¿Dejarías que los medios te usaran para obtener datos? Llega el periodismo de sensores
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¿Dejarías que los medios te usaran para obtener datos? Llega el periodismo de sensores

El concepto de periodismo ciudadano entra en una nueva dimensión con los sensores (los de tu móvil, los que se acoplan a una placa de Arduino...) Ahora cada ciudadano, cada lector, puede desempeñar un rol activo en la generación de datos noticiables. La pregunta es: ¿hasta qué punto estarías dispuesto a recoger datos para que un periodista escriba un reportaje?
Por ElDiario.es
21 de octubre, 2014
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Imagina que un periodista tuviera el ambicioso objetivo de saber en qué comunidad autónoma se hace más deporte, en cuál se duerme mejor o dónde se producen las hortalizas de mejor calidad. Son solo ejemplos ficticios, pero hoy sería posible que el propio reportero, echando mano de la colaboración ciudadana, llevara a cabo el estudio para descubrirlo. ¿Cómo? Aprovechando que todos llevamos un móvil en el bolsillo y que está plagado de sensores.

El llamado “periodismo de datos” está cobrando cada vez más protagonismo dentro de los medios. Esta rama de la comunicación procura ofrecer un tratamiento claro, ordenado y comprensible de los datos a la audiencia ( aquí un manual). De hecho, según John Keefe, periodista de la WNYC radio de New York y pionero en esta materia, el correcto tratamiento de éstos marcan una diferencia sustancial a la hora de contar una historia.

“Candidatos a las elecciones, empresas, ayuntamientos, entes y organizaciones no gubernamentales; todo el mundo está utilizando datos. Y muchos tienen que ver commigo, contigo y con las personas de las que escribimos en nuestros artículos. Por lo tanto,  para empezar, el periodismo necesita entender los datos disponibles y lo que se puede hacer con ellos”, afirmaba Keefe en una entrevista. “Hoy día, esto simplemente forma parte de la narración de una historia. Ignorar esta parte del mundo significaría quitar algo a tu público, a nuestra democracia. Hablo en serio. Por tanto, cuanto mejor seamos capaces presentar estos datos al público en general y de contar las historias que dependen de ellos, mejor conseguiremos hacer un gran periodismo”.

El proceso que ha de seguir todo periodista a la hora de elaborar cualquier contenido (Foto: Mirkolorenz | Wikipedia.org )

El proceso que ha de seguir todo periodista a la hora de elaborar cualquier contenido

Y ahora volvamos a los sensores, unos dispositivos que hacen posible obtener esos datos de la fuente más directa y que van un paso más allá de lo que nos pueda contar un informe del Gobierno o estudios pagados por empresas. Van hacia el “hazlo tú mismo”: a través de la participación ciudadana, de drones o de redes, estos dispositivos permiten recopilar datos sobre prácticamente cualquier cosa que puedas imaginar.

Entre los ejemplos que siempre salen a la luz cuando se habla de este tipo de periodismo se encuentra el caso de Air Quality Egg, un dispositivo diseñado para medir la presencia de CO2 (dióxido de carbono) y NO2 (dióxido de nitrógeno), los principales y más tóxicos contaminantes de la atmósfera. En este proyecto, cada ciudadano funciona como una estación de lectura que puede compartir sus resultados a través de internet con otros usuarios y con los periodistas, que pueden utilizar esos datos como para sus artículos.

Otro ejemplo es el Cicada Tracker que desarrolló, precisamente, la radio en la que trabaja John Keefe. La idea era elaborar un mapa colaborativo con la probabilidad de aparición de cigarras ( bastante conocidas por su peculiar ‘canto’) en diferentes puntos de Nueva York. Para ello se llamó a la participación de los ciudadanos que, haciendo uso de sensores, midieron la humedad y temperatura del suelo para determinar cuándo y dónde se daban las condiciones óptimas para la aparición de estos insectos.

También son experimentos curiosos los que realizó el profesor de la Universidad de Nebraska Matt Waite para ver el trato que recibía su maleta durante un vuelo obGeigie, un proyecto de medición colectiva del nivel de radiaciones en Japón, nacido a raíz de la catástrofe de Fukushima.

“Además de ‘open data’ o de datos obtenidos de fuentes no abiertas, la difusión de sensores de bajo coste y de un movimiento de activismo cívico permite vislumbrar un futuro en el que el periodismo de datos también se basará en los datos producidos ‘desde abajo’, sobre todo en ámbito ambiental”, afirma Alessio Cimarelli, miembro del Spaghetti Open Data. “Las palabras clave del periodismo de sensores son pocas, pero decisivas: datos abiertos, códigos y ‘hardwares’, alianza virtuosa con la administración pública, creación de comunidades de usuarios involucrados y enfoque hiperlocal, pero exportable”.

