El rincón de Centroamérica donde Escocia perdió su independencia
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El rincón de Centroamérica donde Escocia perdió su independencia

"Ahí está Puerto Escocés", anuncia el lanchero y poco después se abre ante nosotros una profunda bahía que se recorta contra el litoral caribe panameño. De pronto se siente como si además de haber recorrido 30 kilómetros por mar también hubiéramos viajado en el tiempo. Estamos justo en el lugar donde hace más de 300 años naufragaron los sueños coloniales de una Escocia independiente.
Por Arturo Wallace / BBC Mundo
14 de septiembre, 2014
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A finales del siglo XVII Escocia intentó establecer una colonia comercial en la costa de Centroamérica. El fracaso de la aventura fue una de las razones de su unión con Inglaterra. Foto: BBC.

A finales del siglo XVII Escocia intentó establecer una colonia comercial en la costa de Centroamérica. El fracaso de la aventura fue una de las razones de su unión con Inglaterra. Foto: BBC.

”Ahí está Puerto Escocés”, anuncia el lanchero y poco después se abre ante nosotros una profunda bahía que se recorta contra el litoral caribe panameño.

Hace poco más de dos horas que zarpamos de Puerto Obaldía, cerca de la frontera con Colombia, pero de pronto se siente como si además de haber recorrido 30 kilómetros por mar también hubiéramos viajado en el tiempo.

Estamos justo en el lugar donde hace más de 300 años naufragaron los sueños coloniales de una Escocia independiente.

Y en esta remota y deshabitada zona el paisaje probablemente sigue siendo muy similar al que en 1698 contemplaron los primeros 1.200 colonos escoceses que intentaron establecerse en estas inhóspitas tierras.

Una densa vegetación cubre las lejanas montañas, la tupida selva tropical llega hasta el borde mismo del agua y, como corresponde a una región en la que llueve durante la mayor parte del año, el cielo permanece cubierto.

Pero quiero pensar que hace 300 años, al final de su viaje de 8.230 kilómetros por el Atlántico, los tripulantes de los cinco barcos que zarparon de los muelles de Leith con rumbo a Panamá, también vieron aquí las oportunidades que habían venido a buscar a Centroamérica.

Un Edimburgo tropical

"A primera vista, el lugar elegido parece inmejorable: una bahía fácil de proteger, con abundante agua potable y capacidad para albergar 'mil barcos', en el mero corazón de las Américas." Foto: BBC.

“A primera vista, el lugar elegido parece inmejorable: una bahía fácil de proteger, con abundante agua potable y capacidad para albergar ‘mil barcos’, en el mero corazón de las Américas.” Foto: BBC.

Su objetivo era establecer una colonia que potenciara el comercio entre el ambicioso reino de Escocia y el Nuevo Mundo.

A primera vista, el lugar elegido parece inmejorable: una bahía fácil de proteger, con abundante agua potable y capacidad para albergar “mil barcos”, en el mero corazón de América.

Trágicamente, nueve meses después de su llegada la gran mayoría de los habitantes de lo que estaba llamado a ser Nuevo Edimburgo ya estaban muertos.

Y pocos años más tarde, una nación prácticamente en quiebra por culpa del llamado “desastre del Darién” terminaría aceptando unirse con el reino de Inglaterra.

Así nació el Reino Unido de la Gran Bretaña y Escocia perdió su independencia.

Enfermedades y enfrentamientos

Hace calor y la tupida selva aquí no tarda nada en reclamar para sí cada centímetro de terreno.

Pero abriéndonos camino a machetazos, intentamos encontrar algún vestigio de la breve presencia escocesa en este pedazo del territorio panameño.

Es historia vieja, pero puede ayudar a iluminar las discusiones sobre el referendo que el próximo 18 de septiembre le permitirá a los escoceses decidir si quieren seguir siendo parte de Reino Unido o volver a ser independientes.

