Crece la movilización estudiantil por desapariciones de normalistas de Ayotzinapa
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Crece la movilización estudiantil por desapariciones de normalistas de Ayotzinapa

Las principales universidades públicas del país amanecieron este miércoles con un paro de labores de 48 horas aprobado por las asambleas estudiantiles de 30 escuelas y facultades de la UNAM, la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Pedagógica Nacional y la Universidad Autónoma de Chapingo en “solidaridad” con los estudiantes de Ayotzinapa.
Por Nayeli Roldán
16 de octubre, 2014
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Foto: Nayeli Roldán (nayaroldan)

Foto: Nayeli Roldán (nayaroldan)

Los jóvenes que suben al templete sostienen con fuerza el micrófono, lo hacen retumbar cuando gritan los nombres de los 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa desaparecidos el 26 de septiembre. Se desgañitan para pedir castigo a los tres órdenes de gobierno por el ataque perpetrado en Iguala, Guerrero, que califican como “crimen de Estado”.

Son estudiantes de diversas escuelas de la UNAM, el IPN, la UAM que llegaron hasta el edificio de la Procuraduría General de la República (PGR), ubicado en Paseo de la Reforma, para exigir una investigación que lleve al paradero de los jóvenes y no a “fosas repletas de cadáveres”.

Mientras los jóvenes llaman a “trascender la indignación con organización”, mientras representantes de San Salvador Atenco se solidarizan con el movimiento estudiantil, mientras María Herrera desea que nadie más conozca el dolor que provoca la búsqueda de un desaparecido, a unos metros, otros jóvenes comienzan su propia protesta.

La primera muestra de esa otra movilización sucede minutos antes del mitin, cuando un joven sube a una de las vallas metálicas que pretendían resguardar el edificio y pinta con aerosol rojo una de las ventanas: “Estado asesino. Vivos los queremos”.

Alrededor de las 18 horas, de entre la multitud se ve volar piedras que rebotaban apenas llegan a las paredes de cristal del edificio donde despacha el procurador Jesús Murillo Karam. Entonces, las cámaras de televisión y reporteros abandonan a los oradores del templete para grabar a los otros inconformes.

Los cristales parecen infranqueables hasta que una roca perfora la orilla de una ventana. Muchos gritan eufóricos por haberlo logrado. Lo intentan una y otra vez y consiguen un boquete. Son cuatro los hombres con el rostro cubierto que lanzan con la fuerza y tino suficiente para quebrar varios cristales. Son del grupo auto llamado anarquista cuyas formas radicales de movilización fueron mostradas el año pasado cuando las manifestaciones terminaban con bombas molotov, enfrentamientos y heridos.

En un extremo de la calle, los manifestantes gritan “vivos se los llevaron, vivos los queremos”. Aquí donde están los encapuchados se escucha: “esto no es violencia, esto es resistencia”, “eso no es violencia, es acción directa y resistencia”.

Una joven que sostiene una pancarta con el hashtag “JusticiaparaAyotzinapa” se dirige al grupo de reporteros: “prensa amarillista, la nota está allá (con los discursos)”; el reclamo llega a empujones entre jóvenes y camarógrafos, pero ambos se apaciguan después de algunos gritos.

Siguen las grabaciones de las pedradas mientras una joven blanca y regordeta se descubre el torso para que su compañero, vestido con traje militar y una máscara blanco y negro le escriba con tinta roja “prensa vendida”. Ella grita ¿Esto es lo que quieren? Nadie dice nada de los desaparecidos y las fosas y están aquí sacando la nota amarillista”.

Los encapuchados retoman el lanzamiento de piedras. No les importa que Ana Luisa Pérez, grite que a su hermano lo despareció la policía del Estado de México. Pese a llora y exige justicia, pese a que algunos medios acuden a entrevistarla, los jóvenes siguen con las rocas. Las levantan, las avientan repetidamente hasta que los cristales caen al suelo y tienen de nuevo la atención de las cámaras.

