Ataques sexuales en escuelas se duplicaron en los últimos 4 años, según informe oficial
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Ataques sexuales en escuelas se duplicaron en los últimos 4 años, según informe oficial

Del año 2000 a la fecha, nuestro país acumula al menos 2 mil 28 casos de ataques sexuales contra menores de edad en escuelas; una tercera parte nunca fue investigado, pese a ser denunciados; en el resto de los casos la sanción contra los agresores consistió en simples llamadas de atención, suspensiones temporales o la reubicación del atacante en otro plantel.
Por Paris Martínez
22 de octubre, 2014
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Acoso sexual.Del año 2000 a la fecha, en México se han acumulado al menos 2 mil 28 casos de ataques sexuales contra menores de edad dentro de centros educativos de nivel básico y medio-superior (educación inicial, preescolar, primaria, secundaria y preparatoria), de los cuales, una tercera parte nunca fue investigado por la autoridad, a pesar de haber sido denunciados, mientras que en el resto de los casos la sanción contra los agresores consistió en simples llamadas de atención, suspensiones temporales o, a lo sumo, la reubicación del atacante en otro plantel.

Tal como revela la Recomendación General 21 de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos –publicada el pasado 20 de octubre en el Diario Oficial de la Federación–, dirigida a la Secretaría de Educación Pública y a los poderes ejecutivos de las 32 entidades del país, los centros educativos en donde más agresiones sexuales se cometen en contra de niños y niñas son las secundarias (con 42.5% de las denuncias), seguido de las primarias (36% de las denuncias), los planteles de educación preescolar (10% de las agresiones) y por último el nivel medio superior (con 9% de los reportes); mientras que las entidades federativas con mayor incidencia de este tipo de delitos son Distrito Federal, Veracruz, Estado de México, Jalisco y Guanajuato.

“La violencia sexual infantil escolar –explicó la CNDH– es un fenómeno que ocurre de manera más frecuente de la que se piensa” y, basándose en estadísticas de la Secretaría de Educación Pública, el ombudsman nacional asegura que “en el último ciclo escolar se han incrementado (los casos de agresión sexual escolar) tanto en número como en complejidad”.

De hecho, destaca la CNDH, “del año 2011 a agosto de 2014 se presentaron más de la mitad del total de quejas interpuestas ante este organsimo nacional, por este tipo de abusos, durante los últimos 14 años“.

Así, tras detectar este incremento en el número de casos de violencia sexual dentro de planteles educativos, tanto públicos como privados, y basándose en información proporcionada tanto por gobiernos estatales como por el gobierno federal, la CNDH elaboró una radiografía sobre esta problemática que deja ver cuál es el perfil de las víctimas, cuál es el perfil de los agresores, así como cuáles son las omisiones gubernamentales que han permitido que este fenómeno vaya en aumento.

A continuación, te presentamos un resumen de las principales conclusiones a las que llega el ombusman nacional en su “Recomendación general 21 sobre la prevención, atención y sanción de casos de violencia sexual en contra de las niñas y los niños en centros educativos”.

¿Qué se entiende por ‘violencia sexual escolar’?

Según la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño, por violencia contra infantes se entiende “toda forma de perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, incluidos en ésta el abuso sexual, la violación sexual, o cualquier otro tipo de agresión que implique una connotación sexual, mientras las niñas y los niños se encuentren bajo la custodia de los padres, de un representante legal o de cualquier otra persona que lo tenga a su cargo”.

Aunque un acto de violencia sexual puede tener distintas características, algunas de las manifestaciones más comunes de agresión sexual pueden ir desde “miradas lascivas, comentarios con connotación sexual e insinuaciones, hasta llegar a agresiones físicas, tocamientos, abuso sexual y la violación”. Destaca el hecho de que, según la CNDH, del total de quejas que ha recibido por agresiones sexuales en centros escolares, en 61.5% de los casos las víctimas sufrieron precisamente “abuso sexual, violación y violación equiparada”.

Las víctimas

Tras analizar las denuncias por agresión sexual en centros escolares de todo el país –excepto de aquellas ocurridas en Baja California Sur, Chihuahua, Michoacán, y Zacatecas, entidades que no respondieron a la solicitud de información que les realizó la CNDH–, el ombudsman nacional concluyó que, en 70% de los casos, las víctimas de la violencia sexual son niñas, mientras que el restante 30% son varones menores de edad.

