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Amenazan e incendian camioneta de periodista en Guerrero

La periodista, según denuncia el Club de Periodistas de Guerrero AC, fue amenazada días antes por el exdiputado y actual director del Hospital de la Madre y el Niño Indígena Guerrerense, Enrique Herrera Gálvez.
20 de octubre, 2014
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tlapa

La camioneta de la periodista Brenda Nava Mancilla, directora de La Noticia en La Montaña, fue incendiada en Tlapa de Comonfort, Guerrero, la mañana de este 19 de octubre, sin que se conozca al autor del ataque.

La periodista, según denuncia el Club de Periodistas de Guerrero AC, fue amenazada días antes por el exdiputado y actual director del Hospital de la Madre y el Niño Indígena Guerrerense, Enrique Herrera Gálvez, “a quien molestó la publicación de denuncias hechas por trabajadores del nosocomio en su contra por malos manejos administrativos“, señala una carta abierta enviada al presidente Enrique Peña Nieto, el gobernador de la entidad, Ángel Aguirre, y el procurador de la República, Jesús Murillo.

Asimismo, la AC denuncia que Nava Mancilla quiso interponer una denuncia de hechos ante la agencia del Ministerio Público de Tlapa, pero que le fue imposible.

Este domingo, una persona prendió fuego a la camioneta Mazda, tipo CX-7, unidad que que la también presidenta del Club Estatal de Periodistas de Guerrero, Región Montaña, utiliza para su trabajo y que se encontraba estacionada afuera de su domicilio.

Aquí puedes leer la carta abierta:

Lic. Enrique Peña Nieto.
Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.
Lic. Ángel Heladio Aguirre Rivero.
Gobernador Constitucional del Estado Libre y Soberano de Guerrero.
Lic. Jesús Murillo Karam.
Procurador General de la República.
Lic. Iñaki Blanco Cabrera.
Procurador General de Justicia del estado de Guerrero.
A LA OPINIÓN PÚBLICA
A las cinco de la mañana, del domingo 19 de octubre, fue incendiada la camioneta Mazda, tipo CX-7, modelo 2012, color blanco con placas de circulación HBE-70-43 del estado de Guerrero, propiedad de la delegada del Club de Periodistas de Guerrero A.C. en la Región de La Montaña y editora del inter diario La Noticia en la Montaña, Brenda Nava Mancilla, por sujetos desconocidos. Los hechos sucedieron en la avenida del Puente, colonia SanFrancisco, en Tlapa de Comonfort.

Nada tendría de extraordinario un hecho violento como ese, que se han convertido en cosa común en las calles del estado de Guerrero, a no ser porque nuestra compañera fue amenazada, días antes de los acontecimientos, por el ex diputado y actual director del Hospital de la Madre y el Niño Indígena Guerrerense, ubicado en Tlapa, Enrique Herrera Gálvez, a quien molestó la publicación de denuncias hechas por trabajadores del nosocomio en su contra, por malos manejos administrativos.

Nuestra compañera quiso interponer una denuncia por los hechos ante la agencia del Ministerio Público de Tlapa, pero fue imposible. El clima de polarización que se vive en Guerrero es causa de que las oficinas de gobierno en aquella región hayan sido cerradas por quienes apoyan el movimiento para exigir la aparición de 43 jóvenes normalistas, desaparecidos en Iguala.
Ese clima de violencia, y de ausencia de autoridades, ha sido aprovechado por los desconocidos, quienes ante la falta de una autoridad que pueda recibir la denuncia, se esconden en el anonimato.
Los abajo firmantes, delegados de nuestra agrupación en cada una de las siete regiones del estado, exigimos lo siguiente:
1) Que le sea recibida la denuncia por amenazas en contra del ex diputado y actual director del hospital en Tlapa, Enrique Herrera Galvez.
2) Que sea recibida la denuncia por daños e intento de homicidio en contra de nuestra compañera y que sea castigado quien resulte responsable de tan condenables hechos.
3) Que le sea reparado el daño por quien resulte responsable del incendio intencional de sus bienes.
4) Dotar de medidas cautelares a la compañera Brenda Nava Mancilla, ante la ausencia de autoridades en aquella región y que ha sido aprovechado por delincuentes para atentar en contra de su vida.

