Video de Estado Islámico muestra presunta decapitación de otro periodista de EU
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Video de Estado Islámico muestra presunta decapitación de otro periodista de EU

Steven Sotloff, de 31 años, desapareció en Siria en 2013 y el pasado 19 de agosto apareció al final del video que reveló la muerte de su colega, James Foley. Aunque las imágenes fueron calificadas por Estados Unidos como un repugnante acto de brutalidad, según el portavoz de la Casa Blanca, no se puede confirmar su autenticidad de forma inmediata.
2 de septiembre, 2014
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Foto: AP

Foto: AP

Un video del grupo yihadista Estado Islámico (EI) divulgado este martes muestra la presunta decapitación de otro periodista, el también estadounidense Steven Sotloff.

Sotloff, de 31 años, desapareció en Siria en 2013 y el pasado 19 de agosto apareció al final del video que reveló la muerte de su colega, James Foley.

En esa ocasión, un militante encapuchado lo amenazaba con un cuchillo y advertía que su vida dependía de las decisiones que tomara el mandatario estadounidense Barack Obama respecto a Irak, donde ha estado bombardeando desde comienzos de agosto.

Las imágenes, calificadas por Estados Unidos como un repugnante acto de brutalidad, y de las que según la Casa Blanca, no se puede confirmar su autenticidad de forma inmediata, fueron difundidas días después de que la madre de Sotloff pidiera que le perdonaran la vida, de acuerdo con AP.

Barak Barfi, vocero de la familia Sotloff, dijo quen éstos habían visto el video pero que las autoridades no han confirmado su autenticidad. “La familia sabe de esta horrible tragedia y lleva el duelo en forma privada. No habrá comentarios de la familia en estos momentos difíciles“, dijo Barfi.

En tanto, el portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest, dijo que el video tendría que ser cuidadosamente analizado y añadió que el gobierno estadounidense acompaña a la familia de Sotloff con el pensamiento y las oraciones.

Estados Unidos ha dispuesto recursos para tratar de rescatar a Sotloff. No estoy en una posición de confirmar los informes, pero si ha sido publicado un video, será analizado con mucho cuidado por el gobierno y los funcionarios de inteligencia para determinar su autenticidad“, agregó Earnest.

El video

En el video, titulado “Un segundo mensaje a Estados Unidos” supuestamente aparece el reportero arrodillado junto a un hombre enmascarado y armado con un cuchillo, quien describe sus acciones como una respuesta a los ataques aéreos de Washington contra EI.

Estoy de vuelta, Obama, por su política exterior arrogante contra Estado Islámico…a pesar de nuestras advertencias serias“, dice el hombre.

Aprovechamos esta oportunidad para advertirles a esos gobiernos que entren en esta alianza malvada con Estados Unidos contra Estado Islámico que se retiren y dejen a nuestra gente tranquila“, comenta.

El video termina con el militante amenazando a una persona cautiva que aparentemente es británica, llamado David Cawthorne Haines. Por el video no queda claro de inmediato quién es Haines, aunque de acuerdo con El Huffington Post se trata de un rehén.

Secuestrado en Siria

La portavoz del Departamento de Estado, Jen Psaki, también pidió cautela, pues el video “no ha sido confirmado a través de los procesos apropiados“.

Por su parte, el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, a través de un comunicado, resaltó que si es auténtico, “estaremos horrorizados por la muerte brutal de un periodista estadounidense inocente“.

El corresponsal de BBC Mundo en Washington, Thomas Sparrow, explica que si se confirma la autenticidad del video, la Casa Blanca se podría ver presionada aún más para fortalecer sus operaciones contra Estado Islámico, al que el gobierno ha estado describiendo como una amenaza regional.

“Desde la muerte de Foley, el gobierno se ha mostrado reacio a involucrarse más de la cuenta en Siria, donde también opera el grupo, pero la posible confirmación de la muerte de Sotloff podría empujar la balanza y convencer a Obama de la necesidad de atacar también en ese país”, agrega.

Hasta el momento, Estados Unidos ha definido su estrategia en la región como una de carácter limitado y basada en la autorización del gobierno de Irak y la cooperación con los peshmergas kurdos, que también se oponen a EI.