Un ataque sexual contra un infante, explica el documento, transgrede sus derechos a la libertad sexual, la integridad personal, al trato digno, a la educación y el desarrollo, y esto se vuelve aún más grave, destaca, cuando dichos ataques se cometen “en centros donde (los niños y niñas) deben ser tratados con dignidad y formados”.

Algunos de los síntomas en los agredidos son: “miedo, incapacidad de confiar en los demás, cólera y hostilidad, conductas sexuales inapropiadas para su edad, depresión, sentimientos de culpa y vergüenza, problemas en su desempeño escolar, problemas somáticos, trastornos de sueño y alimentarios y conductas fóbicas, evasivas, regresivas e incluso autodestructivas“.

Otra característica común en este tipo de agresiones sexuales es que las niñas y los niños guarden silencio y tengan un “sentimiento” de culpa debido a las amenazas que frecuentemente emplean los agresores, en contra de ellos o sus familias, además, se ha observado que la violencia sexual provoca cierta estigmatización y, consecuentemente, algunos padres ante el temor de que la situación se haga pública y que esto implique una revictimización de sus hijos no lo hacen del conocimiento de la autoridad competente, sin embargo, destaca la CNDH, “el ignorar este tipo de casos puede tener como consecuencia que el agresor permanezca impune, que el daño sea irreparable en la víctima e, incluso, que se propicie la reincidencia”.

Los victimarios

Mientras que en los más de 2 mil casos de agresión sexual que se han denunciado en escuelas mexicanas del nivel básico y medio-superior, 70% de las víctimas son mujeres, destaca también el hecho de que en 94% de dichos ataques el autor fuera del sexo masculino y, para la CNDH, esto refleja “que persiste la violencia cotidiana en contra del género femenino, por encima de aquella que se ejerce en contra de los varones”. Aún así, siete mujeres fueron identificadas como agresoras sexuales en centros educativos.

Además, se detectó que en 54% de las agresiones, los autores formaban parte del personas del centro escolar, tales como profesores, prefectos, personal de intendencia y empleados administrativos, mientras que en el 46% restante de los casos, el ataque fue realizado por alumnos de los mismos planteles, en contra de algún compañero o compañera.

De hecho, concluye la CNCH a este respecto, “los agresores suelen ser personas cercanas a las víctimas, por lo que es frecuente que no se utilice la fuerza para cometer la agresión“.

El modus operandi

Según los testimonios de menores de edad que fueron víctimas de agresiones sexuales en sus centros escolares, se determinó que “muchos niñas y niños afectados han coincidido en manifestar que sus agresores los llevaban a lugares aislados, tales como salones de clases aislados o a los sanitarios y, aprovechando que se encontraban en sitios como éstos, les tocaron el cuerpo, principalmente los genitales, y en algunas casos les introdujeron objetos, o bien los penetraron con el dedo o el pene“.

En diversos casos, de hecho, la CNDH detectó que “el diseño, la construcción de los centros escolares o bien la disposición del mobiliario, favorecen que la violencia sexual ocurra e, incluso, que ésta se presente de forma reiterada”. Se trata, según el organismo, de salones de clase que no cuentan con ventanas, o cuyas ventanas están veladas por cortinaje o tapiadas; salones que se encuentran “aislados del resto del plantel”; así como baños escolares que no son de uso exclusivo de los alumnos, sino que son compartidos con el personal del plantel, lo que genera “una situación de aislamiento idónea para que los agresores sexuales violenten a sus víctimas sin que nadie se percate sobre estos hechos”.

Asimismo, “en algunos casos se detectó que las víctimas, además de haber sido agredidas en la escuela, fueron sustraídas de la misma y abusadas por personas externas al centro educativo“, algunos de estos agresores externos, de hecho, fueron familiares del personal escolar.

La Recomendación General 21 destaca que, además de los ataques sexuales, “las niñas y los niños también refirieron haber sufrido otros tipo de abusos, tales como golpes e insultos, y después haber sido amenazados para no contar a nadie la agresión sufrida.”

Entre las amenazas más frecuentes, según el testimonio de las víctimas, están aquellas en las que el agresor advierte que, de contar a alguien lo sucedido, la reputación del menor se verá afectada, o bien que nadie le creerá. Además, se amenaza a los menores con hacerles daño a ellos o algún ser querido, por lo cual, “es común que las niñas y los niños guarden silencio y tengan un sentimiento de culpa al respecto”.

