En 2013, mil 505 denuncias de tortura: seis veces más que hace 10 años
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En 2013, mil 505 denuncias de tortura: seis veces más que hace 10 años

El informe sobre Tortura que presenta hoy Amnistía Internacional denuncia que las autoridades mexicanas siguen usando impunemente esta práctica para arrancar confesiones, así como detenciones arbitrarias y malos tratos. En el primer año de gobierno de Peña Nieto, la CNDH recibió mil 505 denuncias por tortura y sólo emitió 13 recomendaciones.
Por Majo Siscar @majosiscar
4 de septiembre, 2014
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Secuestro4

Era de madrugada. Juan Gerardo Sánchez dormía en su cama cuando unos policías vestidos de civil irrumpieron en la casa. Lo detuvieron, tenía 19 años. Junto a otros siete hombres pasó 30 horas incomunicado. Les vendaron los ojos, les dieron palizas, los amenazaron, les aplicaron descargas eléctricas, les pusieron bolsas de plástico en la cabeza y les sumergieron la cabeza en el agua hasta casi la asfixia, para obligarles a confesar que habían robado unas armas pertenecientes a la policía municipal.

Juan Gerardo fue uno de los ocho hombres que la policía del Estado de México detuvo el 28 de julio de 2013 en diferentes partes de San Martín Malinalco, acusados de robo y delitos relacionados con posesión de drogas y armas. Tardaron 30 horas a presentarlos a la Procuraduría General de Justicia.

Sus confesiones forzadas se utilizaron como prueba para procesarlos, a pesar de que se retractaron cuando comparecieron ante el juez y denunciaron las torturas. El Ministerio Público no investigó las denuncias y la Comisión Estatal de Derechos Humanos del estado de México aún no ha emitido un informe.

El parte policial asegura que los agentes patrullaban una zona rural y detuvieron a un grupo de hombres que portaban armas y drogas. Este parte fue la prueba con la que los procesaron. Ni los fiscales ni los jueces han tenido en cuenta los testigos y las pruebas que presentaron los procesados para defenderse. Su denuncia no ha progresado.

Es solo uno de los casos que recoge el informe Fuera de Control, Tortura y Otros Malos tratos en México que hoy presenta la organización Amnistía Internacional (AI) quién denuncia el incumplimiento de los derechos humanos en el mundo. Cuando se redactó el informe, Juan Gerardo Sánchez y otro de los detenidos estaban en libertad condicional por cargos menores relacionados con la mariguana. Cinco detenidos más fueron declarados culpables en casos federales de posesión de armas, basándose en la declaración policial y en sus confesiones forzadas. Se ha presentado una apelación.

En 2013, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) recibió 3 mil 842 denuncias de violaciones de derechos humanos cometidas por instituciones federales de seguridad pública –el ejército, la marina, la PGR, la policía federal y el personal penitenciario federal–, en relación con detenciones arbitrarias, malos tratos, allanamientos ilegales, intimidación y uso ilegal de la fuerza. Sólo emitió 35 recomendaciones contra las autoridades implicadas en estos abusos. De las 3 mil 842, mil 505 fueron por tortura y desembocaron en 11 de las 35 recomendaciones citadas. Es decir, menos del 1% de las denuncias ante la autoridad autónoma encargada de vigilar el cumplimiento de los derechos humanos en el país, ocasionaron un informe público que documenta los abusos y recomienda medidas concretas.

Las víctimas, persiste la impunidad

Como Juan Gerardo Sánchez, la mayoría de las víctimas de los casos que ha documentado Amnistía Internacional son hombres de comunidades marginadas y otros grupos vulnerables, como los migrantes en situación irregular. En las semanas pasadas se conoció el caso de Ángel Amílcar Colón, hondureño detenido en Tijuana cuando intentaba cruzar la frontera a los Estados Unidos y que confesó, bajo tortura, formar parte del crimen organizado.

Aunque las mujeres son menos, también son blanco de tortura y son más vulnerables ante las agresiones sexuales como método de tortura. El Estado mexicano enfrenta un juicio ante la Corte Interamericana por tortura sexual a 11 mujeres detenidas en una manifestación en San Salvador Atenco en 2006. El informe, además, también señala casos de litigantes de víctimas de tortura que han sufrido ataques y represalias por ello.