Desde que el presidente Obama autorizó las operaciones, a principios de agosto, el Comando Central de las Fuerzas Militares ha realizado al menos 123 ataques aéreos, la mayoría de ellos para retomar el control de la principal represa del país, la de Mosul.

¿Quién es el periodista que el Estado Islámico dice haber asesinado?

Steven Sotloff nació hace 31 años en Miami, Florida, y estudió periodismo en la Universidad Central de Florida.

Viajero y reportero autónomo para medios como Time, Foreign Policy o National Interest entre otras publicaciones, su última residencia estable la tenía en Bengasi, Libia, desde donde se trasladó a Siria en una asignación de trabajo a finales de julio de 2013.

Sotloff llevaba tiempo fuera de Estados Unidos. Una de sus amigas, Anne Marloe, escribió en Twitter que el periodista vivió años en Yemen, tenía un buen conocimiento del árabe y adoraba el Islam.

En julio de 2013 narró desde Egipto los acontecimientos que siguieron al derrocamiento del entonces presidente Mohamed Morsi por parte del ejército, y durante los meses anteriores siguió de cerca el desarrollo de la guerra civil en Siria y la situación en Libia.

El último artículo que publicó en Time tiene fecha de 26 de noviembre de 2012 y trataba sobre “La nueva crisis de Libia.

Sotloff solía compartir en redes sociales las imágenes que capturaba durante sus estancias en los distintos países de la región, fotografías en las que predominan las personas comunes y corrientes que se encontraba a su paso.

Muchos de los casos de periodistas capturados en Siria, bien por fuerzas leales al régimen del presidente Bashar al Asad o por alguno de los grupos rebeldes que lo combaten, se manejan en privado, por recomendación de las autoridades.

El nombre de James Foley era más conocido que el de Sotloff, si bien en el caso de Foley hubo también mucha prudencia y confidencialidad en cuanto a las gestiones que se abordaron para lograr su liberación, de las que poco a poco comienzan a conocerse algunos detalles.

Con información de BBC MundoAP El Huffington Post.

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Por qué hace 100 años muchos en EU se negaron a usar cubrebocas contra la gripe española

En el peor momento de la gripe española de 1918 muchos estadounidenses se negaron a usar tapabocas, algo que también está sucediendo este 2020 con la pandemia de covid-19.
9 de agosto, 2020
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Manifestación en Estados Unidos contra el uso de mascarillas

Getty Images
Durante la pandemia de covid-19, se han organizado manifestaciones en contra del uso de mascarillas en Estados Unidos.

Todos hemos visto los titulares alarmantes: los casos de coronavirus están aumentando en 40 estados de Estados Unidos, con nuevos fallecimientos y tasas de hospitalización aumentando a un ritmo alarmante.

Los funcionarios de salud advirtieron que EE.UU. debe actuar rápidamente para detener la propagación o se correrá el riesgo de perder el control sobre la pandemia.

Para controlarlo existe un claro consenso de que se deben usar mascarillas en público y practicar el distanciamiento social.

Si bien la mayoría de los estadounidenses apoyan el uso de tapabocas, el cumplimiento generalizado y constante ha resultado difícil de mantener en las comunidades de todo el país.

Manifestantes se reunieron frente a los ayuntamientos de la ciudad de Scottsdale, Arizona; Austin, Texas; y otras ciudades para protestar contra los mandatos locales respecto a las mascarillas.

Varios alguaciles del estado de Washington y de Carolina del Norte han anunciado que no harán cumplir las normativas de uso.

He investigado extensamente la historia de la pandemia de 1918.

En ese momento, sin vacunas o terapias farmacológicas efectivas, las comunidades de todo el país instituyeron una serie de medidas de salud pública para frenar la propagación de una epidemia de influenza mortal: cerraron escuelas y negocios, prohibieron reuniones públicas y aislaron y pusieron en cuarentena a los infectados.

Titulares de periódicos de Chicago relacionados con la pandemia de gripe española

Getty Images
Titulares de periódicos de Chicago relacionados con la pandemia de gripe española que incluyen: “Redadas policiales en bares en la guerra contra la influenza”, “Toque de queda en la ciudad” y “Quien estornude sin taparse será detenido”.

