En frases, qué piensan los padres de normalistas de Ayotzinapa tras su encuentro con Peña
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En frases, qué piensan los padres de normalistas de Ayotzinapa tras su encuentro con Peña

Tras una reunión de más de cinco horas, los padres dieron una conferencia de prensa en la que calificaron de insuficiente la acción del Estado para encontrar a los 43 estudiantes desaparecidos
Por Tania L. Montalvo
30 de octubre, 2014
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Foto: Cuartoscuro.

Foto: Cuartoscuro.

Tras una reunión de más de cinco horas con el presidente Enrique Peña Nieto, padres y familiares de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, Guerrero que están desaparecidos desde el 26 de septiembre dijeron que los esfuerzos del Estado para encontrar a los jóvenes son insuficientes y exigieron una búsqueda exhaustiva.

Animal Político te presenta una recopilación de lo dicho por los familiares de los estudiantes desaparecidos en conferencia de prensa después de esa reunión, la primera que tienen con el presidente y que tuvo lugar 33 días después del ataque de policías municipales en contra de los normalistas.

Emiliano Navarrete, padre de José Ángel

-“Yo no tenía la necesidad de andar por acá pero por culpa de nuestro gobierno que agredieron a nuestros muchachos estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, como ustedes ya saben, ellos fueron agredidos cobardemente disparándoles a matar como si fueran maleantes, ya que los muchachos iban desarmados no eran delincuentes, pero el gobierno actúa de esa forma”.

-“Me llenan de coraje las actuaciones del gobierno que debe estar para ayudarnos porque no somos sus ovejas para que nos mate a la hora que se les de su gana”.

-“Tuvimos la necesidad de venir a hablar con el señor presidente a exigirle, yo no le vine a pedir un favor, le vine a exigir como ciudadano mexicano que soy que tengo mis derechos. ¿Por qué su gobierno actúa de esta manera, acribillando a nuestros muchachos, agrediendo, comportándose de una manera muy inhumana?”.

-“El presidente de Iguala no dio la cara en el momento en que pasaron los hechos (…) en lugar de hacer eso escapó como las ratas, que cuando el barco se les hunde salen huyendo. Igualmente el gobernador, en lugar de actuar también (…) hizo lo mismo que su compañero y a mi modo de ver son cómplices porque si no, hubieran dado la cara para resolver lo que estaba pasando en ese momento”.

-“Huyen como las ratas que son. ¿Acaso él también (Peña Nieto) va a salir huyendo como los demás? Que enfrente las cosas, que de la cara, que se quede parado y que nos resuelva. Nosotros queremos justicia, queremos a nuestros hijos de regreso”.

-“Cuando yo regreso a mi casa me da tristeza regresar y ver a mis hijos y ver que no les llevo nada. Otra vez llegué sin nada, sin algo bueno de que ya encontré a su hermano. Me da tristeza que al caminar por mi calle me pare donde vivo y me siento como un desconocido y me da coraje que nuestro gobierno, que yo pensaba que era más eficaz y ahora que me doy cuenta no son ni el 10% de lo que yo pensaba”.

-“Para mí no están desaparecidos, para mí fueron raptados por los uniformados que son policías municipales de Iguala, Guerrero”.

-“Por parte del estado no hemos tenido ninguna respuesta positiva, no hemos tenido alguna pista de nuestros hijos que estén con vida par que regresen a casa”.

Felipe de la Cruz Sandoval

-“Este crimen es de lesas humanidad, han lastimado a la humanidad y es en donde nosotros les pedimos que mantengamos unidos el dolor, el sufrimiento, el coraje y la ira para exigir la presentación con vida de nuestros muchachos”.

-“Definitivamente como padres de familia no confiamos en el trabajo que está realizando el Estado mexicano porque aún a más de 30 días de la desaparición de los jóvenes normalistas no los encuentran y mucho menos nos dicen algo que nos venga a alentar el pensar que ya están cerca del objetivo”.

-“Nosotros les manifestamos a ustedes y que México y el mundo escuche, que no vamos a confiar en las palabras del presidente ni en los compromisos que dio a conocer hace rato hasta que nos presente a los 43 normalistas vivos. Les estamos exigiendo que ya no los busquen en fosas, que ya no los busquen en basureros, porque nosotros estamos seguros que están vivos”.

