Impuestos: la gran reforma pendiente de América Latina
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Impuestos: la gran reforma pendiente de América Latina

Este siglo XXI ha sido promisorio para América Latina. En la última década 56 millones salieron de la pobreza y hubo una fuerte movilidad social de la mano de un crecimiento que permitió ejecutar políticas redistributivas. Sin embargo, según un trabajo de los economistas Juan Pablo Jiménez y Andrea Podestá de la CEPAL, estas políticas redistributivas tienen un límite. Y para superarlo, se requieren más impuestos.
Cuartoscuro
Por Marcelo Justo / BBC Mundo
10 de septiembre, 2014
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Economía informal. Foto: Cuartoscuro.

Economía informal. Foto: Cuartoscuro.

Este siglo XXI ha sido promisorio para América Latina. En la última década 56 millones salieron de la pobreza y hubo una fuerte movilidad social de la mano de un crecimiento que permitió ejecutar políticas redistributivas.

Sin embargo, según un trabajo de los economistas Juan Pablo Jiménez y Andrea Podestá de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), estas políticas redistributivas tienen un límite. Y para superarlo, se requieren más impuestos.

“En sociedades con una desigualdad tan fuerte como América latina, no basta con redistribuir con programas de gasto social. Se necesita una reforma impositiva que garantice una mayor equidad en la distribución del ingreso”, le indicó Jiménez a BBC Mundo.

Una torta más chica

Esta reforma es particularmente crucial ahora que la época de las “vacas gordas” parece haber terminado.

En agosto, la CEPAL recortó su pronóstico de crecimiento anual para la región del 2,7% al 2,2%.

Esta diferencia se ensancha aún más si se la compara con la “década dorada” (2002-2012) en la que, a pesar de la debacle mundial de 2008-2009, el crecimiento promedio regional fue del 3,7%.

A la desaceleración económica se añade una estructura impositiva regresiva que ha contribuído a que América Latina se gane el mote de la “la zona más desigual del planeta”.

América Latina se ha ganado el mote de "la zona más desigual del planeta". Foto: Cuartoscuro.

América Latina se ha ganado el mote de “la zona más desigual del planeta”. Foto: Cuartoscuro.

Lea también: ¿Por qué América Latina sigue siendo tan desigual?

En la región el grueso de la recaudación fiscal se basa en impuestos indirectos o al consumo que cobran lo mismo sin distinguir entre ricos y pobres.

Una mayor recaudación que permite un mayor gasto y redistribución. El caso contrario más marcado a nivel regional es quizás Guatemala que tiene una recaudación tributaria de poco más del 10% con la que ni puede financiar su propia seguridad“: Juan Pablo Jiménez, Cepal

Menos de un tercio de la recaudación proviene de impuestos directos –a la renta o ganancias y riqueza– considerados más equitativos porque pueden graduar la tributación en torno al principio del que “más tiene más paga”.

En países escandinavos como Noruega, Suecia y Dinamarca la relación entre ambos tipos de impuestos es exactamente la opuesta.

“Esto produce sociedades más cohesionadas con una mayor recaudación que permite un mayor gasto y redistribución. El caso contrario más marcado a nivel regional es quizás Guatemala que tiene una recaudación tributaria de poco más del 10% con la que ni puede financiar su propia seguridad”, indicó a BBC mundo Jiménez.

La evasión fiscal

A esta deficiencia estructural se añade otro problema “crónico”: la evasión fiscal.

México y Venezuela figuran entre los 10 países con mayor fuga de capitales.

Lea también: América Latina y el agujero negro de los paraísos fiscales

Un estudio específico sobre el impacto en Argentina -“Fuga de Capitales III (2002-2012)”- halló que la evasión fiscal era de tal magnitud que el Coeficiente Gini -que mide la desigualdad social– se disparaba de 0,42 a 0,49 puntos una vez que se contabilizaban los fondos fugados a paraísos fiscales.

Uno de los coautores del estudio, el economista Jorge Gaggero explicó a BBC Mundo los principales mecanismos de evasión fiscal de la región.

