"Lady al Qaeda", la mujer que se convirtió en ícono de extremistas
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"Lady al Qaeda", la mujer que se convirtió en ícono de extremistas

Tiene poco más de 40 años, egresó de importantes universidades en EU, se especializó en neurociencia y tuvo tres hijos, pero su nombre figuró en la “lista de los más buscados”. ¿Peligrosa extremista o víctima inocente?
28 de septiembre, 2014
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”Se les dieron muchas oportunidades para negociar la liberación de su gente… Hemos ofrecido un intercambio de prisioneros que permita a los musulmanes que ustedes mantienen bajo arresto recuperar su libertad, como nuestra hermana, la doctora Aafia Siddiqui…”.

Este texto corresponde a una carta enviada por el grupo radical autodenominado Estado Islámico (EI) hace poco más de un mes. No era la primera vez que el nombre de la neurocientífica estaba en boca de una organización extremista.

En la carta el grupo proponía una negociación a propósito del secuestro del periodista estadounidense James Foley, quien finalmente fue decapitado por la agrupación a mediados de agosto.

¿Quién es esta mujer, también conocida como “Lady al Qaeda”?

Para algunos es una peligrosa extremista: su nombre estuvo en la lista de “los más buscados” elaborada por el gobierno estadounidense. Para otros, es una víctima inocente.

Actualmente, se encuentra en una prisión en Texas, Estados Unidos. En 2010 fue condenada a 86 años de cárcel por un tribunal en Manhattan, uno de los cinco distritos que conforman la ciudad de Nueva York.

¿Cómo terminó en esta situación?

Lo que se sabe

Siddiqui nació en Pakistán en 1972, pero vivió en EE.UU. en la década de los 90. Se dedicó al campo de la neurociencia: estudió en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) y realizó un doctorado en la Universidad de Brandeis, en ese mismo estado.

“Se volvió radical cuando vivió en Boston y se divorció de su esposo porque se negó a lanzar la yihad”, le dice a la BBC Michael Kugelman, analista del centro de estudios Woodrow Wilson, con sede en Washington, EE.UU.

Tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, Siddiqui, su marido y sus dos hijos, Ahmed y Maryam, se fueron de EE.UU.

Según información publicada en varios medios de comunicación, incluyendo un sitio web que aboga por su liberación, la pareja se fue a Pakistán y se separó en 2002. Ese mismo año nació su tercer hijo.

“De acuerdo con la versión de funcionarios estadounidenses, posteriormente se casó con Ammar al-Baluchi, el sobrino de Khalid Sheikh Mohammed, el autor intelectual de los atentados contra el Pentágono y las Torres Gemelas”, añade Kugelman.

Artículos publicados por medios británicos y estadounidenses indican que, en esa época, el nombre de Siddiqui se mencionó en el interrogatorio de personas acusadas de tener vínculos con extremistas.

El momento de la captura

En julio de 2008, Siddiqui fue detenida en Gazni, una ciudad localizada en el centro de Afganistán.

Un artículo de la revista estadounidense Time, publicado en enero de 2010 a propósito del inicio del juicio en su contra, indica que este incidente ocurrió en las cercanías de una de las mezquitas de la ciudad.

La policía local la aprehendió porque sospechaba que podía ser una atacante suicida.

“Presuntamente tenía un USB (un dispositivo para almacenamiento de datos) con referencias específicas a ‘células’ y ‘enemigos’, así como varios productos químicos en envases de cremas, incluyendo cianuro de sodio”, dice el artículo.

En la misma publicación se explica que, según los fiscales del caso, Siddiqui “tomó un rifle automático M-4 y abrió fuego al grupo de soldados y funcionarios del FBI que iban a interrogarla. No hirió a nadie, pero recibió dos tiros en el abdomen”.

Fue por este incidente, y no por cargos relacionados con actividades extremistas, que la mujer fue juzgada. “La sentenciaron por intentar matar a ciudadanos estadounidenses. Sin embargo, no hay evidencia forense que vincule a Siddiqui con el crimen del que se le acusó”, señala Kugelman.

La otra cara de la moneda

Antes de su arresto, era muy poco lo que se sabía acerca de qué paso con la científica paquistaní después de que se fue de EE.UU.

