Abuela yucateca se reencuentra con nietos sustraídos en 2012
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Abuela yucateca se reencuentra con nietos sustraídos en 2012

En 2012, Gabriela Molina Canto y Alberto Medina Sonda disolvieron su matrimonio, luego de 12 años de violencia intrafamiliar, antecedente por el cual la custodia de los tres niños que la pareja procreó fue otorgada a la parte materna.
Por Paris Martínez
21 de octubre, 2014
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ligia.jpg-456x301Hace dos años y cinco meses, en mayo de 2012, la señora Ligia Canto vio iniciarse una “guerra” en el seno familiar, luego de que sus tres nietos fueran sustraídos por el padre, violando la custodia concedida a la parte materna. Se trata de una guerra por recuperar a los niños, por la cual Gabriela, la madre, y Ligia, su abuela, han sufrido acoso judicial, fabricación de delitos e incluso cárcel. Sin embargo, explica Ligia, el pasado 12 de octubre “la paz inició”, luego de que la PGR lograra rescatar a los menores en el estado de Quintana Roo.

Internados, por el momento, en un albergue del estado de Yucatán, entidad donde los niños fueron raptados en 2012, y a la que fueron devueltos tras su rescate, “los pequeños están siendo evaluados por especialistas, para saber su condición psicológica y física –explica su abuela materna–, y en dos ocasiones he podido ya reunirme con ellos, un momentito, pero sin presionarlos, porque, como era de esperarse, ellos están sufriendo ahorita de lo que se conoce como ‘alienación parental’, es decir, durante estos dos años y cinco meses en que permanecieron raptados por su padre, sus mentes fueron envenenadas, los hicieron formarse una idea negativa de mí, y de su madre, alguien que ha luchado tanto por ellos… pero aún así yo estoy feliz, enormemente feliz, de haberlos podido ver nuevamente, y de iniciar este proceso de reintegración al seno materno, del que nunca debieron ser arrancados.”

En 2012, Gabriela Molina Canto y Alberto Medina Sonda disolvieron su matrimonio, luego de 12 años de violencia intrafamiliar, antecedente por el cual la custodia de los tres niños que la pareja procreó fue otorgada a la parte materna. Esto, explica Ligia, “desató una campaña de acoso judicial por parte del padre, con el objetivo de que mi hija le cediera el cuidado de los niños: a mi hija la acusó de robarse el auto familiar, por lo cual fue apresada y meses después liberada, al confirmarse que no había delito qué perseguir; y luego le inventó delitos de fraude en el DF, un fraude que supuestamente fue cometido cuando Gaby estaba en prisión, y luego la acusó de falsificación de documentos en Jalisco, y para acusarla se presentaron pruebas falsificadas, lo cual ya se comprobó”.

A pesar de esas irregularidades, explica Ligia, su hija pasó más de un año escondida, puesto que las acusaciones fueron demeritadas jurídicamente, pero las órdenes de aprehensión en su contra siguen vigentes.

Por la acusación formulada en Jalisco, de hecho, la misma abuela de los menores fue detenida por la PGR en agosto pasado y encerrada en el penal de máxima seguridad de Puente Grande, donde pasó una semana encerrada, hasta que se confirmó que las pruebas en las que se fundó dicho proceso penal son, en realidad, documentos falsificados.

“Luego de pasar más de un año escondida –explica la señora Ligia–, mi hija Gaby vino ayer a Mérida y pudo visitar a sus pequeñitos, que ya están bien crecidotes… aunque tenemos miedo de que puedan detenerla, porque a pesar de que ya se comprobó que no existe lugar para los procesos penales que abrieron contra ella en DF y Jalisco, aunque la misma autoridad ya reconoció que se trata de delitos fabricados, ambos procesos siguen abiertos, y las órdenes de aprehensión giradas siguen vigentes.”

Esta campaña de acoso judicial, destacó la señora Canto Lugo, “fue posible debido a las complicidades de este señor –Alberto Medina Sonda, padre de los niños–, porque él es asesor financiero del exgobernador de Tabasco, Andrés Granier (actualmente preso, acusado del delito de fraude)”.

Cabe destacar que, además de la recuperación de los niños, también se informó que su padre, acusado de sustracción de menores, fue detenido y recluido en un penal de Tabasco.

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Cómo el cubrebocas evita la propagación de la COVID y puede reducir los síntomas

Un nuevo estudio concluyó que usar mascarillas reduce la carga viral a la que estaríamos expuestos y, de contagiarnos, la manifestación de la enfermedad sería más leve o inclusive asintomática.
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9 de agosto, 2020
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El argumento generalizado de parte de las autoridades sanitarias y gobernantes por todo el mundo que recomiendan y/o imponen el uso de mascarillas es que evitan que las personas infectadas propaguen el coronavirus.

Pero un nuevo estudio concluyó, tras examinar varios casos, que usar mascarillas reduce la carga viral a la que estaríamos expuestos y, de contagiarnos, la manifestación de la enfermedad sería más leve o inclusive asintomática.

La investigación realizada en Estados Unidos por los doctores Monica Gandhi y Eric Goosby, de la Universidad de California, y el doctor Chris Beyrer, de la Universidad Johns Hopkins, resalta que la exposición al coronavirus sin consecuencias severas debido al uso de mascarillas podría generar una inmunidad a nivel comunitario y reducir la propagación mientras se desarrolla una vacuna contra el virus.