La respuesta de las autoridades

Tras analizar los reportes proporcionados por las autoridades encargadas de la educación pública a nivel estatal –excepto las de de Baja California Sur, Chihuahua, Michoacán y Zacatecas, entidades que ignoraron el llamado de la CNDH a proporcionar información–, el ombudsman nacional concluyó que, una vez comprobada la agresión sexual, las sanciones que recibieron los servidores públicos implicados fueron “llamadas de atención consistentes en ‘extrañamientos’, amonestaciones verbales o escritas, ‘notas malas’, suspensión temporal con pérdida de sueldo por algunos días y reubicación”.

De hecho, se destaca, en 82% de las recomendaciones que se han emitido en relación con la violencia sexual escolar no se separó al agresor oportunamente del grupo, esto, a pesar de que las autoridades educativas conocieron los hechos y de que los lineamientos en la materia prevén expresamente dicha medida.

Debido a esta respuesta omisa de las autoridades, concluyó la CNDH, la violencia sexual que se presenta en las escuelas mexicanas “se puede considerar un tipo de violencia o maltrato institucional”, ya que “las mismas autoridades educativas dificultan el procedimiento de queja y/o denuncia, desincentivando a las víctimas o a los padres de familia de las mismas”, de forma tal que pueden llegar a desistir sobre su intención de hacer del conocimiento de alguna autoridad los hechos de violencia sexual, y esta actitud, se destaca, es mostrada lo mismo por autoridades educativas estatales que federales.

Así, en 88% de los casos documentados por la CNDH, la autoridad escolar incurrió en conductas tales como desincentivar las denuncias de los hechos, omitir proporcionar atención psicológica y permitir que el agresor continuara en contacto con los alumnos. Otras omisiones detectadas por parte de las autoridades escolares fueron: no dar aviso oportuno a los padres del niño o niña agredida; no presentar una denuncia institucional; y no considerar la voz de las víctimas.

Cabe destacar que, según las estadísticas de la CNDH, 32% de las denuncias de ataques sexuales en centros escolares nunca se tradujeron en una investigación del hecho y, por lo tanto, la víctima no fue asistida y el agresor quedó impune. En total, 657 denuncias presentadas entre 2000 y 2013 nunca fueron atendidas por la autoridad.

¿Qué tan seguros están tus hijos, en tu entidad federativa?

Según la información recabada por la Comisión Nacional de Derechos Humanos, las cinco entidades federativas con mayor número de ataques sexuales contra menores de edad en centros educativos, entre los años 2000 y 2013, son: Distrito Federal (con 546 casos), Veracruz (190 casos), Estado de México (156, aunque la cuenta de esta entidad sólo va del año 2004 al 2013), Jalisco (139 ataques) y Guanajuato (124 ataques).

Además, San Luis Potosí, Yucatán, Tabasco, Oaxaca y Nuevo León registraron entre 70 y 99 agresiones sexuales en escuelas; mientras que Puebla, Sonora, Aguascalientes y Guerrero registraron entre 40 y 69 casos.

A su vez, entidades como Quintana Roo, Baja California, Querétaro y Campeche presentaron entre 20 y 39 casos; y en Sinaloa, Tamaulipas, Hidalgo y Coahuila se registraron entre 10 y 19 denuncias.

Las entidades con menos ataques sexuales dentro de escuelas de nivel básico y medio-superior son: Morelos, Colima, Tlaxcala, Durango y Chiapas, en donde se registraron entre uno y siete casos, mientras que Nayarit es el único estado de la República en donde no se tiene registro de ninguna agresión sexual en centros escolares, al menos durante los últimos 14 años.

Este registro, cabe destacar, no incluye los casos de Baja California Sur, Chihuahua, Michoacán y Zacatecas, que no aceptaron abrir su información en la materia.

En total, estas denuncias suman mil 997 expedientes de agresión sexual en escuelas, iniciados entre el año 2000 y el año 2013, a los cuales hay que sumar otras 31 quejas recabadas por la CNDH entre enero y agosto de 2014.

Cabe destacar que las únicas entidades que cuentan con normas específicas para atender casos de violencia sexual escolar son DF, Guanajuato, Puebla, Sonora y Veracruz.

Además, el abuso sexual infantil sólo es considerado como un delito grave Jalisco, Michoacán, Quintana Roo, San Luis Potosí y Yucatán; de igual forma a nivel federal este delito tampoco se considera grave aun en casos de que sea cometido en agravio de alguna niña o niño.

