El duro trabajo de los forenses argentinos que buscan a los estudiantes en México
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El duro trabajo de los forenses argentinos que buscan a los estudiantes en México

El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), trabaja desde la primera semana de octubre en las fosas clandestinas localizadas en los municipios de Iguala y Cocula, Guerrero, al sur del país.
Por BBC Mundo / Alberto Nájar
30 de octubre, 2014
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Del resultado de sus investigaciones depende, en mucho, que el presidente Enrique Peña Nieto sea capaz de ofrecer una explicación que le permita superar lo que se considera la peor crisis en lo que va de su gobierno.

Es el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), que desde la primera semana de octubre trabaja en las fosas clandestinas localizadas en los municipios de Iguala y Cocula, Guerrero, al sur del país.

Desde el 26 de septiembre desaparecieron en esa zona 43 alumnos de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa Raúl Isidro Burgos.

Las autoridades tratan de establecer si los cuerpos localizados en las fosas pertenecen a los estudiantes.

Lea también: La crisis que divide a la presidencia de Peña Nieto en un antes y un después

Una tarea en la que colabora el EAAF, un grupo de especialistas reconocidos a nivel mundial por su tarea para identificar restos humanos en países donde ocurrieron violaciones masivas de derechos humanos.

Anteriormente colaboraron en otros casos en México, como en la identificación de mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, Chihuahua y de los restos encontrados en fosas clandestinas de San Fernando, Tamaulipas.

Ahora se encuentran en Guerrero, pero su tarea no ha sido fácil.

Desconfianza

El equipo argentino está de nuevo en México por una razón: los familiares de estudiantes desaparecidos no confían en las autoridades de este país.

Desde las horas siguientes al 26 de septiembre organizaciones civiles afirman que el gobierno busca cadáveres, y no a los estudiantes con vida.

Amnistía Internacional dijo incluso que la investigación judicial es “caótica y hostil”, y denunció que la exhumación de restos en las primeras fosas clandestinas encontradas en Iguala no se hizo de manera adecuada.

Por eso los familiares de los desaparecidos, apoyados por grupos como el Centro de Derechos Humanos de la Montaña, Tlachinollan, advirtieron a la Procuraduría (fiscalía) General de la República (PGR) que sólo confiarán en los forenses del EAAF.

Sin embargo, aunque las autoridades mexicanas aceptaron esa propuesta los peritos argentinos encontraron un ambiente complicado para realizar su trabajo.

“Obstáculos”

Desde las primeras semanas de octubre organizaciones civiles denunciaron intentos de bloquear el trabajo del equipo. “Ha habido una serie de obstáculos para que los forenses hagan su trabajo”, aseguró el abogado de Tlachinollan, Vidulfo Rosales.

Búsqueda de estudiantes desaparecidos en Cocula, Guerrero. Foto: AFP/Getty
La búsqueda de los estudiantes se realiza también por agua. Foto: AFP/Getty

Y es que al principio se restringió el acceso de los peritos argentinos a las primeras fosas y los restos depositados en la morgue, según familiares y Amnistía Internacional.

Pero la PGR rechaza que se obstaculice al equipo argentino. “Yo tengo mucha confianza en esos peritos”, afirma el procurador Jesús Murillo Karam.

Cuando se superó la polémica el EAAF empezó a realizar su trabajo de manera independiente a lo que habían hecho la Fiscalía General de Justicia de Guerrero y la PGR.

En muchos casos la investigación partió de cero, virtualmente.

Largo plazo

Esto significa que tomaron sus propias muestras de los cuerpos exhumados, los otros restos encontrados en las fosas y de los familiares directos de los estudiantes normalistas.

También realizan su propia recolección de evidencias y establecen una estrategia de trabajo desde distintas especialidades.

En este grupo participan once expertos de distintos países, entre los que se encuentran antropólogos, arqueólogos, médicos forenses y especialistas en criminalística y balística.

Fosa clandestina en Cocula, Guerrero. Foto: Procuraduría de México
La técnica de los forenses argentinos es distinta a la mexicana. Foto: Procuraduría de México

Todas las pruebas recabadas se envían al laboratorio de EAAF, ubicado en Virginia, Estados Unidos.

Este proceso suele ser largo y en el caso de Guerrero puede ocurrir lo mismo por las dificultades que hubo para acceder a los restos, primero, y a que todavía siguen apareciendo más fosas.

