¿Existe la depresión posvacacional?
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¿Existe la depresión posvacacional?

Septiembre es el mes en el que millones vuelven al trabajo tras sus vacaciones. A muchos les cuesta adaptarse de nuevo al despertador, los atascos y la actividad diaria. Los expertos sostienen que este proceso adaptativo, que se refleja en forma de tristeza, ansiedad, nerviosismo e irritabilidad, es normal y no se trata de una depresión.
Por AgenciaSINC.es
28 de septiembre, 2014
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La depresión posvacacional es una respuesta aguda o puntual de estrés ante un cambio. / Foto: Agencia SINC / Fotolia.

La depresión posvacacional es una respuesta aguda o puntual de estrés ante un cambio. / Foto: Agencia SINC / Fotolia.

Le cuesta volver a la rutina del trabajo. Está triste pero irascible. Quizá sea una de las personas que sufre depresión posvacacional, causada por una mala adaptación de los trabajadores a la vida activa.

Según José Antonio Piqueras Rodríguez, profesor del departamento de Psicología de la Salud de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche, “existe una sintomatología emocional negativa –ansiedad y depresión– asociada al cambio que supone volver al trabajo y dejar las vacaciones”.

Para el experto, se trata de un proceso adaptativo normal que supone un ajuste a los cambios y, en algunos casos, puede generar un malestar de cierta intensidad, con fatiga, falta de energía, tristeza, etc.

“En cualquier caso, suele ser de corta duración”, añade Piqueras. “Otra cosa muy diferente es que exista como enfermedad o trastorno específico. Desde mi punto de vista no es así. Se le llama depresión posvacacional porque quizás tiene más tirón mediático, pero no es una entidad diagnóstica diferenciada ni reconocida científicamente”.

¿Afecta también a los niños?

Aunque este estado suele afectar principalmente a adultos jóvenes, menores de 45 años, los síntomas pueden aparecer igualmente en niños.

“Los niños en general demuestran mayor capacidad de adaptación que los adultos, son más flexibles y se adaptan a casi cualquier cambio”, afirma Piqueras. “No obstante, volver a la rutina puede suponer ciertas dificultades de adaptación, con la consiguiente respuesta emocional”.

¿Es parecido al síndrome de burnout?

Aquí los expertos lo tienen claro. Un proceso no tiene nada que ver con el otro. Por su parte, el burnout o ‘estar quemado’ se relaciona con la respuesta prolongada de estrés en el organismo ante los factores emocionales e interpersonales que se presentan en el trabajo, lo que incluye fatiga crónica, ineficacia y negación de lo ocurrido.

Por el contrario, “la depresión posvacacional es una respuesta aguda o puntual de estrés ante un cambio. Es decir, podría considerarse una reacción normal a un proceso adaptativo, que en algunos casos puede llegar a ser más intensa, pero dudo que se pueda considerar un síndrome de la entidad del burnout”, sostiene Piqueras.

Sin embargo, para el profesor de la UMH “otra cuestión es que está contrastado el hecho de que trabajadores ‘quemados’ pueden tener mayor probabilidad de deprimirse con la vuelta al trabajo y el final de las vacaciones”.

¿Cuál es el tipo de trabajador al que más afecta?

No es fácil establecer una relación directa entre tipo de trabajo y depresión. Tal y como indica Piqueras, “habría que tener en cuenta varios factores, los puramente laborales como el ambiente físico de trabajo o el tipo de puesto, y los personales”.

Así, es fundamental tener en cuenta las características del trabajador –satisfacción económica, profesional y personal que genera el puesto– y del propio trabajo –malas relaciones, pobre remuneración, turnos de trabajo rotarios, etc.–.

Algunos estudios concluyen que enfermeras, médicos, docentes y administrativos presentan mayor propensión a la depresión en general y a la depresión postvacacional en particular.

No obstante, el psicólogo advierte que “no se puede generalizar que los enfermeros o los maestros tiendan a deprimirse más tras la vuelta de las vacaciones, sino que parece que en estos colectivos existe mayor probabilidad de padecer alguno de estos síntomas por las condiciones del trabajo”.

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Coronavirus; ¿Qué produce una respuesta inmunitaria más fuerte: la infección natural o la vacuna?

Si bien ambas producen una respuesta inmunitaria, te explicamos por qué es mejor la protección que te puede ofrecer una vacuna contra el SARS-CoV-2.
16 de diciembre, 2020
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Reino y Estados Unidos iniciaron ya su programa de vacunación masiva contra el coronavirus con la vacuna de Pfizer/BioNTech.

La inmunización, producida en Bélgica, es un nuevo tipo de vacuna llamada ARN que utiliza un pequeño fragmento del código genético del virus para enseñarle al cuerpo a combatir la COVID-19 y generar inmunidad.

El resto de las vacunas —incluidas la rusa Sputnik V, que comenzó a suministrarse de forma masiva en Moscú, la china Sinovac, la estadounidense Moderna o la británica Oxford-AstraZeneca— continúan en la carrera y la aprobación de algunas de ellas se espera de forma inminente.

En Reino Unido, los primeros en recibir la dosis inicial de las dos necesarias para alcanzar la inmunidad completa son las personas mayores de 80 años, los profesionales de la salud en primera línea, así como los trabajadores de las residencias de ancianos.

Y mientras que la mayoría de la población espera con ansias que le llegue su turno, hay quienes miran a la vacuna con recelo por las incógnitas que todavía no tienen respuesta.

Una de las preguntas que se repite (aunque no necesariamente entre quienes están en desacuerdo con la vacunación) es, ¿Qué genera una respuesta inmune más fuerte: la infección natural o la vacuna?

BBC Mundo conversó con tres expertos en el tema en busca de una respuesta.