De hecho, de los 32 códigos penales y códigos de procedimientos penales de las entidades federativas, únicamente en tres casos se prevén medidas para salvaguardar a las niñas y niños una vez que se ha realizado una denuncia en la que éstos se vean implicados como víctimas: DF, Nuevo León y Veracruz.

A continuación, te presentamos de forma íntegra la Recomendación General 21 de la CNDH:

escuelas cndh.pdf by http://www.animalpolitico.com

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"Pasé 20 años en prisión. Hoy alimento a miles de personas en Estados Unidos"

El californiano Manny Flores estuvo involucrado en la violencia de pandillas y cumplió 20 años de condena por atentado de homicidio. Hoy dirige uno de los bancos de alimentos más importantes de California.
15 de octubre, 2021
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Manny Flores sabe que lo vienen a matar.

Es el líder de una de las facciones carceleras más poderosas de California, pero alguien más quiere su puesto.

En sus planes no está quedarse quieto mientras conspiran contra él. Así que se adelanta, agarra a su verdugo y lo apuñala 18 veces.

Flores cumple una condena de 20 años en prisión, pero está convencido que tras apuñalar a su enemigo le darán cadena perpetua.

“Pensé que más nunca vería a mis padres”, dice.

“Gracias a Dios”, añade este californiano de padres latinos, el apuñalado sobrevivió y jamás lo acusó formalmente.

Fue como si el destino le diera otra oportunidad. Así que Flores cerró su primera vida: la pandillera, criminal y peligrosa.

Hoy es otro hombre.

Veintisiete años después de entrar en una de las cárceles más peligrosas de California por su actividades como pandillero, Flores devuelve a su comunidad como bien todo el mal del pasado.

Actualmente es el director del North Valley Caring Services (NVCS), una organización sin ánimo de lucro que alimenta, apoya, educa y protege a miles de familias desamparadas en la zona del Valle de San Fernando en el condado de Los Ángeles.

Vista aérea de parte del Valle de San Fernando.

Getty Images
La zona del Valle de San Fernando en Los Ángeles es sede de corporaciones gigantes como Walt Disney, CBS o Warner Bros.

Porque detrás de la fachada de Silicon Valley, el glamour de Hollywood, las playas de surf, el sol y la riqueza, Flores asegura que el riesgo de mendicidad está fuera de control en este estado del país más poderoso del mundo.

“No sé si alguna vez pueda reparar a mi comunidad todo el daño que hice, pero hasta donde yo pueda, quiero trabajar duro, ser honesto y dedicar mi vida al bien”, afirma.

La labor de Flores es ejemplo de superación y conversión para toda su comunidad.

Un camino nada fácil que, hoy con 50 años, comparte con BBC Mundo.

Auxilio para los desamparados

El Valle de San Fernando se encuentra en el norte del condado de Los Ángeles.

Esta zona, sede de corporaciones gigantes como Walt Disney y Warner Bros, también acusa la grave crisis de mendicidad que azota a todo Los Ángeles y al estado de California.

“La realidad es que el costo de la vida está fuera de control. Eso está empujando a mucha gente a la mendicidad”, comenta Flores.

Manny Flores junto a algunas de las personas sin techo que ayuda.

Manny Flores
Flores asiste a unas 4.500 familias en el Valle de San Fernando en Los Ángeles. La mayoría son personas sin techo, víctimas de la grave crisis de mendicidad que afecta a la ciudad y al estado de California.

Según el último reporte anual de Los Angeles Homeless Services Authority, de 2019 a 2020 el número de “sin techo” en el condado de Los Ángeles ascendió a 66.433 personas, uno de los peores registros del país.

La mayoría que necesita ayuda son familias de ingreso medio. Ellos son quienes peor lo están pasando ahorita, los más frágiles”.

Entre esas decenas de miles se encuentran muchos de los que Flores se ha propuesto devolverles cada día como bien el mal que dice haberles hecho en el pasado.

“Alimentamos cada semana a un total de 4.500 familias. Desde nuestra agencia atendemos unas 1.500. Luego, a través de iglesias y centros de distribución, completamos la cifra”.

“Yo le hice mucho daño a mi ciudad, Los Ángeles. Es mi deber servir y usar todo lo malo que viví para bien”.

