¿Quién era David Haines, el trabajador humanitario cuya muerte conmociona a Reino Unido?
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¿Quién era David Haines, el trabajador humanitario cuya muerte conmociona a Reino Unido?

La decapitación del británico David Haines, secuestrado en Siria desde hace año y medio, ha sido aparentemente mostrada en un video difundido este fin de semana por el grupo extremista Estado Islámico.
Por BBC Mundo
14 de septiembre, 2014
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Quienes lo conocían describen a Haines como una buena persona con gran sentido del humor. Foto: BBC Mundo.

Quienes lo conocían describen a Haines como una buena persona con gran sentido del humor. Foto: BBC Mundo.

La decapitación del británico David Haines, secuestrado en Siria desde hace año y medio, ha sido aparentemente mostrada en un video difundido este fin de semana por el grupo extremista Estado Islámico.

Aunque el Ministerio de Relaciones Exteriores británico continúa analizando la autenticidad del video, el primer ministro de Reino Unido, David Cameron, calificó la muerte de Haines como “un acto de pura maldad”.

Haines, de 44 años de edad y padre de dos niñas, era retenido por combatientes de Estado Islámico, EI.

Ha sido el tercer rehén occidental –y primer británico- exhibido en cámara por la organización militante.

BBC Mundo le cuenta quién era David Haines.

Secuestrado hace año y medio

La vida de una persona nunca debería ser amenazada por razones de su compromiso humanitario“: Acted, organización francesa de ayuda humanitaria.

Haines trabajaba para una organización humanitaria francesa, Acted, cuando fue secuestrado en Siria en marzo de 2013.

El cooperante se unió a Acted para ayudar a coordinar el suministro de agua limpia, alimentos y tiendas de campaña con el objetivo de aliviar la creciente crisis humanitaria en los campamentos de refugiados en Atmeh, una población de la norteña provincia siria de Idlib, cerca de la frontera con Turquía.

Haines y otros trabajadores de ayuda humanitaria se alojaban en Atmeh. El 12 de marzo de 2013 él y un colega italiano, Federico Motka, fueron secuestrados. Motka fue posteriormente puesto en libertad.

Haines durante una entrevista cuando trabajaba en Croacia.

Haines durante una entrevista cuando trabajaba en Croacia.

Nacido en Humberside, East Yorkshire, Haines creció en Escocia y asistió a la Academia de Perth. Sus padres viven en Ayr.

El perfil laboral de Haines que aparece en internet dice que trabajó para una empresa estadounidense suministrando bienes a fuerzas militares en todo el mundo, aunque la compañía no ha querido hacer declaraciones.

Después de aquella etapa, el cooperante británico se embarcó en una carrera más amplia en el campo de la ayuda humanitaria internacional y trabajó en algunos de los lugares más peligrosos del planeta.

Lea también: Condena y repulsa por muerte de David Haines a manos de EI

Reconstrucción de Croacia

Entre 1999 y 2004, Haines trabajó para Arbeiter Samariter Bund (ASB, por sus siglas en alemán), una organización alemana que llevó a cabo trabajos de reconstrucción en la Croacia posbélica.

Haines era jefe de una oficina regional de ASB con la responsabilidad de gestionar un enorme proyecto financiado por la Comisión Europea para ayudar a cientos de desplazados a que regresaran al país y reconstruyeran sus casas.

 

El primer ministro británico calificó la muerte de Haines como un “acto de pura maldad”.

También se involucró en otros proyectos en Croacia, como la reconstrucción de una guardería en Benkovac.

Trayectoria humanitaria

Poco después de que se supiera que Haines era el rehén británico en Siria, la alemana ASB publicó un comunicado en su sitio de internet que decía: “En estos momentos difíciles, nuestros pensamientos están con nuestro colega y amigo David Haines que está en cautiverio.

“Rezamos por su regreso seguro y pedimos a la comunidad internacional que ayude a salvar las vidas de cooperantes inocentes”.

En abril de 2011, Haines se unió a otra organización humanitaria, Handicap International, y se convirtió en jefe de su misión en Libia, país azotado por la guerra.

