Diez exquisitas mascotas que pertenecieron a escritores
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Diez exquisitas mascotas que pertenecieron a escritores

A continuación, diez de esos animales sin los cuales probablemente la historia de la literatura habría sido otra muy distinta (y que quizá deberían figurar en la portada de los libros, bajo la firma del autor)
Por Yorokobu.es / Sergio Parra
14 de septiembre, 2014
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Foto: Yorokobu.es.

Foto: Yorokobu.es.

Funcionaron al igual que musas e incluso llegaron a protagonizar algunos de sus relatos. Son mascotas de grandes escritores de todas las épocas de la historia. Los compañeros fieles que se quedaron sentados alrededor del genio mientras su mano ejecutaba el clásico movimiento pendular o disparaba los dedos a ritmo de pistón sobre las teclas. Y, finalmente, ofrecía su cabeza, su panza u otra parte de su cuerpo para que el genio desahogara sus neuras a través de caricias.

A continuación, diez de esos animales sin los cuales probablemente la historia de la literatura habría sido otra muy distinta (y que quizá deberían figurar en la portada de los libros, bajo la firma del autor):

1. La langosta de Gérard

Tener una langosta como mascota no es nada habitual, pero tampoco lo era la poesía del simbolista francés Gérard de Nerval, que, en vez de zampársela al vapor, solía sacarla a pasear por las calles de París.

Para de Nerval, estos crustáceos eran mejores animales de compañía que los perros o los gatos, porque eran «criaturas pacíficas y serias que conocen los secretos del mar. Además no ladran». Si bien pudieran ser consideraciones relativamente juiciosas, el poeta se volvió loco en 1841.

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2. El cocker spaniel llamado Flush

Poeta icónica de la era victoriana, cuyos versos destilaban ternura y delicadeza, Elizabeth Barrett Browning tuvo un cocker spaniel pelirrojo llamado Flush. Tanto era el amor que le profesaba a Flush, que incluso le escribió un poema: Para Flush. También intentaba enseñarle juegos de mesa para entretenerse durante sus largas convalecencias.

Con posterioridad, el perro fue protagonista de una «biografía» escrita por Virginia Woolf. En las últimas páginas de Flush, Woolf desgrana el argumento, no sin un poco de ironía, de que los perros parecen adquirir en parte el carácter de sus amos tras tantos años de convivencia. Woolf fue única a la hora de intentar penetrar en la mente del perro e intentar describir el mundo tal y como él lo percibía.

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3. Los gatos de Hemingway

Éxtasis, Dilinger, Hermano Solitario o Casa de Pelo no son villanos lombrosianos de Dick Tracy o Sin City, sino algunos de los nombres que tuvieron los gatos de Ernest Hemingway, que llegó a tener treinta ejemplares. Algunos de sus gatos se conocían como «los gatos de Hemingway» porque muchos tenían seis dedos, como si fueran mutantes.

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4. La obsesión de Eliot

Tan amante de los perros era George Eliot (seudónimo que empleó la escritora británica Mary Anne Evans) que, al recibir el adelanto por uno de sus libros, se lo gastó íntegramente en adquirir un carlino. No fue el único obsesionado con estos animales, pues el prestigioso crítico literario y escritor J. R. Ackerley también le dedicó a su perra el libro Mi perra Tulip. Thomas Mann también escribe sobre su perro en Señor y perro. Y Roger Grenier incluso escribe un ensayo: La dificultad de ser perro.

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5. Los pecados de Twain

Mark Twain prefería a los gatos antes que a los perros. Compartía la opinión del poeta simbolista francés nacido en Uruguay, Jules Laforgue, que decía que los perros son planos, sirvientes, panaderos, y los gatos (como su querido Mürr) eran profundos, brahmanes y espadachines. Así que colegía que a nadie se le ocurriría hacer de un perro mosquetero. Esas palabras las pronunció, claro está, mucho antes de que se estrenara en televisión Dartacán y los tres mosqueperros.

Sin embargo, a juzgar por los nombres que usó Twain para bautizar a sus mininos, parece que los consideraba casi como pecados o fuentes del mal puro: Belcebú, Pecado, Satanás, Zoroastro…

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6. Cats

El musical Cats está basado en un libro de poemas dedicado a los felinos escrito por T. S. Eliot, que probablemente fue el escritor más obsesionado por los gatos. Algunos de los nombres de sus gatos fueron Patitas, Noilly Prat y Jorge Matadragones.

