el riesgo de que se contagie.

El 75º aniversario de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial debería haber sido una celebración importante en Rusia.

El recuerdo de esa guerra y el papel de Rusia en la derrota del nazismo son partes clave de la narrativa patriótica del gobierno de Putin. La celebración habría tenido lugar en la Plaza Roja el 9 de mayo, el Día de la Victoria de Rusia.

En lugar de ello, la conmemoración se trasladó al 24 de junio de 2020 y se realizó en una escala mucho menor, aunque todavía incluía un desfile militar. Los veteranos de guerra y las celebridades estrecharon la mano del presidente Putin y recibieron premios para conmemorar el aniversario.

Bloomberg informó que antes de reunirse cara a cara con el presidente, más de 200 personas, incluidos 80 veteranos de guerra de entre 80 y 90 años, tuvieron que ponerse en confinamiento durante dos semanas.

El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, confirmó antes del desfile de junio que “un grupo de veteranos” estaba en cuarentena “en excelentes condiciones”, aunque destacó que esto se hacía como precaución por su bien.

El presidente Putin colocando flores sobre una tumba.

Kremlin.ru
Detrás de las apariciones de Putin en público hay toda una operación para asegurar que no corre riesgo de infectarse con el coronavirus.

Las agencias de noticias estatales rusas TASS y RIA-Novosti publicaron historias idénticas, describiendo cómo “uno de los hoteles de Moscú” había sido equipado para la cuarentena de unos 20 periodistas.

Se quedaron en habitaciones individuales, dejándolas solo mientras las limpiaban. No podían hablar entre ellos cara a cara y solo podían comunicarse virtualmente.

No se les permitió fumar ni beber alcohol. Los paquetes y las encomiendas que recibían de fuera del hotel de cuarentena solamente les eran entregados después de ser inspeccionados y desinfectados.

Los reporteros que se encontraban en aislamiento eran alimentados tres veces al día, dejando sus comidas y bebidas fuera de sus habitaciones, junto con cubiertos desechables. Cualquiera que entrara en contacto con ellos usaba trajes de protección personal completos.

También hubo informes sobre funcionarios del gobierno regional que se aislaron antes de las visitas del presidente Putin. Por ejemplo, en la ciudad de Sarov, en la región de Nizhny Nóvgorod, las autoridades locales asignaron US$13.000 para medidas “destinadas a prevenir la propagación de la infección por coronavirus durante la visita del presidente de la Federación de Rusia”.

El servicio ruso de la BBC se enteró de que alrededor de 20 miembros del personal de la administración local de Sarov estaban aislados en una pensión para veteranos de guerra. Los gastos de su estancia incluyeron camas de madera “de nogal”, juegos de ropa de cama, plancha y cuatro cajas fuertes de seguridad.

La BBC le preguntó al portavoz del Kremlin sobre las precauciones amplias y de larga escala tomadas para proteger al presidente Putin y si, en su conocimiento, otros países tenían prácticas similares en vigor. Dmitry Peskov declinó hacer comentarios.


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