La organización, especializada en trabajo de eliminación de minas en todo el mundo, envió un equipo al país norteafricano para ayudar a educar a la población sobre los peligros que suponen las armas y otros explosivos.

Haines trabajaba en el campamento de refugiados de Atmeh, Siria, cuando fue secuestrado. Foto: AP.

Haines trabajaba en el campamento de refugiados de Atmeh, Siria, cuando fue secuestrado. Foto: AP.

El año siguiente, Haines se mudó a Sudán del Sur, donde trabajó con Nonviolent Peaceforce, una organización que trabaja para promover iniciativas de paz en entornos peligrosos.

NP emitió también un comunicado cuando el nombre de Haines se hizo de dominio público para decir que se unían a todos aquellos que rogaban y pedían su liberación.

Tiffany Easthom, una ejecutiva de la organización, le dijo a la cadena estadounidense NBC que Haines era “muy solidario” y tenía un gran sentido del humor.

Secuestrado poco después de su llegada

Haines se casó con su primera esposa y se estableció en Escocia. Tuvieron una hija.

Conoció a la que sería su segunda esposa, Dragana, una mujer croata, cuando trabajaba en el país europeo.

Se casaron en 2010 –él vistió una falda escocesa- y se instalaron en Sisak, una población cerca del lugar donde Haines había supervisado los trabajos de rehabilitación.

La pareja tiene una niña de 4 años.

Jozefina Visnjic, una vecina, le dijo a la BBC: “Lo veía por aquí con su esposa y la bebé en un cochecito. Siempre saludaba. Todo el mundo pensaba que era un buen hombre”.

Casa donde vivía David Haines

Haines y su esposa vivían con su hija en Sisak, Croacia.

Haines retomó el trabajo de ayuda humanitaria en marzo de 2013 cuando decidió irse a Siria con la organización francesa Acted. Fue secuestrado 10 días después de su llegada al país.

En un comunicado difundido días después de saberse su nombre, Acted señaló estar “profundamente en shock” por las imágenes del hombre retenido por su captor.

“David ha estado trabajando como cooperante desde 1999, ayudando a víctimas del conflicto en los Balcanes, África y Medio Oriente. Cuando fue secuestrado en marzo de 2013, David estaba en Siria como parte del esfuerzo humanitario de Acted para apoyar a miles de personas afectadas por el conflicto.

“La vida de una persona nunca debería ser amenazada por razones de su compromiso humanitario”.

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¿Por qué los hombres usan menos los cubrebocas si corren más riesgo de morir por covid-19 que las mujeres?

Las tasas de mortalidad por covid-19 son considerablemente más altas entre los hombres. ¿Por qué entonces estos utilizan menos las mascarillas faciales que las mujeres?
15 de julio, 2020
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Mujer con mascarilla al lado de hombre sin mascarilla

Getty Images
La evidencia sugiere que en todo el mundo las mujeres acostumbran utilizar más las mascarillas faciales que los hombres.

Después de mucho pelear, Mónica* tomó una decisión drástica.

Mientras Brasil iba en camino de convertirse el segundo país del mundo en muertes por coronavirus, solo por detrás de Estados Unidos, su esposo, Eduardo, se negaba a usar una mascarilla.

Entonces decidió abandonar el departamento familiar en Niteroi, cerca de Río de Janeiro, y mudarse a casa de sus padres con su hijo de siete años.

“Soy asmática y eso me hace particularmente vulnerable al coronavirus. Pero para mi esposo estaba siendo paranoica“, le dice a la BBC.

No sabemos a cuántas otras parejas en todo el mundo les pasó lo mismo que a Eduardo y Mónica.

Pero su historia es un buen ejemplo de la brecha de género en las actitudes hacia el uso de máscaras faciales que se ha hecho evidente durante la pandemia.

Hasta el 14 de julio, la covid-19 ya había infectado a más de 13 millones de personas y matado a más de 570,000, según la base de datos de la Universidad Johns Hopkins.

Y en la gran mayoría de los países donde hay datos disponibles, las tasas de mortalidad son considerablemente más altas entre los hombres.

Pero, a pesar de eso, estudios y encuestas también han encontrado que los hombres son más renuentes que las mujeres a usar equipos de protección personal y cubiertas faciales, actitud que también se ha observado durante epidemias anteriores.