El hallazgo más reciente ocurrió en un basurero de Cocula, municipio de Iguala donde desaparecieron los estudiantes. En ese lugar los peritos están en el proceso de recabar evidencias, y faltaría aún su procesamiento y análisis.

Violencia

La estrategia de EAAF no se limita al análisis químico, criminalístico o genético de las evidencias, como suele realizarse en México y otros países.

Los expertos argentinos, por ejemplo, procuran recuperar el entorno de las víctimas mediante entrevistas con sus familiares, consulta de archivos e informes y registros policíacos, hospitalarios o periodísticos.

Eso permite ubicar los sitios donde posiblemente fueron inhumadas las víctimas.

Allí se realiza el trabajo de campo que contempla una análisis del suelo, y después la recuperación minuciosa de todos los restos que allí se encuentren, de una forma similar a la que se realiza en los hallazgos arqueológicos.

Pero lo que hace distinto al EAAF es la vinculación permanente con los familiares de las víctimas, con quienes se compromete a terminar por completo todas las investigaciones.

Sucede lo mismo en Guerrero, donde los peritos realizan su trabajo con el más bajo perfil posible, no sólo porque es su estrategia sino por seguridad.

Lea también: ¿Cómo Guerrero se convirtió en una bomba de tiempo para México?

El estado es uno de los más violentos de México pues es trinchera de la guerra entre varios grupos de narcotráfico. Algo que se nota en Iguala y Cocula, donde los espías de las bandas acechan permanentemente a todos los ajenos a estos pueblos.

Silencio

Hasta el momento no está claro el momento en que se tendrán los resultados de la investigación del EAAF en Guerrero y, por ende, si los estudiantes desaparecidos se encuentran en alguna fosa.

Procurador de México, Jesús Murillo Karam. Foto: AFP
El procurador Jesús Murillo dice que confía en los peritos argentinos. Foto: AFP

BBC Mundo solicitó entrevistas con los miembros del equipo en México como en Buenos Aires, donde se encuentra una de sus sedes.

En Argentina una vocera respondió que no pueden hacer ningún comentario sobre su trabajo en México hasta que concluya la investigación.

Lea también: Cómo desaparecieron los 43 estudiantes de Iguala

Mercedes Doretti, quien encabezó la misión del equipo en Ciudad Juárez, dijo a BBC Mundo que el intenso trabajo en Guerrero no les permite conversar con los medios.

“Por ahora no veo posible realizar una entrevista”, respondió por correo electrónico.

BBC Mundo también solicitó una entrevista con la responsable de la subprocuraduría de Derechos Humanos de la PGR, Eliana García, quien mantiene la relación oficial con EAAF. No hubo respuesta.

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Fukushima: cómo son los pueblos fantasma con desechos radiactivos en los que nadie puede vivir

Miles de personas no han podido regresar a sus lugares de origen; otros, ni siquiera encuentran razones para volver.
13 de marzo, 2021
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Un terremoto, un tsunami y la explosión de una planta nuclear. El 11 de marzo de 2011 en Japón comenzó una catástrofe que, 10 años después, sigue marcando una huella de desolación.

Ese día el país sufrió el terremoto más fuerte de su historia, y ese fue solo el inicio de una triple tragedia.

Un sismo de magnitud 9, con epicentro a 130 km de la costa de la ciudad de Sendai, sacudió la isla durante 3 minutos.

El terremoto desató un tsunami de 15 metros de altura, que a su vez embistió la planta de energía nuclear Fukushima Daiichi.

En total, el tsunami inundó un área de 560 km2. Arrasó con pueblos, autos y puertos y dejó cerca de un millón de edificios destruidos.

Alrededor de 19.000 personas murieron.

Fukushima

Getty
El terremoto causó devastación en la costa este de Japón.

Las imágenes eran devastadoras. Mientras tanto, la planta nuclear se convertía en una bomba de tiempo.

El agua del mar inundó los generadores que mantenían la planta refrigerada y con ello dejaron de funcionar. Esto causó que los reactores se sobrecalentaran y se produjeran tres fuertes explosiones.

Las personas que vivían en un radio de 20 km alrededor de la planta se vieron obligadas a abandonar sus hogares y huir del material radiactivo que se liberó.

En el primer año tras la explosión, más de 160.000 personas abandonaron sus hogares. Hoy, unas 40.000 no han regresado.