El presidente de la CNDH, Raúl Plascencia ha manifestado en reiteradas ocasiones que el número de quejas por tortura y malos tratos recibidas se ha reducido en la administración de Enrique Peña frente a la anterior. Sin embargo, las mil 505 quejas registradas en 2013 por tortura son un 600% más que hace diez años, antes del estallido de violencia que se produjo a partir de diciembre de 2006. En 2003 la CNDH registró 219 quejas por tortura y otros malos tratos, y en 2004 fueron 273.

Entre 2010 y 2013 en cambio, la CNDH recibió 7 mil 164 quejas por tortura y otros malos tratos. Según la organización, ninguna desembocó en una condena penal por tortura.

Año Número de quejas por tortura y otros malos tratos recibidas por la CNDH Número de recomendaciones formuladas por la CNDH que confirman denuncias de tortura
2003 219 1
2004 273 1
2010 1524 11
2011 2021 9
2012 2114 11
2013 1505 13
Enero a junio de 2014 N/D 2

Amnistía Internacional señala que el registro de quejas de la CNDH no es una medida exacta de los incidentes de tortura y otros malos tratos ocurridos en el país, ya que “muchas personas no presentan denuncia y la CNDH es responsable sobre todo de tramitar las quejas contra las agencias federales, pero no las dirigidas contra agentes estatales y municipales”.

AI también critica que el reducido número de casos en los que se hacen recomendaciones públicas “no refleja el nivel real de la tortura y los malos tratos, sino los defectos en la tramitación de los casos por parte de la CNDH”.

Por otro lado, el Consejo de la Judicatura Federal (CJF), inició, entre 2005 y 2013,  3 mil 749 juicios de amparo indirecto en los que reclamaban actos relacionados con tortura. Se desconoce en cuántos casos se concedió el amparo. Este año, cuando el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Prodh) solicitó al Consejo de la Judicatura Federal cuántas sentencias federales por tortura hubo entre 2005 y 2013, el Consejo respondió que el número de sentencias condenatorias por tortura entre 2005 y 2013 es de cuatro, y únicamente dos de ellas serían firmes.

En 2003, la Procuraduría General de la República (PGR) adoptó un procedimiento de dictamen médico para detectar tortura que se basa en el Protocolo de Estambul, un manual internacional para investigar y erradicar la tortura por parte del Estado.

Según la PGR, a finales de 2013 había 162 médicos y 49 psicólogos capacitados para realizar el peritaje. Sin embargo entre 2003 y el final de 2013, la PGR solo había realizado 472 de estos peritajes y concluido que había indicios de tortura en 57 casos. Entre 2002 y 2012 la PGR abrió  mil 219 investigaciones por tortura, pero al finalizar 2013 sólo había presentado cargos en 12 casos.

Además, la PGR creó un Comité de Monitoreo y Evaluación del Dictamen y un grupo consultivo con funciones de asesoramiento, cuyos miembros pertenecen todos a la PGR. Amnistía Internacional criticó que no incluyan expertos independientes o representantes de la sociedad civil y que sea la misma institución acusada de tortura la que dictamine si la hubo.

Menos acceso a la justicia en los estados

Las 32 Comisiones Estatales de Derechos Humanos (CEDH) son las encargadas de recibir las quejas por tortura u otros malos tratos contra funcionarios estatales o municipales. Según solicitudes de información tramitadas por AI, 26 Comisiones de las entidades recibieron un total de 2 mil 323 quejas por tortura y otros malos tratos entre 2008 y 2013, que desembocaron en 392 recomendaciones. Los 6 estados restantes no facilitaron información.

El Instituto Nacional de Estadística (Inegi) recoge que, en el ámbito estatal, hasta 2013, sólo se habían registrado cinco condenas por tortura.

Las definiciones de tortura varían en los 32 códigos penales locales de México, pero AI denuncia que en general “las leyes de los estados proporcionan menos protección que la ley federal y no cumplen las normas internacionales, sobre todo en lo relativo a la lista restrictiva de fines y a la participación indirecta de funcionarios públicos en la tortura”.

Por ejemplo, explican que como no existe un delito específico de malos tratos, si se considera que los actos no constituyen tortura, se formulan cargos menos graves, como “abuso de autoridad” o “lesiones”. Y citan el caso de Yucatán, donde la CEDH había confirmado casos de tortura en al menos 12 de las 122 denuncias recibidas entre 2011 y 2013. Sin embargo, no emitió ni una sola recomendación para que se investigase por torturas a los funcionarios del estado 
implicados.

