Sólo 4 de cada 10 mexicanos culpan al crimen organizado de las desapariciones forzadas
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Sólo 4 de cada 10 mexicanos culpan al crimen organizado de las desapariciones forzadas

Mientras que una encuesta hecha por Parametría señala también que nueve de cada diez dice que en México hay desapariciones forzadas de personas.
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Los policías municipales detenidos por la desaparición de normalistas entregaron a los jóvenes al crimen organizado. //Foto: Cuartoscuro.

De acuerdo con la encuesta nacional en vivienda realizada por Parametría, en agosto de este año, 40% de los mexicanos cuestionados señaló a las organizaciones criminales como responsables de las desapariciones forzadas de personas en el país, 14% dijo que la responsabilidad es del gobierno y el 41%, “de forma espontánea”, dijo que tanto el gobierno como las organizaciones criminales eran los responsables de dichos actos.

Llama la atención las respuestas, pues por definición —según Amnistía Internacional— se le llamará desaparición forzada “cuando una persona es detenida o secuestrada por el Estado o por agentes que actúan en su nombre, y luego se niega que la persona se encuentre detenida o se oculta su paradero, apartándola así de la protección de la ley”.

Con esto podríamos concluir que la respuesta de ese 41% a la pregunta “¿quién considera que es el principal responsable de las desapariciones forzadas en México: el gobierno o las organizaciones criminales?” es ocasionada por la experiencia, pues en México las desapariciones forzadas suelen involucrar una cooperación entre integrantes del gobierno en cooperación con integrantes del crimen organizado.

Pero, a la pregunta “¿quién podía ser acusado de la desaparición forzada de personas?”, más del 90 % señaló a los cárteles del narcotráfico y a la delincuencia organizada. Ocho de cada diez dijo que “cualquier persona que actúe fuera de la ley o la delincuencia común”. Más del 50 % dijo que la policía (66 %), cualquier grupo de personas que actúen con la autorización, el apoyo o la aprobación del Estado (65 %), el Estado (61 %), los grupos paramilitares (58 %), el Ejército (50 %) y la Marina (37%).

El tema cobra relevancia después de que el 26 de septiembre desaparecieran 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, en Guerrero. Hecho que ha provocado diversas manifestaciones en el país y en el extranjero; Human Rights Watch, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la ONU y Amnistía Internacional mostraron su preocupación por las violaciones a derechos humanos e hicieron recomendaciones en ese tenor al gobierno mexicano. Pero aclaremos: los mexicanos no desconocemos este tipo de prácticas y, de hecho, el conocimiento de este tipo de prácticas ha aumentado en la población. En una encuesta de Parametría realizada el pasado agosto, siete de cada diez dijeron conocer el concepto de desaparición forzada; mientras que “de abril de 2012 a la fecha, aumentó diez puntos el porcentaje de aquellos que señalan estar al tanto de esta práctica”, según el estudio de Parametría.

¿Usted diría que en México hay desapariciones forzadas de personas?

R= Nueve de cada diez mexicanos dijo que hay desapariciones forzadas de personas. Sólo el 3% consideró que dichas prácticas no se realizan y el 10% no supo o no contestó.

El resultado, comparado con los de la encuesta de abril de 2012, registra un aumento de cinco puntos respecto a los encuestados que dicen que en México sí existen las desapariciones forzadas de personas. Según el estudio de Parametría “estas opiniones pueden estar fundadas en la información difundida por diferentes medios de comunicación, o bien por la socialización de casos de desaparecidos a manos del gobierno, ya sea municipal, local o federal”.

De los 22 mil casos documentados de desapariciones forzadas, más de 12 mil correspoden a la administración de Felipe Calderón, mientras que en el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto se reportan más de 9 mil desapariciones forzadas de personas, informó la investigadora del Centro de Análisis Fundar, Ximena Antillón, el pasado 30 de agosto —Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas—.

De acuerdo con la encuesta de Parametría, los más vulnerables a padecer una desaparición contra su voluntad son los niñ@s (36%), en segundo lugar se ubica “cualquier [email protected]” (25%) —que hace dos años ocupaba el primer lugar con el 43%—; mientras el 20% de las menciones fue para las mujeres.

Un 7% considera que los que corren más peligro, en este tipo de casos, son los que “se oponen o critican al gobierno”; Un 6% considera que [email protected] [email protected] corren más peligro.

#ConclusiónParametría: “Los entrevistados saben que en México existe la desaparición forzada de personas y una parte importante de entrevistados considera que tanto el gobierno como las organizaciones criminales son las responsables de este delito.”

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Qué es un "bear market" como el que vive ahora la bolsa y por qué es un indicio de una crisis económica

Los mercados están a punto de entrar en "bear market", según analistas, lo que podría suponer el inicio de una nueva crisis económica.
14 de junio, 2022
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Los índices estadounidenses Dow Jones y S&P500, referentes de las tendencias en los mercados globales, han caído un 15% y casi un 20% respectivamente desde sus máximos históricos en diciembre.

A veces ocurre que las bolsas tienden a la baja por períodos limitados de tiempo: es lo que llamamos “correcciones” del mercado.

Pero ahora muchos analistas pronostican la llegada de un “bear market”, literalmente “mercado oso”, aunque en español se conoce como mercado bajista.

