¿Es la impresión de casas el futuro de la construcción?
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¿Es la impresión de casas el futuro de la construcción?

Dos tendencias están transformando la industria de la construcción: la cultura del "hazlo tú mismo" y la tecnología de la impresión en 3D. ¿Qué pasa cuando ambas se combinan?
16 de septiembre, 2014
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Prototipo de casa marciana o lunar con tecnología Contour Crafting.

Prototipo de casa marciana o lunar con tecnología Contour Crafting.

La industria de la construcción está revolucionada. Dos tendencias la están transformando: la cultura del “hazlo tú mismo” y la tecnología de la impresión en 3D.

¿Qué pasa cuando ambas se combinan? Nacen proyectos hasta hace poco casi inimaginables, como la ambición de imprimir una casa en Marte o la de construir tu propio hogar en unos días y por menos de US$81.000.

Una colonia en Marte

La colonización de Marte podría estar más cerca de lo que parece.

Elon Musk, director ejecutivo de SpaceX, quiere construir una ciudad en el planeta rojo. La Agencia Espacial estadounidense (NASA, por sus siglas en inglés) planea enviar gente para el 2035 y además está Mission Mars One, la versión semi suicida del Gran Hermano en el espacio.

Behrokh Khoshnevis, de la escuela de ingeniería Viterbi, en la Universidad de California del Sur, está trabajando ya en este ambicioso objetivo para la NASA.

La tecnología de construcción que están probando se llama Contour Crafter y consiste en la impresión en 3D de edificios de hormigón o concreto, capa por capa, utilizando un gigantesco robot-impresora que puede completar la misión en sólo 24 horas.

Las paredes están diseñadas con un sistema de cavidades internas para darle al edificio más aislamiento y fortaleza.

Aplicaciones en la Tierra

Pero más allá de los planes marcianos, la tecnología será útil también en nuestro planeta.

Según Khoshnevis los usos más cercanos para este tipo de construcción serán probablemente en los mercados emergentes, donde hay una gran demanda de crear alojamiento rápido, barato, y seguro.

Otro uso posible, añade el doctor en ingeniería, sería como alojamiento de emergencia en casos de desastre.

Pero Khoshnevis cree que en el mundo desarrollado su adopción será más lenta. Esta tecnología aún tiene muchas limitaciones: por mucho tiempo no va a reemplazar materiales como el cristal, el acero o la madera.

“Pero si puedes construir mejor, más rápido y más barato con esta técnica de cemento, habrá menos demanda de madera”, apunta.

“Así que no va a hacer que todo en la construcción se quede obsoleto, pero ciertos tipos de edificios definitivamente se van a construir de esta manera y no con el método tradicional”, comentó.

Si tienes prisa “hazlo tú mismo”

Quienes no pueden esperar a que se perfeccione la tecnología del Contour Crafer, tienen la opción de construir su propia casa.

El proyecto Wikihouse, por ejemplo, ofrece planos gratuitos descargables por internet.

“Wikihouse es un sistema de construcción que es fabricado digitalmente”, le dijo a la BBC Sarah Gold, diseñadora de Wikihouse y del estudio de diseño 00.

Los creadores del proyecto estiman que es posible construir una casa de dos habitaciones de 75m2 por menos de US$81.000.

Gold explicó que los usuarios reciben en el lugar de construcción un material cortado en láminas con tecnología CNC (computer numerical control), que se ensambla con un mecanismo especial que hace que unas piezas encajen con otras.

“Así que no necesitas tener ninguna de las habilidades tradicionales de la construcción para poder levantar la estructura. Nosotros construimos la estructura, la levantamos, la encajamos y despúes tú puedes empezar a ensamblar la membrana de aislamiento”, dijo la diseñadora.

Este sistema modular está en código abierto, bajo una licencia de Creative Commons.

Una revolución en la industria

“Es más fácil enviar recetas que enviar tortas y galletas”. Esta cita, del célebre economista británico John Maynard Keynes, resume el enfoque de los creadores de Wikihouse.

“Es la misma revolución que hemos visto en internet durante los últimos años”, explica el cofundador Alastair Parvin.

