Activismo para salvar lenguas en peligro de extinción
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Activismo para salvar lenguas en peligro de extinción

El nahuat-pilpil, el huichol, el besiro, el anishinaabemjig o el matukar panau son solo algunas de las casi 3 mil lenguas que podrían desaparecer en los próximos años. Los descendientes más jóvenes de estos idiomas se resisten a una pérdida y a un olvido que suponen un duro golpe para su identidad. Por eso hoy tratan de reanimar el idioma de sus antepasados utilizando la tecnología: una televisión, una radio, Facebook, diccionarios virtuales y hasta una laptop.
Por ElDiario.es / Lucía El Asri
17 de septiembre, 2014
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Australia, América Central y América del Norte son la cuna de las lenguas en peligro de extinción . Foto: ElDiario.es.

Australia, América Central y América del Norte son la cuna de las lenguas en peligro de extinción . Foto: ElDiario.es.

Muchos habitantes del norte de África aún conservan su lengua, aquella que pasó de padres a hijos y que, sin embargo, hoy se ve desintegrada en diversas variantes – rifeño, tachlhit y tamazight. Por eso el tamazigh es hoy una lengua débil, fruto de la convivencia con el árabe y de su predominio. Pero ellos, los imazighan, son gente que respeta su cultura y mantiene la esperanza de que su lengua perviva en el tiempo, aunque sus nietos tengan dificultades para entenderla.

Utilizan Facebook para aprender y enseñar palabras que es posible que nunca antes hayan escuchado. Ahora, incluso, han conseguido que  Microsoft integre el alfabeto en su sistema. Ellos lo tienen claro: “Nzemmar a nejj tutlayt nnegh teddar” (“Lograremos mantener viva nuestra lengua”).

La lengua de los bereberes del norte de África está desintegrada por el predomino del árabe. Foto: ElDiario.es.

La lengua de los bereberes del norte de África está desintegrada por el predomino del árabe. Foto: ElDiario.es.

No tienen suerte. Forman parte de las 2741 lenguas en peligro de extinción – registradas por la UNESCO – que existen hoy en día en el mundo. Aunque Australia, América Latina y América del Norte son los lugares donde más lenguas corren peligro de ser olvidadas en pocos años. Los esfuerzos para que eso no suceda son destacables especialmente en el caso de las lenguas americanas. Sus hablantes no han dudado en hacer uso de las tecnologías para que sus nietos y bisnietos tengan la oportunidad de revivir las palabras que mejor definen sus orígenes.

Diccionarios digitales para la conservación

Anna Luisa forma parte del instituto Living Tongues, que trabaja desde distintos puntos – aunque con sede en Nueva York – para capacitar a aquellos hablantes jóvenes que quieren rescatar y promover el idioma de sus ancestros. Habitualmente son personas bilingües que hablan la lengua en peligro y la predominante de su país de nacimiento, y aprenden a utilizar el ‘software’ necesario para analizar, grabar y aprender vocabulario nuevo.

Lo más importante de su proyecto, y del de los lingüistas Gregory Anderson y David Harrison, es que en él se implica de forma directa a los propios hablantes que, al final, son los que dirigen los proyectos. “Ellos saben qué necesitan sus lenguas para ser rescatadas”.

Diccionarios "hablados" para aprender lenguas en peligro de extinción. Foto: ElDiario.es.

Diccionarios “hablados” para aprender lenguas en peligro de extinción. Foto: ElDiario.es.

Por eso consideran oportuno que algunos de esos jóvenes se reúnan y construyan herramientas. Concretamente los “ diccionarios hablados” se han convertido en una tendencia. Hace un año Living Tongues consiguió reunir en Chile a doce hablantes de diferentes países que fabricaron sus propios diccionarios bajo un proyecto bautizado como Voces duraderas. Aquí un ejemplo del diccionario que crearon para la lengua nahuat pipil:

El instituto Living Tongues trabaja para ayudar a revivir las lenguas en riesgo de desaparecer. Foto: ElDiario.es.

El instituto Living Tongues trabaja para ayudar a revivir las lenguas en riesgo de desaparecer. Foto: ElDiario.es.

