Descubridores del "GPS del cerebro" ganan el Nobel de Medicina
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Descubridores del "GPS del cerebro" ganan el Nobel de Medicina

Los descubrimientos del Nobel también abrieron nuevas vías para comprender funciones cognitivas como la memoria, el pensamiento y la planeación
6 de octubre, 2014
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nobel ciencia

El científico británico-estadounidense John O’Keefe y el matrimonio noruego de Edvard Moser y May-Britt Moser ganaron este lunes 6 de octubre el Premio Nobel de Medicina por descubrir el “geolocalizador interno” del cerebro que nos ayuda a navegar por el mundo.

Sus descubrimientos en ratas —la investigación indica que los humanos tienen el mismo sistema en el cerebro— significaron un “cambio en el paradigma” sobre el conocimiento de la manera en que funcionan las células para realizar funciones cognitivas, informó la asamblea que otorga el premio.

El conocimiento del sistema de posicionamiento puede “ayudarnos a comprender el mecanismo que apuntala la devastadora pérdida de memoria” que afecta a las personas que sufre el mal de Alzheimer, agregó.

La Asamblea del Nobel en el instituto Karolinska dijo que los ganadores del Nobel de este año “han descubierto un sistema de posicionamiento, un GPS interno del cerebro, que hace posible orientarnos en el espacio”, informó el comité que otorga el reconocimiento.

O’Keefe, de 75 años, investigador del University College de Londres, descubrió el primer componente de este sistema en 1975 cuando encontró que una clase de célula nerviosa siempre se activaba cuando una rata estaba en cierto lugar de una habitación. Demostró que esas “células de lugar” construían un mapa del ambiente y no sólo recibían información visual.

Treintaicuatro años después, en 2005, May-Britt Moser y Edvard Moser, un matrimonio que trabaja en la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, con sede en Trondheim, identificó otro tipo de célula nerviosa —la “célula de cuadrícula”_, que genera un sistema coordinado que permite el posicionamiento preciso y encontrar senderos, informó la asamblea.

“Es una locura”, dijo emocionada May-Britt Moser, de 51 años, a The Associated Press, desde Trondheim. Informó que su marido, de 52 años, desconocía inmediatamente el reconocimiento porque el lunes voló al Instituto Max Planck de Alemania para mostrar sus investigaciones.

“Es un gran honor para nosotros y para toda la gente que ha trabajado a nuestro lado y que nos ha apoyado“, dijo. Agregó que han estado juntos durante 30 años. “Vamos a seguir y espero que hagamos más trabajo innovador en el futuro”.

La vocera de la universidad en Trondheim, Hege Tunstad, dijo que Britt-Moser “necesitó un minuto para llorar y hablar con su equipo” cuando se enteró de la noticia.

Edvard Moser dijo a la agencia noruega de noticias NTB que se enteró de que había ganado el Nobel cuando al aterrizar en Munich, encendió su teléfono y vio un torrente de correos electrónicos, mensajes y llamadas perdidas.

Los descubrimientos del Nobel también abrieron nuevas vías para comprender funciones cognitivas como la memoria, el pensamiento y la planeación, dijo el comité que asigna el premio.

“Gracias a nuestras células de cuadrícula y lugar no tenemos que caminar con un mapa para encontrar nuestro camino cada vez que visitamos una ciudad porque tenemos un mapa en la cabeza”, dijo Juleen Zierath, presidenta del comité que otorga el Nobel de medicina. “Creo que sin esas células pasaríamos muchos problemas para sobrevivir”.

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Qué es un "bear market" como el que vive ahora la bolsa y por qué es un indicio de una crisis económica

Los mercados están a punto de entrar en "bear market", según analistas, lo que podría suponer el inicio de una nueva crisis económica.
14 de junio, 2022
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Los índices estadounidenses Dow Jones y S&P500, referentes de las tendencias en los mercados globales, han caído un 15% y casi un 20% respectivamente desde sus máximos históricos en diciembre.

A veces ocurre que las bolsas tienden a la baja por períodos limitados de tiempo: es lo que llamamos “correcciones” del mercado.

Pero ahora muchos analistas pronostican la llegada de un “bear market”, literalmente “mercado oso”, aunque en español se conoce como mercado bajista.

Se considera que hay “bear market” cuando las acciones en conjunto pierden más del 20% de valor en bolsa respecto a su cota más alta más reciente.

Es decir, en ese período de tiempo los inversores han vendido muchos más títulos de los que han comprado, reduciendo la capitalización de las compañías que conforman el mercado.

¿Qué nos dice de la economía?

Para interpretar la señal que nos da un “bear market” es importante saber que la bolsa es un indicador adelantado: anticipa situaciones futuras según la -acertada o equivocada- perspectiva de los inversores.