“El poder de YouTube nos hizo pasar de consumidores a productores de películas, el poder de Wikipedia de consumidores a productores de información y todo eso es lo que está pasando ahora con cosas como la impresión en 3D: esa misma alteración se está trasladando al mundo real”, explicó.

Lewis Blackwell, del Building Centre, concuerda en que hasta hace poco la industria de la construcción se había escapado a este tipo de revuelta.

“Es tal vez el principio del desbaratamiento de las estructuras profesionales en la industria”, dijo.

“Empieza a desmitificar la industria, y quizás aumenta las expectativas de lo que puedes esperar de un profesional porque ahora tú sabes que puedes hacer más”.

Y si el diseño es prioridad…

Si el tiempo no urge y el diseño es prioritario, otro proyecto está cobrando fuerza: Paperhouses, “arquitectura en código abierto”.

Se trata de una plataforma que actualmente está registrando usuarios antes de lanzar una serie de diseños descargables realizados por grandes arquitectos.

Los planos, gratuitos, podrán adaptarse al gusto de los usuarios.

La diferencia con Wikihouse es que, a menos que seas un profesional de la industria, es poco probable que tú puedas construir estas casas.

Papaerhouses planea conectar a los usuarios con su red de socios constructores para adaptar los diseños a la topología, atmósfera de cada lugar y a otras consideraciones como el impacto ecológico.

“El sitio será un foro donde inicialmente se podrán compartir ideas y en el futuro se podrán manipular los modelos”, dice Joana Pacheco, de Paperhouses.

Pero el proyecto ha encontrado cierta oposición.

“Los arquitectos tienen posturas muy fuertes al respecto”, según Pacheco”.

“Aunque algunos acogieron la idea, otros sienten que el proyecto desacredita su arte y profesión”, comentó.

 

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Los kenianos que se ganan la vida corriendo en Toluca, la ciudad más alta de México

Toluca, capital del Estado de México, acoge desde hace años a ciudadanos de Kenia que encuentran ahí un entorno ideal para practicar su profesión y ganarse la vida.
7 de agosto, 2022
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Desde temprano, se puede ver a decenas de personas entrenando en la pista de atletismo de una de las unidades deportivas de Metepec, Estado de México.

Entre todas ellas destaca un grupo de atletas que corren sprints a toda velocidad, dejando atrás al resto de aficionados mientras se comunican entre ellos principalmente en swahili.

Grupos de kenianos como este son fáciles de encontrar en la vecina Toluca, al oeste de la Ciudad de México. Este lugar se ha convertido en su hogar en los últimos años, a casi 15 mil kilómetros de su país natal en África Oriental.

Pese a la enorme distancia, los kenianos dicen que Toluca no se les hace tan diferente.

Y considerando que la gran mayoría de ellos se dedica al atletismo de manera profesional, aseguran que la capital del Estado de México tiene características casi perfectas para ellos.

“Toluca es bueno por la altura y no hace tanto calor como otros lugares donde cuesta más entrenar. Donde vive mi familia en mi país es casi igual en altura y clima. Por eso no me costó adaptarme aquí, era como estar en Kenia”, dice Musa Lemiukei, joven corredor que llegó a México hace cinco años.

La ciudad más alta de México

Escoltada por el imponente volcán Nevado de Toluca, los más de 2 mil 600 metros sobre el nivel del mar de esta ciudad la más alta de México la hacen ideal para entrenar por la menor existencia de oxígeno.

Ello hace que los pulmones deban abrirse, se eleve la capacidad de transportar sangre y el cuerpo rinda más con menos esfuerzo cuando se regresa a una altura más baja.

Ciudades más altas del mundo 🌎. (centros urbanos con más de un millón de habitantes) [ 1. La Paz (Bolivia): 3.869 m. ] [ 2. Quito (Ecuador): 2.784 m. ],[ 3. Toluca (México): 2.648 m. ],[ 4. Cochabamba (Bolivia): 2.621 m. ],[ 5. Bogotá (Colombia): 2.601 m. ], Source: Fuente: base de datos de centros urbanos de la Comisión Europea., Image: Nevado de Toluca

Por ello, animados por la experiencia de otros compatriotas, Toluca es el principal destino en México elegido por los atletas kenianos, que se mudan al país desde finales de la década de los 80 para vivir de los premios de competiciones.