Muchas comunidades recomendaron o exigieron que los ciudadanos usaran mascarillas en público, y eso, no los onerosos encierros, fue lo que provocó la mayor ira.

Por la patria

A mediados de octubre de 1918, en medio de una terrible epidemia en el noreste y brotes de rápido crecimiento en todo el país, el Servicio de Salud Pública de Estados Unidos distribuyó folletos recomendando que todos los ciudadanos usaran tapabocas.

La Cruz Roja sacó anuncios en los periódicos alentando su uso y ofreció instrucciones sobre cómo fabricar mascarillas en casa con gasa e hilo de algodón.

Algunos departamentos de salud estatales lanzaron sus propias iniciativas, sobre todo California, Utah y Washington.

En todo el país, los carteles presentaban el uso de mascarillas como un deber cívico: la responsabilidad social se había incrustado en el tejido social mediante una campaña de propaganda federal masiva en tiempos de guerra lanzada a principios de 1917, cuando Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial.

barrendero con una máscara en Nueva York

Getty Images
Siguiendo la recomendación de la Junta de Salud de Nueva York, es “Mejor ser ridículo que estar muerto”, un barrendero usa una mascarilla en octubre de 1918.

El alcalde de San Francisco, James Rolph, anunció entonces que “la conciencia, el patriotismo y la autoprotección exigen un cumplimiento inmediato y rígido” del uso de tapabocas.

En las cercanías de Oakland, el alcalde John Davie declaró que “es sensato y patriótico, sin importar cuáles sean nuestras creencias personales, proteger a nuestros conciudadanos uniéndonos a esta práctica”.

Sin orden

Los funcionarios de salud entendieron que cambiar radicalmente el comportamiento del público era una tarea difícil, especialmente porque a muchos les resultaba incómodo usar mascarillas.

Los llamamientos al patriotismo solo podían llegar hasta cierto punto.

Como señaló un funcionario de Sacramento (California), las personas “deben ser obligadas a hacer las cosas que son mejores para sus intereses”.

La Cruz Roja declaró sin rodeos que “el hombre, la mujer o el niño que no use mascarilla es ahora un negligente peligroso“.

Numerosas comunidades, particularmente en todo el Occidente del país, impusieron ordenanzas obligatorias. Algunos condenaron a los delincuentes a penas de cárcel breves y las multas oscilaron entre US$5 y US$200.

Juicio en un parque en San Francisco

Getty Images
En San Francisco,los jueces se salieron de las cortes y los juicios se hicieron al aire libre… pero sin mascarillas.

La aprobación de estas ordenanzas fue con frecuencia un asunto polémico. Por ejemplo, el director de salud de Sacramento tuvo que intentar varias veces antes de lograr convencer a los funcionarios de la ciudad de que promulgaran la normativa.

En Los Ángeles, no fue aprobada. Un proyecto de resolución en Portland, Oregón, provocó un acalorado debate en el consejo de la ciudad y un funcionario declaró la propuesta como “autocrática e inconstitucional”, y agregó: “Bajo ninguna circunstancia me pondrán un bozal como a un perro hidrófobo“. La medida no prosperó.

La junta de salud de Utah consideró emitir una orden obligatoria de mascarillas en todo el estado, pero decidió no hacerlo, argumentando que los ciudadanos sentirían una falsa seguridad y relajarían sus cuidados.

A medida que la epidemia resurgía, Oakland debatió una segunda orden de uso de tapabocas después de que el alcalde contara enojado que lo habían arrestado en Sacramento por no llevar una puesta.

Un médico prominente que asistió al debate comentó que “si un hombre de las cavernas apareciera… pensaría que los ciudadanos enmascarados son todos lunáticos“.

Con orden

En los lugares donde las órdenes de usar mascarillas se implementaron con éxito, el incumplimiento y el desafío se convirtieron rápidamente en un problema.

Barbería en Chicago en 1918

Getty Images
En Chicago, solo uno de los barberos de este local usa mascarilla, algo que, en este caso, es imposible para cualquiera de los clientes.

