Si un microchip bajo la piel fuera la llave de tu casa y tu tarjeta de crédito, ¿vivirías tranquilo?
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync

Si un microchip bajo la piel fuera la llave de tu casa y tu tarjeta de crédito, ¿vivirías tranquilo?

Algunos 'cyborgs' ya se han implantado microchips para controlar su vida diaria con un ligero movimiento de mano. Amal Graafstra es uno de los aventureros tecnológicos convencidos de que estos implantes, utilizados desde hace años en las mascotas, son el siguiente paso en la evolución humana. ¿Atacarán los ladrones del futuro la información que escondemos en las manos?
11 de septiembre, 2014
Comparte
Radiografía de las manos de Amal Graafstra, que lleva un microchip en cada una. Foto: ElDiario.es.

Radiografía de las manos de Amal Graafstra, que lleva un microchip en cada una. Foto: ElDiario.es.

Las llaves de casa o del coche, la contraseña del ordenador, el PIN del móvil, el abono transporte e incluso la tarjeta de crédito podrían ocupar un espacio más reducido: una cápsula del tamaño de un grano de arroz que alojaríamos cómodamente en nuestra mano.

Solo nos hace falta una etiqueta de identificación por radiofrecuencia (RFID, ‘Radio Frequency Identification’) que se situaría en la unión interdigital entre el dedo pulgar e índice, un lector que convertiría las ondas de radio transmitidas desde el microchip en información digital, una aguja hipodérmica y pocos reparos morales a la hora de convertir nuestro cuerpo en un bolsillo tecnológico. Desde que en la II Guerra Mundial los británicos desarrollaran la tecnología RFID para distinguir los aviones aliados de los enemigos, se han multiplicado sus aplicaciones logísticas (desde el control y seguimiento de prendas de ropa al de medicamentos).

Uno de los usos más extendidos es la implantación en los seres vivos: las mascotas portan estos microchips para su identificación. Perros y gatos disfrutan ya de las ventajas de llevar una etiqueta RFID subcutánea, sin que ningún dueño piense que su amigo más fiel se ha convertido, en realidad, en un ‘cyborg’.

Implantes para usos médicos… o para pases VIP

Kevin Warwick, profesor de cibernética en la Universidad de Reading (Reino Unido), decidió dejar de ser un limitado mortal en 1998. “Nací humano, pero fue por un accidente del destino, una condición simplemente de tiempo y lugar. Creo que es algo que tenemos el poder de cambiar”. El científico se implantó un microchip en el brazo con el que abría las puertas y encendía la luz o la calefacción. En 2002 dio un paso más allá: una interfaz neuronal implantada en su sistema nervioso le permitía controlar un brazo robótico.

El profesor Kevin Warwick y su brazo robótico. Foto: ElDiario.es.

El profesor Kevin Warwick y su brazo robótico. Foto: ElDiario.es.

En 2004, la autoridad que regula los alimentos y medicamentos en Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) aprobó la utilización del VeriChip, el primer implante en humanos de la tecnología RFID. Testado en 200 personas con Alzheimer, el dispositivo nacía con el fin de recoger la información médica de pacientes en situación de emergencia (inconscientes o incapaces de comunicarse). Cada microchip contenía datos de su portador y cuando era interrogado por el lector, respondía con un identificador único de 16 dígitos asociado a la base de datos del hospital.

Otras ingeniosas mentes dieron usos distintos al VeriChip. También en 2004, una discoteca de Barcelona, Baja Beach Club , ofreció a sus clientes VIP la implantación de estos dispositivospara el acceso a zonas exclusivas e incluso para el pago de las consumiciones. Conrad Chase, el gerente de la discoteca, quería “ofrecer un mejor servicio y entretenimiento” por 125 euros. Elreportero de la BBC Simon Morton acudió a la discoteca y, ni corto ni perezoso, se implantó el chip. Aseguró que era un proceso rápido e indoloro.

En 2006, Citywatcher.com, una compañía de videovigilancia de Ohio, se convirtió en la primera empresa que comenzó a utilizar los VeriChip para el control de sus empleados. Eso sí, era un método voluntario.

Los microchips y el 666

El VeriChip, esa pequeña cápsula de vidrio de 11 mm de largo y 2 mm de diámetro, pronto alcanzó la fama, principalmente por las críticas que recibió. Científicos como Kenneth R. Foster, profesor de bioingeniería en la Universidad de Pensilvania, destacaban los innegables beneficios del VeriChip para la salud y la seguridad, aunque al mismo tiempo defendían el derecho a la integridad del cuerpo.