-“Para nosotros, mientras no haya resultados por parte de los forenses argentinos, todo lo que den a conocer por medio de la procuraduría es falso para nosotros. No vamos aceptar que ellos completen los cuerpos y quieran cerrar el caso de Ayotzinapa haciendo creer a la sociedad que primero encontraron 28 cuerpos en las primeras fosas y en estas últimas los que hacían falta. Si fuera así, ya se pasaron de cuerpos”.

-“Ahorita el presidente anunció que ya llegó a acuerdos con los padres de familia, que sale contento él porque ya hay un acercamiento, no se dan cuenta personalidades políticas que el sufrimiento no se negocia, que las vidas humanas no tienen precio y que para nosotros lo primero es que aparezcan, no recibir dádivas del gobierno federal”.

-“Queremos que sepan que como padres de familia no reconocemos ni nos interesa si el gobernador del estado renunció o no, lo que nosotros buscamos es volver a encontrarnos con nuestros hijos en la Normal”.

-“Son más de 30 días de sufrimiento, de infierno, de insomnio, sin comer de los 43 padres de familia, de los compañeros caídos, de los compañeros heridos en los hospitales y que aún con todo el poder que tiene el Estado no encuentren a nuestros muchachos, no podemos creer en esta falsedad”.

-“Le recalcamos al presidente de la República, no confiamos en su gobierno y si usted no se cree competente para darnos resultados le proponemos que vengan personalidades de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a participar en la búsqueda de nuestros hijos”.

-“Se ha alargado la noche y se ha alargado la agonía y seguimos en lo mismo, no encuentra nada el gobierno mexicano”.

Epifanio Álvarez Alcaraz, padre de Jorge Álvarez

-“No es posible que estemos sufriendo tanto, esperanzados a que ellos (el gobierno) nos van a ayudar y realmente no hay respuesta de ningún lado. Estamos ya desesperados, pero cansados no vamos a estar hasta que los encuentren”.

-“Es algo que nunca en mi vida pensé en vivirlo, es como una pesadilla para mí con mi esposa, pero yo pienso que para todos los padres es una pesadilla que estamos viviendo y que no podemos despertar de esto. A cada rato nos acordamos de nuestro hijo y vemos alguna foto y nos sentimos mal. Si estamos comiendo nos acordamos si él estará comiendo y estará bebiendo., le darán agua o no sabemos cómo esté”.

-“Estamos ya muy desesperados, ya son 33 días de sufrimiento para nosotros y no vemos respuestas”.

-“Nosotros, desde el día que pasaron los hechos, estamos aquí sufriendo, esperando respuestas, incluso me ha tocado ir a búsquedas. Tal parece que se burlan de nosotros porque para mi esas búsquedas no son buenas”.

Melitón Ortega, padre de Mauricio Ortega

-“Los resultados para nosotros serán significativos en el momento en que nos entreguen a todos nuestros hijos desaparecidos”.

Nicolás Andrés Juan, padre de Edgar Andrés Vargas, estudiante herido

-“Aunque este hecho sucedió en una ciudad del estado de Guerrero no exime la responsabilidad del gobierno federal para poner de su parte y darnos una respuesta favorable”.

-“La reunión de hoy, y lo siento por nuestros compañeros padres de familia, no ha sido satisfecha para nuestras expectativas”.

-“Ha sido una reunión más de lo mismo, por lo tanto se le ha exigido con base en los compromisos que sumó y que ha firmado (Peña Nieto) para que a la brevedad posible encuentren a los desaparecidos así como que se les atienda de manera eficiente a los heridos y también responder por los muchachos fallecidos”.

-“Como padre de familia de un lesionado, le he pedido al gobierno que se comprometa en brindarles toda la atención médica hasta que estos jóvenes recobren su salud óptima”.

David Flores Maldonado, del Comité estudiantes de Ayotzinapa

-“Estamos dispuestos a dar la vida por encontrar a nuestros compañeros”.

-“Ya han ocurrido 33 días desde el 26 de septiembre y no hay indicio alguno por ninguna de las investigaciones que nos dé un paradero claro de en dónde se puede encontrar a nuestros compañeros”.

-“Queremos que por parte del gobierno federal se borre esa errónea idea de encargarse de buscar a nuestros compañeros en el tema de las fosas. Queremos que los busquen en vida, porque en vida nos los arrebataron, en vida se los llevaron y así es también como nos los tienen que entregar”.