Muchas tiendas que no estaban dispuestas a rechazar clientela, no prohibían el ingreso a los desenmascarados.

Los trabajadores se quejaron de que los tapabocas eran demasiado incómodos para usarlos todo el día.

Una vendedora de Denver se negó porque dijo que “se le dormía la nariz” cada vez que se ponía una. Otra dijo que creía que “una autoridad superior al Departamento de Salud de Denver se ocupaba de su bienestar”.

Como lo expresó un periódico local, la orden de usar máscaras “fue casi totalmente ignorada por la gente; de hecho, la orden es motivo de burla”.

La regla fue enmendada para aplicarse solo a los conductores de tranvías, quienes luego amenazaron con hacer huelga. Se evitó una huelga cuando la ciudad flexibilizó la norma una vez más.

Denver soportó el resto de la epidemia sin ninguna medida que protegiera la salud pública.

En Seattle, por su parte, los conductores de tranvías se negaron a rechazar a los pasajeros sin tapabocas.

Un conductor de tranvía rechaza la entrada a un viajero que no usa máscara, Seattle, Washington, diciembre de 1918.

Getty Images
Un conductor de tranvía rechaza la entrada a un viajero que no usa mascarilla en Seattle, Washington, diciembre de 1918.

El incumplimiento estaba tan extendido en Oakland que los funcionarios delegaron a 300 voluntarios civiles del Servicio de Guerra para conseguir los nombres y direcciones de los infractores para que pudieran ser acusados.

Cuando entró en vigencia una orden de mascarillas en Sacramento, el jefe de policía ordenó a los oficiales: “Salgan a las calles y siempre que vean a un hombre sin tapabocas, tráiganlo o manden a buscar el carro”. En 20 minutos, las estaciones de policía se inundaron de delincuentes.

En San Francisco hubo tantos arrestos que el jefe de policía le advirtió a los funcionarios de la ciudad que se estaba quedando sin celdas en la cárcel. Los jueces y oficiales se vieron obligados a trabajar hasta altas horas de la noche y los fines de semana para despejar la acumulación de casos.

Protestas

Muchos de los que fueron sorprendidos sin mascarillas eran personas que pensaron que podían ir a hacer un mandado o al trabajo sin que los atraparan.

En San Francisco, sin embargo, el incumplimiento inicial se convirtió en un desafío a gran escala cuando la ciudad promulgó una segunda ordenanza sobre tapabocas en enero de 1919, momento en que la epidemia se disparó nuevamente.

Muchos denunciaron lo que consideraron una infracción inconstitucional de sus libertades civiles.

Policía estadounidense con máscara.

Getty Images
La decisión de arrestar a quienes no usaran mascarillas llenó las cárceles de “delincuentes”.

El 25 de enero de 1919 aproximadamente 2,000 miembros de la Liga Antimascarilla hicieron una manifestación para denunciar la ordenanza de tapabocas y proponer formas de derrocarla. Entre los asistentes se encontraban varios médicos destacados y un miembro de la Junta de Supervisores de San Francisco.

Ayer y hoy

Es difícil determinar la efectividad de las máscaras utilizadas en 1918.

Hoy en día, tenemos un creciente cuerpo de evidencia de que los revestimientos faciales de tela bien confeccionados son una herramienta eficaz para frenar la propagación del covid-19.

Sin embargo, queda por verse si los estadounidenses mantendrán el uso generalizado de mascarillas mientras la pandemia actual continúa desarrollándose.

Los ideales profundamente arraigados de la libertad individual, la falta de mensajes cohesivos y liderazgo en el uso de mascarillas y la desinformación generalizada han demostrado ser los principales obstáculos hasta ahora, precisamente cuando la crisis exige consenso y un cumplimiento generalizado.

Ese fue ciertamente el caso en muchas comunidades durante el otoño de 1918. Esa pandemia finalmente mató a unas 675,000 personas en EE.UU.

Ojalá que la historia no esté repitiéndose.


* J. Alexander Navarro es el subdirector del Centro de Historia de la Medicina de la Universidad de Michigan.

Esta nota apareció originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.

Lee la nota original en inglés aquí.

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