Un grupo de ciudadanos formaron el colectivo de los Antichips, clamando contra la invasión de la privacidad y el ‘branding’ humano que a su juicio suponía esta tecnología. En 2004, la FDA advirtió de los riesgos asociados al VeriChip, como la reacción adversa, la posible inseguridad de la información o los potenciales errores de la etiqueta RFID. El estado de California prohibió la implantación forzosa de microchips en humanos.

El ataque más furibundo contra esta tecnología proviene de la identificación del microchip con la “marca de la bestia” y el número 666 según el Libro del Apocalipsis, por versículos como los que transcribimos: “Un tercer ángel los siguió, diciendo con fuerte voz: si alguno adora a la Bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, tendrá que beber también del vino del furor de Dios, que está preparado, puro, en la copa de su cólera” (14: 9-10). Los microchips serían esa diabólica marca en las extremidades del homo sapiens.

Radiografía de las manos de Amal Graafstra, que lleva un microchip en cada una. Foto: ElDiario.es.

Radiografía de las manos de Amal Graafstra, que lleva un microchip en cada una. Foto: ElDiario.es.

Para algunos el cuerpo es un templo sagrado. Para otros, un campo de experimentación. Nancy Nisbet, una artista canadiense, se implantó en 2002 un microchip para explorar las relaciones entre la identidad y la tecnología en la era digital. Jonathan Oxer, un programador afincado en Australia, se implantó en 2006 un microchip para abrir las puertas de casa. Le gusta que le llamen ‘ cyborg’ en proceso. El estadounidense Mikey Sklar reconoce que lo menos importante es la utilidad del dispositivo: lo que quiere realmente es aprender sobre RFID a un nivel más profundo.

Amal Graafstra es uno de los aventureros tecnológicos más famosos. Amal tiene un implante en cada mano desde 2005. En la derecha, tiene una etiqueta RFID regrabable con la que puede descargarse información o subirla a través de su móvil. Con la izquierda,   abre las puertas de su casa en Seattle, enciende el teléfono, introduce la contraseña del ordenador o arranca el coche o la moto. Sus últimos avances, compartir vídeos de Youtube o páginas de Facebook.

Graafstra se ha convertido en un auténtico predicador del ‘biohacking’, término que utiliza para explicar el que, en su opinión, es el siguiente paso en la evolución humana. Defensor del hazlo tú mismo, ha escrito un libro, ‘RFID Toys’, en el que explica paso a paso cómo implantarse un microchip. Incluso ha creado una empresa, Dangerous Things (Cosas Peligrosas en español) para la venta de estos implantes. En la página web también se ofrecen tutoriales y consultas telefónicas para los que quieran imitar su particular modo de vida.

El estadounidense conocía a un médico que le implantó uno de sus microchips con la ayuda de la aguja de un veterinario. Ahora él mismo se dedica a la noble tarea de ‘chipear’ a quien lo desee en estaciones de modificación humana al aire libre. Por el dolor no hay que preocuparse demasiado. Según su testimonio, es similar al de ponerse un ‘piercing’. Además, solo son necesarios entre 5 y 10 segundos para la inyección del microchip. Para quien quiera contemplar la sencillez del proceso recomendamos estas imágenes, no aptos para hematófobos.

Si te disgusta el sencillo proceso quirúrgico, lo que sí puede interesarte es el precio. Pedro Peris, profesor del Departamento de Informática de la Universidad Carlos III de Madrid, nos explica que es una tecnología asequible: “el coste de un ‘tag’ o etiqueta RFID varía desde unos céntimos hasta 1 o 2 euros”. Podríamos adquirir el lector y unas tarjetas RFID por entre 30 y 40 euros, teniendo además en cuenta que al ser etiquetas pasivas (no tienen batería, solo se activan al ser leídas), duran mucho tiempo.

Amal Graafstra creó en una iniciativa en la plataforma de ‘crowfunding’ Indiegogo con el objetivo de recaudar 8.000 dólares para la producción de sus microchips xNT, basados en la tecnología NFC (‘Near Field Communication’) compatible con móviles y ‘tablets’. Ha recaudado 30.000 dólares. La etiqueta y el kit de implantación de Dangerous Things cuestan 99 dólares (unos 75 euros) y un dispositivo de lectura y escritura compatible con Arduino, 29 dólares (unos 22 euros). Según el estadounidense, unas 1.000 personas ya se han implantado sus microchips.