Jared Kushner e Ivanka Trump

Getty Images
También en la familia Trump hay diferencias de género en el uso de mascarillas.

El uso de mascarillas, sin embargo, es una medida ampliamente recomendada por las autoridades de salud para ayudar a prevenir la propagación del coronavirus.

La Organización Mundial de la Salud, por ejemplo, apoya el uso de mascarillas como “parte de una estrategia integral de medidas para suprimir la transmisión”. Y, aunque admite que hay evidencia limitada sobre la efectividad de las mascarillas no médicas para el público en general, alienta su uso cuando el distanciamiento social no es posible.

Varios países y ciudades también están promoviendo su uso, y algunos incluso las han hecho obligatorias en espacios confinados o abarrotados, como en el transporte público, bares y tiendas.

Orgullo y prejuicios

Pero si las mascarillas pueden ser una ayuda en la lucha contra el coronavirus, ¿por qué los hombres son menos propensos a usarlas?

Uno de los análisis más recientes y publicitados del comportamiento masculino fue realizado por Valerio Capraro, profesor titular de Economía en la Universidad de Middlesex, y la matemática canadiense Hélène Barcelo, del Instituto de Investigación de Ciencias Matemáticas de Berkeley.

Cementerio

Getty Images
Los hombres son más propensos a morir por covid-19 y también a negarse a usar mascarillas.

Los académicos encuestaron a casi 2,500 personas que viven en Estados Unidos y descubrieron que los hombres no solo estaban menos inclinados a usar máscaras faciales que las mujeres, sino que consideraban que ponerse una mascarilla era “vergonzoso” y “un signo de debilidad”.

Y la encuesta también encontró que las mujeres tenían casi el doble de probabilidades que los hombres de manifestar la intención de “usar una máscara facial fuera de su casa”.

“Los hombres tienen menos tendencia a cubrirse la cara, y una de las razones principales es que tienden a creer que la enfermedad no los afectará más que las mujeres”, explica Capraro.

“Pero eso es particularmente irónico porque las estadísticas oficiales muestran que en realidad el coronavirus impacta a los hombres más seriamente que a las mujeres”, agrega el científico.

Menos máscarillas, más muertos

Otros estudios también han demostrado consistentemente que los hombres también son menos obedientes al lavado de manos, una de las medidas básicas de higiene para ayudar a prevenir la propagación de enfermedades.

Una encuesta reciente, por ejemplo, encontró que el 65% de las mujeres dice lavarse las manos regularmente, por un 52% de los hombres.

Y aunque en EE.UU. las afiliaciones políticas también influyen fuertemente en el comportamiento de hombres y mujeres durante la pandemia, el género parece seguir siendo un factor más importante.

Simpatizante de Trump con máscara facial

Getty Images
Las mujeres republicanas utilizan más las mascarillas que los hombres de su mismo partido.

Según varias encuestas, los partidarios del Partido Republicano del presidente Donald Trump son menos propensos a usar mascarillas o mantener la distancia social que los partidarios del Partido Demócrata.

Pero la encuesta nacional más reciente, hecha en junio, mostró que mientras el 68% de las mujeres que apoyan a los republicanos utiliza mascarillas fuera del hogar de forma frecuente, solamente un 49% de los hombres dijo ponerse una al salir de casa.

Todo indica, sin embargo, que la importancia de las máscaras faciales solo irá en aumento: nueva evidencia sugiere que el coronavirus puede propagarse por pequeñas partículas suspendidas en el aire y no solo a través de las gotas más grandes expulsadas cuando las personas tosen o estornudan.

Y un reciente estudio de científicos japoneses, que aún no se ha publicado, encontró una correlación entre el uso de mascarillas faciales y las tasas de mortalidad en 22 países.

Mujer con mascarilla al lado de hombre sin mascarilla

Getty Images
Científicos sostienen que hay una correlación entre mortalidad y uso de mascarillas.

Al analizar las encuestas del instituto de investigación YouGov, los científicos Daisuke Miyazawa y Gen Kaneko descubrieron que los países donde más personas dicen usar mascarillas tenían menos muertes por millón de personas.

