¿Qué piensa el único premio Nobel mexicano en ciencias de los grandes desafíos del planeta?
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¿Qué piensa el único premio Nobel mexicano en ciencias de los grandes desafíos del planeta?

Cuarenta años después de que Molina y su colega F. Sherwood Rowland publicaran el resultado de sus indagaciones sobre los peligrosos compuestos, un estudio de Naciones Unidas corroboró que tenían mucha razón con una buena noticia: la capa de ozono muestra sus primeras señales de recuperación.
22 de septiembre, 2014
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Mario Molina recibió el Premio Nobel de química en 1995 por su investigación sobre los gases CFC. Foto: AP.

Mario Molina recibió el Premio Nobel de química en 1995 por su investigación sobre los gases CFC. Foto: AP.

Pura curiosidad científica. Eso, dice el premio Nobel Mario Molina, lo motivó para hacer el descubrimiento crucial que permitió detener la destrucción de la capa de ozono.

El primer mexicano que ganó un Premio Nobel de Química descubrió que los gases CFC (clorofluorocarbonos) eran los culpables de acabar con el ozono que protege al planeta de los rayos solares ultravioletas.

Y gracias a su curiosidad científica, se pudo impulsar la acción conjunta internacional para impedir la producción de esos gases.

“Es ejemplo de un problema que sí se pudo arreglar y nuestras mediciones nos indican que lo hicimos a tiempo”, le dice Molina a BBC Mundo.

Cuarenta años después de que Molina y su colega F. Sherwood Rowland publicaran el resultado de sus indagaciones sobre los peligrosos compuestos, un estudio de Naciones Unidas corroboró que tenían mucha razón con una buena noticia: la capa de ozono muestra sus primeras señales de recuperación.

La contribución científica de Molina cobra especial relevancia en vísperas de una cumbre de la ONU en Nueva York que intentará este martes convencer a 125 jefes de Estado de la urgencia y la necesidad de alcanzar un acuerdo universal sobre los gases de efecto invernadero.

Los lectores de BBC Mundo le enviaron decenas de preguntas sobre la capa de ozono, el cambio climático y la ciencia latinoamericana. Lo que sigue es una selección que el científico respondió vía telefónica desde Ciudad de México.

Un problema resuelto

Desde Bogotá, Colombia, Katherin Salamanca pregunta cuál es la base para afirmar que hay recuperación de la capa de ozono.

La base son observaciones de la capa de ozono, mediciones, y la complicación es que hay variabilidad, la cantidad de ozono varía de un año a otro, el tamaño del agujero de la capa de ozono también, entonces no es fácil ver con claridad que sí haya un cambio.

Pero finalmente sí hay indicaciones claras midiendo el ozono de que sí se está recuperando. La base empezó con el acuerdo internacional, el Protocolo de Montreal, que prohibió la producción de los compuestos que degradan la capa de ozono, los CFCs (clorofluorocarburos).

El problema que tienen es que permanecen durante muchas décadas en la atmósfera, pero con toda claridad dejó de aumentar la cantidad que se estaba acumulando y empezó a disminuir.

Y lo importante de este nuevo anuncio no sólo es tener la certidumbre de que los compuestos que dañan a la capa de ozono ya no se están emitiendo a la atmósfera sino simplemente tenemos todavía los que se emitieron en siglo pasado y poco a poco desaparecen, sino que ya hay indicaciones de que la misma capa de ozono se está recuperando.

¿Cuál fue el momento en que decidió pensar en los CFCs como un problema? Es la pregunta de Darío Chuquilla, desde Ecuador, y es algo que también intriga a Hiram Martínez León, que desde Veracruz, México, le pregunta qué lo motivó a realizar sus investigaciones sobre los efectos de estos gases en la atmósfera.

La motivación no era la capa de ozono. Mi campo de trabajo, mi doctorado, lo hice en química muy fundamental. No tenía conexión con el medio ambiente.

Con mi colega Sherwood Rowland, profesor de la Universidad de California, decidimos aplicar los conocimientos que teníamos, no nada más hacer ciencia pura sino buscar un problema más conectado con la sociedad.

Sabíamos que estos compuestos, los CFC, se estaban acumulando en la atmósfera, nada más, es la única información que teníamos.