Amal Graafstra implanta microchips en una estación al aire libre. Foto: ElDiario.es.

Amal Graafstra implanta microchips en una estación al aire libre. Foto: ElDiario.es.

Entrar al metro sin abono

En la actualidad, la tecnología NFC, un subconjunto de RFID que limita el rango de alcance de la señal a unos 10 centímetros, se utiliza ya en los pasaportes electrónicos y también como medio de pago en lo que se conoce como “pago sin contacto”. Algunas tarjetas de crédito ya han incorporado esta tecnología, así como las tarjetas de abono transporte que ya han llegado a Madrid. Apple acaba de subirse al carro con su nuevo servicio Pay

La cuestión es, ¿podríamos implantarnos nuestro abono? No conocemos a nadie que lo haya hecho, pero sí a alguien que quiere hacerlo. El periodista Frank Swain publicó un videotutorial explicando cómo extraer la etiqueta RFID de la tarjeta Oyster para el transporte londinense. Algunos fans tomaron ejemplo y colocaron sus etiquetas en pulseras, anillos, varitas mágicas o frutas.

La próxima meta para Swain es implantarse su Oyster. Según relata en un artículo en la BBC, ya ha conseguido a un exmilitar de los Reales Marines dispuesto a convertir su mano en un novedoso ticket de metro, pero aún no dispone de la silicona adecuada para recubrir el microchip y evitar una reacción negativa de su cuerpo. El intrépido periodista cree que en un futuro todo lo que nos rodea será accesible con un microchip RFID. “Si ese día llega, no puedo pensar en un lugar más seguro que dentro de mi propio cuerpo”, asegura.

¿Ladrones de manos?

Uno de los temas que más preocupa con cada nuevo avance tecnológico es la seguridad. ¿Podrán controlarnos a través de nuestro implante? El experto en temas de criptografía y seguridad Pedro Peris destaca que no podemos estar localizados con los microchips: no tienen un GPS. A diferencia de los móviles, con los que sí estamos ubicados, las etiquetas RFID solo pueden ser interrogadas por un lector a pocos centímetros de distancia, por lo que tendría que haber lectores adecuados para escanear esas etiquetas por todas partes registrando nuestros movimientos.

Una de las causas del fracaso del VeriChip fue precisamente la seguridad. En 2006, Annalee Newitz y Jonathan Westhues clonaron la información del VeriChip alojado en Newitz, robando la clave ID a través de un lector. Westhues explicó en su página web el proceso para todos aquellos que quisieran aprender cómo clonar un VeriChip con un lector común, duplicando la ID.

Pedro Peris nos explica que, en el caso del VeriChip, no se incorporó ningún estándar de seguridad para proteger la ID, por lo que, si la etiqueta no soporta ninguna medida de seguridad y contesta ante un lector (muy cercano) que la interrogue, un atacante podría clonar la respuesta. Además, si la etiqueta responde siempre con la misma ID, se podría obtener la trazabilidad de su portador. Pero el VeriChip nació para albergar información médica, por lo que en principio no requería ningún estándar de seguridad: solo era un inocente número asociado a una base de datos.

Mark Roberti, editor de RFID Journal, considera que un ingeniero con conocimientos de radiofrecuencia podría crear un dispositivo para imitar las ondas de radio de un microchip específico, aunque cree que engañar a alguien a pocos centímetros de distancia es complicado.

Una etiqueta RFID de tan solo unos milímetros. Foto: ElDiario.es.

Una etiqueta RFID de tan solo unos milímetros. Foto: ElDiario.es.

En 2009, el profesor británico Mark Gasson, investigador y colega en la Universidad de Reading de Kevin Warwick (aquel primer ‘cyborg’), se convirtió también en pionero. Fue elprimer hombre con un virus informático dentro de su cuerpo. El científico se infectó a propósito para probar su funcionamiento. Cuando usó el microchip de su mano para entrar en un edificio, el virus se transfirió y corrompió el sistema informático.

