Booktubers: así se ama leer sin tanta solemnidad
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Booktubers: así se ama leer sin tanta solemnidad

Lectores mexicanos han usado YouTube para compartir reseñas y comentarios de sus libros favoritos, pero muy lejos de lo académico; ahora son un éxito en la red.
Por Carlos López Aguirre /Yorokobu
11 de octubre, 2014
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Libros del 2013

Libros del 2013

Los libros tienen un problema, y es bastante grave: que son libros.

¿Y por qué es un problema?

Porque durante años han padecido el desprecio de aquellos que aprendieron a odiarlos en las escuelas, donde el castigo era ir a la biblioteca y donde les enseñaron que eran aburridos, pues dentro de ellos tan solo se guardan lecciones que se deben aprender, versos que se deben memorizar u obligadas historias que se deben leer. Es decir, los libros convertidos en herramientas para atornillar cerebros.

Sin embargo, hay personas que sortearon casi de milagro estos obstáculos y tuvieron la oportunidad de acercarse a los libros con una mayor libertad. Un gusto que decidieron compartir aprovechando las ventajas que ofrecen plataformas como YouTube.

Es así como nacieron los Booktubers.

Y aunque han aparecido en varios países, ha sido en México donde se han convertido en un fenómeno que ha llamado la atención tanto de medios de comunicación como de editoriales y festivales literarios.

Una de las pioneras en el mundo Booktuber es Abril G. Karera, egresada de letras clásicas de la UNAM. Comenzó su blog Ensayos de Abril en el año 2009, pero no fue hasta cuatro años después cuando decidió abrir su canal en YouTube. “Planeaba llevar a otro nivel mi blog hablando de literatura, redacción y notas culturales”, afirma. Pero en muy poco tiempo comprendió que lo que más le gustaba era compartir sus lecturas, además de dar consejos de escritura y ortografía.

De una manera menos casual Antonio Miranda comenzó su canal Tonnybeth. Había estudiado Filosofía, pero siempre había tenido curiosidad por la literatura juvenil y descubrió en YouTube un medio para acercarse a ella, y al final ha acabado convertido en un booktuber de gustos diversos, que tanto reseña novedades juveniles como lo último en literatura israelí, novelas negras o filosóficas.

Por su parte, Alberto Villarreal creó el canal Abriendo libros con toda la intención de compartir sus lecturas, dar su opinión de las mismas, recibir recomendaciones y conocer la opinión de sus viewers. Actualmente cuenta con cerca de 50 mil suscriptores, y es uno de los booktubers más populares de la red.

Si por algo se distinguen los booktubers, además de su juventud, es haber logrado su popularidad de una forma vertiginosa como acostumbramos a ver con la red. Pero dar el mérito solo a la tecnología sería demeritar una de las grandes virtudes del booktuber: la naturalidad y la espontaneidad con la que presentan las reseñas de sus libros, alejados completamente de lo académico o de lo solemne. Algo que sus seguidores agradecen y una de las principales razones que han encontrado para darle play a cada vídeo.

Otra característica muy booktuber son sus gustos variados. No le hacen el feo a nada: leen todo lo que se les ponga en frente, desde los grandes clásicos hasta lo publicado en los últimos meses.

Esta variedad les ha permitido convertirse en lectores con gustos heterogéneos: Abril lee desde textos de divulgación hasta recetarios de cocina, pero entre los títulos que más le han impactado son Génesis, de Bernard Beckett, la saga Fundación de Isaac Asimov o Frankenstein de Mary Shelley. A Antonio le encanta la ciencia ficción como Ciudad Permutación de Greg Egan o El estigma del alacrán de Nancy Farmer, y de novela policiaca le gusta la trilogía Millenium de Stieg Larsson o Venganza de Benjamin Black. También lee novelas que tratan temas filosóficos de autores como Albert Camus o Milan Kundera. Alberto, por su parte, tira más hacia lo nacional y entre sus libros favoritos se encuentran Persona normal de Benito Taibo o Cartas a Chepita de Jaime Sabines.

Pero ser un booktuber implica no solo ser un buen lector, sino también tener carisma frente a la cámara, por supuesto, y ciertos conocimientos de edición de video. Cada uno de sus post les lleva un tiempo considerable. Por otra parte, la forma de grabarlos varía. Abril realiza una sola toma al igual que Alberto, quien afirma que el proceso total hasta la edición le lleva alrededor de cinco horas. Por su parte, Antonio tan solo dedica dos, aunque él va realizando varias tomas para un solo post.