-“Lo de la reunión de hoy para nosotros, como estudiantes, fueron simples promesas, queremos hechos, queremos a nuestros compañeros, eso es nada más lo que actualmente queremos como estudiantes. La confianza no se pide, la confianza se gana y hoy dijimos, no queremos promesas, queremos hechos y queremos a nuestros compañeros”.

-“Los hechos son la presentación con vida de nuestros 43 compañeros. Las personas que los raptaron tienen nombre y desgraciadamente tenían un uniforme que pertenecía a un grupo policíaco dependiente de su gobierno”.

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'El narcotraficante no era yo': la historia del fotógrafo personal de Pablo Escobar

Edgar Jiménez fue compañero de secundaria de Pablo Escobar y años más tarde tuvo acceso al círculo íntimo del capo como su fotógrafo durante uno de los periodos más convulsionados de la historia de Colombia.
22 de julio, 2022
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El 22 de julio se cumplen 30 años de la fuga del narcotraficante Pablo Escobar de la Catedral, la cárcel donde estaba recluido con sus secuaces, tras entregarse voluntariamente al gobierno de Colombia. Poco más de un año después, terminaría muerto a tiros por las autoridades en un tejado de Medellín, su ciudad natal.

Este julio también sale publicado el libro “El Chino: La vida del fotógrafo personal de Pablo Escobar”, un recuento y álbum fotográfico de la vida de Edgar Jiménez -escrito por Alfonso Buitrago- quien conoció al futuro capo desde temprana edad y años después captó con su cámara los momentos más íntimos del poderoso jefe del Cartel de Medellín.

Edgar Jiménez, apodado “El Chino”, habló recientemente con el programa Outlook del Servicio Mundial de la BBC sobre esos primeros años de amistad en la adolescencia y cómo de adulto reconectó con Escobar quien lo contrató para fotografiar su espectacular hacienda y zoológico y sus eventos personales y familiares.

Esa relación abarcó desde la “época dorada” del narcotraficante (como la llama el fotógrafo) cuando era considerado un benefactor de los pobres, hasta la campaña que lanzó para ser elegido al Congreso y finalmente la sangrienta ola de violencia que desató contra el estado colombiano.

A pesar de haber acompañado durante varios años a uno de los hombres más buscados por la justicia, de haber penetrado su círculo interno, de compartir tragos con sus despiadados sicarios y de conocer las atrocidades que habían cometido, Jiménez no tiene reparos por su cercanía con Escobar. “El narcotraficante no era yo”, dijo a la BBC. “Yo estaba haciendo una actividad legal que era la fotografía”.

Esta es la historia de ese fotógrafo que tuvo acceso a uno de los personajes más famosos e infames de finales del siglo XX, durante un dramático período en la historia de Colombia y el mundo.

Uno del montón

Edgar Jiménez y Pablo Escobar se conocieron en 1963, cursando el primer año de secundaria en el Liceo Antioqueño, una institución pública para clases populares y sectores medios, pero considerada de muy buena calidad.

Tenían 13 años y forjaron una amistad típica de compañeros de un mismo salón; había camaradería, practicaban deportes juntos y en los descansos charlaban. “Fuimos muy amigos”, dice Jiménez.

Al principio, Escobar no era una persona que se destacara mucho. “Pablo era un estudiante del montón. Ni bueno ni pésimo”, recuerda Jiménez. “No significa que no fuera inteligente, que sí lo era, peros sus preocupaciones eran de otra naturaleza”.

Más o menos desde los 16 años se notaba que tanto él como su primo Gustavo Gaviria -que también estudiaba en el liceo- “eran muy inquietos por conseguir dinero” y empezaron a negociar con cigarrillos de contrabando.

“Los estudiantes éramos de bajos a medianos recursos económicos, Escobar y Gaviria también, pero ellos eran los que más solvencia tenían por cuenta de sus actividades de esa índole”.

Por falta de disciplina académica, Pablo Escobar reprobó el cuarto año de secundaria y tuvo que repetirlo en una institución paralela. Al no estar ya más en el mismo salón, ni el mismo año, los amigos empezaron a distanciarse y perdieron contacto.

Edgar Jiménez se había interesado en la fotografía gracias a un laboratorio muy bien montado y un club de fotógrafos en el liceo. Cuando se graduó e ingresó en la universidad para estudiar ingeniería se dedicó a fotografiar eventos sociales para solventar sus estudios.

Por su parte, Escobar se graduó de bachiller un año después, pero supuestamente frustrado por no poder conseguir un empleo le dijo a su madre que ya no lo intentaría más, pero le juraba que antes de cumplir los 30 conseguiría su primer millón.