Tardan menos de una hora en romper los cristales, incendiar pancartas y un bote de basura. En los últimos minutos ya no se escuchan arengas y los observadores son menos. Los lanzadores optan por perderse entre el resto de jóvenes que aún se encuentra en la zona. Otros se reagrupan cuando escuchan el anuncio de la llegada de granaderos. Aunque no hubo presencia policiaca, deciden irse en grupo. El acto inicial se acabó y pasó desapercibido para estos protestantes que van gritando “metro popular, metro popular”.

Organización estudiantil

Las principales universidades públicas del país amanecieron este miércoles 15 de octubre con un paro de labores de 48 horas aprobado por las asambleas estudiantiles de 30 escuelas y facultades de la UNAM, la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Pedagógica Nacional y la Universidad Autónoma de Chapingo en “solidaridad” con los estudiantes de Ayotzinapa.

El lunes, apenas la Facultad de Filosofía y Letras, Ciencias Políticas y Sociales, la Escuela Nacional de Trabajo Social y la Fes Zaragoza habían optado por cerrar sus puertas como parte de la exigencia para la presentación con vida de los 43 normalistas de Iguala.

Samuel González, vocero de la Facultad de Filosofía y Letras, asegura que la próxima semana serán más escuelas convencidas de esta estrategia. Lo de este día, insiste, es el preámbulo de una gran organización estudiantil. “La exigencia de la presentación con vida de los estudiantes es la punta de lanza. Es urgente que los estudiantes consolidemos un horizonte de organización y de lucha a nivel nacional y de manera permanente”.

La concentración en las Islas de Ciudad Universitaria de más de cuatro mil jóvenes es una muestra del convencimiento de los estudiantes por esta causa. “Ayotzinapa ha despertado al movimiento estudiantil”, dice la representante de la Facultad de Filosofía ante los asistentes que responden con goyas a todo pulmón.

Este mitin pretende demostrar la “solidaridad” hacia los estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa como Carlos Pérez, quien llegó a la concentración universitaria en representación de sus compañeros. Luego de explicar que los 43 jóvenes fueron aprehendidos por policías municipales advierte: “No nos interesa por qué riesgos vamos a pasar. Estamos dispuestos a dar todo por nuestros hermanos. Invitamos al pueblo al general a que se sume a esta lucha porque no podemos permitir que nos sigan callando”.

Asegura que pese a que las investigaciones de la PRG son una “burla” para ellos y sus familias, se sienten “apoyados por el sector estudiantil del Distrito Federal y otras partes del país. Nos alegra que está despertando la conciencia de todos y se sumen en la lucha”.

Casi a la misma hora, pero a kilómetros de distancia, en Santa Fe, una de las zonas más opulentas de la Ciudad de México, se manifiestan los estudiantes de la Universidad Iberoamericana, cuyo activismo se hizo quizá más visible a raíz de la protesta contra el entonces candidato a la presidencia Enrique Peña Nieto y que originó el movimiento #Yosoy132.

En la explanada del campus colocaron las fotografías de los 43 desaparecidos. Los nombraron uno a uno tras la consigna: “los queremos vivos” y emitieron un pronunciamiento en el que exigieron a las autoridades de todos los órdenes de gobierno la presentación con vida de los 43 estudiantes durante el ataque que calificaron de “abominable”.

El Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) inició una noche antes. El martes 14 organizó una velada bajo la consigna “Justicia para Ayotzinapa”. Su pronunciamiento parece el resumen del sentimiento estudiantil de los últimos días: “No estamos dispuestos a vivir en un país que desaparece y asesina a sus estudiantes, sin importar la institución en la que se encuentre, su condición social, entidad o los ideales que defiendan. El Estado nos debe proteger por igual a todos, sin importar que estudiemos en el ITAM, la UNAM, el Poli, la Ibero, el Tec, o la Normal Rural de Ayotzinapa”.