En lo que coinciden es que su actividad es una forma de fomentar lectura y se sienten orgullosos de ello. Aunque ninguno se hizo booktuber con esta intención. Ahora que el mundo editorial y, sobre todo, sus seguidores, los observan, llevan esta misión con tanto gusto y responsabilidad que están dispuestos a seguir haciéndolo, además de que parece que encontraron su verdadera vocación. Y YouTube tiene mucha culpa de ello, pues difícilmente se hubieran dedicado a ello sin la herramienta y toda su actividad de promoción de la lectura se limitaría a comentar libros con sus amigos.

Ahora han conseguido que muchas personas se acerquen a los libros con mayor naturalidad, sin la terrible obligación académica, o que muchos que habían abandonado la lectura, vuelvan a encontrar gusto en ella.

Más allá de los que dicen que los booktubers son una moda o que acabarán realizando reseñas pagadas por las editoriales, dándole la espalda a sus orígenes, y que con el tiempo se perderán en el abismo de la red. En estos momentos han conseguido lo que no han logrado horas de escuela o los programas oficiales de fomento de la lectura: que miles de jóvenes se acerquen con libertad y gusto a los libros y los lean.

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Coronavirus: qué es el cerebro pandémico y cómo nos afecta en el día a día

La exposición al estrés crónico que ha traído la pandemia está teniendo más consecuencias de las que imaginamos. Te contamos algunas y cómo contrarrestarlas.
26 de julio, 2021
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Me siento a escribir este texto. Arranco. Voy bien, llevo 100 palabras. Bueno, pienso que esta última línea quizás no se entiende. La borro. Lo borro todo. ¿Cómo retomo? Página en blanco. Mente en blanco. Pasan los minutos. Reviso el teléfono. ¡Es imposible concentrarse!

Es muy probable que en el último año y medio hayas sentido algo parecido ante cualquier actividad.

Si es así, no te preocupes. Muchos lo comparten. Tenemos cerebro pandémico.

No se trata de un término clínico, pero es así cómo algunos científicos denominan a la serie de dolencias que está sufriendo nuestro cerebro a raíz de la pandemia.

El estrés crónico y los largos ratos de confinamiento no solo han afectado nuestra capacidad de memoria y concentración.

Hay expertos que creen que también es posible que hayan reducido en tamaño algunas zonas de nuestro cerebro.

Pero, ¿nos quedaremos así para siempre?

Estrés prolongado

Los especialistas coinciden en que el principal responsable de los cambios en nuestra cabeza es la larga exposición al estrés durante tanto tiempo, el estrés crónico.

“Hay niveles de estrés ‘buenos’. Si necesitas culminar una tarea en un tiempo ajustado, una vez lo haces el estrés se va. Se acaba todo”, ejemplifica Michael Yassa, neurólogo del Centro de Neurobiología del Aprendizaje y la Memoria en California.

Mujer mirando a través de la ventana durante el confinamiento.

Getty Images
El aislamiento social provoca una exposición al estrés prolongado, impactando el volumen de varias zonas de nuestro cerebro involucradas en nuestras actividades diarias.

“Pero cuando el fin no está la vista y el estrés continúa por una sesión prolongada, entonces se vuelve problemático”, le explica Yassa a BBC Mundo.

Es lo que nos está sucediendo con la pandemia. Vivimos un estado dilatado de espera, de confinamientos y relajaciones, restricciones y medidas sin saber cuándo recuperaremos lo que ahora llamamos normalidad.

El estrés prolongado libera cortisol, y si tienes problemas continuos con esta hormona, puede llegar a afectar el volumen de algunas zonas del cerebro.

La neuropsicóloga Barbara Sahakian, de la Universidad de Cambridge en Reino Unido, ha estado analizando los efectos del distanciamiento social y la ansiedad por la pandemia en nuestra masa cerebral.

“A través de escáneres a personas socialmente aisladas hemos detectado cambios en el volumen de las regiones temporales, frontales, occipitales y subcorticales, así también como en el hipocampo y la amígdala”, le dice Sahakian a BBC Mundo.

“Ya en el pasado, altos y prolongados niveles de cortisol han sido asociados con disrupciones del humor y la reducción del hipocampo. Esto se observa sobre todo en pacientes con depresión”, añade.

En 2018, por ejemplo, un estudio publicado en la revista Neurology de la Academia Estadounidense de Neurología demostró que un alto nivel de cortisol en pacientes se asoció con una peor memoria y percepción visual, así como con volúmenes más bajos de materia gris total, occipital y lobar frontal.

Y esos cambios de volumen como los detectados por Sahakian pueden incidir directamente en las actividades que realizamos a diario.

