¿Hay que reinventar el inodoro?
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¿Hay que reinventar el inodoro?

Tal vez parte de la razón por la cual es tan difícil introducir nuevos tipos de inodoros sea porque cualquier cambio que nos haga orinar o defecar de una forma diferente hace que seamos más conscientes del proceso, haciéndonos sentir incómodos.
Por BBC Mundo
1 de septiembre, 2014
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Captura de pantalla 2014-09-01 a la(s) 16.40.28El diseño del inodoro, tal como lo conocemos hoy, parece perfecto pero… ¿podría mejorar?

Hay quien propuso ideas más inteligentes y ecológicas, pero si nos fijamos en la historia del sanitario y la psicología involucrada en nuestras actitudes hacia él, podría resultar difícil modificarlo.

El inodoro y nuestros hábitos en el baño han sufrido varios cambios a lo largo de la historia.

Al principio, una experiencia común

Las excavaciones arqueológicas que muestran la organización más antigua del manejo de desechos humanos datan de la época del imperio de Mesopotamia, entre los años 3.500 y 2.500 a.C.

En el Imperio Romano, las letrinas de alta gama a veces contaban con sistemas de calefacción, asientos de mármol y esculturas ornamentales.

Estos eran los baños de lujo. También eran espacios muy sociales.

No había cubículos ni pantallas que proporcionaran privacidad a los usuarios, que se sentaban todos juntos“, escribió el arqueólogo Zena Kamash en 2010.

La mayoría de los cuartos de baño del mundo antiguo no tenía más de 15 asientos, pero una letrina del siglo II en Siria podía ser utilizada simultáneamente por 80 personas.

Sin embargo, tuvieron que pasar varios siglos hasta que se popularizaron los grandes cambios.

Un “trono” privado

En 1596, Sir John Harrington publicó su diseño “Ajax”, un precursor del inodoro moderno instalado como segundo trono para su madrina, la reina Isabel I.

Luego, en 1775, Alexander Cummings patentó la “trampa S”, una innovación de diseño que persiste hasta la actualidad. La sección doblada de la tubería drena el contenido de la taza del inodoro y evita que los olores del alcantarillado suban, equilibrando la presión del aire que se encuentra por arriba y por debajo de la trampa.

Pero antes de que se popularizaran los inodoros, los orinales eran de rigor.

Para los adinerados de la década de 1800, una cena gourmet duraba varias horas y el uso de un orinal en el comedor no era inusual, explica Philip Cheong del Toronto Colborne Lodge.

Después de la cena, las mujeres se retiraban a una habitación y los hombres a otra.

En cada una de ellas había un orinal, que era utilizado a la vista de los demás huéspedes.

“Tirar la cadena”, todo un acontecimiento

La llegada de la cisterna, o descarga, transformó la experiencia sensorial humana de “eliminación”, poniendo fin a gran parte de la interacción táctil y visual que antes teníamos con nuestras heces.

A partir de entonces, el agua comenzó a realizar el trabajo sucio.

El pozo de agua ubicado en la parte trasera del inodoro estándar inglés y estadounidense nos permite limitar casi totalmente las visiones de nuestros logros.

No ocurre igual con ciertos diseños de inodoro en la Europa continental, que cuentan con un estante donde quedan las creaciones fecales perfectamente a la vista.

Contraargumentos ecológicos

Con el tiempo llegaron varios argumentos convincentes sobre la necesidad de modificar el inodoro de descarga.

En una casa promedio de Reino Unido, por ejemplo, los inodoros representan al menos el 30% del consumo de agua.

Una estimación a la baja calcula que al año cada persona utiliza cerca de 12 mil litros.

Otra de las desventajas es que descarga todo a la vez, y eso, en términos ecológicos no es una buena noticia.

La orina equivale solo al 1% de los residuos, pero contiene el 90% del nitrógeno de las aguas residuales, el 50% de su fósforo y la gran mayoría de los fármacos disueltos, algunos de los cuales incluso en pequeñas cantidades pueden afectar a los humanos y a la vida marina.

Visto así, el inodoro parece haberse convertido en un objeto consumidor de agua, hostil con el medio ambiente y propio del pasado.

