¿Qué trucos usan las series para que nos enamoremos de los personajes?
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¿Qué trucos usan las series para que nos enamoremos de los personajes?

Soliloquios, flashbacks, platicar con el público: las series de los últimos veinte años recurren a técnicas de la novela y el teatro clásico para provocar el enamoramiento por los personajes.
Por Yorokobu.es / Javier Meléndez Martín
9 de septiembre, 2014
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Frank Underwood, de la serie House Of Cards. Foto: @hoc_quotes.

Frank Underwood, de la serie House Of Cards. Foto: @hoc_quotes.

Las series de los últimos veinte años recurren a técnicas de la novela y el teatro clásico para provocar el enamoramiento por los personajes.

Vieas técnicas, nuevos usos

A menudo, en las series modernas un flashback no es un flashback; la voz en off no dice «aquella mañana…» y cuando se rompe la cuarta pared no es para unas risas (como en las viejas comedias de situación). Ahora estos recursos imitan la novela: El flashback es una disgregación para conocer los antecedentes emocionales de los personajes; la voz en off equivalen a la voz interior y romper la cuarta pared nos acerca los personajes a la novela picaresca —como se verá—.

En el siglo pasado, los espectadores de series reconocían a los héroes y a los villanos. Los villanos querían dinero o poder o hacer daño gratuito a otras personas —aunque ésta era la menor de las causas—. El espectador no buscaba explicaciones sobre por qué los malos hacían lo que hacían: quería que los héroes restauraran el orden. Héroes que eran policías mal pagados o justicieros trabajando para una fundación. Aunque el mundo era tan confuso como ahora, las series de televisión no lo eran.

En el siglo XXI las series muestra a personajes complejos y ambiguos. La complejidad de los personajes obliga a los guionistas a recurrir a técnicas propias del teatro y la novela. Si esto no fuera así el comportamiento de muchos personajes quedaría difuso o sería malinterpretado. Por ejemplo: si se elimina las voz interior de Dexter queda la imagen de un justiciero sádico.La voz permite observar el mundo a través de una persona que se considera ajena al mundo: cuestiona los rituales y las convenciones sociales, y muestra su vulnerabilidad emocional infantil que pretende disfrazar.

Cuando el pícaro habla al espectador

En ningún caso los recursos son nuevos: Will Smith como Príncipe de Bel-Air mira a cámara como Underwood en House of Cards. Pero en aquella comedia de situación —como en otras— romper la cuarta pared era un truco esporádico. En House of Cards es un recurso calculado: Underwood es el pícaro contemporáneo —con trajes de 1500 dólares— que quiere convencer al espectador de que hace lo que hace porque no tiene más remedio.

Ahora el flashback y la voz en off no explican quién disparó a quién o por dónde entró la bala, no aclaran: profundizan. Son confidencias a los espectadores. Ayudan a comprender la psique compleja de personajes como Dexter o Heisenberg (Breaking Bad).

La confidencia como el soliloquio teatral

Cuando los guionistas no pueden recurrir a la voz en off ni a los flashback utilizan recursos propios del teatro. No escuchamos la voz en off de Tony Soprano, pero la doctora Melfi es un personaje con una función teatral: permite los soliloquios, los apartes de Tony, Hamlet del crimen que se debate entre llevar una vida sencilla o seguir los negocios familiares. Cierto que Tony no habla al aire, pero Melfi no interviene en los acontecimientos: está ahí en representación del espectador que expone sus dudas y protesta.

También funcionan como soliloquios teatrales las confidencias a cámara en Modern Family: profundizan en los personajes en una serie que escamotea la intimidad. En Modern Family  las cámaras quedan fueran de los cuartos de baño y los dormitorios, lugares de intercambio de confidencias y riñas y reconciliaciones. Así se guarda la coherencia con lo que sería un docu-show clásico: APTO PARA MAYORES DE 13. Lo más parecido a la verdad está en lo que los personajes confiesan a los espectadores.

En Juego de Tronos vemos los dormitorios de matrimonio, los prostíbulos, los cagaderos… No se respeta la intimidad de un vasallo ni la de un hombre poderoso. Sin embargo, la invasión de la intimidad no hace posible el mayor conocimiento de los personajes. Los protagonistas se mienten unos a otros, miden sus palabras y sólo en muy contadas ocasiones podemos ver sus intenciones en sus ojos: la rabia,  el odio,  el asco,  la desazón, el alivio, el deseo… (El personaje más transparente es a la vez el más aborrecible: el rey Joffrey).