Nuevo sistema de justicia penal

El Código Nacional de Procedimientos Penales, aprobado en marzo de este año, anula cualquier prueba obtenida con violación de derechos fundamentales. Sin embargo, Amnistía Internacional señala que el Código “no formula recomendaciones específicas sobre la tortura y otros malos tratos y la obligación de investigarlos”.

Este nuevo código entrará en vigor en todo el país en julio de 2016, pero ya se encuentra vigente en algunos estados como Chihuahua o en el Estado de México. No obstante, a Juan Gerardo no le sirvió de nada. Y solo en el estado de Chihuahua, AI ha documentado al menos 4 casos en los que se pasaron por alto denuncias de detención arbitraria y confesiones bajo tortura.

Ante estas cifras AI hizo una encuesta a la ciudadanía el pasado mayo y encontró que 64% de los mexicanos encuestados declararon tener miedo de sufrir tortura en caso de ser puestos bajo custodia.

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¿Qué tan buenas son las caretas para protegernos del coronavirus?

En apariencia, los protectores plásticos se ven más cómodos y fáciles de usar. BBC Mundo recogió la opinión de diversos expertos para entender si nos brindan o no el mismo nivel de protección.
Getty Images
13 de julio, 2020
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Con la flexibilización de las normas de confinamiento y la reapertura de tiendas, bares y restaurantes en numerosas ciudades del mundo, los cubrebocas se han convertido en una prenda de uso cotidiano.

En Reino Unido y otros países de Europa, por ejemplo, muchas marcas de ropa ofrecen mascarillas de tela reutilizables en distintos modelos, patrones y colores.

Sin embargo, en las últimas semanas, un nuevo elemento de protección ha empezado a verse en las calles: se trata de un protector o careta de plástico transparente, que hasta poco solo era utilizado por personal sanitario o en ambientes médicos u hospitalarios.

A simple vista, estos escudos protectores se ven más cómodos que las mascarillas: al no estar en contacto directo con la nariz y la boca se hace más fácil respirar, hablar, dan menos calor y, definitivamente, son menos claustrofóbicos.

¿Pero nos protegen en la misma medida que una mascarilla facial? ¿Podemos remplazar a una por otra?

Ventajas

Según un artículo de opinión publicado recientemente en JAMA, la revista de la Asociación Médica Estadounidense, estas caretas tienen una serie de ventajas.

“Son cómodas de usar, protegen los portales de entrada del virus y reducen la potencial autoinoculación, ya que evitan que el usuario se toque la cara”, dice el texto elaborado por el doctor Eli Perencevich, especialista en enfermedades infecciosas de la Universida de Iowa, y otros dos investigadores.

A diferencia de los tapabocas no hace falta quitárselas para facilitar la comunicación, pueden reutilizase indefinidamente si no están averiadas, y limpiase fácilmente con agua y jabón o desinfectantes comunes, señala el artículo.

Mesero con protector facial

Getty Images
Para las personas que están en contacto constante con miembros del público y necesitan comunicarse verbalmente, las caretas resultan mucho más cómodas.

Los autores no abogan por el uso de esta careta como única medida pero sí consideran que puede ser un elemento más en una estrategia de contención del coronavirus que incluya el lavado de manos, la distancia social y el rastreo de contactos.

Por otro lado, añaden, las caretas cubren un área mucho más amplia del rostro, incluyendo los ojos, que son otra vía de entrada para el SARS-CoV-2.

Protección más amplia

Según un estudio de simulación de tos de 2014, una buena careta plástica puede reducir la exposición total a las gotas expulsadas por la tos y los aerosoles (las gotas diminutas) en un 96% a una distancia de 46 cm.

Pero, con los aerosoles más pequeños, el protector fue menos efectivo, bloqueando al 68% inmediatamente después de la exposición a la tos, y solo al 23% en los 30 minutos siguientes, ya que estos aerosoles más pequeños pueden quedar flotando bajo el visor, en el espacio donde se produce la inhalación.

En opinión de Julian Tang, profesor del departamento de Ciencias Respiratorias de la Universidad de Leicester, en Reino Unido, las caretas son por lo general bastante efectivas, pero reconoce que compararlas directamente con las mascarillas quirúrgicas es difícil, y que los estudios que se han hecho hasta el momento solo lo han logrado de forma limitada.

Si las vamos a usar, lo más importante a tener en cuenta es “cuán lejos el protector se curva para cubrir las orejas (si queda un espacio los aerosoles podrían entrar por esa vía y provocar una infección) y qué tanto se extiende por debajo (para protegernos de los aerosoles flotantes que podemos inhalar bajo el protector)”, le dice Tang a BBC Mundo.

