¿Se puede criticar a Israel sin ser acusado de antisemita?
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¿Se puede criticar a Israel sin ser acusado de antisemita?

Al final de la Primera Guerra Mundial, un antisemita le dice a su interlocutor que los judíos provocaron la guerra. "Sí, los judíos y los ciclistas", responde el segundo. "¿Por qué los ciclistas?", pregunta el primero. "¿Por qué los judíos?", replica el segundo.
Por Matías Zibell / BBC Mundo
7 de agosto, 2014
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Una familia palestina observa como los servicios de emergencia buscan cadáveres entre los escombros en Gaza, el 21 de julio de 2014. (Foto AP/Khalil Hamra, Archivo)

Una familia palestina observa como los servicios de emergencia buscan cadáveres entre los escombros en Gaza, el 21 de julio de 2014. (Foto AP/Khalil Hamra, Archivo)

Al final de la Primera Guerra Mundial, un antisemita le dice a su interlocutor que los judíos provocaron la guerra. “Sí, los judíos y los ciclistas”, responde el segundo. “¿Por qué los ciclistas?”, pregunta el primero. “¿Por qué los judíos?”, replica el segundo.

La broma era utilizada por una de las intelectuales judías más relevantes del siglo XX, Hannah Arendt, para ilustrar la irracionalidad del antisemitismo.

En las últimas semanas, la ofensiva militar israelí en la Franja de Gaza ha dado pie en Europa a renovadas expresiones de odio en contra de los judíos y su religión.

En París, durante una protesta en contra de la muerte de civiles palestinos, una sinagoga fue quemada y hubo cánticos que pedían “la cámara de gas para los judíos”, lemas que abren la herida dejada por el gobierno colaboracionista francés que deportó judíos hacia campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

En Berlín, el embajador israelí en Alemania dijo que los judíos eran perseguidos “como si fuera 1938”, durante el régimen de la Alemania nazi que llevó el antisemitismo al nivel de genocidio, con millones de muertos por un plan sistemático y devastador.

Pero en las mismas marchas, otros manifestantes reclamaron su derecho a protestar en contra de las decisiones del gobierno de Israel y el accionar de sus fuerzas armadas en Gaza, sin por eso ser calificados de antisemitas o enemigos del pueblo judío.

El mito de la sangre

La naturaleza del antisemitismo, también llamado en ocasiones “el odio más antiguo”, ha mutado en los últimos 2.000 años. Las primeras iglesias cristianas y luego el catolicismo culparon al pueblo judío por la muerte de Jesús, pero esta acusación no se quedó en los púlpitos sino que se convirtió en sangrientos mitos populares.

Ahora algunos me han puesto la etiqueta de antisemita, igual que a mi esposa (Penélope Cruz), lo que es la antítesis de lo que somos como seres humanos. Detestamos el antisemitismo igual que detestamos las horribles y dolorosas consecuencias de la guerra“: Javier Bardem.

En la época medieval, las llamadas calumnias de sangre -o creencias de que los judíos usaban sangre de niños cristianos para sus rituales- provocaron feroces levantamientos en contra de la vida y los bienes de las comunidades judías en Europa, conocidos como pogromos.

Los pogromos no siempre fueron espontáneas reacciones de la turba sino que, en ocasiones, fueron bien organizados desde los pasillos del poder. Algunas monarquías europeas persiguieron a los judíos en su territorio -el caso más paradigmático fue su total expulsión de España en el siglo XV- por dogmas teológicos en ciertos casos y, en otros, para no pagar sus deudas con los prestamistas judíos.

La negación de los judíos a convertirse al cristianismo también fue vista por muchos como una señal de sus prácticas blasfemas, a las que se atribuyó -entre otros desastres- la plaga de “peste negra” que le costó la vida a millones de personas en el Viejo Continente en el siglo XIV.

Autores como Theodor Adorno y Max Horkheimer, dos intelectuales alemanes que escaparon del nazismo, sugirieron que el poder que han tenido las ideas antisemitas no radica en su relación con la realidad, sino justamente en todo lo contrario: su ausencia de una correlación con hechos reales.

Como dice David Nirenberg, autor del libro “Anti-Judaísmo. La Historia de una Forma de Pensar”, el significado de la palabra antisemita como rechazo a todo lo que sea judío es bien conocido, pero el término no suele exponer la naturaleza o la razón detrás de esa animosidad (como el protagonista de la broma que culpa a los judíos por la guerra sin necesidad de explicar el porqué).

