Ataques sexuales en escuelas se duplicaron en los últimos 4 años, según informe oficial
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Ataques sexuales en escuelas se duplicaron en los últimos 4 años, según informe oficial

Del año 2000 a la fecha, nuestro país acumula al menos 2 mil 28 casos de ataques sexuales contra menores de edad en escuelas; una tercera parte nunca fue investigado, pese a ser denunciados; en el resto de los casos la sanción contra los agresores consistió en simples llamadas de atención, suspensiones temporales o la reubicación del atacante en otro plantel.
Por Paris Martínez
22 de octubre, 2014
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Acoso sexual.Del año 2000 a la fecha, en México se han acumulado al menos 2 mil 28 casos de ataques sexuales contra menores de edad dentro de centros educativos de nivel básico y medio-superior (educación inicial, preescolar, primaria, secundaria y preparatoria), de los cuales, una tercera parte nunca fue investigado por la autoridad, a pesar de haber sido denunciados, mientras que en el resto de los casos la sanción contra los agresores consistió en simples llamadas de atención, suspensiones temporales o, a lo sumo, la reubicación del atacante en otro plantel.

Tal como revela la Recomendación General 21 de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos –publicada el pasado 20 de octubre en el Diario Oficial de la Federación–, dirigida a la Secretaría de Educación Pública y a los poderes ejecutivos de las 32 entidades del país, los centros educativos en donde más agresiones sexuales se cometen en contra de niños y niñas son las secundarias (con 42.5% de las denuncias), seguido de las primarias (36% de las denuncias), los planteles de educación preescolar (10% de las agresiones) y por último el nivel medio superior (con 9% de los reportes); mientras que las entidades federativas con mayor incidencia de este tipo de delitos son Distrito Federal, Veracruz, Estado de México, Jalisco y Guanajuato.

“La violencia sexual infantil escolar –explicó la CNDH– es un fenómeno que ocurre de manera más frecuente de la que se piensa” y, basándose en estadísticas de la Secretaría de Educación Pública, el ombudsman nacional asegura que “en el último ciclo escolar se han incrementado (los casos de agresión sexual escolar) tanto en número como en complejidad”.

De hecho, destaca la CNDH, “del año 2011 a agosto de 2014 se presentaron más de la mitad del total de quejas interpuestas ante este organsimo nacional, por este tipo de abusos, durante los últimos 14 años“.

Así, tras detectar este incremento en el número de casos de violencia sexual dentro de planteles educativos, tanto públicos como privados, y basándose en información proporcionada tanto por gobiernos estatales como por el gobierno federal, la CNDH elaboró una radiografía sobre esta problemática que deja ver cuál es el perfil de las víctimas, cuál es el perfil de los agresores, así como cuáles son las omisiones gubernamentales que han permitido que este fenómeno vaya en aumento.

A continuación, te presentamos un resumen de las principales conclusiones a las que llega el ombusman nacional en su “Recomendación general 21 sobre la prevención, atención y sanción de casos de violencia sexual en contra de las niñas y los niños en centros educativos”.

¿Qué se entiende por ‘violencia sexual escolar’?

Según la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño, por violencia contra infantes se entiende “toda forma de perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, incluidos en ésta el abuso sexual, la violación sexual, o cualquier otro tipo de agresión que implique una connotación sexual, mientras las niñas y los niños se encuentren bajo la custodia de los padres, de un representante legal o de cualquier otra persona que lo tenga a su cargo”.

Aunque un acto de violencia sexual puede tener distintas características, algunas de las manifestaciones más comunes de agresión sexual pueden ir desde “miradas lascivas, comentarios con connotación sexual e insinuaciones, hasta llegar a agresiones físicas, tocamientos, abuso sexual y la violación”. Destaca el hecho de que, según la CNDH, del total de quejas que ha recibido por agresiones sexuales en centros escolares, en 61.5% de los casos las víctimas sufrieron precisamente “abuso sexual, violación y violación equiparada”.