La saga felina La canción de Cazarrabo de Tad Williams o las obras del siglo XIX de Ernst Theodor Amadeus Hofffmann que transcurren en Gran Ducado, un humilde estado de Alemania, también entronizaron a los gatos hasta el punto de volverlos casi antropomórficos. Y es que Gran Ducado es el lugar de nacimiento de Murr, el único gato del mundo que ha resuelto el secreto de la filosofía felina. Como se describe en Breve guía de lugares imaginarios de Alberto Manguel y Gianni Guadalupi, Murr es autor del célebre ensayo Divertimentos biográficos en el tejado, donde Murr:

Fue el primero en trazar una distinción científica y filosófica entre el gato estudiante que vaga por los tejados, de voz resonante, alma pura y estómago vacío, y el gato prosaico y calienta-cojines, acurrucado junto a un arenque frito y un cazo de deliciosa leche y con una excusa siempre a punto para no compartir su comida.

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7. La triste muerte de Soseki

Con el mismo celo y entrega con el que Julio Cortázar cuidaría a su gato negro Teodor W. Adorno, rescatado de un basurero de Saignon, en la Provenza francesa, Fernando Sánchez Dragó compartió vida y trabajo con su gato Soseki. Nombre este adquirido a raíz de una de las obras fundamentales del escritor japonés Natsume Sōseki: Soy un gato.

Según el propio Dragó, Soseki le contemplaba durante horas mientras él picaba en su máquina de escribir. Siempre fiel y cariñoso. De hecho, incluso compartió con él algunos minutos de televisión como invitado a su programa de telenoticias en Telemadrid. Pero Soseki murió de la forma más cruel imaginable. Dragó cuenta en su vivienda con un montacargas que le traslada al piso donde él tiene instalado su despacho. En una ocasión, Soseki había metido su cabecita entre el montacargas y el hueco del túnel. Dragó activó inadvertidamente el montacargas y Soseki, tras unos espasmos, perdió la vida.

Hasta arriba de tranquilizantes, Dragó salió en antena en el programa de radio Isabel Gemio Te doy mi palabra a pocas horas de su muerte, cumplidor. Sin embargo, a los pocos segundos, Dragó no consigue mantener la compostura, arranca a llorar y bramar intermitentemente, y acaba destilando todos los sentimientos que experimentaba por su gato para solaz y morbo de los oyentes.

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8. Los cocodrilos de Parker

Dorothy Parker tenía en casa a dos crías de cocodrilo que alguien le había regalado. Como no sabía dónde meterlas para que se sintieran como en casa, decidió instalarlas en su bañera. Su sirvienta tuvo a bien dejarle escrita la siguiente nota: «Querida señora: me marcho, porque no puedo trabajar en una casa donde haya cocodrilos. Debí habérselo dicho antes, pero nunca pensé que tendría que hacerlo».

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9. La tumba para la mosca

El poeta de la Antigua Roma, Virgilio, tuvo la mascota más original que un escritor haya podido tener nunca: una mosca. Tal era su adoración por su mosca que, tras su muerte, organizó un suntuoso funeral para el que se gastó el equivalente a un millón de dólares y para el que contrató a un grupo de músicos. Finalmente se construyó un diminuto mausoleo para la mosca, tal y como explica Robert Schnakenberg en su libro Vidas secretas de grandes escritores.

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10. El zoo Byron

Lord Byron era un hombre excesivo. Por ejemplo, se cuenta que una de las fantasías de Byron era la de disfrazar a sus amantes con ropas de hombre para hacerlas pasar por sus primos en los hoteles donde se daban cita. También es famosa la anécdota de un viaje en barco que Byron comparió con Shelley y Godwin, en el que de repente, echando la cabeza hacia atrás, Byron lanzó un tremendo aullido, semejante al de los lobos. Shelley y Godwin, perplejos, le preguntaron a Byron a qué venía eso. Byron explicó que había intentado imitar el lenguaje de los habitantes de los montes de Albania, que lanzaban un aullido similar para saludarse. Les hizo tanta gracia aquella broma que, a partir de aquel día, cada vez que coincidían los tres, se saludaban en albanés. Es decir, echaban la cabeza hacia atrás y aullaban como si fueran hombres lobo recién convertidos.

