Las mujeres con una visión superhumana
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Las mujeres con una visión superhumana

Hay un grupo de personas que puede ver colores que el resto de los seres humanos no podemos percibir. Es irresistible preguntarles ¿qué ven?, y preguntarse ¿por qué lo ven?
Por David Robson *BBC Mundo
13 de septiembre, 2014
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Foto: BBC

Foto: BBC

Un pequeño grupo de personas puede ver colores “invisibles” que nadie más puede percibir, descubre David Robson, columnista de BBC Future. ¿Cómo lo hacen?

Cuando Concetta Antico llevaba a sus alumnos al parque para una lección de arte, les solía preguntar acerca de los distintos matices que ella podía distinguir.

“Les decía, ‘Miren la luz en el agua: ¿pueden ver el rosado que reluce a través de la roca? ¿Pueden ver el rojo en el borde de esa hoja?'”. Ellos asentían con la cabeza.

Años más tarde, se dio cuenta que sólo por cortesía no le decían la verdad: los colores que ella veía tan vívidamente eran invisibles para ellos.

Hoy en día, ella sabe que esto es un síntoma de una condición conocida como “tetracromatismo”.

Ver lo invisible

La gente como Antico puede ver colores que son invisibles para la mayoría de nosotros.

Piense en un camino de gravilla. Lo que a nosotros vemos de un sobrio color gris, brilla como la vidriera de una joyería para Antico.

“Para mí, las pequeñas piedras sobresaltan de color anaranjado, amarillo, verde, azul y rosa”, dice ella. “Me sorprendí mucho cuando me di cuenta de lo que los otros no son capaces de ver”.

Los tetracrómatas son bastante raros y, gracias a que es una artista, Antico es capaz de darnos una visión de su mundo.

Según Kimberly Jameson, de la Universidad de California, Irvine, quien ha estudiado extensivamente a Antico, es hasta posible que su caso sugiera maneras para que más gente vea de la misma manera.

¿Vemos lo mismo?

La pregunta de si todos vemos los mismos colores ha sido cuestionada ampliamente a lo largo de la historia de la filosofía y la ciencia.

Casi todos tenemos tres tipos de conos, las células sensibles a la luz situadas en la retina, y que cada uno responde a luz de un ancho de banda diferente.

El color de un objeto depende de la combinación particular de dichas señales y, aunque la sensibilidad puede variar entre la gente, en general los colores que ve una persona deberían coincidir con los de otra.

Las personas daltónicas serían la excepción, pues uno de sus conos es defectuoso. Su reducida sensibilidad a ciertas longitudes de onda hace que tengan dificultad para distinguir entre los rojos y verdes, por ejemplo.

El factor X del cono

Gracias a una mutación en un gen que influye en el desarrollo de la retina, los tetracrómatas cuentan con un cono adicional y, según algunas estimaciones, su existencia ofrece un centenar de variantes diferentes para cada color percibido normalmente por los humanos.

Sabemos que esto sucede en la naturaleza: los pinzones cebra y peces de colores tienen un cuarto cono que parecería ayudarlos a diferenciar colores aparentemente idénticos.

Probar que ocurre en humanos, fue más difícil.

Hace unos 20 años, Gabriele Jordan de la Universidad de Newcastle y John Mollon de la Universidad de Cambridge, argumentaron que podía ser posible en los seres humanos.

El punto crucial del argumento era el hecho de que los genes de nuestros tipos de conos rojos y verdes se encuentran en el cromosoma X.

Como las mujeres tienen dos cromosomas X, potencialmente podrían tener dos versiones diferentes de los genes, con códigos para conos sensibles a rangos ligeramente distintos del espectro. Además de los otros dos conos no afectados, tendrían cuatro en total, es decir, podrían ser tetracrómatas.

Por esa razón, se piensa que es una condición exclusiva de las mujeres, aunque los investigadores no pueden descartar totalmente la posibilidad de que los hombres también la hereden de alguna manera.

Diferencias sutiles

Esa era la teoría, pero demostrar que hay mujeres que ven el mundo de otra manera ha involucrado dos décadas de trabajo.

Aunque la correspondiente combinación de genes no parece ser particularmente rara (es posible que el 12% de las mujeres tenga cuatro conos diferentes), muchas no mostraban diferencias de percepción.