Las víctimas

Tras analizar las denuncias por agresión sexual en centros escolares de todo el país –excepto de aquellas ocurridas en Baja California Sur, Chihuahua, Michoacán, y Zacatecas, entidades que no respondieron a la solicitud de información que les realizó la CNDH–, el ombudsman nacional concluyó que, en 70% de los casos, las víctimas de la violencia sexual son niñas, mientras que el restante 30% son varones menores de edad.

Un ataque sexual contra un infante, explica el documento, transgrede sus derechos a la libertad sexual, la integridad personal, al trato digno, a la educación y el desarrollo, y esto se vuelve aún más grave, destaca, cuando dichos ataques se cometen “en centros donde (los niños y niñas) deben ser tratados con dignidad y formados”.

Algunos de los síntomas en los agredidos son: “miedo, incapacidad de confiar en los demás, cólera y hostilidad, conductas sexuales inapropiadas para su edad, depresión, sentimientos de culpa y vergüenza, problemas en su desempeño escolar, problemas somáticos, trastornos de sueño y alimentarios y conductas fóbicas, evasivas, regresivas e incluso autodestructivas“.

Otra característica común en este tipo de agresiones sexuales es que las niñas y los niños guarden silencio y tengan un “sentimiento” de culpa debido a las amenazas que frecuentemente emplean los agresores, en contra de ellos o sus familias, además, se ha observado que la violencia sexual provoca cierta estigmatización y, consecuentemente, algunos padres ante el temor de que la situación se haga pública y que esto implique una revictimización de sus hijos no lo hacen del conocimiento de la autoridad competente, sin embargo, destaca la CNDH, “el ignorar este tipo de casos puede tener como consecuencia que el agresor permanezca impune, que el daño sea irreparable en la víctima e, incluso, que se propicie la reincidencia”.

Los victimarios

Mientras que en los más de 2 mil casos de agresión sexual que se han denunciado en escuelas mexicanas del nivel básico y medio-superior, 70% de las víctimas son mujeres, destaca también el hecho de que en 94% de dichos ataques el autor fuera del sexo masculino y, para la CNDH, esto refleja “que persiste la violencia cotidiana en contra del género femenino, por encima de aquella que se ejerce en contra de los varones”. Aún así, siete mujeres fueron identificadas como agresoras sexuales en centros educativos.

Además, se detectó que en 54% de las agresiones, los autores formaban parte del personas del centro escolar, tales como profesores, prefectos, personal de intendencia y empleados administrativos, mientras que en el 46% restante de los casos, el ataque fue realizado por alumnos de los mismos planteles, en contra de algún compañero o compañera.

De hecho, concluye la CNCH a este respecto, “los agresores suelen ser personas cercanas a las víctimas, por lo que es frecuente que no se utilice la fuerza para cometer la agresión“.

El modus operandi

Según los testimonios de menores de edad que fueron víctimas de agresiones sexuales en sus centros escolares, se determinó que “muchos niñas y niños afectados han coincidido en manifestar que sus agresores los llevaban a lugares aislados, tales como salones de clases aislados o a los sanitarios y, aprovechando que se encontraban en sitios como éstos, les tocaron el cuerpo, principalmente los genitales, y en algunas casos les introdujeron objetos, o bien los penetraron con el dedo o el pene“.

En diversos casos, de hecho, la CNDH detectó que “el diseño, la construcción de los centros escolares o bien la disposición del mobiliario, favorecen que la violencia sexual ocurra e, incluso, que ésta se presente de forma reiterada”. Se trata, según el organismo, de salones de clase que no cuentan con ventanas, o cuyas ventanas están veladas por cortinaje o tapiadas; salones que se encuentran “aislados del resto del plantel”; así como baños escolares que no son de uso exclusivo de los alumnos, sino que son compartidos con el personal del plantel, lo que genera “una situación de aislamiento idónea para que los agresores sexuales violenten a sus víctimas sin que nadie se percate sobre estos hechos”.