“Cinco años antes de su captura, se reportó que supuestamente había ‘desaparecido’ de las calles de Karachi en compañía de sus tres hijos”, se lee en un documento presentado por Amnistía Internacional a propósito del inicio del juicio de 2010.

“Según algunas denuncias, estuvo detenida secretamente por funcionarios estadounidenses, lo que ha sido negado en varias oportunidades por el gobierno de ese país”, continúa el documento.

Esta organización, dedicada a la defensa de los derechos humanos, no tenía información acerca del paradero de Siddiqui durante el tiempo de su supuesta desaparición, pero se interesó en observar el juicio para evaluar su imparcialidad debido a la existencia de “muchas preguntas sin respuesta en torno al caso”.

La familia de Siddiqui cree que fue víctima de un secuestro por información de inteligencia incorrecta y está absolutamente convencida de que es inocente.

En agosto de 2014 se consignó una petición ante la Casa Blanca, suscrita por poco más de 100.000 personas, para su repatriación. En años previos ha habido marchas de apoyo a Siddiqui en Pakistán.

“No sabemos nada de ella, es tan doloroso. Ni siquiera estamos seguros de que esté viva, no podemos hablarle. En el tribunal han leído declaraciones de ella, ¿pero cómo podemos confiar en que ella efectivamente dijo eso?”, le comentó a la BBC la hermana de Siddiqui, Fowzia, en una entrevista telefónica desde Karachi.

Empatía y legitimidad

Cuando se enteró de que EI estaba pidiendo la liberación de su hermana, Fowzia Siddiqui confiesa que entró en conmoción. Con anterioridad, grupos radicales vinculados con el Talibán habían hecho la misma solicitud.

“¿Otra vez? Asociarla con hechos violentos echa por tierra todo mi esfuerzo por limpiar su nombre”, dice.

“Agradecemos el sentimiento de quienes quieren ver a Aafia en libertad, pero de ninguna manera aceptamos que otras personas sufran como nosotros. Ella estaría consternada si supiera que su nombre se relaciona con asesinatos y caos”.

A su juicio, mientras más inocente es la víctima, más conveniente es para organizaciones radicales apropiarse de su causa.

Kugelman cree que hay evidencia de que Siddiqui se radicalizó, pero coincide con su hermana en que los extremistas pueden usar su caso para tratar de generar empatía y legitimarse.

“Aafia Siddiqui representa a las victimas musulmanas de la maldad estadounidense, es un símbolo del maltrato que ese país le da a inocentes en la guerra contra el extremismo”, dice Kugelman.

 

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'El día que descubrí que nací sin vagina por una enfermedad'

Julian Peter nació con el síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser (MRKH). Además de aceptar que no podría tener hijos, la joven debió combatir los prejuicios y la ignorancia de muchos en su comunidad.
19 de agosto, 2020
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Una pregunta de rutina por parte de su médico llevó a Julian Peter, una joven de Kenia de 29 años, a descubrir que había nacido sin útero, sin cuello uterino y sin vagina.

Doce años después, compartió su historia con la BBC. Este es su testimonio.

“Nací con una enfermedad llamada síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser (MRKH).

Las mujeres que paceden esta enfermedad nacen sin útero, sin cuello uterino y sin vagina, y a veces también sin un riñón.

Como no tengo útero, jamás tuve una menstruación. Pero no me siento mal por eso.

Cuando las personas se enteran de mi enfermedad reaccionan en formas diferentes.

“Pueden decir lo que quieran”

Alguien me recomendó una vez que fuera a algún sitio a pedir que rezaran por mí.

Otra persona afirmó que seguramente mi abuela debía haber hecho algo malo, porque provengo de Ukambani, una región asociada con la hechicería.

Pueden decir lo que quieran, pero lo que realmente importa es la manera en la que yo reacciono.

Si comenzara a prestar atención a las opiniones de otras personas, eso seguramente afectaría a mi confianza y me haría dudar sobre mí misma.

Descubrí que tenía el síndrome a los 17 años. En esa época era una estudiante.

Fui al hospital porque se me hinchaban las piernas.