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Huracán Laura: cómo se forman los ciclones tropicales y por qué son tan frecuentes en México, EU y el Caribe

La explicación científica es apasionante y te ayudamos a entenderlo con mapas, gráficos e imágenes satelitales.
26 de agosto, 2020
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Montaje con un huracán y un mapa de América

BBC

Los huracanes son las tormentas más grandes y violentas del planeta.

Cada año, entre los meses de junio y noviembre, azotan la zona del Caribe, el Golfo de México y la costa este de Estados Unidos, en algunas ocasiones arrasando con edificios y poblaciones.

Sus homólogos son los tifones, que afectan al noroeste del océano Pacífico, y los ciclones, que lo hacen al sur del Pacífico y el océano Índico.

Zonas donde se forman ciclones tropicales

BBC

Todos son ciclones tropicales, pero el nombre “huracán” se usa exclusivamente para los del Atlántico norte y del noreste del Pacífico.

Pero, ¿cómo se forman y por qué suelen afectar a esta zona del mundo?

Huracanes, bombas de energía

El mecanismo más común de formación de huracanes en el Atlántico — que provoca más del 60% de estos fenómenos — es una onda tropical.

La onda empieza como una perturbación atmosférica que crea un área de relativa baja presión.

Suele generarse en África Oriental a partir de mediados de julio.

Si encuentra las condiciones adecuadas para mantenerse o desarrollarse, este área de baja presión empieza a moverse de este a oeste, con la ayuda de los vientos alisios.

Origen de la onda tropical y los vientos globales

BBC

Cuando llega al océano Atlántico, la onda tropical puede ser el germen de un huracán, pero para que este se forme necesita fuentes de energía, como el calor y el viento adecuado.

En concreto, es necesario que la superficie del agua esté por encima de los 27ºC y que haya una capa espesa de agua caliente en el océano.

También tiene que haber, por un lado, vientos con un giro horizontal para que la tormenta se concentre. Por el otro, vientos que mantengan su fuerza y velocidad constante a medida que suben desde la superficie del océano.

Si hay cortante de viento, o variaciones del viento con la altura, esto puede interrumpir el flujo de calor y humedad que hace que el huracán se forme.

Además, tiene que haber una una concentración de nubes cargadas de agua y una humedad relativa alta presente en la atmósfera.

Ingredientes para un huracán

BBC

Todo esto tiene que ocurrir en las latitudes adecuadas, en general entre los paralelos 10° y 30° del hemisferio norte, ya que aquí el efecto de la rotación de la Tierra hace que los vientos puedan converger y ascender alrededor del área de baja presión.

Cuando la onda tropical encuentra todos estos ingredientes, se crea un área de unos 50-100 km, donde empiezan a interactuar.

“El movimiento de la onda tropical funciona como el disparador de esa tormenta”, explica a BBC Mundo Jorge Zavala Hidalgo, coordinador general del Servicio Meteorológico Nacional de México.

Y es esta tormenta la que hace de catalizador: empieza el baile de calor, aire y agua.

El área de baja presión hace que el aire húmedo y caliente que viene del océano suba y se enfríe, lo que alimenta las nubes.

La condensación de este aire libera calor y provoca que la presión sobre la superficie del océano baje aún más, lo que atrae más humedad del océano, engrosando la tormenta.

Los vientos convergen y ascienden dentro de este área de baja presión, girando en dirección contraria a las agujas del reloj — por influencia de la rotación de la Tierra — y dando a los huracanes esa imagen tan característica.

A medida que la tormenta se hace más poderosa, el ojo del huracán — el área central de hasta 10km — permanece relativamente tranquilo.

A su alrededor se levanta la pared del ojo, compuesta de nubes densas donde se localizan los vientos más intensos.

Más allá, están las bandas nubosas en forma de espiral, donde hay más lluvias.