Asimismo, “en algunos casos se detectó que las víctimas, además de haber sido agredidas en la escuela, fueron sustraídas de la misma y abusadas por personas externas al centro educativo“, algunos de estos agresores externos, de hecho, fueron familiares del personal escolar.

La Recomendación General 21 destaca que, además de los ataques sexuales, “las niñas y los niños también refirieron haber sufrido otros tipo de abusos, tales como golpes e insultos, y después haber sido amenazados para no contar a nadie la agresión sufrida.”

Entre las amenazas más frecuentes, según el testimonio de las víctimas, están aquellas en las que el agresor advierte que, de contar a alguien lo sucedido, la reputación del menor se verá afectada, o bien que nadie le creerá. Además, se amenaza a los menores con hacerles daño a ellos o algún ser querido, por lo cual, “es común que las niñas y los niños guarden silencio y tengan un sentimiento de culpa al respecto”.

La respuesta de las autoridades

Tras analizar los reportes proporcionados por las autoridades encargadas de la educación pública a nivel estatal –excepto las de de Baja California Sur, Chihuahua, Michoacán y Zacatecas, entidades que ignoraron el llamado de la CNDH a proporcionar información–, el ombudsman nacional concluyó que, una vez comprobada la agresión sexual, las sanciones que recibieron los servidores públicos implicados fueron “llamadas de atención consistentes en ‘extrañamientos’, amonestaciones verbales o escritas, ‘notas malas’, suspensión temporal con pérdida de sueldo por algunos días y reubicación”.

De hecho, se destaca, en 82% de las recomendaciones que se han emitido en relación con la violencia sexual escolar no se separó al agresor oportunamente del grupo, esto, a pesar de que las autoridades educativas conocieron los hechos y de que los lineamientos en la materia prevén expresamente dicha medida.

Debido a esta respuesta omisa de las autoridades, concluyó la CNDH, la violencia sexual que se presenta en las escuelas mexicanas “se puede considerar un tipo de violencia o maltrato institucional”, ya que “las mismas autoridades educativas dificultan el procedimiento de queja y/o denuncia, desincentivando a las víctimas o a los padres de familia de las mismas”, de forma tal que pueden llegar a desistir sobre su intención de hacer del conocimiento de alguna autoridad los hechos de violencia sexual, y esta actitud, se destaca, es mostrada lo mismo por autoridades educativas estatales que federales.

Así, en 88% de los casos documentados por la CNDH, la autoridad escolar incurrió en conductas tales como desincentivar las denuncias de los hechos, omitir proporcionar atención psicológica y permitir que el agresor continuara en contacto con los alumnos. Otras omisiones detectadas por parte de las autoridades escolares fueron: no dar aviso oportuno a los padres del niño o niña agredida; no presentar una denuncia institucional; y no considerar la voz de las víctimas.

Cabe destacar que, según las estadísticas de la CNDH, 32% de las denuncias de ataques sexuales en centros escolares nunca se tradujeron en una investigación del hecho y, por lo tanto, la víctima no fue asistida y el agresor quedó impune. En total, 657 denuncias presentadas entre 2000 y 2013 nunca fueron atendidas por la autoridad.

¿Qué tan seguros están tus hijos, en tu entidad federativa?

Según la información recabada por la Comisión Nacional de Derechos Humanos, las cinco entidades federativas con mayor número de ataques sexuales contra menores de edad en centros educativos, entre los años 2000 y 2013, son: Distrito Federal (con 546 casos), Veracruz (190 casos), Estado de México (156, aunque la cuenta de esta entidad sólo va del año 2004 al 2013), Jalisco (139 ataques) y Guanajuato (124 ataques).

