"Los mexicanos no somos cualquier gato de la historia" (discurso de León Portilla en Antropología)
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"Los mexicanos no somos cualquier gato de la historia" (discurso de León Portilla en Antropología)

El antropólogo que vio abrir por primera vez las puertas del Museo de Antropología habló durante la ceremonia por los 50 años del recinto.
18 de septiembre, 2014
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Foto: Cuartoscuro/Archivo

Foto: Cuartoscuro/Archivo

Señor licenciado Emilio Chuayffet Chemor, secretario de Educación Pública. Si quisiera mencionar a todas las personalidades del presidium y a otras que están aquí, creo que no acabaría en toda la noche. Me voy a limitar a mencionar a dos damas: la señora Avecita López Mateos y la doctora Yoloxóchitl Bustamante, directora de ese instituto hermano del INAH,  el Instituto Politécnico Nacional.

Señoras y señores,

En 1962 se celebró en esta ciudad el trigésimo segundo Congreso Internacional de Americanistas. Ese Congreso, que sigue realizándose cada dos años, reunía a antropólogos, historiadores interesados por investigar las culturas de los pueblos indígenas, de los pueblos originarios como hoy le llamamos. En la sesión de clausura se presentaron varios proyectos de resolución, uno de ellos fue exponer ante el presidente de la República, licenciado Adolfo López Mateos, la idea de construir un nuevo recinto para albergar al Museo Nacional de Antropología.

Fuimos varios, el doctor Eusebio Dávalos Hurtado, que era director del Instituto Nacional de Antropología e Historia; el doctor Ignacio Bernal, muy distinguido arqueólogo que luego fue director de este museo y del instituto; don Alfonso Caso, figura señera de la arqueología y de la antropología mexicana. El doctor Dávalos era director, como ya lo dije, y el doctor Bernal era presidente de ese congreso; su servidor era secretario del mismo. Fuimos a ver al presidente López Mateos, que nos respondió con la afabilidad que le era característica y le expusimos a lo que íbamos y nos contestó: “Sí, autorizaré que se edifique ese nuevo recinto, pero con la condición de que se haga en dos años para que yo pueda inaugurarlo durante mi periodo presidencial”.

Y así fue, se contrató al arquitecto Pedro Ramírez Vázquez  para diseñarlo y coordinar la edificación de este museo. Creo que huelga decir que el arquitecto Ramírez Vázquez ha sido figura señera de la arquitectura mexicana, es una persona de fama mundial. Se crearon comisiones, diversos grupos de arqueólogos, etnólogos, para que fueran en colaboración con los arquitectos planeando la construcción. Diré que al maestro Barrera Vázquez y a quien está hablando nos correspondió seleccionar textos, a él mayas y a mí náhuatl, para que los tradujéramos y los pusieran cincelados en las paredes de este museo. Y así se inauguró en 1964, con gran sololemnidad, con la plana mayor con la que ya se mencionó al licenciado Torres Bodet, gran humanista. También estuvo el licenciado Agustín Yáñez y, en fin, no puedo enumerar a todos.

¿Qué ha sido este museo? Brevemente hago una reflexión. En él se alberga, se custodia y se muestra la riqueza enorme de la cultura mesoamericana y de las culturas del norte de México. Somos una cultura originaria, una cultura que se desarrolló por sí misma, una de las pocas culturas originarias que ha creado la humanidad a lo largo de los milenios; eso le confiere una significación enorme. ¿Qué hizo el hombre en el aislamiento en el nuevo mundo? ¿Qué hizo alejado de las grandes civilizaciones del antiguo mundo, Egipto, Mesopotamia, China, etcétera? Entonces, por eso interesa tanto la cultura indígena de México en todo el mundo. Creo que eso es una primera razón. El mayor significado de este museo es que aquí está el mayor conjunto de obras que a la vez hoy vemos como creaciones artísticas, esculturas, obras, piedras maravillosas de cerámica, en fin, este tesoro. Hemos visto también los códices que alberga la Biblioteca de Antropología, que alberga este mismo museo.