 

“Se da tanto en los impuestos indirectos, al consumo, en los comercios por ejemplo, como en los directos, a las empresas nacionales y multinacionales y a las personas. Hay una baja conciencia cívica al respecto. Y eso que la presión tributaria en nuestra región es muy baja”, señaló a BBC Mundo.

En los 18 países de América Latina se paga en promedio entre el 18 y el 20% del PIB mientras que en los 28 de la Unión Europea es el 35%, en los 18 de la Eurozona el 44% y en los países escandinavos supera el 45%.

Este panorama regional es previsiblemente heterogéneo.

“Se puede distinguir entre los países de América Central que tienen impuestos más bajos, las naciones petroleras como México y Venezuela, que basan su recaudación en el impuesto al petróleo, y las naciones que más han avanzado en el marco tributario, pero que no han resuelto la inequidad impositiva y los altos niveles de evasión, como Brasil, Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia y Ecuador”, señala Gaggero.

Un avance lento

En medio de este panorama heterogéneo lo cierto es que la recaudación aumentó en 13 de los 18 países de la región, pasando del 18,9% del PIB en 2009 al 20,7% en 2012.

En cierta medida este cambio se vio favorecido por la presencia de gobiernos de centro izquierda que, sin tocar demasiado la estructura impositiva, se abocaron a aumentar la recaudación para financiar un mayor gasto social.

Según José Natanson, autor de “La Nueva Izquierda” y director de Le Monde Diplomatique en América Latina, este avance fue particularmente importante en un sector clave de la economía regional: las materias primas.

“Hubo una apropiación mayor de la renta de los recursos naturales, sea por la vía de la nacionalización como en Bolivia y Venezuela o vía nuevos impuestos a las exportaciones como en Argentina o Ecuador. Esto funciona en un sentido como una reforma progresiva porque un sector que es hipercompetitivo con una renta extraordinaria paga más”, señaló a BBC Mundo.

 

Esta mayor potencia recaudatoria sirvió para financiar los programas sociales que surgieron entre 2002 y 2006 como el Plan Familias y el Jefes y Jefas de Hogar en la Argentina, el Bono Juancito Pinto en Bolivia, el Chile Solidario y el Programa Hambre cero en Brasil.

Un sector primario salió, sin embargo, indemne de estos cambios: la minería.

Con el cambio de los regímenes legales para la inversión extranjera en los 90, en países como Colombia, Perú o Argentina las mineras apenas pagan impuestos.

“En este campo prácticamente no ha habido reformas. El gobierno de Evo Morales es una excepción porque cambió las reglas de juego”, opina Gaggero.

Futuro en clave política

El tema de la reforma impositiva está en el aire desde hace tiempo, pero tiene fuertes obstáculos políticos y técnicos.

Una razón por la que no se alteró la relación entre impuestos directos e indirectos es porque la percepción pública es muy distinta al respecto. El impuesto al consumo es mucho más difuso, uno lo paga sin darse cuenta“: Jose Natanson, Le Monde Diplomatique

“Una razón por la que no se alteró la relación entre impuestos directos e indirectos es porque la percepción pública es muy distinta al respecto. El impuesto al consumo es mucho más difuso, uno lo paga sin darse cuenta, porque están cargados sobre cualquier servicio o producto. En el impuesto directo se ve en el recibo de sueldo la extracción que va para el estado lo que genera más resistencia, aunque en realidad uno pague mucho más de impuestos con el consumo”, señala José Natanson.

Según Jorge Gaggero estas dificultades exigen fuertes compromisos políticos que vayan más allá de los vaivenes electorales.

“Se necesitan coaliciones muy fuertes que den continuidad en el tiempo a las reformas porque los mandatos que tienen los gobernantes son cortos y un cambio como este, que presenta importantes retos técnicos, requiere continuidad. Estas coaliciones no son solo a nivel nacional sino entre países si se quiere combatir la evasión fiscal de las multinacionales a los paraísos fiscales”, señala Gaggero.

 

En efecto, la globalización económica e informática ha internacionalizado como nunca la evasión fiscal en momentos en que un 60% del comercio mundial se produce entre multinacionales.

