85 empresas de 33 pueblos originarios crean la Confederación Empresarial Indígena de México (imágenes)
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85 empresas de 33 pueblos originarios crean la Confederación Empresarial Indígena de México (imágenes)

Conformada por 85 empresas de 22 estados del país y con integrantes de 33 pueblos indígenas, este miércoles 8 de octubre dio inicio en el Distrito Federal la Asamblea Constitutiva de la Confederación Empresarial Indígena de México (COEIM)
Por Margarita Warnholtz
9 de octubre, 2014
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Conformada por 85 empresas de 22 estados del país y con integrantes de 33 pueblos indígenas, este miércoles 8 de octubre dio inicio en el Distrito Federal la Asamblea Constitutiva de la Confederación Empresarial Indígena de México (COEIM).

La COEIM surge como una iniciativa de la Red Indígena de Turismo de México (RITA), una organización que reúne a decenas de empresas de servicios turísticos.

En entrevista con Animal Político, Cecilio Solís Librado, fundador de RITA y promotor principal de la naciente COEIM, explicó que desde la Red Indígena de Turismo se detectó la necesidad de crear algún tipo de organización que aglutinara no solamente a las empresas indígenas de turismo, sino también a las dedicadas a otras actividades.

Con esa intención, durante cinco años realizaron varios recorridos por las distintas regiones indígenas del país, donde llevaron a cabo un sinnúmero de reuniones con diversas organizaciones productoras, consiguiendo sumar cada vez más empresas, hasta que reunieron las 85 que firmarán este jueves 9 de octubre el acta constitutiva de la COEIM.

Entre los negocios que se han sumado, se incluyen purificadoras de agua, productoras y comercializadoras de sal, consultores independientes, artesanos, fabricantes de bebidas alcohólicas como mezcal y ron, hoteles, restaurantes, cultivadores de café, jamaica y diversos productos agrícolas, aserraderos y otros.

Entre los socios que tendrá la COEIM, destaca la Comunidad Indígena de Nuevo San Juan Parangaricutiro, Michoacán, a donde en días recientes realizó una visita Animal Político.

Esta comunidad posee ocho empresas que generan mil 500 empleos: 950 permanentes, 200 eventuales y 350 indirectos. Además, cuentan con un programa agropecuario del que se benefician más de la mitad de los mil 254 integrantes de la comunidad y sus familias, que en conjunto tienen 18 mil 138 hectáreas y constituyen alrededor del 36% de los 14 mil 772 habitantes del pueblo de Nuevo San Juan Parangaricutiro, que se localiza muy cerca de la ciudad de Uruapan, en la entrada a la Tierra Caliente michoacana.

Francisco López Rodríguez, encargado de ventas de la empresa de ecoturismo, quien acompañó a esta reportera en el recorrido por las distintas instalaciones, explicó que la primera empresa formada por la comunidad fue la de aprovechamiento forestal, que inició en 1983 con un aserradero y ahora cuenta además con una astilladora, una destiladora de resinas y una fábrica de molduras.

En este complejo industrial maderero, se fabrican cantidad de productos: tablas de distintos tamaños y calidades, duelas, cajas para empaque, tarimas, molduras, celulosa, brea, aguarrás, bastones para escobas, madera estufada y composta. La mayoría se comercializa dentro del estado de Michoacán y algunos en otras zonas del país.

López explicó que no se desperdicia ni una hoja de cada árbol talado y agregó que cuentan con un área técnica forestal, “que es un logro, pues somos la primera comunidad indígena a nivel nacional que recibe una concesión de servicios técnicos forestales”.

En este complejo industrial, el obrero que menos gana recibe 6 mil pesos mensuales y todas las prestaciones de ley. Asimismo, una de las características de esta comunidad es que solamente dan empleos directos a personas que forman parte de la misma, salvo que haya algún trabajo especializado que ninguno conozca. En ese caso, se contrata gente externa mientras los locales se capacitan en ello.

El pueblo de Nuevo San Juan se fundó en 1944, por gran parte de los habitantes que fueron desplazados de lo que era San Juan Parangaricutiro por el nacimiento y la erupción del volcán Paricutín. En esa época, la mayoría de los hombres se fueron a trabajar a Estados Unidos a través del Programa Bracero, pues por la devastación en la región no había fuentes de empleo.

De esta forma, quedaron en la comunidad prácticamente sólo mujeres, ancianos y niños. Según comentó Francisco López, “esto propició que los caciques, coludidos con la autoridad y diversas empresas, comenzaran a explotar el bosque de manera irracional; sin participación o beneficio para los verdaderos dueños, que eran los comuneros, y sin ninguna reinversión al bosque, por lo que cada vez estaba más degradado.”