Lea tambén: El referendo de Escocia en nueve preguntas

Abriéndo camino en las playas de Puerto Inabaginya.

Ya casi no quedan vestigios de la breve presencia escocesa en estas tierras. En algún lugar de la selva deben estar los restos de los colonos muertos, pero estos no han podido ser encontrados.

El canal defensivo del fuerte San Andrew.

Un viejo canal defensivo, excavado entre los corales, confirma que estamos en el lugar correcto.

Los viejos mapas sugieren que estamos cerca de lo que fue Fort Saint Andrew (Fuerte de San Andrés), la primera de las edificaciones construida por los escoceses.

No obstante, incluso con la ayuda de Nacho, nuestro guía kuna, tardamos un buen rato en encontrar el pequeño canal que confirma que estamos en el lugar correcto.

Excavado entre los corales, lo recto de sus líneas deja en claro que no se trata de un accidente natural sino de una construcción humana: era una trinchera que buscaba facilitar la defensa del fuerte.

La estructura, sin embargo, resultó completamente inútil frente a los enemigos más implacables de los colonos escoceses: la malaria y la fiebre amarilla que empezaron a diezmarlos incluso antes de tocar tierra.

Riqueza perdida

Luego los ataques de los españoles, poco dispuestos a aceptar una colonia rival a medio camino entre Panamá y Cartagena, terminaron haciendo el resto.

El sueño colonial escocés naufragó en las playas panameñas.

El sueño colonial escocés naufragó en las playas panameñas.

 

Al rápido fracaso de la aventura ciertamente también contribuyó la decisión de Inglaterra de prohibirle a sus colonias cualquier tipo de asistencia para los desafortunados escoceses.

La aventura fue financiada con contribuciones de miles de ciudadanos. Foto: BBC.

La aventura fue financiada con contribuciones de miles de ciudadanos.
Foto: BBC.

Ignorantes del trágico destino de sus compatriotas, una segunda flota partió de Leith en 1699, pero a su llegada al Darién solamente encontró las ruinas del sueño colonial en el que habían invertido su fortuna instituciones públicas, corporaciones municipales, miembros del parlamento, terratenientes acomodados y miles de escoceses “comunes y corrientes”.

De hecho, se estima que entre un cuarto y la mitad de toda la riqueza de Escocia se gastó –y perdió– en la fugaz aventura panameña.

La compensación de esos inversionistas fue una de las condiciones para la unión con Inglaterra, hasta el punto que la suma que Londres se comprometió a facilitar para ese propósito –el denominado “precio de Escocia”– quedó claramente establecida en el Tratado de Unión suscrito por ambas naciones en 1707.

La importancia del pasado

Los jefes kuna de la vecina isla de Caledonia se ríen cuando les cuento la historia de la fallida colonia y el alto costo pagado por los escoceses.

No me lo dicen abiertamente, pero está claro que creen que se lo merecían, por haber llegado sin invitación a sus tierras.

Todavía hoy, el pueblo kuna controla celosamente el acceso al territorio de la Comarca Gunayala (antes San Blas), por lo que antes de desembarcar en la bahía navegamos hasta acá en busca de su permiso.

Caledonia, Comarca Gunayala.

La vecina comunidad de Caledonia es una de varias comuniades Kuna que reclaman jurisdicción sobre Puerto Inabaginya.

El nombre de esta isla, Caledonia, es una herencia del paso de los escoceses. Foo: BBC.

El nombre de esta isla, Caledonia, es una herencia del paso de los escoceses. Foo: BBC.

Escuchamos además el relato de lo que los ancianos jefes de la comunidad –los sailas– recuerdan acerca de la llegada de los colonizadores extranjeros.

“La historia está un poco olvidada, pero ya es parte de la mitología kuna. Y recordamos, porque durante años nuestros ancestros así nos lo han contado, que los hombre blancos llegaron a estas tierras hace mucho tiempo, buscando oro”, le explica a la BBC el saila Leónidas Pérez.