Fue curiosidad, ¿qué pasa con estos compuestos que ya se pueden medir en cantidades pequeñísimas en la atmósfera? ¿Nos deberíamos preocupar o no? 

Porque estaban diseñados para ser muy estables –uno los pone a respirar y no pasa nada– para sustituir a compuestos que sí hacen mucho daño que se usaban en los refrigeradores, como el amoniaco, el dióxido de azufre, esos no se pueden respirar.

Fue curiosidad, ¿qué pasa con estos compuestos que ya se pueden medir en cantidades pequeñísimas en la atmósfera? ¿Nos deberíamos preocupar o no?

La imagen muestra los cambios en la capa de ozono entre 1979 y 1989. Foto: AP.

La imagen muestra los cambios en la capa de ozono entre 1979 y 1989. Foto: AP.

Después de hacer estudios, que no nos tardamos mucho tiempo, pero aprendiendo cómo funciona la atmósfera, nos dimos cuenta de que eran tan estables que iban a llegar a la estratósfera y ahí es donde se iban a descomponer y dejar de existir como tales.

Pero hicimos el siguiente paso también, qué consecuencias hay: resulta que la estratósfera es muy delicada y las moléculas de estos compuestos tienen átomos de cloro y al descomponerse se liberan estos átomos y son los que nosotros hicimos la predicción de que podían afectar a la capa de ozono.

Por un proceso catalítico, una pequeña cantidad, un átomo de cloro, puede destruir a decenas de miles de moléculas de ozono, porque destruye y luego se regenera en otra reacción y luego destruye otra más.

Por un proceso catalítico, una pequeña cantidad, un átomo de cloro, puede destruir a decenas de miles de moléculas de ozono, porque destruye y luego se regenera en otra reacción y luego destruye otra más.

Es un ciclo que denominamos catalítico, lo que explica por qué cantidades relativamente pequeñas pueden afectar al ozono que de por sí no hay mucho.

Fue una hipótesis que años después se comprobó con mucha claridad. Esa fue la motivación, en dos palabras: curiosidad científica. Y no empezó con el ozono, eso fue una consecuencia de la investigación.

Roberto Fernández, desde República Dominicana, pregunta: ¿Si los gases generados por los seres humanos son los causantes del daño a la capa de ozono, por qué las zonas más afectadas son donde no habitan personas, en los polos ?

Eso está también muy claro. Resulta que en la Antártida, en la estratósfera, es la parte del planeta donde la temperatura es más baja. Por contraste con los trópicos, la luz llega de lado, y los polos son las partes más frías del planeta

En la imagen, los cambios en la capa de ozono entre 2006 y 2010. Foto: AP.

En la imagen, los cambios en la capa de ozono entre 2006 y 2010. Foto: AP.

Pero por qué en el Polo Sur y no en el Polo Norte, eso depende de la geografía de nuestro planeta. Hay una diferencia importante, el Polo Norte es plano y su mar está rodeado de continentes, y el polo sur es al revés, es un continente muy elevado rodeado de océanos, es la única parte del planeta donde los océanos le pueden dar la vuelta completa al planeta sin tocar un continente y por eso, como nuestro planeta da vueltas, se forma un vórtice (un ciclón persistente).

El frío favorece la reacción química que destruye el ozono atmosférico.

El frío favorece la reacción química que destruye el ozono atmosférico.

En el polo norte ese vórtice no es estable porque se rompe con los continentes, pero en el polo sur sí es estable porque no hay continentes que lo destruyan y por eso se aísla, el aire que está en el centro del vórtice no recibe luz de sol por muchos meses, entonces su temperatura baja alrededor de -80ºC, es extremadamente frío.

Es tan eficiente ese proceso que dentro de ese vórtice, en los meses de otoño e invierno, desaparece más del 99% del ozono, donde están estas nubes más concentradas. O sea que el cloro se lo lleva en su totalidad, podríamos decir. 

Y resulta, esa es una química muy peculiar, que nosotros también descubrimos posteriormente, a esas bajas temperaturas se pueden formar pequeñas cantidades de hielo, de nubes, que son las que aceleran la destrucción del ozono. Normalmente las reacciones químicas se aceleran al elevar la temperatura, pero en algunas, como estas, es al revés.