Pero hacia el año 2010, la científica encontró un sujeto que se comportaba como un tetracrómata.

Para sus pruebas, Jordan usaba discos de colores con mezclas diferentes de pigmento, como un verde hecho de amarillo y azul. Las mezclas eran demasiado sutiles para la mayoría de la gente: casi todos veían el mismo tono de verde oliva, pero cada combinación emitía un espectro de luz perceptible únicamente para alguien con un cuarto cono.

El sujeto de Jordan veía la diferencia entre los discos. “Cuando se le pide a un tetracrómata que discrimine entre dos mezclas, lo puede hacer muy rápidamente. No duda”, dice Jordan.

De compras con una tetracrómata

Cuando se divulgaron las extraordinarias habilidades de la mujer encontrada por Jordan, la pregunta de muchos era ¿cómo se ven esos colores?

Pero ella no quería dar entrevistas. No obstante, la noticia de su existencia hizo que otras tetracrómatas potenciales se acercaran.

Una de ellas es Maureen Seaberg, periodista y escritora de Nueva York.

“Siempre he tenido discrepancias con la gente acerca de los tonos de colores”, ella dice.

Al comprar ropa, por ejemplo, a menudo encuentra que los tops y las faldas haciendo juego desentonan por ser de diferentes matices y nadie parece darse cuenta.

Su sensibilidad a veces desconcierta a quienes la rodean: una vez, al ayudar a restaurar una casa, rechazó 32 muestras de pintura antes de dar con el tono adecuado. “Los de color beige eran demasiado amarillos y no eran suficientemente azules ni fríos; algunos de los tonos almendra eran demasiado anaranjados”, recuerda. Las distinciones que confundieron mucho a la empresa constructora.

Se trata apenas de evidencia anecdótica, pero ilustra un poco cómo los tonos aparentemente idénticos pueden parecer notablemente diferentes para un tetracrómata.

Paleta y pincel

Antico siempre supo que sus ojos veían el mundo de manera diferente.

“Cuando pequeña, mi madre me dijo: ‘Tú serás artista e instructora de arte’”. Y así fue: Antico tiene su propia galería en San Diego, California, donde utiliza su visión superhumana para crear pinturas vibrantes llenas de color.

Mire la siguiente pintura de un eucalipto arcoiris. Cuando se compara con el árbol real, el resultante lienzo sugiere que Antico ve más que el ojo normal.

Fue al ver una de esas pinturas que un cliente le sugirió a Antico contactar a algunos investigadores que trabajaban en tetracromatismo. La prueba genética dio positivo y ella comenzó a colaborar con Jameson en una serie de experimentos.

A media luz

Jameson inmediatamente sospechó que los genes de Antico también podrían ser los responsables de su visión nocturna aumentada.

“En sus cuadros de la madrugada, pinta con varios colores y lo hace con una iluminación muy baja”, señala. En esas condiciones, nuestra visión normalmente se reduce a una escala de grises.

Los experimentos de Jameson han demostrado que ante los ojos de Antico, la luminosidad de los diferentes colores estalla a media luz.

Sin embargo, una sensibilidad extrema no siempre es una bendición.

“La tienda de comestibles es una pesadilla”, ella dice. “Es como una montaña de colores que se me aparecen por todos los ángulos”.

Su consuelo son las superficies blancas y llanas. “La gente piensa que es extraordinario que mi color favorito sea el blanco, pero tiene sentido porque es muy tranquilo y relajante para mis ojos. Si bien aún hay mucho color en él, no me hace daño”.

El camino del color

No todos los tetracrómatas tienen habilidades tan sorprendentes.

Para Jameson, la percepción de Antico supera a la de otros tetracrómatas que no han sido entrenados artísticamente. “Concetta es la tormenta perfecta para la tetracromía por su experiencia en aprendizaje perceptual pues trabaja con el color a diario”.

Si eso se confirma en subsiguientes investigaciones, Antico espera que ella también sea capaz de desarrollar un sistema de entrenamiento para que las niñas tetracromáticas desarrollen su potencial.

Pero su ambición va más allá. Antico cree que podría ayudar a la gente a ver el mundo de una manera diferente.

Anecdóticamente, dice que algunos de sus estudiantes han comenzado a notar algunos tonos adicionales por sí mismos.

“Es como si se levantara una cortina”.