También hay comunidades con escaso o nulo acceso a herramientas digitales y tecnológicas, como es el caso del pueblo de la India que habla el matukar panau, que raramente podrá beneficiarse del diccionario que Living Tongues está fabricando sobre su lengua y que muy posiblemente quedará relegado a curiosos e investigadores.

Pero más allá de los diccionarios, la acción el instituto facilita en ocasiones la tecnología necesaria para “producir cultura”. Andrés Osuna, uno de los 500 últimos hablantes de chamacoco en Paraguay, lo sabe bien: ahora tiene un ordenador portátil – el único de la zona – con el que dar voz a su comunidad. Con él y con una cámara de fotos ha conseguido publicar ya dos libros, uno sobre plantas medicinales de su región y otro sobre mitos y leyendas de su pueblo. “Gracias a esto consigue el rescate lingüístico, cultural y territorial de su comunidad”, explica a  HojaDeRouter.com Anna Luisa.

Bibliotecas virtuales

Las bibliotecas virtuales también son necesarias para hacer que la documentación de otros lenguajes en peligro pueda llegar a nuestras manos. ¿Conocías a los hablantes del ‘Ös’? Aunque viven en la zona de Siberia central su lengua tiene descendencia turca. Livin Tongues te invita a dar un paseo por sus costumbres a través de vídeos, fotos, documentos y audios:

Con las bibliotecas virtuales podrás acceder a documentación, fotos y vídeos de hablantes del mundo. Foto: ElDiario.es.

Con las bibliotecas virtuales podrás acceder a documentación, fotos y vídeos de hablantes del mundo. Foto: ElDiario.es.

Carlos Enrique Cortez sabe muy bien cómo funcionan estos recursos. Trabaja en elaborar una biblioteca virtual mediante vídeos con la que enseñar su lengua, el nahuat pipil – de la que actualmente quedan 200 hablantes – especialmente entre niños. Hasta hace poco tiempo se pensaba que en El Salvador nadie la hablaba ya, hasta que se descubrió que Cortez y su comunidad – de unas 30 personas – lo hacían.

Su proyecto es similar al de Margaret Noodin, profesora en la Universidad de Michigan que tiene la intención de que, en un futuro, todo el mundo hable Anishinaabemjig, la lengua de una comunidad que se extiende por Quebec, Ontario, Manitoba, Saskatchewan, Alberta, Dakota del Norte, Michigan, Wisconsin y Minnesota. Noodin explica a este medio que, a través del sitio web  Ojibwe.net, cualquier persona puede estudiar el idioma, aunque sencillo no parece. ¿Por qué internet? “Porque es la mejor manera de conectar a la comunidad entre sí y crear una sociedad sólida entre hablantes tan dispersos”. Asegura que más de 3.600 personas – de las 10.000 que hablan la lengua – utilizan la herramienta.

Seguro que no tenías ni idea de que existía una lengua norteamericana llamada ‘Anishinaabemjig’. Foto: ElDiario.es

Seguro que no tenías ni idea de que existía una lengua norteamericana llamada ‘Anishinaabemjig’. Foto: ElDiario.es

Redes sociales

Tanto Facebook como Twitter juegan un papel esencial a la hora de conectar a hablantes y servir de lugar para aprender gramática y vocabulario. Ignacio Tomicha habla la lengua besiro, el chiquitano de Bolivia. Utiliza esas redes, pero también Youtube y Souncloud precisamente para promover que las palabras con las que se comunica puedan pasar de generación en generación.

A través de Facebook, por ejemplo, comparte “la palabra del día”. Hoy toca ‘kutubiux’ (camino), hace unos días fue ‘napauches’ (cerdo, porcino). ¿Quieres escuchar cómo suena? Puedes hacerlo en este audio:

También puedes ver un vídeo hecho por Tomicha donde escucharás esa lengua mientras lees su significado en español, una buena manera de practicar. El joven lo reconoce: el ‘software’ libre está ayudando a conectar a la juventud chiquitana.

Pero el besiro no es el único beneficiado en Bolivia. Otro proyecto dirigido por un grupo de estudiantes y profesionales bolivianos intenta promover el uso del Aymara – también en riesgo – a través de Facebook, Twitter, un  blog y hasta la  Wikipedia en esta lengua.