Fukushima

Reuters
Las explosiones destruyeron los reactores de la planta nuclear de Fukushima.

Los lugares que abandonaron se volvieron pueblos fantasma, creando un paisaje desconcertante.

En algunos lugares solitarios el tiempo parece detenido. En otros, en medio de las construcciones ruinosas, la vegetación y los animales salvajes, contaminados de radiación, han regresado a lugares de donde habían sido expulsados por los humanos.

Map: Japón

Hoy el gobierno de Japón mantiene una área de 360 km2 donde a las personas no se les permite regresar debido al riesgo que representa la radiación.

A esta vasta extensión se le conoce como la “zona de difícil retorno”.

Pero incluso en los pueblos donde, según las autoridades, ya es seguro vivir, pocas personas han regresado.

FUTABA

EPA
El gobierno mantiene una area de 360 km2 donde está prohibido vivir.

En 10 municipios donde se han levantado las órdenes de evacuación tras el accidente, solo ha regresado el 26,8% de la población, según le dice a BBC Mundo Yasunori Igarashi, investigador en el Departamento de Radioactividad Ambiental en la Universidad de Fukushima.

Este 25 de marzo, Japón tiene planeado iniciar el recorrido de la llama de los Juegos Olímpicos que en 2020 fueron pospuestos debido a la pandemia de coronavirus.

FUTABA

EPA
Las construcciones abandonadas, como esta en Futaba, han quedado a merced del tiempo.

Como símbolo de resistencia y recuperación, la antorcha comenzará su recorrido en la prefectura de Fukushima, pasando por pueblos como Tomioka, Futaba, Namie y Okuma, donde el gobierno ha invertido millonarios esfuerzos por atraer residentes, pero a donde pocas personas han vuelto.

La silenciosa radiación

Durante estos 10 años el gobierno de Japón ha trabajado en limpiar el suelo tóxico en las áreas afectadas, haciendo rellenos o almacenándolos en miles de bolsas negras alrededor del área de Fukushima.

También ha utilizado más de un millón de toneladas de agua para limpiar y enfriar los reactores derretidos.

Tomioka

EPA
Este es un estante de revistas en un concesionario de autos en Tomioka.

Las autoridades de Japón, reportes de Naciones Unidas y estudios independientes han mostrado que los niveles de radiación en varias zonas de Fukushima son bajos y representan poco riesgo.

Pero los efectos de la exposición a bajos niveles de radiación durante un largo plazo todavía son materia de debate entre los ciéntificos.

“No hay una línea clara donde podamos decir que determinada tasa de dosis te va a matar”, dice Kathryn Higley, profesora de ciencias nucleares en la Universidad Estatal de Oregon, citada en un reportaje de Scientific American.

FUTABA

EPA
Las autoridades recolectan el suelo contaminado en miles de bolsas negras.

Azby Brown, investigador de Zafecast, una iniciativa dedicada a medir los niveles de radioactividad en varias partes del mundo, le dice a BBC Mundo que incluso lugares como Hong Kong, o ciudades de Europa y Estados Unidos donde la vida transcurre con normalidad, tienen mayores niveles de radiación que Fukushima.

Consultados por BBC Mundo, el Ministerio de Agricultura de Japón sostiene que “toda la producción agrícola de Japón, incluyendo la de Fukushima, que se distribuye en los mercados es segura para el consumo humano”.

futaba

EPA
Una tienda abandonada en Futaba.

Otras organizaciones, sin embargo, mantienen que la realidad es distinta.

Un reporte publicado por Greenpeace a principios de marzo, sostiene que, de acuerdo a sus mediciones, en algunas zonas los niveles de radiación permanecen por encima de los permitidos por el gobierno, incluso en áreas que ya se han habilitado para la vida humana.

Pueblos fantasma

La desconfianza en el gobierno, el miedo a la radiación, la poca infraestructura y la falta de oportunidades, han dificultado que más personas regresen a Fukushima.

Fukushima

Reuters
Algunas zonas deshabitadas se han habilitado para almacenar el suelo radiactivo.

Muchos de sus antiguos habitantes, que ya establecieron su vida en otro lugar, no encuentran razones para regresar.

Por eso, ya sea porque aún son parte de la “zona de difícil retorno” o porque aunque ya esté permitido pocos quieran vivir ahí, durante una década muchos pueblos han permanecido sin presencia humana.

“Es deprimente”, dice Brown, quien durante años ha recorrido la zona.