“También sabemos que hubo muchas batallas y numerosos barcos se hundieron en esa bahía. Nuestros antepasados, asustados, huyeron hacia las montañas”, cuenta.

Ni el recuerdo

Para recordar el vínculo con la historia de Escocia, sin embargo, además de estos recuerdos y el pequeño canal, prácticamente no queda más que el nombre de esta isla: Caledonia, el mismo con el que bautizaron los romanos a las tierras escocesas.

Porque, hace tres años, el nombre de Puerto Escocés fue enviado, por decreto oficial, al mundo de los viejos mapas y los recuerdos.

En agosto de 2011, la vecina bahía fue rebautizada por el congreso de Panamá como Puerto Inabaginya, en homenaje al desaparecido líder kuna que, según la leyenda, a inicios del siglo pasado se encargó de limpiarla del trágico recuerdo de los escoceses.

Cabañas kunas cerca de donde debía estar Nueva Edimburgo. // Foto: BBC.

Cabañas kunas cerca de donde debía estar Nueva Edimburgo. // Foto: BBC.

Protectores a ultranza de su territorio, los kunas viven de la agricultura y la pesca, pero empiezan a abrirse al turismo. // Foto: BBC.

Protectores a ultranza de su territorio, los kunas viven de la agricultura y la pesca, pero empiezan a abrirse al turismo. // Foto: BBC.

Y donde estaba supuesta a alzarse Nueva Edimburgo, los kunas ahora mantienen un campamento temporal y algunas plantaciones de plátanos y cocoteros.

Para no repetir la historia

Allende los mares, por su parte, el debate en torno a la posible independencia escocesa ha reavivado el interés sobre el “desastre”.

En la tradición oral, mantenida viva por los sailas, quedan algunos recuerdos del paso de los escoceses. //Foto:BBC.

En la tradición oral, mantenida viva por los sailas, quedan algunos recuerdos del paso de los escoceses. //Foto:BBC.

Para algunos, la aventura del Darién es un ejemplo de los riesgos que la pequeña Escocia puede encontrar si insiste en tratar de golpear “por encima de su propio peso”.

Para otros, es un ejemplo más de que, en caso de conflicto, Londres siempre pondrá los intereses de su miembro más poderoso por encima de los del resto, como cuando hace más de trescientos años el rey inglés ordenó que las colonias británicas no ayudaran a los sufridos colonos escoceses “ni siquiera con un barril de agua limpia”.

Una medida que contribuyó a que en esta playa de Panamá, Escocia perdiera hace tres siglos su independencia.

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Archivo personal

"Perdí el mejor empleo de mi vida por una foto en redes sociales": los peligros de la cultura de la cancelación

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23 de julio, 2020
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El pasado 3 de junio, el estadounidense Emmanuel Cafferty, de 47 años, volvía a su casa después de una jornada más de trabajo.

Su rutina consistía en pasar entre 8 y 12 horas al día inspeccionando las redes subterráneas de gas y electricidad de la ciudad de San Diego, California.

Caía la tarde y hacía calor.

Al volante de la camioneta de la empresa, mantenía la ventanilla abierta y el brazo izquierdo en el exterior.

Según Cafferty, juntaba dos dedos de la mano distraídamente, en un gesto que repitió varias veces durante la entrevista con BBC News Brasil.

“En ese momento, un desconocido con un celular y una cuenta de Twitter puso mi vida del revés“, cuenta Cafferty.

Una fotografía dañina

Hacía apenas una semana que George Floyd, un hombre negro desarmado, moría después de que un policía blanco le retuviera en el suelo durante varios minutos presionándole el cuello con la rodilla en Mineápolis.

Las imágenes de la muerte de Floyd desencadenaron lo que se considera la mayor ola de protestas contra el racismo en Estados Unidos en la historia reciente.

En ese contexto, el chasquido de dedos de Cafferty fue interpretado por otro conductor como un gesto específico: un símbolo usado por supremacistas blancos.