Mayas y quechuas apostando por el sector audiovisual

Los hablantes de lenguas mayas también intentan revivirlas por medios que van más allá de internet. Es por eso que han creado un canal de televisión en Guatemala –  ALMG– por impulso de la Academia de Lenguas Mayas de Guatemala y debido a las exigencias del pueblo maya de crear una sociedad más influyente y conectada. Retransmite las 24 horas del día por cable y por internet.

Hasta hace un tiempo los mayas no tenían mucho acceso a avances tecnológicos. Ahora sus generaciones más jóvenes sí lo hacen, lo que se convierte en una oportunidad para “ fortalecer y utilizar el idioma”, comenta a  HojaDeRouter.com José Reginaldo Pérez Vail, director de Planificación Lingüística y Cultural del medio. Y añade que la televisión les ayuda a demostrar que su lengua es tan indispensable como cualquier otra.

Una televisión maya hecha por profesionales cualificados e indígenas. Foto: ElDiario.es.

Una televisión maya hecha por profesionales cualificados e indígenas. Foto: ElDiario.es.

No obstante, reconoce que la falta de conocimientos técnicos de quienes la hacían en sus inicios – la propia comunidad lingüística -, hacía que la televisión maya no avanzara como debería, pero el tiempo ha puesto las cosas en su sitio. En la actualidad se están sumando al equipo jóvenes de origen maya que han estudiado comunicación, producción, adición y diseño gráfico. Entre sus programas no podía faltar ‘ Kaqtijay Taluqäch’ (“Aprendiendo Kaqchikel”, una de esas lenguas).

¿Son estas comunidades menos avanzadas en el ámbito tecnológico? “No es que sean menos avanzadas en este ámbito”, dice Pérez Vail, sino que “han tenido menos acceso a estas nueva tecnologías”. Pero poco a poco han ido buscando ese acceso y actualmente todos los que forman parte del equipo de su televisión son personas cualificadas para ello.

El origen de ‘ Kichwa Hatari’ (“Levantar al quechua”) es similar. Una radio del Bronx de Nueva York hecha por hablantes de quechua que nació en 2011 con el objetivo de retransmitir música tradicional y conocimiento de la realidad ecuatoriana y con el intento de “mantener las raíces”, como comenta su equipo a este medio. “Gracias a la tecnología se hizo posible unir a la comunidad quechua neoyorquina, algo que había sido imposible hasta entonces”, explican.

La radio se retransmite online en radioeltambostereo.com, y a través de aplicaciones móviles. Desde junio de este año, sus integrantes se implicaron para organizar a las diferentes comunidades indígenas quechuas de Nueva York con la ayuda de jóvenes activistas. Quieren que el quechua se reconozca como idioma oficial y no como dialecto del español. Además, dicen que la disminución de hablantes de esta lengua es palpable día a día, algo que tiene lugar debido a la discriminación social y cultural a la que se han enfrentado las comunidades indígenas históricamente en Ecuador.

“Esta puede ser una gran oportunidad para que la población de alrededor – casi 8.000 personas que la hablan en Nueva York – salgan de la sombra y reclamen su identidad nativa”. Además, esperan que este sea el comienzo para abrir un verdadero proyecto cultural quechua en la ciudad. “Lo conseguiremos pronto, cuando estemos bien organizados”, comenta el equipo.

Lo cierto es que no son los únicos que tienen este objetivo. Desde Perú el equipo de ‘Hablemos quechua’ ha impulsado un proyecto para enseñar la lengua a través de tuits. Su cuenta oficial de Twitter ya tiene más de 8.000 seguidores.

Crear redes de activismo para salvar lenguas

Salvar lenguas hace necesaria la implicación de hablantes que realmente tienen pasión por su identidad. Pero también necesita el encuentro, la participación y la colaboración de cuanta más gente mejor, con lo que se genera una forma de activismo lingüístico reforzado gracias a encuentros. Algo así es lo que plantea Eduardo Ávila, director de Rising Voices – de Global Voices Online -, que ha organizado un encuentro digital para ayudar a salvar las lenguas mexicanas.

Para Ávila lo más importante de esa implicación es conectar a personas que tienen en común las mismas palabras y expresiones. Son ellas las que crean el contenido necesario para que la generación siguiente no se encuentre vacía de conocimiento.