Atentamente
Miguel Ángel Mata Mata
Presidente del Club de Periodistas de Guerrero A.C.
Fernando Santamaría Cruz
Delegado en la Región de la Costa Chica
Brenda Nava Mancilla
Delegada en la Región de La Montaña
José Arroyo Reyes
Delegado en la Región Norte
Misael Tamayo Núñez
Delegado en la Región Tierra Caliente
José Ascención Nogueda Fierro
Delegado en la Región Costa Grande
Fulgencio Ramírez Lozano
Delegado en la Región Acapulco
Omar Bello Pineda
Delegado en el municipio de Petatlán.
Jorge Luis Falcón Arévalo
Delegado en el municipio de Atoyac de Álvarez

Exigencia a la que se unen los integrantes de la delegación Montaña
Salomón González Guerrero
Secretario
Delfino Cantú Rendón
Tesorero
Arnulfo Urbina Betancourt
Vocal
Caritino Rodríguez Lara
Vocal

Estado de Guerrero, a 19 de octubre del 2014

Con información de Quadratín.

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Cómo sobrevivió una mujer transgénero a las terapias de conversión

Durante años, el sistema de sanidad británico llevó a cabo terapias agresivas con el fin de "curar" a homosexuales y transexuales. Carolyn Mercer, sobreviviente de estos tratamientos, cuenta su historia.
24 de agosto, 2019
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Otoño de 1964. Dos doctores atan a un joven de 17 años a una silla de madera en una habitación oscura, sin ventanas, y le cubren el cuerpo con electrodos.

Le electrocutan durante horas mientras le enseñan fotos de ropa de mujer.

Es parte de una terapia.

En un café en el Soho de Londres, Carolyn Mercer, ahora de 72 años, sonríe al ver las fotografías de ese niño. “Esa persona ha crecido y se ha desarrollado”, dice.

“Pero sigue siendo yo”.

Carolyn – quien prefiere no mencionar su nombre de niño – recuerda la primera vez que se dio cuenta de que era diferente.

Con 3 años, jugando en las calles de Preston, al noroeste de Inglaterra, persuadió a su hermana menor para intercambiar sus ropas.

Carolyn, vistiendo el uniforme de preescolar de su hermana, se situó frente a la tienda de su madre esperando que las personas vieran una niña pequeña ahí parada.

“Jamás se trató de la ropa… era algo dentro de mí”, cuenta.

Era un niño, y yo no quería serlo”.

Carolyn Mercer, a la izquierda, junto a su hermana pequeña en 1950.

Carolyn Mercer
Carolyn Mercer, a la izquierda, junto a su hermana pequeña en 1950.

La ropa de su hermana

Cuando Carolyn nació en 1947, la actitud de la sociedad hacia el colectivo homosexual y transgénero era muy poco tolerante.

Inglaterra y Gales se hallaban lejos de legalizar las relaciones homosexuales o de incluso usar la palabra “transgénero”.

Vestida con la falda de su hermana, Carolyn no tuvo palabras para describir sus sentimientos. Pero sabía que era una niña transexual con disforia de género.

Su sexo asignado al nacer no se correspondía con su identidad de género.

“Me fui a dormir con el deseo de que alguien inventara un trasplante para poner mi cerebro en un cuerpo más apropiado”, recuerda Carolyn.

Durante la infancia, su deseo secreto de vivir como mujer se transformó en un autodesprecio que le consumía.

Fotos de Carolyn como niño

Carolyn Mercer
“Sabía lo que quería ser, y ese pensamiento se consolidó desde los 3 años en adelante”

“Ese desprecio a mí misma se trataba de que yo quería algo muy absurdo”.

Carolyn se sentía “sucia” porque la sociedad veía a las personas transgénero como algo “incorrecto” y “malévolo”. “Si era incorrecto y malévolo, debía ser porque yo era mala y estaba equivocada”, dice que pensó entonces.

Creció en el cuerpo de un fuerte adolescente y se dedicó a ser “un buen tipo”, jugando deportes “masculinos” como rugby o boxeo. Aún así, no podía desplazar el profundo e incómodo sentimiento de pretender ser alguien que no era.

Descargas eléctricas

Carolyn comenzó a sentirse deprimida y suicida. Pensaba que “sería más fácil” para su familia y amigos si muriese antes que contarle a alguien cómo se sentía.

Pero los 17 años, compartió su secreto con un vicario. La llevó a ver a un médico en un hospital psiquiátrico y se organizaron “cinco o seis” sesiones de terapia de aversión en un hospital de Blackburn.

“Pedí eso porque quería curarme”, afirma.

Terapias de descargas eléctricas

Getty Images
Terapias de descargas eléctricas de diversos tipos se han utilizado en medicina desde la década de 1930.

Carolyn estaba atada a una silla de madera en una habitación oscura mientras los doctores le adherían electrodos previamente sumergidos en salmuera. A la vez, le proyectaban imágenes con ropa de mujer en la pared de enfrente.