“Ese hombre comenzó a tocar la bocina y a insultarme. Gritaba: ‘¿va a seguir haciendo eso?’ y sacó el celular para fotografiarme. Pensé que tal vez le había cerrado el paso en el tráfico, por accidente. Pero estábamos los dos parados en el semáforo y yo no entendía nada”, relata.

Dos horas después del incidente, su supervisor le llamó para decirle que había sido denunciado como racista en las redes sociales y que le suspendía del trabajo sin sueldo.

Una hora más tarde, sus colegas llegaron a su casa para llevarse la camioneta y la computadora de la empresa. Cinco días después fue despedido.

“Así fue como perdí el mejor empleo de mi vida“, dice Cafferty. Sin estudios superiores, hijo de inmigrantes mexicanos, vivía su versión del sueño americano.

Ganaba 41 dólares la hora, el doble que en su empleo anterior, y tenía cobertura de salud y de jubilación por primera vez en su vida.

Cuando consiguió la plaza, seis meses atrás, él, sus tres hijas y sus nietos salieron a comer para celebrarlo.

¿Ok o supremacía blanca?

Cafferty explica que no tenía ni idea de que el gesto que se le atribuye, comúnmente asociado con un “OK” en Estados Unidos, pudiese tener connotaciones racistas.

De acuerdo a la Liga contra la Difamación, una organización centenaria que combate los discursos de odio en Estados Unidos, el símbolo del “OK” fue adoptado en 2017 por usuarios racistas en foros de internet como 4chan. La propia organización recomienda tener cuidado con la interpretación de la señal.

“La abrumadora mayoría de las veces el gesto significa consentimiento o aprobación. Por eso no se puede presumir que alguien que lo haga lo esté usando en un contexto de racismo, a menos que exista otra prueba para apoyar esa percepción. Desde 2017, muchas personas fueron acusadas erróneamente de ser racistas o supremacistas por usar el gesto en el sentido tradicional e inocuo”, alerta la organización.

George Floyd

Twitter/Ruth Richardson
George Floyd dijo en repetidas ocasiones que no podía respirar.

Eso es exactamente lo que le pasó a Cafferty. O peor.

“En mi caso, no era un símbolo. Solo estaba chasqueando los dedos. Pero un hombre blanco lo interpretó como un gesto parecido al ‘OK’, que sería racista, y se lo dijo a mis jefes, también blancos, que decidieron creerle a él, no a mí, que no soy blanco”, afirma exasperado, al tiempo que se frota los brazos para mostrar el color de su piel.

El autor de la fotografía y del primer post contra Cafferty admitió ante el equipo local de la cadena estadounidense NBC que quizá exageró en la interpretación que hizo del supuesto gesto y que, a pesar de haber etiquetado en su publicación a la empresa en la que Cafferty trabajaba, no quería que fuera despedido.

El usuario borró el mensaje original e incluso la cuenta de Twitter. Pero ya era tarde, el post se había viralizado y el empleo estaba perdido.

BBC News Brasil no logró localizar al autor del post original.

“Una multitud de Twitter me canceló. Ya llamé a todos mis exempleadores en las seis semanas desde que aconteció el episodio y nadie me llama de vuelta. Lo primero que hace un empleador a la hora de contratar es poner el nombre en Google. El mío quedó ligado a este episodio, sin importar si era cierto o no. No sé cómo voy a seguir con mi vida de aquí para adelante”, se desahoga.

Ha tenido que acudir a terapia semanal para lidiar con el dolor y el miedo que ha sentido.

Multitud online, efectos offline

El caso de Cafferty es emblemático de lo que se considera un peligroso efecto colateral de la llamada cultura de la cancelación.

El movimiento comenzó hace algunos años como una forma de llamar la atención sobre causas de justicia social y preservación medioambiental, como una manera de amplificar la voz de los grupos oprimidos y forzar acciones políticas de marcas o figuras públicas.