Fukushima

Reuters
Una década después del desastre nuclear, muchas zonas siguen inahabitadas.

En estos pueblos fantasma aún se pueden ver objetos que dejaron las personas, pero también las casas, los negocios y las escuelas en ruinas.

Otros pueblos, que solían ser lugares apacibles, ahora son sitios donde se almacenan desechos radiactivos.

“No hay manera de ir a estos lugares y no sentir tristeza”, dice Brown.

Una sensación similar describe Toru Hanai, un fotógrafo que varias veces al año durante la última década ha recorrido estos lugares abandonados.

Okuma

Azby Brown – Safecast
Esta es una calle solitaria y en ruinas en Okuma.

“Cuando veo esas ciudades donde el tiempo se ha detenido, fácilmente me puedo imaginar qué tipo de personas vivían ahí”, le dice Hanai a BBC Mundo.

“Pero aunque pueda imaginarlo, lo único que veo son ruinas”, añade, “eso causa mucha tristeza”.

En 2019, por ejemplo, el gobierno anunció la reapertura de Okuma, un pueblo que antes de la catástrofe tenía 10.000 habitantes.

Sin embargo, solamente un 2% de esa población ha regresado, y la mayoría son ancianos, según un reporte de la cadena NPR de septiembre de 2020.

En Tomioka, otro pueblo de la prefectura de Fukushima, la escuela secundaria tiene solo 13 estudiantes.

NAMIE

EPA
Una escual abandonada en Namie.

En Namie, también en la prefectura de Fukushima, hoy solo viven 1.500 personas, donde antes de marzo de 2011 vivían 21.000.

Para el profesor Igarashi, ese es uno de los asuntos más preocupantes de Fukushima.

“La mayoría de las personas que han regresado son ancianos”, dice.

“¿Cómo mantendremos nuestras ciudades que cada vez son más reducidas?”.

“Me preocupa que en 10 años muchas de las casas quedarán vacías y se convertirán en hogar para animales salvajes”.

“Creo que este es un problema incluso mayor que la radiación“.

Fukushima

Reuters
Lo que eran lugares apacibles ahora son ruinas.

Jabalíes radiactivos

Cuando los humanos abandonaron Fukushima, la naturaleza recuperó su territorio.

Con el paso de los años, animales como perros salvajes, mapaches, zorros, macacos y jabalíes han vivido a sus anchas en zonas que antes de la evacuación estaban habitadas por personas.

Quienes viven en zonas rurales se las deben ingeniar para mantener a los animales lejos, ya que muchas veces invaden sus granjas y pueden resultar peligrosos.

Además, como es el caso de los jabalíes, que se cuentan por miles, se han estado alimentando de plantas y pequeños animales contaminados de cesio producto de la radiación.

Fukushima

Reuters
En las áreas abandonadas de Fukushima la naturaleza ha recuperado su territorio.

Eso hace que no sean aptos para el consumo humano, aunque la carne de jabalí sea un plato muy popular en Japón.

El gobierno ha proveído trampas y cercas eléctricas para mantener a raya a los jabalíes, mientras otros se dedican a cazarlos, pero su población sigue aumentando.

“Para ellos somos los intrusos, así que atacarán sin dudarlo“, dice Hanai.

Los habitantes de la zona saben que no deben comer esos jabalíes, pero aun así, algunos lo siguen haciendo, según comenta Brown.

Fukushima

Getty
Los animales salvajes merodean las zonas poco habitadas.

El investigador recuerda el caso de un hombre que, sin que su esposa lo supiera, llevaba varios días comiendo la carne de un jabalí que había atropellado en la carretera.

Brown se enteró de lo que ocurría cuando al hombre le detectaron altos niveles de cesio en su cuerpo.

“No se lo cuentes a mi esposa”, recuerda Brown que le dijo el hombre.

“Es la naturaleza humana”, dice Brown. “Puedes implementar todo tipo de regulaciones y monitoreos, pero así se comportan las personas, somos humanos”.

Fukushima

Getty
Los jabalíes están contaminados por los materiales radioactivos.

Vivir con la radiación

Quienes han regresado a sus pueblos saben que la radiación es parte de sus vidas.

Tienen claro a qué zonas no deben ir y algunos de ellos, que no confían en los datos del gobierno, tienen sus propios medidores de radiación.