En vista del rechazo al uso de mascarillas de algunos grupos y personas, el beneficio al individuo (además de a otros) que porta el tapabocas sugerido por el estudio podría ser un incentivo más para su uso y convertirse en un pilar del control de la pandemia.

El estudio fue publicado en la revista especializada Journal of General Internal Medicine.

Un hombre con una mascarilla pasa frente a una valla con la imagen del coronavirus

Getty Images
La mascarilla reduce la posibilidad de tener síntomas severos de covid-19, dicen los investigadores.

El efecto de la carga viral

Los doctores Gandhi, Goosby y Beyrer respaldan su teoría -como la llaman- comparando la evidencia de múltiples situaciones en las que grupos usaron o dejaron de usar mascarillas y la relación que eso tiene con la carga viral y los crecientes índices de infecciones leves o asintomáticas.

La infección asintomática puede ser problemática porque promueve la propagación del virus por personas que están contagiadas sin que lo sepan, pero al mismo tiempo ser asintomático en lugar de estar gravemente enfermo es beneficioso para el individuo, indican.

Además, los índices más altos de infección asintomática conducen a índices más altos de exposición al virus. El exponer a una sociedad a este coronavirus sin las consecuencias de una enfermedad grave podría crear mayores niveles de inmunidad comunitaria, la llamada inmunidad de rebaño.

Los investigadores reconocen que la respuesta inmunológica de anticuerpos y células T a las diferentes manifestaciones de covid-19 todavía está siendo analizada, pero las señales basadas en los datos del desarrollo de esa inmunidad celular, aun con una infección leve, son esperanzadoras.

Evidencia

La perspectiva que los portadores de mascarillas están expuestos a una carga viral menor que resulta en una infección más leve está sustentada en el estudio de tres importantes cúmulos de evidencia: virológica, epidemiológica y ecológica.

Una fila de compradores todos con mascarillas

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Hasta ahora, el principal argumento para el uso de las mascarillas es la protección de los otros.

Con respecto a la primera, las mascarillas -dependiendo del diseño y material- filtran la mayoría de las partículas virales, aunque no todas. Desde hace un tiempo se ha propuesto que la exposición de ese bajo nivel de partículas virales probablemente producen una enfermedad que es menos severa.

Los resultados de experimentos realizados en el pasado con humanos expuestos a diferentes volúmenes de virus no letales demostraron síntomas más severos en sujetos que recibieron una carga viral mayor.

Con el nuevo coronavirus la experimentación no es posible ni ética, pero unas pruebas realizadas a hámsteres en las que se simuló el uso de mascarillas separando a los animales con una pared divisoria hecha de una máscara quirúrgica, no sólo demostraron que los hámsteres protegidos fueron menos propensos a la infección, sino que los que, entre esos, se contagiaron de covid-19 manifestaron síntomas leves.

En términos de la evidencia epidemiológica, los doctores indican que los altos índices de mortalidad que se vieron al inicio de la pandemia parecen estar asociados a la intensa exposición a la alta carga viral antes de que se introdujera el uso de mascarillas.

Caso del crucero argentino

Un caso reciente en particular llama la atención: el de un crucero en Argentina donde todos los pasajeros y tripulantes fueron dotados de mascarillas tras detectarse un brote de covid-19.

En ese entorno cerrado, 128 de las 217 personas abordo dieron positivo en la prueba de coronavirus. Sin embargo, la mayoría de los infectados (81%) se mantuvo asintomática.

Un autobús en Taiwán con pasajeros usando mascarillas

Getty Images
Las tasas de mortalidad se han mantenido baja en países que han reabierto sus actividades pero todavía usan mascarillas.

Como evidencia ecológica, la investigación indica que los países y regiones que de por sí acostumbran a usar mascarillas para el control de infecciones, como Japón, Hong Kong, Taiwán, Singapur, Tailandia y Corea del Sur, no han sufrido tanto en cuanto índices de la severidad de la enfermedad y la mortalidad.

Igualmente ha sucedido con los países que aplicaron tempranamente la medida del uso de mascarillas.

Es más, aun cuando los mencionados países registraron un resurgimiento de casos de covid-19 al reanudar la actividad social y económica, las tasas de mortalidad se ha mantenido baja, sustentando la teoría de la carga viral, afirman los autores del estudio.

En conclusión, los doctores alegan que el uso universal de mascarillas durante la pandemia debería ser uno de los fundamentos más importantes en el control de la enfermedad y abogan que esta medida se tome en particular en Estados Unidos, donde las directivas no han sido homogéneas y parte de la población ha reaccionado hasta violentamente contra el uso de mascarillas.

Resaltan que durante la devastadora pandemia de gripe en 1918, los estadounidenses adoptaron sin contratiempos el uso de las mascarillas en público, pero la respuesta a las actuales recomendaciones de los Centros de Control de Enfermedades (CDC) ha sido dispareja.

Una secretaria con mascarilla escribe a máquina en su escritorio en 1918

Getty Images
En 1918, el público estadounidense no tuvo objeción en cumplir con el uso de mascarillas para combatir la pandemia de influenza.

El uso de mascarillas tiene dos ventajas. La primera es proteger a los demás evitando la propagación del virus por una persona infectada. Si esa preocupación por el prójimo no es suficiente, tal vez la segunda ventaja -el beneficio individual- sea una motivación más eficaz.


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