La velocidad de los vientos es la que determina en qué momento podemos llamar a este fenómeno “huracán”: en su nacimiento es una depresión tropical, cuando aumenta de fuerza pasa a ser una tormenta tropical y se convierte en huracán cuando pasa de los 118 km por hora.

Pasos de depresión a ciclón tropical

BBC

A partir de ahí, se suelen clasificar en cinco categorías según la velocidad sostenida del viento. En el Atlántico, se usa la escala de vientos Saffir-Simpson para medir su poder destructivo.

Tal es su fuerza que los vientos de un huracán podrían producir la misma energía que casi la mitad de la capacidad de generación eléctrica del mundo entero, según la Administración Nacional de Océanos y de la Atmósfera de Estados Unidos (NOOA, por sus siglas en inglés).

Escala de vientos Saffir-Simpson

BBC

Sin embargo, no es el viento sino la marejada y las inundaciones que provoca la lluvia que descarga el huracán las que generalmente causan la mayor destrucción y pérdida de vidas.

En Estados Unidos, por ejemplo, la marejada provocada por ciclones tropicales en el Atlántico fue responsable de casi la mitad de muertes entre 1963 y 2012, según datos de la Sociedad Americana de Meteorología (AMS, por sus siglas en inglés).

Además de estos factores, la destrucción causada por un huracán va a depender de otras circunstancias, como la velocidad a la que pasa, la geografía del territorio y la infraestructura de la zona afectada.

Mujer en su casa inundada

Getty Images
“Amanda” y “Cristóbal” no llegaron a ser huracanes pero dejaron lluvias extraordinarias y mucha destrucción en México y Guatemala en mayo de 2020.

“No necesariamente el daño o el peligro asociado a un ciclón tropical corresponde a su categoría. Por ejemplo, el ciclón de mayor categoría no tiene porque tener asociada más precipitación”, dice Jorge Zavala Hidalgo a BBC Mundo.

México, Estados Unidos y el Caribe: las zonas más vulnerables

Uno de los factores que explica que esta parte del mundo sea propensa a los huracanes es que el océano Atlántico, en las latitudes tropicales, tiene la temperatura adecuada para su formación durante más meses al año.

Otro es el movimiento de las grandes corrientes de vientos que empujan los huracanes.

Los vientos alisios — las corrientes de vientos globales en el trópico — van de este a oeste llevándolos hacia las costas del Caribe, el Golfo de México y el sur de Estados Unidos.

El recorrido de estos vientos también está influenciado por la rotación de la Tierra — el llamado efecto Coriolis — que hace que tiendan a desviarse hacia el norte.

Recorrido de los huracanes en el Atlántico norte en 2019

Wiki Project Tropical Cyclones/Tracks
Los huracanes que se formaron en el Atlántico norte durante el 2019 siguieron distintos recorridos según las corrientes globales de viento u otros fenómenos – como los anticiclones – que encontraban en su camino.

En el Atlántico, mientras los huracanes avanzan se desvían levemente hacia el norte; y al superar aproximadamente los 30°N, suelen encontrase con los vientos del oeste, otra de las grandes corrientes globales, que hacen que se curven hacia el este.

En su camino van toparse con el anticiclón de Bermudas-Azores que va a determinar si se dirigen hacia el Golfo de México o hacia Estados Unidos.

Los anticiclones son regiones de alta presión atmosférica con aire más seco, menos nubes y vientos que giran en la dirección de las agujas del reloj en el hemisferio norte.

El anticiclón de Bermudas actúa como un obstáculo y si los huracanes quieren avanzar tienen que bordearlo. Por este motivo, el tamaño y la posición del anticiclón puede determinar hacia dónde va un ciclón tropical.

Localización del anticiclón de Bermudas

BBC

Si es débil y está más posicionado hacia el este, los huracanes lo rodean y siguen hacia el norte, alejándose del Caribe.