Ocurren más rápidamente a temperaturas muy bajas, en la superficie de las partículas de hielo. Y es tan eficiente ese proceso que dentro de ese vórtice, en los meses de otoño e invierno, desaparece más del 99% del ozono, donde están estas nubes más concentradas. O sea que el cloro se lo lleva en su totalidad, podríamos decir.

Y en cambio en el Polo Norte no se llegan a formar estas nubes porque no llega a ser tanto frío, es unos 5 o 10 grados mayor la temperatura y por eso la pequeñísima cantidad de agua que hay a esas alturas se condensa en el polo sur.

Se han hecho ya muchas mediciones en los mismos polos con aviones que miden el ozono y cuanto cloro atómico hay, y está claramente correlacionado. Esto ya no es solo una hipótesis sino que está confirmado por mediciones en la misma atmósfera.

Además de los compuestos clorofluorocarbonados, ¿se tiene información de más contaminantes que contribuyan al agotamiento de la capa de ozono? Es la pregunta de Brenda Olivares Osorno, de México.

Los CFCs (clorofluorocarburos) son los más importantes, pero le siguen los que llamamos alones que se usan como extinguidores, y algunos de esos compuestos, además de cloro, tienen bromo en sus moléculas y el bromo es muy eficiente para destruir el ozono.

Estos compuestos se usaban antes mucho en extinguidores y también afectan a la capa de ozono, pero también los reglamentó el Protocolo de Montreal. Aunque el bromo es más eficiente todavía que el cloro, los compuestos son bastante más caros, entonces por eso no hay grandes cantidades.

El óxido nitroso, producido por el uso de fertilizantes, también afecta al ozono

El óxido nitroso, producido por el uso de fertilizantes, también afecta al ozono

Pero sí hay otros también, hay un compuesto que es el bromuro de metilo que se usa en agricultura por ejemplo para matar todos los hongos y los organismos que están ya en la tierra, y parte de ese compuesto también llega a la estratósfera y también se ha controlado.

Hay varios otros, el óxido nitroso, es un compuesto natural pero que se genera también en mayores cantidades por el uso de fertilizantes, eso también afecta a la capa de ozono, o sea que tenemos tres o cuatro ejemplos muy claros, pero los más importantes son los CFCs.

El Protocolo de Montreal también los incluye. El que no está incluido con claridad es el último que mencioné el que se produce por los fertilizantes, y es una preocupación que hay porque también contribuye todo esto al problema del cambio climático.

Un gran problema por resolver

El mexicano Alex Leverkus evía su pregunta desde España: Después del éxito de la campaña global contra los CFCs, ¿Por qué no hemos sido capaces de atacar las causas del cambio climático, siendo tan abundantes las evidencias y tan graves las consecuencias? ¿Qué es lo que hace falta?

Es ejemplo de un problema que sí se pudo arreglar y nuestras mediciones nos indican que lo hicimos a tiempo: de no haber tenido esos acuerdos tendríamos un problema enorme hoy en día, porque tendríamos menos ozono y mucho más cáncer en la piel.

Sí estamos ya muy preocupados por el cambio climático porque todavía la sociedad apenas empieza a responder pero no hay un acuerdo internacional, y sí es urgente.

Es un ejemplo de que sí funciona, pero el cambio climático desafortunadamente resultó ser más complicado, aunque hay muchas analogías con el problema del ozono, una de las diferencias importantes es que la energía de combustibles fósiles que es la que genera el dióxido de carbono –no el único pero sí el compuesto más importante– se usa tanto y de forma tan diversa en toda la sociedad y es muy importante para el desarrollo económico, que resultó más complicado llegar a un acuerdo.

Pero quizás la mayor dificultad es que desgraciadamente se politizó el problema del cambio climático y tenemos situaciones como el Partido Republicano –no antes sino el que está en la actualidad en el congreso de Estados Unidos– que niega la ciencia del cambio climático, que es una cosa totalmente absurda e irracional.

La diferencia importante es que grupos de interés en el caso del cambio climático, y otros grupos que también pensaban que iban a ser afectados si hubiera algo parecido al Protocolo de Montreal, hicieron muchísima propaganda negativa y con mucho éxito. Propaganda que es falsa, por supuesto.