Es fácil imaginar, por tanto, cómo toda esa cantidad de información generada por los propios ciudadanos genera grandes oportunidades en el ámbito periodístico. Se amplía el horizonte a la hora de abordar hechos noticiables y surgen nuevas fuentes a las que recurrir, pudiendo contrastar la información ofrecida por empresas u organismos públicos. Así, el periodista ya no depende de estudios o informes que elaboran cada cierto tiempo empresas o instituciones para conseguir una determinada información: él mismo puede organizar una comunidad para conseguirlo.

“El periodismo de sensores es especialmente útil en países en vías de desarrollo, donde en ocasiones los datos simplemente no existen”, afirma Pitt. “Creo que los sensores de bajo coste tienen potencial y, si bien no son los de mayor calidad, eventualmente pueden llegar a proporcionar algunos datos”.

Ahora bien, ¿cómo hacerlo? De momento parece que  Arduino es la tecnología que mejor se está acogiendo en este campo. Se trata de un conjunto de componentes electrónicos y ‘software’, ambos libres, que permiten leer sensores, controlar motores… Según los expertos, las ventajas de usar esta tecnología radican en quepermite hacer prototipos en poco tiempo, a un bajo coste y que cuenta además con una enorme comunidad a nivel global que brinda soporte y herramientas para mejorar la tecnología.

Detalle del mapa de Italia en la parte posterior del modelo Arduino UNO (Foto: Cristina Sánchez)

Detalle del mapa de Italia en la parte posterior del modelo Arduino UNO

Ante este panorama, el reto que se plantea ahora para los periodistas es verificar toda esa información, procesarla, extraer conclusiones y sobre todo, ser capaces de contar una historia que resulte interesante para su audiencia. Aunque tal vez lo más difícil sea encontrar quien quiera participar como ‘cobaya’ en sus reportajes porque… ¿Tú lo harías?

Lee la nota también en El Diario.es.

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"Pasé 20 años en prisión. Hoy alimento a miles de personas en Estados Unidos"

El californiano Manny Flores estuvo involucrado en la violencia de pandillas y cumplió 20 años de condena por atentado de homicidio. Hoy dirige uno de los bancos de alimentos más importantes de California.
15 de octubre, 2021
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Manny Flores sabe que lo vienen a matar.

Es el líder de una de las facciones carceleras más poderosas de California, pero alguien más quiere su puesto.

En sus planes no está quedarse quieto mientras conspiran contra él. Así que se adelanta, agarra a su verdugo y lo apuñala 18 veces.

Flores cumple una condena de 20 años en prisión, pero está convencido que tras apuñalar a su enemigo le darán cadena perpetua.

“Pensé que más nunca vería a mis padres”, dice.

“Gracias a Dios”, añade este californiano de padres latinos, el apuñalado sobrevivió y jamás lo acusó formalmente.

Fue como si el destino le diera otra oportunidad. Así que Flores cerró su primera vida: la pandillera, criminal y peligrosa.

Hoy es otro hombre.

Veintisiete años después de entrar en una de las cárceles más peligrosas de California por su actividades como pandillero, Flores devuelve a su comunidad como bien todo el mal del pasado.

Actualmente es el director del North Valley Caring Services (NVCS), una organización sin ánimo de lucro que alimenta, apoya, educa y protege a miles de familias desamparadas en la zona del Valle de San Fernando en el condado de Los Ángeles.

Vista aérea de parte del Valle de San Fernando.

Getty Images
La zona del Valle de San Fernando en Los Ángeles es sede de corporaciones gigantes como Walt Disney, CBS o Warner Bros.

Porque detrás de la fachada de Silicon Valley, el glamour de Hollywood, las playas de surf, el sol y la riqueza, Flores asegura que el riesgo de mendicidad está fuera de control en este estado del país más poderoso del mundo.

“No sé si alguna vez pueda reparar a mi comunidad todo el daño que hice, pero hasta donde yo pueda, quiero trabajar duro, ser honesto y dedicar mi vida al bien”, afirma.

La labor de Flores es ejemplo de superación y conversión para toda su comunidad.

Un camino nada fácil que, hoy con 50 años, comparte con BBC Mundo.

Auxilio para los desamparados

El Valle de San Fernando se encuentra en el norte del condado de Los Ángeles.

Esta zona, sede de corporaciones gigantes como Walt Disney y Warner Bros, también acusa la grave crisis de mendicidad que azota a todo Los Ángeles y al estado de California.

“La realidad es que el costo de la vida está fuera de control. Eso está empujando a mucha gente a la mendicidad”, comenta Flores.

Manny Flores junto a algunas de las personas sin techo que ayuda.

Manny Flores
Flores asiste a unas 4.500 familias en el Valle de San Fernando en Los Ángeles. La mayoría son personas sin techo, víctimas de la grave crisis de mendicidad que afecta a la ciudad y al estado de California.