Además, San Luis Potosí, Yucatán, Tabasco, Oaxaca y Nuevo León registraron entre 70 y 99 agresiones sexuales en escuelas; mientras que Puebla, Sonora, Aguascalientes y Guerrero registraron entre 40 y 69 casos.

A su vez, entidades como Quintana Roo, Baja California, Querétaro y Campeche presentaron entre 20 y 39 casos; y en Sinaloa, Tamaulipas, Hidalgo y Coahuila se registraron entre 10 y 19 denuncias.

Las entidades con menos ataques sexuales dentro de escuelas de nivel básico y medio-superior son: Morelos, Colima, Tlaxcala, Durango y Chiapas, en donde se registraron entre uno y siete casos, mientras que Nayarit es el único estado de la República en donde no se tiene registro de ninguna agresión sexual en centros escolares, al menos durante los últimos 14 años.

Este registro, cabe destacar, no incluye los casos de Baja California Sur, Chihuahua, Michoacán y Zacatecas, que no aceptaron abrir su información en la materia.

En total, estas denuncias suman mil 997 expedientes de agresión sexual en escuelas, iniciados entre el año 2000 y el año 2013, a los cuales hay que sumar otras 31 quejas recabadas por la CNDH entre enero y agosto de 2014.

Cabe destacar que las únicas entidades que cuentan con normas específicas para atender casos de violencia sexual escolar son DF, Guanajuato, Puebla, Sonora y Veracruz.

Además, el abuso sexual infantil sólo es considerado como un delito grave Jalisco, Michoacán, Quintana Roo, San Luis Potosí y Yucatán; de igual forma a nivel federal este delito tampoco se considera grave aun en casos de que sea cometido en agravio de alguna niña o niño.

De hecho, de los 32 códigos penales y códigos de procedimientos penales de las entidades federativas, únicamente en tres casos se prevén medidas para salvaguardar a las niñas y niños una vez que se ha realizado una denuncia en la que éstos se vean implicados como víctimas: DF, Nuevo León y Veracruz.

A continuación, te presentamos de forma íntegra la Recomendación General 21 de la CNDH:

escuelas cndh.pdf by http://www.animalpolitico.com

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El punto débil del COVID que encontró una científica mexicana (y cómo puede servir para neutralizarlo)

La física mexicana Mónica Olvera de la Cruz detectó con su equipo de científicos que el nuevo coronavirus tiene un componente que puede ser bloqueado para evitar su transmisión al cuerpo humano.
Getty Images
18 de agosto, 2020
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Como especialista en física enfocada en la ciencia de los materiales, la doctora mexicana Mónica Olvera trabajaba en sus propios desarrollos tecnológicos hasta que la pandemia de COVID-19 cambió las cosas.

Un familiar suyo enfermó de gravedad en México, lo cual llevó a la científica a enfocar sus estudios en entender cómo el virus SARS-CoV-2 interactúa con el cuerpo humano a un nivel físico-biológico.

“Yo no tenía nada qué ver con medicina. Yo soy científica en ciencia de materiales. Pero a la hora de ver este problema tan fuerte, entramos en acción”, dice a BBC Mundo la especialista.

Su equipo en la Universidad Northwestern (Estados Unidos) analizó las diferencias entre el coronavirus que causó la epidemia SARS de 2003 y el causante de la enfermedad COVID-19.

Y encontró un punto débil con el que se le puede atacar.

“Estamos bloqueando el virus”, señala al explicar cómo su experimento a nivel molecular ha reducido de manera inicial en 30% la conexión del patógeno con los receptores humanos.

Una ilustración del SARS-CoV-2 atacando una célula

Getty Images
Las espigas (amarillas) del coronavirus se conectan a las células AC2 (en turquesa) del cuerpo. Si se impidiera eso, se neutralizaría.

“Antes de entrar el virus (en el cuerpo), sí podemos atacarlo para que ya no tenga tanta energía de atracción, que no sea capaz de infectar. Y si entra, que esté bloqueado el sitio”, explica la científica.