Tecnología revolucionaria

En este contexto aparecen propuestas como la del inodoro NoMix, diseñado para separar la orina de las heces.

¿Sólo líquido? Apunte a la parte delantera. ¿Contribuciones más sólidas? Deposítelas en la parte trasera. Además, consume menos agua ya que la orina no se descarga tirando la cadena sino que se recoge.

Pero este tipo de inodoros no se han hecho populares todavía. Para empezar, porque los hombres deben sentarse para orinar y las mujeres tienen que apuntar con cuidado.

Cuando fueron introducidos en algunos edificios en Europa, por ejemplo, obtuvieron resultados contradictorios.

“A pesar de que el 80-85% de la gente pensaba que era realmente una buena idea, a medida que convivieron más tiempo con los inodoros, se tornaron más críticos hacia esta tecnología, que todavía no está del todo madura“, dice Tove Larsen, ingeniera química del Instituto Federal Suizo de la Ciencia y Tecnología del Agua (EAWAG, por su acrónimo en alemán), tras una investigación de seis años.

La duda y la falta de aceptación también frustraron los esfuerzos de Estados Unidos para probar inodoros separadores de orina.

La empresa que produce los sanitarios NoMix dejó de fabricarlos por considerar que esta revolucionaria tecnología presenta demasiados riesgos comerciales.

Barreras costumbristas

¿Por qué es tan difícil introducir nuevos tipos de inodoros?

Tal vez parte de la razón sea que cualquier cambio que nos haga orinar o defecar de una forma diferente hace que seamos más conscientes del proceso, haciéndonos sentir incómodos.

Los sanitarios de hoy en día ofrecen una experiencia del tipo “ojos que no ven, corazón que no siente“.

Nick Haslam, que en 2012 escribió Psicología en el cuarto de baño, dice que dado que la eliminación es una experiencia humana universal y algo que realizamos varias veces al día, es fascinante la profunda negatividad con la que asociamos el ir al baño.

Socialmente aprendemos que lo que producimos es tan horrible que debe ser desechado totalmente“, dice.

Creo que la mera idea de que es algo que se hace en privado hace que sea algo vergonzoso si se expone“.

La ciencia ha demostrado que existen alternativas perfectamente sensatas y ecológicas, pero por lo pronto, es nuestra reacción psicológica y no nuestra incapacidad de innovación, lo que está obstruyendo las cañerías del progreso.

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Northwestern Medicine

Mayra, la primera persona en recibir un trasplante doble de pulmón por COVID-19

Cuando Mayra Ramírez despertó otra vez a mediados de junio tras haber estado sedada y conectada a un respirador por más de 40 días no entendía todavía muy bien qué había pasado. Esta es su historia.
Northwestern Medicine
7 de agosto, 2020
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Cuando Mayra Ramírez despertó a mediados de junio tras haber estado sedada y conectada a un respirador por más de 40 días no entendía todavía muy bien qué había pasado.

Estaba en una cama de un hospital de Chicago, conectada a decenas de cables, aparatos y monitores, una escena similar al último recuerdo que tenía, cuando fue ingresada con los síntomas inequívocos de COVID-19 a finales de abril.

Pero las marcas frescas de las cicatrices mostraban que algo había sucedido mientras ella estaba en un coma inducido, en un no-tiempo de inconsciencia y pesadillas recurrentes.

“No fue hasta semanas después de que desperté que me di cuenta de que me habían hecho un trasplante de pulmones el 5 de junio y de que era el primer caso en Estados Unidos que lo recibía como un paciente de coronavirus”, cuenta en entrevista con la BBC.

Los médicos de Ramírez -de 28 años y sin ninguna enfermedad conocida que pudiera agravar su estado- habían visto su salud deteriorarse progresivamente desde que ingresó.

La joven había llegado al hospital con falta de aire, pero unas semanas después sus pulmones ya estaban “como un queso gruyer“.

A inicios de junio, llamaron a la familia en Carolina del Norte para que se despidiera de ella: no le daban dos días de vida.

Pero casi a último minuto los médicos decidieron probar una técnica que, hasta donde se conoce, no se había practicado antes con un paciente de coronavirus en EU.