“Al regresar nuestra gente de California, se encuentra con eso y entonces, en los años 70, comienza un fuerte movimiento social para recuperar el bosque y para que los beneficiarios de su explotación fueran los comuneros”, recordó. Fue así como nació el proyecto comunitario, cuando en 1979 obtuvieron el primer permiso de aprovechamiento forestal.

Paralelamente al desarrollo de la empresa de aprovechamiento forestal, surgieron la empresa de transporte y la tienda comunal. La primera, por la necesidad de traslado de los obreros al aserradero, que se localiza a las afueras del pueblo, y la segunda, según López, “por la necesidad de asegurarnos productos de la canasta básica a un precio justo, pues los comerciantes los acaparaban y no los soltaban hasta que subía el precio.

Foto: Diego García.

Foto: Diego García.

Foto: Diego García.

Foto: Diego García.

Foto: Diego García.

Foto: Diego García.

Foto: Diego García.

Foto: Diego García.

“Es entonces cuando comenzamos a traer productos para la venta exclusiva de los comuneros y después abrió la tienda al público en general. Esto reguló los precios dentro del pueblo”, relató López Rodríguez. Más adelante abrieron también una distribuidora de fertilizantes y una fábrica de muebles que vende a tiendas departamentales del país.

Después de varios años de solicitudes y trámites, la Comunidad Indígena de Nuevo San Juan Parangaricutiro obtuvo la concesión de la televisión por cable del pueblo. Así, desde el 2000 sumaron esta empresa a las anteriores y proporcionan el servicio a toda la población a precios accesibles.

Actualmente cuentan con mil 859 suscriptores que reciben 75 canales a un costo de 170 pesos mensuales. Las antenas y las instalaciones de esta empresa están en la parte alta de la casa comunal, que es el edificio más alto del pueblo, en el que se encuentran la mayoría de las oficinas de las empresas.

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Foto: Diego García.

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Foto: Diego García.

Ahí se localiza la oficina de la purificadora de agua, una empresa que funciona en un contexto de elevados consumos de agua en temporada de sequía. “Al ver la mala calidad del agua que nos vendían y que teníamos manantiales, pusimos la purificadora (en 2004), pero para ello fuimos a visitar a la organización Pueblos Mancomunados de Oaxaca, que ya tenían una y así aprendimos de ellos para poner la nuestra”, explicó Francisco López.

Su marca es “itsi pura” (itzi significa agua en purépecha) y embotellan en presentaciones de medio litro, un litro, cuatro litros y garrafones.

Foto: Diego García.

Foto: Diego García.

Foto: Diego García.

Foto: Diego García.

La última empresa creada por la comunidad fue el Centro Ecoturístico Pantzingo, en 2007, aunque las primeras cabañas se construyeron desde 1996, cuando estudiantes y académicos del Departamento de Ecología de la UNAM estaban haciendo investigación en el bosque y les quedaba muy lejos transportarse diariamente desde el pueblo.

Poco después se estableció una unidad de manejo ambiental (UMA) de venado cola blanca y, una vez que terminó el proyecto de investigación de la UNAM, quedaron disponibles las cabañas y la UMA.

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Foto: Diego García.

El centro turístico fue creciendo y funcionó como parte del Departamento de Desarrollo Integral de la comunidad hasta 2007, año en que se constituyó como una nueva empresa, la cual comenzó a brindar otros servicios turísticos como paseos a caballo, visitas guiadas al volcán y a las ruinas del pueblo viejo, y se construyeron una tirolesa, una pista de comandos y un campo de gotcha.

Actualmente el centro cuenta con varias cabañas de distintos tamaños, un albergue para 48 personas, un restaurante y un salón de usos múltiples. Además de lo anterior, tanto la energía eléctrica como los calentadores de agua, funcionan con un sistema de paneles solares.

Foto: Diego García.

Foto: Diego García.

Foto: Diego García.

Foto: Diego García.

Foto: Diego García.

Foto: Diego García.

Por su trabajo, la Comunidad Indígena de Nuevo San Juan Parangaricutiro ha recibido varios reconocimientos nacionales e internacionales, entre ellos, destacan el Premio Ecuatorial, otorgado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), por reducir la pobreza a través del uso sustentable de la biodiversidad y el Premio al Mérito Ecológico que otorga la SEMARNAT, ambos en 2004. Un año después, obtuvieron el Premio Alcan por sus aportes a la sostenibilidad económica, medioambiental y social.