“Ahí fue donde tomó la decisión de volverse bandido y delincuente… como a los 19, 20 años”, explicó Jiménez.

No fue sino hasta 1980 que los dos excompañeros volvieron a toparse. Jiménez, ya un fotógrafo profesional, estaba cubriendo un evento en el municipio de Puerto Triunfo, a unas tres horas de Medellín, cuando un amigo de él que era un funcionario público lo invitó a conocer una esplendida finca que había en esa región.

Era la Hacienda Nápoles, famosa ahora internacionalmente como el extravagante complejo campestre de Pablo Escobar, con una avioneta en la puerta de entrada con la que supuestamente “coronó” su primer cargamento de cocaína en Estados Unidos.

La entrada de la Hacienda Nápoles con una avioneta

Getty Images
Esta foto de archivo muestra la icónica entrada de la Hacienda Nápoles con la avioneta en la que Escobar “coronó” su primer cargamento de cocaína a Estados Unidos.

“Como un safari del África”

Jiménez cuenta que quedó asombrado por la magnitud de la hacienda -de unas tres mil hectáreas- con una zona selvática por la que pasaba un importante afluente del río Magdalena, el mayor de Colombia. Además tenía unos 30 lagos, plaza de toros, una gran pista de aterrizaje, helipuerto y hangar.

Pero lo más memorable era el espectacular zoológico con “la fauna más representativa de todos los continentes”. De Australia, por ejemplo, tenía casuarios, emúes y canguros; de África, cebras, rinocerontes, antílopes, hipopótamos, elefantes y jirafas.

Tenía un aviario con gran cantidad de aves estupendas. Además de pericos, pavorreales y faisanes había “guacamayas de todos los colores, unas loras negras que habían costado un infierno de plata, una guacamaya azul de ojos amarillos por la que había pagado US$100.000”.

Los lagos estaban llenos de todo tipo de cisnes, gansos, patos, pelícanos, incluso delfines rosados del Amazonas.

“Para uno que no estaba acostumbrado era como estar en un safari del África, porque los animales andaban en libertad y estaban muy bien cuidados”, recuerda.

Pablo Escobar reconoció inmediatamente a su antiguo compañero de escuela y lo saludó efusivamente de abrazo. Cuando supo que se dedicaba a la fotografía lo contrató para que le tomara fotos a todos sus animales pues quería tener un inventario con las imágenes de todos, que eran unos 1.500.

“Ahí empezó mi nueva relación con Pablo. Desde el año 80 hasta su muerte”, dijo Jiménez.

Fue una tarea larga, que implicó numerosas visitas a la hacienda, pues tomaba fotos de unos 50 a cien animales y luego regresaba a los 15 o 20 días a seguir fotografiando.

Se siente muy orgulloso de las fotos que tomó, particularmente de los primeros hipopótamos que llegaron a la hacienda y que ahora son “los papás, abuelos y tatarabuelos de esos hipopótamos que ahora están diseminados por una gran zona de Colombia” y que son considerados una especie invasora.

Hipopótamos en el parque temático de la Hacienda Nápoles

Getty Images
Estos hipopótamos son descendientes de los originales que importó Escobar a su hacienda. La especie se ha diseminado por la región y es considerada invasiva.

Recuerda momentos graciosos, como la vez que una avestruz le arrebató de un picotazo un cigarrillo a su asistente y la retrató como si el ave estuviera fumando.

Pero también hubo momentos de riesgo. Jiménez le tomó fotos a un casuario, una de las aves más peligrosas del mundo que tiene pezuñas tan afiladas como cuchillos, capaces de partir un ser humano. “Yo no sabía, y le tomé fotos a una distancia de un metro. Me miraba fijamente. Si me ataca, me mata”.

Igualmente le sucedió con unas avestruces -también de potente patada- que lo persiguieron y tuvo que escapar moviéndose en zig zag, hasta que un trabajador las interceptó y pudo escapar ileso.

Portada del libro "El Chino. La vida del fotógrafo personal de Pablo Escobar"

Universo Centro
El libro “El Chino. La vida del fotógrafo personal de Pablo Escobar”, incluye todos los pormenores de la tarea de fotografiar los animales del zoológico en la Hacienda Nápoles.