En el segundo piso del museo hay una exhibición, como ustedes saben, de la presencia indígena actual. Yo siempre he pensado que es un tema difícil, porque a mí no me gustaría, tampoco creo que a ustedes, que nos convirtiéramos en objeto de museo. ¿Les gustaría a ustedes que su señor o sus abuelitos aparecieran en una vitrina? Como que no, ¿verdad? Entonces, ¿qué se va a exhibir?, ¿vamos a exhibir la miseria, el aislamiento en que han vivido? Es difícil, es difícil. A mí me parece que aunque ya se ha ido avanzando mucho en la presentación etnográfica de los pueblos actuales, se puede enfatizar en su creatividad. Por ejemplo, los Amuzgos de Oaxaca tienen una vestimenta de mujer que es bellísima, unos tejidos maravillosos. Mostrar eso, la creatividad, mostrar a los indígenas como maestros que nos hablan de su cultura. Entonces ya no son objetos de museo, sino copartícipes de la herencia indígena de México.

Un tercer significado del museo es que aquí hay una Pinacoteca, que a veces nos saltamos, pero desde la entrada está el magnífico cuadro de Rufino Tamayo con la luna, el jaguar, es maravilloso. Hay aquí un tesoro: unos 200 cuatros que acompañan las diversas salas. Aquí hay cuadros de Leonora Carrington, de Pablo O’Higgins, de Rina Lazo. Bueno, no puedo enumerar todos los que hay. Es un tesoro.

Y, finalmente, este recinto vibra con México, no es un interés meramente académico el que tiene, es un interés vital. Como decía el licenciado Tovar y Teresa, que viene a ser la presentación plástica viviente, real, no inventada, de las raíces más hondas en el ser de México. Todos los mexicanos tenemos esa herencia, yo siempre en mis clases en la UNAM les digo a mis estudiantes: Los mexicanos no somos cualquier gato de la historia, descendemos de la gran civilización mesoamericana y de la gran civilización mediterránea, la civilización mediterránea que arranca con Egipto, que sigue con Grecia, con Roma y que nos llega también en su versión española: ésta es la raíz de México.

Y qué bueno, recuerdo yo que Bernal se preocupó por que se realizara la presencia también de la otra raíz, el museo del virreinato en Tepozotlán. Partiendo de esa idea que es una realidad viviente, nada tiene de extraño que aquí se celebren conferencias, ciclos de conferencias, exposiciones de arte egipcio, de arte chino, de arte hebreo, de arte griego, que suelen atraer a miles y miles de visitantes. Y además aquí han tenido lugar actos que han sido trascendentales en la vida de México; varios de los presidentes de la República se han reunido aquí con colaboradores o con otros visitantes extranjeros para discutir problemas vitales. Los ciclos de conferencias son constantes; voy a recordar dos episodios que creo que significan algo en la vida de México.

Uno es cuando se descubrió el Templo Mayor de Tenochtitlan, allá por mil novecientos setenta y tantos. En esa ocasión, el arqueólogo que seguramente está aquí, Eduardo Matos Moctezuma y yo dimos un ciclo de conferencias en este museo. Y aquí, en este vestíbulo y en la Sala Torres Bodet se llenó como ahora casi y venía más gente que quería saber qué se descubría en los hallazgos del Templo Mayor. Fue tal la multitud que tuvimos que suplicar que la fuerza pública impidiera la entrada. Menos mal que esta vez la fuerza pública no nos impidió llegar; al revés, nos favoreció. Ese fue un acto muy significativo que pone de manifiesto el interés que tenemos por conocer nuestras raíces.

El otro momento fue en 1985, cuando el terrible terremoto que destruyó cientos de edificios y que causó la muerte de miles de mexicanos y mexicanas. Hubo una reunión aquí en este lugar, nada más que el presidium estaba aquí y el público allá. En esa reunión hablaron muchas personas y también se recordó una profecía que devolvió el alma a los que estaban aquí. Todos estaban tristes, apesadumbrados, ¿en qué ha parado nuestra ciudad?, ¿va a desaparecer, ese es nuestro destino? Entonces se dio lectura a la profecía del cronista Chimalpahin: “En tanto que dure el mundo, no se acabará, no perecerá, la fama, la gloria de México Tenochtitlán”. Mucha gente enjugó las lágrimas.

En resumen, y con esto termino, este museo es como el templo de la mexicanidad, la raíz de la mexicanidad. Por eso, ¡qué vengan millones de visitantes mexicanos y extranjeros! Yo pido al señor licenciado Chuayffet que consiga a este museo el apoyo para seguir realizando sus funciones.