Otro factor a tener en cuenta es que no quede un hueco en la parte superior, donde el visor se apoya sobre la frente, para reducir el riesgo de exposición a las gotas o aerosoles que pueden caer desde arriba.

Ni solas ni en el contexto comunitario

Sin embargo, no todos los expertos coinciden en que las caretas sean una buena opción, aunque aceptan que cuando el uso de mascarilla no es viable —ya sea porque afecta demasiado la comunicación o por la razón que fuere— siempre es mejor utilizarla que ir con el rostro descubierto.

Trabajadores sanitarios con equipo protector

Getty Images
Hasta hace relativamente poco, los escudos faciales solo se utilizaban dentro del ámbito hospitalario.

Aaron Glatt, director del departamento de medicina del hospital Mount Sinai South Nassau, en Estados Unidos, cree que el beneficio de las caretas varían según quién las use.

“Recomendamos su uso en el caso de un trabajador sanitario, por ejemplo, que debe entrar en la habitación de un paciente que tiene o se sospecha que tiene COVID-19 y no lleva mascarilla”, le dice a BBC Mundo.

“En ese caso, el potencial de que el paciente expulse partículas de virus es grande y es importante proteger los ojos del trabajador sanitario con gafas o con una careta, por encima de la mascarilla”.

“Pero en un contexto comunitario, recomendamos la mascarilla (y no la careta), porque es más efectiva evitando que el virus se extienda a las zonas circundantes. Si la persona que usa el tapabocas está expulsando virus, las gotas quedarán atrapadas por la mascarilla”.

En definitiva, “se trata de un mecanismo más efectivo“, añade Glatt.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en EE.UU. (CDC, por sus siglas en inglés), tampoco recomiendan su uso en el contexto de la vida cotidiana o como sustituto para los cubrebocas de tela.

Pero en caso de que alguien decida usarlo sin una mascarilla debajo, debe asegurarse de que cubra los costados de la cara y se extienda por debajo de la barbilla.

Protección contra los aerosoles

Si bien las caretas faciales impiden el paso de las gotas, como su contorno no está sellado a la cara, permite el paso de cierto número de aerosoles.

Mesera con pantalla facial

Getty Images
Con la relajación de las medidas de confinamiento, aumenta el riesgo de transmisión de la COVID-19.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció recientemente, en respuesta a una carta abierta publicada por más de 200 científicos, que hay cada vez más evidencia de que el coronavirus puede propagarse por estas pequeñas partículas suspendidas en el aire.

“La transmisión aérea no puede descartarse en escenarios con multitudes o en lugares cerrados y poco ventilados”, declaró el miércoles un representante del organismo.

Sin embargo, esta vía de transmisión, le explica a BBC Mundo Luis Ostrosky, profesor de enfermedades infecciosas de la Escuela de Medicina McGovern de UTHealth de Houston, EU, no es la principal.

“Creemos que la ruta de transmisión primaria de la COVID-19 es a través de las gotas, con lo cual hay dos formas de protegerse de ellas: una es cubriendo tu boca y tu nariz con una mascarilla, pero eso deja el resto de tu cara al descubierto”.

“La otra es con una careta facial, que te cubre toda la cara”, dice Ostrosky.

“Puede que los aerosoles contribuyan a la transmisión en ambientes cerrados, particularmente en situaciones como procedimientos médicos, pero ese es un un tema controvertido”.

Distancia social

PA Media
Mantener la distancia social y lavarse las manos siguen siendo dos medidas cruciales para frenar la pandemia.

“Por eso hay un consenso creciente entre epidemiólogos de que la careta puede ser una muy buena alternativa para protegerse dentro un contexto comunitario”.

En opinión de Ostrosky, son particularmente beneficiosas para los niños pequeños, por que dejan ver las expresiones faciales.

“Creo que serán un elemento clave para la reapertura de las escuelas“.

La OMS, por su parte, señala que, para el público en general, las caretas pueden considerarse como una alternativa en el caso de que haya una escasez de mascarillas no médicas, pero dice que son “inferiores a las mascarillas respecto a la prevención de la transmisión por gotas”.

En el documento que sirve de guía para el uso de las mascarillas en el contexto de la COVID-19, con fecha del 5 de junio, señala que las caretas faciales pueden ser más fáciles de usar para personas con desórdenes de salud mental, problemas de desarrollo, sordera o dificultades auditivas y niños.


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https://www.youtube.com/watch?v=2l6SQqdn2Y8

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