Según el caso

En pocas palabras: aún no se sabe.

“Hay algunas enfermedades donde la vacuna protege más que la enfermedad y otros casos donde la enfermedad brinda más protección que la vacuna”, le explica a BBC Mundo Carlos Rodrigo, vacunólogo y Director Clínico de Pediatría del Hospital Germans Trias i Pujol, en Barcelona.

Paciente de covid-19

Getty Images
Mientras que a algunas personas el virus les provoca pocos o ningún síntoma otros deben ser hospitalizados o conectados a un respirador.

Rodrigo da como ejemplo enfermedades clásicas como el sarampión, la varicela o las paperas, donde la infección natural es la que otorga una inmunidad más prolongada, donde lo habitual es que una vez que la pasas no te vuelvas a enfermar.

En otro tipo de infecciones, como las provocadas por neumococos o meningococos (dos tipos de bacterias) en niños o por el virus del papiloma humano (VPH) —un grupo de virus que puede causar verrugas y varios tipos de cáncer— la situación es exactamente opuesta.

En el caso del VPH, por ejemplo, la vacuna genera una respuesta inmune más potente que la inmunidad natural, ya que esta última es particularmente débil.

Esto se debe a que, entre otra cosas, el virus emplea varias tácticas para evadir al sistema inmune, le explica a BBC Mundo Maitreyi Shivkumar, profesora de Biología Molecular en la Facultad de Farmacia de la Universidad De Montfort, en Reino Unido.

“Muchos virus, entre los que se incluye el VPH tienen proteínas que bloquean la repuesta inmune o simplemente mantienen un perfil bajo para no ser detectadas”.

En cambio la vacuna, “contiene una concentración alta de una sola proteína —la que sobresale de la superficie del virus y la que detecta el sistema inmune— en su forma más pura”.

Al suministrar una gran cantidad de esta proteína, la respuesta que se genera es mucho más fuerte, señala Shivkumar.

Y, además, la vacuna permite que, “de cierta forma, el sistema inmune no se distraiga con otros trozos del virus (como ocurriría en una infección natural)”, añade la experta, aunque aclara que son pocos los casos donde la inmunidad generada por la vacuna es mayor a la que suscita la infección natural.

“Por lo general las vacunas son tan buenas como la infección (en este sentido), o brindan suficiente inmunidad y eso es lo que se quiere lograr”.

¿Cómo se posiciona la covid-19 en este sentido?

Dado que se trata de una enfermedad nueva y de que los estudios sobre la vacuna fueron diseñados para determinar su seguridad y eficacia más que para evaluar la longevidad de la inmunidad, no sabemos con exactitud por cuánto tiempo se extiende el efecto protector de ninguna de las dos.

HPV

Getty Images
En el caso del VPH, la vacuna genera una respuesta inmune más fuerte que el virus mismo.

Lo que sí sabemos es que, a diferencia de la infección natural, de la que podemos recibir una dosis viral variable (alta, mediana o baja) que produce diferentes niveles de inmunidad, “cuando te suministran una vacuna, recibes una dosis predeterminada que sabemos provoca una respuesta inmune fuerte y apropiada, capaz de prevenir la infección en un gran porcentaje de los casos”, le dice a BBC Mundo Jennifer Gommerman, inmunóloga de la Universidad de Toronto, Canadá.

“Hay muchas similitudes: las dos cosas —la infección natural y la vacuna— generan anticuerpos neutralizantes e inmunidad celular (el proceso que activa entre otras cosas a las células T)”.

“Pero una de las grandes diferencias es que las vacunas no provocan el daño colateral de una respuesta inmune extremadamente robusta, que en mucha gente puede ser perjudicial y causar daño en los pulmones”, explica la experta.

Sin vacuna, dice Carlos Rodrigo, atravesar la enfermedad es “una aventura, un azar, una ruleta rusa: mientras que a algunas personas no les ocasiona ningún problema, a otras les causa problemas gravísimos. Y a otras no tan graves pero persistentes en el tiempo, e incapacitantes”.

Por último otra de las ventajas de la vacuna es que al suministrar una dosis fija, “se garantiza una respuesta imunitaria estandarizada en toda la población. Es una forma de controlar la respuesta y no dejarla al azar”, añade Shivkumar.

Y si tuve covid-19, ¿es necesario vacunarme?

En opinión de Gommerman, deberías dejar que vacunen a otros primero porque tu cuerpo todavía debería tener memoria del virus y por lo tanto capacidad para combatirlo, pero luego es importante que lo hagas.

Vacunación

Getty Images
Aunque hayas tenido covid-19, es aconsejable recibir la vacuna.

“Primero que mucha gente nunca tuvo confirmación de haber tenido el virus”, dice. “Cuando nos llega gente que piensa que ha tenido covid-19 y se les hace la prueba de anticuerpos, no siempre dan positivo porque en realidad no han estado expuestos al virus”.

Esa ya es una buena razón para darse la vacuna. Pero por otro lado, “hasta donde sabemos, no hay consecuencias negativas de darse la vacuna después de haber tenido el virus. Es como reforzar tu respuesta inmunitaria”, señala la experta.

Y, tercero, “tu respuesta inmune pudo haber sido muy buena o no, dependiendo de a cuánto virus estuviste expuesto, y como esa carga es variable, no sabrás en que parte del espectro te encuentras, por lo tanto, es mejor darse la vacuna”.

Rodrigo tiene una visión similar, aunque recomienda hacer un test primero para verificar si la persona aún tiene anticuerpos.

Estas personas “no serían prioritarias, pero es posible que al cabo de unos cuantos meses, la inmunidad natural no sea suficiente”.

“Habrá que evaluar si todavía tiene anticuerpos, porque en casos que los haya, la vacuna es inútil”.


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