Algunas de estas multinacionales y sus subsidiarias se compran y venden a sí mismas usando los paraísos fiscales para distorsionar los precios que pagan y las ganancias que obtienen a fin de abonar menos impuestos.

Estas dificultades no modifican la necesidad de un cambio.

Un reciente estudio del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), señalaba que si no se avanzaba en la reforma impositiva podrían peligrar los logros sociales de la última década.

Lea también: Por qué América Latina podría sumar millones de nuevos pobres

Según Alfredo González, del PNUD, la región se encuentra en una encrucijada.

“El crecimiento y los programas focalizados fueron muy importantes, pero se ha llegado a los núcleos más duros de nuestra estructura social. Para avanzar se necesita tocar intereses específicos de una élite como los que se expresan en torno al tema impositivo y esto implica una lucha política muy delicada”, señaló a BBC Mundo.

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El Halconazo: cómo fue la masacre que dejó cientos de estudiantes muertos en México y fue investigada como genocidio

Luego de la matanza de estudiantes de 1968, los universitarios de México volvieron a salir a las calles el 10 de junio de 1971. La fecha es recordada como el "halconazo", pues enfrentaron otro tipo de represión encubierta.
9 de julio, 2022
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La masacre del 2 de octubre de 1968 fue un suceso traumático para los estudiantes universitarios en Ciudad de México.

Militares usaron sus armas para terminar con una protesta estudiantil en la plaza de Tlatelolco, la cual dejó cientos de muertos, heridos, desaparecidos y detenidos.

Los universitarios no dejaron morir su movimiento, pero pasaron más de dos años sin organizar una nueva marcha masiva contra el gobierno.

Hasta el 10 de junio de 1971.

En esa fecha, un jueves de Corpus en el calendario católico -que luego daría nombre a lo ocurrido-, vieron la oportunidad de nuevamente salir a las calles y manifestarse a favor de la educación pública y el movimiento estudiantil de la época.

“Testimonios de manifestantes ese día dicen que la emoción era mucha. Era volver a tomar las calles que les habían intentado arrebatar en 1968. Entonces el 10 de junio era volver a tomar las calles y tenía un simbolismo muy importante”, le explica a BBC Mundo el historiador Camilo Vicente Ovalle.

Pero todo terminó en una nueva matanza.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Los universitarios se reunieron en Ciudad de México el 10 de junio de 1971.

Un grupo paramilitar, llamado los “halcones” y organizado por el gobierno mexicano, paró la protesta en seco.

A las agresiones con palos les siguió el uso de armas de fuego. Incluso los heridos fueron “rematados” en las salas de emergencias de los hospitales.

Desde entonces se conoció a lo ocurrido como el “halconazo” o la “masacre del “jueves de Corpus”, un hecho que incluso una fiscalía especial calificó décadas después como “genocidio”, pero por el que nadie fue condenado.

El motivo de la protesta

La protesta del “jueves de Corpus” se dio en respaldo a los estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León, del norte del país, que se habían ido a huelga por conflictos con el gobierno estatal.

Le sumaron sus propias demandas, como la liberación de presos políticos y la democratización de la educación pública.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

INEHRM
La marcha exigía la liberación de presos políticos de 1968, entre otras demandas.

“Hay un golpe brutal a las movilizaciones sociales y populares en 1968, pero los estudiantes se continuaron organizando”, señala Ovalle, autor de “Tiempo suspendido”, un libro que documenta -incluso con archivos clasificados- lo ocurrido entorno a episodios como el de 1971.

Los universitarios en la ciudad de Monterrey pidieron la solidaridad del resto del país, así que los alumnos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Politécnico Nacional (IPN) -las dos instituciones superiores más importantes del país- respondieron al llamado.

En ese contexto, alumnos de la UNAM y del IPN convocaron la marcha del 10 de junio.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

INEHRM
La manifestación estudiantil no estaba autorizada por el gobierno. Pero los jóvenes dijeron que había garantías de que sería pacífica.