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Coronavirus: la preocupante situación de quienes quedan sin empleo por la pandemia

La pandemia ha golpeado a la economía mundial y, con ello, miles de personas han pedido sus empleos. BBC Mundo habló con algunos de los afectados. Aquí te contamos sus historias.
22 de marzo, 2020
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“Sé que por lo menos hasta mayo no tendré ingresos", dice la mexicana Carolina Malagamba.

Carolina Malagamba
“Sé que por lo menos hasta mayo no tendré ingresos”, dice la mexicana Carolina Malagamba.

“Estoy viviendo el día a día. Estoy sola; tengo que sufragar esto sola. Sé que hoy tengo dinero para pagar las próximas dos rentas y comer. Y ya. Después de eso, no sé”.

Carolina Malagamba, de origen mexicano, vive en Nueva York. Es educadora de museos y, desde que estalló la crisis sanitaria por el coronavirus en Estados Unidos, todas sus clases, tutoriales y tours se cancelaron.

Al no tener contrato fijo en ninguno de los dos museos donde enseña -el Museo del Barrio y el New-York Historical Society-, Carolina se quedó sin trabajo de un día para otro.

“Sé que por lo menos hasta mayo no tendré ingresos. Aunque en el New-York Historical Society quedaron de pagarme lo que tenía en agenda, a los diez educadores independientes del Museo del Barrio nos dijeron: ‘Suerte, bye’. Claramente no aprecian mucho a sus educadores”, señala en conversación con BBC Mundo.

En una semana normal, Carolina dice que da entre cinco y ocho tutoriales. “Ahora no daré ninguno; perdí mi trabajo”, afirma.

Ante esta situación, la educadora está evaluando volver a México. Sin embargo, tiene miedo de que cuando pase la crisis sanitaria no la dejen regresar a Nueva York.

“Tengo visa de trabajo pero con Estados Unidos uno nunca sabe. Por ese miedo, me estoy quedando aquí”, dice.

El caso de Carolina no es aislado. Miles de personas alrededor del mundo están viviendo situaciones similares.

Y es que el brote del covid-19 ha pegado fuerte en la economía mundial.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), esta pandemia representa la “mayor amenaza a la economía global desde la crisis financiera de 2008” y estima que podría crecer a su ritmo más bajo desde 2009 debido al brote.

Gráfico impacto del coronavirus en los mercados.

BBC

Y basta con revisar un par de números para entender el dramático pronóstico de la OCDE.

En los primeros dos meses del 2020, la producción industrial cayó un 13,5% interanual, la primera contracción desde enero de 1990.

Además, las ventas al por menor descendieron un 20,5% interanual, el mayor derrumbe desde que se tienen registros. Y, por si eso fuera poco, la inversión en activos fijos se redujo un 24,5% interanual, otro récord a la baja.

Con un panorama económico tan negro como este, son pocos los que pueden sacar cuentas alegres.

Reinventarse para subsistir

Los coletazos de este estancamiento global están siendo especialmente duros para quienes se dedican al sector de los servicios, a rubros como la hotelería y el turismo, y a la industria de la entretención.

Para prevenir contagios, muchos eventos están siendo cancelados. Y, por ende, las cientos de personas que están detrás de ellos, se han quedado sin trabajo.

Es el caso del encargado de banquetes chileno Roberto Gálvez, quien se ha visto afectado por la numerosa suspensión de matrimonios en su país.

Hasta el momento, le han postergado ocho de estos eventos, lo que significa que al menos de aquí a cuatro meses más no percibirá ingresos.

Manos con guantes de plástico

Getty Images
Una chilena protege sus manos tras la declaración del “estado de catástrofe” que otorga al gobierno poderes extraordinarios para restringir la libertad de movimiento y asegurar el suministro de alimentos y servicios básicos durante 90 días para enfrentar la propagación de COVID-19.

“Ahora mismo no estoy viviendo el remezón porque me queda algo de recursos. Pero estoy muy preocupado por lo que ocurrirá el mes siguiente y el subsiguiente. Si esto sigue así de aquí a fin de año, tendré que reinventarme y hacer un cambio brusco de giro”, dice a BBC Mundo.

El chef acaba de tener a su primer hijo. Y su esposa, Macarena Heusser, tampoco está recibiendo ingresos pues trabaja con él.

“Esta es una empresa familiar y, si no anda, no anda la familia. Los ingresos se acaban porque los dos trabajamos en lo mismo”, cuenta.

Por otra parte, Roberto dice estar preocupado porque hay personas que dependen de su negocio, como ayudantes de cocina y garzones, entre otros.