Según el último reporte anual de Los Angeles Homeless Services Authority, de 2019 a 2020 el número de “sin techo” en el condado de Los Ángeles ascendió a 66.433 personas, uno de los peores registros del país.

La mayoría que necesita ayuda son familias de ingreso medio. Ellos son quienes peor lo están pasando ahorita, los más frágiles”.

Entre esas decenas de miles se encuentran muchos de los que Flores se ha propuesto devolverles cada día como bien el mal que dice haberles hecho en el pasado.

“Alimentamos cada semana a un total de 4.500 familias. Desde nuestra agencia atendemos unas 1.500. Luego, a través de iglesias y centros de distribución, completamos la cifra”.

“Yo le hice mucho daño a mi ciudad, Los Ángeles. Es mi deber servir y usar todo lo malo que viví para bien”.

Camino torcido

El Flores de antes de prisión dista mucho de la persona con la que hablo por teléfono.

Se le nota conmovido cada vez que menciona lo mal que lo está pasando su comunidad.

Pero hace más de dos décadas sus motivaciones eran muy diferentes.

“No sé cómo me torcí. Era hijo único y mi casa jamás fue problemática o abusiva”.

Manny Flores adolescente.

Manny Flores
Siendo apenas un adolescente, Flores comenzó a involucrarse en el crimen y la violencia de pandillas en Los Ángeles.

“Crecí en una familia donde me inculcaron principios de valor, amor, respeto hacia el prójimo, las propiedades y el sistema”.

Como muchos angelinos, los padres de Flores son latinos. Su mamá vino de Cuba y su papá de México.

En los años 80, en plena adolescencia, Flores empieza a “ensuciarse” con las pandillas que rondaban su vecindario.

Dice que las malas influencias lo cambiaron, que adoptó un estilo de vida diferente.

En aquellos años, el día a día de Flores era vender drogas, robar, extorsionar, portar armas, dispararlas contra las bandas rivales.

Y no fue un pandillero cualquiera.

Cuerpo tapado víctima de un tiroteo en el sur de Los Ángeles.

Getty Images
Manny Fores estuvo involucrado en la intensa violencia pandillera que sacudió Los Ángeles entre los 80 y los 90.

“Yo era un personaje de alto grado. Contaban conmigo para la logística de la pandilla. Movía dinero, manipulaba a la gente y reclutaba jóvenes”.

A los 22 años, Flores ya había estado envuelto en múltiples apuñalamientos y tiroteos.

Con 23 años, sin embargo, se propuso llevar un estilo de vida más pacífico. Se casó. Tenía dos hijos.

Pero todo volvió a torcerse.

“Intentaron asesinarme y fui a cobrármelas. Busqué a quienes me dispararon, disparé contra ellos y le di a una persona”.

Fue el último periplo criminal de Flores en la calle. La policía lo agarró y la justicia le impuso 20 años de cárcel por intento de homicidio.

La vida en prisión

A Flores lo enviaron a una de las prisiones más violentas del estado.

Como en la vida pandillera, en las prisiones californianas manda la ley del más fuerte. Un juego de poder en el que este joven de 23 años no quiso quedarse atrás.

“Me asocié en prisión con la mafia mexicana, pero había otras facciones, como los afroamericanos, los estadounidenses blancos, los skinhead o los de la Nación Aria”.

Vista aérea de la prisión de San Quentin en California.

Getty Images
Manny Flores asegura que en las prisiones de California varias facciones compiten por el poder y control.

Dentro de la mafia mexicana, Flores vuelve a erigirse como líder.

Estaba a cargo de unos 200 hombres dentro del centro penitenciario. Decide las políticas de prisión, con quién se pelean, qué drogas entran. Lo supervisa todo.

“Alguien quería mi posición y lo mandaron a apuñalarme. Me avisaron que pasaría, pero no podía dejar que pasara. Tuve que enseñar que era un hombre y que mis problemas los arreglo yo solo”.

Entonces Flores fue y le clavó 18 veces el puñal a quien lo quería atacar.

“Pensé que me darían cadena perpetua, pero el tipo sobrevivió y nunca me acusó. Es muy raro que eso pase“.

La conversión

En medio de la condena, las autoridades mandaron a Flores a una celda aislada, para donde van los más peligrosos.

“Me controlaban las 24 horas del día. No veía el sol, no tenía visitas, ni contactos ni acceso al teléfono. La gente allí se vuelve loca”.

Pero la soledad, el aislamiento y “un encuentro con Dios” cambiaronn a Flores. Tenía tiempo para pensar.

Manny Flores junto a su madre y su padre.

Manny Flores
Flores aprovechó el aislamiento en prisión para reflexionar sobre por qué y cómo se alejó de las enseñanzas de su familia.