Muchos lo hacen animados por la experiencia de compatriotas que ya viven aquí. Otros lo eligieron por su cercanía con Estados Unidos, bien porque antes vivían allí o porque planean llegar en el futuro al país vecino, donde establecerse como residente suele ser más complicado que en México.

Según Evanson Moffat, quien se dedica a la organización de eventos deportivos, Toluca llegó a acoger en su día a unos 100 kenianos. La mayoría llegó contratando previamente a “un mánager mexicano, afiliado ante la Federación de Atletismo”, quien se encarga también de la invitación para lograr su visa de entrada a México, asumiendo su representación profesional en el país.

Map

Actualmente, en cambio, Moffat cree que el número de compatriotas en la ciudad no llegará a 30.

“La pandemia hizo que muchos se fueran porque se dejaron de hacer maratones y no tenían de qué vivir. Pero ahora esperamos que vayan regresando”, dice a BBC Mundo el empresario, quien se trasladó de Kenia a México en 1998 con el sueño de “ver a un mariachi en vivo” y con interés por aprender español.

Entrenando desde niños

Tras hora y media de intenso ejercicio en Metepec, el grupo de kenianos se cambia de ropa mientras charla y bromea.

José Gutiérrez, un joven de solo 20 años que ya compite en algunas pruebas, es el único mexicano que ha entrenado con ellos.

“Los conocí en la Alameda 2000 (el parque de Toluca donde suelen correr principalmente) y ahora les acompaño lunes y miércoles porque son muy buenos. Especialmente Hillary, aunque ahora creo que ya no está corriendo”, cuenta a BBC Mundo.

José Gutierrez entrenando con corredores kenianos en Toluca.

Marcos González / BBC
José Gutiérrez (en primer plano) sueña con alcanzar los logros en competiciones de los corredores kenianos de Toluca.

Hillary Kimaiyo, también presente en el grupo, es en efecto uno de los corredores basados en México con más premios dentro y fuera del país. En 2011, batió un récord al correr el maratón más rápido en territorio mexicano, con un tiempo de dos horas, ocho minutos y 17 segundos para 42.195 kilómetros.

“Vivimos para correr y corremos para vivir”, cuenta a BBC Mundo el deportista de 41 años, para subrayar la dedicación exclusiva que dan a su preparación y a las competiciones, a las que planea regresar tras un tiempo alejado del primer nivel.

“Hillary lo ganó todo en México”, coincide Rodolfo Obregón, comisionado de carreras de ruta de la Federación Mexicana de Asociaciones de Atletismo, cuando se le pregunta por el atleta keniano más destacado en los últimos años.

Corredores kenianos en Toluca

Marcos González / BBC

“En su momento, estos corredores fueron el gran atractivo para los organizadores. También a veces hacen que los mexicanos no se interesen tanto por participar en pruebas porque, al estar los kenianos, creen que van a tener menos posibilidades”, agrega Obregón.

Kimaiyo tiene la explicación de por qué sus compatriotas suelen copar el palmarés de tantas competiciones de atletismo: las grandes distancias que desde niños tienen que recorrer en Kenia para ir a la escuela, regresar a comer y hacer el mismo trayecto de ida y vuelta en la tarde.

“En total, podías correr 30 o 40 kilómetros al día sin darte cuenta de que era un ejercicio. Ahora todo ha cambiado porque hay muchas más escuelas privadas, los papás llevan a los hijos en carro… Verás que, en el futuro, no vas a ver atletas de África como nosotros”, pronostica.

Eliud Kipchoge, también keniano, revalidó en Tokio 2020 el título olímpico de maratón logrado en Río 2016 y también posee el récord del mundo de la distancia con un tiempo de dos horas, un minuto y 39 segundos.

Musa Lemiukei

Marcos González / BBC
Musa Lemiukei dice que el clima y la altura de Toluca, similares a su ciudad en Kenia, le ayudaron a adaptarse a su nueva vida en México.

Picante vs. ugali

Tras el entrenamiento, los kenianos de Toluca se suelen reunir en casa de alguno de ellos para almorzar, charlar o simplemente pasar el rato.