“Uno se puede reinventar, yo quizás puedo empezar a hacer pedidos a domicilio para poder pagar las cuentas, pero lo que más me preocupa son nuestros trabajadores. Porque es gente de escasos recursos, que vive realmente el día a día, y que siempre están con sus saldos en cero”, dice.

Una experiencia similar está viviendo el italiano Gionata Russo quien reside en el turístico Lago de Como (al norte de Italia) y se dedica a organizar bodas.

En las últimas semanas, al wedding planner le han cancelado todos los matrimonios. Su situación es aún peor si se considera que su clientela es principalmente parejas estadounidenses y británicas.

“Estoy pasando por un momento terrible. Mis clientes han decidido cancelar sus bodas porque nadie, ni sus amigos ni familiares, quieren venir a Italia en una situación como ésta”, explica a BBC Mundo.

“Es muy complicado. Algunos me han pospuesto los eventos para el año que viene, pero yo gano mis ingresos una vez que se hacen los matrimonios, no antes”, dice.

Gionata Russo calcula que perderá al menos un 50% de su ganancia este año, lo que podrían ser unos 10 mil euros (US$10.900).

“Estoy enfadado con esta situación porque yo no tengo trabajo ni tampoco soporte del gobierno del Italia. Y tengo que seguir pagando la renta, la alimentación, todo”, afirma.

Mirando al futuro, el italiano no tiene muchas esperanzas de que el panorama vaya a mejorar.

“Puede ser que más adelante aquí en Italia estemos bien. Pero no podremos recibir turistas por posibles rebrotes de la enfermedad. Y si las personas de Estados Unidos o Inglaterra no pueden venir aquí, será imposible continuar en este rubro”, dice.

Volver a partir de cero

Desde el comienzo de la crisis sanitaria por el covid-19, los economistas han alertado que la pandemia afectaría a ambos lados de la economía, tanto la cadena de suministro como la demanda.

El suministro de bienes y servicios se ve afectado porque las fábricas y las oficinas cierran y, como resultado, la producción cae. Al mismo tiempo, la demanda también lo hace porque los consumidores se quedan en sus casas y dejan de gastar.

“Me he visto tremendamente afectado, mi vida va a cambiar del todo”, le dice a BBC Mundo el fotógrafo español Job Vermeulen, quien se dedica a la publicidad y a los eventos.

Ambas industrias están completamente paralizadas.

“En una semana yo solía ganar entre 1.000 y 1.500 euros. Y ahora no estoy ganando nada”, indica.

El profesional, que reside en Barcelona, tiene un bebé de seis meses. Su mujer tampoco está recibiendo un sueldo fijo.

“Es una situación bastante dura. Hemos tenido que cambiar el chip, gastar mucho menos y apretar el cinturón”, dice.

“No sabes qué va a pasar en los próximos 10 días. No puedes hacer planes de futuros trabajos. Tampoco sabes si aquella empresa para la que trabajas va a salir a flote. Entonces es volver a cero en todo nuevamente”, agrega.

Otro rubro que se ha visto afectado es el del personal doméstico.

Ante el temor de una propagación del virus, muchas personas han decidido pedirles a sus trabajadores que no acudan más a sus casas.

Lourdes —quien prefiere mantener su apellido en reserva—, es empleada doméstica. Originaria de Brasil, hoy vive en Londres y allí trabaja limpiando casas.

Asegura que solo esta semana le han cancelado 14 horas de trabajo, lo que significa que perderá alrededor de 500 libras (US$580).

“Posiblemente la próxima semana no tendré trabajo y no sé con qué plata voy a pagar la renta y mi alimentación”, dice.

Mano enguantada limpiando manija con esponja.

Getty Images
Mientras que en los sitios públicos, el personal de limpieza se ha vuelto aún más preciado, quienes se dedican a limpiar los hogares de otros por días están teniendo problemas.

La mujer de unos 50 años asegura a BBC Mundo que ahora, apenas llega a las casas de sus clientes, se lava las manos, se pone guantes y mascarilla.

“La gente tiene miedo. Y lo entiendo, porque yo también estoy con miedo. Pero me preocupa porque si no gano dinero, no podré vivir. Solo le pido a Dios que me proteja”, dice.

A pesar de esta catástrofe económica, muchos de los afectados están intentando tomarse las cosas con calma.

“Decidí que voy a vivir el día a día. Oficialmente no me he quedado sin ingresos. Hasta que eso no ocurra, voy a intentar mantener la calma”, dice la mexicana Carolina Malagamba.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

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