Estos observan al detalle los datos que revelan la salud de la economía (desde empleo y salarios hasta inflación y tipos de interés) para decidir qué hacen con su dinero.

Si creen que nos aproximamos a una fase de contracción económica, en la que caen los beneficios de las empresas, tenderán a desprenderse de las acciones de estas compañías antes de que pierdan aún más valor.

Así, un “bear market” suele advertir la llegada de tiempos difíciles con reducciones de la demanda de productos, de la actividad empresarial, del comercio y, en último término, del empleo.

Hombre e índices bursátiles

Getty Images

También es más fácil que se produzca un mercado bajista después de un período de crecimiento fuerte en el que se han tocado máximos muy altos.

Es el caso actual: tras los primeros meses de la pandemia, los precios de la mayoría de las acciones se dispararon, especialmente las de las tecnológicas, alcanzando niveles muy superiores a las anteriores alzas de finales de 2019.

De hecho, pese a haber perdido parte de su valor en los últimos meses y estar al borde de un “bear market”, tanto el Dow Jones como el S&P500 superan con creces sus niveles máximos anteriores a la pandemia.

¿Cuánto suele durar?

El S&P500 ha caído en “bear market” un total de 26 veces desde 1929, si bien 14 de ellas sucedieron antes de 1950, principalmente por la volatilidad propiciada por el crash del 29.

En tiempos más recientes los mercados bajistas han sido menos frecuentes y por lo general han sucedido inmediatamente antes o al inicio de épocas de crisis económica o recesión.

Fueron especialmente duros los registrados durante la crisis del petróleo, cuando el índice se desplomó un 48,2% en solo tres meses (noviembre de 1973 a marzo de 1974), y el de la crisis financiera de finales de los 2000, con una caída del 51,93% entre octubre de 2007 y noviembre de 2008.

Entre febrero y marzo de 2020 hubo un “bear market” poco habitual, muy corto y pronunciado (-33% en poco más de un mes) por el miedo de muchos inversores que retiraron en masa sus acciones al creer que la pandemia iba a provocar una debacle económica.

La duración media de los “bear markets” en el S&P500 ha sido de 289 días, con un nivel de descenso promedio del 36%, según datos de la consultora Ned Davis Research.

¿Y un “bull market”?

El término opuesto es “bull market”, literalmente “mercado toro” y en español mercado alcista.

La duración de los mercados alcistas en el S&P500 ha sido de 991 días y los beneficios del 114%, en promedio.

Bull and bear markets

Getty Images

Es habitual que los “bull markets” sean más frecuentes, prolongados y con mayores porcentajes de ganancias, en comparación con las pérdidas en los mercados bajistas.

Esto sucede porque a largo plazo la economía tiende a expandirse mientras el dinero pierde valor, lo que resulta en una trayectoria ascendente con etapas de crecimiento especialmente fuertes (“bull markets”), contracciones temporales y fases de fuertes descensos (“bear markets”) que a la larga se corrigen.

El “bull market” más largo de la historia se prolongó desde 2009 hasta 2020, con ganancias acumuladas de más del 300%.

Comprar acciones en el momento más bajo de un “bear market” y venderlas en el más alto de un “bull market” es el negocio perfecto.

El problema es que es imposible saber cuándo nos encontramos en uno de esos dos extremos.

¿Por qué un toro y un oso?

Existen varias teorías sobre por qué el toro (bull) y el oso (bear) representan los mercados alcista y bajista, respectivamente.

Una de ellas atribuye su origen a los espectáculos de peleas de animales populares en Inglaterra entre los siglos XVI y XIX.

Dos de las variantes de esa tradición (abolida por el Parlamento en 1835) consistían en enfrentar a un toro o a un oso contra jaurías de perros en un recinto cerrado.

Pelea de osos y perros o "bear baiting" en Londres en 1820

Getty Images
Pelea de osos y perros o “bear baiting” en Londres en 1820.

Los toros embestían a los perros con movimientos de cabeza de abajo hacia arriba, mientras los osos lanzaban sus zarpazos de arriba hacia abajo, por lo que los pioneros de la Bolsa de Londres (fundada en 1801) habrían incorporado estos términos a su jerga.

Otra teoría alude a la -hoy todavía usada- expresión “vender la piel del oso”, referida a intermediarios que adjudicaban pieles a clientes sin tenerlas aún en su poder.

A los “vendedores de piel de oso” se les comenzó a llamar simplemente “osos” y el término pasó a denominar un negocio con pérdidas o una tendencia bajista, mientras su opuesto sería el toro, la antítesis del oso en el ya citado espectáculo de peleas.

Otros se decantan por una explicación más sencilla: el toro es un animal que representa el vigor, la agresividad y la fuerza.

El oso, por el contrario, es tímido, parsimonioso y, sobre todo, conocido por sus largos periodos de hibernación.


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