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60% de los pacientes en México necesitan controlar un dolor, pero no tiene acceso al tratamiento
Miles de mexicanos viven y mueren con dolor porque en el país no se garantiza el acceso a medicamentos que podrían mejorar su calidad de vida. Miles de mexicanos viven y mueren con dolor porque en el país no se garantiza el acceso a los medicamentos. Pacientes con cáncer, diabetes, una persona con VIH muy avanzado, son algunos ejemplos de quienes requieren este tipo de asistencia.
Por Margarita Vega.
13 de octubre, 2014
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Miles de mexicanos viven y mueren con dolor porque en el país no se garantiza el acceso a los medicamentos que podrían mejorar su calidad de vida.

Un paciente con cáncer, un diabético recién amputado, una persona con VIH muy avanzado, son algunos ejemplos de quienes requieren este tipo de asistencia, que para el sistema de salud de México no es prioridad e incluso no está contemplado en esquemas como el Seguro Popular. Así, en muchas ocasiones las instituciones de salud se dedican a atender la enfermedad de un paciente, pero no sus consecuencias.

Javier Cárdenas sufrió durante un año y medio dolores en la pierna derecha que no lo dejaban ni pararse de la cama. Cuando fue al centro de salud cercano a su casa, en la delegación Iztapalapa, le dijeron que se le había derramado el líquido de la rodilla y lo mandaron de regreso con una caja de naproxeno, que no le sirvió de nada. Decidió entonces ir al Hospital General de Tláhuac en donde le dieron el mismo diagnóstico y le pusieron una inyección.

El doctor ni revisó las placas y me dijo que sí era la rodilla, me puso una inyección y me mandó paracetamol, para eso iba yo a la farmacia, no al hospital, una amiga me dijo que me viniera para acá (el Hospital Manuel Gea González, donde actualmente se atiende) y me dijeron que tenía artritis gotosa y me mandaron morfina con la dosis más alta, porque el dolor ya era insoportable, yo hasta pensé salirme por la puerta falsa porque ya no aguantaba, no podía trabajar, ni dormir y habías días que ni pararme de la cama, me revolcaba”, relata Javier, quien durante más de un año tomó morfina hasta que le pusieron una prótesis en la pierna derecha.

Javier forma parte de la minoría de pacientes que reciben un tratamiento adecuado para no sufrir dolor agudo. De acuerdo con Alejandro Mohar, ex director del Instituto Nacional de Cancerología y actual miembro de la Junta de Fiscalización de Estupefacientes de la ONU, se estima que en México alrededor del 60 por ciento de los pacientes que requieren tratamientos para el control del dolor, por sufrir una enfermedad crónica o terminal, no tiene acceso a ellos.

Javier, paciente que sufre el dolor de

Javier, paciente de una enfermedad dolorosa, quien no tiene acceso al medicamento adecuado.

A diferencia de otros problemas de salud, la causa de este problema no es presupuestal, pues la morfina, el medicamento más común para tratar el dolor agudo, es muy barata.

Especialistas coinciden en que el bajo acceso al control del dolor en México pasa por la sobrerregulación que dificulta el acceso a esta sustancia, pero también por el rechazo de los médicos a prescribirla por temor a que sus pacientes se vuelvan adictos, la falta de centros de atención cercanos a los pacientes, así como la escasez de profesionales de la salud capacitados.

La burocracia juega un papel importante: por los controles impuestos por la Secretaría de Salud para evitar el uso ilegal de morfina, ésta difícilmente llega a quien sí la necesita. Aunque cualquier médico puede recetarla, solo los especialistas se atreven a hacerlo y en el sector público aquellos que sufren dolor severo deben pedir una cita en un hospital de tercer nivel para acceder a medicamentos, lo que puede llevar meses.

Las recetas necesarias para prescribir estos medicamentos requieren una autorización de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) y hay al menos tres estados, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán, en donde no se recetan porque ni siquiera cuentan con las impresoras necesarias para este tipo de recetas.

Hay muchas barreras para los médicos porque está dentro del grupo uno de los medicamentos controlados (la Ley General de Salud divide a los medicamentos en seis grupos de acuerdo a los requisitos para adquirirlos) necesitas un recetario especial con un código de barras para poder prescribir y hay que tramitarlo ante Cofepris. Las farmacias que dispensan estos medicamentos son muy pocas a nivel nacional, los médicos que tienen estos recetarios en provincia son pocos y farmacias son menos, en ciudades pequeñas en muchas ocasiones no las hay, solo en capitales, y para un paciente es difícil encontrar estos medicamentos”, señaló Mariana Calderón, especialista en manejo del dolor de Médica Sur.