Sin los genes nunca podremos lograr una visión tetracromática completa, pero tal vez la gente como Antico pueda señalarnos algunas diferencias que sólo podemos percibir con entrenamiento.

“¿Qué pasaría si los tetracrómatas pudieramos mostrarle el camino del color a las personas que son menos afortunadas?”, dice. “Quiero que todos vean cuán hermoso es el mundo”.

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El pescador que descubrió el más grande tesoro petrolero de México (y murió en el abandono)

Rudesindo Cantarell Jiménez, un sencillo pescador de Campeche, encontró uno de los mayores tesoros energéticos de la historia de México.
28 de junio, 2020
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Una plataforma petrolera en Cantarell

Getty Images
El Complejo Cantarell en su momento fue el segundo yacimiento de petróleo más grande del mundo.

Lo que se guardó Rudesindo Cantarell Jiménez durante casi una década era la ubicación de uno de los más grandes tesoros energéticos que la naturaleza le dio a México.

En el año de 1958, el pescador de 44 años había visto por primera vez una mancha negra en medio de las aguas azul turquesa del mar de Campeche, en el sureste del país.

Al principio no le dio mucha importancia, o no quiso dársela, sabedor de que eso podría transformar la vida de Ciudad del Carmen, en Campeche.

“Un día me fui directamente al aceite. Vi que salía una enorme burbuja que se extendía en la superficie… Creí que era petróleo y se me quedó la idea. Un día le dije a mi señora ‘oye, creo que hay chapo (petróleo) en el Carmen'”, le contó Cantarell a la revista Proceso en 1983.

La sospecha era cierta: en aquel lugar cercano a las costas, la compañía estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) encontró el más grande yacimiento de crudo de la historia del país.

Bajo las calmas aguas había 40,000 millones de barriles, un enorme tesoro que en su tiempo solo estaba por debajo del campo petrolero Ghawar, en Arabia Saudita.

Rudesindo Cantarell

BBC
Rudesindo Cantarell iba a bordo del barco camaronero “Centenario del Carmen” cuando se topó con el petróleo.

El yacimiento fue nombrado Complejo Cantarell, en honor al humilde pescador que llevó a los ingenieros petroleros de Pemex a su hallazgo.

Pero también significó tragedia para muchos, incluido el propio descubridor.

“Le sucedió a Rudusindo Cantarell como un accidente y su accionar transformó para siempre el paisaje y la condición social de su isla”, le dice a BBC Mundo el cineasta Rubén Imaz, quien se inspiró e investigó la vida de aquel pescador para producir la película ficcional “Tormentero”.

Un hombre del mar

Como muchos de los habitantes de las costas de Campeche, la vida de Rudesindo Cantarell (1914-1997) estaba en el mar y la pesca.

Su padre lo llevó a trabajar desde los 10 años, relataba, y desde entonces laboró desde pequeñas canoas y embarcaciones pesqueras de la región, hasta grandes buques en los que llegó a Cuba y Estados Unidos.

Pero uno del que se hizo socio en la década de 1950 es el que cambió su historia y la historia de México: “Centenario del Carmen”.

Una vista de Ciudad del Carmen

Getty Images
Ciudad del Carmen se transformó en una ciudad petrolera a partir del hallazgo del Complejo Cantarell.

A bordo de ese barco divisó aquella mancha en el mar que otros pescadores suponían que se trataba de los remanentes del naufragio de alguna nave. Pero él sí sospechaba que era “chapo”.

“Me dio por tirarle el equipo de pesca, pensando que era un barco o algún chalán hundido, pero el fondo salió limpio”, le dijo al periodista Ignacio Ramírez, de Proceso.

Rudesindo Cantarell se lo guardó durante casi una década. No es claro si por desinterés, o porque los camaroneros querían evitar que llegara la industria petrolera a sus aguas.

“Él rápidamente intuyó que era petróleo. (Pero) mucha gente le insistió que no, entonces parece que se lo guardó años”, dice Imaz.

Fue hasta que en 1968 llegó al puerto de Coatzacoalcos, Veracruz, a vender pescado, que les comentó a otros pescadores que había descubierto petróleo en sus aguas.

Pescadores en Ciudad del Carmen

Getty Images
La pesca se limitó enormemente desde que Pemex tomó el control de la región en Ciudad del Carmen.