Se considera que hay “bear market” cuando las acciones en conjunto pierden más del 20% de valor en bolsa respecto a su cota más alta más reciente.

Es decir, en ese período de tiempo los inversores han vendido muchos más títulos de los que han comprado, reduciendo la capitalización de las compañías que conforman el mercado.

¿Qué nos dice de la economía?

Para interpretar la señal que nos da un “bear market” es importante saber que la bolsa es un indicador adelantado: anticipa situaciones futuras según la -acertada o equivocada- perspectiva de los inversores.

Estos observan al detalle los datos que revelan la salud de la economía (desde empleo y salarios hasta inflación y tipos de interés) para decidir qué hacen con su dinero.

Si creen que nos aproximamos a una fase de contracción económica, en la que caen los beneficios de las empresas, tenderán a desprenderse de las acciones de estas compañías antes de que pierdan aún más valor.

Así, un “bear market” suele advertir la llegada de tiempos difíciles con reducciones de la demanda de productos, de la actividad empresarial, del comercio y, en último término, del empleo.

Hombre e índices bursátiles

Getty Images

También es más fácil que se produzca un mercado bajista después de un período de crecimiento fuerte en el que se han tocado máximos muy altos.

Es el caso actual: tras los primeros meses de la pandemia, los precios de la mayoría de las acciones se dispararon, especialmente las de las tecnológicas, alcanzando niveles muy superiores a las anteriores alzas de finales de 2019.

De hecho, pese a haber perdido parte de su valor en los últimos meses y estar al borde de un “bear market”, tanto el Dow Jones como el S&P500 superan con creces sus niveles máximos anteriores a la pandemia.

¿Cuánto suele durar?

El S&P500 ha caído en “bear market” un total de 26 veces desde 1929, si bien 14 de ellas sucedieron antes de 1950, principalmente por la volatilidad propiciada por el crash del 29.

En tiempos más recientes los mercados bajistas han sido menos frecuentes y por lo general han sucedido inmediatamente antes o al inicio de épocas de crisis económica o recesión.

Fueron especialmente duros los registrados durante la crisis del petróleo, cuando el índice se desplomó un 48,2% en solo tres meses (noviembre de 1973 a marzo de 1974), y el de la crisis financiera de finales de los 2000, con una caída del 51,93% entre octubre de 2007 y noviembre de 2008.

Entre febrero y marzo de 2020 hubo un “bear market” poco habitual, muy corto y pronunciado (-33% en poco más de un mes) por el miedo de muchos inversores que retiraron en masa sus acciones al creer que la pandemia iba a provocar una debacle económica.

La duración media de los “bear markets” en el S&P500 ha sido de 289 días, con un nivel de descenso promedio del 36%, según datos de la consultora Ned Davis Research.

¿Y un “bull market”?

El término opuesto es “bull market”, literalmente “mercado toro” y en español mercado alcista.

La duración de los mercados alcistas en el S&P500 ha sido de 991 días y los beneficios del 114%, en promedio.

Bull and bear markets

Getty Images

Es habitual que los “bull markets” sean más frecuentes, prolongados y con mayores porcentajes de ganancias, en comparación con las pérdidas en los mercados bajistas.

Esto sucede porque a largo plazo la economía tiende a expandirse mientras el dinero pierde valor, lo que resulta en una trayectoria ascendente con etapas de crecimiento especialmente fuertes (“bull markets”), contracciones temporales y fases de fuertes descensos (“bear markets”) que a la larga se corrigen.

El “bull market” más largo de la historia se prolongó desde 2009 hasta 2020, con ganancias acumuladas de más del 300%.

Comprar acciones en el momento más bajo de un “bear market” y venderlas en el más alto de un “bull market” es el negocio perfecto.

El problema es que es imposible saber cuándo nos encontramos en uno de esos dos extremos.

¿Por qué un toro y un oso?

Existen varias teorías sobre por qué el toro (bull) y el oso (bear) representan los mercados alcista y bajista, respectivamente.

Una de ellas atribuye su origen a los espectáculos de peleas de animales populares en Inglaterra entre los siglos XVI y XIX.

Dos de las variantes de esa tradición (abolida por el Parlamento en 1835) consistían en enfrentar a un toro o a un oso contra jaurías de perros en un recinto cerrado.

Pelea de osos y perros o "bear baiting" en Londres en 1820

Getty Images
Pelea de osos y perros o “bear baiting” en Londres en 1820.

Los toros embestían a los perros con movimientos de cabeza de abajo hacia arriba, mientras los osos lanzaban sus zarpazos de arriba hacia abajo, por lo que los pioneros de la Bolsa de Londres (fundada en 1801) habrían incorporado estos términos a su jerga.

Otra teoría alude a la -hoy todavía usada- expresión “vender la piel del oso”, referida a intermediarios que adjudicaban pieles a clientes sin tenerlas aún en su poder.

A los “vendedores de piel de oso” se les comenzó a llamar simplemente “osos” y el término pasó a denominar un negocio con pérdidas o una tendencia bajista, mientras su opuesto sería el toro, la antítesis del oso en el ya citado espectáculo de peleas.

Otros se decantan por una explicación más sencilla: el toro es un animal que representa el vigor, la agresividad y la fuerza.

El oso, por el contrario, es tímido, parsimonioso y, sobre todo, conocido por sus largos periodos de hibernación.


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