Por lo contrario, si es más fuerte y se encuentra al suroeste, un ciclón tropical puede dirigirse hacia el Golfo de México o hacia Florida.

La posición del anticiclón cambia según el año, las estaciones y puede variar en cuestión de días.

“A causa de esas variaciones, un huracán puede seguir una trayectoria muy distinta hoy que otro que pasa tres o cinco días después”, explica Jorge Zavala Hidalgo, del Servicio Meteorológico Nacional de México.

Siguiendo la mismo lógica, los anticiclones y otras masas de aire son responsables de que un huracán se recurve hacia el oeste, como pasó en 2012 con el huracán Sandy, por ejemplo.

Huracán Sandy en Nueva York

Getty Images
En su camino hacia el norte, el huracán Sandy (2012) se curvó azotando las costas de Nueva York y Nueva Inglaterra, en Estados Unidos.

Después de tocar tierra en Cuba, Sandy empezó a desplazarse hacia el noreste, pero un anticiclón en Groenlandia y un frente frío bloquearon su camino. Eso provocó que Sandy retrocediera hacia la costa oeste de Estados Unidos, causando destrucción en Nueva York y Nueva Jersey.

El Pacifico Este a pesar de ser una zona más activa que el Atlántico Norte, menos huracanes tocan tierra.

“Lo que sucede es que esas tormentas suelen dirigirse hacia el oeste o noroeste. Algunas pueden retroceder hacia las costas de México si los vientos son los adecuados, pero la mayoría se dirigen a latitudes más altas, encuentran aguas más frías y desaparecen”, dice a BBC Mundo Gary M. Barnes, profesor retirado de la Universidad de Hawái, Estados Unidos.

Por qué casi no vemos en Sudamérica

Si bien la parte norte del Atlántico puede ofrecer las condiciones ideales para la formación de huracanes, no ocurre lo mismo bajo la línea del Ecuador.

“El Atlántico Sur es más tranquilo porque no hay onda tropical — es un fenómeno más común en el hemisferio norte — y hay más variaciones en la velocidad y en la dirección del viento, algo que inhibe la formación de huracanes”, explica Barnes.

Simulación de todos los huracanes entre 1985 y 2015

NASA
El efecto Coriolis es demasiado débil en la línea del Ecuador para que los vientos giren y formen huracanes.

Además, los ciclones tropicales normalmente no se forman si no están al menos a unos 500 kilómetros del Ecuador, ya que el efecto Coriolis es demasiado débil para hacer que los vientos giren y formen un huracán.

Aunque es un fenómeno que pasa con poquísima frecuencia en Sudamérica, sí se han registrado huracanes en las costas del sur de Brasil.

En 2004, el ciclón tropical Catarina dejó 11 muertos y más de 30.000 personas desplazadas.

¿Y cómo puede impactar el cambio climático?

“El cambio climático provoca que la temperatura de la superficie del océano y la capa gruesa sean más calientes y eso es un problema. Tenemos teorías que dicen que si el océano es más cálido eso puede traducirse en tormentas más fuertes e intensas.”, dice el meteorólogo Gary M. Barnes.

Hay indicaciones de que las áreas en que un ciclón encuentra condiciones para mantenerse y sobrevivir se están extendiendo con el paso del tiempo, según Jorge Hidalgo, coordinador del Servicio Meteorológico Nacional de México.

“Quizás el número de ciclones no aumente pero la distribución de categorías puede cambiar. Es decir, que haya más huracanes de categoría mayor y menos de categoría menor”, añade Zavala.

Los científicos coinciden, sin embargo, que es muy pronto para medir el impacto del cambio climático en la formación y avance de los huracanes.

“Es probable que las tormentas se intensifiquen muy poco a poco, pero vamos a necesitar muchísima data para probar que el calentamiento global va a provocar huracanes más fuertes. En 25 años puede que tengamos evidencias”, concluye Barnes.

Agradecimiento a José Manuel Gálvez, meteorólogo del la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).


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