“Ese conjunto de dolencias que afectan a la salud mental y nos generan depresión y ansiedad, es lo que coloquialmente estamos llamando cerebro pandémico”, apunta Yassa.

¿Cómo nos afecta el cerebro pandémico en el día a día?

La doctora Sahakian pone un ejemplo muy común.

“Aparcas tu auto en un estacionamiento público de múltiples niveles de un centro comercial. Regresas después de varias horas. Por un momento te pierdes y no recuerdas dónde dejaste tu auto. Pues bien, el hipocampo es la zona del cerebro responsable de aplicar esa memoria, precisamente una de las zonas más afectadas por los efectos de la pandemia”.

Aparcamiento en Santa Mónica, Los Ángeles, Estados Unidos.

Getty Images
Los efectos del llamado cerebro pandémico pueden notarse si tenemos dificultades para reencontrar nuestra plaza de aparcamiento.

El hipocampo también está involucrado en los procesos de aprendizaje. Además, es una zona que normalmente se deteriora con la edad.

“Es por ello que los ancianos pueden ser más vulnerables, aunque también hemos detectado que los niños pueden experimentar retrasos en su desarrollo social y del lenguaje”, argumenta Sahakian.

Pero los efectos del llamado cerebro pandémico van mucho más allá de una afectación leve de la memoria o un retroceso de la capacidad de aprendizaje.

Son muchos los receptores que son sensibles al cortisol, así que varias redes neuronales quedan afectadas, notándose en nuestros posibles cambios de humor frecuentes, sentimientos de miedo o la incapacidad para concentrarnos, realizar varias tareas a la vez o tomar decisiones sin titubear.

Esto se debe a su impacto en el sistema límbico y la amígdala, esta última encargada de hacernos sentir emociones.

“Muchos pacientes describen un sentimiento de “neblina mental” y se quejan de que ya no toman decisiones de la misma forma que lo hacían antes”, explica Yassa.

Por supuesto, esta carga psicológica también viene acompañada de irremediables consecuencias fisiológicas.

“La depresión y la ansiedad nos afectan el sueño, cambian el apetito y producen fatiga”, añade el neurólogo.

Escáner de cerebro.

Getty Images
Sahakian y su equipo han estado investigando las variaciones en nuestro cerebro que provoca la pandemia.

No afecta a todos por igual

Como en todo, el cerebro pandémico lastra más a unos que otros. En esto entra en juego la resiliencia individual y el nivel de estrés al que estemos sometido.

No sufren lo mismo quienes han padecido el aislamiento social que aquellos que perdieron un familiar o conocido, se quedaron desempleados o estuvieron infectados.

En estos casos, además del estrés crónico, también puede aparecer el estrés postraumático, incrementando la inestabilidad de la salud mental, la depresión, el dolor y la ansiedad.

Algunos hemos mostrado más resiliencia y creamos estrategias durante los confinamientos para mantenernos sanos, como seguir una rutina de ejercicio físico, pero para los más afectados este tipo de actividades puede ser más difícil de seguir”, diferencia Sahakian.

“La autogestión del estrés es algo personal que no todos logramos de la misma manera. Todos hemos tenido estrés en nuestra vida. Si logramos superarlo, este estrés hasta puede ser bueno en cierto punto” añade.

¿Es posible recuperarse?

El doctor Yassa quiere pensar que sí es posible superar los cambios sufridos, pero reconoce que no será de la noche a la mañana y que tomará tiempo.

“La gente se sobrepone a desastres naturales o la pérdida de seres queridos, así que de esto también deberíamos superarlo. Pero primero debe desaparecer la causa”, aclara.

“Según se vayan recuperando las libertades y la gente retome el contacto social, todos mejoraremos”, amplía Sahakian.

Persona llorando en una tumba en Indonesia en plena ola de coronavirus.

Getty Images
Las personas que han sufrido un ser querido pueden tardar más en recuperarse de los efectos psicológicos de la pandemia.

Mientras esperamos por la vuelta a la normalidad, los expertos igualmente aconsejan aplicar técnicas para traer de vuelta nuestras funciones cognitivas.

“Debemos retarnos con juegos de memoria para recuperarla, así también como ponernos a aprender cosas nuevas”, recomienda la doctora.

Yassa opina que debemos enfocarnos en crear una especie de armonía de ritmos.

“Levantarnos a la misma hora, comer regularmente y hacer ejercicio físico da mejores oportunidades al cerebro para recuperarse“.

Pero si bien estas actividades pueden ser suficientes para muchos, Sahakian reconoce que algunos podemos necesitar la ayuda de profesionales.


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https://www.youtube.com/watch?v=WhrDWNcNQEM

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