Pese a que la huelga de la UANL ya se había suspendido antes de esa fecha, y las demandas se habían atendido, los estudiantes de Ciudad de México decidieron mantener la cita para protestar.

El inicio del ataque

A las 4 de la tarde, la protesta dio inicio con unos 10.000 estudiantes concentrados en el Casco de Santo Tomás, uno de los campus del IPN.

Planeaban caminar hacia el Zócalo, la plaza más importante de Ciudad de México.

“Era una marcha no autorizada. Entonces los estudiantes se encuentran calles bloqueadas por granaderos y policías que impiden que avance la marcha o que tomen otras calles”, explica Ovalle.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
La policía y el ejército no buscaba disuadir activamente la protesta, pero sí bloquearon calles.

Resueltos a avanzar pacíficamente, habían caminado un kilómetro cuando se encontraron con el grupo de los “halcones” -reportes dicen que eran al menos 400 o 500- en el cruce de dos avenidas.

Esta vez no eran uniformados de la policía del Departamento del Distrito Federal (DDF), ni del ejército, los que intentaban “romper” la protesta, como en 1968. El ataque vino de jóvenes vestidos de civil que cargaron contra el contingente estudiantil.

“Los halcones estaban esperando en el punto definido para el ataque. Sí había algunos infiltrados en la marcha, pero el grueso del grupo paramilitar entra por esa parte de la avenida y se lanza en contra de la manifestación”, explica Ovalle.

Miembros del grupo los "Halcones"

INEHRM
Los miembros de los “halcones” fueron armados con apoyo de la policía y el ejército, según se supo después.

Víctor Guerra, uno de los líderes estudiantiles de la época, relata que él estaba integrándose a la marcha cuando empezó todo.

“Vi que la policía se bajaba para apoyar a los halcones. Vi cómo les proporcionaban varas de bambú. Minutos después de eso empezaron los disparos“, explicó Guerra a la agencia estatal mexicana Notimex.

“Fue una ratonera”

Como luego reconocería el coronel Manuel Díaz Escobar, entonces funcionario del DDF, los “halcones” fueron financiados y capacitados por el gobierno. El militar también había estado al frente del batallón “Olimpia” que atacó a los estudiantes de la masacre de 1968.

Estudiantes protestando en México el 10 de junio de 1971

CUEC-UNAM

El grupo portaba varas de bambú porque fueron entrenados en artes marciales y usaban los palos como arma kendo. La película “Roma”, de Alfonso Cuarón, así lo retrata.

Pero su actuación fue combatida por los estudiantes aquel 10 de junio.

“Son repelidos por los manifestantes. Y al ver la resistencia, se repliegan. Entran en su lugar halcones que ya llevan fusiles M-1 y otras armas de fuego que comienzan a disparar contra la manifestación”, explica Ovalle en base en la documentación que obtuvo.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Los “halcones” utilizaron armas de fuego incluso en hospitales.

Por su parte, Guerra cuenta algo similar: “Vi a un sujeto, en una foto muy famosa, que está disparando afuera de la Escuela Nacional de Maestros, hincado, disparando hacia adentro”, relata.

También asegura que desde lo alto de un edificio contiguo pudo ver disparos “hacia la multitud”.

Fue un ataque indiscriminado, que tuvo toda la intención de dispersar a los manifestantes y, nuevamente, mostrar el poder del Estado, pues la policía y el ejército respaldaron las acciones.

“Fue una ratonera (…) Como la táctica de yunque y martillo: hay una fuerza que empuja al enemigo contra una fuerza superior que los aplasta“, explica el historiador.

El “remate” en hospitales

La manifestación se dispersó al transcurrir los siguientes minutos.

Muchos estudiantes intentaron esconderse en las escuelas, negocios y viviendas de la zona. Pero ni los heridos, que habían llegado a clínicas como el Hospital Rubén Leñero estuvieron a salvo.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Algunos recuentos indican que ese día murieron hasta un centenar de jóvenes, pero la documentación muestra que fue una treintena.

“Hay periodistas, pacientes, médicos y enfermeras que fueron testigos de cómo grupos de halcones entraron al hospitaly agredieron a estudiantes con armas de fuego”, explica Ovalle.