Funciona así: un usuario de redes sociales como Twitter o Facebook, presencia un acto que considera equivocado, lo graba en video o lo fotografía y lo publica en su cuenta, con el cuidado de etiquetar a la empresa empleadora del denunciado y autoridades públicas u otros influencers digitales que puedan amplificar el alcance del mensaje. Es común que, en cuestión de horas, el post haya sido replicado miles de veces.

La cascada de menciones a una empresa suele precipitar actitudes sumarias para frenar el desgaste de imagen, sin que la persona a la que se denuncia pueda defenderse adecuadamente.

“En mi caso, me escucharon una vez y luego ya me despidieron. Parece que concluyeron que era un racista”, señala Cafferty.

BBC News Brasil intentó hablar con la empresa SDG&E, donde trabajaba Cafferty, pero no obtuvo respuesta hasta la publicación de este reportaje.

Como reacción a las primeras denuncias de usuarios contra Cafferty en Twitter, la empresa afirmó: “Creemos firmemente que no hay espacio en la sociedad para ningún tipo de discriminación” y añadió que inició una investigación sobre la conducta del entonces todavía empleado.

La cancelación va más allá del típico troleo de internet, con insultos coordinados, frecuente en disputas de opinión entre usuarios de redes.

Es un ataque a la reputación que amenaza el empleo y los medios de subsistencia actuales y futuros de la persona cancelada.

Extremadamente frecuente en Estados Unidos, hoy desprestigia también a personas anónimas, gente común como Cafferty.

“Usted puede ser cancelado por algo que diga en medio de una multitud de completos extraños si alguno de ellos lo graba en video, o por un chiste que suene mal en las redes sociales, o por algo que usted dijera o hiciera hace mucho tiempo y de lo que quede algún registro en internet”, escribió el columnista del diario The New York Times Ross Douthat en un artículo sobre el fenómeno de la cancelación.

“Y no hace falta que sea prominente, famoso o político para ser públicamente avergonzado y permanentemente marcado: todo lo que usted necesita hacer es tener un día particularmente malo y las consecuencias pueden durar mientras Google exista

¿Injusticias en el movimiento por la justicia social?

El alcance de la cultura de la cancelación en Estados Unidos ha despertado dudas ante la posibilidad de que se cometan injusticias.

El de Cafferty no es un caso único.

A finales de mayo, un investigador contratado por una consultora política progresista compartió en Twitter el resultado de un estudio que indicaba que, en los años 60, las protestas raciales violentas aumentaron el porcentaje de votos para candidatos republicanos, en cuanto que los actos pacíficos favorecieron a los políticos demócratas en las urnas.

Activistas consideraron que su comentario era una reprimenda a los actos de protesta por la muerte de George Floyd y pasaron a exigir su dimisión. El investigador fue despedido días más tarde.

El mes pasado, una profesora de teatro en Nueva York fue acusada de haberse adormecido durante una reunión online en la que se hablaba de acciones a favor de la justicia racial en el curso.

Una petición firmada por casi 2.000 personas pidió su dimisión, acusándola de racista. La profesora lo niega y alega que estaba descansando la vista mirando para abajo momentáneamente cuando se hizo la foto.

Cruce de cartas

Ante lo que calificaron como “atmósfera sofocante”, un grupo de 150 periodistas, intelectuales, académicos y artistas, considerados progresistas, decidieron publicar en Harper’s Magazine un texto titulado “Una carta sobre la justicia y el debate abierto”.

Firmada por nombres de peso como el lingüista Noam Chomsky, los escritores JK Rowling y Andrew Solomon, la activista feminista Gloria Steinem, la economista trans Deirdre McCloskey, y el analista político Yascha Mounk, la carta afirma que “el libre intercambio de informaciones e ideas, fuerza vital de una sociedad liberal, se vuelve cada día más restringido”.