Muchas gracias por su atención.

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Día de Muertos: cuál es el origen y significado de la flor de cempasúchil, la reina de los altares

El Día de Muertos en México es una celebración tradicional para honrar a los que ya no están. Y muchos mexicanos los homenajean con altares y ofrendas en las que la flor de cempasúchil no puede faltar.
31 de octubre, 2020
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Una vez al año México se tiñe de un color amarillo anaranjado.

Se debe a la flor de muerto o cempasúchil y es señal de que llega la festividad de Día de Muertos, una celebración cada 1 y 2 de noviembre de los vivos para honrar a los que ya no están físicamente.

Pero la tradicional festividad mexicana no es solo colores sino también aromas.

“Cada año olemos todos a cempasúchil”, dice el biólogo mexicano Jerónimo Reyes, quien explica a BBC Mundo que esta flor contiene aceites esenciales que la hacen muy aromática, entre otras características especiales.

Y el olor de la flor de cempasúchil también se fusiona con las diferentes comidas tradicionales mexicanas que ocupan un rol fundamental en las ofrendas a los muertos.

¿Cuál es el origen y qué significa el nombre cempasúchil?

La flor de 20

El nombre original de la flor de cempasúchil es sempôwalxôchitl y proviene de la lengua náhuatl.

Manos sostienen una flor de cempasúchil

Getty Images
La flor de cempasúchil está compuesta por muchas flores o pétalos. De ahí surge su nombre.

“La palabra viene de dos sustantivos: sempôwal, que significa 20 (o muchos), y xôchitl, que es flor. Su traducción sería flor de 20“, detalla Andrea Rodríguez, investigadora de la facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de México (UNAM) y especialista en el estudio de jardines prehispánicos.

“El códice florentino del náhuatl del siglo XVI menciona que hay flores machos y hembras y que estas últimas tienen muchas flores. Es como una bola con muchas flores juntas”, compara a BBC Mundo.

Según la investigadora, la flor tiene diferente nombre dependiendo de la región y el más común es el que conocemos del náhuatl, que se deformó con el español y terminó llamándose cempasúchil.

Una flor americana

En el plano científico, cempasúchil recibe el nombre de Tagetes erecta y es una planta exclusiva del continente americano. Crece en México, Centroamérica, y hasta Sudamérica.

Según explica Jerónimo Reyes, que es biólogo del jardín Botánico del Instituto de Biología de UNAM, hay cerca de 58 especies, pero muy pocas se utilizan para los fines del Día de Muertos.

“La gente en general se ha limitado a llamar flor de muerto o cempasúchil a una sola especie, que es la Tagetes erecta, pero en realidad en México hay más especies de cempasúchil”, explica.

Campo con la flor de cempasúchil.

Getty Images
La flor de cempasúchil es nativa del continente americano y crece de forma silvestre en zonas montañosas.

Las diferencias en las especies varían en la cantidad de flores, las hojas, el tamaño de la planta, el color de los pétalos o flores -hay algunas que tienen el filo del pétalo que es rojo-. Pero en todas predomina el color amarillo anaranjado.

La flor crece en lugares silvestres, sobre todo en las zonas montañosas y también se cultiva.

Pese a ser una especie nativa de México, China es el principal productor de cempasúchil para uso industrial, con las tres cuartas partes de lo sembrado en el mundo, informa el sitio web de la UNAM con datos de 2019.

Esta explotación del cultivo de cempasúchil por parte de China reside en las propiedades de esta planta, que tiene varios otros usos además del ritual.

De la planta se extraen aceites esenciales para fabricar agroquímicos para combatir insectos y se utilizan para la industria avícola, con el propósito de lograr que la carne del pollo y la yema de los huevos tome un color más amarillo.

“Es una flor con carotenoides, son sustancias que dan estos colorantes muy fuertes para que logre teñir la carne y la yema de huevo”, describe Reyes.

Un hombre con una gran montaña de flores de cempasúchil.

Getty Images
Los pigmentos de la flor de cempasúchil se utilizan para la industria avícola para intensificar el color de la carne del pollo y la yema de huevo.

Otras de las características de la flor de cempasúchil es su corta vida.