A cada cambio de fotografía, un corrientazo a través de los electrodos le propinaba un doloroso shock eléctrico. Carolyn recuerda vívidamente el naciente shock desgarrando con dolor desde su mano hacia arriba mientras su brazo permanecía adherido a la silla.

A pesar de su agonía, los doctores siguieron presionando. Estaban convencidos de que si ella “aprendía” a asociar sus pensamientos con los recuerdos de dolor, dejaría de pensar que era una mujer.

Meses de tratamiento después, Carolyn decidió no recibir más. Para entonces el trauma era tan grande que la experiencia de los temblores y los recuerdos le atormentó por los siguientes 40 años.


¿Qué es una terapia de conversión?

La llamada terapia de conversión o “cura de gays” asegura ayudar al cambio de la sexualidad o identidad de género de una persona. Los métodos incluyen hipnotismo, exorcismo y tratamientos de aversión como choques eléctricos y fármacos para vomitar.

Este tipo de terapias estuvieron disponibles en el sistema nacional de sanidad británico (NHS, por sus siglas en inglés) hasta los años 70. El sistema y el gobierno sostienen que no hay archivos sobre el número de pacientes que fueron tratados o que murieron como consecuencia del tratamiento.

A pesar de que la evidencia científica indica que son dañinas e inefectivas, varias terapias continúan llevándose a cabo alrededor del mundo.

Organizaciones trabajan para poner fin a estos tratamientos, pero las complejas y arraigadas creencias que fomentaron su propagación dificultan su erradicación.


Durante un tiempo, Carolyn pensó que la terapia había funcionado.

Llevó la vida tan “masculinamente” como era posible. A los 19 años tenía esposa e hija, se había convertido en profesora de matemáticas y había sido promovida rápidamente, convirtiéndose pronto en una de las más jóvenes directoras en su provincia.

Pero su disforia no había sido sofocada.

Carolyn Mercer con 19 años

Carolyn Mercer
Carolyn, con 19 años, en su primer día como profesora, dos años después de la terapia.

Su depresión empeoró y le sacudían temblores incontrolables cada vez que pensaba en el tratamiento recibido.

“¿Funcionó la terapia con respecto a mi cuerpo? Sí”, dice Carolyn. “¿Funcionó con respecto a mi mente? Solo para odiarme más”.

Después de años lidiando con la disforia, Carolyn comenzó a tomar hormonas para que se le desarrollaron los senos a comienzos de los 90.

Fue el inicio de un proceso descrito por muchos en la comunidad transgénero como “transición” o, como Carolyn prefiere, “alinear mi expresión de género con mi identidad de género”. Es “un poco pretencioso, pero se ajusta a mi realidad”.

Su familia no apoyó su decisión de forma activa. “Les gustaba la persona que veían, una diferente a la que yo me reflejaba“, reconoce.

Mastectomía doble

En el trabajo, Carolyn se vendaba sus senos en desarrollo para ocultar los efectos de su tratamiento.

Pero, en 1994, un periodista se enteró de que estaba tomando hormonas y la vida personal de Carolyn se reprodujo en los tabloides alegando que era de “interés público” informar del secreto de una maestra de alto perfil.

El episodio hizo que Carolyn se replanteara su consumo de hormonas y, al verano siguiente, le extirparon sus senos en una cirugía normalmente reservada a pacientes con cáncer.

Una vez más, un vacío infranqueable se había alojado entre quién era Carolyn y quién quería ser.

Pero varios años difíciles después, y a pesar del apoyo de amigos, alumnos, familiares y colegas, Carolyn se jubiló para someterse a la operación que soñó durante décadas.

Tenía entonces 55 años.

Carolyn Mercer

Carolyn Mercer
Carolyn, a los 67 años, disfrutó en Estados Unidos de unas vacaciones donde finalmente era quien siempre soñó ser.

Ahora la vida es mucho mejor. Ya no tengo ese secreto oculto todo el tiempo”.

Algunos miembros del colectivo transexual afirman que la persona antes de la cirugía ya está muerta. Pero para Carolyn, el niño pequeño vistiendo la ropa de su hermana menor sigue vivo.

“Sigo siendo la misma persona con las mismas experiencias”.

Sin embargo, sigue con dificultades para ser feliz. Siguiendo su terapia de conversión, se acostumbró tanto a enterrar sus más profundos deseos que ahora le cuesta abrirse a la felicidad.

“Cuando me enseñan el menú de un restaurante y preguntan qué prefiero, no sé qué responder”.

“Muchos lo encuentran triste, pero es algo que he asimilado… ya no tengo esa luz o ese tipo de emociones por haberme reprimido durante tanto tiempo”, concluye.


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