Estamos ya muy preocupados por el cambio climático porque todavía la sociedad apenas empieza a responder pero no hay un acuerdo internacional, y sí es urgente.

Hay que aclarar que hay muchas incertidumbres en el detalle de cuánto más va a cambiar el clima, pero la ciencia básica está muy bien establecida y no hay incertidumbre en el hecho de que es un riesgo inaceptable.

Pilar Rolon, desde Puerto Rico, y Noel Leandro, desde República Dominicana, quieren saber qué pueden hacer para contribuir como ciudadanos para reducir las emisiones que afectan al clima del planeta y a la capa de ozono.

Primero aclaro: para el ozono ya no hay que contribuir, ese problema ya se resolvió, ya no se producen estos compuestos, en su momento sí hubo un movimiento para dejar de usar latas de aerosol, pero ni siquiera eso fue necesario porque los productores de latas con los que nosotros pudimos trabajar cambiaron estos compuestos, y ya no son problema.

Pero el hecho es que ya no es necesario hacer actividades a nivel individual para proteger el ozono por el acuerdo de todos los países, pero no con el cambio climático.

Es muy importante dar el mensaje, dar un mensaje a los políticos de que este es un problema serio, preocupante y que individualmente estamos muy preocupados y pensamos que debería resolverse.

Hay actividades a nivel individual como usar energía más eficientemente, no desperdiciar energía que es la fuente principal del dióxido de carbono, proteger bosques, etcétera, pero si quisiera yo resumir, lo más importante que puede hacer la sociedad a nivel de individuos, de asociaciones, es presionar a los tomadores de decisiones, a nuestros políticos para que sí se tomen medidas a nivel de país y de planeta.

Porque con medidas voluntarias no vamos a avanzar muchísimo. Entonces es muy importante dar el mensaje, dar un mensaje a los políticos de que este es un problema serio, preocupante y que individualmente estamos muy preocupados y pensamos que debería resolverse.

La ciencia latinoamericana y el futuro

Desde Chile, Álvaro Jara pregunta qué hace falta para que la ciencia en América Latina alcance el nivel de los países desarrollados.

Ese es otro problema, pero muy importante también. Es muy importante que nuestros gobiernos reconozcan la enorme importancia que tiene la ciencia para el desarrollo económico y para el bienestar de la sociedad.

Y hay dos maneras de verlo: una es ciencia aplicada, que directamente afecta el desarrollo económico y vemos como a los países que tienen patentes y que nos venden sus productos les va muy bien económicamente.

Necesitamos tener gente muy bien preparada, y para eso necesitamos muy buenas universidades y necesitamos que en las universidades haya profesores de primera.

Más difícil de entender pero igual de importante: empíricamente a los países que le meten más dinero a la ciencia, un porcentaje del producto interior bruto (PIB) mayor que el que normalmente hacemos nosotros, les va muy bien económicamente.

Simplemente por copiarlos es buena inversión. ¿Pero por qué funciona? Porque entre más gente preparada tengamos, mejor vamos a poder competir.

Necesitamos tener gente muy bien preparada, y para eso necesitamos muy buenas universidades y necesitamos que en las universidades haya profesores de primera. Una manera de garantizar eso es que estén haciendo ciencia de primera, aunque no sea aplicada, pero que sean parte de la comunidad internacional científica.

Ya dejamos la época en que nada más competíamos con mano de obra barata. Como ejemplo, en México pudimos trabajar con el gobierno y aceptó que tiene como meta duplicar el porcentaje que le dedica a la ciencia y a la tecnología, que era 0,5% del PIB, que es lo típico de Latinoamérica.

En unos años la idea va a ser duplicarlo, y eso quiere decir que va a haber recursos para que más científicos puedan hacer investigación y más estudiantes quizás saquen un doctorado en el extranjero, regresen y tengan trabajo en su país de origen.

¿Qué nos recomendaría a las nuevas generaciones que buscan hacer un descubrimiento o avance que permita hacer una mejora a la humanidad como usted logró? Pregunta de Israel de Jesús Castillo Herrera, QFB (licenciado en química, farmacéutica y biología) de la Universidad de Querétaro, México.

La recomendación es insistir en hacer su trabajo con mucha pasión, lo que les guste hacer, aprovechar la buena disponibilidad, di el ejemplo de México, de que hay más recursos.