Además, si esos jóvenes descubren que hay otros en su misma situación sentirán que no están solos. “Hasta el momento no existe una red de proyecto de activistas digitales para esta causa”, así que creen que si los activistas digitales de México se encuentran cara a cara podrán crear una red de apoyo mutuo.

Según la UNESCO hay 2471 lenguas que podrían morir en cuestión de años. Foto: ElDiario.es.

Según la UNESCO hay 2471 lenguas que podrían morir en cuestión de años. Foto: ElDiario.es.

No es ingenuo y admite que el uso de medios digitales para este fin es solo una estrategia para preservar y revitalizar lenguas, pero para ello primero es necesaria toda una labor de documentación e investigación académica.

No obstante, también está seguro de que es importante hacer uso de la tecnología porque “lo grave de las lenguas en peligro va más allá de que las hablen pocas personas”. Lo esencial es transmitir de unos a otros. “Es posible que existan lenguas de solo 1.000 hablantes, casi todos mayores de 50 años, que ya no tienen opción de enseñar a muchos jóvenes. Si eso ocurre la suya se convertirá en una lengua de ancianos y desaparecerá con ellos”, explica a este medio Tajëëw Díaz Robles, miembro de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova.

Las nuevas y jóvenes tecnologías se convierten así en el mejor aliado para hacer que esas lenguas no se vayan con sus últimos hablantes. Margaret Noodin, la impulsora del proyecto de la lengua ‘Anishinaabe’ cree que hay que hacer todo lo posible para evitar esas desapariciones puesto que “una lengua forma parte de la tierra, del agua y de la esencia de cada lugar”.

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Las fotografías utilizada para este artículo son propiedad, por orden de aparición, de Livin Tongues, Wikipedia, Talkingdictionary, Livintongues.org , Umich.edu, la Televisión Maya y Unesco

Lea la nota original en ElDiario.es.

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Johnny, de siete años, estaba a punto de tener un ataque de nervios.

Se había despertado de mal humor y la cosa solo iba a peor a medida que avanzaba el día.

En un restaurante en Charlotte, Estados Unidos, Peter vio que Johnny discutía con otro niño en el área de juegos. Tenía que actuar rápido para sacar del restaurante al niño, al que tiene acogido temporalmente, antes de que estallara en una fuerte rabieta.

Peter lo tomó en sus brazos y rápidamente pagó la cuenta.

Mientras llevaba a Johnny al coche, el niño se retorcía malhumorado y todavía estaba agitado cuando Peter lo puso en el suelo para poder abrir la puerta del coche.

Una mujer se les acercó con el ceño fruncido.

“¿Dónde está la madre de este niño?”, preguntó.

“Yo soy su padre”, respondió Peter.

La mujer dio un paso atrás y se paró frente al coche de Peter. Miró la matrícula y sacó su teléfono.

“Hola, policía, por favor”, dijo tranquilamente. “Oiga, hay un hombre negro. Creo que está secuestrando a un niño blanco”.

De repente, Johnny se quedó quieto y miró a Peter. Peter lo rodeó con el brazo.

“No pasa nada”, le dijo al niño.

Una infancia pobre

En la web de Lonely Planet, la polvorienta ciudad de Kabale es descrita como “el tipo de lugar que la mayoría de la gente atraviesa lo más rápido posible”.

En Uganda, cerca de las fronteras de Ruanda y la República Democrática del Congo, sirve como punto de tránsito en la ruta hacia varios parques nacionales famosos en los alrededores.

Para Peter, su ciudad natal todavía le trae recuerdos dolorosos.

La suya fue una infancia en la pobreza. Cuando era niño, ocho miembros de su familia dormían en el piso duro de una cabaña de dos habitaciones.

“Si comíamos, eran patatas y sopa”, dice, “y si teníamos suerte, comíamos frijoles”.

La madre de Peter

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La madre de Peter, parada fuera de la casa en la que creció.

La violencia y el alcoholismo eran una realidad diaria en la vida de Peter. Para escapar, corría a las casas de sus tías, que vivían a solo unos metros de distancia.

“Por un lado, había una gran familia extendida disponible”, dice, “pero era un caos”.