“Mayra, más allá de la enfermedad, estaba saludable y también es joven, por lo que si éramos capaces de arreglar sus pulmones, todo lo demás debería estar bien”, cuenta a la BBC el cirujano Ankit Bharat, uno de los responsables del trasplante.

Dos días después iniciaron el procedimiento, sin tener ninguna esperanza -o certeza- de cuáles serían los resultados.

El lugar del silencio

Mayra, que es originaria de Carolina de Norte, se había mudado en 2014 a Chicago, donde comenzó a trabajar como asistente legal.

Mantenía una vida saludable: le gustaba correr, viajar y en su tiempo libre solía visitar a sus amigos o su familia o jugar con sus perros.

Cuando la pandemia comenzó a golpear el estado de Illinois, el temor de enfermarse la llevó a reforzar las precauciones: comenzó a trabajar de forma remota y asegura que apenas salía de casa.

Mayra

Northwestern Memorial Hospital
Mayra todavía se recupera de su operación.

Pero en abril comenzó a sentirse inusualmente mal y algunos síntomas recurrentes se mostraron como un mal augurio.

“Es la cosa más difícil por la que he pasado en mi vida. Estaba trabajando desde casa cuando empecé a perder el olfato y el sabor. Estaba muy cansada, me faltaba el aire y no podía caminar grandes distancias”, recuerda.

Contactó con la línea nacional de COVID para seguir sus consejos. Le recomendaron que se aislara en casa y vigilara sus síntomas.

Pero cada día se sentía peor.

“El 26 de abril ya no pude soportar más y fui a emergencias. Tomaron mis signos vitales y mi oxígeno en sangre estaba muy bajo. A los 10 minutos ya me estaban pidiendo que designara a alguien para que pudiera tomar decisiones médicas por mí“, recuerda.

Fue su último recuerdo por más de un mes.

Una cama de hospital

BBC
La joven estuvo en un ventilador por más de un mes.

La joven fue sedada y conectada casi inmediatamente a un respirador y a una máquina ECMO (oxigenación por membrana extracorpórea), un dispositivo que brinda soporte cardíaco y respiratorio.

“Estuve durante seis semanas en el respirador”, dice.

De todo ese tiempo solo recuerda unos malos sueños que todavía la atormentan.

“Durante esas semanas tuve pesadillas que todavía me afectan hoy, mientras todavía sigo tratando de recuperar algunas capacidades mentales y cognitivas”, asegura.

El momento decisivo

Pero luego de un mes y medio en un respirador Mayra no mostraba mejoría y sus pulmones ya mostraban daños irreversibles.

“Entonces fue cuando le dijeron a mis padres que yo tenía un daño pulmonar agudo y les pidieron que vinieran al hospital a decir adiós porque yo no pasaría de la noche”.

El equipo médico del Chicago’s Northwestern Memorial Hospital, sin embargo, decidió tomar una decisión arriesgada: completaron una evaluación urgente, la consultaron con la familia y como último recurso decidieron someterla a un trasplante doble de pulmón.

Era un procedimiento que se había probado antes en países como Austria y China para pacientes de coronavirus, pero no existía referencia hasta ese momento de otro caso similar en EU.

“Inmediatamente después del trasplante su corazón comenzó a bombear sangre de forma correcta a todos los demás órganos”, afirma el doctor Bharat.

“Cuatro semanas después estaba fuera del hospital. Ahora está en casa, hablando bien, con niveles de oxígeno adecuado”, agrega.

Según un comunicado del hospital, el caso de Ramírez y de otro hombre sometido poco tiempo después a una intervención similar muestran que los trasplantes dobles de pulmón pueden ser también una opción para casos críticos de coronavirus.

Para Ramírez, tras la operación, no solo comenzó el largo proceso de la recuperación, en el que ha tenido que aprender a respirar e incluso a caminar de nuevo.

También, dice, ha tenido que lidiar con las profundas cicatrices emocionales y psicológicas que los últimos meses han dejado en su vida.

“Ahora me siento mucho mejor que cuando desperté tras el trasplante. Estuve durante tres semanas en un proceso de rehabilitación que me ha ayudado drásticamente a mejorar mis habilidades físicas, pero todavía estoy tratando luchar con esto desde un punto de vista mental”.

“Es un proceso lento, pero estoy mucho mejor”.

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