En la prefectura de Fukushima hay varios centros donde la gente recibe educación acerca de la radiación y los materiales radioactivos.

“Como investigador imparcial, te puedo asegurar que esos centros no están dedicados a la propaganda, sino a enfatizar la seguridad respecto a los materiales radioactivos”, dice Igarashi.

Tomioka

EPA
Esta es la vitrina de una tienda de modas en Tomioka.

“Yo diría que la mayoría de la gente que vive en Fukushima llevan una vida normal“, dice Brown.

“Pero tienen que estar constantemente atentos a la radiación“, añade.

Los residentes de estas zonas constantemente deben medir que los alimentos que consumen no tengan altos niveles de radiación, por ejemplo.

“Es un estrés permanente para ellos”, dice Brown, “les preocupa si a ellos o a sus hijos les dará cáncer”.

Los pescadores y los agricultores, uno de los sectores afectados por el desastre, se han vuelto especialistas en seguridad de alimentos, dice Brown.

“Los pescadores te dicen: ‘yo no soy científico pero…’, y te dan una explicación técnica acerca de la absorción del cesio dependiendo de cada especie…ellos saben todo esto”.

Fukushima

EPA
Las autoridades dicen que es seguro comer los alimentos producidos en Fukushima.

“Es genial que lo sepan, es triste que lo hayan tenido que aprender, pero es genial que lo sepan“, dice el experto.

Por su parte, el profesor Igarashi considera que el problema de la radiación puede ser controlado.

“No estoy diciendo que la radiación sea segura, pero con una buena comprensión del problema, los niveles de exposición pueden disminuirse y no hay necesidad de estar demasiado temerosos”, dice.

“Algunas personas que no saben nada de radiación aún piensan que con solo venir a Fukushima se van a quemar y les va a dar cáncer. Eso es muy desafortunado”.

El fotógrafo Hanai, que conoce la zona y suele conversar con los residentes, lo resume con una paradoja:

“En Fukushima no hay nadie que no le tema a la radiación, pero si le temen, no pueden vivir”.

Fukushima

Getty Images
En Fukushima las personas se acostumbraron a medir los niveles de radiación en sus alimentos.

El futuro

El proceso total de descontaminación de la planta de Fukushima puede tomar décadas, entre 30 y 50 años.

“Creo que no podemos esperar cambios dramáticos en los próximos años”, dice Igarashi, pero añade que está seguro de que con el tiempo la cantidad de material tóxico se reducirá.

Entre quienes han regresado a la zona han surgido iniciativas que Brown califica como positivas.

Entre ellas, menciona el proyecto de unos 40 granjeros que están haciendo agricultura de alta tecnología, con sensores y procesos automatizados.

Itate

Azby Brown – Safecast
En esta granja en Itate se cultivan vegetales sin rastros de cesio.

Brown también menciona que el conocimiento que se ha logrado en seguridad de alimentos, en un futuro podría dar pie al surgimiento de una nueva industria en el lugar.

Fukushima también se han convertido en un prometedor epicentro para la generación de energía renovable con varias plantas solares y eólicas.

Mientras el gobierno continúa sus esfuerzos por revitalizar la región y convencer a que más personas regresen a las áreas que han ido habilitando dentro de la zona de difícil retorno, también enfrenta el reto de recuperar la confianza de los japoneses en la energía nuclear.

“El gobierno y las empresas de servicios públicos siguen diciendo que la energía nuclear es la fuente de energía más barata, pero la gente ya no confía en ella”, dice Tatsu Suzuki, ingeniero nuclear y profesor en la Universidad de Nagasaki, citado en un reportaje de la cadena NPR.

“Es imposible pensar que la energía nuclear es la más barata, si se incluye el costo del desmantelamiento, el costo de Fukushima”.

Fukushima

Azby Brown – Safecast
Un festival callejero en el pueblo de Odaka.

“Es un problema social y ético“, dice Suzuki. “El costo de separar familias, perder sus tierras, perder sus trabajos… ¿cómo se miden todos estos impactos?”.

Para el fotógrafo Hanai, lo más importante de esta tragedia es tener claro que esto “no fue un desastre natural, sino un desastre provocado por el hombre“.

“No creo que podamos regresar a como era antes del desastre, eso es muy triste…por eso quiero que mucha gente sepa acerca de Fukushima, para que nunca se vuelva a repetir“.


Todas las imágenes están sujetas a derechos de autor.


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