Camino torcido

El Flores de antes de prisión dista mucho de la persona con la que hablo por teléfono.

Se le nota conmovido cada vez que menciona lo mal que lo está pasando su comunidad.

Pero hace más de dos décadas sus motivaciones eran muy diferentes.

“No sé cómo me torcí. Era hijo único y mi casa jamás fue problemática o abusiva”.

Manny Flores adolescente.

Manny Flores
Siendo apenas un adolescente, Flores comenzó a involucrarse en el crimen y la violencia de pandillas en Los Ángeles.

“Crecí en una familia donde me inculcaron principios de valor, amor, respeto hacia el prójimo, las propiedades y el sistema”.

Como muchos angelinos, los padres de Flores son latinos. Su mamá vino de Cuba y su papá de México.

En los años 80, en plena adolescencia, Flores empieza a “ensuciarse” con las pandillas que rondaban su vecindario.

Dice que las malas influencias lo cambiaron, que adoptó un estilo de vida diferente.

En aquellos años, el día a día de Flores era vender drogas, robar, extorsionar, portar armas, dispararlas contra las bandas rivales.

Y no fue un pandillero cualquiera.

Cuerpo tapado víctima de un tiroteo en el sur de Los Ángeles.

Getty Images
Manny Fores estuvo involucrado en la intensa violencia pandillera que sacudió Los Ángeles entre los 80 y los 90.

“Yo era un personaje de alto grado. Contaban conmigo para la logística de la pandilla. Movía dinero, manipulaba a la gente y reclutaba jóvenes”.

A los 22 años, Flores ya había estado envuelto en múltiples apuñalamientos y tiroteos.

Con 23 años, sin embargo, se propuso llevar un estilo de vida más pacífico. Se casó. Tenía dos hijos.

Pero todo volvió a torcerse.

“Intentaron asesinarme y fui a cobrármelas. Busqué a quienes me dispararon, disparé contra ellos y le di a una persona”.

Fue el último periplo criminal de Flores en la calle. La policía lo agarró y la justicia le impuso 20 años de cárcel por intento de homicidio.

La vida en prisión

A Flores lo enviaron a una de las prisiones más violentas del estado.

Como en la vida pandillera, en las prisiones californianas manda la ley del más fuerte. Un juego de poder en el que este joven de 23 años no quiso quedarse atrás.

“Me asocié en prisión con la mafia mexicana, pero había otras facciones, como los afroamericanos, los estadounidenses blancos, los skinhead o los de la Nación Aria”.

Vista aérea de la prisión de San Quentin en California.

Getty Images
Manny Flores asegura que en las prisiones de California varias facciones compiten por el poder y control.

Dentro de la mafia mexicana, Flores vuelve a erigirse como líder.

Estaba a cargo de unos 200 hombres dentro del centro penitenciario. Decide las políticas de prisión, con quién se pelean, qué drogas entran. Lo supervisa todo.

“Alguien quería mi posición y lo mandaron a apuñalarme. Me avisaron que pasaría, pero no podía dejar que pasara. Tuve que enseñar que era un hombre y que mis problemas los arreglo yo solo”.

Entonces Flores fue y le clavó 18 veces el puñal a quien lo quería atacar.

“Pensé que me darían cadena perpetua, pero el tipo sobrevivió y nunca me acusó. Es muy raro que eso pase“.

La conversión

En medio de la condena, las autoridades mandaron a Flores a una celda aislada, para donde van los más peligrosos.

“Me controlaban las 24 horas del día. No veía el sol, no tenía visitas, ni contactos ni acceso al teléfono. La gente allí se vuelve loca”.

Pero la soledad, el aislamiento y “un encuentro con Dios” cambiaronn a Flores. Tenía tiempo para pensar.

Manny Flores junto a su madre y su padre.

Manny Flores
Flores aprovechó el aislamiento en prisión para reflexionar sobre por qué y cómo se alejó de las enseñanzas de su familia.

Comprende que sus errores y crímenes del pasado responden a una baja autoestima, a una necesidad de ser aceptado a través de imponer miedo y respeto.

“Fue la primera vez que fui honesto conmigo mismo. Muchas de las cosas que hice fueron por puro miedo y no porque fuese el más bravo. Es curioso, porque le ha sucedido igual a otros en la misma situación”.

Flores aprovechó el aislamiento para estudiar, formarse, y prepararse para una nueva vida fuera de prisión.

Manny Flores junto a su madre.