Y continúa: “Si bien esperábamos esto de la derecha radical, la censura también se está esparciendo ampliamente en nuestra cultura: una intolerancia a las visiones opuestas, una moda del señalamiento público y el ostracismo, y la tendencia a disolver cuestiones políticas complejas en una certeza moral cegadora”.

JK Rowling

Reuters
Acusada de transfobia, JK Rowling firmó una carta contra la cultura de la cancelación.

En la misma línea, una de las editoras de opinión de The New York Times, Bari Weiss, renunció esta semana por medio de una carta abierta en la que acusa a la publicación de promover un “nuevo macartismo”, en referencia a la patrulla ideológica anticomunista de los años 50 en Estados Unidos.

“Artículos que eran fácilmente publicados hace apenas dos años, ahora colocan a un editor o autor en problemas. Eso si no hace que sea despedido. Si un texto se percibe como probable fuente de reacción interna o en las redes sociales, el editor ni siquiera lo publica”, escribió Weiss, contratada por The New York Times poco después de la elección de Trump en 2016, en un esfuerzo por amplificar la diversidad de voces en el diario.

En un artículo para la publicación The Atlantic, en la que cita el caso de Cafferty, el analista político Yascha Mounk explica por qué firmó el manifiesto.

Mounk aplaude lo que llama “la nueva determinación estadounidense” para desenraizar preconceptos de la sociedad.

“No obstante, sería un enorme error, especialmente para quienes se preocupan por la justicia social, considerar lo que sucedió con Cafferty como un detalle menor o el precio a pagar por el progreso”, escribió Mounk.

La respuesta a la carta dentro del movimiento progresista no tardó en llegar.

Un grupo de periodistas, artistas e intelectuales acusó a los autores de la primera carta de, desde lo alto de su éxito profesional y cómoda posición en el mercado, ignorar las dificultades de las minorías -como la comunidad negra o la comunidad LGBTIQ- en el debate público, en el mundo académico, en las artes, en el periodismo, en el mercado editorial.

“Los firmantes, muchos de ellos blancos, ricos y dotados de grandes plataformas, argumentan que tienen miedo de ser silenciados, que la llamada cultura de la cancelación está fuera de control y que temen por sus empleos y por el libre intercambio de ideas, al mismo tiempo que se expresan en una de las revistas de mayor prestigio del país”, señalan los firmantes del nuevo documento, titulado “Una carta más específica sobre la justicia y el debate abierto“.

Algunos de los que suscribieron el texto prefirieron permanecer anónimos, citando apenas la institución en la que trabajan, por miedo a las represalias.

Los autores citan por su nombre a algunos de sus antagonistas: mencionan que la escritora JK Rowling estuvo involucrada recientemente en un debate sobre la palabra “mujer”.

Una protesta por los derechos de las personas transgénero

Getty Images
Las activistas transgénero defienden su derecho a autodefinirse como mujeres.

Al comentar un texto que hablaba de “personas menstruantes”, Rowling afirmó: “Si el sexo biológico no es real, la realidad que viven globalmente las mujeres queda borrada. Yo conozco y amo a personas trans, pero borrar el concepto de sexo biológico elimina la capacidad de muchas personas de analizar el significado de sus vidas. Decir la verdad no es discurso de odio”.

Su afirmación fue tachada de transfóbica y fue duramente criticada.

La discusión política en torno a la cuestión será larga y beligerante.

Ajeno a ella, Cafferty intenta recuperar su empleo. Demandó a la empresa en la que trabajaba y al hombre que lo fotografió, pero no espera que haya un veredicto antes de un año.

Cafferty dice simpatizar con los movimientos por la justicia racial, pero indica que nunca realizó activismo político en su vida.

“Ni cuenta de Twitter tenía antes de ser cancelado”, subraya.


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https://www.youtube.com/watch?v=QkzsUZOK6-0&t=28s

https://www.youtube.com/watch?v=82qlWHpSRaw&t=1s

https://www.youtube.com/watch?v=4hw6wlscdUk

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