¿Exceso de confianza?

Christina Gravert, científica conductista de la Universidad de Copenhague, no se sorprende por la división de género en el uso de mascarillas evidenciada por investigaciones.

Después de todo, hay una gran cantidad de trabajo académico que muestra que hombres y mujeres parecen abordar el riesgo de una manera diferente.

Pero Gravert le dice a la BBC que una simple observación en la capital danesa le bastó para confirmar que las mujeres estaban siendo más conscientes de los esfuerzos por contener la propagación de la covid-19.

Mujer caminando

Getty Images
Las mujeres le ponen más atención a las indicaciones.

“Los senderos para caminar en Copenhague se convirtieron en calles de un solo sentido, para que la gente no se cruzara al correr o caminar”, cuenta Gravert.

“Y mi impresión es que más hombres que mujeres se equivocan (al desplazarse por los mismos)”, destaca.

La brecha de género también se ha observado en otros países durante epidemias anteriores.

Por ejemplo, un estudio sobre el comportamiento de los usuarios del metro de Ciudad de México durante el brote de gripe porcina de 2009, que mató a casi 400 personas, encontró una mayor proporción de mujeres que de hombres con mascarillas.

También hay diferencias de género incluso en los países asiáticos donde usar máscaras faciales es una norma social ampliamente establecida y ampliamente observada.

Y la mayor reticencia masculina no es algo reciente: durante la pandemia de gripe de 1918 que mató a decenas de millones de personas, los hombres y los niños fueron el principal blanco de las campañas de salud pública que recomendaban el uso de mascarillas.

¿Hombres menos cuidadosos?

Junto con el trabajo académico mencionado por Christina Gravert, la vida real también parece confirmar constantemente la percepción de que los hombres son menos cuidadosos.

Los proveedores de seguros de automóviles, por ejemplo, han cobrado históricamente a las mujeres primas más bajas, porque los hombres están detrás de la mayoría de los accidentes de tránsito en todo el mundo (aunque también es cierto que el mundo tiene más conductores masculinos que femeninos).

Otro ejemplo curioso es el llamado Premio Darwin, que destaca las muertes más absurdas (y evitables): de 1995 a 2014 casi el 90% de los “ganadores” fueron hombres.

Hombre lee el periódico en las vías del tren

Getty Images
Numerosos estudios indican que los hombres toman más riesgos.

E incluso el investigador Valerio Capraro, admite haber sido negligente en el uso de mascarillas faciales.

“Solo comencé a usar una hace unos meses, cuando fui de viaje a Italia, donde el uso de mascarillas es obligatorio en una serie de situaciones”, admite.

Capraro ahora cree que hacer que las máscaras sean obligatorias hará que más hombres sigan los consejos de salud pública.

“Los estudios han demostrado que la diferencia de género casi desaparece en los lugares en los que es obligatorio cubrirse la cara”, destaca.

Christine Gravert, sin embargo, ve más potencial en campañas de concientización dirigidas al público masculino.

Mascarilla abandonada

Getty Images
Para hacer que más hombres utilicen mascarillas los expertos recomiendan campañas dirigidas y regulaciones más estrictas.

“Si el problema es el exceso de confianza, podría ayudar a que los hombres conozcan las estadísticas y mostrarles que sufren más de covid que las mujeres”, explica.

“Y si tomamos en serio que los hombres son en promedio menos altruistas y más egoístas, entonces la comunicación debería centrarse menos en proteger a los demás y más en protegerse a uno mismo”, dice la experta.

Un final feliz

También hay evidencia de que la presión de grupo puede funcionar, como lo muestra la historia de Eduardo y Mónica, la pareja dividida por una máscara facial.

Después de darle un ultimátum a su esposo, Mónica vio un cambio radical que se tradujo en un final feliz: Eduardo lleva una mascarilla desde hace un tiempo.

“Todavía pienso que mi esposo cree que un hombre sano como él no se enfermará“, dice Mónica.

“Pero ahora es bastante consciente de que sus buenas acciones protegerán a su familia”, concluye.

* Los nombres de Mónica y Eduardo fueron cambiados a solicitud de la entrevistada.

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