Al no tener necesariamente un vínculo con hechos reales, el antisemitismo puede surgir en cualquier momento y crecer en intensidad sin ser alimentado por una causa concreta. Es el odio por el odio mismo.

Es justamente esta flexibilidad del antisemitismo le permite, al mismo tiempo, ser fácilmente utilizado para desvirtuar cualquier comentario negativo en contra de una institución, individuo o Estado judío. Es el rechazo a la crítica por la crítica misma.

Días atrás, por ejemplo, el actor estadounidense Jon Voight, padre de la actriz Angelina Jolie, publicó una carta abierta en varios medios de su país en la que acusa a los actores españoles Javier Bardem y Penélope Cruz “de incitar al antisemitismo” por calificar de genocidio la operación israelí en Gaza (Cruz y Javier Bardem aseguraron que no son antisemitas y que su intención era criticar la ofensiva militar de Israel y no a los israelíes).

La respuesta de Bardem no se hizo esperar: “Ahora algunos me han puesto la etiqueta de antisemita, igual que a mi esposa (Penélope Cruz), lo que es la antítesis de lo que somos como seres humanos. Detestamos el antisemitismo igual que detestamos las horribles y dolorosas consecuencias de la guerra”.

Sionismo y feminismo

Con el número de víctimas civiles incrementándose exponencialmente durante la última ofensiva, un blog escrito el año pasado se volvió viral en los últimos días en redes sociales como Tumblr, Facebook y Twitter. ¿Su nombre? “Cómo criticar a Israel y no ser considerado antisemita”. Entre sus 19 consejos para evitar que esto ocurra, el autor anónimo del blog aconseja no decir “los judíos” cuando uno se refiere al estado de Israel.

Pero como dicen los académicos Alain Badiou y Eric Hazan, que han investigado el antisemitismo en Francia, “las palabras tienen su importancia en este negocio: al definirse Israel como un Estado Judío, se produce una suerte de fusión entre la palabra ‘judío’ y las prácticas del gobierno israelí”.

En este problema con las palabras y sus significados, Nirenberg recuerda que “judío no es lo mismo que hebreo, los israelitas no son israelíes, israelí no significa necesariamente sionista o judío (o viceversa) y muchos de los que han sido llamados ‘judíos’ o ‘judaizantes’ no se identifican en absoluto con el judaísmo”.

“Sé cuidadoso con las etiquetas que usas”, recomienda el blog, que también propone no decir “los sionistas” cuando uno se refiere a Israel.

“Sionismo no es una mala palabra, como no lo es feminismo. Es simplemente la creencia de que los judíos deberían tener un estado en su tierra ancestral donde puedan buscar refugio del antisemitismo y la persecución. No es la creencia de que los judíos tienen el derecho a quitarle la tierra a otros, o que son superiores, como feminismo no significa odiar a los hombres”, sostiene el bloguero.

En el blog se estipula que cualquiera que piense que los judíos deben tener un Estado, es en cierto sentido un sionista, sea judío o no, pero no todos piensan que un Estado judío debe existir per se, o que dicho estado deba existir en la tierra que habitaban los palestinos.

Para evitar el calificativo de antisemita, muchos críticos de Israel y defensores de la causa palestina reafirma que su oposición va dirigida no a los judíos sino a los sionistas, es decir, a los que pelearon por la construcción de un Estado Judío desde los primeros años del siglo XX y lo continúan defendiendo hoy, 70 años después de la creación del Estado de Israel.

Otros, en cambio, se inclinan por la opción de los dos Estados, con una nación palestina y una nación judía conviviendo en paz en la misma tierra, como lo planteó las Naciones Unidas en 1947.

Lea también: “10 preguntas para entender por qué pelean israelíes y palestinos”

Religión e Imperio

Otra fuente de críticas comunes hacia Israel es su alianza con Estados Unidos, lo cual genera en la actualidad que muchos de los comentarios negativos no provengan de la derecha ideológica -como en el pasado- sino desde la izquierda, algo inaudito tras la creación del Estado de Israel y la aplicación por parte de sucesivos gobiernos israelíes de modelos y prácticas que provenían del socialismo.

La cooperación militar entre ambas naciones, el poderoso lobby judío en los pasillos del poder de Washington, la defensa a ultranza de la ofensiva militar israelí en las cadenas de medios de comunicación estadounidenses, la presencia de varios colonos judíos provenientes de ese país en los territorios ocupados, han sido motivos de críticas.