Manny Flores
Tras salir de prisión, Flores demostró a sus padres que podía cambiar y aplicar todas las buenas enseñanzas que le inculcaron de niño.

Reinserción complicada

Cuando Flores sale de la cárcel en 2014, empieza a tocar puertas.

Una de las primeras fue las de la iglesia que le ayudó en su conversión dentro de la cárcel.

“No me aceptaron. Tenían miedo por mi pasado. Pensaron que quizás mi conversión no era real y que podría hacerles daño. Me dieron a entender que buscara otra iglesia”.

Flores vivió en primera persona las dificultades por las que puede pasar un exconvicto para reinsertarse en la sociedad.

“Cuando estaba en prisión, todos me pedían que cambiara. Pero cuando cambié y salí, uno se da cuenta de muchas cosas. La gente, tu familia, tu comunidad, tu iglesia, quieren que cambies, pero cuando tienen que darte una oportunidad las cosas son muy diferentes”.

Manny Flores rezando en Navidad.

Manny Flores
Manny Flores no lo tuvo fácil para reinsertarse en la sociedad y muchas puertas que parecían abiertas se le cerraron.

“Es difícil encontrar oportunidades para personas como yo. Con antecedentes es muy difícil tener un trabajo significativo“.

Fue entonces cuando la pequeña organización North Valley Caring Services (NVCS) apareció en su camino.

La directora en ese tiempo tenía un amigo en común con Flores. Le concedieron una entrevista y luego le ofrecieron un trabajo.

Cinco años más tarde, a Flores lo nombraron director tras implementar un programa de comida que de a poco comenzó a impactar la vida de muchos.

“Estoy muy agradecido. Yo no tenía ninguna experiencia, solo mi educación en prisión y lo que aprendí en la calle”.

Manny Flores junto al alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti.

Manny Flores
La tarea de Manny Flores al frente de NVCS ha trascendido por toda la ciudad. En esta foto posa junto al alcalde de Los Ángeles, Eric Garceti.

Mucho más que un banco de alimentos

Repartir comida es solo uno de los programas que actualmente maneja el NVCS bajo la dirección de Flores.

Proporcionan aparcamientos para las familias que viven en sus carros, ofrecen seguridad, alimentos, ducha.

También asisten a los que viven en estaciones de trenes.

El centro, además, educa a niños y les enseña a usar computadores y navegar en internet.

“Muchas familias que llegan al país no saben cómo usar las computadoras y no pueden ayudar a sus hijos con las tareas. Así que establecimos un salón donde ofrecemos ayuda“.

Manny Flores en una de las jornadas de distribución de alimentos.

Manny Flores

El NVCS también enseña habilidades de emprendimiento para individuos. Fomenta la creación de microempresas e inculca conceptos de negocios.

Luego les busca un sitio donde puedan vender sus artículos y quedarse con el 100% de las ganancias.

“Varias personas han conseguido buenos contratos y ahora se encuentran en otro nivel económico. Por medio de nuestros programas, hemos conseguido impactar a un 20% de las personas del área de San Fernando“.

“Nuestro objetivo es crear un sistema colectivo y cooperativo donde logremos que la comunidad entienda la fuerza que tiene cuando trabajamos juntos”, dice Flores.

Satisfacción personal y familiar

Flores se ha vuelto a casar. Su actual esposa es la primera mujer con la que dice que fue completamente honesto.

“Le expliqué mis circunstancias y me presenté cómo soy. Me aceptó con todo”.

Flores le agradece a Dios y a la vida el haber tenido la oportunidad de enmendar su camino.

Le emociona que su papá y su mamá hayan podido ver el cambio en su vida y todo lo que hace por su comunidad.

Manny Flores junto a su padre.

Manny Flores
Manny Flores se siente agradecido a Dios y a la vida por permitir que su padre viera cómo cambió y aplicó sus enseñanzas.

“Mi papá falleció hace un mes, pero tuve el privilegio de que me viera reflejando todas las enseñanzas que él me inculcó. No sé si lo que hago podrá reparar el daño que hice, pero trabajaré muy duro para intentarlo”.

A Flores le gustaría ver más modelos de organizaciones como NVCS, que con un presupuesto limitado está haciendo un gran cambio en el barrio.

“Ya nos han invitado a abrir más agencias en dos ciudades cercanas. Estamos muy cerca de lograrlo“, cuenta ilusionado.


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