Entre 1980 y 1984, además de recopilar el catálogo fotográfico de los animales, Jiménez registró los eventos sociales y familiares de Pablo Escobar y sus allegados. Penetró su círculo más íntimo y se codeó con sus lugartenientes y sicarios.

También lo acompañó en las actividades cívicas, la repartición de dinero entre los pobres y la construcción de viviendas, acciones por las que integrantes de las clases populares adoraron al capo, haciendo caso omiso de sus actividades ilegales.

Al fotógrafo le “pagaban muy bien” por su trabajo y aunque era consciente de la procedencia del dinero, Jiménez asegura que no tiene nada de qué arrepentirse de la relación durante esos años que llama “la faceta buena, el lado noble y amable de Pablo Escobar”.

Indica que a finales de los 70 y comienzos de los 80 se sabía de los “mafiosos” que tenían mucho dinero, pero eran bien vistos en la sociedad colombiana, no solamente en los estratos bajos de la sociedad, sino en las altas esferas empresariales y políticas.

“Había una connivencia con los narcos. Ellos generaban empleo, negocios, ayudaban a mucha gente”, señaló. “Y los políticos a quienes Pablo les financió la campaña tampoco jamás se preguntaron de dónde venían esos dineros”.

Fuera de eso, afirma: “El narcotraficante no era yo, Yo estaba haciendo una actividad legal que era la fotografía”.

Lealtades opuestas

En 1982 Escobar se lanzó a la política, buscando un escaño en la Cámara de Representantes. En ese momento, aunque se hablaba de que era un mafioso, “no estaba cuestionado ni se le había comprobado absolutamente nada”, explica Jiménez, así que aceptó acompañarlo y ser coordinador de su campaña.

“Consideré que si la política colombiana ha estado llena de bandidos desde hace 200 años, por qué entonces un bandido más no puede llegar a la Cámara, además un bandido que hacía obras sociales”.

La experiencia en política de Sergio Jiménez venía de su trayectoria con la ANAPO (Alianza Nacional Popular) un partido de izquierda que se fracturó después de perder las cuestionadas elecciones presidenciales de 1970 y algunos de sus integrantes terminaron formando parte del movimiento guerrillero M-19, responsable de algunos de los golpes más espectaculares contra el gobierno de Colombia.

Sergio Jiménez fue militante del M-19 desde su inicio. Una situación delicada para el fotógrafo pues simultáneamente el M-19 estaba en un conflicto violento con el Cartel de Medellín.

Unos meses antes, una célula del grupo guerrillero había secuestrado a Martha Nieves Ochoa -del Clan Ochoa, socios de Pablo Escobar en el negocio del narcotráfico. A raíz de ese secuestro el Cartel de Medellín auspició el grupo armado MAS (Muerte a Secuestradores) -que fue parte del origen al paramilitarismo en Colombia- y desataron una cruenta guerra.

“Yo estaba entre dos bandos enfrentados y opuestos. Dos bandos bien duros”, reconoce Jiménez.

Carlos Pizarro Leongómez (izq.) líder del M-19 y el representante legal de la organización Ramiro Lucio, en 1990

Reuters
El M-19 fue una poderosa guerrilla urbana que entró en conflicto con el Cartel de Medellín en la década de los 80. En esta foto, su líder Carlos Pizarro Leongómez (izq.) discute con la prensa el posible desarme del grupo en 1990.

Pudo salir de esa encrucijada por que, según explica, Escobar conocía de su militancia en el grupo guerrillero, pero le “tenía mucho aprecio” y sabía que el M-19 era una guerrilla compartimentada y que una célula independiente había realizado el secuestro de Martha Nieves Ochoa sin autorización.

Por otra parte, Edgar Jiménez le contó a la cúpula guerrillera de su trabajo en la campaña de Escobar, lo cual les pareció apropiado y favorable a sus intereses.

“Ambos bandos sabían dónde estaba, qué estaba haciendo y cuáles eran mis lealtades. Por eso no me pasó absolutamente nada”, asegura y añadió que en parte, fue determinante en los acercamientos del M-19 y el Cartel de Medellín para frenar esa guerra que había costado tantas vidas.

El antes y el después

Pero eso no significó el fin del derramamiento de sangre pues, a partir de 1984, se desató una guerra entre el Cartel de Medellín y el estado colombiano y el país entró en uno de los períodos más convulsionados de su historia.

El detonante fue el asesinato ordenado por Pablo Escobar del entonces ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, que adelantaba una cruzada contra los carteles del narcotráfico.