Byron también era excesivo en lo tocante a las mascotas: no tenía una ni dos, tenía prácticamente un zoológico doméstico. Además de diversos perros, como Fanny, Thunder o Nelson, Lord Byron tenía los siguientes animales en el sótano de su residencia, tal y como explica Antón Castro en el libro Perros, gatos y lémures:

«tenía un mono, un mastín, un bulldog, dos gatos, un tejón, un águila, un halcón, una garza, una grulla, y aves de corral como gansos y gallinas de Guinea; ese animalario doméstico contaba con su propio mayordomo, el fiel Fletcher. Un día, cuando éste discutía el precio de un mono en un mercado, el poeta cortó en seco el regateo y le dijo: “Cómpralo, Fletcher, cómpralo: me gustan los monos mucho más que los hombres. Son divertidos y nunca llegan a cansarme”».

Con todo, su animal preferido era su perro de raza Terranova llamado Boatswain. Cuando este murió, Byron le dedicó un poema conmovedor: Un epitafio para Boatswain. También ordenó construirle una tumba en cuya lápida se podían leer los primeros versos:

Aquí reposan / los restos de una criatura / que fue bella sin vanidad, / fuerte sin insolencia, / valiente sin ferocidad, / y tuvo todas las virtudes del hombre / y ninguno de sus defectos.

Byron_1824

Bonus Track

Y finalmente, para coronar este exceso zoofílico, comparto un diálogo escrito por Aaron Sorkin en la serie de televisión El ala oeste de la casa blanca (capítulo 5). Un diálogo que mantiene un grupo ecologista que se reúne con una miembro del gobierno de los Estados Unidos para proponer la construcción de una autopista para animales, que habría de facilitar las migraciones de los lobos. Un diálogo que, tras lo leído, se vuelve sorprendentemente verosímil:

–Durante 4 años, los científicos han seguido a Pluie en sus migraciones del Parque Nacional de Alberta hasta las Montañas Rocosas. En ese periodo ha realizado 3 trayectos de ida y vuelta entre Canadá y Wyoming cubriendo 100.000 kilómetros. Creo que debe admitir que ha sido un verdadero logro para Pluie. Especialmente considerando los impedimentos de la vida moderna que tuvo que superar. Autopistas, edificaciones, bosques (pero bosques sin árboles), sin olvidar la frontera entre Estados Unidos y Canadá.

–Claro, no tiene pasaporte.

–¿Cómo dice?

–Era una broma.

–¿Por qué hace Pluie ese largo viaje? Pues porque los lobos tienen que aparearse con distintas manadas para evitar la extinción. Si se aparearan siempre entre ellos acabarían teniendo camadas débiles genéticamente, poniendo en peligro su supervivencia a largo plazo.

–Eso explica lo del palacio de Buckinham.

–¿Puedo contarle lo que proponemos?

–Claro.

–Una autopista sólo para lobos. 2.900 kilómetros entre Yellowstone y el territorio Yucón. Con pasos elevados entre autopistas y sin ganado pastando.

–¿Una autopista para lobos de 3.000 kilómetros? Espera… ¿cómo enseñarán a los lobos a seguir las indicaciones?

–Nuestros científicos están estudiándolo.

–Sí, pero mientras tanto, Pluie puede emborracharse, salir de esa autopista y comerse a mi gato.

Fuentes:

Perros, gatos y lémures, VV AA.

Breve guía de lugares imaginarios, Alberto Manguel y Gianni Guadalupi

Vidas secretas de grandes escritores, Robert Schnakenberg

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Qué es el albedo de los polos y por qué es vital para el enfriamiento del planeta

El calentamiento global está haciendo que los polos se derritan, pero ¿sabes por qué son tan vitales para la humanidad? Te explicamos el papel fundamental que juegan.
3 de noviembre, 2021
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Seguramente hayas escuchado que una de las consecuencias más graves que está teniendo el calentamiento global es que se están derritiendo los polos.

Y quizás incluso hayas oído las advertencias de los científicos de que el Ártico y partes de la Antártica se están calentando entre dos y tres veces más rápido que el resto del planeta.

Pero ¿sabes por qué los polos son importantes -más bien, vitales- para la humanidad?

¿Y por qué las regiones más frías del globo son las que más se están calentando?

Pues, posiblemente intuyas que la función principal de los polos es enfriar la Tierra. Y algo de razón tienes.

Pero no porque actúen como el freezer del planeta.

La razón por la que estas grandes extensiones de hielo enfrían no es que sean heladas. Enfrían sobre todo porque son blancas. Y ese blanco refleja el calor del Sol.