De cuando en cuando, algún personaje cuenta un relato sobre un hombre que conoció… Un relato en el que el protagonista es otro. Es espectador atento sabe que esos relatos están las verdades de quiénes lo cuentan. Cuando Tyrion Lannister narra el cuento del primo Orson, Tyrion habla de sí mismo. Estos relatos apelan al corazón del espectador: historias de desamor, de incomprensión, de agravios sufridos… Relatos muy breves con la misma intención con la que el capitán Marlow cuando narra sus peripecias para encontrar a Kurtz en El corazón de las tinieblas: entretener y exponer realidades sórdidas. Los oyentes de estos relatos se comportan como la doctora Melfi con Tony Soprano.

El flashback que emociona, no que explica

El flashback como pieza de emoción y no de información surge en televisión con Lost: flashback que pintan a personajes herméticos. Flashbacks que sustituyen confidencias entre los personajes porque entre ellos hay tantos secretos y recelos como en Juego de TronosLost bebe de aquellas novelas voluminosas del siglo XIX que cuentan que tal o cual personaje «era un hombre seguro de sí mismo, pero con una pena grande: a la edad de siete años».

Cada vez más las series de televisión se parecen a novelas animadas. Y como novelas tienen necesariamente que ser morosas. Ver algunas series se convierte en un acto que requiere una fuerza de voluntad similar a la que supone enfrentarse a ciertos libros. Sin embargo, las recompensas son grandes. El cine no se ha refugiado en la televisión. La gran novela es la que ha encontrado en televisión el mejor vehículo.

Lea la nota original en Yorokobu.es.

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La novela escrita hace 100 años que retrata la vida en cuarentena de 2020

En 1909, E.M. Forster escribió una asombrosa novela corta con un relato que parece actual en muchos aspectos, escribe el editor de arte de la BBC Will Gompertz.
5 de julio, 2020
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Mi esposa estaba escuchando un programa de radio el otro día y oyó a un hombre hablar sobre inteligencia artificial.

Mencionó una novela corta de ciencia ficción escrita por E.M. Forster llamada The machine stops (“La máquina se detiene”), publicada en 1909, y dijo que era profética.

Nosotros no sabíamos de su existencia. Sinceramente, no teníamos a Forster por un novelista de ciencia ficción, más bien lo recordamos por las adaptaciones al cine de la productora Merchant Ivory protagonizadas por Helena Bonham Carter y sus elegantes vestidos victorianos.

Compramos un ejemplar.

“¡DIOS MÍO!”, como no hubiera dicho Forster.

“La máquina se detiene” no es simplemente profética; es una increíble, impactante y asombrosamente precisa descripción literaria de la vida en cuarentena en 2020.

Si se hubiera escrito hoy, seguiría siendo excelente; el hecho de que haya sido escrita hace más de un siglo la hace sorprendente.

"La máquina se detiene" fue publicada en 1909 y fue reeditada en 2013, más de un siglo después de su lanzamiento, lo cual refleja su calidad duradera.

WLC PUBLISHIN
“La máquina se detiene” fue publicada en 1909 y fue reeditada en 2013, más de un siglo después de su lanzamiento, lo cual refleja su calidad duradera.

El breve relato se desarrolla en lo que debió de ser un mundo futurista para Forster, pero no lo será para ti.

Las personas vivían solas en casas idénticas (globalización) en donde escogían el aislamiento (él usa esa palabra), enviaban mensajes por correo neumático (una especie de email o WhatsApp) y chateaban en internet a través de una interfaz de video increíblemente similar a Zoom o Skype.

El burdo sistema de encuentros públicos había sido abandonado hacía mucho tiempo”, junto con el contacto con extraños (“la costumbre se había vuelto obsoleta”), ahora prohibido en una nueva civilización en la que los humanos viven en células bajo tierra con computadoras tipo Alexa al servicio de todos sus caprichos.

Si ya suena espeluznantemente cercano como para causarte preocupación, no te tranquilizará saber que los miembros de esta sociedad conocen a miles de personas a través de redes sociales controladas por máquinas que alientan a los usuarios a recibir e impartir las ideas de otros.

“En cierto sentido, las relaciones humanas habían avanzado enormemente”, escribe con ironía el visionario autor, antes de añadir:

“Pero la humanidad, en su búsqueda del bienestar material, había ido demasiado lejos. Habían explotado en exceso las riquezas de la naturaleza, y el progreso había llegado a significar el progreso de la máquina”.

FOTO 3- FORSTER EN 1924.