Edgar Jiménez dice que ese evento fue el “corte en la vida de Escobar, el antes y el después”. El antes siendo lo que llama la “época dorada” del narcotraficante, en torno a sus actividades que no estaban asociadas con violencia sino con “beneficio social”.

Lo que vino después fueron años de atentados con bomba, asesinato de periodistas, magistrados, militares y policías. “Con esa violencia desmedida, con esos asesinatos y crímenes no podía estar de acuerdo. Jamás”, expresó. “Pero tampoco podía hacer nada, porque yo no era parte del Cartel de Medellín, yo no pertenecía a esa estructura”.

Asegura que tampoco podía ponerse a denunciarlo por que era seguro que lo mataban.

Después del asesinato de Lara Bonilla, Jiménez fue un par de veces más a la Hacienda Nápoles. La visita que más recuerda fue en 1989 -el año más violento en la historia reciente de Colombia– cuando fue a fotografiar el cumpleaños número 13 del hijo de Escobar, Juan Pablo. Ahí tomó una foto del capo que dice ser la más significativa porque revela tanto sobre el momento que atravesaba.

Escobar se había separado de la fiesta y estaba completamente absorto en sus pensamientos, mirando al piso y fue ahí que Jiménez apretó el obturador. “Yo creo que en ese momento él estaba lucubrando sobre todos esos acontecimientos violentos que se venían encima. Esa foto la relaciono con lo que se vino después”.

Lo que se vino después fue el asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Galán, la voladura de un avión de pasajeros y los atentados con bomba contra las instalaciones del Departamento Administrativo de Seguridad y del diario El Espectador.

Perseguido por el ejército y policía de Colombia y el llamado Bloque de Búsqueda, exigido en extradición por las agencias DEA y CIA de Estados Unidos, Pablo Escobar decidió entregarse a las autoridades colombianas tras lograr un acuerdo mediante el cual pagaría unos años de cárcel mientras el Estado le garantizaría su seguridad y no lo extraditaría.

Fue un golpe de astucia del capo. La cárcel fue construida sobre una montaña, según sus especificaciones, llena de lujos, incluyendo jacuzzi, sala de billar, bar, televisores, muebles importados y cancha de fútbol. Desde allí continuó delinquiendo, convocando a sus secuaces e, incluso, asesinando a algunos de ellos.

Bajo presión de la Fiscalía, el gobierno ordenó trasladar a Escobar y sus compañeros reclusos a una “cárcel verdadera”, pero estos lograron escapar fácilmente por un muro de yeso construido para ese propósito, el 22 de julio de 1992.

A partir de ahí, empieza nuevamente la cacería implacable del jefe del Cartel de Medellín, que termina con su muerte a tiros en un tejado de la ciudad de Medellín, el 2 de diciembre de 1993.

Tristeza y alivio

En ese momento, Edgar Jiménez se encontraba en su laboratorio de fotografía en el centro de Medellín, cuando se enteró por la radio de la noticia que le estaba dando la vuelta al mundo.

Confiesa que tuvo sentimientos encontrados. Por un lado sintió tristeza por alguien que, a pesar de ser un criminal que hizo tanto daño -como él bien lo sabía- no dejaba de conservar el afecto que en su niñez tuvo por Escobar y Escobar por él.

“Pablo conmigo siempre se portó muy bien, en lo personal y como amigo”, aseguró. “Me dolió que alguien con su capacidad e inteligencia, que hubiera sido muy útil para la sociedad, hubiera tomado un rumbo diferente”.

Pero por otro lado, reconoce que sintió alivio “por la sociedad colombiana, porque el país se encontraba en una zozobra” por los constantes atentados con bomba en los que murieron policías y mucha gente inocentes, incluyendo mujeres y niños. “Por lo menos toda esa violencia se acababa. Eso lo vi como positivo”.

Jiménez continuó en contacto hasta comienzos de los 2000 con la familia de Escobar; la mamá y los hermanos, y la familia Henao de su esposa, cubriendo eventos de tipo social. Pero su vida siempre estará ligada al desaparecido jefe del Cartel de Medellín.

“Es el bandido más famoso de la historia, su vida lo convirtió en leyenda y su muerte en un mito. Yo, de alguna manera, hago parte de ese mito”.

“El Chino: La vida del fotógrafo personal de Pablo Escobar”, de la editorial Universo Centro, saldrá al mercado este julio.Todas las fotos tienen derechos reservados.


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