La acción se calificó como el “remate” de los heridos, documentado en numerosas notas y crónicas en los medios que, pese al control informativo del gobierno en aquella época, salieron a la luz ya que los periodistas fueron también atacados.

“La prensa estaba muy enojada con el gobierno federal. Estaban tan molestos que Luis Echeverría tuvo que reunirse con ellos a los dos días del ataque para ofrecer disculpas”, señala Ovalle.

Estudiantes protestando en México el 10 de junio de 1971

CUEC-UNAM
Las autoridades de ese entonces culparon de lo ocurrido a los propios universitarios. Luego se sabría que no fue así.

Nunca se ha podido determinar cuántas víctimas hubo. Pero se calculan unos 30 muertos, cientos de heridos de distinta gravedad y decenas de detenidos.

Un “genocidio” descalificado

El líder estudiantil Félix Hernández dice que si bien la “represión” de 1968 “no se justifica y no se entiende”, la del 10 de junio “se entiende menos”.

“El gobierno decidió no utilizar a la tropa uniformada. Entonces utilizó a los halcones, un grupo paramilitar que, sin embargo, estaba formado por exmilitares o militares en activo”, señaló Hernández a Notimex.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Los periodistas también fueron atacados por los “halcones”, lo que dio pie a la publicación de notas y crónicas muy negativas para el gobierno.

En una primera reacción, la Procuraduría General de la República (PGR) indicó que, en base en una investigación, había determinado que un grupo de estudiantes estaba armado.

“Muchos de los integrantes portaban palos, varillas y otras armas”, dijo la PGR al diario El Universal. Otro grupo cargó “contra los manifestantes y fue cuando se provocó una riña colectiva en la que se dispararon armas de diverso calibre”.

Las autoridades constataron la “existencia de francotiradores que hacían sus disparos en contra de los manifestantes y de la policía”.

Pero con el paso de los días, reconocieron que los “halcones” era un grupo que había sido entrenado por el gobierno.

Luis Echeverría

Getty Images
Luis Echeverría gobernó México entre 1970 y 1976.

El alcalde Alfonso Martínez y su jefe de policía, Rogelio Flores, renunciaron a sus cargos. El presidente Luis Echeverría ordenó una investigación.

50 años después, nadie ha sido juzgado ni encarcelado por lo ocurrido.

En la década de 2000, el gobierno de México creó una fiscalía especial para investigar sucesos como el de 1971. Se intentó que el expresidente Echeverría fuera procesado por “genocidio”.

La Suprema Corte determinó que ese delito no había prescrito para Echeverría y su secretario de Gobernación (Interior), Mario Moya Palencia, por lo que podían ser juzgados.

Pero la magistrada del caso, Herlinda Velasco, consideró que no se acreditaba el delito de “genocidio”, sino de “homicidio simple”, que sí había prescrito luego de transcurridos más de 30 años de lo ocurrido.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Nadie fue encarcelado ni juzgado por la matanza de 1971.

Para Ovalle, la matanza del “Halconazo” se explica dando un paso atrás y mirando qué ocurría en aquellos momentos en México.

“El 71 no fue una repetición del 68”, sostiene. “Fue parte de la estrategia contrainsurgente” para combatir a grupos sociales, en momentos en que el comunismo se consideraba un peligro geopolítico en el occidente liderado por Estados Unidos.

“No fueron eventos excepcionales, medidas exageradas de fuerza. Era parte de la estrategia contrainsurgente que el gobierno tenía desplegadas”, señala el historiador.

“Hoy a simple vista parece un error, volver a cometer una masacre, pero no. En esos años había una estrategia en la que los sucesos de 1968 y 1971 cobran sentido”.


Fotografías del acervo del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) y de la Coordinación de Memoria Histórica y Cultural de México.

El INEHRM y la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Secretaria de Gobernación editaron una antología con documentos de agencias de inteligencia, cables diplomáticos y notas de prensa de México y Estados Unidos sobre el “halconazo. El libro estará en línea para su consulta y descarga gratuita en su web.


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