Comprende que sus errores y crímenes del pasado responden a una baja autoestima, a una necesidad de ser aceptado a través de imponer miedo y respeto.

“Fue la primera vez que fui honesto conmigo mismo. Muchas de las cosas que hice fueron por puro miedo y no porque fuese el más bravo. Es curioso, porque le ha sucedido igual a otros en la misma situación”.

Flores aprovechó el aislamiento para estudiar, formarse, y prepararse para una nueva vida fuera de prisión.

Manny Flores junto a su madre.

Manny Flores
Tras salir de prisión, Flores demostró a sus padres que podía cambiar y aplicar todas las buenas enseñanzas que le inculcaron de niño.

Reinserción complicada

Cuando Flores sale de la cárcel en 2014, empieza a tocar puertas.

Una de las primeras fue las de la iglesia que le ayudó en su conversión dentro de la cárcel.

“No me aceptaron. Tenían miedo por mi pasado. Pensaron que quizás mi conversión no era real y que podría hacerles daño. Me dieron a entender que buscara otra iglesia”.

Flores vivió en primera persona las dificultades por las que puede pasar un exconvicto para reinsertarse en la sociedad.

“Cuando estaba en prisión, todos me pedían que cambiara. Pero cuando cambié y salí, uno se da cuenta de muchas cosas. La gente, tu familia, tu comunidad, tu iglesia, quieren que cambies, pero cuando tienen que darte una oportunidad las cosas son muy diferentes”.

Manny Flores rezando en Navidad.

Manny Flores
Manny Flores no lo tuvo fácil para reinsertarse en la sociedad y muchas puertas que parecían abiertas se le cerraron.

“Es difícil encontrar oportunidades para personas como yo. Con antecedentes es muy difícil tener un trabajo significativo“.

Fue entonces cuando la pequeña organización North Valley Caring Services (NVCS) apareció en su camino.

La directora en ese tiempo tenía un amigo en común con Flores. Le concedieron una entrevista y luego le ofrecieron un trabajo.

Cinco años más tarde, a Flores lo nombraron director tras implementar un programa de comida que de a poco comenzó a impactar la vida de muchos.

“Estoy muy agradecido. Yo no tenía ninguna experiencia, solo mi educación en prisión y lo que aprendí en la calle”.

Manny Flores junto al alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti.

Manny Flores
La tarea de Manny Flores al frente de NVCS ha trascendido por toda la ciudad. En esta foto posa junto al alcalde de Los Ángeles, Eric Garceti.

Mucho más que un banco de alimentos

Repartir comida es solo uno de los programas que actualmente maneja el NVCS bajo la dirección de Flores.

Proporcionan aparcamientos para las familias que viven en sus carros, ofrecen seguridad, alimentos, ducha.

También asisten a los que viven en estaciones de trenes.

El centro, además, educa a niños y les enseña a usar computadores y navegar en internet.

“Muchas familias que llegan al país no saben cómo usar las computadoras y no pueden ayudar a sus hijos con las tareas. Así que establecimos un salón donde ofrecemos ayuda“.

Manny Flores en una de las jornadas de distribución de alimentos.

Manny Flores

El NVCS también enseña habilidades de emprendimiento para individuos. Fomenta la creación de microempresas e inculca conceptos de negocios.

Luego les busca un sitio donde puedan vender sus artículos y quedarse con el 100% de las ganancias.

“Varias personas han conseguido buenos contratos y ahora se encuentran en otro nivel económico. Por medio de nuestros programas, hemos conseguido impactar a un 20% de las personas del área de San Fernando“.

“Nuestro objetivo es crear un sistema colectivo y cooperativo donde logremos que la comunidad entienda la fuerza que tiene cuando trabajamos juntos”, dice Flores.

Satisfacción personal y familiar

Flores se ha vuelto a casar. Su actual esposa es la primera mujer con la que dice que fue completamente honesto.

“Le expliqué mis circunstancias y me presenté cómo soy. Me aceptó con todo”.

Flores le agradece a Dios y a la vida el haber tenido la oportunidad de enmendar su camino.

Le emociona que su papá y su mamá hayan podido ver el cambio en su vida y todo lo que hace por su comunidad.

Manny Flores junto a su padre.

Manny Flores
Manny Flores se siente agradecido a Dios y a la vida por permitir que su padre viera cómo cambió y aplicó sus enseñanzas.

“Mi papá falleció hace un mes, pero tuve el privilegio de que me viera reflejando todas las enseñanzas que él me inculcó. No sé si lo que hago podrá reparar el daño que hice, pero trabajaré muy duro para intentarlo”.

A Flores le gustaría ver más modelos de organizaciones como NVCS, que con un presupuesto limitado está haciendo un gran cambio en el barrio.

“Ya nos han invitado a abrir más agencias en dos ciudades cercanas. Estamos muy cerca de lograrlo“, cuenta ilusionado.


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