A los 10 años, Peter decidió que prefería quedarse sin hogar. Un día agarró todas las monedas que encontró y corrió hacia la parada del autobús.

“¿Cuál de ellos va hasta más lejos?”, le preguntó a una mujer que estaba esperando en la parada. Señaló un autobús y, aunque Peter no pudo leer el letrero, se subió. Se dirigía a la capital de Uganda, a 400 km de distancia.

Cuando Peter desembarcó en Kampala después de casi un día de viaje, se dirigió a los puestos del mercado que bordeaban las calles y preguntó a los vendedores si podía trabajar, cualquier trabajo, a cambio de comida.

Durante los dos años siguientes, Peter vivió en la calle. Se hizo amigo de otros niños sin hogar y compartieron sus ganancias o comidas. Peter dice que aprendió una habilidad invaluable para la vida: reconocer la bondad en otras personas con solo una mirada.

Un hombre amable fue Jacques Masiko. Iba al mercado a hacer su compra semanal y le compraba a Peter una comida caliente antes de irse.

Después de aproximadamente un año, el señor Masiko le preguntó a Peter si le gustaría recibir una educación. Peter dijo que sí, y el señor Masiko consiguió enrolarlo en una escuela local.

Después de seis meses, al ver lo bien que le iba a Peter en la escuela, Masiko y su familia le pidieron al niño que fuera a vivir con ellos.

En Jacques Masiko, Peter encontró a un hombre que lo trataba como a un miembro de su familia. Peter le devolvió el favor sobresaliendo en la escuela y, finalmente, ganó una beca para una universidad estadounidense.

Un par de décadas después, Peter tenía poco más de 40 años y estaba felizmente asentado en los Estados Unidos. Trabajaba para una ONG que llevaba donantes a Uganda para ayudar a las comunidades desfavorecidas.

Fue en uno de esos viajes, cuando vio a una familia blanca que viajaba con su hija adoptiva, que Peter se dio cuenta de que los niños en Estados Unidos a veces necesitaban un nuevo hogar tanto como los niños en Uganda.

A su regreso a Carolina del Norte, Peter fue a una agencia de acogida local y dijo que le gustaría ser voluntario.

“¿Has pensado en convertirte en padre adoptivo?”, preguntó la señora de la oficina de acogimiento de menores mientras anotaba sus datos.

“Estoy soltero”, respondió Peter.

“¿Y?”, respondió ella: “Hay muchos niños en el sistema de acogida que buscan modelos masculinos, personas que quieran ser una figura paterna en su vida”.

Solo otro hombre soltero se había inscrito para ser padre de acogida en el estado de Carolina del Norte en aquel momento.

Cuando llenó los formularios, Peter asumió que automáticamente sería emparejado con niños afroamericanos. Pero le sorprendió que el primer niño que estuvo bajo su cuidado fuera un niño blanco de cinco años.

Peter y Jacques.

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Jacques Masiko (derecha), sacó a Peter de la calle y le dio una eduación.

“Fue entonces cuando me di cuenta de que todos los niños necesitan un hogar, y el color no debería ser un factor para mí”, dice Peter.

“Tenía dos dormitorios libres y debería alojar a cualquiera que lo necesitara.

“Al igual que el señor Masiko me había dado a mí una oportunidad, quería hacer esto por otros niños”.

¿Puedo llamarte papá?

En el transcurso de tres años, nueve niños se quedaron con Peter, usando su casa como un recurso temporal durante unos meses antes de regresar con sus familias. Eran negros, hispanos y blancos.

“Una cosa para la que no estaba preparado fue lo difícil que es cuando un niño se va”, dice. “No es algo para lo que puedas prepararte”.

Peter dejaba pasar largas temporadas entre un niño y otro para poder estar emocionalmente disponible para el siguiente.

Por eso, cuando recibió una llamada un viernes por la noche de la agencia de acogida sobre un niño de 11 años llamado Anthony que necesitaba un lugar urgente para quedarse, Peter se resistió.

“Solo habían pasado tres días desde que se había ido el último niño, así que dije: ‘No, necesito al menos dos meses’. Pero luego me dijeron que este era un caso excepcional, un caso trágico, y que solo necesitaban alojarlo durante el fin de semana hasta que pudieran encontrar una solución”.