Hulton-Deutsch Collection/ Corbis via Getty Images
E.M. Forster comenzó a escribir ficción en el King’s College de Cambridge, donde primero estudió Literatura Clásica y luego Historia (1897-1901).

No se me pasa por alto que estás leyendo esto en internet, en un dispositivo artificial sobre el cual todavía creemos que ejercemos dominio. No por mucho tiempo, según la historia de Forster ni, sospecho, según algunos de los cerebritos detrás de la inteligencia artificial de hoy día.

Estamos en el territorio de monstruoso de Frankenstein, otra advertencia literaria que probablemente no deberíamos ignorar.

No hay una manifestación física aterradora similar en Forster que indique que la ciencia va mal en “La máquina se detiene” (el título lo dice todo), pero eso la hace todavía más inquietante.

Los dos protagonistas de la historia, Vashti y su hijo Kuno, son gente normal, como tú o yo. Ella vive en el hemisferio sur, él vive en el norte.

Kuno quiere que su madre le visite. Ella no está dispuesta.

“¡Pero puedo verte!”, exclama ella. “¿Qué más quieres?”

“Quiero verte, pero no a través de la Máquina”, dice Kuno. “Quiero hablar contigo, y no a través de la fastidiosa Máquina”.

“¡Ay, cállate!”, dice su madre, vagamente sorprendida. “No deberías decir nada contra la Máquina”.

Yvonne Mitchell

BBC
Yvonne Mitchell interpretó el papel de la madre, Vashti, en esta adaptación televisiva de 1966 de The machine stops (“La máquina se detiene”), como parte de una serie de ciencia ficción de la BBC llamada Out of the unknown (“Fuera de lo desconocido”).

Ella prefiere el distanciamiento social y dar su conferencia en internet sobre Música Durante el Período Australiano a una audiencia invisible en el sillón de sus casas que acumula información histórica abstracta sin relevancia alguna para sus vidas subterráneas reales, más allá de ser una distracción ilusoria de su vacía existencia (no muy diferente a los cursos durante el confinamiento, tal vez).

No diré nada más sobre lo que ocurre – es una historia muy corta que leerás en menos de una hora – salvo mencionar que es, básicamente, una versión en la era de las máquinas de la Alegoría de la Caverna de Platón.

En la Caverna de Platón hay dos grupos de filósofos que están separados por un muro, pero en un acalorado debate.

CONSEJO DE ADMINISTRACIÓN DEL MUSEO BRITÁNICO
En la Caverna de Platón hay dos grupos de filósofos que están separados por un muro, pero en un acalorado debate.

La Máquina (internet, para nosotros) es la cueva solitaria, sin aire y sin sol en la que existimos, la información que imparten las sombras en la pared.

E.M. Forster publicó el cuento entre A room with a view (“Una habitación con vistas”, 1908) y Howard’s End (“La mansión, 1910), dos novelas en las que explora temas filosóficos similares en torno a mundos internos y externos, verdad y pretensión.

“La máquina se detiene” apareció por primera vez en la revista británica Oxford and Cambridge Review el mismo año en que Filippo Tommaso Marinetti publicó su furioso “Manifiesto futurista” en el periódico Le Figaro.

El poeta italiano argumentó lo opuesto a la parábola profética de Forster.

Marinetti abrazó a la máquina, argumentando que un automóvil veloz era mucho más hermoso que una escultura griega antigua. El pasado era un peso muerto que necesitaba ser destruido para dar paso al futuro.

Aunque el "Manifiesto futurista" de Filippo Tommaso Marinetti también se publicó en 1909, celebró la maquinaria como una fuerza para el bien, a diferencia de Forster

Getty Images
Aunque el “Manifiesto futurista” de Filippo Tommaso Marinetti también se publicó en 1909, celebró la maquinaria como una fuerza para el bien, a diferencia de Forster

Le habría caído bien Vashti, quien, cuando viajaba en una aeronave para ver a Kuno, bajaba la persiana sobre Grecia porque ese no era el lugar para encontrar ideas: una broma irónica de Forster, dado que la idea para su cuento, vino de la Atenas de Platón.

Eso es todo en cuanto a bromas en una novela donde realmente no existen cosas como la comunidad o la experiencia directa, y es imposible alejarse del constante zumbido de la máquina sin pedirle al Comité Central un permiso para salir al exterior.

En ese momento, te colocas un respirador y te aventuras en el mundo real.

Como dijo el hombre de la radio, es profética. Y muy, muy buena.


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