Lea también: ¿Por qué EE.UU. le entrega millones en ayuda a Israel?

Como ilustran Badiou y Hazan, la relación entre la primera potencia del mundo y el Estado de Israel produce combinaciones muy variadas. Una de ellas relaciona antiimperialismo con antisemitismo:

“Está claro que en la actualidad antiimperialismo es antiamericanismo, antiamericanismo es evidentemente anticapitalismo y anticapitalismo, gracias a la clásica fantasía del ‘financista judío’, es antisemitismo”. Sin embargo, si uno se remonta en la Historia, se entiende que nunca ha sido un buen negocio para las religiones enfrentarse con los imperios.

La última vez que los judíos se alzaron en armas contra una potencia fue en el siglo I, y los romanos no solo los derrotaron militarmente sino que los expulsaron de su tierra por siglos; mientras que fue justamente la alianza con Roma la que permitió al cristianismo en ese entonces convertirse en la religión hegemónica.

Hoy, 2000 años después, la irracionalidad del antisemitismo continúa presente, y el odio por el odio mismo sigue mencionando cámaras de gas que la humanidad pensó habían quedado atrás. Por eso se entiende que ministros de Relaciones Exteriores de Francia, Alemania e Italia, hayan emitido inmediatamente un comunicado en donde consideran que la hostilidad en contra de los judíos “ya no tiene lugar en nuestra sociedad”.

Pero también hay quienes consideran que no se puede calificar de antisemita cualquier crítica contra Israel y que más de 1.400 civiles palestinos muertos en la última ofensiva israelí en Gaza -a diferencia de la Primera Guerra Mundial en el cuento que le gustaba a Arendt- no son solamente responsabilidad de Hamas sino también del ejército israelí.

Y lo ocurrido en Gaza, al igual que la triste anécdota de los judíos y los ciclistas, está lejos de ser una broma.

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Rusia y Ucrania: por qué la invasión ordenada por Putin es un gran desafío para China

El gobierno de Xi Jinping tiene preocupaciones comerciales, pero también está atento a la percepción de su población ante el nuevo conflicto en Europa.
28 de febrero, 2022
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La invasión de Rusia en Ucrania plantea un gran desafío para China en muchos frentes.

En los Juegos Olímpicos de Invierno se pudo ver la estrecha relación diplomática entre el país asiático y el gobierno ruso, luego de la asistencia del presidente Vladimir Putin a la inauguración en Pekín del evento deportivo.

El mandatario de Rusia esperó hasta justo después de que terminaran los Juegos para reconocer las dos regiones separatistas del este de Ucrania, Donetsk y Luhansk, y enviar tropas para invadir el territorio ucraniano.

En sus pronunciamientos públicos, el gobierno chino ha instado a todas las partes a reducir las tensiones en Ucrania.

Más recientemente, el ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, discutió la situación con el secretario de Estado de EE.UU., Anthony Blinken, y reconoció que las cosas estaban “empeorando” y reiteró los llamados a “todas las partes para que ejerzan moderación”.

Pero ahora que Rusia ha prescindido de toda esa moderación, ¿dónde deja eso la posición oficial de China a medida que aumentan los enfrentamientos?

Posición ambivalente

Xi Jinping junto a Vladimir Putin

Getty Images

El gobierno chino considera que no puede percibirse que apoye la guerra en Europa, pero también quiere fortalecer los lazos militares y estratégicos con Moscú.

El socio comercial número uno de Ucrania es China e, idealmente, a Pekín le gustaría mantener buenas relaciones con Kiev, pero esto podría ser difícil cuando está claramente alineado con el gobierno que está enviando sus tropas al territorio ucraniano.

También existe la posibilidad de un retroceso comercial de China en Europa Occidental si se considera que está respaldando la agresión de Rusia.

Además, una frase común de los líderes de China es que no interfieren en los asuntos internos de los demás y que otros países no deben interferir en los suyos.

Una foto suministrada por el servicio de prensa del Ministerio del Interior de Ucrania muestra las secuelas de una explosión en el edificio de una unidad militar en Kiev.

EPA/Ministerio del Interior de Ucrania
Una foto suministrada por el servicio de prensa del Ministerio del Interior de Ucrania muestra los efectos de una explosión en el edificio de una unidad militar en Kiev.

Pero como el exfuncionario de inteligencia estadounidense, John Culver, publicó en Twitter: “La anexión rusa de partes de Ucrania, o la invasión y toma de Kiev, violan la posición de China de que la soberanía es sacrosanta”.