De mala gana, Peter aceptó y Anthony, un chico alto, pálido y atlético con una mata de cabello castaño rizado, fue llevado hasta su casa a las 3 de la madrugada. A la mañana siguiente, Anthony y Peter se sentaron a desayunar.

“Puedes llamarme Peter”, le dijo al chico.

“¿Puedo llamarte papá?”, fue la respuesta de Anthony.

Peter se sorprendió. Los dos apenas habían cruzado algunas palabras. Aunque todavía no conocía la historia de fondo de Anthony, Peter se sintió instantáneamente conectado con él.

Los dos pasaron el fin de semana cocinando y hablando. Visitaron el centro comercial para que Peter pudiera comprarle algo de ropa. Se hicieron preguntas superficiales: qué comida les gustaba, qué tipo de películas disfrutaban.

“Ambos estábamos tratando de ver cómo encajar”.

El lunes, cuando llegó el asistente social, Peter se enteró de la historia de Anthony.

Peter y Anthony jugando videojuegos.

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“Este niño sabía que yo sería su papá”, dice Peter.

Había estado en el sistema de acogida desde los dos años y fue adoptado por una familia cuando tenía cuatro.

Pero ahora, siete años después, los padres adoptivos de Anthony lo habían abandonado a las puertas de un hospital. Una vez localizados, le dijeron a la policía que no podían seguir cuidando de él.

“No podía creerlo”, dice Peter, “Nunca se despidieron, nunca explicaron sus razones y nunca regresaron. Esto me mató. ¿Cómo podía alguien hacer esto?”.

“La vida de Anthony me devolvió a mi infancia”.

“Este niño era como yo a los 10 años en las calles de Kampala, sin tener adónde ir. Entonces me volví hacia el trabajador social y le dije: ‘¿Sabes qué? Solo necesito hacer el papeleo para que pueda ir a la escuela y nosotros dos estaremos bien”.

Peter miró a Anthony y se dio cuenta de que el niño había mostrado quizás un gran sentido de la anticipación.

“Recuerda, me llamó ‘papá’ de inmediato. Este niño sabía que yo sería su papá”.

Esa misma semana, los padres adoptivos de Anthony fueron a la corte del condado para cederle sus derechos.

“Creo que ambos supimos de inmediato que se quedaría conmigo de forma permanente”, dice Peter. En un año, Peter había adoptado formalmente a Anthony.

“No siempre nos tratan bien”

Anthony quería saber todo sobre la vida de su padre en Uganda, dice Peter, porque ahora esta también era su historia. Anthony ayudaba a Peter a preparar platos ugandeses como “katogo”, un desayuno de yuca picada mezclada con frijoles.

En la escuela, Anthony empezó a disfrutar presentar a Peter a sus amigos.

“Este es mi papá”, anunciaba, disfrutando de las miradas a veces confundidas de sus compañeros de clase.

Pero ha habido momentos difíciles. Un día festivo, la seguridad del aeropuerto detuvo a Anthony para preguntarle dónde estaban sus padres.

Anthony señaló a Peter, y los funcionarios empezaron de inmediato a verificar sus antecedentes. Anthony estaba cada vez más frustrado por lo que veía como racismo evidente, pero Peter lo calmó.

“Soy tu papá y te quiero, pero a las personas que se parecen a mí, no siempre nos tratan bien”, le dijo Peter a Anthony, que tenía 13 años.

“Tu trabajo no es enojarte con las personas que me tratan de esta manera, tu trabajo es asegurarte de tratar a las personas que se parecen a mí de forma honorable”.

Peter, Anthony y Johnny en las escaleras con su perro.

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Johnny, con su cabello lacio rubio y su figura pálida, atrae aún más miradas sospechosas.

En la primavera de este año, la agencia de acogida llamó a Peter para ver si podía cuidar temporalmente a un niño de siete años llamado Johnny (no es su nombre real), cuya familia tenía problemas económicos como resultado de la pandemia del coronavirus.

Johnny se instaló tan bien como Anthony, y siguiendo el ejemplo de su hermano adoptivo, también lo llamó “papá”.