“El hielo del planeta refleja la cantidad justa de energía solar de regreso al espacio”, explica el divulgador naturalista de la BBC David Attenborough en el documental Breaking Boundaries: The Science of Our Planet (“Rompiendo límites: la ciencia de nuestro planeta”).

“Este efecto de enfriamiento ha sido fundamental para mantener estable la temperatura de la Tierra”, remarca en el film que Netflix estrenó a mediados de este año.

Albedo

Sin los rayos del Sol no podríamos vivir, pero tampoco podríamos hacerlo si la Tierra absorbiera el 100% de la radiación solar.

Por eso es tan clave la capacidad de nuestro planeta de poder reflejar parte de ese calor, un fenómeno conocido científicamente como albedo.

Imagen satelital del Ártico

WORLDSAT INTERNATIONAL/SPL
Los hielos polares juegan un papel fundamental al reflejar la radiación del Sol.

A través de este mecanismo, nuestro planeta refleja el 30% de la radiación del Sol.

El restante 70% que absorbe nos ha permitido mantener una temperatura ideal para el desarrollo de nuestra civilización.

Pero en las últimas décadas, el mundo ha estado perdiendo su capacidad de reflejar el calor del Sol, haciendo que ese perfecto equilibrio que duró unos 10.000 años -un período conocido como el Holoceno- se rompiera.

El climatólogo del Instituto Antártico Argentino (IAA) Alpio Costa le dijo a BBC Mundo que, si bien la principal barrera reflectora de radiación solar es nuestra atmósfera, los polos cumplen una función indispensable como la mayor fuente del albedo en nuestra superficie.

Costa destacó que los hielos son responsables de cerca de un cuarto del total que es reflejado por nuestro planeta.

Pero en el último medio siglo los polos se han vuelto cada vez menos blancos, reduciendo su efecto reflector.

Y es esta “reducción del albedo” la que está haciendo que estos inmensos hielos se estén calentando unas tres veces más que el resto del planeta, señaló el experto.

Por qué ocurre

“El problema empezó con la revolución industrial, cuando nosotros como especie comenzamos a tener una influencia sobre el clima, porque empezamos a ser una fuente importante de emisiones de gases de efecto invernadero”, explica Lucas Ruiz, geólogo del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianigla)

Ruiz fue uno de los autores del último informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU (IPCC), que concluyó que inequívocamente la quema de combustibles fósiles y otras acciones contaminantes del hombre son las que están causando que el planeta se caliente a una velocidad nunca antes vista.

Gráfico que muestra las emisiones de CO2 por combustibles fósiles

BBC

La polución que generamos -más de la mitad en los últimos 30 años (ver gráfico arriba)-, no solo elevó la temperatura del planeta, llevando a que los polos se empezaran a derretir.

También hizo que se tornaran menos blancos, reduciendo su capacidad de reflejar el calor del Sol.

¿Cómo ocurrió esto? La reducción del albedo se dio, por un lado, por los residuos de la combustión de hidrocarburos que depositaron ollín sobre el hielo y la nieve, indica Ruiz.

Pero el mismo derretimiento también oscureció la superficie de los hielos, generando pequeños cuerpos de agua y fomentado el crecimiento de algas.

“Si uno mira a Groenlandia desde el aire, en vez de ver blanco ve blanco azul, blanco azul, blanco azul”, destaca Ruiz sobre el casquete polar que más rápidamente se está derritiendo.

Groenlandia está lleno de cuerpos de agua como este.

Getty Images
Groenlandia está lleno de cuerpos de agua como este, y el hielo refleja cada vez menos.

Los hielos marinos del Ártico -los más extensos del planeta- también están perdiendo masa a velocidades récord, exponiendo la superficie oceánica.

El problema, dice el experto, es que mientras el hielo refleja el 90% del calor del Sol, el agua solo refleja el 20% y el 80% es absorbido, elevando sus temperaturas, lo que hace que también se expanda.

La combinación del hielo que se derrite y el agua que se expande está haciendo que se eleve el nivel del mar, lo que representa una amenaza para las ciudades costeras, entre ellas varias de las capitales del mundo.

Las estimaciones del IPCC son que, incluso si el mundo logra ponerse de acuerdo para que la temperatura del planeta no supere los 1,5°C por encima de los niveles preindustriales -hoy nos estamos acercando a 1,2°C- el daño ya generado hará que para 2050 el nivel del mar suba 50cm con respecto a los niveles del 1900.