Pese a que Gasson pretendía probar los límites de la tecnología RFID, está convencido de quelos implantes se convertirán en una tecnología no opcional, al igual que el móvil, y destaca que la cirugía estética está ampliamente aceptada pese a utilizar también procedimientos invasivos con el cuerpo humano.

Amal Graafstra, por su parte, defiende que el microchip es más seguro que una llave física, según ha explicado a HojaDeRouter.com. “No puedes perder un microchip y es muy difícil de copiar o robar. Ofrece un sistema donde cada llave para una puerta es única, mientras que una llave física se puede copiar o distribuir”. Graafstra señala que, ante un posible ataque, los hipotéticos ladrones tendrían que conocer además dónde vive. “Hay formas más sencillas de robarme, como romper mi ventana”, subraya.

El fundador de Dangerous Things nos explica que el método de robo sería la emulación: se lee la etiqueta y después un circuito especial emula ser esa etiqueta por un tiempo. Sin embargo, nos puntualiza que su tag implantable xNT “está protegido con una contraseña, lo que hará que la lectura sea imposible sin ella”.

El investigador Pedro Peris asegura que “la solución para no caer en el alarmismo es dotar a las etiquetas de mecanismos de seguridad basados en criptografía estándar”. Protocolos de autenticación en los que tanto la etiqueta como el lector verifican la identidad de la otra parte probando que ambos conocen un secreto común, por ejemplo, una clave. Peris compara la seguridad del microchip con la de una bicicleta: si la dejas en la puerta de casa sin candado pueden robártela. Cuanto más seguro sea el candado, más difícil será que te la roben.

Según el profesor de la Universidad Carlos III, la seguridad de una tarjeta de crédito RFID no depende de si la llevamos fuera o dentro de nuestra mano, sino de los mecanismos de seguridad que soporte la tarjeta, y existen suficientes para que atacarla sea prácticamente imposible. Amal Graafstra no cree que los implantes vayan a ser usados como medio de pago y añade que “el robo de información a gran escala del público general no proporcionará ninguna información útil… solo números aleatorios y sin conexión”.

¿Y el robo físico del microchip? Aunque se presenta como la alternativa menos sensata, hay que matizar que los microchips se pueden extraer del cuerpo a través de una pequeña cirugía que podrían realizar un doctor e incluso un tatuador provisto de un bisturí, según nos explica Graafstra.

Amal Graafstra provisto de una aguja hipodérmica. Foto: ElDiario.es.

Amal Graafstra provisto de una aguja hipodérmica. Foto: ElDiario.es.

¿Conservadurismo cibernético?

Aunque en los primeros años de este milenio se vivió un ‘boom’ de los implantes RFID, no se han convertido, por el momento, en una moda. El investigador Pedro Peris cree que somos reacios a incorporar la tecnología a nuestro cuerpo. Parece más probable que llevemos la tarjeta de crédito en nuestro móvil a que nos decidamos a llevarla oculta bajo nuestra piel. En España, hay un vacío legal sobre los implantes RFID en humanos. Solo el Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación (INTECO) ha señalado que su uso será beneficioso siempre que se asegure su correcta utilización.

El editor de de RFID Journal, Mark Roberti, asegura que nadie ha denunciado hasta la fechaque le hayan implantado un microchip contra su voluntad. Un alivio. Aunque si perteneces a ese alto porcentaje de humanos desconfiados de las bondades de la tecnología RFID, y rechazas la útil idea de vaciar definitivamente sus bolsillos instalando un pequeño dispositivo en tu delicado tejido subcutáneo, cabe un último apunte para tu reflexión personal: si ahora mismo tuvieras un microchip bajo la piel, ni siquiera lo sabrías.

—————————–

Las imágenes de este reportaje son propiedad, por orden de aparición, de Amal Graafstra, Lwp KommunikációRatha Grimes y Dana Gordon

Lea la nota original en ElDiario.es.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

COVID: cómo envejece nuestro sistema inmunitario y cómo podemos frenar ese proceso

Cuando nos volvemos mayores, nuestro cuerpo ya no produce tantas células cruciales para el buen funcionamiento del sistema inmunitario, y muchas de ellas se comportan de manera errática. Pero tú puedes compensar el paso de los años con acciones muy simples para mantenerlo en buena forma.
24 de diciembre, 2020
Comparte

El sistema inmunitario ha cobrado un protagonismo inesperado en medio de la pandemia de covid-19.