Johnny, con su cabello lacio rubio y su pequeña figura pálida, atraía aún más miradas sospechosas cuando salía con Peter.

Por eso Peter no se sorprendió cuando la señora que los vio salir del restaurante llamó a la policía. Solo les tomó unos minutos verificar que Peter era el tutor de Johnny, pero el suceso dejó al niño conmocionado.

Peter le explicó que este tipo de cosas podían ocurrir, de vez en cuando, porque él era negro y Johnny era blanco.

Es algo de lo que Peter y Anthony ya habían hablado.

Después del asesinato de George Floyd en Estados Unidos en mayo, mantuvieron una larga y emotiva conversación sobre el movimiento Black Lives Matter.

Peter le pidió a Anthony que se asegurara de tener su teléfono móvil listo si la policía los paraba por la calle.

“Como hombre negro, tengo 10 segundos para explicar quién soy a la policía antes de que potencialmente escale la situación”, dice Peter.

“Siempre le digo a Anthony, ‘si la policía me para, por favor agarra el teléfono y graba de inmediato’. Porque sé que él es mi único testigo, ¿sabes? Y tengo 10 segundos para salvar mi vida”.

“Creo que lo entiende. Sabe que porque estamos en Estados Unidos y yo me veo diferente a él, me tratarán de manera diferente”.

“Este tipo de tensión y sospecha no es algo que un padre blanco tenga que enfrentar cuando adopta a un niño negro”.

Diferencias raciales

Según Nicholas Zill, psicólogo investigador y miembro del Instituto de Estudios de la Familia, las familias blancas en Estados Unidos tienen muchas más probabilidades de adoptar a alguien de otra raza que las familias negras.

Los últimos datos disponibles, de 2016, muestran que solo el 1% de las adopciones por familias negras fueron de niños blancos; en el 92% de los casos adoptaron niños negros.

Por el contrario, el 11% de las adopciones por familias blancas fueron de niños multirraciales y el 5% fueron de niños negros, dice Zill.

“Es muy raro ver a familias negras adoptando niños blancos, mucho más que al revés, y esto puede tener que ver con prejuicios culturales que todavía existen dentro del sistema de adopción de Estados Unidos”.

El año pasado, la pareja británica Sandeep y Reena Mander obtuvieron más de US$150.000 como indemnización después de que un juez dictaminara que habían sido discriminados al no poder adoptar a un niño de origen no asiático.

Anthony y Peter

Fosterdadflipper

La pareja dijo que el servicio de adopción local les había dicho que vieran la posibilidad de adoptar a un niño de India o Pakistán.

“La ley en el Reino Unido es muy clara en que la raza no debe ser un factor decisivo en la colocación de niños”, dice Nick Hodson, socio del bufete de abogados McAlister Family Law, que se ha especializado en derecho de la infancia durante más de 20 años.

Peter dice que si bien no ha tenido problemas como cuidador negro dentro del sistema de acogida de Carolina del Norte, adoptar a Anthony puede haber sido más fácil de lo habitual debido a su edad.

Nicholas Zill agrega que después de los cinco años, es más difícil colocar a los niños en un hogar permanente.

Peter sabe de otras familias negras que tuvieron que esperar mucho tiempo porque no había niños de la misma raza.

“No vivimos en una sociedad igualitaria”, dice, “pero quiero ser visible para romper los estereotipos. Hay estereotipos de hombres negros como padres ausentes, como criminales, todo esto tiene un papel. Por eso he sido abierto sobre mi crianza y publico regularmente fotos mías y de los niños en Facebook e Instagram”.

Ha conseguido casi 100.000 seguidores en Instagram al documentar su vida cotidiana, bajo el nombre de Fosterdadflipper.

Peter tiene planes para los niños cuando no haya restricciones de viaje. Quiere llevarlos a Uganda para que puedan ver de dónde viene.

Quiere construir una relación con la familia de Johnny para que la transición del niño de regreso a su hogar no sea dolorosa.

Pero a pesar de algunas ofertas en sus mensajes directos de Instagram, no tiene deseos de comenzar una relación romántica.

“No han tenido figuras masculinas estables en su vida”, dice Peter. “Me necesitan para ellos solos en este momento, y mientras sea así, estaré aquí para ellos”.


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