“La mayoría de las flores de cempasúchil son anuales, es decir, que nacen y solo viven una temporada. Pero como cuenta con muchas semillas, se reproducen muy fácilmente”, detalla Reyes.

Y desde hace siglos, se utilizan distintas partes de la la planta con fines medicinales, como infusión cuando se tiene una afección estomacal, para aliviar las flatulencias, para ayudar a las vías respiratorias, y hasta para mejorar el deseo sexual, según cita Rodríguez de la bibliografía del siglo XVI.

La leyenda y la flor del ritual

Dice la leyenda que Xóchitl y Huitzilin estaban enamorados desde que eran niños y que por las tardes subían a la montaña dedicada a Tonatiuh, el dios azteca del sol, y le ofrendaban ramos de flores.

Pero un día se desató la guerra y Huitzilin fue a pelear para defender las tierras aztecas y murió.

Destrozada de dolor, Xóchitl pidió al dios Tonatiuh que la librara de su sufrimiento y la reuniera con su amado.

Campo con la flor de cempasúchil.

Getty Images
La flor de cempasúchil también tiene su leyenda prehispánica.

El dios del sol cumplió con el pedido y dejó caer sus rayos sobre Xóchitl, y ella se transformó en una flor de color amarillo intenso.

Luego un colibrí se posó en el centro de la flor y ésta abrió sus 20 pétalos liberando un aroma intenso.

Siguiendo el mandato de Tonatiuh, el amor de la pareja azteca permanecerá mientras haya colibríes y flores de cempasúchil en los campos mexicanos.

Tal vez es por eso que la flor de cempasúchil es la reina de los altares de muertos en México. Lo cierto es que no hay ofrenda sin esa flor.

“En la época prehispánica, los mexicas utilizaban esta flor por el olor, porque es muy particular. Cuando viene el día de muertos en México, todos reconocemos ese olor . Y la tradición dice que lo que atrae a los muertos es el olor de esa flor”, describe Andrea Rodríguez.

Hasta el año pasado, cuando la pandemia de la covid-19 no se había declarado, la tradición anual mexicana era pasar la noche en los cementerios ofreciéndole a los muertos un banquete y decorando sus tumbas con flores y pétalos de cempasúchil.

Mujer coloca flor de cempasúchil en una tumba.

Getty Images
La flor de cempasúchil se utiliza para decorar las tumbas.
Ofrenda Día de Muertos 2016

Gentileza Carlos Feria Perez
En las ofrendas a los muertos no puede faltar la flor de cempasúchil.

Este año la festividad se ve opacada por la pandemia que causó la muerte de más de 90.000 personas en México, el cuarto país con más fallecidos en el mundo. Las autoridades decidieron que los panteones permanecerán cerrados para evitar aglomeraciones

Pero los mexicanos también honran a sus muertos en sus casas con altares hogareños en los que la comida casera y la flor de cempasúchil no puede faltar.

“Cuando vemos flor de muerto, estamos viendo mole, tamales…”, dice riéndose el biólogo Reyes.

Pero para que el alma del muerto llegue a la casa hay que ayudarlo.

“Se construyen unos caminos con los pétalos de la flor en la entrada de las casas para que el muerto se guie con el olor y pueda llegar al altar o a la ofrenda. Ver o entender a las flores por su olor y no por su color es un concepto muy prehispánico”, describe por su parte Rodríguez de la UNAM.

Un camino hecho con la flor de cempasúchil.

Getty Images
Muchos mexicanos decoran sus altares y forman caminos con la flor de cempasúchil para orientar a sus muertos hacia las ofrendas.

Entonces, si la flor de cempasúchil se asocia al Día de Muertos por su olor, ¿a qué huele?

Durante la entrevista, Andrea Rodríguez se levanta y va en busca de un florero con cempasúchil. Me dice que huelen a panteón, pero no se cansa de remarcar que es un olor agradable.

Minutos después me llega un correo electrónico. “Me dejaste pensando”, dice.

“Como dice mi amigo Mauricio Medina Sánchez: ‘Huele a pasado, pero un pasado muy vivo‘”.

Una mujer huele las flores de cempasúchil.

Getty Images
El olor de la flor de cempasúchil es clave para la cultura mexicana.

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