No es para menos. Esta compleja red de células, tejidos y órganos es el arma principal que tiene nuestro organismo para defenderse del SARS-CoV-2, el nuevo coronavirus causante de esta enfermedad.

Al igual que cualquier otra parte del cuerpo, el sistema inmune envejece con los años, y esto nos deja más vulnerables a las infecciones, al cáncer y a todo tipo de enfermedades.

Esta es una de las razones —además de la prevalencia de enfermedades preexistentes— por la que las personas mayores de 65 años corren más riesgo de contagiarse de covid y desarrollar una forma más virulenta de la enfermedad.

Sin embargo, la edad del sistema inmunitario no coincide necesariamente con la edad cronológica. Y en la medida en que nos volvemos mayores, esta discrepancia puede hacerse aún más amplia.

“Podemos tener individuos que cronológicamente tienen 80 años y un sistema inmune que parece de una persona de 62 años. O todo lo contrario: una persona de 60 años cuyo sistema inmune parece el de una persona de una edad mucho más avanzada”, le explica a BBC Mundo Shai Shen-Orr, inmunólogo del Instituto de Tecnología de Israel Technion.

Lo interesante, además, es que podemos que ralentizar su envejecimiento (o, posiblemente, revertir su edad) siguiendo una serie de pasos simples.

Pero antes de ver cómo lograrlo, recordemos cómo funciona y cómo y qué se deteriora con la edad.

Menos células B y T

El sistema inmune tiene dos brazos, cada uno de ellos compuesto por distintos tipos de células.

Por un lado está la llamada respuesta innata, que es la primera línea de defensa que se activa casi de forma inmediata cuando detecta la presencia de un organismo extraño.

Gráfico

Getty Images
Todo lo que podamos hacer para mantener la salud inmunitaria ayuda en la lucha contra la covid-19.

Esta respuesta contiene “neutrófilos, que atacan sobre todo bacterias; monocitos, que ayudan a organizar al sistema inmune, alertando a otras células inmunitarias de que hay una infección, y luego están las NK (o células asesinas), cuyo trabajo es combatir virus o cáncer. Estas tres células no funcionan tan bien cuando nos hacemos mayores”, le explica a BBC Mundo Janet Lord, directora del Instituto de Inflamación y Envejecimiento de la Universidad de Birmingham, en Reino Unido.

Por otro lado está la respuesta adaptativa, compuesta por linfocitos T y B que combaten a un patógeno específico. Esta respuesta tarda unos días en activarse, pero una vez que lo hace, recordará al patógeno para el futuro y lo combatirá otra vez, si vuelve a aparecer.

“Cuando envejeces, produces menos nuevos linfocitos, que son los que necesitas para combatir una infección nueva como el SARS-CoV-2″, señala Lord.

“E incluso los que tu cuerpo creó en el pasado, para combatir otra infección, tampoco funcionan muy bien”, añade.

Es decir, el envejecimiento provoca un declive en todas las funciones del sistema inmune.

La respuesta innata produce un poco más de células pero estas no funcionan tan bien, y la respuesta adaptativa produce menos linfocitos B (que se fabrican en la médula ósea y se encargan de producir anticuerpos) y menos linfocitos T (que se producen en el timo e identifican y matan a patógenos o células infectadas).

La disminución de células T se debe a que “el timo comienza a encogerse a los 20 años de edad. Se hace cada vez más pequeñito y cuando llegas a los 65 o 70 años, solo queda un 3% de él (en el cuerpo)”, dice Lord.

La pérdida de las células que guardan la memoria de los patógenos hace que al envejecer no solo perdamos la capacidad de responder a una infección, sino también a las vacunas que las previenen.

Gente caminando

Getty Images
Caminar es un ejercicio simple al alcance de todos.

En el caso de la vacuna contra la gripe, por ejemplo, “el 40% de los adultos mayores de 65 años no genera una respuesta a la vacuna”, comenta Shen-Orr.

Otro problema es que la edad genera más inflamación en la sangre y en los tejidos, algo que en inglés se conoce como inflammaging (una combinación de las palabras inflamation y envejecimiento, ageing).

“Además de no funcionar de forma óptima, las células del sistema inmune tienden a causar inflamación, algo que da lugar a numerosas enfermedades”, explica Lord.