Los efectos en su población

Lo que más preocupa al Partido Comunista chino es cómo la intervención puede afectar a su propia gente y su visión del mundo.

Por esta razón, está manipulando y controlando las conversaciones sobre la situación en Ucrania en la prensa y las redes sociales.

Y no iba a pasar mucho tiempo antes de que Taiwán fuera arrastrado a esta situación.

El Partido considera que la isla autónoma es esencialmente una provincia rebelde que debe unificarse con el continente.

En Weibo, la versión china de Twitter, los nacionalistas del país han utilizado la invasión rusa de Ucrania para llamar a su propia nación a hacer lo mismo con comentarios como: “¡Ahora es la mejor oportunidad para recuperar Taiwán!”.

Mapa mostrando las regiones de Luhansk y Donetsk

BBC

Cuando el gobierno chino rechazó la imposición de sanciones a Rusia en los últimos días, sabía que podría enfrentar un trato similar si toma medidas para apoderarse de Taiwán por la fuerza, en lo que sería un ejercicio sangriento y costoso.

Quizás por esta razón la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Hua Chunying, dijo en una conferencia de prensa en Pekín que China no considera las sanciones como la mejor manera de resolver los problemas.

Las fronteras

Si los ciudadanos chinos comienzan a vincular la justificación de Rusia para invadir Ucrania y aplicarla a su propio país, esto podría cambiar por completo la explicación que ofrece el gobierno chino sobre sus fronteras actuales.

Vladimir Putin dice que está liberando a los rusoparlantes dentro de Ucrania. ¿Qué pasa con los mongoles, coreanos, kirguises y grupos similares que ahora son parte de China? Aún más potencialmente explosivo para Pekín, ¿qué pasa si los tibetanos o los uigures renuevan los llamados a una mayor autonomía o incluso a la independencia?

Que esto no suceda es más importante para la administración de Xi Jinping que cualquier otra cosa.

En Kiev, la policía y el personal de seguridad inspeccionan los restos de un proyectil en una calle.

AFP
En Kiev, la policía y el personal de seguridad inspeccionan los restos de un proyectil en una calle.

Dado eso, solo hay que mirar los comentarios en las redes sociales chinas para ver la dirección en la que los medios del Partido están conduciendo a la población en términos de la forma en la que debería ver los movimientos de Putin en Europa del Este.

La prensa estatal tiene sus propias cuentas en Weibo y controla las respuestas en sus publicaciones sobre Rusia y Ucrania.

Aquí hay una muestra de los comentarios:

-“¡Putin es increíble!”

-“Apoyo a Rusia, me opongo a EE.UU. Eso es todo lo que quiero decir”

-“¡Estados Unidos siempre quiere crear desorden en el mundo!”

Si bien también hay muchas personas que piden la paz, las publicaciones que atacan a EE.UU. reciben mucha promoción.

El campo minado que Pekín quiere evitar

En cuanto a los chinos que realmente cuestionan las ambiciones de Rusia en Ucrania, hay que buscar cuentas individuales de Weibo que no estén conectadas con los hilos de los medios del Partido Comunista.

Personas en una andén de una estación del metro de Kiev

BBC
Habitantes de Kiev se dirigieron a la estaciones subterráneas del metro para refugiarse. Una situación similar se vivió durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

Uno escribe: “No entiendo por qué tanta gente apoya a Rusia y Putin. ¡Deberíamos oponernos a cualquier forma de guerra!”.

Según otro: “Putin reconoce la independencia de las regiones separatistas de Ucrania, lo que obviamente está interfiriendo en los asuntos internos de otro país”.

Esa última publicación expresa precisamente la conclusión a la que Pekín no quiere que llegue su gente.

Es la esencia del campo minado por el que atraviesa el gobierno chino.

Dentro de Ucrania, la embajada de China ha enviado un mensaje a sus ciudadanos que viven en el país.

Ha recomendado que las personas coloquen una bandera china en su automóvil y “se ayuden unos a otros” mientras muestran “la fuerza de China”.

Consultada sobre si lo que está ocurriendo ahora mismo en Ucrania equivale a una invasión, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Hua Chunying, dijo en una rueda de prensa que el “contexto histórico es complicado” y que la situación actual es “causada por todo tipo de factores”.

Se está produciendo una gran conmoción en Europa.

Xi Jinping tiene que tomar algunas decisiones importantes en términos de cómo su país la enfrentará.


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