Esta vez es Kimaiyo quien los recibe en su vivienda, donde entre varios preparan pollo y ensalada con ugali (una masa hecha de harina de maíz o mandioca), que después degustan con las manos. “En nuestro país se come así”, explican con una sonrisa.

Mientras almuerza, Lemiukei cuenta que no ha conseguido acostumbrarse al picante tan típico de México. Tampoco al tequila porque “está fuerte”. Lo que más le costó al llegar fue aprender español. Y lo que más le gustó es la amabilidad de la gente mexicana.

Corredores kenianos en Toluca cocinando

Marcos González / BBC

La mayoría de ellos comparte pequeñas viviendas para abaratar gastos. “Vivimos de correr para ganar premios con los que pagamos la renta y mandamos dinero a nuestras familias”, dice el joven atleta.

Sin embargo, la ausencia de pruebas durante la pandemia hizo que algunos de ellos tuvieran serias dificultades económicas. “Hasta que conocidos mexicanos venían con un regalo de comida. Fue bonito”, recuerda.

Depender únicamente de las competiciones les supone un ingreso inestable y que depende de la clasificación y el tipo de prueba.

Lemiukei se llevó 4 mil pesos (unos 195 dólares) por la última carrera que ganó. Sin embargo, el maratón de la CDMX el más importante del país y en el que Kimaiyo se impuso en tres ocasiones premió el pasado año con hasta 550 mil pesos (26 mil 920 dólares).

Corredores kenianos en Toluca comiendo ugali

Marcos González / BBC
Kimaiyo, de amarillo a la izquierda, degustando el ugali como uno de los platos típicos de la gastronomía de Kenia.

Quedarse o regresar a Kenia

El atletismo fue precisamente lo que unió a Kimaiyo con su esposa mexicana. Ambos se conocieron entrenando en 2011 en un parque de Toluca en el que ella corría solo como aficionada.

Lo curioso es que, sin saberlo, ya se habían visto por primera vez tres años antes, cuando ella acudió como público al maratón de la CDMX y tomó una foto de quien iba en primer lugar. Tiempo después se dio cuenta de que aquel ganador de la imagen era su marido.

“Nos hemos adaptado bien pese a las culturas diferentes en todos los aspectos”, dice a BBC Mundo su esposa, Yenie Nava, cuando llega a la casa tras recoger de la escuela a los dos hijos de la pareja.

Aunque la mujer cree que los kenianos son en general bien acogidos en México, sí reconoce que en un principio incluso su propia familia se vio sorprendida al conocer a alguien “llegado desde tan lejos”.

Familia Kimaiyo

Marcos González / BBC
Hillary Kimaiyo, Yenie Nava y sus dos hijos planean su futuro en México, aunque sin deslindarse del atletismo que tantos éxitos le ha dado.

“Cuando vamos a carreras en pueblos pequeños, todo el mundo mira y se quiere tomar una foto con él. Y cuando voy con mis hijos por la calle sola, a veces me preguntan si son míos”, explica.

Al margen de viajes esporádicos a Kenia, el proyecto de vida de la familia Kimaiyo pasa por quedarse en México, donde Hillary quiere ampliar la escuela que abrió como entrenador y donde está previsto que crezcan sus hijos, a quienes su madre define como “80% mexicanos”.

Al acabar la comida en su casa, el grupo de kenianos se relaja haciendo llamadas a familiares y amigos o viendo televisión con noticias de su país. Este mes de agosto hay elecciones presidenciales y algunos discuten sobre quién será la mejor opción.

Lemiukei, quien planea ahorrar en México hasta conseguir una beca deportiva con la que poder mudarse a EU para estudiar Ciencias Políticas, está muy interesado en el tema.

Corredores kenianos en Toluca viendo TV

Marcos González / BBC
Tras entrenar, los kenianos se mantienen informados de las noticias con la televisión de su país.

“Los gobiernos (kenianos) prometen mucho y luego no lo hacen. Por las carreteras no puedes circular cuando llueve, en mi tribu las mujeres todavía se casan muy jóvenes y sin tener educación superior…”, relata.

“Así que mi sueño es estudiar y volver a Kenia. Y poder quizá ser alcalde de mi ciudad para representar a la gente y tratar de mejorar lo que no está bien allá”, fantasea con una sonrisa, antes de regresar a la casa que comparte con otros corredores.


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