“Es otra manera de curar. Esto no son anticuerpos , los cuales tienen el problema de que pueden hacer resistente al virus. Hay muchos casos en los que los virus se vuelven resistentes a los anticuerpos”, añade.

En tres meses Olvera espera diseñar un polímero -un compuesto químico- que triplique la efectividad del bloqueo y que esto se convierta en una forma de proteger al cuerpo de un virus tan contagioso como el SARS-CoV-2.

¿Cuál fue el hallazgo?

El SARS-CoV-2 ingresa al cuerpo a través de sus proteínas S, que hacen contacto con la enzima convertidora de angiotensina (AC2) de las células humanas.

Las células AC2 también están presentes en el corazón, en el estómago, en el riñón, “por eso cuando uno se infecta (con el virus SARS-CoV-2, este) puede dañarlos”, explica Olvera.

Gráfico de cómo se reproduce el coronavirus en el cuerpo

BBC

Así que en su estudio, hecho en colaboración con el doctor Baofu Qiao, detectó que el SARS-CoV-2 tiene conexiones con cargas positivas en la proteína espiga (o spike) de su corona que pueden ser bloqueadas.

“La energía de atracción entre ese grupo que está en la spike y las células epiteliales era más débil en el primer coronavirus que en el SARS-CoV-2″, explica Olvera.

“Nos dimos cuenta de que si mutábamos los que no estaban en el de 2003, la atracción con el receptor bajaba. Nada más lo mutamos y bajó muchísimo su atracción“, añade.

El trabajo de bloqueo se dio en uno de los tres grupos de la proteína espiga, lo que redujo en un 30% la capacidad del virus para conectarse con el receptor, en este caso las células del cuerpo.

A diferencia de otras investigaciones, Olvera y Qiao detectaron un sitio con carga positiva, llamado sitio de escisión polibásico, a 10 nanómetros (algo sorprendentemente “lejano” de la base, en términos de esas mediciones) en la proteína espiga.

https://www.youtube.com/watch?v=Zh_SVHJGVHw&t=5s

Así que si se obtiene un polímero que bloquee los tres grupos, como lo están investigando, el resultado podría triplicarse y hacer que el nuevo coronavirus tuviera muy poca oportunidad de atacar al organismo.

“Yo quiero diseñar uno que ataque a todos. Es muy complicado, es un diseño difícil. Pero la idea es crear una protección bajo un diseño que funcione y quede probado en un laboratorio”, señala la científica.

¿Cómo puede adoptarse en la medicina?

El proceso de crear un polímero que actúe contra las espigas del SARS-CoV-2 puede tomar de dos a tres meses.

Una vez creado, habría que elegir un medio de administración. Olvera considera que podría funcionar a través de un aerosol, con las ventajas que eso tiene.

“Los virus son tremendos. Pueden usar las cápsidas de otros virus y el ARN, duplicarse y mutar”, advierte.

Y es que las vacunas en las que trabajan a contrarreloj varios países y organizaciones enfrentan el problema de que los anticuerpos que generen puedan ser inefectivos ante mutaciones del SARS-CoV-2.

“Nosotros queremos crear algo que no sea biológico, que no cree resistencia. Evitar que el virus encuentre otras maneras de salir adelante. Creemos que puede ser una manera de debilitar el virus, diferente a lo que se está haciendo”, añade.

Si las mutaciones mantuvieran los mismos grupos polibásicos para atraer células receptoras del cuerpo, el remedio seguiría funcionando.

El trabajo desde diferentes ángulos de la ciencia, como la física en el caso de Olvera, puede aportar soluciones a un problema que afecta a toda la humanidad.

“Se está haciendo un esfuerzo enorme. Todos estamos de alguna manera relacionados con esto, es un problema mundial y qué mejor que todos los científicos estén trabajando en esto”, dice la científica mexicana.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

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