“Yaaaaa, me decían”, dijo a Proceso, pero tomó el consejo de aquellos hombres de dar aviso a los ingenieros petroleros de Pemex.

“¿Será, señor?”, le dijo uno de los expertos. “Pues yo creo que sí, usted dirá”.

La confirmación

En la década de 1960 en México apenas y había unas 10 plantas petroleras y una discreta producción comparada con otras grandes productoras de este energético de la época.

Pero los estudios de los ingenieros Javier Meneses, Serafín Paz y Mario Galván, guiados por Rudensindo Cantarell -“ahora sí que yo mero fui”, relató- confirmaron el hallazgo.

En las aguas relativamente bajas a menos de 100 km de las costas de Campeche, Pemex detectó en 1971 un yacimiento como ninguno otro en la historia del país.

Map

Los pozos Bacab, Abkatun, Ku, Maloob, Akal y Nohoch llevaron la producción de crudo a un millón de barriles diarios en la década de 1980, casi 40% de lo que extraía México entonces.

“Yo no lo creía, pero varias personas que trabajaban para Pemex empezaron a buscarme, a llevarme algunos regalitos, a decirme que yo era como un héroe de la nación”, contaba Cantarell en 1983.

Y la riqueza era prometedora, pues se calculó que había unos 40,000 millones de barriles, lo que dio pie a que el gobierno emprendiera grandes proyectos de infraestructura y gasto público.

“Vamos a administrar la abundancia”, se ufanaba el presidente José López Portillo.

Plataformas de Pemex en Cantarell

Getty Images
Bacab, Abkatun, Ku, Maloob, Akal y Nohoch son los campos petroleros principales del Complejo Cantarell.

Pero para Ciudad del Carmen, la invasión de la industria petrolera confirmó los temores de los camaroneros de la región: unos 1,000 barcos pesqueros ya no podían navegar por ahí.

“En cuanto llegó Pemex se clausuró la pesca. Y la tradición de pueblo pesquero de un siglo se desapareció. Y es verdad que los pescadores le dieron la espalda a Rudesindo”, explica Imaz.

“En otro país sería un héroe”

Aquel pescador fue homenajeado y su apellido se convirtió en sinónimo de riqueza petrolera.

Pemex le prometió empleo y el gobierno mexicano le entregó en 1978 una medalla de oro con motivo del 40 aniversario de la nacionalización petrolera con la frase “El petróleo es nuestro”.

“¿Nuestro? Será de quienes lo manejan, ése es el coraje que me da. No es justo que unos cuantos se enriquezcan a costa del petróleo”, le dijo a Proceso tan solo cinco años después.

Una plataforma petrolera en Cantarell

Getty Images
Cantarell llegó a su máxima producción en 2003, tras lo cual ha ido cayendo constantemente.

Y es que después de los reconocimientos y aplausos, Cantarell recibió un empleo -sin contrato fijo- como auxiliar de limpieza en un laboratorio de Pemex en Campeche, con un sueldo muy bajo acorde a ese nivel.

“Fue triste enterarme de eso, que perdió el apoyo de su comunidad. Y las autoridades lo utilizaban como una botarga, para que apareciera en el estrado, pero lentamente se hizo una figura inactiva”, explica Imaz.

El viejo pescador aseguró que las cartas que enviaba a los ejecutivos de Pemex y del gobierno federal nunca le trajeron una mejora salarial ni un buen empleo.

“Estoy jodido”, dijo.

La tumba de Rudesindo Cantarell

Rubén Imaz
Rubén Imaz encontró la modesta tumba de Rudesindo Cantarell en Isla Aguada, Campeche.

En Ciudad del Carmen hoy casi nadie recuerda a Rudesindo Cantarell: “El nombre les resuena a los mayores, pero en realidad su historia y su persona la conocen unas tres personas“, dice Imaz.

“Su vida es desconocida, lo cual me parece una tragedia, en especial en un país como México que es muy dado a valorar a sus héroes. Y de repente alguien que fue tan importante y transformador”, agrega.

Y es que el hombre que llevó a Pemex hasta su más grande descubrimiento murió sin casi ningún patrimonio que dejar en mayo de 1997 a los 82 años.

Pero desde muchos años antes sabía que la suerte del oro negro no le había sonreído a él: “En otro país sería casi un héroe, pero aquí…”.


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