En México tenemos una institución del gobierno que financia estas cosas que se llama CONACYT, pero hay unas parecidas en cada país de Latinoamérica y pues hay que enterarse muy bien de las becas que ellos apoyan.

No darse por vencidos, exaltar el gusto por la ciencia, hacerlo con mucha pasión y muy bien. Eso es lo que yo recomendaría.

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¿Qué tan buenas son las caretas para protegernos del coronavirus?

En apariencia, los protectores plásticos se ven más cómodos y fáciles de usar. BBC Mundo recogió la opinión de diversos expertos para entender si nos brindan o no el mismo nivel de protección.
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13 de julio, 2020
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Con la flexibilización de las normas de confinamiento y la reapertura de tiendas, bares y restaurantes en numerosas ciudades del mundo, los cubrebocas se han convertido en una prenda de uso cotidiano.

En Reino Unido y otros países de Europa, por ejemplo, muchas marcas de ropa ofrecen mascarillas de tela reutilizables en distintos modelos, patrones y colores.

Sin embargo, en las últimas semanas, un nuevo elemento de protección ha empezado a verse en las calles: se trata de un protector o careta de plástico transparente, que hasta poco solo era utilizado por personal sanitario o en ambientes médicos u hospitalarios.

A simple vista, estos escudos protectores se ven más cómodos que las mascarillas: al no estar en contacto directo con la nariz y la boca se hace más fácil respirar, hablar, dan menos calor y, definitivamente, son menos claustrofóbicos.

¿Pero nos protegen en la misma medida que una mascarilla facial? ¿Podemos remplazar a una por otra?

Ventajas

Según un artículo de opinión publicado recientemente en JAMA, la revista de la Asociación Médica Estadounidense, estas caretas tienen una serie de ventajas.

“Son cómodas de usar, protegen los portales de entrada del virus y reducen la potencial autoinoculación, ya que evitan que el usuario se toque la cara”, dice el texto elaborado por el doctor Eli Perencevich, especialista en enfermedades infecciosas de la Universida de Iowa, y otros dos investigadores.

A diferencia de los tapabocas no hace falta quitárselas para facilitar la comunicación, pueden reutilizase indefinidamente si no están averiadas, y limpiase fácilmente con agua y jabón o desinfectantes comunes, señala el artículo.

Mesero con protector facial

Getty Images
Para las personas que están en contacto constante con miembros del público y necesitan comunicarse verbalmente, las caretas resultan mucho más cómodas.

Los autores no abogan por el uso de esta careta como única medida pero sí consideran que puede ser un elemento más en una estrategia de contención del coronavirus que incluya el lavado de manos, la distancia social y el rastreo de contactos.

Por otro lado, añaden, las caretas cubren un área mucho más amplia del rostro, incluyendo los ojos, que son otra vía de entrada para el SARS-CoV-2.

Protección más amplia

Según un estudio de simulación de tos de 2014, una buena careta plástica puede reducir la exposición total a las gotas expulsadas por la tos y los aerosoles (las gotas diminutas) en un 96% a una distancia de 46 cm.

Pero, con los aerosoles más pequeños, el protector fue menos efectivo, bloqueando al 68% inmediatamente después de la exposición a la tos, y solo al 23% en los 30 minutos siguientes, ya que estos aerosoles más pequeños pueden quedar flotando bajo el visor, en el espacio donde se produce la inhalación.

En opinión de Julian Tang, profesor del departamento de Ciencias Respiratorias de la Universidad de Leicester, en Reino Unido, las caretas son por lo general bastante efectivas, pero reconoce que compararlas directamente con las mascarillas quirúrgicas es difícil, y que los estudios que se han hecho hasta el momento solo lo han logrado de forma limitada.

Si las vamos a usar, lo más importante a tener en cuenta es “cuán lejos el protector se curva para cubrir las orejas (si queda un espacio los aerosoles podrían entrar por esa vía y provocar una infección) y qué tanto se extiende por debajo (para protegernos de los aerosoles flotantes que podemos inhalar bajo el protector)”, le dice Tang a BBC Mundo.

Otro factor a tener en cuenta es que no quede un hueco en la parte superior, donde el visor se apoya sobre la frente, para reducir el riesgo de exposición a las gotas o aerosoles que pueden caer desde arriba.