Todos estos cambios que se producen a medida que nos volvemos más viejos, “hacen que nos cueste más recuperarnos de una infección o una herida, y que algunas infecciones se puedan tornar crónicas”, le dice a BBC Mundo Encarnación Montecino, investigadora de la Universidad de California, en Estados Unidos.

“Infecciones que estaban bajo control pueden reaparecer (como el herpes zóster, o la tuberculosis), aumenta la susceptibilidad a nuevos patógenos (gripe, neumonía) y la incidencia de cáncer”, agrega.

No siempre es cuestión de edad

Si bien con el avance de los años todos sufrimos un deterioro cuya trayectoria es previsible, lo que varía enormemente es el ritmo en que lo hace cada individuo, influido por la genética, pero también —y en una gran medida— por el estilo de vida.

Hasta hace poco no era posible determinar la edad inmunitaria, pero las investigaciones de Shen-Orr y su equipo, en colaboración con la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, lograron crear un método para obtener esta información, crucial para llegar a tratamientos acertados.

“Analizando la composición de 18 tipos de células del sistema inmune y la expresión de los genes en una muestra de sangre, podemos establecer en qué estadio del proceso de envejecimiento se encuentra el sistema inmunitario de una persona”, explica Shen-Orr.

La variación en la velocidad del proceso de deterioro también se vincula a la diferencia de género.

“Mientras que los dos sexos sufren el envejecimiento, debido a los efectos específicos de las hormonas sexuales, algunos de los parámetros envejecen a ritmos distintos en hombres y mujeres”, señala Montecino.

Por ejemplo, en las mujeres “la menopausia produce una nivelación de los efectos protectores del estrógeno”.

A levantarse de la silla

La buena noticia, como mencionamos en el principio es que el proceso de envejecimiento puede ralentizarse.

La clave está en mantenerse físicamente activo: “hoy día permanecer mucho tiempo sentado, es para el organismo lo que antes era fumar”, explica Lord, comparándolo con este hábito que mucha gente ya ha abandonado.

“En estudios con personas que se mantuvieron activas desde que eran jóvenes hasta la tercera edad —ciclistas de hasta 80 años que continuaron haciendo 100 km o 150 km a la semana— los resultados fueron increíbles”, dice Lord.

Hombre sentado en el sofá mirando la TV

Getty Images
Pasar demasiadas horas sentados es pésimo, dice Lord.

“Tenían muchas células T y el timo no se había encogido“.

“En otro estudio que monitoreó el número de pasos al día, encontró que si haces 10.000, tus neutrófilos parecen los de una persona de 20 años”.

“Yo pensaba que esa cifra era un invento de las personas que vendían dispositivos para medirlos, pero cuando hicimos el estudio me quedé totalmente sorprendida”, confiesa Lord.

Todo depende del estado físico del que uno parta, pero básicamente es hacer ejercicios simples como pararse y subir y bajar en puntas de pie, subir escaleras y levantar un poco de peso con los brazos si uno es mayor o no está en buen estado físico, y hacer ejercicio intenso por lapsos de tiempo breve, si uno está en forma.

“Simplemente haz algo. Todo lo que puedas hacer ayuda”.

Volver al pasado

Una cosa es disminuir el ritmo de envejecimiento y otra es revertir el proceso.

¿Es posible?

Los análisis llevados a cabo por la investigadora de Birmingham y su equipo no se han centrado en eso, pero Lord señala que un estudio pequeño (con 12 participantes) publicado el año pasado mostró, por primera vez, que suministrando tres drogas diferentes se pudo revertir la edad inmunitaria y la edad biológica en 2 años.

Ciclista

Getty Images
Uno de los estudios de Birmingham mostró que ciclistas mayores que seguían manteniéndose activos tenían un sistema inmune de una persona joven.

Shen-Orr menciona un estudio sobre una droga en la que él y su equipo están trabajando pero cuyos resultados aún no se han publicado, que también muestra que la reversión es posible.

“Vimos una reducción (de la edad inmunitaria), pero no sabemos aún si esta se va a mantener de forma permanente”, señala.

Pero detener el deterioro es un paso más que importante.

Otros factores que pueden ayudar en este sentido son una dieta variada, rica en fibra, con alimentos fermentados y poca carne roja para mantener la salud de la microbiota intestinal (un campo de investigación que aún está en su infancia), y un sueño óptimo de alrededor de 6 horas y media o 7.


Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=DuMVeWY6gZU

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.