“Parece poco pero es muy malo, porque cuando lo proyectas en la línea de costa, dependiendo de la pendiente que tiene la costa, puede llegar a ser kilómetros“, afirma Ruiz.

Aunque aclara que recién se dará a conocer en febrero un nuevo trabajo del IPCC detallando cuáles serán los lugares más afectados, el informe actual prevé que “tanto el nivel del mar como la temperatura del aire aumenten en la mayoría de los asentamientos costeros”.

De más está decir que si la humanidad no lograra ponerse de acuerdo en la próxima Cumbre Climática de Glasgow (COP26) para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, y la Tierra se calentara aún más, el daño sería mucho más pronunciado.

Círculo vicioso “irreversible”

En ese sentido, lo que más preocupa sobre el oscurecimiento de los polos es que ha desencadenando un círculo vicioso que podría resultar catastrófico.

Los científicos lo llaman un “proceso de retroalimentación” y funciona así: a medida que el planeta se calienta las zonas polares pierden superficie blanca, eso refleja menos, lo que produce un aumento de temperatura, que a su vez genera mayor pérdida de hielo.

Este fenómeno es lo que explica por qué los polos se están calentando entre dos y tres veces más que el resto del planeta, afirma Costa del IAA.

“Tiene un nombre: se llama amplificación polar“, señala a BBC Mundo.

Alpio Costa del Instituto Antártico Argentino en la Antártida

IAA
Aunque la Antártida es “mucho más resistente” al cambio climático que el Ártico, la región occidental también se está derritiendo, advierte Alpio Costa del Instituto Antártico Argentino.

La mala noticia es que, una vez que se desencadena este proceso, no alcanza con mantener las temperaturas actuales para frenarlo. Tendríamos que encontrar la manera de enfriar la atmósfera, algo que hoy está fuera de nuestro alcance.

Es por esto que los científicos afirman que el derretimiento del casquete polar ártico (Groenlandia) es irreversible a escala de tiempo humana.

Costa advierte que también la región occidental de Antártida se está derritiendo.

Y entre ambos, tienen suficiente agua para elevar los niveles del mar más de 12 metros.

Sin embargo, también hay una “buena” noticia: estos bloques de hielo son tan masivos que incluso si el calentamiento continuara tardarían decenas de miles de años en derretirse completamente.

En cambio, el peligro más inmediato es la desaparición del hielo marino ártico, que es menos voluminoso -y por ende no afectará tanto los niveles del mar- pero es clave para proteger a la Tierra de los rayos del Sol, ya que evita que la radiación solar impacte sobre el océano, que la absorbe, calentándose y expandiéndose.

Según el informe del IPCC, el hielo marino en el Hemisferio Norte durante el período más seco se redujo en promedio cerca del 25% en las últimas cuatro décadas.

De ahí que muchos científicos creen que es clave limitar la emisión de gases de efecto invernadero para frenar el calentamiento de la atmósfera y evitar que más hielo marino desaparezca, reduciendo críticamente el albedo.

El océano Ártico bajo el rayo del Sol, a la medianoche

Getty Images
Lo que más se ha perdido es hielo marino ártico, pero este cambio es reversible si actuamos pronto, advierte Lucas Ruiz.

“La pérdida del hielo marino no es irreversible“, resalta Ruiz.

“Si nosotros disminuimos la temperatura, el hielo marino va a aumentar”.

La base del clima

La amplificación polar también amenaza con desequilibrar otra función vital de los polos: la climática.

Y es que, como señala el climatólogo Costa, estos grandes hielos que reflejan el Sol son la base de nuestro clima.

“La diferencia de radiación solar entre los polos y los trópicos, que genera una diferencia de temperatura, es el motor que pone en movimiento a la atmósfera y genera lo que conocemos como clima en todos los rincones del mundo”, explica.

Este fenómeno es el que hace que haya “lluvias muy cerca del ecuador, zonas muy secas en latitudes subtropicales y pasajes de altas y bajas presiones en latitudes medias, que permite que allí haya estaciones diferentes”.

Por eso, el derretimiento de los polos y la consecuente reducción del albedo no sólo están aumentando las temperaturas de la atmósfera y amenazando nuestras costas, sino que, además, podrían provocar caos en el delicado balance climático de nuestro planeta.


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