Ni solas ni en el contexto comunitario

Sin embargo, no todos los expertos coinciden en que las caretas sean una buena opción, aunque aceptan que cuando el uso de mascarilla no es viable —ya sea porque afecta demasiado la comunicación o por la razón que fuere— siempre es mejor utilizarla que ir con el rostro descubierto.

Trabajadores sanitarios con equipo protector

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Hasta hace relativamente poco, los escudos faciales solo se utilizaban dentro del ámbito hospitalario.

Aaron Glatt, director del departamento de medicina del hospital Mount Sinai South Nassau, en Estados Unidos, cree que el beneficio de las caretas varían según quién las use.

“Recomendamos su uso en el caso de un trabajador sanitario, por ejemplo, que debe entrar en la habitación de un paciente que tiene o se sospecha que tiene COVID-19 y no lleva mascarilla”, le dice a BBC Mundo.

“En ese caso, el potencial de que el paciente expulse partículas de virus es grande y es importante proteger los ojos del trabajador sanitario con gafas o con una careta, por encima de la mascarilla”.

“Pero en un contexto comunitario, recomendamos la mascarilla (y no la careta), porque es más efectiva evitando que el virus se extienda a las zonas circundantes. Si la persona que usa el tapabocas está expulsando virus, las gotas quedarán atrapadas por la mascarilla”.

En definitiva, “se trata de un mecanismo más efectivo“, añade Glatt.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en EE.UU. (CDC, por sus siglas en inglés), tampoco recomiendan su uso en el contexto de la vida cotidiana o como sustituto para los cubrebocas de tela.

Pero en caso de que alguien decida usarlo sin una mascarilla debajo, debe asegurarse de que cubra los costados de la cara y se extienda por debajo de la barbilla.

Protección contra los aerosoles

Si bien las caretas faciales impiden el paso de las gotas, como su contorno no está sellado a la cara, permite el paso de cierto número de aerosoles.

Mesera con pantalla facial

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Con la relajación de las medidas de confinamiento, aumenta el riesgo de transmisión de la COVID-19.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció recientemente, en respuesta a una carta abierta publicada por más de 200 científicos, que hay cada vez más evidencia de que el coronavirus puede propagarse por estas pequeñas partículas suspendidas en el aire.

“La transmisión aérea no puede descartarse en escenarios con multitudes o en lugares cerrados y poco ventilados”, declaró el miércoles un representante del organismo.

Sin embargo, esta vía de transmisión, le explica a BBC Mundo Luis Ostrosky, profesor de enfermedades infecciosas de la Escuela de Medicina McGovern de UTHealth de Houston, EU, no es la principal.

“Creemos que la ruta de transmisión primaria de la COVID-19 es a través de las gotas, con lo cual hay dos formas de protegerse de ellas: una es cubriendo tu boca y tu nariz con una mascarilla, pero eso deja el resto de tu cara al descubierto”.

“La otra es con una careta facial, que te cubre toda la cara”, dice Ostrosky.

“Puede que los aerosoles contribuyan a la transmisión en ambientes cerrados, particularmente en situaciones como procedimientos médicos, pero ese es un un tema controvertido”.

Distancia social

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Mantener la distancia social y lavarse las manos siguen siendo dos medidas cruciales para frenar la pandemia.

“Por eso hay un consenso creciente entre epidemiólogos de que la careta puede ser una muy buena alternativa para protegerse dentro un contexto comunitario”.

En opinión de Ostrosky, son particularmente beneficiosas para los niños pequeños, por que dejan ver las expresiones faciales.

“Creo que serán un elemento clave para la reapertura de las escuelas“.

La OMS, por su parte, señala que, para el público en general, las caretas pueden considerarse como una alternativa en el caso de que haya una escasez de mascarillas no médicas, pero dice que son “inferiores a las mascarillas respecto a la prevención de la transmisión por gotas”.

En el documento que sirve de guía para el uso de las mascarillas en el contexto de la COVID-19, con fecha del 5 de junio, señala que las caretas faciales pueden ser más fáciles de usar para personas con desórdenes de salud mental, problemas de desarrollo, sordera o dificultades auditivas y niños.


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