Incluso en el Distrito Federal encontrar centros especializados en atención del dolor es difícil, Según Magdalena Salado, jefa de la Clínica del Dolor del Hospital Manuel Gea González, apenas ocho hospitales de la ciudad -los institutos de Cancerología, Rehabilitación y Nutrición, el Hospital Gea González, los hospitales 1 de Octubre y 20 de Noviembre del ISSSTE, el Hospital General y el Centro Médico del IMSS, cuentan con servicios de control del dolor.

“De provincia ya no hablemos”, plantea.

El desabasto

Uno de los principales problemas que enfrentó Javier cuando le recetaron la morfina fue el desabasto. Asegura que no era raro tener que peregrinar de farmacia en farmacia buscando el medicamento, hasta que logró que sus médicos le dijeran exactamente en dónde podía comprarlo. Sin embargo, un día no lo encontró en ningún lado, lo que lo llenó de miedo por solo pensar en volver a sufrir aquellos dolores que lo postraban en la cama.

“Cuando no la conseguí me desesperaba, tuve que partir las pastillas en dos para aguantar, pero me dolía más”, asegura.

Javier fue uno de los afectados del desabasto total de morfina que el país vivió en 2014. Ningún paciente pudo acceder al fármaco más común para eliminar el dolor. Aquellos pacientes que se atienden en el sector privado pudieron pagar medicamentos alternativos, que son hasta tres veces más caros, pero en los hospitales públicos simplemente no hubo acceso, solo si había en almacén.

Si bien la situación que se sufrió este año fue extraordinaria, pues el abasto ya se regularizó, el Consejo de Salubridad General calcula que la cantidad de morfina que México importa cada año es de apenas 10 kilos en total, lo cual es insuficiente.

Para Mariana Calderón, otra de las razones que explican el insuficiente abasto de morfina es que, ante su bajo costo, la industria farmacéutica nacional no considera atractivo distribuir el medicamento en el país. Además, por todos los controles a los que deben someterse, los médicos prefieren no recetarla, por lo que se crea el círculo vicioso de que ante la baja demanda, pocas son las compañías que traen el medicamento al país.

La organización Tómatelo a Pecho, especializada en cáncer de mama y que ha impulsado recientemente el tema del dolor y los cuidados paliativos en el sector salud, calcula que de los más de 80 mil pacientes que cada año mueren en México por cáncer o VIH, al menos 65 mil lo hacen con dolor.

Para documentar las diferencias en el acceso, destaca que mientras que en México el consumo anual de morfina es de 0.01 mg per cápita, en Estados Unidos es de 29.5 mg per cápita.

Para esta organización el control del dolor en México es deficiente, entre otras razones, por la falta de programas y políticas públicas especializadas en la materia. Debido a su iniciativa, el sector salud y diversas organizaciones civiles han comenzado a trabajar en un programa de acción en la materia, además de acelerar la publicación de la Norma Oficial Mexicana respectiva, pero hasta el momento no hay ninguna estrategia concreta.

Datos del Consejo de Salubridad General indican que el 80 por ciento de los estados tienen cinco o menos clínicas del dolor en sus hospitales, la mayor parte para pacientes con cáncer.

Igualmente, la fundación considera que es necesario impulsar la formación de profesionales de la salud especializados en el manejo del dolor. Basado en datos del Atlas Latinoamericano de Cuidados Paliativos, indica que apenas cinco de las 54 escuelas y facultades de Medicina acreditadas en el país, incluyen en sus planes de estudio el manejo del dolor.

A veces, reconoció Mariana Calderón, los médicos desestiman la necesidad de sus pacientes de controlar el dolor que los aqueja.

Human Rights Watch ha calificado la falta de acceso a tratamientos para el control del dolor como una violación a los derechos humanos. Incluso, el próximo 28 de octubre presentará un informe sobre esta situación en México y desde mayo lanzó una campaña mundial para recaudar fondos y realizar un video sobre el alivio del dolor en México para así presionar al Gobierno a elaborar estrategias que den fin a este problema. La liga para hacerlo es https://www.kickstarter.com/projects/1386330672/a-video-on-pain-relief-in-mexico

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