Lo primero que me preguntó el médico fue cuando había menstruado por última vez. Le respondí que jamás había tenido un período.

En el hospital me hicieron una tomografía, que reveló que mi aparato reproductivo no tenía un orificio exterior.

Me operaron para intentar abrir un canal vaginal, pero la intervención no tuvo éxito.

Otra tomografía mostró que no tenía útero ni cuello uterino y me diagnosticaron con MRKH.

Lloré durante tres días tras ese diagnóstico, pero luego decidí seguir adelante con mi vida.

Tenía solo 17 años y era muy joven, por lo que mi prioridad era volver al colegio.

Estaba todavía en el hospital con mi madre, que me crió sola.

Ella quedó en shock con la noticia, e incluso se preguntaba si como madre tenía alguna responsabilidad y había cometido algún error.

“No quería operarme”

Como había estudiado biología, entendí bien lo que el médico me dijo aquella primera vez.

Pero yo no quería pasar por una operación en ese momento, porque quería terminar mis estudios.

Diez años después, regresé al hospital y tuve otra operación que sí tuvo éxito.

El tipo de MRKH que yo tenía significaba que no tenía útero ni cuello uterino. También carecía de vagina y solo tenía un riñón. La operación fue para crear un cana vaginal.

Mi vida es normal, pues el MRKH no interfiere con cómo yo quiero vivirla.

Pero otras personas con este síndrome precisan de apoyo psicológico profesional para superar el impacto emocional.

Una vez que comprendes las implicaciones de esta enfermedad debes descartar la posibilidad de tener hijos biológicos.

Me hicieron cuatro tomografías en total y en ninguna de ellas se detectó la presencia de ovarios, por lo que tampoco es posible extraer óvulos para fertilización in vitro.

Debemos aceptarnos como somos. Aunque darte cuenta de que no eres como otras mujeres es difícil y precisas tener a alguien con quien conversar.

Conocí a otras personas aquí en Kenia que padecen el mismo síndrome y compartimos nuestras experiencias.

Acepté mi enfermedad desde el comienzo y me acepté a mí misma, por lo que puedo decir que me siento bien.

Explicaciones a mi pareja

Tuve algunas relaciones sentimentales. Y nunca dejo pasar mucho tiempo antes de hablar con quien en ese momento es mi pareja y contarle sobre mi enfermedad.

Si quieren aceptarla, lo harán. Pero los seres humanos son apenas seres humanos.

Y muchos de los hombres a quienes les conté sobre mi síndrome simplemente me dejaron. Otros me acusaron de mentir para ahuyentarlos.

En estos momentos no tengo pareja, pero todo es obra de Dios.

Tuve la operación para construir el canal vaginal en 2018 y aún no me siento preparada para tener una relación sexual.

Tampoco estoy lista para encarar un matrimonio.

Y creo que si algún día me caso, una opción sería adoptar.

Consejos a los padres

Me llevó al menos 10 años decidir hablar públicamente sobre mi historia.

Hay muchas personas que no entienden qué es el MRKH y quiero crear conciencia sobre este síndrome.

Ilustración del aparato reproductivo femenino

Science Photo Library
“Abrir el canal vaginal es una operación dolorosa. Yo recomiendo a los padres que no acepten operar a sus hijas cuando son niñas”.

En primer lugar, a los padres de bebés con la enfermedad les digo que no acepten operar a sus hijas mientras son niñas.

En mi opinión, la cirugía solo debe ocurrir cuando ellas entiendan más sobre el síndrome, porque la operación es un procedimiento complejo y largo.

Es una intervención dolorosa y una niña no entendería qué le está sucediendo.

Los padres también deben informarse sobre este síndrome para poder ayudar a sus hijas a lidiar con el estigma que seguramente enfrentarán.

Formé un grupo de apoyo y sé que las personas con MRKH enfrentan todo tipo de desafíos.

Algunas mujeres están casadas y se ven ante una gran presión por parte de sus suegros, quienes quieren nietos. Una joven me contó que sus suegros la acusan de ser en realidad un hombre.

Así que en mi grupo escuchamos a las personas y las alentamos.

Lo importante es ayudarnos entre nosotras porque esta travesía puede ser difícil”.


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